TWOMBLY Y LA ESCRITURA

“No conozco otro artista visual occidental— decía John Berger en 2002 — que haya creado una obra que visualice con colores vivos el espacio mudo que existe entre las palabras y alrededor de ellas.¡ Cy Twombly es el maestro pictórico del silencio verbal!

 

Se ha dicho que la pintura de Twombly parece caligrafía o que es una especie de “ escritura”. Algunos críticos han visto semejanzas entre sus lienzos y los grafitis  pintados en los muros. Tiene sentido. En mi experiencia, sin embargo, sus pinturas hacen referencia a algo más que a los muros que miro al pasar en las ciudades o los muros en los que yo también garabateé nombres y dibujé diagramas en algún momento de mi vida; sus cuadros, tal como yo los veo, tocan algo fundamental en la relación del escritor o escritora con su lengua.

 

Los escritores  luchan continuamente  contra la lengua que utilizan por conseguir la mayor claridad, o, para ser más exactos, luchan contra el uso común de esa lengua. Los escritores no ven la lengua con la  claridad y la legibilidad de algo impreso. Más bien la ven como un territorio lleno de cosas ilegibles, caminos ocultos, callejones sin salida, sorpresas y oscuridades. Su mapa no es un diccionario, sino el conjunto de la literatura y, tal vez, todo lo que se haya dicho alguna vez. Sus oscuridades , sus sentidos perdidos, su retraimiento aparecen por muchas razones: por la manera en la que las palabras se modifican unas a otras, se borran unas  a otras, porque lo no dicho siempre cuenta tanto como lo dicho, o más, y porque la lengua nunca puede abarcar todo lo que significa. La lengua siempre es una abreviación.

 

 

(… )  Para mí, los cuadros de Cy Twombly son paisajes de ese territorio desconocido y, sin embargo, familiar. Algunos de ellos parecen expuestos a un sol cegador del mediodía, otros, como si hubieran sido encontrados al tacto por la noche. En ninguno de los dos casos cabe recurrir al diccionario, pues la luz no lo permite. En estas misteriosas pinturas, tenemos que contar con otras precisiones : del tacto, del anhelo, de la pérdida, de la expectación.”

 

(Imágenes— Twombly -1- 2008- artnet/ 2-Twombly / 3- 1983/ 4-2006/ 5–1970)

EL ARTE DE LA ESCRITURA (y 3)

 

“Puede ser que acompases tus palabras  —recuerda el escritor chino Lu Ji — con una rima tan pobre y tan escasa que, al final, sólo quede una huella imperceptible y una inmensa soledad. Así, quizá, esa rima se suspenda en el silencio sin otra nota que pueda secundarla, o se alce en el espacio, donde ni los ecos puedan responderle. Es igual que tocar una sola cuerda en un instrumento. Sonará clara y limpiamente, pero no habrá música acordada. Puede ocurrir que se tiña tu melodía de un tono tan débil y fatigoso que las palabras, inútilmente, serán långuidas. Esto es una única forma de belleza y fealdad compuesta. Una sustancia excelente pero cargada de imperfecciones. Es igual que los laúdes que suenan precipitándose en el patio. Entre ellos hay respuesta pero falta armonía.

Quizá abandones la Razón y prefieras quedarte con lo extraño, en una persecución de lo minúsculo, en un afán inútil de vacío. Así, no habrá emoción en las palabras, tampoco habrá ternura. Melodía que flota suspendida y no regresará. Es como una cuerda muy fina pero tañida violentamente. Puede ser que haya armonía pero no auténtica emoción..

Supón que el texto es de una límpida pureza, de una fina contención, eliminando lo complejo, abandonando siempre lo excesivo. Pero quizá le falte ese sabor antiguo de las pócimas secretas, rituales. Igual que las claras vibraciones  de las  cuerdas carmesíes de una cítara. Y es que, aunque uno cante y tres en coro le respondan, todo ello puede resultar digno y elegante, pero no grandioso.”

 

(Imágenes—1-Zhang  Xiagogan – 2007/ 2- Lín  Schunxiong)

EL ARTE DE LA ESCRITURA (2)

 

 

“Así es el comienzo: se interioriza la visión, se adentran los sonidos. Se demora el pensamiento y todo se interroga. El alma galopa hacia los ocho confines del espacio. El espíritu viaja errante por alturas infinitas —dice el chino Lu Ji —. Al acercarse, la emoción poco a poco se convierte en luz. Las cosas se reflejan e intercambian su claridad. Y es que al beber la esencia de las palabras dichas y escritas, paladearás el muy dulce sabor de los Clásicos. A la deriva, entre cielos y abismos, te dejarás llevar por la gran corriente, bañándote en las aguas del manantial, internándote en su profunda hondura. Y esas frases sumergidas que se esconden y se agitan, serán como pájaros inquietos que, mordiendo el anzuelo, emergerán desde el fondo más insondable. Y las otras delicadas bellezas, vagando ingrávidas y errantes, serán como pájaros de alto vuelo que, cazados con flecha y con cuerda, caerán en picado desde las nubes más altas.

