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Posts Tagged ‘escritores españoles del siglo XX’

 

 

“Por la tarde, vamos al cine del Callaoescribe Arturo Barea – . Este cine es una barraca muy grande de madera y de lona. En la puerta tiene un órgano con muchos tambores, flautas y cornetas, y unas figuras vestidas de pajes, que dan vuelta sobre un pie, hacen una reverencia con la cabeza y tocan un instrumento con las manos. Una tiene un tambor, otra una lira de timbres y otra una pandereta. Encima de todas hay otra con una batuta que dirige la música.

 

 

Dentro el cine está lleno de bancos de madera y en el fondo está el telón y el explicador. El explicador es un hombre muy gracioso que va explicando la película y que hace chistes con las cosas que aparecen en la pantalla. La gente le aplaude mucho, sobre todo con las películas de Toribio. Toribio le llama la gente, pero es un  francés que se llama André Deed y que siempre hace cosas de risa. También hay películas de Pathé de animales y de flores, donde se ve cómo viven los bichos y cómo crecen las flores. Una vez he visto un huevo de gallina, con su clara y su yema muy  grandes que llenaban el telón. Se empezaba a mover despacio y a cambiar de forma. Primero salía como un ojo y luego se iba formando el pollito, hasta que ya estaba formado y picaba el huevo, lo rompía y salía con un cacho de cáscara pegado atrás. También se ve a los reyes en las carreras de caballos  y otras películas de los reyes que hay en el extranjero y de otras personas.

 

 

El dueño del cine, que ya nos conoce, es un hombre muy bueno que ha estado muchos años en Francia. Se llama Gimeno y a los chicos les cobra los jueves por la tarde que no hay colegio, cinco céntimos por entrar. Cuando ve que algún chico da vueltas alrededor del órgano sin entrar, le pregunta:

—¿Por qué no entras?

—No tengo cuartos – dice el chico.

Lo mira y si no es un golfillo le dice:

—Anda, pasa.

Otros chicos que no tienen cuartos se los piden a la gente que pasa por ahí, y muchos por una perra chica les compran el billete de entrada. Así que los jueves se llena el cine de chicos; los pasillos también, donde se ponen de pie los que ya no caben en los bancos. Las personas mayores no quieren ir los jueves por el escándalo que se arma, porque todos los chicos chillan y alborotan. Pero el señor Gimeno es el día que más disfruta. Lo mismo le pasa al explicador, los jueves es el día que hace más chistes y cuenta más historias disparatadas.”

 


 

(Imágenes -1- madrid ayer, hoy y mañana/ 2- cine Callao- flores en el ático/ 3- plaza de Callao – wikipedia/ 4- Gran Via – aga- el mundo)

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“Yo conocí a una santa siendo niño, y nunca me fue acordada mayor ventura. Después de muchos años he vuelto como un peregrino a visitar el huerto de rosales donde en la tarde azul, la tarde que es como el símbolo de toda mi infancia, tuve la revelación de aquella santidad. Al final del camino de cipreses, en la escalinata de piedra, estaba sentada mi Madrina. Leía bajo un vuelo de palomas con el libro devoto abierto en la falda. Aún recuerdo cómo me sentí penetrado de la gracia de su mirar ideal y cándido. Aún evoco y revivo en mí la emoción sagrada. Otras muchas veces había visto a mi Madrina en igual actitud, al término del camino de cipreses que se juntaban en una sucesión de pórticos, y solamente en aquella tarde de leyenda piadosa gusté tan inefable alegría al contemplarla. Bajo la sombra de los viejos cipreses, mi alma de niño enlazaba la emoción estética y la emoción mística, como se enlazan en la gracia de la rosa color y fragancia. Acaso fue aquella mi primera intuición literaria: Yo había llegado a encarnar en la sustancia de la vida y en sus sombras más bellas las historias piadosas y los cuentos de princesas que me contaba mi Madrina.

(…) A los nueve años me enamoré de mi Madrina. Y no he comprendido jamás cómo aquella sombra amable y bella, que pasó tan deprisa por el mundo, se me reveló en la tarde lejana con su encanto de azucena celeste, cuando tantas veces la había visto sin alcanzar nada de su perfume ni de su gracia”.

