PERIODISMO, EXPERIENCIA Y VIDA

«Objetan que lo que un periodista que ha nacido como tal tiene que hacer sólo puede relizarlo en la redacción, en el «tajo»  –comenta Joseph Pulitzer en «Sobre el periodismo» (Gallo Nero). ¿Cómo se procede en realidad en la redacción? No se trata de una educación intencionada, sino sólo casual. No es un aprendizaje: es un trabajo durante el cual todos tienen que saber lo que están haciendo. No hay nadie en la redacción con tiempo ni ganas para enseñarle a un reportero novel todo lo que debería saber antes de llevar a cabo la más humilde de las tareas de un periodista.(,,,) La idea del «tajo» predominaba antes en el Derecho y la Medicina. En la universidad, un abogado no aprende más que la teoría del derecho, los principios fundamentales y algunos precedentes. Cuando recibe su título no está nada preparado para ejercer. Y tampoco el médico aprende a practicar en la facultad de Medicina – seguía diciendo Pulitzer en 1904, en la North American Review, cuando por su iniciativa nacía la Escuela de Periodismo de la Columbia University de Nueva York -Sólo aprende principios fundamentales, teorías, normas y la experiencia de los demás: los fundamentos de su profesión. Una vez deja la facultad, debe trabajar en los hospitales para aprender el arte de poner en práctica esos conocimientos.

En el caso del periodismo, las redacciones son los hospitales. Sin embargo, los estudiantes llegan a ellas sin saber nada de principios o teorías. El hospital- periódico es muy complaciente. Proporciona pacientes para que los jóvenes practiquen con ellos, pone bisturís en manos de principiantes que no sabrían diferenciar una arteria de un apéndice vermiforme, y les paga por los errores con los que van aprendiendo gradualmente la profesión». Los tiempos han cambiado para muchas cosas y no han cambiado demasiado para otras. Un siglo después, los jóvenes periodistas recien incorporados a una redacción selen estar muy mal pagados y a veces explotados, la multiplicidad de medios y de soportes abre intrumentos a velocidades increíbles y a la vez la formación profunda del periodista y su esfuerzo personal son sustituidos en ciertas ocasiones por la perezosa comodidad del simple «cortar» y «pegar». Ante un acontecimiento cotidiano puede apreciarse enseguida al corresponsal que ha descendido hasta las entrañas mismas del conflicto y aquel otro que únicamente ha descendido las escaleras de su despacho para llegar hasta la calle y, sin implicarse demasiado, recitar con habilidad su crónica. Pulitzer, en este pequeño e interesante libro – de ya hace cien años-, dice muchas verdades. Al hablar, por ejemplo, de la especialización, se lamenta que «el redactor de un periódico de Nueva York dedicado a la sección editorial se sorprenda tanto como el público cuando lee las noticias de la mañana. El redactor de noticias no sabe qué editoriales habrá. El crítico musical no es capaz de escribir sobre eventos deportivos. El tipo de inestimable sentido del humor no sabe registrar ni interpretar los movimientos bursátiles«.

Reflexiones importantes de uno de los grandes maestros del periodismo.»El periodista – añade Pulitzertiene un puesto que sólo le pertenece a él. Sólo él tiene el privilegio de moldear las opiniones, llegar a los corazones y apelar a la razón de cientos de miles de personas diariamente. Esta es la profesión más fascinante de todas«.  Profesión que en tantos países se encuentra hoy en la encrucijada.

.(Imágenes.-1.-Fred Tomaselli.-2009.-cortesía de la galería James Cohan.-Nueva York/2.- agregador de noticias. 1.o.-Giuliano Abate/3.-Bette Davis y el periódico.-rantingsofamodernndayglamourgirl)

LO QUE MÁS AMO DE LA VIDA

«La vida humana está hecha de amar, respirar, beber, hablar…. hablar mucho juntos. Amo ver cómo sale el sol, pero también cómo se pone, dos  cosas bellísimas…No me canso de la vida misma en todos sus componentes. Me gusta acostarme por la noche, pienso con alegría en el desayuno de la mañana siguiente…Hasta la lluvia es bella, no sé separar todas estas cosas…amo la vida en su complejidad. ¿Lo que más odio? La coacción, cualquier tipo de coacción, casi es algo patológico».

