BALLARD

ciencia-ficcion-frfr-por-kenny-scharf-1995-1996-artnet«No estoy seguro de tener algo que agregar a lo que todo el mundo ha estado diciendo durante años – contestó J. G. Ballard en 1984 cuando fue interrogado por Thomas Frick para The Paris Review (El Ateneo)-. La década de los sesenta era una época de multiplicación infinita de posibilidades, de verdadera generosidad en muchos aspectos, una enorme red de conexiones entre Vietnam y la carrera espacial, la psicodelia y la música pop, y todo ello relacionado de todas las maneras concebibles gracias al paisaje de los medios de comunicación. Todos nosotros estábamos viviendo dentro de una enorme novela, una novela electrónica gobernada por la instantaneidad. En muchos aspectos el tiempo no existía en la década del sesenta, era tan sólo un conjunto de infinitos presentes configurativos. El tiempo volvió en la década del setenta, pero no el sentimiento del futuro. Las manecillas del reloj ahora no van a ninguna parte. No obstante aborrezco la nostalgia y es posible que vuelva a producirse una mezcla igualmente ardiente. Por otra parte, al ser tan serio, el futuro puede resultar aburrido. Es posible que mis hijos y los suyos vivan en un mundo sin acontecimientos y que la facultad de imaginación muera o se exprese exclusivamente en el mundo de la psicopatología».ciencia-ficcion-aabbcc-foto-paul-nicklen-national-geographic-image-collection

«Aun en el caso de un escritor naturalista, que en cierto sentido toma su tema directamente del mundo que le rodea – prosiguió – es muy difícil comprender el proceso por el cual una ficción en particular logra imponerse. Pero en el caso de un escritor imaginativo, en especial de uno como yo con grandes afinidades con los surrealistas, apenas si me doy cuenta de lo que está sucediendo. Las ideas recurrentes se juntan, las obsesiones se solidifican, se genera un conjunto de mitologías operativas, como los cuentos que se inventan acerca del tesoro para inspirar a la tripulación. Supongo que uno está enfrentado con un proceso muy semejante al de los sueños, una cantidad de escenarios ideados para dar sentido a ideas aparentemente irreconciliables. Así como los centros ópticos del cerebro construyen un universo completamente artificial, tridimensional, a través del cual podemos desplazarnos con eficacia, del mismo modo la mente en general crea un mundo imaginario que explica satisfactoriamente todo, siempre y cuando se le actualice constantemente. Así el flujo de novelas y relatos continúa…Supuestamente, todo el tiempo uno está escribiendo el mismo libro».ciencia-ficcion-ptw-por-joseph-kosuth-2007-galeria-juana-de-aizpuru-madrid-artnet

«Escribo cada uno de mis libros de manera consecutiva, tal como se lee, nunca altero el orden. Creo que el uso de una sinopsis refleja para mí una fuerte convicción en la importancia de la historia, de la naturaleza objetiva del mundo inventado que describo, de la completa separación de ese mundo con respecto a mi propia mente. Es un punto de vista anticuado (o al menos eso parece) aunque yo afirmaría vigorosamente que no lo es y también es un punto que me aparta de la idea posmodernista de una ficción reflexiva y autoconsciente que reconoce explícitamente la inseparabilidad del autor y el texto».

Cuando le preguntaron qué consejo daría a un joven escritor, Ballard contestó:»Tal vez lo que está mal de ser un escritor es que uno ni siquiera puede decir «buena suerte»: la suerte no desempeña ningún papel en la escritura de una novela. Nunca hay accidentes felices como puede ocurrir con el pincel o el cincel. Creo que uno no puede decir nada, verdaderamente. Siempre he querido hacer malabarismos y andar en un monociclo, pero me atrevería a decir que si alguna vez le pidiera consejos a un acróbata él me diría: «Todo lo que tiene que hacer es subirse y empezar a pedalear…».

(Pequeña evocación sobre J. G. Ballard, fallecido ayer, 19 de abril)

(Imágenes: 1.-«Cosmic Cavern», por Kenny Scharf.-1995-1996.-artnet/ 2.-foto: Paul Nicklen.-National Geographic image Collection/ 3.-«Otro mapa para no indicar», por Joseph Kosuth.-2007.-Galería Juana de Aizpuru.-Madrid)

