CINECITTÀ

cine.- rtbbh.-. Federico Fellini.-Mary Ellen Mark

 

“Yo en Cinecittà no habito sino que vivo – le confesaba Federico Fellini a Ignazio Maiore en 1973 – Mis experiencias, mis viajes, las amistades, las relaciones empiezan y terminan en las salas de rodaje de Cinecittà. Todo lo que existe fuera de las verjas de Cinecittà son afluentes, aunque insustituibles, un enorme y maravilloso almacén que visitar, que expoliar, que transportar dentro de Cinecittà ávida, incansablemente. No sé si todo esto es un privilegio o una servidumbre, pero es mi modo de ser.” Benito Merlino, al recorrer la vida de Fellini, contaba cómo el director italiano donde se encontraba más a gusto era

 

Fellini.-4ffv.-Federico Fellini rodando ante Marcello Mastroiani caracterizado como violonchelista en El viaje de Mastorna.-1965

 

en Cinecittà. Con frecuencia, muchos domingos por la tarde, se recluía allí para trabajar con calma, sin llamadas de teléfono, lejos de la ciudad. Era aún adolescente, cuando a través de las actualidades del cine Fulgor de Rimini oía hablar de Cinecittà y sería años más tarde, como sigue contando Merlino,  cuando Federico acompañaría un día a Ingmar Bergman por aquellos estudios, un Bergman que llega vestido con un corto impermeable, el pelo alto en la nuca, las manos cruzadas a la espalda”. El director de Cinecittà

 

cine.- 44fftt.- Fellini y Giulietta Masina rodando Las noches de Cabiria

 

le había rogado a Fellini que lo acompañara y el director italiano, un poco descontento por la austeridad del sueco, guía a su compañero por el dédalo de la ciudad cinematográfica. Entre otros sitios se detienen ante la gran piscina – “la más grande del mundo” – en la que todo se puede reconstruir: batallas navales, naufragios, competiciones de delfines, como así lo destaca el director de los Estudios y Fellini procura traducirlo al inglés.

Ahora el cine – como se recuerda estos días – se va de Cinecittà. Pero entre tantos directores como por allí han pasado quizá Fellini es el que más  

 

cine-uuggnl- Fellini y Mastroiani- mil novecientos ochenta

 

quede en la memoria. “Aquí paso mis mejores ratos – había confesado el autor de “La Strada” -. Es mi fábrica, el lugar donde trabajo y es un buen instrumento de trabajo. Además me siento unido a ella por lazos de orden afectivo. Vine aquí por primera vez hace mucho tiempo. Entonces era periodista y hacía entrevistas a estrellas, a directores de cine…” Merlino cuenta que era en el estudio 5 donde Fellini disponía de un gran despacho. Un diván, algunos sillones, una mesa con dos teléfonos, una vieja Olivetti y un amplio tablero mural

 

cine.-44ffn.-Federico Fellini

 

forrado en verde donde colocar notas, fotos o direcciones. Se añadía a esto un comedor y una pequeña cocina en la que un exboxeador convertido en cocinero preparaba bajo sus indicaciones comidas muy simples a base de patés y tortillas para sus numerosos invitados. Fellini prefería comer en Cinecittà. Sobre su mesa más de cien estilográficas, lápices y pinceles de todos los colores con los que dibujaba siluetas, perfiles, narices, bigotes, detalles de vestimenta, actitudes, expresiones del rostro de innumerables personajes.

(Imágenes.-1.-Fellini.-Mary Ellen Mark/ 2.-Fellini y Mastroiani en 1965/ 3.- Fellini y Giuletta Masina en “Las noches de Cabiria”/ 4.- Fellini y Mastroiani/ 5.-Federico Fellini)

LOS “PAPARAZZI”

fotografía-rrfiih- paparrazi- Greta Garbo en el club Saint Germain- París- mil novecientos cincuenta y dos- foto Georges Dudognon

“Una tarde en Via Veneto – contaba Federico Fellini – me quedé fascinado observando a un grueso señor con bigote negro que bebía agua mineral, sentado en una mesita del café de París, disfrutando del fresco en compañía de una especie de diosa Pomona; era el ex-rey de Egipto, Faruk. Observé el movimiento de los fotógrafos alrededor de su mesa y me di cuenta de que disparaban flashes cada

fotografía-eectt -Marlène Dietrich con un fotógrafo en el aeropuerto de Orly- París mil novecientos setenta y cinco- foto Daniel Angeli

vez más cerca, para irritarle. Al final, Faruk dio un salto y se levantó enfadado, la mesita se volcó y empezó a llegar gente en su ayuda, mientras que los flashes se multiplicaban.

