TACHADURAS

 


“Cuando estoy en plena crisis de escritura — decía el francés Pierre Michon —, en mi mesa, escribo diez horas al día, entre dos y cinco páginas, primero a lápiz. Son páginas en las que algunas palabras faltan de entrada, pero en que la rítmica — es decir, la puntuación — tiene ya desde el principio la forma definitiva. Le doy muchas vueltas y tacho mucho. Pero  lo hago hasta que esas páginas me parezcan perfectas. Entonces no puede ya revisarse nada. Las tecleo de forma tal que, al día siguiente, no tenga libertad para corregirlas, sino obligación de seguir adelante.
Soy de los que vuelven a escribir diez veces la primera página, por ejemplo, pero que tachan muy poco cada vez que la vuelven a escribir. La décima versión puede ser diferente por completo de la primera; pero en el medio, tacho muy poco. La sobrecarga de tachaduras me parece que estorba para que surja algo largo…, en fin, cuando digo largo, quiero decir tres páginas. La tachadura bloquea las salidas. Cuando pongo muchas tachaduras es que estoy enfadado con mi texto, y a mí no me gusta enfadarme con lo que escribo porque resulta ruinoso para el vigor de lo que venga después. No hay que bloquearse contra el propio texto. Torturarlo así me daría pena, ya no podría seguir. Yo tengo muchos arrepentimientos, no paro de hacerme preguntas en todas las encrucijadas. Pese a todo, me obligo a seguir adelante. Hago una página en una mañana, la hago diez veces. Como digo, la décima vez la paso al ordenador. Entonces es intangible. Puedo aún corregir un adjetivo o dos en el ordenador, pero al día siguiente me pongo a redactar “ lo de después” de esa página. No vuelvo a tocar ya la página anterior, es decir, que lo ya escrito es como si estuviera petrificado. Es mármol.”

 

 

(Imágenes—1- manuscrito de Watt , de Beckett/ 2-Jonathan Edwards)

LOS COLORES Y LAS GUERRAS

 

 

“ Y fue en uno de aquellos días dedicados intensamente a toda esta escritura cuando a Hisae le ocurriría algo realmente sorprendente. Estaba escribiendo como cada mañana una carta espontánea dirigida al futuro y, también, como siempre, sin un destinatario conocido sino tan solo por el placer de escribir y explayarse, cuando un gran temblor sacudió su casa, derribó de repente la mesa donde escribía y su pincel voló por los aires hasta estrellarse contra la pared. Ensimismada en su habitual tarea epistolar, Hisae se había olvidado casi por completo de los acontecimientos exteriores y en ningún momento había  podido suponer que estallaría una guerra y que aquella guerra estaría ya a un paso de su habitación. Inquieta por el temblor que acababa de sacudir toda la casa, se acercó hasta la ventana, y al abrirla, una enorme cabeza herida de un caballo negro cayó dentro de la habitación extendiendo un gran charco de sangre y arrastrando con aquella cabeza el cuerpo de un guerrero muerto. Hisae quedó espantada. Aquello sin embargo que estaba sucediendo en su cuarto, aunque Hisae lógicamente no podía imaginarlo, era solo el principio de una guerra feroz, una guerra civil que se haría casi interminable — a la que después  bautizarían como guerra o  guerras de  Onin, y que durarían  once años— y que  para Hisae supondrían una completa transformación. Precisamente lo más relevante que ha  quedado en la Historia menor de Japón sobre aquellas guerras, aparte lógicamente de los documentos y relatos importantes, son  las tres cartas redactadas por Hisae  y en las que ella describe de forma muy peculiar batallas y contendientes. Porque son tres cartas únicas en la historia de la correspondencia en las que se une continuamente guerra y color. Hisae quiso fijarse sobre todo en el color de la guerra. Le fascinó el color de los ropajes que vestían los señores de la guerra, el color de las lanzas, de las armaduras y de las espadas, el color gris- pardo de la enorme trinchera de diez metros de profundidad que estaba abierta en el suelo de Kyoto y  el color de los rostros en los jefes de los dos ejércitos, tanto de  Osokawa Katsumoto como de  Yamana Sozen. Especialmente le impresionó que aquel caudillo Sozen , al que llamaban “el monje rojo”, destacara por el color escarlata de su piel, que revelaba su  temperamento colérico, como le impresionó igualmente la negritud compacta de los dos ejércitos quietos y  enfrentados: los  85.000 hombres de  Osokawa y  los 80.000  de Sozen.

