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Posts Tagged ‘escritores franceses del siglo XX’

 

“Los reyes no tocan las puertas.

No conocen esta felicidad: empujar delante de sí con suavidad o rudeza uno de esos  grandes paneles familiares, volverse hacia él para dejarlo de nuevo en su lugar, — tener en sus brazos una puerta.

… La felicidad de enpujar del vientre, por su nudo de porcelana, uno de esos altos obstáculos de una pieza; ese cuerpo a cuerpo rápido por el cual, un instante detenida la marcha, el ojo se abre y se acomoda el cuerpo todo a su nuevo departamento.

Con una mano amistosa él la retiene todavía, antes de impulsarla con decisión y encerrarse — de lo que el clic seco del resorte poderoso pero bien aceitado agradablemente le da seguridad”.

Francis Ponge – ” Los placeres de la puerta” -Antología crítica. (Traducción de Waldo Rojas)

(Imagen- Marcel Bovis- 1938)

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“El literato envidia al pintor; le gustaría tomar apuntes, notas, pero está perdido si lo hace. Pero cuando escribe no hay un gesto en sus personajes, un tic o un acento que no le haya sido llevado a su inspiración por su memoria; no hay un nombre de personaje inventado bajo el cual no se puedan poner sesenta nombres de personajes vistos, de quienes uno fue tomado como modelo para una mueca; el otro, para el monóculo; uno, para la cólera, y otro, para el aparatoso movimiento del brazo. Y entonces el escritor advierte que si su sueño de ser pintor no era realizable de una manera consciente y voluntaria, se encuentra, sin embargo, con que lo ha sido y que también el escritor ha llevado consigo, sin saberlo, su libreta de apuntes.., pues movido por el instinto que había en él, el escritor, mucho antes de creer que lo sería algún día, omitía regularmente mirar tantas cosas que los demás tienen en cuenta, cosa que le hacía ser acusado por los demás de distracción y por él mismo de no saber escuchar ni ver, pero durante ese tiempo dictaba a sus ojos y a sus oídos que retuviesen para siempre lo que a los demás les parecería insignificancias pueriles, al acento con que había sido dicha una frase, el aspecto del rostro y el movimiento de hombros que había hecho en determinado momento tal persona, de la que quizá no se sepa nada más, hace ya muchos años de ello, y esto porque ese acento ya lo había oído o sentía que podría volver a oírlo, que era algo renovable y duradero; es el sentimiento de lo general el que en el escritor futuro elige por sí mismo lo que es general y podrá entrar en la obra de arte”.

Marcel Proust – “El tiempo recobrado”- “En busca del tiempo perdido”

 

 

(Imágenes- 1- Luke Fowler – 2001 – Nacional galleries of scotland/ 2- Vivian Maier)

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“Ciertas noches cuya suavidad se prolonga, sí, ayuda a morir el saber que volverán después de nosotros sobre la tierra y el mar. ¡ Gran mar, siempre labrado, siempre virgen, mi religión con la noche! Él nos lava y nos sacia en sus surcos estériles, nos libera  y nos mantiene en pie. En cada ola, una promesa, siempre la misma. ¿Qué dice la ola? Si tuviese que morir, rodeado de montañas frías, ignorado del mundo, renegado de los míos, agotado de fuerzas finalmente, el mar, en el último momento, llenaría mi celda, vendría a sostenerme por encima de mí mismo y ayudarme a morir sin odio”.

Albert Camus – ” El mar desde muy cerca” – “El verano” (1953)

(Imagen -Corey Arnold – Charles Hartman -fine- art- photografie – artnet)

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“No intento aquí hacer el retrato de una ciudad. Quisiera únicamente tratar de mostrar cómo ella me formó, es decir, en parte me incitó, en parte me limitó a ver el mundo imaginario al que despertaba por medio de mis lecturas, a través del prisma deformante que interponía entre ella y yo, y cómo por mi lado, ya que mi reclusión me permitía la libertad de alejarme de sus características materiales, la he remodelado según el contorno de mis ensueños íntimos, la he prestado carne y vida, según la ley del deseo más que el de la objetividad. Que ella me acompañe, pues, como uno de esos vademécums que se pasean por todas partes, que se hojean, que se anotan y que se rayan sin miramientos, agenda que se consulta siempre de manera cotidiana e inconsciente, a la vez trampolín inutilizable para la ficción y red de surcos mentales, que ha hecho que se ahondaran y endurecieran en mí los pasos que me imponía.

