SOBRE LOS JUICIOS

 

“Cuando ves alguno en el baño que se lava pronto — dice el filósofo griego Epicteto— no digas que se lava mal, sino que se lava muy pronto. De la misma manera, si alguno  bebe mucho no digas que bebe mal por beber así, di simplemente que bebe mucho.  En efecto,  ¿de dónde aprendiste que hizo mal para formar tal juicio?  Si así te retienes en tus opiniones , penetrarás en los pensamientos ajenos  y los tuyos serán conformes a los de los otros.”

(Imagen —Spiros Loukopoulos- 2018)

GENTES (7) : EL HOMBRE ÁSPERO

 

 

“El áspero es de este modo — dice el filósofo griego Teofrasto—: preguntado dónde está alguno, dice : “Déjame, no me molestes ni me des quehacer.” Si alguno le saluda, no le corresponde. Si vende alguna cosa, no responde a los compradores a qué precio; antes pregunta él mismo al comprador: “¿Pues qué tiene de malo?” A las personas que le manifiestan estimación y le envían regalos en sus días festivos, dice “que ojalá no se los hubiesen enviados”. Es incapaz de perdonar al que involuntariamente le da un encontronazo, o le pisa, o le empuja. Cuando algún amigo le ruega que le ayude con algo de dinero para aliviarle en su miseria o en su quiebra, responde que no quiere darlo; después va  y le lleva ese dinero por sí mismo, y añade que ya cuenta con este dinero por perdido. El hombre áspero es el que tropezando en la calle, se irrita y maldice la piedra. Si espera a alguno, seguramente no le esperará mucho tiempo. Jamás tendrá con otros la condescendencia de cantar, ni de recitar, ni de bailar; y en fin, es tal, que ni cuida tampoco recurrir con sus oraciones a los dioses.”

(Imagen — Barnett Newman – Irwing Penn- national portrait gallerie)

GENTES (6) : EL DESCONFIADO

 


“El desconfiado es tal — dice el filósofo griego Teofrasto— que enviando a su criado a comprar el mantenimiento o despensa, destina a otros a averiguar en cuánto la ha comprado. Cuando lleva consigo algún dinero, cuenta a cada cien pasos cuánto es, o si está cabal. Estando ya acostado, pregunta a su mujer si cerró bien la llave al arca, o si el pestillo está bien pasado en la puerta de la sala. Y aunque la mujer le responda que sí, nada menos dejará de levantarse de la cama, desnudo y descalzo, y encendiendo un candil, lo recorre y lo registra todo, y con todo esto apenas puede conciliar el sueño. Va con testigos a pedir los réditos a los que le deben, para que no se los puedan negar. Si da a lavar su ropa, no será al que la lave más bien, sino al lavandero que tenga fiador. Si alguno llega a pedirle vasos prestados, es su mayor empeño no prestarlos. Manda al criado que le va siguiendo que no vaya detrás, sino delante, para procurar que no se le escape en el camino.”

 

 

(Imágenes—1- René Groebli—1946/ 2– fotógrafo desconocido)

LA TRANQUILIDAD DE ESPÍRITU

 

 

“Cuando veas a alguno promovido a dignidades, o favorecido, o acreditado —recuerda el filósofo griego Epicteto —, no te dejes llevar de la apariencia ni digas que es dichoso. Pues la verdadera tranquilidad de espíritu consiste en no desear sino lo que depende de nosotros mismos; no ha de acusarnos celos ni envidia el lustre de grandezas. No has de tener ambición de ser senador, cónsul ni emperador; conviene que cuides solamente de ser libre. En esto se han de terminar todas tus pretensiones ; un solo medio hay para alcanzarlo, que es menospreciar todo lo que no depende de nosotros.”

(Imagen -Jasmina Danowski -2008 – artnet)