Haz acopio de palabras y de frases no usadas por más de cien generaciones. Escoge rimas perdidas y olvidadas desde hace miles de años. Desdeña las flores marchitas, ya abiertas, del amanecer, y quédate con los brotes tiernos, aún cerrados, de la noche. Así, verás pasado y presente en un único instante, y abarcarás los inmensos mares en tan sólo un abrir y cerrar de ojos.”

 

 

(Imágenes —1-Xue Liang- 2003/2.- Zhang daquian)

SALIR DEL NOCTURAMA

 

”Esta mañana en mi cuarto de trabajo, en casa, me han rodeado como siempre que escribo murciélagos y jerbos de Egipto, erizos, búhos y lechuzas nativos, zarigüeyas australianas, martas, lirones y lémures que saltaban de rama en rama, corrían velozmente de un lado para otro entre mi cuaderno y mis libros, y también por el suelo de arena amarillo grisáceo o desaparecían de pronto en el bambú. Me había sentado un rato con Sebald para leer juntos “Austerlitz” y la verdad que de toda la mañana solo persiste en mi recuerdo el mapache, al que observé largo rato mientras  él estaba con rostro serio caminando junto a mi ordenador, lavando una y otra vez el mismo trozo de manzana, como si confiase en poder escapar mediante esos lavados, que iban mucho más allá de toda meticulosidad razonable, aquel mundo falso al que, en cierto modo sin comerlo ni beberlo, había ido a parar.

Por lo demás, de los animales que albergaba el Nocturama de Amberes en donde yo estaba escribiendo, sólo recuerdo que varios de ellos tenían unos ojos sorprendentemente grandes y esa mirada fijamente penetrante que se encuentra en algunos pintores y filósofos que, por medio de la contemplación o del pensamiento puros, tratan de penetrar la oscuridad que nos rodea. Además, creo que me rondaba también por la cabeza la pregunta de si, al caer la verdadera noche, cuando el zoo se cerraba al público, encendían para los habitantes del Nocturama la luz eléctrica, a fin  de que, al hacerse de día sobre su universo en miniatura invertido, pudieran dormir con cierta tranquilidad…

Por entonces – era el fin de la mañana – me llamaron a comer. Tardé mucho en poder salir del Nocturama. Me rodeaban todos los animales puesto que cuando uno escribe arrastra durante mucho tiempo lo vivido. Por eso, ya en el comedor y ante mi plato, sin  duda provocado por la visita al zoo con mi lectura y con mi pluma, seguí viendo las jaulas para leones y leopardos empotrados en los nichos de mármol y acuarios para tiburones, pulpos y cocodrilos. Estuve largo tiempo esperando a que se fueran del comedor pero no se fueron. Es la pasión por la escritura.”

José Julio Perlado

 

 

(Imagénes- 1-Stanley Spencer/ 2- tapiz de mitad del siglo XlX)

COCINA Y ESCRITURA

objetos.-7red.-cocina.-interiores.-Kelley Somer

 

“Escribir se parece a cocinar – decía Bioy Casares – Yo siempre quise saber algo de cocina, porque suelo imaginarme en un lugar solitario y tener que valerme por mí mismo, y me alarma pensar que no sé nada, porque saber escribir equivale acaso a la ignorancia universal en cuestiones prácticas. Entonces pido recetas y pregunto: “¿cómo se hace tal plato?”. Me contestan: “Es muy fácil. Pones tal cosa y tal otra, en cantidad suficiente”. ¡Cantidad suficiente! ¿Qué es cantidad suficiente? A lo mejor, escribir bien consiste en saber, en todo momento de la composición, cuál es la cantidad suficiente (…) Para escribir  bien hay que escribir mucho, hay que pensar, hay que imaginar, hay que leer en voz alta lo que uno escribe, hay que acertar, hay que equivocarse, hay que corregir las equivocaciones, hay que descartar lo que sale mal. Si vamos por mal camino y vemos que no tenemos esperanza, dejemos eso y empecemos otra cosa, o retomemos la idea de manera diferente, en la esperanza de, a lo mejor, ser una persona distinta. El consejo para los que empiezan a escribir es evidente: que lean mucho, que traten de leer buenos libros, que no sufran en su amor propio por errores cometidos, que se alegren de corregirlos y de aprender”.