 

 

(…) La llegada a una ciudad siempre ha hecho que me mantuviera sumamente atento a los progresivos cambios del paisaje que la anuncian. Cuando especialmente me acerco en tren, espío los primeros signos de infiltración en el campo de las pulsaciones del núcleo urbano, y, cuando se trata de una ciudad en la que me gusta vivir, sucede que los acojo casi como si me hicieran el gesto de bienvenida que desde lejos te dirige una mano levantada en el umbral de una casa amiga. Cuando todos los años llegaba a Pornichet para pasar las vacaciones, lo que desde la distancia me advertía de su proximidad, en el corazón de la campiña interior tan melancólica, eran en un principio las copas de los pinos que sobresalían por encima de los setos vivos, luego algunas cercas como recién pintadas, después tres o cuatro villas repentinamente estrepitosas de blancura destacando contra los árboles, como chozas en un palmeral. E incluso cuando, sin transición, la estación me arrojaba de golpe a un mundo más vivo, más endomingado, más tintineante, a una muchedumbre indígena completamente morena bajo sus taparrabos, sus camisetas, sus saris resplandecientes, la primera y modesta información de la llegada seguía siendo la verdadera, aunque hubiera caído ya la mano levantada un segundo en el umbral”.

Julien Gracq -“La forma de una ciudad”

 

 

(Imágenes-1- Elliott Erwitt/ 2-tren británico -irtsociety/ 3- foto Thekia Ehling Randall- Scott gallery New York photografier)

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“Y palabras, todo eso, palabras, pues en verdad, compañeros, ¿qué otra cosa poseemos? Palabras que se encorvan bajo nuestra pluma, como insectos aniquilados en masa, palabras con grandes espinas que nos despellejan, palabras que arden bruscamente, y tenemos que aplastar ese fuego con nuestras manos desnudas, no es fácil.

Palabras cuyo amasijo disimula algunos agujeros en los que perdemos pie y resbalamos, dando gritos, pero no importa, nuestra vida está tan poco hecha de pensamiento, no os parece. Nos recobramos enseguida, continuamos hablando.

Y ya os decía yo, compañeros, ya os lo decía, ¿no es cierto que está despuntando el día? Adelante, sigamos avanzando, reunamos todos nuestros anhelos, todos nuestros recuerdos, vosotros esos gritos, esas llamadas, esos alaridos, esos sollozos, y yo con vosotros esas carcajadas, esas grandes carcajadas tan distantes desde todas partes bajo el cielo tan bajo que lo tocamos con nuestras manos tendidas. Es evidente que el día se alza, amigos míos, es evidente que rompe contra nosotros, todo lo colorea, todo se lo lleva y lo dispersa”.

Yves Bonnefoy– “Ir, seguir yendo” – “La hora presente” (2011)

(Imagen.-Robinson- nascimento)

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“El primer día de mis paseos a través de Roma, una tormenta y un aguacero diluviano me tuvieron bloqueado durante dos horas; bastante lejos por detrás del palacio de Venecia, cerca de los muelles del Tíber, bajo el porche de un antiguo palacio dividido en apartamentos. Veía a las amas de casa, con su pan bajo el brazo, su tartera en la mano, cerrar sus paraguas bajo la inmensa bóveda y después sacudir sus chanclos antes de desaparecer en la penumbra de las escaleras de mármol que se elevaban solemnes y pinas como si hubieran conducido al Hércules Farnesio o  al Laooconte. E imaginaba el frescor tenaz del verano, pero también la incomodidad sepulcral del invierno bajo los techos con frescos y en las escaleras a la Piranesi barridas por corrientes de aire. La ciudad moderna no es la única que se las apaña mal que bien en un lugar tiránicamente dispuesto para otra, también sus habitantes parecen flotar en las parcelaciones de los palazzi, como damnificados a los que se reubica en un castillo sin heredero o una abadía en desuso”.