OJOS INMÓVILES

ojos-foto-por-stve-mccurry-pakistan-peshawar-1984-magunm-photos

Estos son los ojos vivos, o el ojo vivo, en expresión de Starobinski. («El ojo vivo«) (Cuatro) : «El acto de la mirada no se agota en el momento: lleva consigo un impulso perseverante, una reanudación obstinada, como si estuviera animado por la esperanza de acrecentar su descubrimiento o reconquistar lo que se le está escapando .Lo que me interesa, es el destino de la energía impaciente que llena la mirada y que desea otra cosa que lo que se le da. (…) La mirada constituye el lazo vivo entre la persona y el mundo, entre el yo y los otros: en el escritor, cada vistazo replantea el estatuto de la relidad (y del realismo literario), así como el de la comunicación (y de la comunidad humana)».  Estos ojos me miran y yo miro a estos ojos que me ven. Me ven mientras me alejo o me acerco. Aunque adquiera distancia estos ojos me siguen y el fotógrafo Steve McCurry también seguirá años después a estos ojos de Alam Bibi retratados en un campo de refugiados de Pakistán y que fueron portada de la revista National Geographic. Los ojos son la luz del rostro y el rostro dicen que es el espejo del alma. Leonardo llega a decir que el ojo, que es la ventana del alma, es el órgano principal por el que el entendimiento puede tener la más completa y magnífica visión de las infinitas obras de la naturaleza

¿Qué obras de la naturaleza están viendo estos ojos?

El ojo y la palabra«, págs 151-152)

(Imagen: Alam Bibi.-por Steve McCurry.-Pakistán, 1984.-Magunm Photos)

LECTURA Y SABIDURÍA

lectura-optry-por-alberto-sughi-2003-artnet«Me imagino que un hombre pueda pasar muy agradablemente su vida de la siguiente manera: que un día favorable lea tal página de una poesía plena o de una prosa que ha experimentado una destilación, que al par que recorre las líneas las conserve siempre en el espíritu con el propósito de meditarlas, de reflexionar, de aportar nuevos atisbos, de utilizar el texto para mil interpretaciones, de pensar en él, finalmente, hasta agotarlo. ¿Pero lo agotará alguna vez? No, nunca. Cuando el hombre alcanza una cierta madurez intelectual todo pasaje elevado y de alcance espiritual le sirve para franquear los treinta y dos palacios».

John Keats: Carta del 19 de febrero de 1818 a John Hamilton Reynolds.

(Imagen: pintura, por Alberto Sughi, 2003.-artnet)

FLAUBERT, NOVEDAD Y CINE

bovary-1

«Todo esto que se inventa es verdadero –le escribió Flaubert a Louise Colet antes de cumplirse los dos años de trabajo de Madame Bovary -. La poesía es una cosa tan precisa como la geometría». «Se llega al estilo con un trabajo atroz», le había dicho también el 15 de agosto de 1846. Y en diciembre de 1858, en otra carta dirigida a la señorita Leroyer de Chantepie había señalado: «Un libro nunca ha sido para mí más que una manera de vivir en un medio cualquiera. Esto explica mis dudas, mis angustias y mi lentitud».flaubert-capitulo-8-folio-151-los-comicios-agricolas

Estas dudas, estas angustias y esta lentitud las puede ahora consultar todo el mundo al verterse en la Red los manuscritos y borradores de Madame Bovary guardados hasta el momento en la Biblioteca de Rouen. Como recuerda el gran crítico Harry Levin, ( «El realismo francés«) (Laia), «entre el otoño de 1851 y la primavera de 1856 la tarea concentrada de Flaubert fue escribir Madame Bovary. Para quienes sostienen que la gestación del arte es más interesante que el producto acabado, ningún documento puede ser más fascinante que la correspondencia de Flaubert durante estos cuatro años y medio. Las vidas paralelas del autor y de la heroína, día a día, semana a semana, mes a mes, año a año, cargan a la novela con una notable tensión emocional. El esfuerzo imaginativo se vio reforzado por la documentación cuando Flaubert buscó el tono adecuado de las alucinaciones de Emma, sumergiendose en revistas femeninas. Importunando a su hermano con preguntas sobre cirugía y toxicología, consiguió los síntomas peculiares que su proyecto requería: «La agonía, precisos detalles médicos: por la mañana del veintitrés de nuevo una serie de vómitos…». Se familiarizó con las criaturas de su mente dibujando un plano de Yonville y disponiendo archivos de sus ciudadanos. Controló la trama – ¿o deberíamos decir calculó sus probabilidades? – elaborando y revisando cuidadosamente los guiones. El material embrionario para su novela comprendía unas 36oo páginas manuscritas».bovary-4

Estas páginas están ahora al alcance de todo el mundo. Vargas Llosa publicó un excelente estudio de esta novela en «La orgía perpetua» (Bruguera): («el único medio de soportar la existencia – había escrito Flaubert en otra carta – es aturdirse con la literatura como en una orgía perpetua«)  Tiempos y espacios, así como vicisitudes de personajes, le llevaron mucho esfuerzo. Un ejemplo de su trabajo está sin duda en la modernidad de su construcción novelesca. Levin destaca, entre otros, el capítulo 8 de la segunda parte – el episodio de los comicios agrícolas – en donde el novelista, dice, » construyó esta escena escribiendo diálogos continuos para los dos grupos de personajes, que luego descompuso y organizó de acuerdo con la disposición general que la situación requería.». Era una experiencia de narración simultánea del diálogo amoroso entrelazada con el devenir de la farsa electoral. Modernidad que, sobre el papel de la novela escrita, permanece casi completamente cinematográfica.

