AMOS OZ

 

“Hay comienzos que funcionan como una trampa de miel – escribía Amos Oz hablando de importantes novelas  – : en un primer momento se nos seduce con un sabroso cotilleo, con una reveladora confesión o con una aventura espeluznante, pero al final averiguamos que lo que estamos atrapando no es un pez vivo, sino un pez disecado. En Moby Dick, por ejemplo, hay muchas aventuras, pero también muchas exquisiteces no mencionadas en el menú, ni siquiera en el contrato inicial (“ Llamadme Ismael”) , pero que se nos conceden como un plus especial, como si compráramos un helado y ganáramos un pasaje para dar la vuelta al mundo.

Hay contratos filosóficos, como la famosa frase inicial de Anna Karenina, de Tolstói: “Todas las familias felices se parecen; cada familia infeliz lo es a su propia manera”. En realidad, el propio Tolstói en Anna Karenina y en otras obras, contradice esta dicotomía.

A veces se nos pone frente a un contrato con un principio áspero, casi intimidatorio, que advierte al lector desde el mismo comienzo: los pasajes son muy caros aquí. Si usted cree que no puede permitirse un cuantioso pago por adelantado, será mejor que ni siquiera intente entrar. No habrá concesiones ni descuentos. De este tipo es, por ejemplo, el principio de El ruido y la furia, de Faulkner.

Pero ¿ qué es, en última instancia, un comienzo? ¿Puede existir, en teoría, un comienzo adecuado para cualquier relato? ¿ No hay siempre, sin excepción, un latente “comienzo antes del comienzo”? ¿ Algo previo a la introducción, al prólogo?”.

Con estas palabras y otras muchas interesantes (una serie de conferencias pronunciadas en el Museo Eretz Israel de Tel Aviv ),  indagaba para “La historia comienza”, su excelente volumen de ensayos, el escritor Amos Oz, que hoy acaba de morir.

Descanse en paz.

(Imagen -Amos Oz- The Forward)

TOLSTOI EN DICIEMBRE

 

 

“No se puede vivir para uno mismo – escribe Tolstoi el 26 de diciembre de 1889 -. Eso es la muerte. La vida existe únicamente cuando vives para los demás o por lo menos te preparas para ser capaz de vivir para los otros. Pero, ¿cómo? A los otros no les soy necesario, tú no les eres necesario. Lo que pasa es que, cuando uno vive para sí mismo, busca relacionarse con la gente que le pueda ser útil: todos son ricos, poderosos, todos están satisfechos; y por eso, cuando uno vive para sí mismo, de repente mira a su alrededor, buscando a quién podría serle útil y le parece que no puede serle útil a nadie. Pero si uno ha entendido que la vida consiste en servir a los demás, entonces buscará el contacto con los pobres, los enfermos, los insatisfechos, y no alcanzará a servir a todos los que le gustaría servir.”

 

 

Imágenes-1- Alexander Nevski – Nuestra Señora de Bogolyubsk – 1882 – – Ermitage/ 2- Kandinsky – mujer en Moscú – 1912 – museum syindicate)