 

cocina- nhu-Kelley Somer-liveinternet ru

 

(Imágenes.-: Kelley Somer -liveinternet.ru)

LECTURAS Y ESCRITURAS

lectura.-51aq.-Susan Ricker Knox.-1874-1959

 “La misma exactitud inteligente que nos lleva a escribir cosas buenas – se lee en los“Caracteres”de La Bruyère – nos hace temer que no lo sean bastante para merecer el ser leídas. Un talento mediocre cree escribir divinamente; un talento sólido cree escribir razonablemente.”

escribir.-ttrrbn.-Pierre Bonnard.-

“No se escribe sólo para ser comprendido, sino que al escribir es necesario, al menos, hacer comprender cosas bellas. Hay que poseer una dicción pura y emplear términos adecuados, es cierto; pero hace falta que esos términos tan propios expresen ideas nobles, vivas, sólidas y que encierren un sentido muy bello. Es hacer un mal uso de la pureza y de la claridad del discurso ponerlos al servicio de una materia árida, infructuosa, sin gracia, sin utilidad, sin novedad. ¿De qué les sirve a los lectores entender fácilmente y sin trabajo cosas frívolas y pueriles, a veces insípidas y vulgares, y quedar menos inseguros del pensamiento de un autor que aburridos de su obra?”

lectura.-5fr77.-jardín.-Frank Bramley

“Todo escritor, para escribir con claridad, debe ponerse en el lugar de los lectores, examinar su propia obra como algo nuevo para él, que lo lee por vez primera, en la que no tiene nada que ver y que hubiera sido sometido a su crítica por el autor, y, además, convencerse de que no le entienden a uno porque uno mismo se entienda, sino porque, en efecto, se es inteligible.”

lectura.-5vdd.-Sir John Lavery

“El que al escribir atiende sólo al gusto de su siglo piensa más en su persona que en sus escritos; hay que tender siempre a la perfección, y así, cierta justicia que a veces nos niegan nuestros contemporáneos, la posteridad sabrá rendírnosla.”

lectura.-revvb.- Louis le Brocquy.-1939

“Cuando una lectura eleva el espíritu e inspira sentimientos nobles denodados, no hay que buscar otra regla para juzgar la obra; es buena y hecha por mano experta.”

lectura.-rrtbh.-James Abbott McNeill Whistler.-1859

 Cuando cierro los “Caracteres”- siempre me acuerdo de la frase de Descartes: “la lectura de todo buen libro es como una conversación con los hombres más esclarecidos de los siglos pasados; una conversación selecta, en la cual no nos descubren sino sus mejores pensamientos.”

(Imágenes:- 1.-Susan Richter Knox.- 1874/2.- Pierre Bonnard/3.- Frank Bramley/4.- Sir John Lavery/5.- Louis le Brocquy/ 6-James Abbott Mcneill  Whistler.-1859- Museo de arte de Cleveland)

JIRONES DE ESCRITURA

Cuenta Claudio Magris en “Alfabetos” (Anagrama) que su formación de lecturas no sólo comenzó en Salgari y Kipling, pasó luego por Lucrecio, Leopardi, Dante y Kant, se extendió después a Tolstoi, Guimaraes Rosa, Faulkner, Sábato, Melville, Kafka, Canetti, Svevo, Dickens, Goldoni, Cervantes, Sterne, Gadda y  tantos otros, sino también bebió en “fragmentos, inscripciones fúnebres o pintadas de taberna, jirones de escritura que, como decía Kafka, me han golpeado de un puñetazo”. Y Magris añade: “otro gran hallazgo ha sido la autobiografía de Alce Negro, el indio sioux. Es una autobiografía escrita por alguien que vive realmente arraigado en la totalidad de la vida, que mira la vida desde lo alto de una colina, que piensa – y dice – que vivir es amar todas las cosas verdaderas. Pero en este libro el narrador habla también de un personaje, Caballo Loco, el famoso indio asesinado por los soldados americanos después de haberse rendido, que se pasea durante la noche en el campamento indio y se comprende que es un hombre inquieto, un hombre fuera de su sitio, ajeno al sentido armonioso de la vida de Alce Negro. No sé si Alce Negro, aunque lo retrata admirablemente, era capaz de entender a Caballo Loco o si Caballo Loco podía comprender fácilmente a Alce Negro. Creo que quizá fuera más probable que Caballo Loco, el Hamlet caído por error entre los pieles rojas, como Saúl en el Antiguo Testamento, podía comprender a Alce Negro, su hermano de tribu y su auto-creador más que al revés. Pero no lo sé con certeza”.