Ramón María del Valle-Inclán -“La lámpara maravillosa”

 

 

(Imágenes- Rosas)

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“¿ Y en una pequeña ciudad? – escribe Unamuno enPor tierras de Portugal y de España “-. Su escenario social es muy reducido, sus gentes se aburren y cansan pronto de los papeles que representan y aparecen  por debajo los hombres con sus flaquezas; es decir, con lo que los hace hombres. Siento una gran afición a la vida provinciana, porque en ella es más fácil descubrir por debajo de una aparente calma la tragedia. Y tanto como aborrezco la comedia, amo la tragedia. Y, sobre todo, la tragicomedia.

(…) ¿Y los que dicen aburrirse en una pequeña ciudad? Es porque no han tocado sus fondos trágicos, la severidad augusta del hondón de su monotonía. Tengo por mí que en las grandes ciudades los orgullosos se convierten en vanidosos; es decir, las púas se les vuelven lana.

Y para el que ejerce una cierta acción pública que puede ser ejercida a distancia, para el escritor, para el artista, la pequeña ciudad ofrece la inapreciable ventaja de que vive lejos de su público y le es hacedero conseguir el que no lleguen a él, a no ser muy tamizados, los efectos que su obra produce. Puede vivir en una cierta independencia de su público, sin dejarse influir por él, que es la única manera de hacerse un público en vez de hacerse uno a él.

 

 

(…) De cuando en cuando no viene mal ir a la gran ciudad y echarse al mar de sus muchedumbres, pero es para volver a salir a tierra firme, a sentirse pisando el suelo. Por mi parte, como me interesan los hombres individuales, tú, Juan, que lees esto, y tú, Pedro, y tú, Ricardo, pero no me interesan apenas las masas que ellos forman cuando se juntan, me quedo en la pequeña ciudad viendo todos los días, a horas dadas, a los mismos hombres, con cuyas entrañas han chocado, y tal vez dolorosamente, alguna vez las mías, y huyo de las grandes metrópolis, donde me azotan el alma con azotes de hielo las miradas desdeñosas de los que ni me conocen ni les conozco yo a ellos. Gentes a las que no puedo nombrar… ¡ horror!”.

 

 

(Imágenes -1-Oskar Kokoschka– Toledo- 1925/ 2- Alexandre Benois– 1910/ 3-Pierre Dumont– Rouen)

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“Los madrileños de mi edad, sin salir de la capital – recuerda Corpus Barga en “Los pasos contados”-, presenciábamos todos los años el desplazamiento vertical de Castilla, pasaba por la Puerta del Sol y ya no tenía nada de nomadismo, era trashumante y estaba tan bien regulado como la circulación de los ferrocarriles. Por el centro de Madrid había una cañada, la calle de Alcalá y en los meses de trashumancia, en primavera y en otoño, los señoritos madrileños que iban a la cuarta de Apolo (el último sainete con  música  de los cuatro que daba todas las noches el teatro Apolo, la catedral  de ese que llaman género chico y era el postrer eco del teatro español popular) y luego a Fornos, se asomaban de madrugada a la puerta de este café, que estaba en la esquina de las calles de Alcalá y Peligros, para reírse viendo cómo corrían y qué buscaban al pasar por allí con sus rebaños, los zagales y los rabadanes, toda la jerarquía complicada de los pastores.

 

 