(Imágenes: estampas sobre «Madame Bovary» y manuscrito perteneciente al capítulo 8 de la segunda parte -los comicios agrícolas- folio 151.-Biblioteca de Rouen)

PERROS

perro-foto-keith-carter-imagery-our-world«He perdido a mi perro que tenía desde hace siete años. Lo busco por todas partes… Lo he perdido hace un mes, cerca de Deauville, y no lo consigo encontrar, lo que supone una tremenda desgracia cuando se ama a los perros..» Así hablaba ante la Televisión francesa la novelista Francoise Sagan en septiembre de 1964 tal como lo recuerda ahora Le Magazine Littéraire en un dossier dedicado a los animales y a la literatura. «Es un animal bastante grande, negro y marrón, con las cuatro patas blancas y una mancha blanca como la de un maitre de Hotel. Le falta uno de los dientes porque se le ha caído…», describía angustiada la novelista. Cuando uno de los periodistas quiso interrumpirla y decirle: «¡Al menos es curioso! ¿No se encuentra usted algo molesta por tener que convocar a la Televisión para hablarnos de su perro? ella contestó: «Sí, quizá  lo encuentre un poco molesto, pero, por una parte, yo adoro los perros, y en ese caso todos los medios son buenos; y, por otra parte, yo he sido muchas veces perseguida por los periodistas de televisión. Cuando por azar me pueden ser útiles, no tengo ningún escrúpulo en utilizarlos (…) Las historias del respeto humano me sobrepasan ya desde hace tiempo, y yo desearía mucho mejor recuperar mi perro y que se burlen de mí miles de desconocidos que vivir sin mi perro y tener la buena consideración general…»perro-2-velazquezlos-hermanos-de-jose-lyceo-hispanico

  Perros, perros famosos, gente famosa, perros silenciosos que saben cuando el artista ha dejado su quehacer y se yerguen de su sitio, se desperezan, y le acompañan mansamente, yendo y viniendo por la vida, apenas un ladrido,  suele sobrecogerles la tormenta, les distrae una avecilla que pasa, vuelven, vuelven de vez en cuando la cabeza para ver si el amo camina, sí, camina, va detrás Virginia Woolf  pensando en Flush, el perro de la poeta Elizabeth Barret-Browning, va Mujica Láinez con Cecil, que mira cuanto duda y cuanto escribe el argentino. De estos y de otros perros hablé ya en Mi Siglo. Tienen su hora estos perros para husmear el espacio, se apoyan en el quicio de la necesidad y descargan cuanto llevan dentro. Perros, perros célebres inmortalizados por Velázquez, que descansan estirados en Las Meninas, que reposan a los pies de los cazadores, a la sombra de los infantes, perros que cruzan los cuadros. Perros, perros siempre, a los que se les pasa la mano sobre el lomo antes de volver camino de casa y sentarse de nuevo a escribir.

(Imágenes: 1.-foto: Keith Carter.-Imagery our world  /2.-Velázquez: detalle de» Los hermanos de José».- flikr.-Lyceo Hispánico)

LA CASA ENCENDIDA

pajaro-1984-por-louis-le-brocquy-artnet«Creo que hay en mi obra – decía Luis Rosales en 1977 – tres libros que tienen una relación muy estrecha: «El contenido del corazón», La casa encendida» y, hoy día, mi último libro, aún inédito, del cual voy a publicar una amplia antología que va a salir en estas semanas y que se llama «Diario de una resurrección«. Creo que estos tres libros – desde el punto de vista del contenido y desde el punto de vista del estilo – representan una de las alas importantes de mi poesía, los tres están interrelacionados y en los tres hay un dificilísimo camino hacia la búsqueda de la sencillez.

El primero, «El contenido del corazón» ,es, de un lado, el más claro, el más compendiado, el más exigente y, yo diría, una síntesis de «La casa encendida«, una cristalización de los temas que después se desarrollarán en «La casa encendida». «La casa encendida» tiene la ventaja, primero, de que está escrita después; segundo, que es un poema unitario, un poema de una sola dimensión; y también, de que es un poema con más misterio, desde el punto de vista expresivo tiene más influencia surrealista. Creo que éstas son las connotaciones que separarían a un libro como «La casa encendida» de un libro como «El contenido del corazón«.paisaje-44ee8-por-james-p-graham-maddox-arts-london-artnet

Era febrero, en su casa de Madrid. Estábamos sentados hablando de poemas y entonces Luis Rosales me dijo:

