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Posts Tagged ‘Balzac’

 

 

“Si se sigue de cerca el progreso del Nuevo Periodismo a lo largo de los años sesenta – decía Tom Wolfe, recientemente fallecido – se observará un hecho interesante: que los periodistas aprenden las técnicas del realismo – particularmente de Fielding, Balzac, Dickens y Gógol – a base de improvisación. A base de tanteo, de “instinto” más que de teoría. Esa fuerza extraordinaria surgía principalmente de sólo cuatro procedimientos. El fundamental era la construcción escena- por – escena, contando la historia saltando de una escena a otra y recurriendo lo menos posible a la mera narración histórica y registrar el diálogo en su totalidad. Eso constituía el procedimiento segundo.

 

 

Es decir, el diálogo realista capta al lector de forma más completa que cualquier otro procedimiento individual. Al mismo tiempo afirma y sitúa al personaje con mayor rapidez y eficacia que cualquier otro procedimiento. (Dickens sabe fijar un personaje en tu mente de tal modo que tienes la sensación que ha descrito cada pulgada de su apariencia.., sólo que al volver atrás  descubres que de hecho se ha ocupado de la descripción física en dos o tres frases; el resto lo ha conseguido con diálogo.) Los periodistas estaban trabajando con el diálogo como totalidad.

 

 

El tercer procedimiento  era el “punto de vista en tercera persona”, la técnica de presentar cada escena al lector a través de los ojos de un personaje particular, para dar al lector la sensación de estar metido en la piel del personaje y de experimentar la realidad emotiva de la escena tal como él la está experimentando. Los periodistas habían empleado con frecuencia el punto de vista en primera persona – Yo estaba allí – igual que habían hecho autobiógrafos, memorialistas y novelistas. Sin embargo, esto significa  una grave limitación para el periodista, ya  que sólo puede meter al lector en la piel de un único personaje -él mismo – un punto de vista que a menudo se revela ajeno a la narración  e irritante para el lector. Según esto, ¿ cómo puede un periodista, que escribe no-ficción, penetrar con exactitud en los pensamientos de otra persona? La respuesta se reveló maravillosamente simple: entrevistarle sobre sus pensamientos y emociones, junto con todo lo demás.

 

 

Y el cuarto procedimiento – seguía diciendo Tom Wolfe – ha sido el que menos se ha comprendido. Consiste en la relación de gestos cotidianos, hábitos, modales, costumbres, estilos de mobiliario, de vestir, de decoración, estilos de viajar, de comer, de llevar la casa, modos de comportamiento frente a niños, criados, superiores, inferiores, iguales, además de las diversas apariencias, miradas, estilos de andar y otros detalles simbólicos  que pueden existir en el interior de una escena. ¿Simbólicos de qué? Simbólicos, en términos generales, del status de vida de las personas, empleando ese término en el sentido amplio del esquema de comportamiento y bienes a través del cual las personas expresan su posición en el mundo, o la que creen ocupar, o la que confían alcanzar.

 

 

La relación de tales detalles no es meramente un modo de adornar la prosa. Se halla tan cerca del núcleo de la fuerza del realismo como cualquier otro procedimiento en la literatura. En él radica la esencia misma de la capacidad para “absorber” de Balzac, por ejemplo. Balzac apenas recurría al punto de vista en el sentido de refinamiento con que Henry James lo empleó más tarde. Y sin embargo el lector termina con la sensación de que ha estado aün más completamente “dentro” de los personajes de Balzac que los de James. ¿Por qué?  Porque Balzac acumula detalles implacablemente y al mismo tiempo con tanta meticulosidad que dispara los recuerdos del lector sobre su propio “status”, sus propias ambiciones, inseguridades, deleites, desastres, además de las mil y unas humillaciones y golpes que su condición recibe en la vida cotidiana y los dispara una y otra vez hasta que crea una atmósfera rica y absorbente.”

Así relataba la esencia del “nuevo periodismo”  Tom Wolfe, que acaba de morir.