 

En esas tres cartas Hisae casi nunca habla de sí misma y esencialmente se dedica a contar lo que ve y cómo lo ve. No se conoce en qué momento pudo escribirlas y tampoco se sabe desde dónde las escribió, si desde su  casa  o quizá con motivo de supuestas visitas que hiciera a campamentos de batallas. Lo cierto es que aquellas tres cartas aparecieron en tres puntos distintos de la devastada ciudad, cada una en un rincón diverso, colocadas y como abandonadas bajo las armaduras de cuerpos muertos de guerreros pertenecientes a los dos ejércitos. “El cráneo pelado de Yamana Soren— podía leerse en una de aquellas cartas — revela el tiempo que le tonsuraron como monje en un santuario antes de dedicarse a la guerra, pero ahora ese  color rojo de  la sangre lo baña  todo, le empapa el rostro, la coraza, la espada y le baja hasta sus pies. El rojo, que es el color de la lucha, del atardecer y del amanecer, el color del fuego, de la vida fugaz, de la energía, del  calor y de la vitalidad, es el color del  propio Soren de pie, con la espada en alto, empujando a sus tropas. Yo lo he visto esta mañana con ojos iracundos mirar a su enemigo Katsumoto que le esperaba al otro lado de la trinchera con su casco negro, su armadura negra, todo su enorme ejército vestido de negro, ese negro que es el color anterior a todas las batallas, color de oscuridad, de ignorancia, de la tierra y del infierno, color de muerte, de temor, de destrucción y de tristeza. Y luego he visto detrás la extensión de los caballos blancos y azules de los dos ejércitos esperando con tranquilidad recibir órdenes, caballos limpios como el agua de las islas, caballos de respeto y lealtad, todas sus grupas azules y blancas preparadas bajo las lanzas amarillas, lanzas puntiagudas de valentía, refinamiento y coraje.”

 

José Julio Perlado

(del libro “Una dama japonesa” ) (relato inédito)

TODOS   LOS   DERECHOS   RESERVADOS

 

(Imágenes—1-Ikeda Terukata/ 2- Utagawa Kuniyoshi -sackler gallery/ 3- kamisaka sekka)

CRITICAR UNA NOVELA

 

“ El mecanismo novelesco  es tan preciso y sutil como el mecanismo de un poema — recuerda el francés Julien Gracq en “Leyendo y escribiendo” — ,pero en razón de las dimensiones de la obra, y a diferencia de un soneto, pongamos por caso, desanima a un trabajo crítico completo. Así pues, dado que la complejidad de un análisis verdadero excede a las posibilidades del intelecto, la crítica de novelas sólo trabaja sobre mecanismos intermedios o arbitrarios, grupos simplificadores muy vagos y tomados en masa: ciertas “escenas” o algunos capítulos, por ejemplo, en lugar de un análisis palabra a palabra, como el que es habitual en un crítico de poesía. Y sin embargo, si la novela vale la pena, su avatar transcurre línea a línea, y debería discutirse línea a línea. No hay más “detalles” en una novela que en cualquier otra obra de arte, aunque su masa así parezca sugerirlo, y también el prejuicio ( muchas veces acertado) de que el novelista no ha podido controlarlo todo. Por eso los críticos que resumen, agrupan y simplifican, pierden todo derecho a ser tomados en serio y arruinan su crédito, en este género, y en todos los demás.”

 

(Imágenes—1- Jamie Hawkesworth- 2015/ 2-Allison Glasgow)

MUJERES CÉLEBRES (1) : SARAH BERNHARDT

 

 

— ¿ Cúal es su recuerdo más vivo? — le preguntaba a la gran Sarah Bernardt la periodista y escritora Carmen de Burgos.

