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Posts Tagged ‘Emil Nolde’

 

 

”Cuando llega la noche

me quedo escuchando en la escalera,

las estrellas se arraciman en el jardín

y yo estoy en la oscuridad.

¡ Escucha, retiñe una estrella al caer!

No salgas descalza a la hierba

mi jardín está lleno de púas.”

Edith Södergran – “ Las Estrellas” -(Poemas- 1916)  ( edición de Jesús Pardo)

 

 

(Imágenes-1- Shalginandrey dreamstine/ 2-Emil Nolde. 1945)

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“La mano llena de octubre va derramando, pródiga, los mejores ocres y oros de su paleta sobre la mancha abierta del paisaje – escribe José María Castroviejo -. Los viñedos, que guardan celosos el último racimo escapado a la vendimia, se visten de maravilla, robando su secreto a los lejanos pinceles del Tintoretto o el Veronés. El aire huele y sabe a mosto (…) El perro, nuestro nunca desmentido compañero, se acerca, cabeza al viento y tembloroso de emoción, a lo largo de un trigo de monte, hacia un “xestal” que corona cimero la colina.  Allí, estremecido y rígido a la vez, se clava de repente en el suelo apuntando las húmedas narices a las oscuras verdes ramas. “Entra…”, le decimos, dominándonos, pero con cierto temblor también en la voz. Se proyecta el can. Del “ xestal”, un fuerte vuelo de arrancada hace temblar el vacío. Un ave, retrasada, se eleva a su vez negra contra el sol, lanzando un cacareo chirriante, casi como un reto. El retumbo de los disparos, que quiebra los cristales de la mañana, suena casi como blasfemia. Bajo un aire de porcelana de estampa de cacería antigua, caen dos pájaros de pies rojos y plumas – pizarrosas, rojizas, castañas…- suaves como la seda: la hora de la perdiz ha sonado en el gran reloj del monte.

 

 

El fiel perro vuelve al poco tiempo portando con orgullo un magnífico macho. ¿Pero y la otra…? Más cerca que la primera se proyectó hacia el suelo como fulminada. Sí, aquí están las plumas, numerosas plumas en efecto, más la perdiz no se ve. Parece cosa de magia. “ ¡Anda, “Patrón”, anda!”. Y el ‘Patrón”, que iba como despistado, se orienta de pronto y parte como una flecha monte abajo. Se para, tuerce a la derecha; luego, bruscamente, a la izquierda, vadea un arroyo, se pierde en una robleda para aparecer, ¡ al fin!, con la otra perdiz, que había apeonado con la ligereza de un conejo, entregándonosla con orgullosa y alegre mirada de triunfador.”

 

 

( Imágenes-1-Emil Nolde- 1916/ 2- William Wegman/ 3.- Isaac Levitan)

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“La vista da la señal de alerta. A través del ojo no sólo llega el yo a la belleza , sino que se produce el salto a la visión – así quiere recordarlo Clara Janés en “Cuerpo secreto” -. El ojo, dice Leonardo en el Tratado de pintura, es “ el señor de la astrología; él crea la cosmología; él todas las humanas artes guía y endereza, y empuja al hombre hacia las distintas partes del mundo; él es príncipe de las matemáticas y sus ciencias acertadísimas; ha medido las distancias y magnitudes de las posiciones; ha predicho cosas futuras por el curso de las estrellas; ha engendrado la arquitecta, la perspectiva y la divina pintura”.

 

 

Por el oído llega la exaltación y la mansedumbre, el canto de la nana, la marcha que impulsa al guerrero, la canción que estimula al trabajo, que ayuda a levantar una piedra, que marca el ritmo de la colección. Por el oído, la petición de auxilio, la exclamación de gozo, el hechizo melódico de las sirenas, las fórmulas incomprensibles que repite el mago, el exorcismo que obliga al diablo, con una orden, a abandonar el cuerpo poseído; por el oído el estruendo de la tormenta, el estallido de una mina, la oración, la letanía, la hipnosis, el descubrimiento de la noche con sus mil puntos sonoros, los grillos, el gruñido de los jabalíes, el deslizarse de los animales sigilosos que a esta hora  se lanzan a la caza. Por el oído, salir de sí siguiendo el hechizo de la música, en pos del infinito, por el hilo de plata de la voz o la lira de Orfeo

 

 

 

