VULGARIDAD Y MODERNIDAD

“Nos guste o no, para el periodismo moderno el aspecto importante de un hecho – recuerda Alessandro Baricco en su interesante libroLos bárbaros“(Anagrama) – es la cantidad de movimiento que es capaz de generar en el tejido mental del público. A un nivel extremo, un conflicto importante y sanguinario en un país de África para un periódico occidental sigue siendo una no-noticia hasta el momento en el que entra en secuencia con porciones de mundo en posesión del público occidental.(…) Por muy absurdo que que pueda parecer, es exactamente lo que esperamos de los medios de comunicación, pagamos por tener esa clase de lectura del mundo“. En una entrevista en The New York Times en 1996 un periodista decía: “Esto es para lo que vivimos. Es decir, “catástrofe”, “caos”. Siempre puede haber algún terremoto que te dé un vuelco al corazón”. Pero como he comentado en alguno de mis libros, “cuando la muerte llega de nuevo en la secuencia siguiente del noticiario – ese tanque, por ejemplo, que está aplastando al niño inocente – no sabemos si ello es realidad o ficción, tan maquillada aparece la realidad con su disfraz de afeites. Exclamamos entonces, ¡qué horror! Pero estamos en el segundo plato de la comida y continuamos masticando nuestra cena de horrores. La vida sigue”. (“El artículo literario y periodístico”)


No nos asombramos, pues, de que nada nos asombre. No nos asombramos de nada. Tampoco de descubrir la vulgaridad tras el disfraz de la aparente modernidad. Seguimos masticando vulgaridad creyendo que es modernidad y tragamos los lenguajes decadentes como si fueran sublimes. “Vulgaridad” fue la palabra introducida por Madame de Staël en 1800. “Modernidad“, la que pronunció Teófilo Gautier cincuenta y dos años después, en 1852. Chautebriand, por su parte, fundió los dos términos, modernidad y vulgaridad, al hablar de sus viajes. Y a Baudelaire se le calificará como el definitivo inventor de esta palabra: “modernidad“.

Pero modernidad y vulgaridad muchas veces aparecen mezcladas en las pantallas, el rostro de una esconde el antifaz de la otra, nos hacen ambas tremendas muecas desde sus imágenes, guiñan sus ojos equívocos, desfilan brillantes entre las pasarelas de la publicidad animándonos a ser mucho más modernos aunque seamos menos educados.

(Imágenes:-1.-Kenny Scharf.-1981.1983.-artnet/2.- Nam June Paik.-AndrewShire Gallery.-Lo Angeles.-USA.-artnet)

2 comentarios en “VULGARIDAD Y MODERNIDAD

  1. Vulgaridad, decadencia, chabacanería, adocenamiento, espíritu gregario… A la vez que leo su estupendo post escucho en la radio las últimas hazañas sexuales de Berlusconi y se me contraponen ambos planos… He apagado la radio con hastío…Que las sobredosis de “modernidad” no nos resten capacidad de discernimiento ni nos cieguen la piedad…

  2. José Julio:

    ¿Quién podría estar en desacuerdo con tus certeras palabras?

    Vulgaridad, vulgaridad me acosa. Así rezaba, si no me falla la memoria, el verso de un hermoso poema que Alfonsima Storni escribió una vez Frente al Mar. Nunca ha sido más terrible ese acoso que ahora.

    Al menos en el reducto de MI SIGLO uno se siente a salvo de esa plaga que se oculta tras el maquillaje de la modernidad.

    EMF

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