— Uno que me sucedió en San Quintín de California. Realizaba yo una gira por Norteamérica cuando recibí una extraña carta de seis condenados a muerte que me pedían que actuara en una representación. Naturalmente acepté. Era algo como un viático lo que me pedían, no me podía negar a darles esa satisfacción a los que iban a morir. Entonces  llegué asombrada a una prisión oculta entre flores, rodeada de un gran parque, con apariencia de catedral y con unos hierros forjados custodiando el presidio. Descendí del coche y me encontré con un hermoso quiosco Luis XV, donde músicos vestidos con pijamas de franela de rayas negras y blancas tocaban la Marsellesa. El director de orquesta se adelantó a besarme la mano, y como yo me asombrara  de ver un músico francés en prisión, él me dijo: “formamos aquí una pequeña colonia de franceses prisioneros”. Yo me senté. Todos aquellos caballeros eran los internos del establecimiento.
Entonces allí, en un hermoso patio lleno de sol y ante un público de dos mil prisioneros, entre los que se contaban treinta mujeres y el grupo trágico de los seis condenados a muerte ( dos de ellos debían ser ejecutados al día siguiente), interpreté “ La Navidad  bajo el Terror” . Yo no acertaba a darme cuenta de que aquellos caballeros y aquellas damas tan correctas fueran estafadores y asesinos. Una linda y elegante rubia había cortado la cabeza a una señora para heredarla; otra señora distinguida había matado a su marido, su hijo y dos nietos, sin perdonar a la nodriza. No se puede imaginar cuanto sufrí; en vez de representar tenía ganas de llorar, de pedir clemencia; no podía imaginar la idea de que aquellos hombres llenos de vida, que me aplaudían, habían de morir irremisiblemente. Era muy cruel el contraste entre aquella prisión tan lujosa, con piscinas, biblioteca y patios para tenis, con la triste muerte de los condenados. Creo que hay más crueldad en eso que en los calabozos de la fortaleza de Pedro y Pablo en Rusia.”

 

 

(Imágenes—1- / Sarah Bernhardt – Foto Nadar/ 2- Sarah Bernhardt – mujeres notables)

LAS OTRAS PANDEMIAS

 

 

No siempre ha habido  en la Historia aplausos  a las 8 de la tarde desde los balcones, no siempre ha habido agradecimientos a sanitarios, ni comprensión  ni compasión social ante las catástrofes. El historiador italiano Vittore Branca, importante especialista en literatura medieval, nos recuerda célebres textos describiendo la Peste europea del siglo XlV:

“muchos hombres y mujeres abandonaron su propia ciudad, sus propias casas, sus lugares y sus parientes… Y no saquemos ahora a colación que un ciudadano aborreciera al otro, y que ningún vecino se cuidara del otro, y que los parientes se visitasen raras veces, o nunca o hacía mucho tiempo; se había apoderado tal espanto en el ánimo de hombres y mujeres a causa de esta tribulación, que un hermano abandonaba al otro hermano, el tío al sobrino y la hermana al hermano, y muy a menudo, la mujer al marido; y que aún más , casi increíble, los padres y las madres a sus hijos, como si no fueran suyos, ni les visitaban, y rehusaban con asco el servirles (…) ; abandonados los enfermos por los vecinos, los parientes, los amigos, no les quedó ningún socorro salvo la avaricia de sus criados (…); desaparecido todo signo de piedad, no se honraba a los muertos con ninguna lágrima, o cirio, o compañía, es más, se había llegado a tales extremos, que se cuidaba tanto de los hombres que morían, como ahora se cuida de las cabras, y tal como se hace con las mercancías en la bodega de las naves, eran enterrados con poca tierra.”

No siempre  han resonado aplausos desde los balcones, ni siempre ha habido comprensión o compasión social ante las catástrofes. La Historia nos lo recuerda.

 

(Imágenes—1- Gustav – Vigeland- Oslo- Noruega / 2- Alberto Sughi- artnet)

FRANCISCO BRINES

 


“El balcón da al jardín. Las tapias bajas

y gratas. Entornada la gran verja.