Heinrich Böll.Los escritores frente al poder»

(Imagen.- la muchedumbre en Egipto.-foto Suhaib Salem/ Reuters.-The New York Times)

VIEJO MADRID (25) : FIGURAS EN BRONCE

De vez en cuando permanecen en las ciudades figuras en bronce que están ahí, clavadas en el tiempo, hieráticos recortes separados de los viandantes, perfiles escultóricos como recordatorios o preguntas. Desde hace varios años, en Madrid, en la calle de la Almudena, no lejos del Palacio Real, aparece un hombre apoyado sobre una barandilla. Algunas gentes dicen que está mirando las ruinas invisibles de una antigua iglesia , pero otras creeen que está asomado al vacío del paro, contemplando donde existió trabajo, escoltado por la soledad. Espera y espera que pasen las ruedas del vacío pero sólo pasa el sol y la lluvia sobre sus espaldas.

En otro lugar de Madrid, en el barrio de Malasaña, al costado de la Corredera Baja de San Pablo,en la plaza de San Ildefonso, el bronce de la figura de una niña lleva desde hace más de diez años la carpeta con todos sus apuntes de ilusiones. Sus pies no se despegan de un suelo de realidad. Anda y anda sin moverse del sitio, cruzan los comercios a su lado, bajan las aceras, vocean los gritos de patio a patio y de casa a casa. La niña sigue imperturbable creyendo avanzar siempre, y avanzará, sí, sin duda avanzará.

El hombre agarrado a la barandilla en la calle de la Almudena no puede imaginar que en esa esquina de la pequeña calle estaba – hace ya casi cinco siglos – el palacio de la princesa de Éboli, doña Ana de Mendoza, la hermosa tuerta de quien tan apasionado se hallaba Felipe ll. Aquí también mataron de una estocada a Juan Escobedo, secretario de don Juan de Austria.

La niña que camina sin moverse por el bronce en esta Plaza de San Ildefonso tampoco puede imaginar que a pocos pasos, tras unos árboles, tenía su vivienda Rafael Mengs, pintor del Rey.

La Historia y la Pintura les contemplan.

(Imágenes:-1 y 3.-calle de la Almudena/ 2, 4 y 5.- Plaza de San Ildefonso.-2010 y enero 2011.-fotos JJP)

DETRÁS DE LAS LETRAS

«Siempre con el deseo de acercarme lo mejor posible a la realidad – decía Braque -, en 1911 introduje letras en mis cuadros. Eran formas donde no había nada a deformar porque siendo planas las letras estaban fuera del espacio y su presencia en el cuadro, por contraste, permitía distinguir los objetos que se situaban en el espacio de aquellos que estaban fuera de él«.

Fascinación de las letras. La madre al lado del hijo le va llevando con su dedo sobre la epidermis de la A, luego pasa a la piel de la B y de la D y de la M; el dedo de la madre, al cabo de muy poco tiempo, es sustituido por el de la maestra y enseguida se blanquea de tiza en la pizarra y se ennegrece en el cuaderno cuadriculado. La A se transporta de casa a la escuela y de la escuela a casa en un ir y venir de vocales que se casarán pronto con las consonantes y tendrán hijos igual que palabras, escoltados por las lanzas de las admiraciones y cercados por interrogaciones de preguntas.