Pasé varias veladas con los fotógrafos de via Veneto (….) para que me revelaran los trucos de su profesión. Cómo cercaban a la presa,  intentando

fotografía-rrdv-paparrazi- fotógrafos espeando a Anita Ekberg- mil novecientos cincuenta y ocho- Centro Pompidou de Metz

ponerla nerviosa, cómo preparaban los reportajes hechos a la medida para las distintas revistas. Eran historias divertidísimas, de largas esperas, de fugas rocambolescas, de dramáticas persecuciones. Una noche incluso quise invitar a cenar a todos los fotógrafos que me encontré y he de admitir que, lanzados

fotografía-rrrnu--paparazzi- Diana y Marilyn- dos mil- Allison Jackson

por los alcoholes del vino, me contaron también patrañas”.

fotografía-rrfn-paparazzi -Centro Pompidou de Metz

Susan Sontag, al hablar también de los paparazzi en “Cien años de fotografía italiana”, quiso evocar a esa “jauría de periodistas, paparazzi, de pie, densamente apiñados, agobiados, que empujan, toman sus imágenes a la fuerza. (¿Hay alguna suerte de justicia en el hecho de que la palabra internacional para designar a los fotógrafos depredadores que asaltan a sus célebres objetivos sea italiana?)

fotografía- eewws- Woddy Allen en las Tullerías- París- octubre mil novecientos noventa  y cuatro- foto Pascal Rostain- Buno Mouron

Ahora, muchos de esos enfoques y ángulos que dieron la vuelta al mundo en distintas revistas se reúnen en el Centro Pompidou de Metz ofreciendo en un amplio abanico sus exclusivas.

(Imágenes.-1.-Greta Garbo en el club St Germain- 1952- Georges Dudognon/ 2.-Marlene Dietrich ante un fotógrafo en el aeropuerto de Orly- 1975- Daniel Angeli/3.- esperando a Anita Ekberg- 1958- Centro Pompidou de Metz/ 4.-Diana y Marilyn.-2000- Allison Jackson/ 5.- Jaqueline Onassis- 1971- Ron Galella/ 6.- Wody Allen en las Tullerías- 1994- Pascal Rostain)

EL ENTREVISTADOR ENTREVISTADO

escritores.-3eed.-Sara Facio.-Julio Cortázar en París.-1968

Nuevamente Televisión Española ha tenido la deferencia de invitarme a hablar sobre distintas entrevistas que he realizado a lo largo de mi vida. Esta vez el entrevistador ha sido entrevistado y agradezco al programa “La aventura del saber” y a su Director, Salvador Gómez Valdés,  las atenciones que han tenido conmigo.

Siempre es un placer hablar de periodismo.

cine.-eedcv.-Fellini rodando Giulietta de los espíritus.-1965

(Imágenes:- 1.-Julio Cortázar, en París, 1968/ 2.- Federico Fellini rodando “Giulietta de los espíritus”, en 1965)

SUEÑOS DE CINE

cine.-5rwwe.-Akira Kurosawa y Toshiro Mifune en Venecia en 1960“No puedo olvidar cómo jugaba con mi hermana en el Festival de Muñecos del tres de marzo. – recuerda en su “Autobiografía” Akira Kurosawa  (Fundamentos) -. En mi familia habíamos heredado unos muñecos para el festival que representaban al emperador y la emperatriz. (…) Cuando apagábamos la luz caían los suaves destellos de las llamas de los farolillos sobre los cinco muñecos puestos en hilera en el escenario de madera, cubierto de fieltro colorado. Con ese misterioso destello se veían tan reales, que parecía que fuesen a empezar a hablar en cualquier momento. Esa belleza tan exquisita me asustaba un poquitín. Mi pequeña hermana mayor me llamaba para que me sentase frente al escenario, me ponía una de las bandejas, y me ofrecía el brasero. Me invitaba a un poco de sake blanco dulce en una de las pequeñas tazas del tamaño de las muñecas”.

Así se iniciaría la fascinación del director japonés por el cine que culminaría en 1990 con “Los sueños de Kurosawa”.

Los sueños siempre han acompañado – como en tantos otros artistas – a muchos directores cinematográficos.

“En el sueño – decía Fellini al hablar de “Giulietta degli spiriti” – el color es idea, concepto, sentimiento, como en la pintura verdaderamente grande. La pregunta

Fellini, Rome, 1940 -nd

que tantos hacen ¿sueñas en blanco y negro o en color? es ociosa: ¿cómo preguntar si en el canto hay sonidos, cuando todos saben que el sonido es el modo de expresión del canto? El que sueña puede ver un prado rojo, un caballo verde, un cielo amarillo; y no son cosas absurdas. Son imágenes empapadas del sentimiento que las inspira”. “He soñado tres veces con Picasso confesó Fellini en otra ocasión, en 1972 -. En el primer sueño – atravesaba por aquel entonces un período de grave depresión, de inseguridad total – recuerdo que estábamos en una cocina repleta de comida, de cuadros, de colores. Hablamos toda la noche. La segunda vez – también en esta ocasión atravesaba un momento de gran confusión e incertidumbre – soñé que él iba a caballo, al galope, y saltaba los obstáculos con una ligereza increíble, con una elegancia y gracia infinitas. Volví a soñar puntualmente con él en otro momento de profundo desaliento. Esta vez había un

cine,.77hh.-Federico Felllini.- Tazio Secchiaroli.-1963

mar enorme que me recordaba al que se ve desde el puerto de Rimini: un cielo oscuro, tormentoso, verdes olas, lívidas, encrespadas y espumosas como en los días de temporal. Delante de mí un hombre nadaba a grandes brazadas, su calva surgía del agua, apenas se apreciaba una ligera pelusa blanca en su nuca. De repente el hombre se dio la vuelta hacia mí: era Picasso y me hacía señas de que le siguiera hacia un lugar donde podríamos encontrar un pescado excelente”.