Lo que sí se sabe con certeza es el caudal tan enriquecedor y diverso de lecturas que recoge la formación de Magris. Jirones de páginas y jirones de escrituras múltiples -algunas trazadas sobre paredes y otras divisando colinas y campos -, ambición y obsesión de lecturas que recuerdan aquella célebre expresión del Quijote en su Primera Parte: “Estando yo un día en el Alcaná de Toledo, llegó un muchacho a vender unos cartapacios y papeles a un sedero: y como yo soy aficionado a leer aunque sean los papeles rotos de las calles, llevado desde mi natural inclinación tomé un cartapacio de los que el muchacho vendía…”

Y así Magris se detuvo a leer a a Alce Negro y a seguir la historia de Caballo Loco.

(Imágenes:-1.-sobre Jane Austen.-foto Eamon McCabe/ 2.-Caballo Loco.-elabrevadero.com)

MANUSCRITOS EN PANTALLA

Becquer escribía sus Rimas en prosaicos libros de contabilidad, Galdós, Pereda y Pardo Bazán solían hacerlo en cuartillas apaisadas, a veces reutilizadas en el reverso de otros escritos (en el caso de Galdós se han encontrado apuntes o versiones desechadas de novelas). Otros poetas españoles improvisaban sus composiciones en folios, cuartillas u octavillas de papel de mala calidad. Ramón Gómez de la Serna escribía con tinta roja sobre papeles amarillos y empleando a la vez varias plumas estilográficas sobre distintos borradores. Curiosamente esa tinta roja se utilizó siglos antes para trazar una raya vertical a lo largo de las iniciales, en lo que entonces – en los monasterios – se conocía por rubricar.

¿Es ahora el fin del manuscrito con el teclear ante la pantalla del ordenador? Parece ser que sí. “Las diferencias emotivas entre el texto domesticado y encerrado en el ordenador – recordaba un gran especialista – nos lleva a pensar que la escritura, cuando ésta es manuscrita, traza en su recorrido las etapas sucesivas de la creación, la respiración, el pensamiento del autor, el gesto de su mano, incluso sus arrepentimientos“.

Borges en “El Aleph”, Beckett en “El innombrable“, Keats en sus Cartas o Barrington, por ejemplo, certificando el don de Mozart para la música, nos traen cada uno de ellos el tono del pulso (incluso los ritmos interiores) al oprimir los dedos sobre el papel. Auster confiesa que siempre ha trabajado con cuadernos de espiral y que prefiere las libretas de hojas sueltas. “El cuaderno – declara – es una especie de hogar de las palabras. Como no escribo directamente a máquina, como todo lo escribo a mano, el cuaderno se convierte en mi lugar privado, en un espacio interior…Naturalmente, acabo utilizando la máquina de escribir, pero el primer bosquejo siempre está escrito a mano”. “Con la nieve – dice Beckett en enero de 1959, en su casa de campo de Ussy -, el cuaderno escolar se abre como una puerta para permitir que me abandone en la oscuridad”. Ya desde hace años las grandes Bibliotecas del mundo aceptan en su sección de manuscritos los originales de un autor mecanografiados, puesto que la máquina de escribir se ha considerado siempre un instrumento, igual que la pluma, que el autor ha utilizado según su necesidad, añadiendo luego, de su mano y con pluma, las pertinentes correcciones. Pero el ordenador es distinto: suprime el procedimiento intermedio – el original, el manuscrito – para realizar directamente la impresión.

Hemingway escribía en muchas ocasiones de pie y sobre un atril. También Tabucchi, apoyándose sobre un alto arcón, a causa de sus problemas de espalda. Pero lo importante en este caso no es la postura sino el soporte elegido. Como Auster, Tabucchi confiesa, como tantos otros, que escribe a mano, “en viejos cuadernos de tapas negras, que cada vez tengo más dificultad en encontrar. Los suelo comprar en una vieja papelería de Pisa, pero no siempre los tienen, por lo que debo encargarlos a Lisboa, donde todavía se encuentran en tiendas tradicionales, o bien abastecerme de una buena reserva en mis viajes a Portugal. Escribo en la página de la derecha y dejo la izquierda para posibles correcciones. Utilizo el cuaderno porque no sé escribir a máquina, escribo con un solo dedo. Si escribiera a máquina creo que podría hacer poesía concreta“.

(Imágenes:- 1.-manuscrito de Samuel Beckett.-Biblioteca Nacional Francesa/ 2.-manuscrito de “El Aleph” de Borges.-Biblioteca Nacional.-Madrid/ 3.-manuscrito de John Keats.-silvisky5-files/4.-fragmento de códice de “Las virtudes y las artes” de Nicolo da Bologna.-Biblioteca Ambrosiana de Milán.-divulgamat.ehu)

TRANSFORMACIÓN Y CONTEMPLACIÓN

paisajes.-w98.-por Asami Yoshiga.-Dillon Gallery.-Russinche Kunstler.-artnet“¡Tantas manos para transformar este mundo, tan pocas miradas para contemplarlo!”, escribió Julien Gracq. Ahora, cuando acaba de publicarse su pequeña obra “La literatura como bluff (Nortesur), versión española de “La littérature à l`estomac” aparecida en 1950, vuelvo a las ocasiones en que en Mi Siglo hablé de Gracq, aquel gran escritor francés.