El trazo de las letras es el primer paso, aún titubeante, sobre la alfombra de la educación. Se gatea entre mayúsculas y minúsculas buscando la puerta del párrafo, sudando fatigados al no encontrar pronto la salida. Es el pasillo del abecedario tan cantado en las aulas, repitiéndose por las calles en coro de juegos infantiles. Pero las letras solas no bastan. El Maestro Eckhart recuerda al hablar del arte de escribir que si uno «quiere dominar este arte, tiene  que ejercitarse mucho y con frecuencia en él, por difícil y penoso que sea y aunque le parezca imposible. Si hace ejercicios frecuentemente y con gran aplicación, llegará a aprender y obtener este arte. En primer lugar tiene que pensar en cada una de las letras y representárselas firmemente. Después que ha llegado a poseer el arte de escribir, no necesita pensar en cada una de las letras, ni necesita la ayuda de la imaginación. Escribe libremente y sin dificultad alguna lo mismo cosas pequeñas que grandes obras que han de surgir por medio de su arte. A él le basta no saber que en un momento dado tiene que ejercitar el arte. Y bien que no piense siempre en él, y sea lo que quiera en lo que piense, lleva a cabo la obra mediante su arte».


Es el trasfondo de la escritura como también el trasfondo de la vida. Quien mira única y fijamente la inmediatez de la vida no es capaz de ver su profundidad. Quien mira fijamente a la A sin ver nada detrás de ella no ha conseguido asomarse a la transcendencia. Palpa con el dedo los trazos de la gran A inmediata sin ver el universo que hay detrás, sin ver la infinitud de la palabra que existe al otro lado de la letra.

(Imágenes:1.-Bruce Nauman.-Máscara facial.-1981.-Museo de Arte Moderno de Nueva York/2.-Kazimir Malévich.-Un inglés en Moscú.-1914.-Museum Stedelijk , Amsterdam/ 3.-Georges Braque.-mujer con guitarra.-1913.-Museo Nacional de Arte moderno de París)

FÁBULA DEL ACTO DE ESCRIBIR

«Para poder escribir expulso de mí a la desesperación.

Escribo para expulsar de mí a la desesperación.

¿No habría que abandonarse del todo a la desesperación para poder escribir?

¿No habría que renunciar del todo a escribir para expulsar a la desesperación?»

György Somlyó: «Fábula del acto de escribir»

(Imagen: El maestro de escritura.-.-1882.-Thomas Eakins. -John Kennedy Fondo Srewart.–Museo Metropolitano de Nueva York)


PALABRAS QUE SE LAS LLEVA EL VIENTO

El viento fue limpiando las palabras empañadas, todas las voces y diálogos que se habían quedado prendidos en los jirones de los escaparates, entre acera y acera, en callejuelas pobladas de susurros y gritos, palabras destrozadas ya y desgarradas, despedazadas, despegadas del aire, y que el viento fue empujando, como cada mañana, mientras todos dormían, antes de que nadie hablara otro día y otra vez, y el viento se fue llevando las hojas revoloteadas de las frases y de las discusiones, el remolino de los suspiros amororos de los novios, los frenazos, los pasos cruzados entre semáforos, las bienvenidas y los adioses desde lejos. El viento empezó, como cada mañana, barriendo las palabras y sonidos de todas las calles, rebañando cada portal y cada quicio y limpiando todo el muro del aire entre las casas hasta dejarlo vacío y preparado, una ciudad de huecos transparentes y radiantes, embellecidos, dispuestos para la jornada inminente. Y el viento fue llevándose las palabras en trocitos pequeños, y cuesta abajo, poco a poco, como en cada amanecer, las fue volcando al fin de la ciudad, las echó al fin por la ventana, para que acabaran en el mar.

(Imagen: Ito Kosho.-Kino-Niku.-Tsuchi-no-Ha.-1991.-Museum of Art Takamatsu.-foto Yoshitaka Uchida)

¿A QUÉ HORA SUELE USTED ESCRIBIR?

