RILKE Y TOLEDO

 

 

”Rilke se quedó mirando aquel Toledo bajo cielos plomizos, con luces violentas en los ángulos, con una honda y estrecha hoz del Tajo, con unos cerros agrios, un abrupto pedazo de tierra, la Huerta de Safon mirando hacia el Puente de Alcántara, los cerros de la Sisla y de la Degollada, el Castillo de San Servando y el Alcázar. El Greco había querido hacer un Toledo distinto y eso es lo que fascinaba a Rilke, la sinfonía del azul, del ocre y del gris. El poeta definía Toledo como una ciudad del cielo y de la tierra que estaba hecha  tanto para los ojos de los muertos como para los de los vivos y los ángeles.

Allí estaba él, mirando aquella tarde Toledo. Era un personaje no muy alto, de rostro alargado, con una frente atormentada y unos ojos azules de niño y de vidente a la vez, una nariz cuyas aletas se abrían con la respiración cada vez que leía un poema en voz alta y con una gran boca rodeada por un bigote rubio y caído, todo acompañado por una risa precipitada de niño.  Guardaba grandes ilusiones para su futuro: procuraría ponerse en estado de gracia para escribir aprovechando las condiciones exteriores e interiores más favorables, por ejemplo, la ausencia de preocupaciones materiales o la tranquilidad de un lugar estable, o también una alimentación sencilla, compuesta de legumbres y frutas, y buscando asimismo un sueño reparador, pero, sobre todo, la soledad.  Necesitaba la soledad para crear,  le era absolutamente imprescindible. Como  ocurre con frecuencia en la vida, algunas de esas cosas las conseguiría y otras no, pero siempre encontraría la soledad.”

José Julio Perlado -( del libro “Relámpagos”) (texto inédito)

 

(Imágenes – 1- El Greco- Toledo/ 2-Rainer Maria Rilke)

EN LOS MÁRGENES

 

 

“En los márgenes de los libros yo he escrito mucho durante años. Quizá treinta, cuarenta años. Sigo haciéndolo. Ha cambiado mi letra pero no mi curiosidad. Cuando abro de nuevo el “Rilke” de Angelloz , por ejemplo,  leo mi letra en los márgenes y me lleva a mañanas solitarias — las seis, las siete de la mañana, antes de irme a la Universidad —en donde Rilke me hablaba y me habla, hablaba también Rodin con sus consejos: trabajo y paciencia. La paciencia me ha acompañado a esas horas, me ha acompañado siempre, hemos ido la paciencia y yo buscando un banco ante el mar, en el campo, la paciencia se ha sentado conmigo y me ha abierto la página del trabajo, el dedo de la paciencia me ha  ido indicando la cita de Rodin, la de Rilke la de Proust, la de Tolstoi, la de Woolf, me ha ido indicando qué debía anotar,  corregir, analizar, cómo no tenía que  correr,  cuánto había que esperar, apuntar  las sorpresas, dejar testimonio manual de  aquello que me estaba formando, el libro de los márgenes, el libro de mi letra personal, subrayados, flechas, pensamientos,  regalos asombrosos de autores, ocupaciones,  ideas, obsesiones, inquietudes.

Uno  quizá debía  de publicar los márgenes de lo que escribió en su día durante años mientras iba leyendo. Es un río de pensamientos. Viene la paciencia y el trabajo a lo largo del río y me entrega años de lectura y de  silencio.

José Julio Perlado

(Imagen- Diario de Katerine Mansfield – 6 septiembre 1911)

OTOÑO TARDÍO EN VENECIA

 

‘La ciudad ya no se insta como un cebo

que pescara los días emergidos.

Los vítreos palacios suenan más frágiles

en tu mirada. Y en los huertos pende

el verano, montón de marionetas

boca abajo, cansado y muerto.

Mas del antiguo bosque en esqueleto

sube el deseo : como si de noche

el general del mar doblar quisiera

las galeras en activo arsenal,

y embrear ya el aire de la mañana

con una flota que a zarpar se apresta

y, enarbolando todas sus banderas,

radiante y fatal, tiene grande el viento”.