cine.-3www.-Ingmar Bergman.-1951.-Louis Huch

Son sueños de cine, sueños de directores de cine, sueños que alguna vez podrían transformarse en escenas de películas. En cualquier caso lo onírico está  presente en lo más oculto de la creación y cuando la creación despierta el sueño se yergue iluminando la página o la secuencia. Son tráficos de sueños que pueden comprarse, venderse o robarse, como así literariamente lo contó  Arthur Waley y a los que ya aludí  aquí. “No sé si alguna vez os ha sucedido – decía Ingmar Bergman al comentar uno de sus films– que soñáis que queréis hablar y sois incapaces de lanzar un sonido o habláis tan bajo que nadie puede entender lo que decís. ¿Os ha ocurrido alguna vez? Pues fue uno de de esos sueños lo que me dio la idea de tratar el sonido de esa manera”.

Son sueños de infancia en Bergman recorriendo los caminos de las fresas salvajes.

Son sueños de infancia en Kurosawa asomando sus ojos de niño entre los árboles.

(Imñagenes.-1.-Akira Kurosawa y Toshiro Mifune en Venecia.-1960/2.-Federico Fellini en 1940.-foto Gideon Bachmann.-Boletín mensual de cine – primavera 1964/3.-Ingmar Bergman.-foto Louis Huch/4.-Federico Fellini.-foto Mary Ellen Mark/ 5.-Federico Fellini.-foto Tazio Secchiaroli.-1963/

TONINO GUERRA

“En el otoño de 1972, Federico Fellini telefonea a Tonino Guerra -así lo recuerda Benito Merlino en su estudio sobre el gran director italiano – al que conoce desde hace largo tiempo; son de la misma edad y hablan el mismo dialecto. Nacido el 16 de marzo de 1920 en Sant´Arcangelo, un pueblo que se encuentra a nueve kilómetros de Rimini, hijo de un pescador, Tonino Guerra es un poeta dialectal muy conocido. Empieza a escribir para distraer a sus compañeros de deportación, en el campo de Troisdorf, en Alemania. Desde 1953 se establece en Roma y trabaja con Giuseppe de Santis, Elio Petri, Vittorio De Sica, Mario Monicelli, Francesco Rossi, Wim Wenders, Theo Angelopoulos, los hermanos Taviani, Andreï Tarkovski y Michelángelo Antonioni. Es amigo también, y consejero artístico de Marcello Mastroiani, al cual orienta en todas sus películas”.

A Tonino Guerra he aludido alguna vez en Mi Siglo y el Diario de Tarkovski ( 1970-1986) (Cahiers du Cinema) está lógicamente salpicado de referencias a él. “Tonino – dice por ejemplo Tarkovski el 8 de junio de 1980 –¡ qué hombre tierno y bueno, e ingenuo como un niño!“.

“Durante su infancia y adolescencia – sigue diciendo Benito Merlino -, Tonino Guerra y Federico Fellini casi han vivido las mismas historias en los mismos paisajes; están impregnados de las mismas tradiciones, con personajes que padecen las mismas locuras, iguales ignorancias, idénticas ridiculeces. A dos voces – podría decirse que a dos memorias – los dos se esfuerzan por trazar un retrato del mundo provinciano italiano. Federico dibuja y Tonino escribe. Es en el restaurante Cesarina, el preferido por Federico, cuando Fellini encuentra el título de su película. Se llamará “Amarcord” (“Me acuerdo”):

“Lo sé, lo sé, lo sé,

que un hombre a los cincuenta años

tiene siempre las manos limpias

y yo me las lavo dos o tres veces al día;

pero sólo me veo las manos sucias

me acuerdo

de cuando era mozo”.

(Pequeña evocación sobre el gran guionista italiano que acaba de morir)

(Imágenes:- 1.-Tonino Guerra.-ravennaedintorni. it/ 2.-Tonino Guerra.-ilrestodelcarlino.it/ 3.-Tonino Guerra con la viuda de Antonioni.-it ibtimes.com)

ILUSIONES DEL CINE

“Hay cineastas – dice Martin Scorsese – que aseguran que nunca saben hacía dónde van cuando hacen una película, que la van elaborando sobre la marcha. En el nivel más más alto, Fellini sería, sin duda alguna, el ejemplo principal. Pero no me lo creo del todo. Pienso que siempre tenía una cierta idea, por muy abstracta que fuera, de adónde se dirigía. También hay cineastas que tienen un guión, pero no saben exactamente cuáles van a ser los ángulos o los planos de una determinada escena hasta el ensayo de esa escena, o incluso hasta el día del rodaje. Conozco a gente que puede trabajar así; no creo que yo pudiera hacerlo. Necesito haber decidido los planos con antelación, incluso si es todo teórico. Como mínimo, necesito saber todas las noches cuál va a ser la primera toma del día siguiente. En algunos casos, si decidiera incluir escenas que no estaban previstas y que no son vitales para la historiia, podría ser divertido ir completamente desnudo y ver qué puedo hacer allí mismo. Pero no lo recomiendo. Hay que saber adónde vas y hay que tenerlo plasmado en papel. El guión es lo más importante, aunque tampoco hay que convertirse en un esclavo del guión, porque si el guión lo es todo, simplemente te pones a fotografiar el guión. El guión no lo es todo; lo que es todo es la interpretación, la interpretación visual de lo que tienes en el papel”.