Entra un hombre sin luz y va pisando

los matorrales de jazmín, le gimen

los pies, no mira nada. Qué septiembre

cubre la tierra, lentos nardos suben,

y suben las palomas con las alas

el aire, el sol, y el mar descansa cerca.

El viento ya no quema. Riegan lentos

los pasos que da el agua, las celindas

todas se entregan. Los insectos se alzan

a vivir por las hojas. En el pecho

le descansan las barbas, sigue andando

sin luz. Todo lo deja muerto, negras

aves del cielo, caedizas hojas,

y cortada en el hielo queda el agua.

El jardín está mísero, y habita

ya la ausencia como si se tratase

de un corazón, y era una tierra verde.

Cruza la diminuta puerta. Llegan

del campo aullidos, y una sombra fría

penetra en el balcón y es un aliento

de muerto poderoso. Es la casa

que se empieza a caer, húmeda y sola.”

Feancisco Brines—“Las Brasas” (1960)

 

(Imágenes- 1-Camille Pizarro/ 2- Jacks Butler Yeats- 1950)

ORIGEN DE LOS CUENTOS

 


“El cuento hay que disfrutarlo — decía Stefan Zweig —, renunciando de antemano a cualquier explicación. Vieron la luz por casualidad, no obedecen a un propósito superior, más allá de lo inmediato., se inventaron para consolar a un niño o a un pobre, para aplacar a quienes se quejaban, para hacer que el camino pareciera más corto o para sobrellevar mejor las largas noches de invierno. No son hijos de la razón — sigue diciendo Zweig en sus “Encuentros con libros” —, sino del sueño; no tienen un propósito definido, sino ambiguo, pues surgen de las divagaciones de un espíritu ocioso. Por extraño que suene, creo que estos cuentos, sencillos, sabios y queridos, nacieron como respuesta a las malas condiciones de la vida. No los creó alguien animoso, fuerte, activo — alguien así está satisfecho con el mundo en el que vive y no tiene necesidad de inventarse otra realidad —, sino el soñador, el que prefiere quedarse sentado junto al fuego, el astuto, el mentiroso, el fanfarrón, alguien  que no se siente libre, alguien que no puede enfrentarse al destino con sus propias fuerzas.

 

Eso creo yo, pues los cuentos están pensados para el inútil, el desocupado, el iluso y el haragán. En la vida, en lo real, es el fuerte quien alcanza sus objetivos, es el listo quien triunfa sobre sus adversarios, el hábil quien supera cualquier dificultad. ¿ Qué podían hacer quienes  iban quedándose atrás, por ineptitud o por debilidad, más que imaginar otro mundo, un mundo al revés, en el que el cumplidor llega demasiado tarde, el tonto se hace rico y el ingenioso es engañado? En el fondo, los cuentos son una compensación por los sinsabores de la vida, una manera de soñar, un consuelo soberbio ( por eso gustan tanto a los niños), aunque se vistan con los ropajes de la moral, no son relativamente aleccionadores. Por ejemplo, el gandul se pasa todo el día metido en la cama; para darle una lección, sus compañeros, maliciosos, le colocan una olla llena de salamandras negras debajo del lecho, pero cuando mete la mano dentro, se produce un milagro, la olla está llena de oro y el vago se hace rico.”

 

( Imágenes— 1- Deng yu- 2007-/ 2- Hans Tegner- ilustración para los cuentos de Andersen- 1900/ 3- David Hockney-ilustración para los cuentos de los hermanos Grim-fundación canal)

VIAJES POR ESPAÑA (24) : SORIA

 


“¡Oh, sí!  Conmigo vais, campos de Soria,

tardes tranquilas, montes de violeta,

alamedas del  río, verde sueño

del suelo gris y de la parda tierra,

agria melancolía

de la ciudad decrépita.

Me habéis llegado al alma,

¿o acaso estabais en el fondo de ella?

