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Posts Tagged ‘escritores franceses del siglo XlX’

 

 

“Hay personas a las que enterramos en la tierra, pero las hay especialmente queridas que tienen nuestro corazón como mortaja. Su recuerdo se mezcla cada día con nuestras palpitaciones; pensamos en ellas lo mismo que respiramos, están dentro de nosotros por una dulce  ley de la transmigración de las almas propia del amor. Un alma mora en mi alma. Cuando a través de mí se hace un bien, cuando se pronuncia una palabra hermosa, esa alma habla, actúa. Todo lo bueno que hay en mí emana de esa sepultura, como emanan de un lirio los aromas que perfuman la atmósfera.”

Honoré de Balzac – ‘El lirio en El Valle”

(Imagen – Edouard  Manet- 1882)

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El fotógrafo Willy Ronis  – a quien en estos meses se dedica una exposición en el Jeu de Paume, en Tours – , recorrió París sorprendido continuamente ante instantes inesperados, costumbres, gestos y gentes. Mucho antes que Willy Ronis, París – prolongada en los siglos -, fue motivo de innumerables crónicas y retratos. El siglo XlX desplegó a numerosos autores en torno a sus calles. Julien Lemer, por ejemplo,  en “París au gaz”, en 1850, hablaba de las costumbres nacidas en los Bulevares y extendidas luego en la vida de los parisienses. “Todos los cafés – decía – ofrecen lugares en las aceras; se ha establecido un grupo notable de ellos en la callle Lafitte y en la calle Le Peletier y no es raro ver en ellas, durante los calores del verano, los paseantes que se quedan hasta la una de la mañana a la puerta de los cafés, al lado de los espejos, de la cerveza y de las limonadas”. Maupassant por su parte hablaba también en uno de sus libros de ” los grandes cafés llenos de gentes, desbordantes sobre las aceras, con un público que estallaba bajo la cruda luz de las iluminaciones. En ellos, sobre pequeñas mesas cuadradas o redondas, los vasos contenían líquidos rojos, amarillos, verdes, oscuros, de todas las mezclas; y en el interior se veía brillar los gruesos cilindros transparentes de hielo que refrescaban”.

 

 

A su vez, en Montparnassecomo  también lo hará el fotógrafo – los escritores retratan los rincones. Apollinaire, en 1913,  resumirá que “Montparnasse reemplaza a Montmartre, al Montmartre de otros tiempos, aquel de los artistas y cantantes…Todos aquellos que han sido expulsados del viejo Montmartre destruido por los propietarios y los arquitectos… han emigrado bajo formas cubistas (…) Dibujemos la fisonomía del barrio. Muy posiblemente ella cambiará poco. En una de las esquinas del bulevar Montparnasse un gran comerciante instala ante los ojos de un pueblo de artistas internacionales un nombre enigmático : “Hazard”… En el ángulo del bulevar de Montparnasse y de la calle Delambre, está el “Dôme“: clientela habitual, gentes ricas…En otro ángulo, está Baty o el último comerciante de vinos. Cuando él se retire, está profesión habrá prácticamente desaparecido de París…”

 

 

Son gentes, gestos, anécdotas. Los fotógrafos y los escritores apuntan sobre París sus armas y disparan con literatura o con fotografía. Las palabras trazan una línea recta, evocada en el tiempo. Las cámaras dan testimonio del instante.

 

 

(Imágenes-Willy Ronis: – 1.- 1948/ 2-1947/ 3- 1938/ 4- 1955)

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Monet- ndw- taringa net

 

“Los rábanos silvestres acaban de exhalar sus íntimos aromas; las peonías se han marchitado; muertos están los jacintos. Es primavera. Los lirios levantan sus pétalos curvados, extraños, adornados de blanco, de malva, de lila, de amarillo y de azul, estriados con manchas pardas y puntuaciones purpúreas, que evocan, en su revés complicado, analogías misteriosas, sueños tentadores y perversos, semejantes a los que flotan alrededor de las turbadoras orquídeas…

