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Posts Tagged ‘John Atkinson Grimshaw’

 

“Un atardecer gris, seco y polvoriento en la City de Londres tiene un aspecto poco prometedor. Las tiendas y las oficinas cerradas parecen muertas, y el terror nacional por los colores les da un aire de luto. Las torres y los campanarios de las numerosas iglesias asediadas por las casas, oscuras y ahumadas como el cielo que parece caerles encima, no disminuyen la desolación general; un reloj de sol en la pared de una iglesia, con su sombra negra ahora inútil, parece una empresa que hubiera quebrado y suspendido los pagos para siempre. Melancólicos deshechos de guardianes  y porteros barren melancólicos deshechos de papeles en las cunetas donde otros melancólicos deshechos se agachan a hurgar, buscar y revolver esperando descubrir algo para vender.”

Charles Dickens– “Nuestro común amigo”

(Imagen- John Atkinson Grimshaw)

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“Cuando la contemplo desde el lamado “Puente de la Torre”, alzándose, ante mis ojos, allí, al otro lado del Támesisescribe el japonés Natsume Sōseki -, me pierdo en la intensidad de la mirada, preguntándome si soy una persona del presente o pertenezco yo también a los tiempos antiguos. Aunque de hecho estemos ya a comienzos del invierno, hace un día apacible. El cielo tiene un color de lejía mezclada con agua, y las nubes cuelgan bajas por encima de la Torre. Las aguas del Támesis muestran un color blanquecino, como si se las hubiera mezclado con yeso, y la corriente no produce ondulaciones perceptibles ni hace tampoco el menor ruido, aun moviéndose con rapidez. Una barca pasa con la vela izada por delante de la Torre. Navegando sobre un río sin viento, parece un ala blanca, de forma triangular, constantemente en reposo, siempre en el mismo punto. Dos grandes barcazas se deslizan río arriba. Un barquero solitario maneja un remo con lentos movimientos en la popa. En torno a la balaustrada del Puente de la Torre se agita una forma blanca, probablemente una gaviota. Todo lo que puedo observar está en calma. Todo parece lánguido y adormecido ; todo estå lleno de una sensación de pasado. Y en el centro, irguiéndose con frialdad, como derramando su desdén sobre el siglo XX, está la Torre de Londres. Allí se levanta, como diciendo; “Pasan los trenes de vapor, pasan los trenes eléctricos, pero mientras haya historia, sólo yo permaneceré para siempre”.

 

 

(…) Giro a la izquierda y entro por la puerta de la Torre Sangrienta. En tiempos antiguos, aquí se recluyó a un número incontable de personas en la Guerra de las Rosas. Aquí, en esta Torre, se segó la vida de hombres y mujeres como si fueran hierba, aquí se hizo una carnicería con seres humanos como si fueran animales, aquí se apilaron cadáveres como si fueran salmón seco. No sin razón, pues, se le ha llamado la Torre Sangrienta.

(…) Me quedo mirando la Torre, envuelto por un aire saturado de humedad teñido de sepia, la contemplo boquiabierto. El Londres del siglo XX desaparece gradualmente del fondo de mi mente y, al mismo tiempo, la imagen de la Torre comienza a esbozar ante mis ojos, la historia del pasado en mi cerebro. Tengo una sensación como si el vapor que salía del té que he bebido a sorbos por la mañana, después de levantarme, hubiera prolongado un sueño dejado atrás al despertarme”.

 

 

(Imágenes- 1- John Atkinson Grimshaw/ 2- Albert Goodwim/ 3- Claude Monet – 1871)

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ciudades-nnhu- Londres- John Atkinson Grimshaw

 

“Los designaré por su nombre – escribe el irlandés Laurence Sterne -: hay simples viajeros, pero hay también viajeros ociosos, viajeros curiosos, viajeros embusteros, viajeros vanidosos, viajeros melancólicos, y, tras ellos, vienen los viajeros de necesidad: viajeros felones y delincuentes, viajeros inocente e infortunados. Y, finalmente, el viajero sentimental (o sea yo), y que ha viajado por imperio de la necesidad y por el deseo de viajar en igual grado que cualquiera de los incluidos anteriormente (…)

Hablando sobre las causas eficientes y las causas finales del viajar, existe toda esa gente ociosa que abandona su país natal por el extranjero, y que tiene su razón o razones, sea por enfermedad del cuerpo, imbecilidad de la mente o necesidad inevitable.

 

ciudades-ybbb-puentes-Claude Monet- mil novecientos tres

 

Las dos primeras clases comprenden a todos los que viajan por mar y por tierra, sea por orgullo, vanidad o melancolía, subdivididos y combinados hasta el infinito. La tercera clase comprende el numeroso ejército de los mártires peregrinos y  los delincuentes, que viajan bajo la dirección de las autoridades, por exhorto del magistrado. Todavía hay una cuarta clase. Me refiero a los que cruzan el mar y se establecen en tierra extraña, con el fin de ahorrar dinero, por varias razones y bajo pretextos cualesquiera”.