Descanse en paz.

 

 

(Imágenes -1- André Derain – 1914 – museo sindicate/ 2- Juan Gris/ 3- Stuart Davis – 1924 – artnet/ 4- Bernard Fleetwood walker/ 5- Larry Fink- artnet/ 6- Tom Wolfe- rolling stones)

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“Recuerdo una exposición de manuscritos de Balzac y de Proust en Montevideole decía Onetti a Ramón Chao – Los manuscritos de Proust son laberínticos; cambiaba, añadía doscientas palabras cada vez y de un golpe. Balzac, en cambio, cambiaba una sola palabra, pero en cada frase. Borges decía que había que cambiar ocho veces. Bueno, seguramente era una “boutade”. Para mí fue admirable el que Borges superara la ceguera y siguiera escribiendo, mal o bien. Digo mal o bien porque sus últimas cosas no me gustaron. Pero por lo menos el hombre siguió vivo, cosa que yo no sé  si haría si me quedara ciego. Yo no podría dictar, como hacía él. Para mí, escribir es ver el bolígrafo, o esta pluma estilográfica, dibujando, ver cómo pongo la barra a la efe. Para mí es un placer sensual ver cómo he dibujado la página (…) Anatole France corregía siete veces. Tenía la manía del “queísmo” : quitar todos los qués superfluos. Después se dedicaba a los adjetivos. Yo lo admiro mucho, me parece que ha escrito páginas muy bellas. Al principio yo releía a veces lo que acababa de escribir, pero sin prestar mucha atención, porque tenía miedo a romperlo todo. Después aprendí : lo dejo como queda y jamás releo lo que he publicado, para mí se murió, se acabó. Porque a veces, si por casualidad agarro un libro cualquiera de Onetti y leo al albur, me pueden ocurrir dos tipos de desgracias. Decirme a mí mismo: “Pero qué animal, Onetti; qué lástima, si lo hubieses trabajado mejor, con más paciencia ; aquí hay tanta cosa que mejorar o para embellecer”. Otras veces lo abro igualmente y me digo: “Pero qué  bien escribió esto Onetti; nunca más va a poder escribir así.” Y lo tiro, derrotado por la propia obra.”

(Imagen – Harriet Backer – la biblioteca de Thorvad Boeck)

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“Hay muchos queridos difuntos amontonados en los estantes de casa – decía Rafael Chirbes -, con ellos hablo; a ellos escucho. Desde Aub y Galdós, a Tolstoi, Montaigne, Yourcenar, Lucrecio y Virgilio, Faulkner, Döblin, Proust, Balzac, Eca de Queirós, y tantos y tantos. Salgo poco de casa, así que los releo al azar o movido por alguna intuición que me dice que ése y no otro es el difunto al que debo oír en determinado momento. En general no me equivoco. También sueño con difuntos a los que conocí cuando estaban vivos, y hasta toqué, y ahora ya no están en ningún sitio, y saber que no están y no puedo hablarles ni escuchar su voz me angustia cuando me meto en la cama. Algunas noches se apoderan de la habitación, su ausencia me roba el aire y tengo que encender la luz para no ahogarme”.

 

 

“Se cita a Quevedo y citaré a Gracián: de joven se dialoga con los muertos, con los que nos han precedido  – dice a su vez  Eduardo Mendoza enMil bosques en una bellota” -; en la madurez, con los vivos; en la vejez, con uno mismo. Creo estar en la tercera etapa. Pero he dialogado con muchos muertos. Como empecé a escribir muy joven, tuve como modelo los autores juveniles ( Verne, Rider Haggard, Conan Doyle) y nunca he renunciado a su legado. Baroja me abrió la puerta a mi propio estilo. Siempre he tenido a la vista los grandes clásicos del XlX y del XVlll. Pero creo que los grandes clásicos son como las grandes montañas. De lejos oxigenan y engrandecen; escalarlas es peligroso”.