Cuando en “La invención de Hugo” nos acercamos a ese personaje que nos espera y nos mira desde su pequeña tienda parisina representando a Georges Méliès – el ilusionista, el hombre de los trucos – parece que volviéramos a leer lo que en la “Historia del cine” de Román Gubern se nos dice de él:

“Durante catorce años – recuerda Gubern – el fundador del espectáculo de sombras animadas había caído en el olvido y ni los aplausos, ni los discursos, ni los homenajes, ni las condecoraciones resolvieron los problemas del anciano Méliès, que siguió abriendo puntualmente cada mañana su puestecito de la estación de Montparnasse, para ganarse el sustento trabajando durante quince horas diarias”. El sociólogo Edgar Morin ha glosado detenidamente esa figura de Méliès en “El cine o el hombre imaginario” (Seix Barral) destacando su texto capital, “Les Vues Cinematographiques“, de 1907, que suscita enseguida la imitación, los dobles y los fantasmas en esa linterna mágica que proyecta sus luces sobre la oscuridad. Es lo que Morin denomina “la metamorfosis“, el paso del cinematógrafo al cine: “Méliès distinguía las películas– dice Morin– según dos categorías, la de los temas compuestos o escenas de género y “la de las vistas llamadas de transformaciones”. Méliès no innovó en la primera categoría. Edison ya había pensado en hacer del film una especie de espejo de la escena de “music-hall“. Méliès saltó con los pies juntos sobre el espejo tendido por Edison y los hermanos Lumière, y fue a dar en el universo de Lewis Carrol. La gran revolución no fue sólo la aparición del doble en el espejo mágico de la pantalla, sino también el salto sobre el espejo. Si original, esencialmente, el cinematógrafo Lumière es desdoblamiento, el cine Méliès, original y esencialmente, es metamorfosis“.

Es en el cántico a la figura de Méliès donde Martin Scorsese quiere avanzar en “La invención de Hugo”. Con el engranaje de sus ruedas precisas y el encadenamiento de las situaciones, la relojería cinematográfica no sólo mueve las piezas materiales que giran en la pantalla sino también la nostalgia y la poesía.

El cine canta al cine. Nos entra por los ojos la singular interpretación visual de lo que el director tiene sobre el papel, tal como Scorsese desglosa en sus lecciones.

(Imágenes:- 1, 2 y 3 : escenas de la pelicula “La invención de Hugo”/ 4.-Martin Scorsese dirigiendo a un actor en la misma película)

ENSAYOS DE FEDERICO FELLINI

ensayos con la mirada junto a Magali Noël,

ensayos con dedos y manos junto a Anouk Aimée,

ensayos con sonrisas junto a Claudia Cardinale,

 ensayos y ensayos, paseando en bici, rodando sobre la fantasía,

 ensayos con las caras, con las expresiones, con los personajes,

ensayos oníricos de extravagancias, ensayos de sueños, ensayos para intentar dormir. “Quiero contar lo que me sucedía cuanto tenía siete u ocho años – decía Fellini en 1965 -. Había bautizado las cuatro esquinas de mi cama con los nombres de los cuatro cines de Rímini: Fulgor, Ópera Nacional, Balilla, Saboya – ¿Cómo se llamaba el otro? – Sultán. Irme a acostar era entonces una fiesta. (…) Cerraba los ojos, esperaba pacientemente conteniendo el aliento y con el corazón acelerado hasta que, de golpe, comenzaba el espectáculo. Un espectáculo de los más extraordinarios. ¿En qué consistía? Es difícil de contar: era un mundo, una fantasmagoría rutilante, una galaxia de puntos luminosos, esferas, círculos brillantísimos, estrellas, llamas, vidrios de colores, un cosmos nocturno y centelleante que primero se mostraba inmóvil, después en un movimiento cada vez más amplio y envolvente, como un remolino inmenso, una espiral cegadora”.

Fue en aquel 1965 cuando yo le conocí. Lo he contado en varias ocasiones en MI SIGLO. Eran los tiempos de Giulietta de los espíritus“. Ensayos y ensayos en los estudios Rizzoli, en Cinecittá. “Mis experiencias, mis viajes, mis amistales, mis relaciones comienzan y acaban en los estudios de Cinecittá. Todo aquello que existe al otro lado de las verjas de Cinecittá es un afluente, ciertamente irremplazable, una reserva inmensa y maravillosa para visitar, para apropiarse y llevársela al interior de Cinecittá y hacerlo ávidamente. incansablemente. Yo no sé si todo esto es un privilegio o una servidumbre, pero es una forma de ser“.

Ahora que vuelven las películas perdidas de Fellini, los recuerdos de aquellos ensayos y de aquellos diálogos nos acompañan.

