ÉXITOS Y FRACASOS

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“Los libros pueden ser éxitos. Qué deprisa, con qué presta decisión lo digo – escribe Robert Walser -. Tal como pienso para mí mismo, quizá este pequeño esbozo se convierta en un éxito de altura, a pesar de que la alegre esperanza puede albergar convicciones procedentes de la vanidad. Recuerdo haber dicho a una mujer hermosa con motivo de un banquete: “Quiero intentar ser atractivo a sus ojos”. ¿Me creerán si explico que con esta frase pretendía cosechar un fracaso rotundo? En efecto, la mujer, argumentando su extrema torpeza, respondió a mi comentario que una persona simpática y elegante no intentaba ser atractiva, sino que o bien lo era por cualesquiera cualidades o le faltaba simpatía, y en ese caso carecía de interés y era soso. Puesto que el descuido de mis palabras me había hecho soso o, también cabe decir, aburrido, la convicción de resultar fastidioso me hizo recobrar el interés. Se me antojó que ahora la hermosa mujer casi lamentaba haberme reprendido”.

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“Los fracasos invitan a la reflexión, los éxitos al descuido más seductor (…)- prosigue Walser en “Escrito a lápiz”. Microgramas lll” (Siruela) – Hoy he rechazado la lectura de un libro que hace unos años cosechó un éxito clamoroso y por esa circunstancia me dejó totalmente frío, provocando en mí la necesidad de leer preferiblemente la obra de alguien carente de éxito. Con las personas y los libros sucede algo parecido, y de los éxitos surgen los fracasos, y de los fracasos germinan o florecen los éxitos. Hace algún tiempo me regalé una novela que no había conseguido un verdadero éxito, ¿y qué me pareció? Maravillosa, y me entusiasmó tanto la carente de éxito que rechacé la exitosa, que parecía gritarme con aplastante seguridad que era atractiva, cosa que no me apetecía nada creer. Los fracasos entrañan una suerte de amabilidad, de suavidad, de finura, de inteligencia, son simpáticos, y uno los transforma en éxitos con el mismo agrado con que los éxitos se pueden transformar en fracasos”.

Todo este aparente malabarismo de las frases con las que juega este escritor suizo al que me referí hace pocos días en Mi Siglonos revelan certeras verdades que muchas veces olvidamos, entre ellas la fugacidad de los éxitos, el inestable desequilibro de las balanzas a la hora de los juicios, la subjetividad emocional con que recibimos en la vida triunfos y fracasos, y ya en el horizonte de las artes y las literaturas y en su línea final,  el sorprendente descubrimiento de que aquella obra desconocida que casi nadie aplaudió sigue en pie y luminosa mientras que los años han ido hundiendo en diccionarios de olvidos lo que en el fervor de un instante todo el mundo aclamó.

(Imágenes: 1.-“Bookcases” (1995-2004) por Martin Richman.-Aeroplastics Contemporary.-Bruselas.-artnet/ 2.-“Scholar” (America Series), 1991.-por Benny Andrews.-artnet)

VENTAJAS DE LA CRISIS

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“No pretendamos que las cosas cambien – dijo Einstein-, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia, como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis, se supera a sí mismo sin quedar “superado”.

Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y las soluciones. Sin  crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla”.dinero-cc-jonho-jeon-arario-gallery-korea

No hago más que transcribir aquí palabras recibidas.

(Imágenes: 1.- “The White House”, 2006.- por Joonho Jeon, artista coreano.-Arario Gallery.-Korea (South); Benjing, China; Seoul, Korea (South) -artnet/ 2.-“In Gog We Trust”, 2004.-por Joonho Jeon.-Arario Gallery.-artnet)

SEGUNDO ABRIL

paisajeabab-por-jimmy-ernst-1983-artnet“Todo naciendo está: vuelan palomas;

viento largo, tirante, marinero,

alto pinar unánime y ferviente

con tiempo y con aromas,

archipiélago azul y mensajero

donde acaba la tierra de repente

y quiere azulear,

pues donde acaba el mundo empieza el mar.

Alto pinar con aire encristalado

entre el ramaje umbrío,

¿quién te podrá olvidar si ha contemplado

tu pormenor callado

de madera viviente junto al río?”

Luis Rosales: “Égloga de la soledad” (“Segundo abril”)

(Imagen: por Jimmy Ernst, 1983.-artnet)

LA CENIZA Y EL LÁPIZ

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“De hecho – dice el gran escritor suizo Robert Walser  hablando sobre la ceniza -, sólo con una penetración algo profunda de ese objeto aparentemente tan poco interesante pueden decirse muchas cosas, por ejemplo que, si se sopla la ceniza, no hay en ella lo más mínimo que se niegue a dispersarse al instante volando. La ceniza es la humildad, la intranscendencia y la falta de valor mismas y, lo que es más hermoso, ella misma está obsesionada con la creencia de no valer nada. ¿Se puede ser más inconsistente, más débil y más insignificante que la ceniza? Sin duda no es fácil. ¿Hay alguna cosa que pueda ser más transigente y paciente que ella? No, desde luego. La ceniza no tiene carácter y está más alejada de todo tipo de madera de lo que lo está la depresión de la alegría desbordante. Donde hay ceniza, en realidad no hay nada. Pon tu pie sobre la ceniza y apenas notarás que has pisado algo”.