Así va recorriendo el crítico de arte francés Octave Mirbeau el campo y el mapa de las flores del pintor en  “Claude Monet y Giverny (Centellas). La primavera da paso al verano, continúa, y entonces “las multicolores capuchinas se desploman, a cada lado de la calle

Monet- onu- staedelmuseum de

 

de arena, en cascadas deslumbradoras. En los grandes arriates que cubren a los lirios ajados se agita la sorprendente maravilla de las adormideras; una extraordinaria maraña de tonos, una orgía de matices claros, una mezcla resplandeciente y musical de blanco, de rosa, de amarillo, de malva; un increíble amasijo de carnes rubias sobre las que estallan los anaranjados, suenan las fanfarrias de los colores ardientes, sangran y se encienden los rojos, se alegran los violetas, se iluminan con fuego los púrpuras negros.

De esta forma he seguido los pasos de Mirbeau ante las flores de Monet en el documental “Pintando el jardín moderno” que se ha proyectado estos días en muchos cines de España. Así ha ido entrando también el otoño en el jardín: “las capuchinas han invadido la calle, y sus flores multiplicadas hasta el infinito, más brillantes, han devorado el follaje que amarillea.

 

Monet- tre- telegraph co uk

 

Al hechizo de las adormideras le sucede el hechizo de las fastuosas dalias; gorgueras encañonadas, preciosamente ribeteadas de oro fino, de púrpura sangrante, de lila enternecido; borlas imbricadas de todos los colores vivos y de todos sus matices discretos; estrellas que tiemblan y titilan en lo alto de los tallos débiles, ramificadas, encantadoras con su gracia ligera y atrevida; o bien, festones de sedas antiguas, de tonos acentuados, con bordados marchitos deliciosamente, o bien monstruosos penachos cuyos pétalos se deshilachan, se desparraman, se tuercen en crines escarlata”.

 

Monet- yuun- jennifertynking com

 

“Es aquí – concluye Mirbeau -, en esta perpetua fiesta de los ojos, donde vive Claude Monet. Y este es realmente el medio que uno imagina para este prodigioso pintor de la vida espléndida del color”.

 

Monet- yvbr- spanisharts com

 

(Imágenes.- Monet : cuadros sobre el tema de Giverny)

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lluvia.- 67hhu.- Gustave Caillebotte

 

“Pero otras veces empezaba a llover y se cumplía la amenaza del capuchino que tenía el óptico en su escaparate; las gotas de agua, como los pájaros migratorios que se echan a volar todos juntos, bajaban del cielo en apretadas filas. No se separan, no van a la ventura en esa rápida travesía; cada una guarda el puesto que le corresponde, llama junto a ella a la que sigue, y el cielo se ennegrece más que cuando parten las golondrinas. Nos refugiábamos en el bosque. Ya su viaje parecía cumplido, y todavía seguían llegando algunas más débiles y calmosas. Pero salíamos de nuestro refugio, porque el follaje agrada mucho a las gotas, y ya estaba la tierra casi seca cuando todavía más de una se rezagaba jugando con las molduras de una hoja, y colgada de su punta descansaba, brillando al sol: de pronto se dejaba deslizar desde lo alto de la rama y nos caía en la nariz”.

Marcel Proust.-Por el camino de Swann”

 

paisajes.- 44fr,.- Claude Monet.- mañana en el Sena en la lluvia

 

(Imágenes.- 1.-Gustave Caillebotte/ 2- Claude Monet)

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gatos-ybbhh-Tadashige Nishida

 

“Todo el mundo ha constatado el gusto que tienen los gatos por pararse y deambular entre las dos hojas entreabiertas de una puerta. Quién no le ha dicho alguna vez a un gato, ¡ vamos, pasa al fin! Existen hombres que, frente a un incidente entreabierto ante ellos, tienen también la tendencia a mostrarse indecisos entre dos soluciones, con el riesgo de ser aplastados por el destino cerrando bruscamente su aventura. Los demasiado prudentes, como gatos que son, y precisamente porque son gatos, corren a veces más peligros que los audaces”.