Un saber análogo se filtra por el olfato. Llegar a un vergel cuando están los naranjos en flor o pasear al anochecer cuando lo están las acacias, sentarse junto a unos bancales de alhelíes, de jacintos o de narcisos, pisar un suelo alfombrado de espliego y romero, recibir una lluvia de jazmines o de pétalos de rosa y así sumirse en la envoltura de un recuerdo, una nostalgia que en el interior abre una ventana de ensueño y lanza a una aspiración. Quemar maderas y resinas aromáticas, incienso, sándalo, mirra o aloe, y levantar una columna de humo, y por el humo, de perfume, que se eleva como oración, que envuelve y purifica…

 

 

 

”Manzanas llenas, plátanos y peras,/grosellas… Eso todo dice vida/ y muerte a nuestra boca…” – canta Rilke  en los Sonetos a Orfeo -. “Ese dulzor, que al principio se espesa, / suave, para erigiéndose en el gusto,/ quedar despierto, claro y transparente,/ simbólico, solar, terrestre y nuestro”. El sabor de la miel, la amargura de la hiel, la esponja empapada en vinagre, el pan como pureza inicial, la leche materna, el vino de la ebriedad mismo, el filtro amoroso, el bebedizo, el veneno… y la sal.

 

 

Otra es la enseñanza del tacto: cruza la salamandra el fuego y no se quema. Tampoco se quema el libre de culpa sometido a la prueba del fuego candente, lo que probaba su inocencia. El tacto comunica la abrigada proximidad de algunos animales, la amorosa calidez de la lana, el fresco juego del agua, el pasmo de la nieve, la bala de granizo, la aridez de la lija, la rugosidad de la grava,  el ahogo del pez, el ardor del fuego, la desgarradura de la zarpa, el clavo de la flecha, la grieta de la herida por la espada, la hendedura del látigo o el tajo definitivo de la guillotina”.

 

 

(Imágenes – 1- Olle Hjortzberg/ 2- Georgia O Keeffe/ 3- Anna Atkins/ 4- Emil Nolde – 1935/ 5- Chen Jian Uo – 2008/ 6-  The Christian Sciencie monitor)

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“Vamos a hablar

acerca del país del que venimos.

Yo vengo del verano,

es una patria frágil

que cualquier hoja

puede apagar al caer,

pero el cielo está tan cargado de estrellas

que a veces llegan hasta el suelo

y si te acercas oyes cómo la hierba

hace cosquillas a las estrellas entre risas

y las flores son tantas

que te duelen

las órbitas resecas por el sol,

mientras soles redondos penden

de cada árbol;

de donde yo vengo

sólo falta la muerte,

hay tanta felicidad

que casi te entra sueño”.

Ana Blandiana – “Octubre, noviembre diciembre (1972) – (traducción de Viorica Patea y Natalia Carbajosa)

(Imagen- Emil Nolde– 1945)

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“El instante de la creación literaria nos es tan desconocido como el de la creación del universo mismo . Podemos estudiar cada momento posterior al Big Bang, así como podemos leer (en los días en que los escritores conservaban sus primeros garabatos) cada borrador de “A la recherche du temps perdu”. Pero el momento mismo del nacimiento de nuestros libros más queridos es más misterioso. ¿Qué encendió la chispa de la primera idea de la Odisea en la mente del poeta o poetas que llamamos Homero? ¿Cómo fue que un narrador a quien no le interesaba añadir su nombre a su obra soñó la atroz historia de Edipo que más tarde inspiraría a Sófocles y a Cocteau? ¿Qué triste amante de carne y hueso prestó su personalidad a la irresistible figura de Don Juan, condenado por toda la eternidad?

 

 

Todo esto lo cuenta Alberto Manguel en “Mientras embalo mi biblioteca” y allí también evoca una anécdota de Stevenson : “ Una noche – dice – , una de las muchas noches en que yacía febril en la cama, sin aliento y tosiendo sangre, Robert Louis Stevenson, que entonces tenía treinta y ocho años, soñó con un terrorífico tono de color marrón. Desde su primera infancia, Stevenson había llamado a sus frecuentes terrores nocturnos “las visitas de la Bruja de la Noche”, que solo la voz de su niñera podía calmar, con canciones y cuentos folklóricos escoceses. Pero las apariciones de la Bruja de la Noche eran persistentes, y Stevenson descubrió que  podía convertirlas en algo beneficioso si las exorcizaba con palabras. Así, el espantoso color marrón de esas pesadillas se convirtió en una historia. De esta manera, nos cuenta, nació el cuento del doctor Jekyll y el señor Hyde.”