Estas palabras nos recuerdan el dorso de la vida, la superficie escondida bajo tanta vanidad y brillantez con la que  nos gusta convivir. Hace pocos días, hablando aquí de Gógol, lo veíamos por las calles de San Petersburgo con sus andares de loco pacífico. Extraordinarios escritores como W.G. Sebald han recordado queWalser y Gógol perdieron poco a poco la capacidad de dirigir su atención al centro de los acontecimientos de la novela y se dejaron capatar, en cambio, de una forma compulsiva, por las criaturas extrañamente irreales que aparecían en la periferia de su campo de visión, sobre cuya vida anterior y ulterior nunca sabemos lo más mínimo.(..) Walser y Gógol tienen también la falta de hogar, lo horriblemente provisional de su existencia, su prismático cambio de talante, el pánico, el sombrío humor, impregnado de un negro dolor de corazón, la interminable profusión de papelitos y precisamente la invención de todo un pueblo de pobres almas, de un cortejo de máscaras que prosigue sin cesar, con fines de mistificación autobiográfica” (“El paseante solitario. En recuerdo de Robert Walser“) (Siruela).cuaderno-cvcb-untitled-por-brigida-baltar-2004-galeria-nara-roesler-brasil-artnet

 Papelitos. Lápices. Sobre la “lapicería”  de Walser ya hablé en Mi Siglo. Lo mismo que sobre sus paseos. Y los papelitos en los que escribía sus microgramas me recuerdan a los papelitos escondidos en los bolsillos  que llevaba Stravinsky en los aviones para apuntar intuiciones, o a los papelitos con los que cruzaba las calles Juan Rulfo preparado para cualquier pensamiento.

(Imágenes: 1.-foto: Kevin Van Aelst.-The New York Times/ 2.-por Brígida Baltar, 2004.-Galería Nara Roesler.-Sao Paulo.-Brasil.-artnet)

GÓGOL Y SAN PETERSBURGO

 

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“¿Qué fascinó a Gógol en San Petersburgo? – se pregunta Nabokov en su gran monografía sobre el escritor ruso(Littera).- Los numerosos letreros de tiendas. ¿Qué más? El hecho de que los transeuntes hablasen solos y “gesticulasen en voz baja” mientras caminaban. A quienes gusten investigar este tipo de cosas puede resultarles interesante descubrir el tema de los letreros de tiendas profusamente expuesto en sus últimas obras y a los transeúntes que hablaban entre dientes en el personaje de Akaki Akákievich de “El abrigo“. Estas conexiones son un poco demasiado fáciles y, por ello, probablemente falsas”.

Hoy, que se celebra el bicentenario del nacimiento de Nikolái Gógol , venido al mundo el 1 de abril de 1809 en la luminosa ciudad mercantil de Sorochintzy, provincia de Poltava, Pequeña Rusia, releo aquellos paseos de este escritor del que ya hablé hace meses en Mi Siglo  aludiendo a su asombroso relato “La nariz“. “Las impresiones – recuerda Nabokov– no hacen buenos escritores; los buenos escritores se las inventan en su juventud y después las utilizan como si hubiesen sido reales en un principio. Los letreros de las tiendas del San Petersburgo de finales de los años veinte fueron pintados y multiplicados por el propio Gógol en sus cartas con el fin de transmitir a su madre – y tal vez a su propia imaginación – el significado simbólico de la “capital” en contraposición a las “ciudades de provincias” que ella conocía. (…)gogol-3-por-tullio-pericoli

 Las murmuraciones de los transeúntes eran de nuevo simbólicas; esta vez, un efecto auditivo cuyo propósito era el de reproducir la febril soledad de un pobre hombre en una muchedumbre opulenta. Era Gógol, y sólo Gógol, el que hablaba solo mientras caminaba, pero el monólogo era repetido como un eco y multiplicado por las sombras de su mente. Pasando, por así decirlo, a través del temperamento de Gógol, San Petersburgo adquirió una reputación de rareza que mantuvo durante casi un siglo, perdiéndola cuando dejó de ser la capital de un imperio (…) Su auténtica rareza, sin embargo, quedaba demostrada y expuesta cuando un hombre como Gógol caminaba por la Avenida Nevski.(…) Gógol, el ventrílocuo, tampoco era del todo real. Como un colegial caminaba con perversa perseverancia por el lado equivocado de la calle, llevaba el zapato derecho puesto en el pie izquierdo, emitía sonidos matutinos de patio en medio de la noche y distribuía los muebles de su habitación de acuerdo con una especie de lógica de “Alicia a través del espejo“. No es de extrañar que San Petersburgo revelase su excentricidad cuando el ruso más raro de Rusia recorría sus calles”. La ciudad vertía también su expresionismo en la prosa de Gógol: “La acera pasaba a gran velocidad bajo él, los carruajes con sus veloces caballos parecían inmóviles, el puente se estiraba y se rompía en medio de su arco, había una casa puesta al revés, una garita de centinela se dirigía tambaleándose hacia él, y la alabarda del centinela junto con las letras doradas del letrero de una tienda y unas tijeras pintadas en él parecían brillar en la pestaña misma de su ojo”.

Así describía Gógol San Petersburgo y así la ciudad parecía mirarle a él.

(Imágenes: 1.-caricatura de Gógol.-filmplus.org/ 2.-caricatura de Gógol.-por Tullio Pericoli)