Rainer Maria Rilke – “Otoño tardío en Venecia” ( 1908) (traducción Jaime Ferreiro Alemparte)

 

 

(Imágenes -1- Anders Zorn – 1894 — fundación  Beyeler/ 2- John  Singer – 1904 – fundación Beyeler)

VIAJES POR EL MUNDO (22) : FLORENCIA

 

“Por encima del bosque de Cascine – escribe Rilke – brilla el último fulgor y el Ponte Vecchio, del que viejas casas cuelgan como nidos, parece una oscura cinta pasando a través del amarillo dorado de la seda. La ciudad se extiende en un acorde ocre y gris y las montañas de Fiésole tienen ya los colores de la noche. Sólo San Miniato al Monte conserva aún el sol en su querido semblante liso y nunca olvido recoger esa última sonrisa, que me otorga como una gracia discreta y delicada.

Entonces – prosígue en su “Diario florentino” – comienza la hora en que el aire se vuelve de un azul acerado y todos los objetos se afinan nítidamente. Las torres parecen resaltar más grácilmente entre el rizado de las cúpulas y las almenas del Palazzo Vecchio están como cuajadas en su antigua fiereza. Hasta que el cielo sereno se cubre de estrellas y la suave luz baña de nuevo todas las cosas con su tierna y tímida caricia. El silencio rueda como un gran río por las callejuelas y las plazas, donde todo se oscurece luego de una breve lucha y no queda, por último, más que un diálogo, un vaivén de preguntas vagas y confusas respuestas, un vasto zumbido: el Arno y la noche.

 

 

Pese a la fatiga de un largo viaje, que debí hacer desgraciadamente  de punta a punta sentado sobre una valija, salí de mi hotel por la tarde, deambulé a lo largo de las callejuelas, descubrí  así la Plaza Victorio Emanuele y entré, por pura casualidad, en la Plaza della Signoría. Ante mí se levanta el Palazzo Vecchio, abrumador en su mole abrupta y compacta,: creo sentir su sombra gris y pesada. Sobre los hombros almenados del edificio, la atalaya alarga su musculoso cuello en la noche que avanza. Es tan alta, que el vértigo me sobrecoge cuando alzo la mirada hasta su cabeza cubierta por un casco y cuando, desconcertado, busco cerca de mí un espacioso pórtico que me ofrece sus bóvedas: es la Loggia dei Lanzi. Pasando frente a dos leones, penetro en su oscuridad donde se destacan blancas estatuas de mármol.”

 

 

(Imágenes-1-Giuseppe Zocchi/ 2- Telemaco Signorini— 1880/ .3- Monika Kelly)

TIEMPO, INSPIRACIÓN, TRABAJO

 

“Cuando más viejo me hago – le confesaba el poeta irlandés Seamus Heaney a Jordi Doce en 2008–  más lamento no haber tenido una actitud más entregada a mi obra. Pero al hacerte mayor dispones de más tiempo y tienes más libertad para emplearlo como desees. Por ejemplo, ya no doy clases, no tengo hijos jóvenes corriendo por casa, no tengo que ocuparme en tareas y actividades para ganarme la vida. Lo que significa que tengo más tiempo para la ensoñación. Y pienso : “Seamus, te equivocaste, tendrías que haber llevado un diario o un cuaderno de notas, tendrías que haberte levantado más temprano; incluso cuando no estabas escribiendo, tendrías que haberte sentado en el escritorio en lugar de confiarte al azar”. Por otro lado, sé que hay ocasiones en las que pese a tener mucho tiempo libre no consigo avanzar mucho. En otras palabras, disponer de tiempo no garantiza nada.

 

 

La poesía lírica, como sabemos, es un asunto misterioso, incluso para los más grandes… T.S. Eliot es un ejemplo de la extrañeza de la inspiración y de su intensidad. Y Rilke… es el arquetipo de la inspiración. Espera y espera, fanático y disciplinado, y de repente la tormenta azota y escribe las últimas “Elegías del Duino” y los “Sonetos de Orfeo”. Por otro lado, está YeatsYeats es un trabajador nato, nada le llegaba en un instante cegador. Por ejemplo, escribía en el cuaderno de notas un esbozo en prosa con el encabezamiento: “tema para un poema”, y después trabajaba el esbozo lentamente y con esfuerzo.