 

 

“En un momento me di cuenta – decía Ricardo Piglia – de que en el “Ulises” de Joyce y en “En busca del tiempo perdido” de Proust la palabra metempsicosis aparecía ligada al acto de leer. Las almas muertas descansan en la página. Mis reencarnaciones favoritas han sido Hemingway y Roberto Arlt; los leí cuando era muy joven y traté -inútilmente – de escribir como ellos. A esa edad uno está muy atento a las mutaciones póstumas y a la voz escrita de los antepasados. La tradición literaria como un espiritismo de la letra”.

 

 

(Imágenes -1- Faulkner/ 2- Tolstoi – Wikipedia/ 3- manuscritos de Proust – arcadia ego universite urbana champion de Illinois / 4- Hemingway – foto de Ken Heyman  – stateooftheart- pophotocom)

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“Quien quiera conocer a Stefan Zweig en lo más privado – así lo contaba Friderike, la primera esposa del escritor austriaco en sus Memorias “ Destelllos de vida”no puede pasar por alto su faceta de coleccionista y apóstol de los autógrafos”. Ella recuerda que Zweig poseía varios dibujos de Goethe y de William Blake, autógrafos de personajes famosos, manuscritos de Balzac, poemas de Hölderlin, un mechón de los cabellos de Goethe y una de sus plumas, un manuscrito de Schubert, manuscritos también de Richard Strauss, una lista de la colada de puño y letra de Beethoven, hojas sueltas de sus famosos cuadernos cuando el gran músico sordo se comunicaba con sus visitantes y tantas otras cosas más. Mientras escribía biografías de reinas, diversos documentos inspiraron su trabajo. En el caso, por ejemplo, de María Estuardo y con ocasión de una exposición de documentos de la época en el Museo Británico y al describirse su ajusticiamiento, pudo leer en una de las crónicas que el perrillo faldero de la reina se ocultó bajo sus miriñaques durante la ejecución. Aquel pequeño detalle y la inconsciencia de aquella criatura en presencia de un acontecimiento histórico de enorme magnitud, aún empujó más a Stefan Zweig a componerlo todo con minuciosidad e interés.

Recuerda Friderike que cuando el escritor se encontraba en trance de pujar por un nuevo autógrafo podía apreciarse en él una tensión nerviosa que persistía hasta el final de la puja sin que las personas de su entorno pudiesen adivinar la causa. Así sucedía por ejemplo cuando participaba en subastas.

 

 

Todas estas Memorias de Friderike nos llevan hasta otras Memorias mucho más importantes, las tituladas por Stefan Zweig “El mundo de ayer”. Las “sacudidas sísmicas” del siglo XX, como él decía, quedan reflejadas en esta excelente obra de forma relevante y plástica. Son recuerdos que empieza a escribir en Londres, en mayo de 1940, y lo hace por “desesperanza”, como él confiesa, y que termina en Petrópolis, publicados en 1942 tras su muerte. “De toda mi vida – declara Zweig – yo no he probado más cruel impotencia humana de cara a los acontecimientos mundiales”. Se ha resaltado que Zweig tiene la impresión de ser víctima de un “juego infernal”, de una fatalidad que devora al humanismo y de un “ostracismo” que le hace “más inútil y más solo que nunca”. Todas sus cartas últimas a partir de abril de 1941 están influidas por la desesperanza. Sólo el trabajo le permite – dirá él – mantenerle en pie y con cierta “capacidad de actuar ante cualquier punto de vista”. Se contempla a sí mismo como alguien que ha perdido para siempre el orden y la estabilidad. Hasta que llegue el final, el 22 de febrero de 1942.