¡Gentes del alto llano numantino

que a Dios guardáis  como cristianas viejas,

que el sol de España os llene

de alegría, de luz y de riqueza!“

 

Antonio Machado- “Campos de Soria” —“Campos de Castilla” (1912)

(Imagen —gektograf)

RAMÓN Y “ EL CAFÉ GIJÓN”

 

“El último robo en “El café Gijón” y las vicisitudes por las que están pasando los cafés en Madrid nos traen muchas voces evocadoras de cafés de otros tiempos.  “ Yo soy de otro tipo de café  que el café Gijón — confesaba Gómez de la Serna escribiendo el colofón al libro  “Crónica del café Gijón” —, yo soy de los cafés solitarios  que hace años se encontraban en cantidad —y que por ser solitarios fueron muriendo —, aunque yo sé que aún los encontraría en mi laberíntico Madrid. Yo no hubiera podido escribir viendo a otro escritor escribiendo en otra mesa, y muchas veces me fui de un café porque me veía en los espejos como haciéndome muecas a mí mismo. Pero la historia de un café  — sea el que sea — es cosa atractiva para todos, cargada de eso que llaman entelequia.

Al ser descrito un café toma un aire mitológico, o mejor dicho, mitománico, y se asoma uno a uno de los dramas más amenos de la vida, al drama de no querer morir, al meter jaleo para no morirse, al dar transcendencia a las cucharillas para agarrarse a ellas en último extremo.

(…) El escribir en el café desespera a la larga, deja un poco  a la intemperie el cerebro, está bien como comprobación intermitente — “ Pombo” no era más que  los sábados —, pero en la inhóspita buhardilla — que con un poco de ingenio y resignación puede ser hospitalaria — hay que plantear las cosas para que tengan carácter universal, elevándose sobre las acosadoras habladurías.

La buhardilla salva del café y el café  salva  — como fin de semana — de la estrechez de la buhardilla.”

 

 

(Imágenes—1-pinterest/ 2- café Gijón — foto jjp- 2012)

EL AUTOR ANSIOSO

 

 

“ En el Día de las librerías leemos la historia verídica del “autor ansioso” según la cuenta Alberto Manguel  en “El sueño del Rey Rojo” .  “ Astutamente disfrazado de un cliente cualquiera, el Autor Ansioso recorre la librería buscando sus propios libros, regañando a los dependientes por no tener existencias o reacomodando los estantes para darles prominencia. A veces, el Autor Ansioso compra una o dos copias, con la creencia entrañable de que, abriendo camino, otros le seguirán. Quizá motivado por semejantes supersticiones, en 1999 el reportero ganador del Pulitzer David Vise compró no sólo unos cuantos sino casi veinte mil ejemplares de su nuevo libro. Este gesto puede verse  como llevar la ansiedad demasiado lejos, pero Vise no compró esos volúmenes sólo por placer. Generoso hasta la exageración, decidió compartir su obra con el público en general, ofreciendo ejemplares autografiados en su sitio personal en la Red. Las acciones de Vise ( complicadas por una laberíntica estrategia financiera  en la que tenían que ver los descuentos y envíos gratuitos de la librería en línea de Barnes and Noble, las enormes utilidades calculadas y el beneficio de los precios especiales para títulos nuevos y con altas ventas) merecen un momento de consideración.

 

Aunque su libro apareció en la lista de “best sellers” del New York Times unos días antes de que Vise se fuera de compras, los veinte mil ejemplares sin duda lo llevaron a aparecer en otras listas similares. Al ser cuestionado sobre sus acciones, Vise declaró: “Mi meta era incrementar la notoriedad de mi libro.”