(Imágenes:- 1–Magali Noël y Federico Fellini ensayando “Amarcord”/ 2.-Anouk Aimée y Fellini ensayando “La dolce vita”/ 3.-Claudia Cardinale y Federico Fellini ensayando/ 4.-Federico Fellini.- durante el rodaje de “Amarcord”.- foto: Mary Ellen Mark/ 5.-Giulietta Masina, Anthony Quinn y Aldo Silvani en “La Strada”/ 6.-Sandra Milo y Giulietta Masina en “Giulietta de los espíritus”/ 7.-Marcello Mastroiani caracterizado como violonchelista mientras rueda Federico Fellini “El viaje de Mastorna”.-elpais.com)

UN CORRESPONSAL ENTRE BASTIDORES

Roma.-Plaza de España.-1986.-por Richard Estes.-artnetAparecen ahora en MI SIGLO – encabezando el apartado Enlaces a mi obra – las cuatro entrevistas que Onda Cero ha tenido la amabilidad de proponerme hace pocas semanas preguntándome sobre mi trabajo periodístico y sobre mis tareas de corresponsal. La Radio ha querido titularlas respectivamente  “Azorín”, “Fellini”, “París”y “Roma” y condensan algunas de las experiencias que he tenido la suerte de vivir como profesional. Escribo expresamente la suerte porque no siempre se encuentra uno en países y en épocas tan vibrantes de noticias. Yo he tenido esa suerte en Italia y en Francia, y cuando la suerte no ha venido hacia mí he ido yo hacia ella buscando aquello que más me interesaba, sin dejar de realizar, naturalmente, mi quehacer cotidiano de corresponsal.

PARIS.-FElix Hilaire

Cuando se me pregunta qué entrevista o qué encuentro me dejó más impresionado siempre veo el rostro de Georges Pompidou a mi lado el 16 de junio de 1969. Un minuto antes era el candidato a la Presidencia de la República Francesa; un minuto después no era un hombre: era una nación. “Je suis la France“, pronunció en tono solemne, con el semblante cambiado. Cuando se me insiste sobre qué momento recuerdo con más intensidad viene hasta mí aquel despachito de Roma, en 1964, cuando el académico francés Jean Guitton me leyó emocionado parte del discurso que al día siguiente, a las 9 de la mañana, pronunciaría ante todo el Concilio y ante el Papa. Pero los recuerdos vuelan: me veo también sentado en un banco, a primeras horas de la noche de un día de junio de 1963, en la inmensa nave desierta de la Basílica de San Pedro, frente por frente a Juan XXlll muerto, escoltado sólo por la guardia suiza . Allí, en aquel banco, ante el cadáver del Papa, con la Basílica vacía de gentes, escribí la crónica periodística. Vuelan de nuevo los recuerdos y me veo igualmente, sentado en Roma, en 1964, ante el dramaturgo Diego Fabbri, en su despacho de Director de “La Fiera Letteraria“, hablando de Pirandello, de Ugo Betti y de cómo Fabbri escribió “Proceso de familia“.

París.-Jules Aarons.-Paris 1953.-artnet

Esa puerta del despacho de Fabbri se abre a otras muy numerosas puertas, y cuatro años después, ya en París, escucho atentamente tanto a Gabriel Marcel  como a Robert Bresson. La puerta de los Estudios de Boulogne-Billancourt donde ví a Bresson y la puerta del despacho de Marcel en la rue Tournon abren paso también a otros pasillos y  a otros butacones desde donde, ya en Madrid y años más tarde, observo la sortija en las manos de Mujica Láinez, la imponente altura de Cortázar, los ojos tras las gafas de Onetti, el acento de Luis Rosales. Muchos de estos encuentros están ya en los libros, otros en MI SIGLO, otros algún día aparecerán. Haber encontrado a tales rostros no tiene más mérito que el de la curiosidad intelectual. Uno ha ido desde niño detrás de los autores, subrayando sus obras, interesado por las labores del espíritu. Uno se ha colocado entre los bastidores de la creación – en el taller de Pablo Serrano, cruzando descampados con Juan Barjola – y allí ha notado qué bien se está entre esos bastidores, entre dos luces, contemplando de reojo el patio de butacas. Avanza ante las candilejas el pintor, el escritor, el sabio, esperando los aplausos, esperando las críticas, sin apenas darse cuenta de que está haciendo Historia.

(Imágenes.-1.-Roma.-por Richard Estes.-artnet/ 2.-París.-por Félix Hilaire Buhot.-Zygman voss Gallery.-artnet/ 3.-París.-por Jules Aarons.- flickr)

NOCHE DE FANTASÍA

cuentos-hadas-por-alfred-kubin-the-last-kinf1902-foto-courtesy-of-neue-galerie-new-york-the-new-york-times

¿Quién entró delante aquella mañana corriendo, mirando lo que le habían traído,  la imaginación o la fantasía de un niño?. “La fantasía y la  imaginación –recordó Wordsworth – eran dos facultades distintas y plenamente diferentes, en lugar de ser, de acuerdo con la creencia general, o bien dos nombres con un solo signficado o bien, los grados más alto y más bajo de la misma potencia”.

1109 bks best7.JPGEntonces, ¿quién se levantó antes de la cama, quién corrió nerviosamente  por el pasillo, quién empujo el primero la puerta para ver los juguetes, para leer los cuentos? ¿Fue la imaginación o fue la  fantasía?