La transformación del mundo y la contemplación del mundo. “La contemplación no descansa hasta que encuentra el objeto de su ceguera”, dijo un gran crítico de arte. Acaso nos asombra la continua transformación del mundo y en cambio no nos detenemos a contemplarlo. Muchos, sin embargo, se han dedicado gozosamente a enseñar a los demás cómo contemplar. Recuerdo unas palabras del escritor español Torrente Ballester: “Hoy he llamado a mis hijas y les he enseñado a escuchar la noche, les dije quese había encendido“, y tuve que explicarles la metáfora. Una me preguntó que por qué cantan los pájaros: le respondí que a causa de una especie de afirmación de sí mismos y de su espacio vital”.

Una lección de cómo contemplar y de cómo poder contar – cantar – una contemplación.

(Imagen: “Invitacion Pond”- Asami Yoshiga.-Dillon Gallery.- New York.-artnet)

EL BLOG ANTE EL ESPEJO

escribir.-2244.-por Lorraine Pritchard.-código de anotaciones.-Craig Scott Gallery.-photografpe.-artnetUno de los textos más certeros que yo conozco analizando el fenómeno de los blogs es el que copio esencialmente aquí, publicado por Juan Pedro Quiñonero en la RevistaTrama- Texturas“, número 1.-diciembre de 2006, páginas 133-134:

“La libre y gratuita publicación de blogs o cuadernos de bitácoras alimenta la ilusión de que cualquier cosa presuntamente “informativa”, “literaria” o “artística” tiene un interés cierto, no siempre confirmado por una realidad víctima de la polución, la nadería y la insignificancia.

Sobre la metamorfosis en curso de los medios de comunicación e incomunicación de masas hay una bibliografía de oceánicas proporciones. Está por estudiar la importancia no menos creciente de los blogs y los “medios digitales” desde la óptica de su condición -¿que también es la suya? – de nuevos y eficaces instrumentos de la propagación del odio, la mentira, el descarrío y la intoxicación de las almas, conducidas al infierno de la nadería desalmada.

La proliferación de “diarios personales” (propagados, con frecuencia, por los más avispados comerciantes de ideas y de almas muertas) pretende fundar la existencia de “nuevas formas” de expresión literaria, ¡como si fuera suficiente la publicación para conferir algún valor a la nadería! La literatura tiene en nuestra civilización 2.500 o 3.000 años de historia. La arcilla cocida, el papiro, el papel, el cuaderno, el libro impreso, fueron meros instrumentos o herramientas de difusión de la obra. Lo esencial, para Aristóteles o para un moderno blogógrafo, son las palabras, las ideas, la retórica, el estilo del creador.(…) Sobre los nuevos medios, herramientas y cuadernos de trabajo literario hay mucho ruido y menos nueces. ¿Cómo dudar de la seducción que puede ejercer un blog entre los jóvenes escritores? ¿Cómo no recordar que la escritura exige una disciplina y rigor que no siempre es visible en el insondable océano de la blogosfera? ¿Cómo callar que lo que más abunda es la basura aventada por las mafias gremiales…?

(…) La ilusión del “todo es arte” y la proliferación de “hilos” blogográficos con infinitas opiniones, sobre todo lo divino y humano, quizá también nos hablan, para mi sensibilidad, de la tiranía contemporánea del mal gusto, la ignorancia y la nadería.

(…) La web es un maravilloso océano donde se difunden, circulan y agonizan noticias, ideas y nuevas creaciones. Pero el lector de blogs y cuadernos de bitácora es de una misteriosa volatilidad. La lectura de Shakespeare o Cervantes ha  atraído a millones de lectores, desde hace siglos. Pero la lectura requiere atención y constancia durante intervalos de tiempo relativamente prolongados. El lector de blogs navega, busca, encuentra y vuela, sin volver siempre a los lugares  virtuales donde es difícil detenerlo más allá de unos cortísimos segundos o minutos, acaso”.

lectura-espejo.-A.-Rimma Gerlovina and Valeriy Gerlovin.-2001.-Lisa Sette Gallery.-Scottsdale,.USA.-photografie.-artnet

De este texto tan certero he destacado en negrita aquello que,  al menos para mí, es más relevante. Escritor, periodista y autor de un importante blog – Una temporada en el infierno -, el espejo que Quiñonero coloca al borde del camino por donde los blogs pasan recuerda a todos algo muy básico:  la atención por la lectura y el rigor de la escritura. La volatilidad  (aplicada al ojo o a la mano) está siempre reñida con el rigor y con la pausada atención. El ojo -no puede olvidarse –  debería encontrar su descanso en el valor de la belleza y la verdad y la mano sujetar la disciplina – difícil – del escribir. 