 

(Imagen : 1– Holbein – 1533 / 2- van der Heyden – 1712/ 3- Francoise Hardy)

ÁRBOLES DE MONDRIAN

 

 

“El caso Mondrian” se presentó los días pasados en reflexión virtual en la Fundación March de Madrid y a su vez el museo Reina Sofía dedica a Mondrian una importante exposición. Al nombre de Mondrian nos acercamos hasta sus árboles tan únicos y distintos y nos quedamos asombrados de sus ramas y  de sus raíces. A las raíces del árbol — recordaba Cirlot en su “Diccionario de símbolos” — corresponden los dragones y serpientes; al tronco, animales como el león, el unicornio y el ciervo, que expresan la idea de elevación, agresión y penetración. A la copa, aves y pájaros o cuerpos celestes. Y las correspondencias de color son : raíces, negro; tronco, blanco; copa, rojo. Pero Mondrian hace sus árboles propios: el árbol rojo, en 1908; el árbol azul, entre 1909 y 1910; el árbol gris, en 1911; el “manzano en flor”, en 1912.

 

 

El gran crítico de arte italiano, Renato Barilli, es uno de los estudiosos que ha querido comentar esta “serie del árbol” de Mondrian, “ una de las series más emocionantes de todo el arte contemporáneo por la regularidad — dice— y el carácter irresistible de progresión. En ella el artista desarrolla dos ciclos contiguos y sin embargo distintos: por una parte, el de la abstracción, en el sentido pleno de la palabra, según el cual se trata de simplificar y reducir el motivo de la naturaleza, y por otra parte, el ciclo de la concreción, que consiste en pasar a la ofensiva, en rehacer la realidad, en reestructurar la naturaleza.”

 

 

“El árbol rojo — dice Barilli— ofrece el dato sobresaliente  del desarrollo frondoso y explosivo del follaje que hace chasquear lazos, ojales, oleajes.”

 

“El árbol azul presenta una abstracción creciente, una estilización más elegante.”

 

 

“El árbol gris testimonia  el estadio en suspenso entre lo abstracto y lo concreto.”

Árboles de Mondrian, que pasan de la abstracción a la concreción. Siempre únicos. Siempre sorprendentes.

 

 

 

(Imågenes-— 1, – árbol rojo/ 2 – árbol azul /  3 – árbol gris/ 4 y  5 – Mondrian- árboles/  6 – Mondrian, pintado por Simon Maris- 1903)

VACUNA Y ESPERANZA

”En Medicina se ha definido la salud —señalaba un médico contemporáneo — como “el silencio de los órganos”, como un vacío de sonidos corporales que hace que la corporalidad se sienta más ligera y volátil, una realidad muy próxima, pero casi ingrávida. Pero sería ingenuo pensar que “el silencio del cuerpo” es inerte. Sucede más bien lo contrario: no se advierte mientras todo marcha bien en él. “ La salud — recordaba el alemán von Gebstattel — es un trabajo constante. Salud consiste en la defensa victoriosa, pero sin pausa, de las posibilidades constructivas de la vida frente a su limitación , su hundimiento, su descomposición. Así es que cada aliento, cada latido, cada trago, cada comida, tiene también este aspecto de estar al servicio y dirigirse hacia la progresión vital, siempre amenazada. “

En oposición a la salud, la enfermedad proclama la presencia del cuerpo, como una de las formas privilegiadas en que éste se nos hace presente, reclamando la atención que casi siempre le hurtamos. El dolor viene a recordar al hombre lo limitado de su ser, proyectándolo hacia sí mismo, mientras se hinca la atención en la carne dolorida.”

 

La noticia de la vacuna es la noticia de la esperanza. El bien futuro puede apetecerse con esperanza. Lo propio del bien esperado es ser arduo y difícil, pero posible. La esperanza se funda en la seguridad de que alcanzaremos el bien, lo “vemos venir hacia nosotros”. Por otro lado, el miedo es un sentimiento de impotencia, un verse amenazado por un mal inminente que es más poderoso que nosotros. La propia vida humana tiene la estructura de la esperanza, ya que ésta se funda en la expectativa de alcanzar en el futuro el bien amado arduo. La ilusión se nutre de esperanza, de vitalidad y energía para emprender la acción. Es una motivación para actuar.

