VIAJES POR EL MUNDO (36) : LA INDIA

 

” Mi casa estaba situada a medio camino entre la ciudad y el mar, y para llegar a una o a otro se invertía un cuarto de hora. Decidí visitar la ciudad mientras Pascha preparaba el té — escribía el alemán Waldemar Bonsels en su “Viaje a la India” —. El ancho camino estaba casi desierto: sobre Cananore se extendía un humo azulado que subía de las palmeras;  como casi todas las ciudades y los pueblos de la fértil costa de Malabar, la población quedaba escondida por ellas. Tan grande era el silencio en torno nuestro, que se oía la rompiente de mar contra las rocas; la luz del sol era de una indecible y sedante  suavidad.

Un carro de bueyes se acercaba chirriando: sus ruedas giraban en la arena y un hindú iba acurrucado en la lanza, muy cerca de las colas de los bueyes, con la barbilla entre las flacas rodillas. Me hizo un tímido guiño sin atreverse a saludar; los enormes cuerpos de los bueyes se columpiaban plácidamente, con casi un metro de altura sobre los lomos deslumbradoramente blancos.

A ambos lados de la resquebrajada puerta de la ciudad se erguían dos palmeras: la una, algo  inclinada hacia la derecha, y la otra, hacia la izquierda. Al otro lado de la puerta vi la calle de los bazares, ya bastante animada, en la que unas atareadas siluetas vestidas de blanco circulaban entre las casas bajas, y los comerciantes preparaban sus puestos y colocaban sus mercancías. El guardián  de la puerta se levantó e hizo una profunda reverencia cubriéndose la cara con las manos. Al avanzar por la calle noté el silencio y la sorpresa que producía mi paso; sólo los brahmanes, con sus cordones grises sobre su pecho desnudo, pasaban junto a mi silenciosos y tiesos, sin saludarme ni volver la cara.”

 

(Imágenes—1-company school- India-lucknow-1820/ 2- india – gouache 1765- faizabad)