«Entonces, ¿la poesía qué es? La poesía es una remodelación, una recreación de tu propia vida, en la cual esa remodelación diría yo que es constituyente, y en la cual tú puedes ver y percibir lo que esa experiencia fue verdaderamente. Yo diría que la poesía es el proceso de cristalización de una experiencia vital; eso es lo que ha sido para mí la poesía, y no otra cosa. Cuando ese proceso de cristalización está sometido a una auténtica ley es cuando, además, es unitaria. Estas son las dos cosas que me han interesado: desde el punto de vista de su expresión, conseguir la unidad orgánica; desde el punto de vista vital, conseguir que la poesía fuera la cristalización de esos momentos, a veces radiantes, que ha tenido la vida. Y al decir radiantes, en modo alguno digo alegres; creo que los momentos verdaderamente profundos del vivir nos los ha dado en muchísimas ocasiones el dolor; el dolor es el elemento más obrador y constituyente de nuestra propia vida, y muchos de esos momentos radiantes que después han pasado a la poesía, han pasado a través del dolor. En definitiva, lo que decía Antonio Machado: «Se canta lo que se pierde…». Y en un intento de rescatarlo, claro».

Era febrero. En su casa de Madrid.

Diálogos con la cultura«, págs 151 y 153)

(Envío este post y lo dedico muy afectuosamente a mi amigo Juan Pedro Quiñonero, gran periodista y escritor, en el día en que dedica en su excelente blog, «Una temporada en el infierno» su recuerdo en el tiempo a Luis Rosales)

(Imágenes:1.-Louis Le Brocquy, 1984.-arnet/2.-James P. Graham, 2005.-Maddox Arts.-London.-arnet)

DESHOJAR CIUDADES

ciudades-56tj-por-caio-locke-2008-exhibit-x-london-artnet«No me gustaría vivir en Norteamérica pero a veces sí.

No me gustaría vivir al aire libre pero a veces sí.

Me gustaría vivir en el quinto distrito pero a veces no

No me gustaría vivir en un torreón pero a veces sí

No me gustaría vivir con apremios monetarios pero a veces sí

Me gustaría vivir en Francia pero a veces no

Me gustaría vivir en el Ártico pero no demasiado tiempo

ciudades-bbbm-foto-william-furmiss-2005-10-chancery-lane-gallery-jatie-de-tilly-contemporary-artist-hong-kong

No me gustaría vivir en una aldehuela pero a veces sí

No me gustaría vivir en Isudún pero a veces sí

No me gustaría vivir en un junco pero a veces sí

No me gustaría vivir en una ciudad fortificada pero a veces sí

Me hubiera gustado ir a la Luna pero es un poco tarde

No me gustaría vivir en un monasterio pero a veces sí.ciudades-742ss-por-david-choe-2008-lazarides-london-artnet

No me gustaría vivir en el Hotel Negresco pero a veces sí

No me gustaría vivir en Oriente pero a veces sí

Me gusta vivir en París pero a veces no

No me gustaría vivir en Québec pero a veces sí

No me gustaría vivir en un arrecife pero a veces sí

No me gustaría vivir en un submarino pero a veces sí

No me gustaría vivir en una torre pero a veces sí

No me gustaría vivir con Ursula Andress, pero a veces sí

Me gustaría vivir para llegar a viejo pero a veces no

(…)

Me gustaría vivir en Xanadú, pero no para siempre

No me gustaría vivir en el departamento de Yonne pero a veces sí

No me gustaría que viviéramos todos en Zanzíbar pero a veces sí »

Así va hilando  e hilvanando el francés Georges Perec en su texto titulado  «De cuán difícil es imaginar una ciudad ideal» («Pensar/clasificar«) (Gedisa) las razones y sinrazones de su elección, pétalos arrancados al humor, el no y el sí de la predilección por las ciudades, los paisajes, las naciones. De Perec he hablado varias veces en Mi Siglo, sobre todo de las especies de espacios por los que a él gustaba atravesar, fuera en el interior de las casas, de los cuadros o, como sucede aquí, de los lugares y de las ciudades. Cada uno puede ir deshojando lo que desearía en sueños y lo que luego escogería al despertar. Siempre hay  un sí pero no al elegir y un no pero sí al decidir finalmente. Cuán difícil es imaginar en la vida una elección completa y total.

(Imágenes:-1- «Metropolis»,  por Caio Locke, 2008.-Exhibit X– London.-artnet/ 2.-«Hong Kong Harbour Contac», foto: William Furmiss, 2005.-Chancery Lane Gallery – Katie de Tilly Contemporary Artist.-Hong Kong- artnet/ 2.»Dark Hair», 2008,  por David Choe.-Lazarides.-London.-artnet)

EL PODER DE LA MÚSICA

musica-cx-por-trinh-tuan-2004-raquelle-azran-vietnamsese-fine-art-new-york-tel-aviv-artnet«Si alguna vez llegáis a ver un rebaño de terneros

salvajes, desenfrenados por el capricho, o una horda loca

de potrancos bravíos en endiablados saltos

relinchando impelidos por natural calor de la sangre,

haced que llegue a sus orejas un toque de trompa

o de otro intrumento y los veréis pararse, cambiado

 el fuego de sus ojos salvajes en mirada

mansa y absorta, por el arcano poder de la música.