 

(Imágenes—: 1- Nora Heysen -feminine/2- Ansel Adam/  3- artista irani- 1700)

VIEJO MADRID (96): TABERNA DE LA CALLE DE LA BOLA

“Para evocar la madrileña calle de la Bola,  Pedro de Répide cuenta una de sus versiones más conocidas. Al parecer había en esta calle  — dice— un juego de bolos, a cuya entrada había como señal  o muestra una bola colgada. Y un día de poderoso huracán fue arrebatada de su sitio y llevada por el viento hasta el Alcázar de Madrid, donde rompió los cristales de la habitación del príncipe don Baltasar. Lo cual — añade Répide— ya puede ser demasiada bola, aunque los vendavales en Madrid han sido a veces de violencia extraordinaria, como el ciclón del 13 de mayo de 1886”.

Esta  calle está formada en gran parte por fachadas, algunas de ellas dependientes de palacios señoriales. Y en el recorrido por los barrios de Madrid que realizan  Enrique Fernández  y Fátima de la Fuente se llega hasta esta taberna, “La Bola”,  “ que fue, en origen, botillería; es decir, lugar en el que servían dulces, infusiones y refrescos. Más tarde se transformó en café. Por fin, aunque había nacido en 1802, “La Bola” se transformó en taberna en 1873. Fue de la mano de una asturiana apodada la Rayúa y perteneciente a una familia apellidada Verdasco, que hoy sigue al frente del negocio. Su fama le viene por
el cocido madrileño. A principios del siglo XX, dependiendo de la clientela que entrase en el local, ofrecía tres tipos diferentes de cocido. Si quien entraba era , por ejemplo, un senador o un periodista, se le servía  el cocido más caro. Es decir, el que tenía más cantidad de carne y de tocino. Sabemos —dicen los autores—que este público visitaba la taberna alrededor de las dos de la tarde. Una hora antes, “La Bola” daba acceso a unos comensales bien diferentes: los estudiantes. A ellos se les ofrecía un plato algo más escaso, con gallina en vez de carne roja, que costaba, según la prensa de la época, 1, 25 pesetas. Al mediodía ya se había despachado el cocido más barato, cuyo precio era de 1, 15 pesetas y que estaba destinado a los obreros.”

 

 

(Imágenes—1- Johannes Vermeer -1657/ 2-Jopie Huisman)

CONFIDENCIAS DE TRUMAN CAPOTE

 


“Al cumplir diecisiete años — confesaba Truman Capote al prologar “Música para camaleones” —, yo era un escritor consumado. Si hubiese sido pianista, habría llegado el momento de mi primer concierto público. Según estaban las cosas, decidí que me encontraba dispuesto a publicar. Envíé cuentos a  los principales periódicos literarios trimestrales, así como a las revistas nacionales. Más tarde, en 1948, publiqué una novela, “Otras voces, otros ámbitos”. Bien recibida por la crítica, fue un éxito de ventas. Una novela corta, “Desayuno en Tiffany’s”, concluyó el segundo ciclo en 1958. Durante los diez  años intermedios, experimenté en casi todos los campos de la literatura tratando de dominar un repertorio de fórmulas y de alcanzar un virtuosismo. Desde luego, fracasé en algunas de las áreas exploradas, pero es cierto que se aprende más de un fracaso que de un triunfo. Sé que aprendí, y más tarde pude aplicar los nuevos conocimientos con gran provecho.

 

(…) Creo que la mayoría de los escritores, incluso los mejores, son recargados. Yo prefiero escribir de menos. Sencilla, claramente, como un arroyo del campo. Pero noté que mi escritura se estaba volviendo demasiado densa, que utilizaba tres páginas para llegar a resultados que debería alcanzar en un simple párrafo. Volví a leer “A sangre fría” y tuve la  misma impresión: había demasiados sectores en los que no escribía tan bien como podría hacerlo, en los que no descargaba todo el potencial. Con lentitud, pero con alarma creciente, leí cada palabra que había publicado, y decidí que nunca, ni una sola vez en mi vida de escritor, había explotado por completo toda la energía y todos los atractivos estéticos que encerraban los elementos del texto ¿Por qué? ¿  Cómo puede un escritor combinar con éxito en una sola estructura — digamos el relato breve —todo lo que sabe acerca de todas las demás formas literarias? Un escritor debería tener todos sus colores y capacidades disponibles en la misma paleta para mezclarlos y, en casos apropiados, para aplicarlos simultáneamente. Pero ¿ cómo?