«Cuando trabajo en un libro o en un relatodecía Hemingway escribo cada mañana, en cuanto hay luz. A esa hora nadie me molesta y está fresco o frío, y uno se pone a trabajar y se caldea a medida que escribe. Uno lee lo que ha escrito, y como siempre se interrumpe cuando sabe qué es lo que va a ocurrir a continuación, uno sigue a partir de este punto«. Son palabras muy conocidas y comentadas de la entrevista que le hiciera en su día George Plimpton y no hace mucho Vila Matas se ha referido a ellas. El escritor judío y ciudadano polaco Isaac Bashevis Singer contaba que » cuando me levanto a la mañana, siempre tengo deseos de sentarme a escribir. Y casi todos los días lo hago«. Pero luego añadía toda la nube de compromisos que en muchas jornadas se le venía encima y cómo todo ello le apartaba de la escritura.

La hora del escribir es incierta, porque existen otras horas mágicas que preparan a la hora del quehacer y esas horas nos acompañan por los campos, entran con nosotros en el cuarto de baño, reciben el húmedo y brillante polvo de la ducha, marchan junto a nosotros sendero adelante, nos despiertan en medio de un sueño, nos iluminan de pronto el final de un argumento, nos trazan mientras caminamos el perfil de un personaje. Son horas en las que no sabemos que estamos escribiendo y sin embargo lo hacemos. Hablando de la génesis de un poema, alguien ha dicho que «las palabras ya se encontraban en el almacén de la memoria. El poema está ahí». Solo hace falta copiarlo y escribirlo. No sucede exactamente así en la novela, pero las horas mágicas, apenas percepibles, nos han llevado de la mano hasta el cuaderno o hasta la pantalla. Las manos de la imaginación, que han estado trabajando en el subconsciente, nos empujan a tomar el lápiz tal como como hacía Steinbeck. Es la herramienta. Steinbeck tenía tal surtido de lápices que podía dar una lección magistral: » he encontrado un nuevo tipo de lápiz – decía entusiasmado -: el mejor que he tenido. Por supuesto, cuesta tres veces más que los otros, pero es negro y suave y la mina no se rompe. Creo que siempre usaré estos. De verdad, planean sobre el papel«.

Pero antes de tomar entre los dedos esa herramienta u otra, el imprescindible utensilio, ha existido una hora incierta – imaginativa, creadora – en la que en nuestra cabeza ya se ha fraguado todo. Hemos escrito sin escribir.

(Imágenes: 1- Hemingway.-1958.-Ken Heyman/ 2.-John Steinbeck.-digitalgallery)

LA IMAGEN Y LA HISTORIA

«El ojo no basta.

La imagen no es suficiente. El ojo recibiendo imágenes no explica a sí mismo la Historia. Es excepcional, si, como documento histórico, es importante testimonio ocular,

pero visto y no visto en este increíble día, el ojo necesitará posarse también sobre la página, resbalar sobre el texto en papel como lo hace sobre la pantalla.

A este día de terror no le es suficiente el ojo televisado. Este ojo tendrá que salir de esta imagen y buscar un periódico, detenerse, volver a rebuscar entre las líneas del periódico, ávida y tenazmente, intentando encontrar el secreto bajo la tierra de las palabras.

Después lo hará en el libro. Aquí sí, aquí una palabra clave vale siempre más que mil imágenes.

Los qués siguen apareciendo aún en las pantallas de los televisores mientras los porqués se esconden aún en los libros».

(«El ojo y la palabra«, página 12)

(Imágenes:Egipto  1.- Tomaseviv Gora.-Reuters/ 2.-foto Reuters/ 3.-Chris Hondas.-Reuters/4.-Victoria Hazou.-Associated Press/ 5.-Tomasevic Goran.-Reuters/6-Yannis Behrakis.-Reuters) ( fotos tomada de The Big Picture.-Boston. com)

ESOS NIÑOS QUE CANTAN EN PIEDRA

«Esos niños que cantan en piedra un

silencio de piedra esos

pequeños hicieron flores

de piedra que se abren para

siempre esos niños silenciosa

mente pequeños son pétalos

su canción es una flor de

siempre sus flores

de piedra cantan

silenciosamente una canción

más silenciosa

que el silencio esos siempre

niños para siempre

cantan con guirnaldas de cantantes

flores niños de

piedra de ojos

florecidos

saben si un

pequeño

árbol oye

para siempre a los siempre niños

cantando para siempre

una canción de silencio de piedra

de canto».