El paso nocturno de los ganados trashumantes era el motivo de una fiesta callejera (…) Los rebaños entraban en Madrid por el puente de Segovia y subían por la cuesta de la Vega a la calle Mayor. Los faroles municipales que vistos desde abajo parecían pocos, menos numerosos y menos brillantes que las estrellas, en la calle Mayor, aunque las luces de la ciudad de entonces parecerían ahora apagadas, deslumbraban a los pastores, excitaban a los mastines y amedrentaban a los carneros más que a las ovejas. Ellas eran las que parecían mantener el movimiento continuo del rebaño, estar acostumbradas a la noche artificial, ser las trasnochadoras. En la calle Mayor, del café de las Platerías salían ya los parroquianos a contemplar a los montaraces y generosamente se sacaban del bolsillo los terrones de azúcar que los cafés madrileños, también con generosidad, daban siempre de propina y querían con su dulzura  atraer a los perros albarraniegos; los mastines abrían sus fauces sangrientas enseñando las sanguijuelas que atrapaban en los arroyos, las mujeres chillaban, los parroquianos generosos desistían, excepto alguno, sin duda comerciante, que continuaba ensayando toda clase de tretas habituales en las relaciones cada vez más estrechas de hombre a perro, con el designio secreto, nada generoso pero natural en un comerciante precavido, de llevarse un buen guardián para su tienda. Alguna chulapa acariciaba con entusiasmo a un corderillo  y, en tal caso, nunca faltaba un chusco que hacía reír a los papanatas exclamando: “A ver si nos lo sirves en una fuente con muchas patatas”.

(…) El rebaño bajaba y subía a lo largo de la calle Alcalá, escoltado por los rudos mastines, seguido por los finos borriquillos cargados con las alforjas, las mantas, las trébedes, los calderos, los cuernos de aceite, y salía de Madrid cruzándose con el sol mañanero que por las Ventas del Espíritu Santo empezaba a ejercer su oficio de vendedor ambulante de rayos y dardeaba los ojos de los pastores ciegos”.

 

 

(Imágenes -1-trahumancia.- el país– el mundo- 20 minutos)

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“Mis difuntos -decía Juan Goytisolo – son los escritores que han sobrevivido a lo largo del tiempo. Dentro de la literatura española los que han influido indirectamente en mis libros, Góngora en”Don Julián”, Cervantes siempre, San Juan de la Cruz en “Virtudes de un pájaro solitario”. Blanco White fue fundamental para mí. Cuando empecé a leer su obra inglesa mientras traducía tenía la impresión que lo que escribía no era una traducción, que lo estaba escribiendo yo. Las críticas que hacía a la España de su tiempo eran las que podía yo hacer a la España de mi tiempo. Era casi un ejercicio de creación. Su voz era mi voz. Y de fuera yo diría  que han sido mis últimas relecturas, autores que han sido siempre muy cercanos, Diderot, Tolstoi, Flaubert, relecturas completas de la obra de cada uno. Además de un largo catálogo de novelistas y poetas del siglo XX. Pero sigo leyendo también las obras de gente joven y estoy muy abierto a ellos. Mi vida es lectura y escritura y luego viajar o pasear.

Yo he pensado siempre que es mucho más interesante la mirada desde la periferia al centro que del centro a la periferia. Siempre he procurado evitar situarme en la escena literaria y contemplarla al revés, desde una marginación asumida. La literatura es el territorio de la vida como nos enseña Cervantes en “El Quijote” y Sherezade en “Las mil y una noches”; creo que el escritor nunca debe dar respuestas al lector sino plantearle nuevas dudas”.

 

En recuerdo de Juan Goytisolo, que acaba de morir.

Descanse en paz.

 

 

(Imágenes.-1.- Juan Goytisolo – foto Javier Cotera – El Mundo/ 2- campos de Níjar – triosdvisor)

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“En la mañana del 27 de marzo, del año de desgracia de 1939 – escribe Diego San José al iniciarDe cárcel en cárcel” ( Renacimiento) -, salí de mi casa de la calle de Torrijos, 69, acompañado de mi hija María Luisa. Ambos íbamos a la de Ana Adamuz para hacer un intercambio de víveres, conforme al uso obligado y perentorio a que nos forzaba la escasez de alimentos durante la guerra; es decir, escasez para los ingenuos que no sabíamos nadar entre dos aguas, porque aquellos que se escamotearon en un partido o agrupación social nunca vivieron mejor y “a, ¿qué quieres boca?”.

Diego San José atraviesa Madrid precisamente en aquellos momentos en compañía de su hija  y –  como él sigue contando -” un verdadero muro humano paralizó, al fin, la circulaciòn frente a la calle de Sevilla. Mi hija y yo nos apeamos del tranvía y seguimos a pie hasta el domicilio de Ana en la de Atocha, junto al teatro Calderón. La hermosa y aplaudida actriz participaba de la alegría del momento. Había terminado la guerra y, por tanto, retornaba la tranquilidad a su espíritu burguės, ya que siendo una auténtica hija del pueblo, nunca fue amiga de las contiendas políticas”.