Por eso el poeta contó que Orfeo arrastraba árboles

y piedras y flujos; y nada hay tan refractario y duro

cuya natura no cambie la música. Si hay alguien 

que en sí no tenga sombra de música, ni le conmueva

un acorde de sonidos suaves, ese está dispuesto

a la traición, al fraude, al robo: son tenebrosos

los reflejos de su alma cual la noche y negros

como el Erebo: a tal hombre no se le da fe.

Escuchad la música».

(Shakespeare: «El Mercader de Venecia». Acto V, escena 1ª) (Alguna vez he aludido a este texto en Mi Siglo hace ya muchos meses)musica-zzvv-por-nguyen-xuan-tien-2005-gallery-aibo-fine-asian-art-purchase-ny-usa-artnet

Los poetas han cantado a la música y la música ha acompañado a los poetas. En páginas admirables de Ósip Mandelstam en su «Coloquio sobre Dante» (El Acantilado)  se recuerda que «la densidad del timbre del violonchelo es la que mejor se presta para transmitir la espera y la dolorosa impaciencia. No existe en el mundo una fuerza capaz de acelerar el movimiento de la miel que mana de un tarro inclinado. (…) El violonchelo retiene el sonido, por más prisa que tenga. Pregúntenselo a Brahms, él lo sabe. Pregúntenselo a Dante, él lo oyó».

Poco hay que decir más. La correspondencia de las artes comunica las aguas subterráneas de estos amores de la poesía por la música y de la música por la literatura.

(Imágenes: 1.-«Flute player», por Trinh Tuan, 2004.-Raquelle Azran.-Vietnamese Contemporary Fine Art.-Nueva York.-Tel Aviv-artnet/ 2.-«Traditional Music», 2005.- por Nguyen Xuan Tien.- Gallery Aibo Fine Asian Art.-Purchase.-Nueva York.-artnet)

HELEN LEVITT, CALLES DE NUEVA YORK

levitt-a-nueva-york-1942-masters-of-photography

Las mujeres y las niñas miran desde la ventana la calle, el Manhattan de los años 4o. Juegos infantiles en Nueva York. Helen Levitt miraba también desde la ventana, metía su cámara entre los rostros y las peleas. En 1929 Hart Crane  había escrito «El puente»; el hundimiento de Wall Street llevó a los años negros de la Depresión, a los parados, a los comedores populares que describe Thomas Wolfe en su obra. En 1930 Paul Morand había publicado su «Nueva York». Mientras tanto, a lo largo de los años, los niños juegan. Helen Levitt los observa y los deja inmortales, con sus movimientos y sus gestos en el aire.

levitt-g-del-libro-here-and-there-the-new-york-times

levitt-d-nueva-york1945-master-of-photographylevirr-k-del-lobro-here-and-there-nea-york-the-new-york-timeslevitt-h-nueva-york-tje-new-york-times

«¡Calle de la mañana, calle de la esperanza! ¡Calle de la frescura y la luz oblicua, del precipicio frontal y la sombra azul y empinada – escribe Thomas Wolfe en  «Los cuatro desaparecidos» («La orgullosa hermana Muerte«) ( Ediciones Librerías Fausto) -, calle del oro matutino de las aguas que danzan sobre mareas azotadoras, calle de los embarcaderos herrumbrados por el tiempo, calle del ferry de nariz achatada que echa espumarajos con su sólida pared de pequeños rostros blancos y mirones, silenciosos y atentos, vueltos hacia tí, calle orgullosa! ¡Calle de los aromas apetitosos del café recién molido, del grato olor del dinero recién impreso, de los crudos olores semidescompuestos del puerto con toda la evocación de sus mástiles dispuestos y sus marejadas de barcos, gran calle!».levitt-l-del-libro-here-and-there-the-new-york-times

(Pequeña evocación a la memoria de la gran fotógrafa norteamericana Helen Levitt, fallecida el 29 de marzo de 2009 en Nueva York)

(Imágenes: fotos de Helen Levitt.- 1.-Nueva York, 1942.-masters-of-photography/ 2.-The New York Times/.-3.-Nueva York,1945.-masters-of-photography/3.-Nueva York, 1945.-masters-of-photography/ 4.-The New York Times/ 5.-The New York Times/ 6.-The New York Times)

LO ETERNO

mar-55-por-robert-adams-ngagov«Rompe el mar

en el mar, como un himen inmenso,

mecen los árboles el silencio verde,

las estrellas crepitan, yo las oigo.

(…)

Es que quiere quedar. Seguir siguiendo,

subir, a contra muerte, hasta lo eterno».