E.E. Cummings

(Imagen: Sir Jacob Epstein (1880- 1959).- retrato de Jackie, el hijo del artista.-1937.–Peter Nahum & Tom Tempest- Radford- Leicestergalleries)


LOS EFECTOS DEL CINE

Podrían ir muy unidos seguramente los efectos del cine con el subtitulo que puse en su día a Mi Siglo: «la invención de la realidad«. Se inventa la realidad en el patio de butacas, la sábana blanca de la pantalla extiende su profundidad hasta el fin y cabalgamos imaginativamente sobre ella, a galope tendido de realidad inventada que va dejando atrás a la realidad auténtica, aquella de nuestras vidas y ciudades : hemos cambiado una realidad por otra y cuanto más compacta sea la realidad en penumbra antes olvidaremos la realidad en la claridad. Mucho han hablado sobre esto los escritores.«El ojo está en dificultades. El ojo pide ayuda. El ojo dice al cerebro: «Está ocurriendo algo que no entiendo ni por asomo. Te necesito«. – decía Virginia Woolf hablando del cine en 1926 – Juntos, miran al rey, al barco, al caballo, y el cerebro comprende al instante que han adquirido una cualidad que no pertenece a la simple fotografía de la vida real. No se han hecho más bellos, en el sentido en que son bellas las imágenes, pero ¿ podríamos decir que más reales, o reales con una realidad diferente a lo que percibimos en la vida diaria?».

Recuerda Malraux en su » Esbozo de una Psicología del cine»  la leyenda que cuenta cómo «Griffith se emocionó tanto ante la belleza de una actriz al rodar uno de sus films, que hizo rodar de nuevo, desde más cerca, el instante que acababa de entusiasmarle, y que, al intentar intercalarlo en su lugar inventó, al hacerlo, el primer plano«.

La invención del primer plano, la invención de la realidad diminuta o grandiosa, nos deja subyugados bajo los efectos del cine. Sentados en la oscuridad de la sala no recordamos ya la cocina de nuestra casa, ni tampoco nuestros diálogos y preocupaciones diarios, porque estamos, precisamente ahora, siguiendo unos diálogos y preocupaciones inventados que se desarrollan en esta cocina también inventada y que tanto nos atrae, en este pasillo de esta casa de invención que es más auténtica que nuestra casa propia, y seguimos enfebrecidos y casi palpitantes todo este hilo de preocupaciones y tensiones muy superiores en dos horas a las que podrían ser las nuestras, y avanzamos imantados por este hilo que nos ha alejado de la cotidiana realidad para conducirnos a otra realidad bien distinta.

Luego, al salir, los efectos del cine aún nos persiguen. Sus apagados pasos de imaginación vienen noche adelante. Escuchamos aun voces en la lejanía del cerebro. Pero pronto la realidad común nos absorbe.

(Pequeña evocación sobre «El efecto del cine», exposición inaugurada en Madrid, en Caixa Forum, hasta el 24 de abril de 2011)

(Imágenes:- 1.- «Tuin» (1998).- película de Runa Islam.-cortesía de la artista y de White Cube.-elmundo.es/ 2.- una de las proyecciones de Mungo Thompson en Caixa Forum.-elmundo.es /3.-video de la exposición «El efecto del cine»)