 

 

(Imágenes- 1- Stefan Zweig en agosto de 1936 a bordo del barco que le llevará a Buenos Aires/ 2- Stefan Zweig y su mujer – elmundo/ 3- Stefan Zweig – unlibroenlasantipodas)

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“Si en mis libros, con toda intención -decía Stefan Zweig -, coloco siempre unos retratos junto a los otros, lo hago así para lograr un efecto pictórico, como  lo hace el pintor que, buscando efectos de luz y de contraluz, logra poner de manifiesto, por medio del contraste, cualidades y analogías que de otro modo quedarían ocultas. Siempre me ha parecido la comparación un elemento creador de gran eficacia; la comparación enriquece, pues realza los valores, dando una serie de reflejos que, alrededor de las figuras, forman un marco de profundidad en el espacio”. Zweig se fijaba para ello en el espejo de las “Vidas paralelas” de Plutarco, que presentaban siempre un personaje romano a la par que uno griego para que así, detrás de la personalidad, pudiera verse de modo más claro su proyección espiritual.

Por ello el escritor austriaco reunió nueve retratos o biografías menores agrupándolas en tres títulos y comparando unas vidas con otras: “Tres poetas de su vida”, “La lucha contra el demonio” y “La curación por el espíritu”. Y ante el volumen y  proyección de sus biografías mayores – las de Balzac, María Antonieta, Erasmo o Montaigne -, se ha comentado que le guió siempre una sensibilidad de novelista a la vez que unas dotes de dramaturgo. En el caso de su “María Antonieta” se presenta, como así lo reconoció la estudiosa Dominique Bona, uno de los más bellos ejemplos de “heroísmo involuntario” en los que la Historia es rica desde hace siglos. En María Antonieta queda trazada una

 

 

metamorfosis interior. “Es por el sufrimiento por lo que su pobre vida quedará como un ejemplo para la posteridad”, escribió Zweig. ” La reina probada y elegida por todos los sufrimientos aparece al fin del libro como una santa mujer. Zweig, sin idealizarla, muestra las etapas de su calvario, y hace de ella el símbolo de la dignidad en los excesos de la desgracia. Fruto de un largo trabajo y de investigaciones eruditas, el manuscrito de “María Antonieta” fue redactado durante dos años y publicado en 1932.  Alcanzó un éxito considerable, tanto en alemán como en francés. Quizá sea la más precisa de todas sus biografías, la más rigurosa respecto a la Historia, y la que se apoya en muchas fuentes inéditas. El libro se ofrece como una especie de ramo de flores a su memoria, en la víspera de las grandes desgracias que van a golpear a Austria y a Francia, estas dos naciones sobre la unidad y el buen entendimiento desde los cuales María Antonieta habia soñado construir la paz de Europa”.

 

 

(Imágenes .-1-Stefan Zweig – líneas sobre arte/ 2-  postal con dedicatoria de Stefan Zweig en 1927/ 3-  Stefan Zweig – counterpounch)

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“Los escritores no muestran, no pintan y no fotografían la realidad, ni lo reconstruido o las invenciones de otro mundo –así quiere recordarlo Goffredo Fofi en su prólogo aEscritores” (Blume),  un álbum de excepcionales fotografīas -. Para expresarse no se sirven de las imágenes, sino de las palabras (…) Los maestros de la imagen se enfrentan a los maestros de la palabra, y por diferentes que sean sus medios, ambos deben “construir”, escoger y montar.

 

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En esta relación, corresponde al fotógrafo la labor más importante, incluso la de hacer notar en el escritor su narcisismo ( lo que quieren comunicar de sí mismos, cómo quieren que se les “vea”). En los casos más logrados ha ocurrido que los escritores han descubierto algo de sí mismos que ignoraban, o sobre lo que no habían reflexionado, gracias a la imagen que de ellos ha hecho un fotógrafo que “sabía ver”.

 

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(…) El interés comercial de los fotógrafos en retratar a los artistas, a los escritores o a los filósofos en anteriores épocas estaba en un segundo plano; los grandes fotógrafos pretendían demostrar su capacidad de captar en aquellos personajes algo más que la simple “crónica”. Como sucederá más tarde con el extraordinario desarrollo del periodismo, se esforzaban en percibir la originalidad, la diversidad, la ” calidad” de los artistas, aquello que los diferenciaba  de sus contemporáneos.