(Imágenes: 1.-code notations 4.-Lorraine Pritchard.-Craig Scott Gallery.-Toronto.-Canada.-artnet/ 2.- Translucent Book. 2001 -.Rimma Gerlovina and Valery Gerlovin.-2001.-Lissa Sette Gallery.- Scottsdale .-USA.-artnet)

LA CENIZA Y EL LÁPIZ

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“De hecho – dice el gran escritor suizo Robert Walser  hablando sobre la ceniza -, sólo con una penetración algo profunda de ese objeto aparentemente tan poco interesante pueden decirse muchas cosas, por ejemplo que, si se sopla la ceniza, no hay en ella lo más mínimo que se niegue a dispersarse al instante volando. La ceniza es la humildad, la intranscendencia y la falta de valor mismas y, lo que es más hermoso, ella misma está obsesionada con la creencia de no valer nada. ¿Se puede ser más inconsistente, más débil y más insignificante que la ceniza? Sin duda no es fácil. ¿Hay alguna cosa que pueda ser más transigente y paciente que ella? No, desde luego. La ceniza no tiene carácter y está más alejada de todo tipo de madera de lo que lo está la depresión de la alegría desbordante. Donde hay ceniza, en realidad no hay nada. Pon tu pie sobre la ceniza y apenas notarás que has pisado algo”.

Estas palabras nos recuerdan el dorso de la vida, la superficie escondida bajo tanta vanidad y brillantez con la que  nos gusta convivir. Hace pocos días, hablando aquí de Gógol, lo veíamos por las calles de San Petersburgo con sus andares de loco pacífico. Extraordinarios escritores como W.G. Sebald han recordado queWalser y Gógol perdieron poco a poco la capacidad de dirigir su atención al centro de los acontecimientos de la novela y se dejaron capatar, en cambio, de una forma compulsiva, por las criaturas extrañamente irreales que aparecían en la periferia de su campo de visión, sobre cuya vida anterior y ulterior nunca sabemos lo más mínimo.(..) Walser y Gógol tienen también la falta de hogar, lo horriblemente provisional de su existencia, su prismático cambio de talante, el pánico, el sombrío humor, impregnado de un negro dolor de corazón, la interminable profusión de papelitos y precisamente la invención de todo un pueblo de pobres almas, de un cortejo de máscaras que prosigue sin cesar, con fines de mistificación autobiográfica” (“El paseante solitario. En recuerdo de Robert Walser“) (Siruela).cuaderno-cvcb-untitled-por-brigida-baltar-2004-galeria-nara-roesler-brasil-artnet

 Papelitos. Lápices. Sobre la “lapicería”  de Walser ya hablé en Mi Siglo. Lo mismo que sobre sus paseos. Y los papelitos en los que escribía sus microgramas me recuerdan a los papelitos escondidos en los bolsillos  que llevaba Stravinsky en los aviones para apuntar intuiciones, o a los papelitos con los que cruzaba las calles Juan Rulfo preparado para cualquier pensamiento.

(Imágenes: 1.-foto: Kevin Van Aelst.-The New York Times/ 2.-por Brígida Baltar, 2004.-Galería Nara Roesler.-Sao Paulo.-Brasil.-artnet)

PAPELES ROTOS DE LAS CALLES

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Estando yo un díaescribe Cervantes en El Quijote – en el Alcaná de Toledo, llegó un muchacho a vender unos cartapacios y papeles viejos a un sedero; y como yo soy aficionado a leer aunque sean los papeles rotos de las calles, llevado desta mi natural inclinación tomé un cartapacio de los que el muchacho vendía…”, y así podríamos proseguir desgranando la vocación de lector y de escritor, la auténtica vocación de sumergirse en cuanto está escrito y de escribir cuanto aún no lo está, algo que hacen siempre auténticos escritores y lectores desde su infancia, por encima de condiciones y atmósferas adversas.

Esto lo recoge muy bien Ángel Duarte en su blog remitiéndonos al texto pronunciado hace unos días por Jean- Marie Le Clézio al recibir en Estocolmo el Premio Nobel. Allí se habla de la escritura y la lectura en tiempos difíciles:

 ” Dans les années qui ont suivi la guerre, je me souviens d’avoir manqué de tout, et particulièrement de quoi écrire et de quoi lire. Faute de papier et de plume à encre, j’ai dessiné et j’ai écrit mes premiers mots sur l’envers des carnets de rationnement, en me servant d’un crayon de charpentier bleu et rouge. Il m’en est resté un certain goût pour les supports rêches et pour les crayons ordinaires. Faute de livres pour enfants, j’ai lu les dictionnaires de ma grand-mère”.

