CONTEMPLADORES DE ESTRELLAS

 

ciencia ficcion-eiibb- Steven Quinn- cielo- estrellas

 

“El contemplador de estrellas, aunque no tenga necesariamente que ser indiferente a lo que ocurre en su interior, a los átomos y a los componentes de los átomos, con que se deleitan los astrónomos modernos, conserva ese amor, ese gusto por el aspecto del cielo estrellado que ha poseído al hombre desde que se elevó a la dignidad de lo humano, y que tal vez haya sido la causa de que la haya alcanzado. Mientras las contempla, puede sentir todavía la alegría del pastor homérico, la

 

cielos.-tyyu,.- estrellas- Gustav Traub.-Meggendorfer- Blatter.-1914

 

veneración de egipcios y caldeos, la curiosidad de los primeros matemáticos (…) En esos días de mi infancia – recuerda el  que fuera gran observador del cielo Edmund J. Webb en “Los nombres de las estrellas” (Fondo de Cultura) -, al mirar, noche tras noche, desde las ventanas de mi cuarto, el brillante firmamento, en un lugar en el campo alejado por aquel entonces del humo de las ciudades, sentí un interés por las estrellas que creció cuando supe que tenían nombres de

 

cielo.-56wss.-noche.-David Keochkerian

 

verdad y que existían personas, inclusive, que podían decirme algunos de ellos”. El contemplador de estrellas –como así quería definirse Webb – se destacó sobre todo, entre muchos otros saberes, en el conocimiento de la historia de la astronomía antigua. Las estrellas eran contempladas por sus ojos, estudiadas por su curiosidad, amadas en su constante devoción. Iban y venían las estrellas por el espacio en la noche y lo hacían como siempre lo hacen, con la serenidad misteriosa en el mar del firmamento. Los contempladores las seguían, las fijaban, quedaban aprisionadas por ellas. “En el norte de Moguer escribía Juan Ramón Jiménez

cielos-nnnb-noche- estrellas- Emil Nolde- mil novecientos cuarenta y cinco

 

las noches bajas y claras del verano se acumulaban las estrellas en sus graneros celestes, de un modo tal, que sus cúmulos parecían continentes absolutos del tremendo espacio azul, verde, morado, negro, con iris infinito. Eran inmensurables cargas ciertas, montones eternos hacia abajo, sin base ultima, de joyas encendidas. A veces, saltaban chispas de plata y oro entre ellos, como en choques que para nosotros fueran roces. Otras, yo creía que oía sonar las estrellas como piedras de lumbre dura arrebatadas hacia yo no sabía dónde, en una imponente carreada, traslación llevadera de secuciones. Me salía al balcón, largo balcón de quince metros, con su guarda de pizarra negra y hierro verde (…) y enfrente de mí, muchacho solo en la alta noche, las cordilleras de diamantes y esmeraldas sueltos y unidos sus componentes, representaban con cambio único, no sé qué inmortal representación con foros eternos”.

Vamos muchas veces, entre pasos de nuestros pensamientos, sumergidos en nuestras preocupaciones, sin atrevernos a ser contempladores de estrellas.

 

estrellas-unnn- noche- Leonid Meteor Storm

 

(Imágenes.- 1.-Steven Quinn/ 2- Gustav Traubmegendorfer-Blatter– 1914/ 3.- David Keochkerian/ 4.- Emil Nolde– 1945/ 5.- Leonid meteor storn)

 

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