(…)

Blas de Otero: «Lo eterno» («Ángel fieramente humano»)

(Imagen: fotografía de Robert Adams.-ngagov)

ÉXITOS Y FRACASOS

libros-87hj-por-martin-richman-aeroplastics-contemporary-bruselas-artenet

«Los libros pueden ser éxitos. Qué deprisa, con qué presta decisión lo digo – escribe Robert Walser -. Tal como pienso para mí mismo, quizá este pequeño esbozo se convierta en un éxito de altura, a pesar de que la alegre esperanza puede albergar convicciones procedentes de la vanidad. Recuerdo haber dicho a una mujer hermosa con motivo de un banquete: «Quiero intentar ser atractivo a sus ojos». ¿Me creerán si explico que con esta frase pretendía cosechar un fracaso rotundo? En efecto, la mujer, argumentando su extrema torpeza, respondió a mi comentario que una persona simpática y elegante no intentaba ser atractiva, sino que o bien lo era por cualesquiera cualidades o le faltaba simpatía, y en ese caso carecía de interés y era soso. Puesto que el descuido de mis palabras me había hecho soso o, también cabe decir, aburrido, la convicción de resultar fastidioso me hizo recobrar el interés. Se me antojó que ahora la hermosa mujer casi lamentaba haberme reprendido».

lectura-foto-benny-andrews-1991-artnet

«Los fracasos invitan a la reflexión, los éxitos al descuido más seductor (…)- prosigue Walser en «Escrito a lápiz». Microgramas lll» (Siruela) – Hoy he rechazado la lectura de un libro que hace unos años cosechó un éxito clamoroso y por esa circunstancia me dejó totalmente frío, provocando en mí la necesidad de leer preferiblemente la obra de alguien carente de éxito. Con las personas y los libros sucede algo parecido, y de los éxitos surgen los fracasos, y de los fracasos germinan o florecen los éxitos. Hace algún tiempo me regalé una novela que no había conseguido un verdadero éxito, ¿y qué me pareció? Maravillosa, y me entusiasmó tanto la carente de éxito que rechacé la exitosa, que parecía gritarme con aplastante seguridad que era atractiva, cosa que no me apetecía nada creer. Los fracasos entrañan una suerte de amabilidad, de suavidad, de finura, de inteligencia, son simpáticos, y uno los transforma en éxitos con el mismo agrado con que los éxitos se pueden transformar en fracasos».

Todo este aparente malabarismo de las frases con las que juega este escritor suizo al que me referí hace pocos días en Mi Siglonos revelan certeras verdades que muchas veces olvidamos, entre ellas la fugacidad de los éxitos, el inestable desequilibro de las balanzas a la hora de los juicios, la subjetividad emocional con que recibimos en la vida triunfos y fracasos, y ya en el horizonte de las artes y las literaturas y en su línea final,  el sorprendente descubrimiento de que aquella obra desconocida que casi nadie aplaudió sigue en pie y luminosa mientras que los años han ido hundiendo en diccionarios de olvidos lo que en el fervor de un instante todo el mundo aclamó.

(Imágenes: 1.-«Bookcases» (1995-2004) por Martin Richman.-Aeroplastics Contemporary.-Bruselas.-artnet/ 2.-«Scholar» (America Series), 1991.-por Benny Andrews.-artnet)

VENTAJAS DE LA CRISIS

dinero-bb-por-joonho-jeon-2006-arario-gallery-seoul-korea-artnet

«No pretendamos que las cosas cambien – dijo Einstein-, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia, como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis, se supera a sí mismo sin quedar «superado».

Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y las soluciones. Sin  crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla».dinero-cc-jonho-jeon-arario-gallery-korea

No hago más que transcribir aquí palabras recibidas.

(Imágenes: 1.- «The White House», 2006.- por Joonho Jeon, artista coreano.-Arario Gallery.-Korea (South); Benjing, China; Seoul, Korea (South) -artnet/ 2.-«In Gog We Trust», 2004.-por Joonho Jeon.-Arario Gallery.-artnet)

SEGUNDO ABRIL

paisajeabab-por-jimmy-ernst-1983-artnet«Todo naciendo está: vuelan palomas;

viento largo, tirante, marinero,

alto pinar unánime y ferviente

con tiempo y con aromas,

archipiélago azul y mensajero

donde acaba la tierra de repente

y quiere azulear,

pues donde acaba el mundo empieza el mar.

Alto pinar con aire encristalado

entre el ramaje umbrío,

¿quién te podrá olvidar si ha contemplado

tu pormenor callado

de madera viviente junto al río?»

Luis Rosales: «Égloga de la soledad» («Segundo abril»)

(Imagen: por Jimmy Ernst, 1983.-artnet)

LA CENIZA Y EL LÁPIZ

escribir-7778-foto-kevin-van-aelst-the-new-york-times

«De hecho – dice el gran escritor suizo Robert Walser  hablando sobre la ceniza -, sólo con una penetración algo profunda de ese objeto aparentemente tan poco interesante pueden decirse muchas cosas, por ejemplo que, si se sopla la ceniza, no hay en ella lo más mínimo que se niegue a dispersarse al instante volando. La ceniza es la humildad, la intranscendencia y la falta de valor mismas y, lo que es más hermoso, ella misma está obsesionada con la creencia de no valer nada. ¿Se puede ser más inconsistente, más débil y más insignificante que la ceniza? Sin duda no es fácil. ¿Hay alguna cosa que pueda ser más transigente y paciente que ella? No, desde luego. La ceniza no tiene carácter y está más alejada de todo tipo de madera de lo que lo está la depresión de la alegría desbordante. Donde hay ceniza, en realidad no hay nada. Pon tu pie sobre la ceniza y apenas notarás que has pisado algo».

