NERUDA


Recuerdo la vez que vi y escuché a Neruda en televisión con una voz cansada y nostálgica,, grave, alternada por pausas. Nunca le había visto ni oído y me dio la impresión de que su vida llena de tantas cicatrices emergía en sus palabras. Cada frase que decía, algunas con un acento dulce y con sabor de amargura, delataba al poeta meditativo y al soñador. Y me pregunté en cierto momento mirándole en la pantalla dónde y cuándo habrían salido de él — de aquella frente— hallazgos como los de las “Alturas de Machu Pichü”, metáforas que llegan a la cumbre

l(Imagen—tomada por Solar Dynamic Observatory)

HISAE Y LA APERTURA DE JAPÓN



 Estuvo Hisae en Paris largas temporadas dando charlas y clases y  tratando con diferentes artistas. Alternaba también con viajes breves a Japón. Casi sin darse cuenta  se había ido transformando en una especie de singular embajadora de Asia en Francia e incluso en otros países del continente europeo. Pero ahora era como si desde las costas del archipiélago donde ella había nacido se mirara con invisibles prismáticos la lejanía de las fronteras de Europa, intentando averiguar qué pasaba allí, qué se hacía allí dentro, en Paris o en Londres,  y a su vez, y también intrigados en esa búsqueda, desde las fronteras europeas, desde palacios y salones, y no sólo de políticos sino también de artistas como  aquel salón  de “La Maison de l’art”  que frecuentaba Hisae en París, se miraban  igualmente las  costas del lejano Japón con gran curiosidad por  conocer el interior de  ciudades como Kyoto , sus tradiciones seculares y sus tímidos avances de modernidad. Y Hisae iba advirtiendo todo aquello en cada viaje que hacía de Europa a Asia, y tanto al ir como al volver, sentía  alrededor de ella aquel cruce de curiosidades, ya que siempre le preguntaban en Paris por  los barrios de Kyoto y en Kyoto por los  barrios de  París.  Por eso, ante tanta curiosidad cruzada, no le extrañó, cuando en uno de sus estancias en el archipiélago, recibió una formal invitación para asistir a una gran audiencia  que iba a celebrarse  ante  el emperador Mutsuhito, llamado también por muchos Meiji Tennō, puesto que éste, enterado de sus viajes,  deseaba oírla  hablar de cómo estaban las cosas por Occidente.


El emperador Mutsuhito , o Meiji como se le llamaba, era un hombre enfermo, con numerosas dolencias dentales, deformación espinal y diabetes y que apenas podía andar. Y sin embargo conservaba una poderosa personalidad.  A Hisae le habían hablado de la  infancia del emperador casi como si rozara la fantasía. Se decía de él que siendo niño se había desmayado al oír el primer disparo, pero también que a pesar de sus enfermedades y pesadumbres a causa de sus diez hijos prematuramente muertos, era persona decidida a cambiar pronto el rumbo de Japón y que éste se abriera al exterior.  

 Le produjo tal impresión a Hisae aquella gran audiencia en la que participó que quiso quedara reflejada en sus “Memorias”. Fue quizá una de las últimas audiencias antes de que Japón cambiase. por completo. “Aquella mañana muy temprano — escribió ella en esas páginas —, envuelta en mi  kimono blanco, me coloqué donde me dijeron, es decir, en  un lugar preciso de la fila de un largo cortejo, camino del castillo. Delante de nosotros  ( pues para aquella audiencia aparecían convocados muchos monjes, nobles y guerreros) avanzaban , presidiéndolo todo, las antiguas insignias del poder supremo: el espejo de Izanami, la diosa que se decía dio nacimiento al sol en la isla de Awaji-si;  las enseñas cuyas largas banderolas de papel habían flotado entre las tropas del conquistador Zinmu; el puñal que, según decían, había herido a la hidra de  las ocho cabezas; el sello con que se marcaban las leyes primitivas del imperio, y el abanico de madera  de cedro que servía de cetro y que hacía dos mil años pasaba siempre del emperador difunto a las manos de su sucesor.