Una vez más, pasados los siglos, los escritores que quieren serlo se las ingenian. Se escribe en el dorso de las cartillas de racionamiento y se utiliza un lápiz de carpintero.  Como no hay otra cosa, se leen los diccionarios de la abuela. Pero se lee. Se escribe y se lee a pesar de las guerras y de las posguerras. “Y como yo soy aficionado a leer aunque sean los papeles rotos de las calles…”, nos sigue diciendo siempre, a lo largo del tiempo, Cervantes.

La historia misma.

JOB Y BECKETT

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Veo las estanterías de las librerías, paseo por las mesas de novedades, hojeo las páginas recien salidas de las editoriales y recuerdo aquellas palabras de Ionesco hablando de nuestra época y de todas las demás, del esfuerzo creador, de la simplicidad de los lenguajes:

“Para pertenecer a su época – escribía Ionesco en  “Notas y contranotas(Losada) – basta una presencia, una sinceridad ciega y, por eso mismo, clarividente: se pertenece (por el lenguaje) a ella o no se pertenece, casi naturalmente. Se tiene la impresión asimismo, que cuanto más se pertenece a su época más se pertenece a todas las epocas ( si se rompe la cáscara de la actualidad superficial). El esfuerzo de todo creador auténtico consiste en deshacerse de las escorias, de los clisés de un lenguaje agotado para recuperar un lenguaje simplificado, esencializado, renaciente, que pueda expresar las realidades nuevas y antiguas, presentes e inactuales, particulares y a la vez, universales.

Las obras de arte más jóvenes, las más nuevas se reconocen y hablan a todas las épocas. Sí, el rey Salomón es mi guía; y Job, ese contemporáneo de Beckett”.

LA CASA DE MANGUEL


Aquí se escriben todas las cosas, se leen todas las cosas que se han escrito, se escribe sobre las cosas que aún no se han escrito y que sólo se han imaginado, se leen las cosas que la imaginación dictó a la mano, la mano se apoyó en un pupitre, los dedos tomaron la pluma o las yemas pulsaron música de teclado, el correr de la tinta bajó por la vena del brazo y una sangre azul fue cubriendo esta página que ahora se lee, la mano apoyada en el pupitre, los dedos pasando las páginas, las yemas acariciando los bordes, así se lee, así se ha escrito, ¿se lee primero o se escribe primero? ¿cuándo empezó la escritura?, alguien escribió aquel trazo en la roca, un signo tosco, apenas una señal para marcar el paso de un animal, bautizar un nombre, alguien se paró a leer aquel trazo, ¿quién le enseñó a leer? ¿hubo un pacto entre quien escribió y quien leyó?, el lector se alejó de la roca, quedó informado del paso del animal, incluso supo hasta su nombre, cuando llegó a la cueva él también hizo otro trazo sobre lo que había leído, escribió sobre su lectura, eran ya dos escritos y una lectura, un lector que salió a cazar al animal y un escritor que quiso adelantársele, el animal corrió, no sabía leer, no sabía escribir, los animales carecen de pupitre y de teclado y corren y corren despavoridos con su cornamenta al aire, huyen de los trazos de los hombres, de sus amenazas escritas, intuyen que son amenazas, en vez de ver pájaros o nubes o ramajes ven algo inexplicable, parece un trazo marcado por un hombre, marca de cazador, un signo, la señal para seguir, para matar, el animal huye de la escritura y de la lectura que va informando dónde acorralarle, cómo vencerle, la escritura va dando instrucciones a los que avanzan con sus coches polvorientos por los mapas, el fusil – según marca la lectura – hay que ponerlo horizontal, certero, el escritor escribió que ese animal que escapa doblará rendido antes del río y el olfato del animal huele ya el disparo antes de que se produzca, cae agotado cuando llega la bala, el dedo del escritor suelta el gatillo que va ya al teclado, la palma de la mano resbala de la culata al pupitre y las yemas vuelven a pasar los bordes de las hojas, las hojas de la lectura siguen abiertas bajo la luz cercana de la inmensa Biblioteca y la cabeza del animal cae hacia un lado y va destilando un reguero de sangre.
(Imagen: Biblioteca Británica)