Estas palabras nos recuerdan el dorso de la vida, la superficie escondida bajo tanta vanidad y brillantez con la que  nos gusta convivir. Hace pocos días, hablando aquí de Gógol, lo veíamos por las calles de San Petersburgo con sus andares de loco pacífico. Extraordinarios escritores como W.G. Sebald han recordado que «Walser y Gógol perdieron poco a poco la capacidad de dirigir su atención al centro de los acontecimientos de la novela y se dejaron capatar, en cambio, de una forma compulsiva, por las criaturas extrañamente irreales que aparecían en la periferia de su campo de visión, sobre cuya vida anterior y ulterior nunca sabemos lo más mínimo.(..) Walser y Gógol tienen también la falta de hogar, lo horriblemente provisional de su existencia, su prismático cambio de talante, el pánico, el sombrío humor, impregnado de un negro dolor de corazón, la interminable profusión de papelitos y precisamente la invención de todo un pueblo de pobres almas, de un cortejo de máscaras que prosigue sin cesar, con fines de mistificación autobiográfica» («El paseante solitario. En recuerdo de Robert Walser«) (Siruela).cuaderno-cvcb-untitled-por-brigida-baltar-2004-galeria-nara-roesler-brasil-artnet

 Papelitos. Lápices. Sobre la «lapicería»  de Walser ya hablé en Mi Siglo. Lo mismo que sobre sus paseos. Y los papelitos en los que escribía sus microgramas me recuerdan a los papelitos escondidos en los bolsillos  que llevaba Stravinsky en los aviones para apuntar intuiciones, o a los papelitos con los que cruzaba las calles Juan Rulfo preparado para cualquier pensamiento.

(Imágenes: 1.-foto: Kevin Van Aelst.-The New York Times/ 2.-por Brígida Baltar, 2004.-Galería Nara Roesler.-Sao Paulo.-Brasil.-artnet)

GÓGOL Y SAN PETERSBURGO

 

gogol-1-filmplusorg

«¿Qué fascinó a Gógol en San Petersburgo? – se pregunta Nabokov en su gran monografía sobre el escritor ruso(Littera).- Los numerosos letreros de tiendas. ¿Qué más? El hecho de que los transeuntes hablasen solos y «gesticulasen en voz baja» mientras caminaban. A quienes gusten investigar este tipo de cosas puede resultarles interesante descubrir el tema de los letreros de tiendas profusamente expuesto en sus últimas obras y a los transeúntes que hablaban entre dientes en el personaje de Akaki Akákievich de «El abrigo«. Estas conexiones son un poco demasiado fáciles y, por ello, probablemente falsas».

Hoy, que se celebra el bicentenario del nacimiento de Nikolái Gógol , venido al mundo el 1 de abril de 1809 en la luminosa ciudad mercantil de Sorochintzy, provincia de Poltava, Pequeña Rusia, releo aquellos paseos de este escritor del que ya hablé hace meses en Mi Siglo  aludiendo a su asombroso relato «La nariz«. «Las impresiones – recuerda Nabokov– no hacen buenos escritores; los buenos escritores se las inventan en su juventud y después las utilizan como si hubiesen sido reales en un principio. Los letreros de las tiendas del San Petersburgo de finales de los años veinte fueron pintados y multiplicados por el propio Gógol en sus cartas con el fin de transmitir a su madre – y tal vez a su propia imaginación – el significado simbólico de la «capital» en contraposición a las «ciudades de provincias» que ella conocía. (…)gogol-3-por-tullio-pericoli

 Las murmuraciones de los transeúntes eran de nuevo simbólicas; esta vez, un efecto auditivo cuyo propósito era el de reproducir la febril soledad de un pobre hombre en una muchedumbre opulenta. Era Gógol, y sólo Gógol, el que hablaba solo mientras caminaba, pero el monólogo era repetido como un eco y multiplicado por las sombras de su mente. Pasando, por así decirlo, a través del temperamento de Gógol, San Petersburgo adquirió una reputación de rareza que mantuvo durante casi un siglo, perdiéndola cuando dejó de ser la capital de un imperio (…) Su auténtica rareza, sin embargo, quedaba demostrada y expuesta cuando un hombre como Gógol caminaba por la Avenida Nevski.(…) Gógol, el ventrílocuo, tampoco era del todo real. Como un colegial caminaba con perversa perseverancia por el lado equivocado de la calle, llevaba el zapato derecho puesto en el pie izquierdo, emitía sonidos matutinos de patio en medio de la noche y distribuía los muebles de su habitación de acuerdo con una especie de lógica de «Alicia a través del espejo«. No es de extrañar que San Petersburgo revelase su excentricidad cuando el ruso más raro de Rusia recorría sus calles». La ciudad vertía también su expresionismo en la prosa de Gógol: «La acera pasaba a gran velocidad bajo él, los carruajes con sus veloces caballos parecían inmóviles, el puente se estiraba y se rompía en medio de su arco, había una casa puesta al revés, una garita de centinela se dirigía tambaleándose hacia él, y la alabarda del centinela junto con las letras doradas del letrero de una tienda y unas tijeras pintadas en él parecían brillar en la pestaña misma de su ojo».