“El Diccionario Palazzi – comentaba  a su vez Fellini – dice lacónica y textualmente de la fantasía: “facultad imaginativa del hombre”. Entonces pensé consultar qué decía de la imaginación, pese a que según mi opinión ambas cualidades se diferencian notablemente o, mejor dicho, son dos fases, dos momentos distintos de una misma función. A mí me parece que la imaginación, la imagen, es un producto psíquico, la materia prima del subconsciente, que éste libera y envía a la superficie, de acuerdo con ritmos, temperaturas y exigencias individuales”.

Pero entonces, en aquella noche agitada del niño esperando y soñando regalos, ¿ intervino más la fantasía o la imaginación?1109 bks best3.JPG

“El “Palazzi” – proseguía Fellini – añade a la palabra “imaginación” una larga y sugestiva lista de sinónimos, derivados y consanguíneos: fantasía, alucinación, rareza, capricho, concepción, conjetura, contemplación, castillos en el aire, delirio, desvarío, ficción, extravagancia, idea, ilusión, invención, hipótesis, inspiración, espejismo, pensamiento, percepción, presentimiento, extrañeza, suposición, e incluso “antojo”.

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¿Luego no sabemos quién se durmió primero, quién soñó más aquella noche, quién se tiró antes de la cama por la mañana y corrió pasillo adelante y, empujando la puerta,  se quedó asombrado ante tantos regalos? ¿Fue la imaginación o fue la fantasía?

“Puede que la fantasía – concluyó Fellini contestando a las cuestiones que le planteaba Enzo Biagi en “Respuestas a grandes preguntas” (Planeta) – sea una especie de limbo, de frontera, de zona, de dimensión propiamente fantástica donde hacemos vivir lo que deseamos. O también, la fantasía es una atmósfera impalpable e indefinible, una gran pantalla en la cual viven y se componen historias, personajes y sueños”.

Pero enseguida tuvimos que interrumpir la conversación porque oímos todo el griterio infantil,  y cómo los niños, la fantasía y la imaginación venían corriendo por el pasllo y empezaban a romper febrilmente todos los envoltorios de las cajas.

(Imágenes: Alfred Kubin (1902).-foto Courtesy of Neue Gallerie New York.-The New York Times/Mariko Tamki.-ilustración por Jilliam Tamaki.-foto Tony Cenicola.-The New York Times/ilustración Kazumo Kohara.-foto Tony Cenicola.-The New York Times/ Pinocho.-ilustración de Corrado Sari (1929).-Revista Imaginaria)

GIULIETTA DE LOS ESPÍRITUS

“Al Fellini auténtico lo había visto pasar en 1963 por una Via Veneto auténtica, no por el escenario construido para la Via Veneto ficticia en donde se rodó La dolce vita. Ahora, en los estudios  Rizzoli, en ese 24 de febrero de 1965, estaba Federico Fellini ante mí con la gabardina puesta, ultimando sus asuntos para marcharse. ¿Se acordaba? Sí, se acordaba de mí. Se despoja de la gabardina: nos hemos quedado solos en este despacho.

Me habla Fellini de su resistencia a los periodistas. De su resistencia a las preguntas. Le recuerdo que él fue periodista. Hace un gran esfuerzo por concentrarse, por salir de esa película que ahora está rodando, Giulietta de los espíritus. Se le ve que Fellini, recostado en este sillón, mira los exteriores del bosque donde Giulietta Masina está bajando del árbol, descendiendo de la casa de ramas, descubriendo con ojos de payaso el suelo. El despacho en que charlamos huele a bosque, el bosque huele a decorado, los decorados los clavan los carpinteros, a los carpinteros les pagan los productores. Huelen los productores a bosque, esperan en la sombra, con sus puros habanos encendiendo sortijas en la oscuridad, a que nosotros terminemos. Suena el teléfono. Fellini se levanta, habla, cuando vuelve dice que Giulietta de los espíritus quiere tenerla montada pasado mañana.

Hablamos de la libertad. Condena las dictaduras y defiende la libertad de expresión en el juicio, en el pensamiento, en la cultura. Su discurso es el discurso de la libertad. Está recostado en su butaca, su grueso cuerpo envuelto en un chaleco, en una chaqueta, se ha vuelto a poner encima un impermeable. Tiene los ojos grandes y blandos, la voz que oí por teléfono aguda y atiplada, ahora se ahonda algo más y es un poco más grave. Llovía fuera, en Roma, cuando llegué, y quizá Fellini note la lluvia en este cuarto, la libertad hincha y encoge estas paredes, y en algún sitio, tal vez los hombres de los efectos especiales estén volcando cubos de lluvia sobre esta habitación hasta que salga agua por el auricular del tegiulietta-de-los-espiritus-1léfono.