 

ciudades-nttr- ríos- Amsterdam- Oskar Kokoschka- mil novecientos veinticinco

 

Así va desmenuzando Sterne las características de quienes van y vienen por el mundo en su “Viaje sentimental por Francia e Italia“. Javier Marías, en sus “Vidas escritas“, al hablar de Sterne, recuerda que tanto gusto tomaron los Sterne a esos países y a sus climas que su mujer Elizabeth y su hija Lydia se quedaron a vivir en el sur del primero, sancionando así de hecho la separación oficiosa entre los esposos. Sterne, anota Marías, “era un hombre bondadoso y ligero, que una vez quiso “heredar” los dos niños que dejaba a su muerte una viuda indigente (…) Él puso de moda en la sociedad de su tiempo ahuyentar suavemente a las moscas en vez de matarlas cuando molestaban”.

Viajes sentimentales muchas veces que a uno le gusta recordar.

 

ciudades-tccff- Robert Spencer- mil novecientos veintitres

 

(Imágenes.- 1.-John Atkinson/ 2.-Claude Monet- 1903/ 3.-Amsterdam- Oscar Kokoschka– 1925/ 4.-Robert Spencer- 1923)

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paisajes-vrtt-caminos-luna- campos- John Atkinson Grimshaw- mil ochocientos setenta

“En un hatillo oscilante en un blando bastón de arce llevo mi hogar.

A la vez a mi hogar me lleva el viento, a donde quiere.

Qué hay en el hatillo. Un catecismo de amarga vid. El Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, ambos de barro legible, pronunciable. Una letanía de sangre fiel, derramada, continuamente penetrante como la sed. Y al fondo del hatillo, totalmente aparte, salmos encuadernados en piel de Treblinka: Mein Gott!

Mi hogar es el camino.

A la vez alguien me silba continuamente, como quiere. Y me canta. Soy cierto tono largo, nunca interrumpido, una nota que emerge de cromosomas emergentes. Y a la vez como si alguien insuflara en mí el alma profundamente, de modo que resueno con todos los tubos de mis huesos resecos; frágil gaita de pergamino en manos de aquel-que-es.

Mi hogar es una canción.

Y a la vez alguien, entregado, me aparece y transforma y crece. Y a la vez en silencio me emprende el camino y pisa. Y a la vez me camina.

Mi hogar es una rosa durmiente que justo se despliega.”

Erik Jakub Groch.“Hogar”.-(traducción de Patricia Gonzalo de Jesús)

paisajes-tynngd-caminos-Ferdinand Hodler- mil ochocientos noventa y tres

(Imágenes.-1.-John Atkinson Grimshaw.-1870/ 2.-Ferdinand Hodler.-1893)

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“En la era en que la vida sobre la tierra era plenitud, nadie prestaba particular atención a los hombres valiosos, ni señalaba al hombre de habilidad.  Los gobernantes eran simplemente las ramas más altas del árbol, y el pueblo era como los ciervos en los bosques. Eran honestos y justos, sin darse cuenta de que estaban “cumpliendo con su deber”. Se amaban los unos a los otros y no sabían que esto significaba “amar al prójimo”. No engañaban a nadie y aún así no sabían que eran “hombres de fiar”. Eran íntegros y no sabían que aquello era “buena fe”. Por esta razón sus hechos no han sido narrados. No hicieron historia”.

Por el camino de Chuang Tzu“.-versión y recreación de Thomas Merton.

(Imágenes:- 1.-Haku Maki.- árbol de invierno/ 2.- Wharfedale.-John Atkinson Grimshaw-colección privada.-cortesía de johnatkinsongrimshaww.org)

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“Avanzaba de espaldas aquel río.

No miraba adelante, no atendía

a su Norte – que era el Sur.

Contemplaba los álamos

altos, llenos de sol, reverenciosos,

perdiéndose despacio cauce arriba.

Se embebía en los cielos

cambiantes

del otoño:

decía adiós a su luz.

Retenía un instante las ramas de los sauces

en sus espumas frías,

para dejarlas irse – o sea, quedarse -,

mojadas y brillantes, por la orilla.

En los remansos

demoraba su marcha,

absorto ante el crepúsculo.

No ignoraba al mar ácido, tan próximo

que ya en el viento su rumor se oía.

Sin embargo,

continuaba avanzando de espaldas aquel río,

y se ensanchaba

para tocar las cosas que veía:

los juncos últimos,

la sed de los rebaños,

las blancas piedras por su afán pulidas.

Si no podía alcanzarlo,

lo acariciaba todo con sus ojos de agua.

¡Y con qué amor lo hacía!”

Ángel González .- “Prosemas o menos“.-1985

(Imágenes :1.- John Atkinson Grimshaw.- 1873/ 2.-John Martin.-“El Bardo”.-1817.-Laing Art Gallery.-Newcastle)

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