 

Roma- nhyu- Antonio Joli- Dorotheum Vienni

 

¿Cómo imaginar que Roma, hace solo siglo y medio, conoció el tipo de silencio que sigue siendo el de los barrios de las afueras de Venecia en temporada baja? Los grabados y las pinturas románticas nos muestran la cúpula de San Pedro, aunque encuadrada desde bien cerca, medio escondida aún por grupos de árboles del campo…en el lindero de la ciudad, como podía estarlo, en París, el Arco de Triunfo durante su construcción. Las ruinas desbordaban por todas partes la escasa densidad urbana, unían el Foro, el Coliseo y las Termas con el campo de los puentes en escarpe, de las tumbas y de los acueductos. A poca distancia de su embajada, en sus escapadas nocturnas, Chateaubriand escuchaba cantar al ruiseñor “en un estrecho valle balaustrado de cañas”.  El estupor del campo repleto de ruinas penetraba por todas partes en una aldea letárgica, desconectada desde hacía tiempo de cualquier uso del tiempo laborable y que ya no escuchaba tocar las horas sino en los relojes de los conventos y los siglos”.

Julien Gracq – “Roma” (Confluencias)

 

ciudades.-yt789.-Roma.-Constante Moyaux.-vista desde la Villa Médicis en 1863

 

(Imágenes.- 1.-plaza Navona- Carlo Bossoli –digilander libero it/ 2.- Antonio Joli- Dorotheum -Viena/ 3.-Constant Moyaux– vista desde Villla Medici- 1863)

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“Hablo de piedras que siempre se han acostado al raso – escribe Roger Caillois –  o que han dormido en su yacimiento y en la noche de las vetas. No interesan a la arqueología, ni al artista, ni al diamantista. Nadie hizo con ellas palacios, estatuas, joyas, ni siquiera diques, fortificaciones o tumbas. Sus facetas no brillan en ninguna sortija, en ninguna diadema. No promulgan, grabadas en caracteres indelebles, las listas de victorias, las leyes del imperio. Ni hitos, ni estelas. Expuestas a la intemperie, aunque sin honores ni reverencias, solo dan testimonio de sí mismas.

 

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No han sido talladas con la efigie de nadie, ni hombre, ni bestia, ni fábula. No han conocido más herramienta que las que sirven para revelarlas: el martillo de exfoliar, para manifestar su geometría latente, la muela de pulir, para mostrar su grano o para despertar sus colores apagados. Han seguido siendo lo que eran, a veces más frescas y más legibles, pero siempre dentro de su verdad: ellas mismas y nada más.

 

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Hablo de piedras con más edad que la vida y que permanecen, en los planetas fríos, incluso después de que esta tuviera la fortuna de eclosionar en ellas. Hablo de piedras que ni siquiera tienen que esperar la muerte y que no tienen nada más que hacer que permitir que se deslicen sobre su superficie la arena, el aguacero o la resaca, la tempestad, el tiempo.

 

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El hombre les envidia la duración, la dureza, la intransigencia y el brillo, que sean lisas e impenetrables, y enteras aun quebradas. Ellas son el fuego y el agua en la propia transparencia inmortal, visitada a veces por el iris y a veces por un aliento. Le aportan, porque lo tienen en la palma, la pureza, el frío y la distancia de los astros, múltiples serenidades”.

 

piedras- nu- cuevas-glaciar de hielo Vatnaekyudl curiosidades com

 

(Imágenes.- 1 y 2.- dreamstine com/3.-123rf com/ 4.-pitamidesdebosnia/ 5.- glaciar- vatnaekyndl curiosidades)

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