Soy un periodista español que en esta jornada de frío y lluvia está ante el director de Las noches de Cabiria mientras Giuletta Masina sube y baja asombrada de cómo asombra Federico, cómo dirige, el bosque de los espíritus es real y la casa encantada de Giulietta cuelga entre las ramas de los árboles, los árboles los sostienen los decoradores, los decoradores irán a cobrar semanalmente a la cola de los comparsas, esperarán ante la ventanilla donde vuelan los billetes de banco que reparten los productores, esas calvas orondas, brillantes, lustrosas, los ojos cegados por el incendio de los habanos, los habanos que crujen mientras hablamos Fellini y yo en este despachito”. (“Diálogos con la cultura”, págs 175-176)

(En estas semanas en las que se evocan en muchos sitios – entre ellos en el Círculo de Bellas Artes de Madrid – los quince años de la muerte del director italiano, este pequeño recuerdo de aquella inolvidable entrevista que mantuve con él)

(Imágenes: Marcello Mastroianni y Claudia Cardinale en  “8 1/2”, de Federico Fellini/  Giulietta Masina en el cartel de la película “Giulietta de los espíritus“)

HONRADEZ Y OBJETIVIDAD

“Escuchar a una persona que habla no es como volverla a escuchar a través de un aparato – decía Oriana Fallaci al repasar sus entrevistas en el magnetofón para publicarlas en “L’ Europeo”-. Lo que oyes cuando tienes un rostro ante ti no es nunca lo que oyes cuando tienes una cinta que gira. Unos ojos brillantes, unas manos que accionan, convierten a veces en aceptable la frase más idiota; pero sin esas manos, sin esos ojos, la frase aparece en toda su desconcertante idiotez. Por el contrario, una nariz desagradable, una actitud cohibida, desvalorizan a veces la frase más rica; y sin esta actitud, sin esta nariz, la frase adquiere toda su consoladora riqueza”.

Releo todo esto en el  prólogo a su libro de entrevistas  “Los antipáticos” (Mateu ) ahora que la figura de la periodista italiana es nuevamente noticia al publicarse su obra póstuma “Un sombrero lleno de cerezas” que acaba de lanzar Rizzoli. Oriana Fallaci fue una temible y extraordinaria entrevistadora a la que Kissinger quiso a su vez interrogarla antes de ser interrogado por ella como la propia Fallaci narra en “Entrevista con la historia” (Noguer),  y mantuvo también diálogos memorables, por ejemplo con Ingrid Bergman, con Federico Fellini o con la Duquesa de Alba. Con la Bergman confesó que era la primera entrevista que ella hacía ayudada con el magnetofón y la idea de depender de un objeto mecánico le ponía nerviosa; también la actriz  se puso nerviosa. “Pero nos animamos- dijo Fallaci -, y al fin todo resultó muy fácil”.

Pero en los dos prólogos a estos dos excepcionales libros de entrevistas, el nervio de la escritora italiana aparece como recordatorio de su personalidad debatida, una mujer que atrajo adhesiones y negaciones. En “Entrevista con la Historia” evoca estas palabras de Bertrand Rusell: “No te preocupes. Lo que sucede en el mundo no depende de ti. Depende del señor Kruschev, del señor Mao Tse-tung, del señor Foster Dulles. Si ellos dicen “morid”, moriremos. Si dicen “vivid”, viviremos”. “No consigo aceptarlo – añade Oriana Fallaci -. No consigo prescindir de la idea de que nuestra existencia dependa de unos pocos, de los hermosos sueños o de los caprichos de unos pocos, de la iniciativa o de la arbitrariedad de unos pocos. De estos pocos que, a través de las ideas, los descubrimientos, las revoluciones, las guerras, tal vez de un simple gesto, el asesinato de un tirano, cambian el curso de las cosas y el destino de la mayoría”.

 Por su parte, en el prólogo a “Los antipáticos“, al justificar las presentaciones que ella desea hacer a cada entrevista para enmarcarla luego dentro de un libro, escribe que “esto no será del agrado de los cultivadores del periodismo objetivo, para quienes el juicio es falta de objetividad; pero esto no me preocupa lo más mínimo. Lo que ellos llaman objetividad no existe. La objetividad es hipocresía y presunción, puesto que parte del supuesto de que quien comunica una noticia o facilita un retrato ha descubierto la verdad de la Verdad. Una noticia o un retrato no prescinden jamás de las ideas, de los sentimientos y de los gustos de quien suministra la noticia o el retrato. (…) Existe, puede existir, pues, sólo la honradez de quien facilita la noticia o el retrato: con esta honradez he escrito mis prologos”.

Oriana Fallaci como siempre, debatida, apasionada, independiente, lúcida, rebelde.

(Imágenes: Oriana Fallaci:especiales.diariosur.es/elmundo.es/beppegrillo.it)

SEIS MESES / OCHO 1/2

Hace ahora cuarenta y tres años – en la mañana del 24 de febrero de 1965 – estuve en Roma con Federico Fellini que rodaba en aquel momento “Giuletta de los espíritus“. La entrevista con el célebre director italiano la recogí en mi libro

Diálogos con la cultura.

Se le ve que Fellini – escribí entonces -, recostado en este sillón, mira los exteriores del bosque donde Giulietta Masina está bajando del árbol, descendiendo de la casa de ramas, descubriendo con ojos de payaso el suelo. El despacho en que charlamos huele a bosque, el bosque huele a decorado, los decorados los clavan los carpinteros, a los carpinteros los pagan los productores. Huelen los productores a bosque, esperan en la sombra, con sus puros habanos encendiendo sortijas en la oscuridad, a que nosotros terminemos. Suena el teléfono. Fellini se levanta, habla, cuando vuelve dice que Giulietta de los espíritus quiere tenerla montada pasado mañana.