COMENTARIOS A BLOGS

Al comenzar esta nueva entrada de Mi Siglo y en el momento de teclear las primeras palabras se pone a mi lado Alberto Manguel ante la mesa del ordenador para recordarme que los comentarios a los textos de los blogs podrían evocar de alguna forma a las tradicionales anotaciones que siempre se hicieron a ciertas lecturas.
– No sé si usted lo sabe – me dice Manguel -, pero Montaigne, cuya costumbre de anotar se asimilaba a una conversación, continuaba el diálogo en la contraportada del libro que estaba leyendo, incluyendo la fecha en la que lo había acabado para recordar mejor las circunstancias de ese acontecimiento. Aunque tenía libros en varios idiomas, las notas marginales siempre eran en francés (“no importa en qué idioma hablen mis libros – decía -, yo siempre les hablo en el mío), y en francés ampliaba el texto y sus notas con sus comentarios críticos.
– Pero eso no se puede hacer en los blogs -le digo a Manguel -. Los blogs carecen de contraportada. Aunque los blogs sí tienen márgenes para que la gente opine. Los comentarios, igual que el texto, quedan alineados y fijos para siempre.
– Sin embargo – me replica Manguel -, no muchas cosas han cambiado. En la página tradicional, esos espacios en blanco que quedan después de que el escritor ha tratado de vencer lo que Mallarmé llamaba “la aterradora blancura de la página”, son los espacios precisos en los que los lectores pueden ejercer su poder. Tradicionalmente, en esas aperturas entre el borde del papel y el borde de la tinta, el lector puede generar una revolución silenciosa y establecer una nueva sociedad en la que la tensión creativa ya no se genera entre la página y el texto sino entre el texto y el lector.
Estamos de acuerdo. Aunque el poderío del lector que podía alcanzar al autor no le alcanzaba sino que quedaba reducido a una anotación solitaria y personal. Ahora es distinto.
Luego Manguel me va contando lo que a su vez contaba Chateaubriand de un autor del XlX, Joseph Joubert. “Cuando leía -decía de él Chautebriand -, arrancaba de los libros las páginas que no le agradaban, y de ese modo logró formar una biblioteca completa a su gusto, compuesta de libros ahuecados dentro de cubiertas demasiado amplias para ellos”.
Vamos teniendo así una grata y larga charla Alberto Manguel y yo ante este ordenador. Me gustaría que me ampliara más historias pero ahora he de teclear las primeras palabras de esta nueva entrada de Mi Siglo.

DISPARAR SOBRE EL PRINCIPITO

Volaba en su modelo Lightning P38 tras su reconocimiento sobre la región de Annecy. Como todos los escritores del mundo llevaba en la cabeza, junto a los auriculares, todo lo que había ido redactando en los años anteriores y no veía entre las nubes el caza Jgr.200 de la Lüftwaffe, porque iba repasando en su memoria aquellos textos que él había dejado ya entre sus papeles.
“¡Nos hemos ocupado tanto del cuerpo! – iba diciéndose Saint-Exupery mientras conducía su aparato -¡Lo hemos vestido, lavado, cuidado, afeitado, abrevado, nutrido tanto! Nos hemos identificado con este animal doméstico. Lo hemos llevado al sastre, al médico, al cirujano. Hemos sufrido con él. Hemos gritado con él. Hemos amado con él. Decimos de él: soy yo. Y he aquí que, de repente, esa ilusión se derrumba. ¡Sin duda nos burlábamos del cuerpo!…¿Tu hijo está cercado por las llamas? ¡Lo salvarás! Es imposible retenerte: ¡Estás ardiendo! Te importa un bledo. Dejas en prenda esos trozos de carne a quien los quiera. Descubres que no tenías apego a lo que te importaba tanto…Se trata de salvar a tu hijo. Te intercambias. Y no tienes la sensación de perder en el cambio…El fuego no sólo ha destruido la carne, sino también, al mismo tiempo, el culto a la carne. El hombre ya no se interesa por sí mismo. Sólo se impone a él aquello de lo que es. No se elimina, si muere: se confunde. No se pierde: se recupera. Esto no es deseo de moralista. Es una verdad usual, una verdad de todos los días, cubierta por una ilusión de todos los días con una máscara impenetrable…Sólo en el instante de devolver este cuerpo descubren todos, siempre, con estupefacción, qué poco apego tienen al cuerpo”.
Recordaba, sí, iba recordando mientras volaba que aquello lo había escrito en Piloto de guerra, un año antes, en 1943, después de Vuelo de noche. Ahora seguía pilotando entre las nubes aquella novena misión, sin darse cuenta de que le seguía en el cielo aquel otro piloto alemán, Hors Rippert, el hombre que acaba de confesar que él abatió al autor de “El Principito”.
Recordaba, si, recordaba todo Saint-Exupery porque los escritores llevan siempre en la cámara de su memoria aquello sobre lo que han trabajado porque en ello han creído.
De repente sonó una ráfaga. “El aparato estaba 3.000 metros debajo de mí, cerca de Marsella. Nada más verlo, me dije: si te acercas un poco más, te voy a reventar. Le disparé y le alcancé”.
Eran las 13 horas, 30 minutos del 31 de julio de 1944.