RASTRO DE LOS OBJETOS

Estos objetos amontonados, las lámparas, los espejos, el reflejo de las lámparas en los espejos, el misterio de las sillas sin dueño, los libros, candelabros, estanterías, fetichismos del pasado, realidades y falsificaciones, imitaciones, el caprichoso circuito de los objetos que van y vienen embalados, atados con cuerdas, embozados en mantas, viajeros nocturnos en camiones de mudanzas, herencias, despojos, conversaciones que escucharon y mantuvieron, cansancio de sus vidas, todo esto lo cubre la mirada cuando se pasea por el Rastro de las oportunidades en tantas existencias,

y luego están las mesas, aquellas mesas donde se escribió, las mesas que fueron soporte de célebres firmas, sostenes de tazas, vasos y vajillas, mesas en las que se sirvieron frutas y manjares, mesas adornadas de flores, vitrinas, relojes, péndulos, escaleras que subieron al cielo de la imaginación, peldaños de cuentos buscando buhardillas encantadas, lomos, lomos de libros encuadernados, sombreros, sombreros olvidados de memoria, sombreros amados, retocados ante espejos que ahora se reflejan en lámparas, lámparas que iluminan respaldos de sillas donde se curvaron espaldas, espaldas que se irguieron para mirar medallas, medallas envejecidas, medallas conquistadas, medallas emotivas, medallas de íntimo valor y medallas como corazones fulgurantes, cuajadas de victorias que uno consiguió, victorias íntimas que nadie celebró,

y luego están las sombras, las luces, las penumbras, los sillones, rincones de sillones y de conversaciones, aquellas confidencias pactadas, los amores sellados, el tiempo en tic-tac, aquellos muebles guardando secretos, pequeñas llaves y diminutos cerrojos de silencios, aquello que nunca se dijo, lo que nunca se admitió, viejos papeles amarillos que descubren los herederos, cuentas, propósitos, decisiones, proyectos, una fotografía desvaída y una penumbra en un  rostro que el espejo refleja, el rastro de los objetos que este Rastro dejó, muebles amontonados y recolocados en un escenario, el teatro de las últimas cosas, la representación de lo que fue…

Y de pronto, la realidad que abre la puerta y el primer comprador que entra buscando trastos viejos.

(Imágenes: 1,2 y 3.-Rastro de Madrid.-Objetos Alba Longe.-15-1-2011.-fotos JJP)

INVIERNO 2011 (4) : RENATA SCHWEITZER

«En un mar de luces multicolores se refleja hechicero

en el asfalto negro y mojado.

Las fachadas, los anuncios luminososos y poderosos

irrumpieron multiformes en aquella época.

Y cada ruido que traen los motores

acelera el latido del pulso de las calles iluminadas.

Con un sordo zumbido se detiene en las esquinas

y se precipita incontenible en la corriente de la muchedumbre.

La vida borbollea en la red extendida

en el laberinto de la risa, los bostezos, el comercio

donde se buscan tesoros no vistos.

Pero me parece ver la oscuridad y las lágrimas

y un cruel vacío que se esconde en las esquinas

y un mortal suspiro que hiela mi sangre».

Renata Schweitzer ( joven escritora alemana que durante años estuvo carteándose con Pasternak, visitándole luego en su casa de campo, cerca de Moscú): «La gran ciudad en invierno» («Boris Pasternak: «Cartas a Renata«) (Guadarrama)

(Imagen: Nueva York 1927.-Georgia O ´Keeffe.-arthistoryarchive)

VIEJO MADRID (24) : JARDINES ROMÁNTICOS

Me he sentado en este banco, invisible, abstraído de la polución y de los ruidos: pasan los automóviles detrás de estos jardines, fachadas, portales, ojos de semáforos, se oyen gritos cruzados a lo lejos de los repartidores de civilización, proveedores de básicos utensilios y de inservibles complementos, la infancia camina de la mano rumbo a su escuela, se escuchan pasos precipitados hacia el trabajo, pero aquí, en el silencio de los jardines, apenas hay rumor mientras paso las hojas del libro, «El arte de los jardines modernos«, de Horace Walpole. que, como siempre, me habla entre líneas, y me va explicando » que el roble  venerable, el haya romántica, el provechoso olmo, incluso el perímetro pretencioso del tilo, el contorno regular del castaño, y el casi moldeado naranjo, tuvieron su historia y se vieron rectificados por esos fantasiosos admiradores de la simetría».