Ahora, el 25 de febrero de 2008 este blog Mi Siglo cumple sus seis meses de vida en el espacio. Vaya hoy, como recuerdo y homenaje al gran Fellini, la luminosa pasarella final de “Ocho y medio”  que ofrezco en este video:

LOS GATOS VIEJOS

“Los escritores son a veces como los gatos viejos: desconfían de todos los demás gatos viejos, pero son bondadosos con los gatitos”, decía Malcolm Cowley en el prólogo de Writers at Work – la colección de entrevistas de The Paris Review. Las célebres entrevistas se empezaron a publicar en 1953 y los profesionales fueron de dos en dos a ejercer su oficio después del memorable encuentro que el novelista inglés Forster mantuvo con los que fueron a verle. La revista necesitaba nombres famosos en su portada, pero no disponía de fondos necesarios para pagar sus colaboraciones. George Plimpton, el director, tuvo una idea feliz: “Conversemos con ellos y publiquemos lo que nos digan”.
Ahora acaba de aparecer una nueva serie de las entrevistas de The Paris Review con edición y prólogo de Ignacio Echevarría (El Aleph). Como decía Robert Musil, la entrevista “es la forma artística de nuestra época; la belleza capitalista de este género reside en que el entrevistado hace todo el trabajo espiritual y no recibe nada por él, mientras que el entrevistador no hace en realidad nada pero percibe sus honorarios por ello”. No es exactamente así ni es absolutamente justo calibrar este quehacer periodístico tan superficialmente, pero es indudable que ha habido opiniones para todo. Fellini le decía a Liliana Betti: “¿qué sentido tiene todo este ritual increíble de preguntas y respuestas? La concesión de una entrevista a cualquiera, sobre cualquier cosa, en cualquier ocasión, se está convirtiendo en la forma más pervertida de un sistema informativo que ha asumido proporciones delirantes”. Y contestando a L`Arc en 1971 añadía el director italiano defendiéndose de quienes siempre le preguntaban lo mismo: “Miren, la respuesta número 2005”. Pero quizás el juego del viejo gato y los gatitos en el caso del autor de La Strada se encuentre reflejado de forma fascinante en la entrevista-persecución que hiciera Oriana Fallaci en su diálogo “Famous Italian Director” recogido en su libro Los antipáticos.
Otro de los viejos gatos universales que se ha sabido mover excepcionalmente entre quienes maullaban en torno suyo ha sido García Márquez. “A quien soy incapaz de negar nada- decía el colombiano – es a los periodistas. Yo ejercí periodismo durante muchos años. Siento enorme gratitud por el oficio”. Y sin embargo siempre ha detestado las entrevistas, y cuando una muchacha se presentó con la idea para un libro titulado “250 preguntas a García Márquez“, el escritor se la llevó a tomar café “y le expliqué -decía- que si yo contestara 250 preguntas, el libro sería mío”.
El ronroneo de los viejos gatos negros o blancos, escurridizos o cálidos, erizados, crispados, juguetones, deslizándose misteriosos por alfombras de diálogos no tendría fin. Habría que citar a Tolkien que protestó :”Mi trabajo necesita concentración y paz de ánimo”. Habría que citar a Hemingway: “El hecho de que esté interrumpiendo un trabajo serio para responder a estas preguntas demuestra que soy tan estúpido que debería recibir un severo castigo. Lo recibiré. No se preocupe”, le dijo a George Plimpton.
Habría que citar también a los gatos secretos, aquellos que ocultan o cierran los ojos ante los fotógrafos: Thomas Pynchon, J. D. Salinger. William Styron exageró de Salinger: “Nadie le ha visto nunca. Recientemente se decía que Salinger no existía; que, en realidad, era Mailer. Sí, ha sido Nelson Algren quien ha lanzado este bulo: nunca se les ve juntos. Nelson ha llegado a la conclusión de que Salinger era Mailer disfrazado, o al contrario”.

¿QUÉ ES LA VIDA?

Pasó de repente Federico Fellini ante él y le preguntó : ¿ Puede explicarse la fantasía?. Pasó enseguida André Roussin a su lado y le interrogó: ¿Qué es la belleza?. Daba vueltas y vueltas con las preguntas, giraba con todas las cuestiones. Vio que se acercaba Galina Ulanova, la primera bailarina del Bolshoi de Moscú, y le lanzó : ¿Qué sentido tiene bailar?. El gran periodista italiano Enzo Biagi no se cansaba nunca de preguntar. Veía apasionantes respuestas por las calles, en los rostros, en los ojos inteligentes. ¿Por qué yo soy blanco y él negro?, le interrogó un día a Margaret Mead. Como vio que llegaba también a toda velocidad Enzo Ferrari le detuvo un segundo: ¿Por qué el hombre quiere ganar?. Y nada más salir disparado Ferrari hacia las curvas le interesó saber además qué son las ideas, por qué lloran los árboles, cuándo es hermosa una obra de arte o cómo se convence más a los animales, ¿con la dulzura o con la fuerza?

En cuanto le contestaron todos corrió a preguntar más: Por favor, ¿ cree usted que pueden fabricarse Mozart y Einstein?, le consultó a Asimov. ¿ Por qué reímos?, le dijo a Jacques Tati.

No se detenía. Vivió con la curiosidad abierta los ochenta y siete años que ha vivido, muerto ayer en Milán tras una larga carrera de preguntas.
Dicen que al entrar en la eternidad preguntó enseguida : Entonces, ¿ cómo puede definirse la vida?