MÉXICO : OLIMPIADA DE 1968

“1968 fue un año axial: protestas, tumultos y motines en Praga, Chicago, París, Tokio, Belgrado, Roma, México, Santiago…De la misma manera que las epidemias medievales no respetaban ni las fronteras religiosas ni las jerarquías sociales, la rebelión juvenil anuló las clasificaciones ideológicas”. Esto escribe Octavio Paz en su Postdata a El Laberinto de la soledad (Fondo de Cultura Económica) bajo el título “Olimpiada y Tlatelolco“.

En 1990, en conversación con Alfred Mac Adam para “The Paris Review(El Ateneo), Paz recordaba que “el movimiento estudiantil en México era más ideológico que en Francia o en los Estados Unidos, pero también tenía aspiraciones legítimas. El sistema político mexicano, nacido de la revolución, había sobrevivido pero padecía una suerte de arteriosclerosis histórica. El 2 de octubre de 1968 el gobierno mexicano decidió emplear la violencia para reprimir el movimiento estudiantil. Fue un acto brutal. Sentí que no podía seguir sirviendo al gobierno, así que renuncié al cuerpo diplomático”.

A Elena Poniatowska, que le preguntó también por la matanza de aquel 2 de octubre del 68, Paz le contestó parecidas cosas. Declaró que en aquel momento había renunciado a la Embajada en la India como protesta al haber visto noticiarios internacionales y fotografías de corresponsales extranjeros que se pudieron sacar de México, y Paz, al verlas, señaló en Le Monde que las imágenes no mienten. “La mañana del 3 de octubre me enteré de la represión del día anterior. Decidí – le dijo a Poniatowska – que no podía continuar representando a un gobierno que había obrado de una manera tan abiertamente opuesta a mi manera de pensar “.(“Las palabras del árbol“)( Plaza-Janés).

Como confesaría Octavio Paz en su “Conversación en la Universidad”, Escribir y decir, en 1979, el poeta “inclinado sobre su escritorio, los ojos fijos y vacíos, el poeta-que-no-cree-en-la-inspiración ha terminado ya su primera estrofa, de acuerdo con el plan previamente trazado. Nada ha sido dejado al azar. Cada rima y cada imagen poseen la necesidad rigurosa de un axioma, tanto como la gratitud y ligereza de un juego geométrico. Pero falta una palabra para rematar el endecasílabo final. El poeta consulta el diccionario en busca de la rima rebelde. No la encuentra. Fuma, se levanta, se sienta, vuelve a levantarse. Nada: vacío, esterilidad. Y de pronto, aparece la rima. No la esperada, sino otra – siempre otra – que completa la estrofa de una manera imprevista y acaso contraria al proyecto original. ¿Cómo explicar esta extraña colaboración? No basta decir: el poeta tuvo una ocurrencia, que lo exaltó y puso fuera de sí un instante. Nada viene de nada. Esa palabra ¿en dónde estaba? Y sobre todo, ¿cómo se nos ocurren las “ocurrencias” poéticas?”. (Pasión crítica) (Seix Barral).
Entonces bien podemos imaginar a Octavio Paz encontrando la palabra y la imagen total – esa imagen que le revuelve entero, la imagen que le llega desde la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco – y que recorre sus venas, baja violentamente por su brazo hasta la mano y con los dedos -también lenta o impetuosamente – va escribiendo el poema:
México: Olimpiada de 1968
La limpidez
(quizá valga la pena
escribirlo sobre la limpieza
de esta hoja)
no es límpida:
es una rabia
(amarilla y negra
acumulación de bilis en español)
extendida sobre la página.
¿Por qué?
La vergüenza es ira
vuelta contra uno mismo:
si
una nación entera se avergüenza
es león que se agazapa
para saltar.
(Los empleados
municipales lavan la sangre
en la Plaza de los Sacrificios)
Mira ahora,
manchada
antes de haber dicho algo
que valga la pena,
la limpidez.
(Cuando se cumplen diez años de la muerte de Octavio Paz y cuarenta de aquel 1968 bien merece la pena reunir aquí las dos fechas).