 

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Si, por una parte, resulta apasionante observar cómo los grandes fotógrafos han arrinconado a los grandes pintores, casi robándoles la profesión en una competencia directa, no lo es menos contemplar lo que han buscado en los escritores.

Es cierto que los han retratado en su ambiente, pero se han centrado, sobre todo, en poner de relieve lo que los distinguía y distingue como portadores de una visión, de peculiaridades relacionadas con su origen y, en primer lugar, de aspectos que podemos decir “de categoría”.

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En la historia de la fotografía y en la relación que ha tenido con los escritores aparecen cosas singulares. Balzac, por ejemplo, sufría un vago temor cuando quiso fotografiarlo Nadar. “Todo cuerpo en su estado natural – parece que explicó el fotógrafo sobre aquel momento – estaba conformado por una sucesión de imágenes espectrales superpuestas en capas infinitas, envueltas en películas infinitesimales…” Y cuando se le preguntó a Nadar si el temor de Balzac ante el daguerrotipo era real o fingido, Nadar contestó: era real. Por otro lado, como cuenta Susan Sontag, fotografías de escritores cuando aún eran niños revelaban muchos caracteres: Aldous Huxley, por ejemplo, a los ocho años, exhibía ya los enérgicos excesos por los que sería conocido de adulto. La fotografía infantil entregaba numerosos secretos.

 

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(Imágenes- 1-Czeslaw Milosz- británica/ 2.-Joyce Carol Oates- foto Marion Ettinger/ 3.-Arthur Miller- Dennis Stock/4.-Alice Munro- Peter Sibbald/ 5.-Leonardo Sciascia- Ferdinando Scianna/ 6-Raymond Carver- Bob Adelman)

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Ha muerto a los 89 años de edad  uno de los escritores franceses màs interesantes del siglo XX : Michel Butor. Aparte de su tarea como novelista dentro del llamado movimiento del “nouveau roman” de los años cincuenta, su amplia curiosidad como intelectual le llevó a muy numerosos y penetrantes ensayos recogidos en los tres tomos de “Repertorio” (Seix Barral) y, entre otras publicaciones, a los tres tomos de entrevistas (Joseph K.), que abarcan desde 1956 a 1996. En esos cuarenta años de vida literaria, Butor estudia en amplios diálogos los problemas del arte contemporáneo, la materia de los sueños, las fronteras entre ciencia ficción y literatura, las relaciones entre lo oral y lo escrito, el dibujo, la noción de la modernidad, el diálogo con las ciudades, la literatura de testimonio y la literatura de imaginación, y tantos otros temas que antes, en sus ensayos, ya se habían adentrado en Proust, la ópera, la filosofía del mobiliario, el libro como objeto, Balzac y la realidad y el mundo de Julio Verne entre muchas otras cuestiones.

El autor de “La modificación” o del “Empleo del tiempo” – ciudades y viajes, técnicas novelísticas usando la segunda persona -,  respondía a la revista “Tel Quel“: “Un cuadro me intriga; vuelvo a él; quiero arrancarle el secreto de su poder. ¿Qué es lo que conocía este hombre, o estos hombres, que yo ignoro? Éste es el motivo de que me ponga a aprender de él, de ellos, hasta haberme beneficiado de sus conocimientos. Los pintores me enseñan a ver, a leer, a componer, es decir, a escribir, a disponer signos en una página. En el Extremo Oriente, la caligrafía  siempre ha sido considerada como la comunicación necesaria entre la pintura y la poesía. Hoy nosotros tenemos la disposición del libro. La pintura se las compondría perfectamente sin mí; yo no sabría componérmelas sin la pintura (…) En realidad, el que escribe bien es el que sabe utilizar su lengua, el que da a sus palabras todo su peso, el que conoce todos los recursos de su sintaxis; es aquel cuyo pensamiento anima hasta el detalle de sus frases o conjuntos verbales”.

Palabras siempre vivas de Michel Butor.

Descanse en paz.

(Imagen – Michel Butor- fr le 360 ma)

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