“(…) La existencia de creaciones literarias magistrales asombra tanto a los escritores como a los lectores (…) Podemos averiguar lo que un autor determinado cuenta sobre las circunstancias que han rodeado el acto creativo, qué libros leía, cuáles  eran los detalles cotidianos de su vida, su estado de salud, el color de sus sueños. Todo excepto el instante en que las palabras aparecieron, luminosas y claras, en la mente del poeta, y las manos comenzaron a escribir”.

 

 

(Imágenes -1- Albert Marquet/ 2- Max Lieberman – 1923/3- Emil Nolde -1935)

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“Por los claros de la tormenta comienza a verse, diluída, el alba, no sé si con luna. Truena sordamente. – fecha Juan Ramón suDiario de un poeta recién casadoel 27 de mayo de 1916 en Nueva York – El elevado pasa por la Sexta, sobre un puente, como una rápida baraja voleada de ventanas amarillas, y ya, o aún, sin nadie. Un único pajarillo entrecanta aquí y allá. En el palacio de enfrente – ¿ la muerte, el amor? – en el portal encendido aún, o ya.

Un instante, como una isla, el mal olor de siempre se abre con no sé qué olor bueno, como de lirios del valle o de no sé qué fruta en flor – ¿ el amor, la muerte? – en la brisa de abril. Una mariposilla blanca, que es la vaga luz suave y azul de lo que viene es blanquísima, revuela, loca, del suelo al cielo, en una libertad  triste – ¿ la muerte, el amor?…Truena sordamente”.

 

 

Un libro como el “Diario” – anotaba Gilbert Azam en su estudio sobre Juan Ramón – resulta inimitable. Puede uno inspirarse en él pero no puede volverse a hacer”. Es un verdadero diario de un viaje de ida y vuelta a Américarecuerda este autor – ; es, asimismo, un viaje del alma. Existen en él dos registros básicos de las imágenes : uno expresa el apego a Moguer y a los traumas de su niñez ( la madre, el nido, el mar, los niños, el cementerio, los sueños, la noche, la luna, las estrellas, el crepúsculo) ; el otro expresa el deseo de amor y de renacimiento ( el mar, el barco, la mujer, la primavera, la rosa, la aurora, el nacimiento, la luz del sol, la tierra y la carne gloriosa), es decir, los movimientos del corazón, confundiéndose el ritmo dinámico del “Diario” con el del mar: es  una ascensión hacia la madurez del alma y un retroceso cada vez más débil hacia Moguer y la niñez.

En la primavera de 1913 Juan Ramón conoce a Zenobia Camprubí. El año 1916 marca una fecha fundamental en la vida de Juan Ramón. Es el año en que, para contraer matrimonio, emprende su primer viaje por mar, con rumbo a Nueva York. El viaje le dio el tema de uno de sus libros más famosos, el “Diario de un poeta recién casado”, publicado en  1917, hace ahora 100 años. La contemplación de la naturaleza se complementa allí con la visión del mar. Allí escribe el 5 de febrero de 1916 :

“Parece, mar, que luchas

–¡oh desorden sin fin, hierro incesante! —

por encontrarte o porque yo te encuentre.

¡Qué inmenso demostrarte,

en tu desnudez sola

–sin compañera… o sin compañero

según te diga el mar o la mar –, creando

el espectáculo completo

de nuestro mundo de hoy!

Estás, como en un parto,

dándote a luz — ¡con qué fatiga! —

a ti mismo, ¡mar único!,

a ti mismo, a ti sólo y en tu misma

y sola plenitud de plenitudes,

—¡por encontrarte o porque yo te encuentre!”.

 

 

(Imágenes.-1-Juan Ramón Jiménez- por Joaquín Sorolla- Wikipedia/ 2.-Nueva York-Richard Wyne Nevinson- 1920/ 3.-Emil Nolde- 1935)

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cielos- nhu- Emil Nolde- mil novecientos treinta

 

“Es hielo abrasador, es fuego helado,

es herida que duele y no se siente,

es un soñado bien, un mal presente,

es un breve descanso muy cansado.

Es un descuido que nos da cuidado,

un cobarde con nombre de valiente,

un andar solitario entre la gente,

un amar solamente ser amado.

Es una libertad encarcelada

que dura hasta el postrero parasismo:

enfermedad que crece si es curada;

este es el niño Amor, éste es su abismo,

¡mirad cuál amistad tendrá con nada

el que en todo es contrario de sí mismo!”.

Luis de Camoes

(Imagen – Emil Nolde – 1930)

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