(…) Mi historia es radicalmente distinta. Empecé tarde, pero no exagero si digo que cuando llegué a la poesía, a principios de los años sesenta, tuvo un efecto mágico sobre mí. Mi aprendizaje tuvo lugar entre los veinte y los treinta años. Y aprendí a trabajar de verdad, a trabajar duro y con un propósito, ya cumplida la treintena”.

 

 

(Imágenes: -1-ilustración de David Blackwood/ 2- Constable – 1821- Museo victoria  y alberto/ 3- revista Time)

UN VIOLÍN EN LA NOCHE

 

 

“Rilke contó un día la maravillosa historia siguiente: era la víspera de su partida de Rusia; estaba en un un hotel de San Petersburgo, en verano, durante esas cálidas  noches del Norte, de una claridad tan especial y en las que, a través de la noche, parece que la supervivencia del día se une al primer rayo del alba. Imposible dormir y, en la pieza contigua, oía caminar de un extremo al otro a su vecino, quien después de horas de ir y venir se ponía a tocar el violín. Una noche, después que Rilke había oído el ruido particular del violín al ser colocado sobre la mesa, se abrió la puerta y en el umbral apareció su vecino, a quien no conocía ; un  hombre joven, hermoso, delgado, con un uniforme muy ajustado y una rosa entre los labios  – una de las  figuras más románticas que se pueda imaginar -, que le dijo : “Como yo, usted no puede dormir, y tengo necesidad absoluta de contarle a alguien la historia de mi vida”, y le dijo que estaba enamorado de dos  hermanas, que no lograba saber exactamente de cuál de las dos estaba, y que tenía el oscuro presentimiento de que también  las dos hermanas  se hallaban en idéntica situación; que  como él, ninguna de las dos sabía cuál de ellas lo prefería y que, por consiguiente, sentía que iba a decidirse erróneamente y elegir infaliblemente a la que menos amaba.

Continuó así  durante tres horas;;  después se fue como había venido, y Rilke no lo volvió a ver más.”

 

 

(Imágenes-1-foto Petiton Rouen – the faience violín/ 2- Rainer Maria Rilke -wikipedia)

HOTEL LUTÉTIA

 

Rilke, James Joyce, Jean Anouilh, Nina Berberova, entre otros muchos, pasearon o vivieron en este Hotel parisino, situado en el Boulevard Raspail, y que ahora vuelve a abrir sus puertas tras cuatro años de remodelación. Numerosas anécdotas sorprendentes y pintorescas en torno a este Hotel Lutétia. Nathalie de Saint Phalle, cuando recorre los grandes hoteles literarios del mundo (Alfaguara), cuenta  que en 1929, “Nina Berberova está enganchada con un periodista menesteroso, aunque de esmoquin, a una calesa que deben arrastrar a todo gas entre las mesas, llevando como pasajeros a un acordeonista rumano y un abogado moscovita que, al bajarse, los gratifica con un billete de cien francos por lo mucho que se ha reído. Forma parte todo ello de los festejos anuales del Año Nuevo  ruso que desde 1926 montan espectáculos para recibir donaciones que ayuden a los sabios y a los escritores refugiados…”

 

 

 

Pero años antes, en febrero de 1913, Rilke se impacienta en el Lutétia mientras está instalando un estudio en París. “Toda esa instalación me agobia – escribe -, me despoja de la sensación de estar “en casa” en un sitio cualquiera . Hoy, jueves de la tercera semana de Cuaresma, la gente no quiere trabajar, pero mañana me traerán mis  muebles del almacén. Me quedaré en este hotel absurdo hasta que mi piso pueda acogerme…”

Las paredes y las alfombras de los hoteles guardan una memoria sorprendente. También el Lutétia donde el dramaturgo Jean Anouilh, con ansiedad mal disimulada tras las páginas desplegadas de un periódico, pidió la mano de su mujer...

 

 

(Imágenes -1- Nenad Bacanovic/ 2- Rilke- wikipedia/ 3- Williy Ronis-1953- hackel bury fine art)