Así describía Gógol San Petersburgo y así la ciudad parecía mirarle a él.

(Imágenes: 1.-caricatura de Gógol.-filmplus.org/ 2.-caricatura de Gógol.-por Tullio Pericoli)

MÚSICA Y MELANCOLÍA

rostros-679-foto-por-julia-margaret-cameron-imagery-our-world

 

 

 La Filmoteca Española ha programado un ciclo sobre la melancolía en el cine y ello me lleva a cuanto hace poco escribí sobre esa aflicción en una Revista : «La melancolía – recordaba – no es hermana exclusiva de los tristes y la “acedia” – la llamada “tristeza o melancolía del mundo”, (expresión también de una vacilación o  rechazo a devenir lo que la persona realmente es, por su propia naturaleza) -, aquello que Kierkegaard llamaba “la desesperación de la debilidad”, tiene unas hijas propias que el filósofo alemán Josef Pieper ha analizado muy agudamente. “Ningún hombre puede mantenerse en la tristeza”, se lee en la Biblia,  y una de las hijas de esa “acedia” o tristeza  es la vagabunda inquietud de espíritu, que a su vez se revela  (y esto, en principio, nos parecería sorprendente) en la abundancia de palabras en la conversación, es decir, en la verbosidad o charlatanería incesante,  en la ininterrumpida  búsqueda  de novedades – por tanto, en la curiosidad permanente -, como también  en la dispersión, en la ausencia de sosiego y de reposo, en realidad en el no parar  y en  la inestabilidad de lugar y de decisión.

 rostros-9898-foto-desiree-dolron-michael-hoppen-contemporary

 Estudiada la melancolía por grandes autores  – son célebres los volúmenes  “Saturno y la melancolía” de Klibansky y Panofsky (Alianza) y el exhaustivo tratado de Robert Burton, “Anatomía de la melancolía  (Austral) -, se han analizado las múltiples causas que la provocan, se han enumerado sus  síntomas, se han aportado posibles remedios y curaciones, se ha contemplado la relación que ella puede  tener con el amor, los celos, la belleza del rostro o de los ojos, se ha considerado – y así lo hace Burton -cómo nos puede afectar la melancolía amorosa al traspasar las fronteras de los sentidos, de qué forma los encuentros, las conversaciones, los cantos, los engaños, las promesas, las quejas y las lágrimas trenzan muchas de esas melancolías que existen en el mundo, y cómo el miedo, la pena, la desconfianza, ciertas conductas extrañas, juramentos, juicios, ultrajes y gestos influyen en ella,  cercando  a la melancolía con  las pasiones y turbaciones de la mente – con  la envidia, la malicia, las preocupaciones, miserias, vanaglorias y tristezas de la existencia -, mezclándola con pavores, burlas, calumnias, necesidades y ausencias. El universo de la melancolía es amplísimo y por citar un aspecto entre mil  he ahí a la música como uno de los  remedios  – según Burton  – para apartar esa melancolía. “La música –señala él  – es la mayor medicina de la mente,  un poderoso golpe para elevar y reavivar un alma lánguida, “afectando no sólo a los oídos, sino a las propias arterias, los espíritus vitales y animales, eleva la mente y la agudiza” como así  dice  Lemnio. Juan de Salisbury, por su parte, indica que la música tiene su efecto sobre las almas más embotadas, severas y dolientes, “expulsa la pena con alegría, y si hay algunas nubes, polvo o escoria de las preocupaciones todavía latentes en nuestros  pensamientos, los barre poderosamente”.

 

 Muchos hombres – apunta también  Robert Burton – se ponen melancólicos al escuchar música, pero les causa una agradable melancolía, y por lo tanto, para quienes están descontentos, con pesar, miedo, dolor o están abatidos, es el mayor remedio presente. Plutarco a su vez  decía que la música vuelve a algunos hombres tan locos como tigres y  Homero, que la música hace a algunos despertar y a otros dormir, mientras Teofrasto profetizaba que las enfermedades tanto se pueden adquirir  como mitigar con la música».

(Imágenes.-1- William Herschel por Julia Margaret Cameron.-Imagery Our World./ 2.-foto: Desiree Dolron.-Michael Hopper Contemporay)