Victor Hugo. -“Los Miserables”

animales.-4ftty.-gatos.-Nishida Tadashige

(Imágenes.-Tadashige Nishida)

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batalla de París -nnbby- batalla de París en mil ochocientos catorce- Horace Vernet- wikipedia

 

“Al entrar Luis XVlll en París el 3 de mayo de 1814 fue a apearse en Notre-Dameasí lo cuenta Chateaubriand en susMemorias de ultratumba” -: habiendo querido ahorrar la vista de las tropas extranjeras, un regimiento de la guardia de infantería fue el que formó las filas desde el Pont-Neuf hasta Notre-Dame, a lo largo del muelle de los Orfevres. No creo que jamás rostros humanos pudieran tener una expresión tan terrible como aquellos. Eran granaderos, cubiertos de cicatrices, vencedores de Europa, que habían oído silbar sobre sus cabezas  tantos millares de balas y que conservaban aún el olor del  fuego y de la pólvora ;  estos mismos hombres, privados de su capitán, se veían obligados a saludar a un rey

 

batalla-bbhy- el ejército ruso entra en París- wikipedia

 

viejo, inválido por la edad y no por la guerra, vigilados como estaban por un ejército de rusos, de austriacos y de prusianos en la capital invadida de Napoleón. Unos, arrugando el entrecejo, hacían bajar hasta los ojos sus gorras de pelo como para no ver;  otros fruncían la boca con el desprecio de la rabia, y otros, a través de sus bigotes, dejaban ver sus dientes como tigres. Al presentar las armas lo hacían con un movimiento de furor, y el ruido que producían hacía temblar. Preciso es convenir en que jamás los hombres han sido puestos a semejante prueba ni han sufrido semejante suplicio. Si en este momento  hubiesen sido llamados a la venganza, hubiera sido preciso exterminarlos a todos, o  se habrían comido la tierra.

 

Chautebiand-bbgt-A L Girodet- retrato de Chateaubriand- mil ochocientos nueve- Museo de Historia- foto Michel Dupuis- Saint Malo

 

 

En el extremo de la línea estaba un húsar joven, a caballo y con el sable desnudo, al que hacía girar con un movimiento convulsivo y colérico. Estaba pálido; sus ojos giraban en sus órbitas, y abría y cerraba la boca haciendo rechinar los dientes, y ahogando exclamaciones, de las que sólo se oía el primer sonido. Al ver a un oficial ruso le lanzó una mirada que no puede describirse. Cuando pasó delante de él el carruaje del rey, hizo dar botes a su caballo, con ánimo sin duda de precipitarse sobre el monarca.”

 

Luis XVlll-bbhy-llegada de Luis XVlll a Francia- Edward Bird-wahoart com

 

La musculatura de la prosa de Chateubriand, el peso de la variedad de su vida, su pupila dilatada sobre la Historia y a la vez concentrada sobre rasgos nimios, hacen que su ojo retrate los acontecimientos y veamos desfilar rostros sobre el tiempo. También su oído se tensa y asombra ante rumores lejanos que apenas revelan lo que son: momentos históricos que se guardarán para siempre en los libros.

(…) “El 18 de junio de 1815 , a mediodía- sigue contando Chateaubriand -, salí de Gante, por la puerta de Bruselas, para terminar mi paseo por el camino real. Llevaba conmigo los “Comentarios de César” y caminaba lentamente, absorto en mi lectura, cuando a una legua más allá de la ciudad creí percibir un ruido sordo; me detuve y miré al cielo; como lo vi bastante encapotado de nubes, deliberé si continuaría adelante o si volvería a Gante, por temor a la tempestad. Apliqué el oído; mas como ya sólo distinguí el ruido del agua entre los juncos y el sonido de un reloj de aldea, proseguí mi camino; no habría dado treinta pasos, cuando

 

batalla-uutbb- Waterlo- wikipedia

 

 

comenzó de nuevo el rumor, unas veces breve, otras largo y a intervalos desiguales, y otras sólo sensible por una trepidación del aire que se comunicaba a la tierra en aquellas inmensas llanuras. Aquellas detonaciones menos intensas, menos ondulantes y unidas que las de una tempestad, hicieron nacer en mi ánimo la idea de un combate. Crucé el camino, me apoyé de pie contra el tronco de un árbol, volviendo el rostro hacia Bruselas. Un viento del sur, que se levantó de pronto, me trajo más distintamente el ruido de la artillería. ¡ Aquella gran batalla, todavía sin nombre, cuyos ecos escuchaba yo al pie de un pino, era la batalla de Waterloo!”.