Me está hablando así el autor de “El castillo de Otranto”, siempre en voz baja, sentado en este banco solitario, y cuando  él deja de hablar – cuando dejan de pasarse las hojas – el Madrid tumultuoso baja en estrépito de las nubes y ensordece los tejados. En cambio, cuando el libro habla de nuevo conmigo, son las palabras las que conversan entre Plinio y Milton y la ciudad enmudece al escucharnos, los silencios van y vienen por calles desiertas, automóviles quedan detenidos, diálogos diluidos. Es una ciudad enmudecida y límpida cuando el libro se cierra y es un jardín enmudecido y límpido  cuando la ciudad reabre sus ruidos.

Todo esto sucede a media mañana. Es el misterio de la palabra, el conversar de las urbes y los jardines. Y sobre todo, el silencio.

(Imágenes: jardín del Museo del Romanticismo de Madrid, calle de San Mateo.–enero 2011.- fotos JJP)

VULGARIDAD Y MODERNIDAD

«Nos guste o no, para el periodismo moderno el aspecto importante de un hecho – recuerda Alessandro Baricco en su interesante libro «Los bárbaros«(Anagrama) – es la cantidad de movimiento que es capaz de generar en el tejido mental del público. A un nivel extremo, un conflicto importante y sanguinario en un país de África para un periódico occidental sigue siendo una no-noticia hasta el momento en el que entra en secuencia con porciones de mundo en posesión del público occidental.(…) Por muy absurdo que que pueda parecer, es exactamente lo que esperamos de los medios de comunicación, pagamos por tener esa clase de lectura del mundo«. En una entrevista en The New York Times en 1996 un periodista decía: «Esto es para lo que vivimos. Es decir, «catástrofe», «caos». Siempre puede haber algún terremoto que te dé un vuelco al corazón». Pero como he comentado en alguno de mis libros, «cuando la muerte llega de nuevo en la secuencia siguiente del noticiario – ese tanque, por ejemplo, que está aplastando al niño inocente – no sabemos si ello es realidad o ficción, tan maquillada aparece la realidad con su disfraz de afeites. Exclamamos entonces, ¡qué horror! Pero estamos en el segundo plato de la comida y continuamos masticando nuestra cena de horrores. La vida sigue». («El artículo literario y periodístico»)


No nos asombramos, pues, de que nada nos asombre. No nos asombramos de nada. Tampoco de descubrir la vulgaridad tras el disfraz de la aparente modernidad. Seguimos masticando vulgaridad creyendo que es modernidad y tragamos los lenguajes decadentes como si fueran sublimes. «Vulgaridad» fue la palabra introducida por Madame de Staël en 1800. «Modernidad«, la que pronunció Teófilo Gautier cincuenta y dos años después, en 1852. Chautebriand, por su parte, fundió los dos términos, modernidad y vulgaridad, al hablar de sus viajes. Y a Baudelaire se le calificará como el definitivo inventor de esta palabra: «modernidad«.

Pero modernidad y vulgaridad muchas veces aparecen mezcladas en las pantallas, el rostro de una esconde el antifaz de la otra, nos hacen ambas tremendas muecas desde sus imágenes, guiñan sus ojos equívocos, desfilan brillantes entre las pasarelas de la publicidad animándonos a ser mucho más modernos aunque seamos menos educados.

(Imágenes:-1.-Kenny Scharf.-1981.1983.-artnet/2.- Nam June Paik.-AndrewShire Gallery.-Lo Angeles.-USA.-artnet)