EL ARTE Y LA CONVIVENCIA DIARIA

 

 

“Muchas parejas padecen conflictos dolorosos que afloran a la hora de la cena. A menudo los desencadena algo trivial, como el tono con el que alguien pregunta “¿Qué tal te fue el día?”, que se puede percibir como sarcástico o cínico. Una persona dice algo hiriente, la otra parece hundirse en la miseria; la primera abandona la sala intempestivamente, furiosa, pero se siente un bicho raro. (“¿Cómo me puede estar pasando esto a mí?”) Se desencadena una espiral de “Te odio”, “Me odio” y “Te odio por hacerme odiarme a mí mismo”. Nos gustaría que una obra de arte portara las señales del anhelo profundo pero frustrado de ser felices juntos. Tal vez la mesa está muy bien puesta. Una persona tiene la sensación de que no ha hecho nada malo; la otra llora. Son buenas personas. No las estamos juzgando. Deben ser agradables. Están atrapadas en un escollo realmente difícil. ¿Puede una obra de arte – se pregunta Alain de Botton – dignificar su sufrimiento y convertirlo en algo menos catastrófico y solitario?”.

(Imagen – Carl Vilhelm Holsoe)