 

batalla- vrre- Waterloo- William Sadler- wikipedia

 

Ojos y oídos en la Historia. Oidos y ojos que todo lo conservan.

(Imágenes.-1-Horace Vernet- París 1814/ 2.-el ejército ruso entra en París- wikipedia/ 3.-Girodet- retrato de Chautebriand- 1809 -Museo de Historia.-Saint Malo- foto Michel Dupuis/ 4.-llegada de Luis XVlll a rancia- Edward Bird/ 5.-Waterloo- wikipedia/ 6.-William Sader- Waterloo- wikipedia)

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vida cooriente.-7hh.-dinero.- Norman Rockwell.-soñar despierto de una contable.-1924

“He encontrado la felicidad en Cambo confesaba Edmond Rostand, el autor de “Cyrano – Allí paseo, respiro, sueño. Voy a hacerme construir una casa en un sitio incomparable. Tengo flores, tengo montañas, tengo el agua del gentil Nive, tengo la compañía de magníficos vascos. He ahí mi vida. ¿Para qué recargarla de cuidados superfluos? ¿ Y por qué he de trabajar a la fuerza? ¿ Qué es esa obligación de trabajo que se quiere imponer a todo el mundo? Si no tengo ganas de trabajar, ¿por qué he de trabajar?.” Lo comenta todo esto Rubén Darío en su libro “Opiniones(Mundo Latino) y añade que “en el inmenso vulgo hay la creencia de que, al contrario que Rostand, al artista le es necesaria la penuria, la miseria“. Darío hace eco de los comentarios que repiten cómo Cervantes no cenó cuando concluyó El Quijote, que Homero fue un mendigo y que muchos grandes poetas vivieron y murieron en el sufrimiento y en la escasez. Al propio Rubén Darío le dijeron un día: “Dios quiera que nunca le sonría a usted la fortuna“, y el poeta nicaragüense añade en otro momento: “¿Qué no hubiera hecho Verlaine poderoso o Mallarmé 

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con rentas copiosas?.” Antiguo debate el de literatura y dinero que nos podría llevar, entre muchos otros casos, hasta la vida de Dostoievski, para preguntarnos: “¿qué habría hecho si le hubieran suprimido sus deudas, sus adelantos, sus compromisos acuciantes?.” Hay poquísimos escritores a los que ha sonreído la fortuna y muchos en cambio que han trabajado cercados siempre de tensiones económicas. Es el dominio de  los “trabajos forzados” a los que ya he aludido aquí al referirme al libro de Daria Galateriatoda la variedad de profesiones que los autores han debido abrazar para poder comer. Las situaciones han sido diversas y a veces sorprendentes. Es el mundo de los intelectuales sin dinero.  Cuenta Curzio Malaparte que, recién llegado a París, al llegar a la Île  Saint- Louis, se detiene para comprar cigarrillos en

dinero.-tujm.-realmccoy.-mano con dinero aislado en fondo de arte pop flash.-123RF

un estanco, cuando un taxi se acerca. Baja un joven alto y flaco, con pequeñas manchas rojas en la cara; con decisión le pide a Malaparte veinte francos. Los coge, se los da al taxista, se guarda en el bolsillo el resto y, sin decir una palabra, se aleja. Pocas horas después, en el salón de la casa a la que Malaparte está invitado –  salón de intelectuales – le presentan al joven de las manchas rojas en la cara. “He aquí a André Malraux”, le dicen. Malraux empieza a hablar con su famosa elocuencia nerviosa – anota Galateria – y nunca más se referirá a aquellos veinte francos tan asombrosamente requeridos.

(Imágenes:- 1.- Norman Rockwell.-1924/2.-monedas/3.- realmccoy.-mano con dinero aislado en fondo de arte pop flash.-123RF)

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