 

diego-san-jose-fotografia-familiar-digitalixada-wikipedia

 

¿Quién ha sido Diego San José, para mí?  He hablado varias veces de él en Mi Siglo y sobre todo recuerdo perfectamente en el despachito de cortinas verdes de la calle Raimundo Lulio donde escribía mi abuelo materno, José Ortiz de Pinedo, aquel  pequeño volumen pleno de paseos madrileños y puerta de tantos descubrimientos y rincones que se titulaba “Estampas nuevas del Madrid viejo”, obra de Diego San José, firmado su prólogo en Redondela de Galicia, abril de 1947  y completado con esta dedicatoria :  “Para Pepe Ortiz de Pinedo, amigo fraternal de tantos años, gran novelista, con un abrazo“. Ese volumen lo he releído varias veces. Me ha acompañado desde la madrileña Plaza de San Andrés hasta la antigua hostería donde comió Quevedo, desde las gradas de San Felipe hasta el Jardín Botánico y desde la calle de Segovia a las fuentes del Prado. Eran paseos cortos, muy madrileños, llenos de sorpresas, documentación y asombro. “Habilísimo evocador de otros siglos“, dijo del autor Federico Carlos Sainz de Robles al compendiar la novela corta en España. Y el recuerdo y la presencia de ese libro en el despacho de cortinas verdes de mi juventud me lleva ahora a otro paseo mucho más largo y estremecedor, el recorrido de cárcel en cárcel que sufrió Diego San José por su fidelidad a la ll República, largo paseo de años en los que habita la soledad y la incertidumbre, largo paseo por celdas y pasillos, largo paseo de meditaciones e inquietudes, mezcla de pasos entre zozobras y esperanzas. Su pluma y su memoria me han conducido de modo apasionado por  estas “Memorias” excepcionales, alejado de aquel despachito de Raimundo Lulio y muy cercano a dolorosas vivencias recuperadas del olvido.

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(Imágenes. – 1 – “De cárcel en cárcel”/2 -Diego San José – fotografía familiar digitalizada)

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“El puerto de Cudillero es uno de los de más fuerte matrícula pesquera del norte de España. El cogollo de la población, donde está la rula, la parroquia, el Ayuntamiento ocupa el fondo del embudo con la rampa del puerto, donde se sobornan cada día no menos de cien barcos de pesca. La operación de vararlos se hace mediante unos cables movidos por tornos, ahora eléctricos y antes a mano. El barco de pesca ocupa todo Cudillero hasta meterse en los portales de las casas, en las aceras, en los soportales, como corceles dormidos. El  hombre de Cudillero vive unido a su barco como un molusco. Es ya como una mezcla de hombre y barco, una especie de centauro del mar. Creo que éste es el único puerto del Cantábrico en que esta operación de sobornar toda la flota pesquera haya que hacerla diariamente. Tan fatigoso trabajo tiene su origen en la peligrosidad del puertecillo.

 

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En los bordes del enorme remolino de rocas, las casas de esta extraña villa trepan como en una perspectiva infantil hasta alturas de cerca de cien metros. Están pintadas de colores violentos, como los de las chimeneas y las amaras de los barcos : ocres, rojos, verdes, sienas. Parece la villa como un tapiz oriental tendido en la falda de un monte (…) De Cudillero era uno de los hombres de más personalidad que ha dado la costa aquella: Calixto López, el famoso tabaquero de La Habana. Cuando nadie más que Pío Nono, el Zar de Rusia y Francisco José de Austria tenían su retrato en las fajas de los puros, Calixto López hizo grabar el suyo, con lo que se abrió un mundo infinito a los coleccionistas de fajas. Calixto López  se hizo enterrar en Piñera, cerca de Cullidero, en un cementerio que hoy es, probablemente, el más bonito entre los rurales de España“.

Víctor de la Serna – “La ruta de los foramontanos”

(Imágenes.- 1.-Cudillero- turismoasturias/ 2.- Cudillero- latierradelroble)

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