Me situé a mí mismo en el centro de la escena, y de un modo severo y mínimo, reconstruí conversaciones triviales con personas corrientes: el administrador de mi casa, un masajista de gimnasio, un antiguo amigo del colegio, mi dentista. Tras escribir centenares de páginas acerca de esta sencilla clase de temas, terminé por desarrollar un estilo. Había encontrado una estructura dentro de la cual podía integrar todo lo que sabía acerca del escribir”.

 

 

(Imágenes—1- Hans Holbein/2- Watanabe Shozaburo- 1927/ 3- John Lewin – 1805)

NUEVA YORK Y JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

 


“Broadway. La tarde. Anuncios mareantes de colorines sobre el cielo. Constelaciones nuevas: El Cerdo, que baila, verde todo, saludando con su sombrerito de paja, a derecha e izquierda. La Botella, que despide, en muda detonación, su corcho colorado, contra un sol con boca y ojos. La Pantorrilla eléctrica, que baila sola y loca, como el rabo separado de una salamanquesa. El Escocés, que enseña y esconde su whisky con reflejos blancos. La Fuente, de aguas malvas y naranjas, por cuyo chorro pasan, como en una culebra, prominencias y valles ondulantes de sol y luto, eslabones de oro y hierro (que trenza un chorro de luz y otro de sombra…). El Libro, que ilumina y apaga las imbecilidades  sucesivas de su dueño. El Navío, que, a cada instante, al encenderse, parte cabeceando, hacia su misma cárcel, para encallar al instante en la sombra… Y…”

Juan Ramón Jiménez- “La luna” – Nueva York, 23 de abril- “Diario de un poeta recién casado”

 

(Imágenes-: 1- Artur el Tess/ 2- T F Simon)

ELOGIO DE LA COMIDA

 


Ahora que lamentablemente desaparecen o se cierran tantos restaurantes en el mundo, se abren las páginas del historiador y pensador griego Plutarco en “ La cena de los sietes sabios”, dentro de su “Moralia”, y allí se oyen y se leen estas palabras: “quisiera decirles lo que pienso — señaló Cleodoro— , especialmente teniendo aquí una mesa puesta, que es retirada cuando la comida es retirada de ella, y que es un altar para los dioses de la amistad y de la hospitalidad. Tales dice que, si la Tierra desapareciera, la confusión reinaría en el universo, y esto representaría la disolución de la casa y de la comida. Pues una vez quitada la mesa, desaparecen también estas cosas: el fuego del altar en el hogar mismo, las copas de vino, todo el entretenimiento y la hospitalidad, los actos más humanos y los primeros actos de comunicación entre hombre y hombre; y así todo lo viviente queda abolido, si es que vivir es gastar tiempo del hombre en una cierta cantidad de actividades, la mayoría de las cuales son las necesarias para buscar y procurarse la comida. Y si se destruyese la agricultura, quedaría la tierra sin labrar y sin limpiar, llena de bosques que no dan frutos y con ríos que corren sin control, debido a la inactividad del hombre. Y con la destrucción de la agricultura se destruirían también toda artesanía y oficio que se inician con ella, y para los que ella provee las bases y materiales; y todo esto quedaría en nada si la agricultura desapareciera de la Tierra. También quedarían abolidos todos los honores para los dioses, pues los hombres tendrían poca gratitud que deberle al Sol, y menos aún a la luna, no más que por el calor y la luz. (…)

 

 

Una vez que Cleodoro acabó su discurso, tomé yo, Solón, mi turno y dije: “Pero hay otro punto que no han mencionado: que quien condena la comida condena el descanso; y sin descanso no habrá sueños, y nuestra forma más antigua y respetable de adivinación se habrá acabado. La vida sería una y la misma, una gran monotonía.”

 

(Imágenes-: 1- Richard Diebenkorn/  2- Joan Brossa- el país/3-Dibujo de Sancha- diciembre 1906- la Ilustración Española y Americana)