Detrás de aquellas insignias aparecían los bonzos y monjes formando un cortejo de interminables filas con sus cabezas tonsuradas o completamente afeitadas, unas totalmente desnudas y otras cubiertas con extrañas tocas o con sombreros de ala ancha. Algunos  avanzaban con cayado en su mano derecha, otros con una concha marina y otros con  un hisopo de tiras de papel. Los colores de los manteos iluminaban sus trajes. Detrás de ellos marchaban los guardias pontificales vestidos de ceremonia. Se cubrían la cabeza con un casco de laca cuyo adorno consistía en una roseta en forma de abanico abierto, la cintura cerrada  con un paño de seda bordada, los pies ocultos  bajo anchos pantalones, y como armas en sus manos llevaban un gran sable curvado, un arco y una caja repleta de flechas. 

Algunos de ellos avanzaban a caballo y otros a pie. Y detrás aparecían los coches. Eran coches pesados, que parecían construidos con madera preciosa,  cada uno pintado de un color distinto y tirados también cada uno por dos búfalos negros guiados por pajes que vestían cortas chaquetas blancas. En alguno de aquellos coches, según me decían conforme avanzábamos en hilera, debía de viajar la emperatriz. Por las ventanillas de alguno de aquellos coches, me comentaban también,  podía verse a la emperatriz y en otros coches más pequeños a las doce esposas legítimas del emperador. En cuanto al emperador, siempre que  se dirigía al castillo, y eso lo pude comprobar yo misma directamente, lo llevaban en un palanquín fijo sobre largos palos, acompañado por cincuenta conductores vestidos de librea blanca que resaltaban sobre la multitud. El palanquín , aunque lo vi de lejos, tenía forma de urna como la que se emplea para exponer reliquias. Era como un pabellón con techo de cúpula amplia y con campanillas de adorno y aquella cúpula estaba rematada por una bola, y sobre la bola aparecía la figura de un animal, una especie de gallo con las alas tendidas y la cola dilatada que representaba un ave mitológica muy conocida en Japón. 

El pabellón portátil del emperador, resplandeciente de adornos de oro, iba cerrado tan herméticamente que nadie podía adivinar que viajara alguien dentro. Se presentía que iba  allí un gran personaje porque junto a las portezuelas del pabellón caminaban todas las mujeres del servicio doméstico, que eran las que tenían el privilegio de rodear al emperador.

Al fin llegamos al castillo. Allí iban a tener lugar las audiencias pontificiales. Destacaba un gran patio embaldosado y con árboles donde se escalonaban los cortejos de honor. Apareció un destacamento de oficiales de órdenes y de guardias del emperador que tomaron posición y diversos grupos de dignatarios del séquito. En ese momento las mujeres desaparecieron. Los cortesanos, luciendo sus mantos de larga cola, comenzaron a desfilar con paso lento y subieron para ocupar su puesto designado con el rostro vuelto hacia las puertas, aún cerradas, de la gran sala del trono. Hacia el ala izquierda del edificio, los sonidos de las flautas y de las conchas marinas anunciaron que el emperador iba a hacer su entrada en el santuario. Había un profundo silencio en la multitud y el recogimiento duró varios minutos.


De repente, una marcial tocata resonó y una gran persiana de corteza de bambú pintada de verde y suspendida del techo de la sala fue bajando hasta quedar a dos o tres metros del suelo. A través de una abertura se podía ver parte de un lecho formado por esterillas y tapices, sobre el cual se extendían los grandes pliegues de un ancho ropaje blanco. Únicamente aquello era la aparición del emperador en su trono.

La persiana estaba trenzada de modo que el emperador podía verlo todo sin ser visto. Me dijeron que de todo el espacio que él podía abarcar con su mirada sólo podía ver cabezas inclinadas ante su invisible persona. Entonces fueron pasando ante aquella persiana de bambú cada uno de los invitados a la audiencia. Unos comentaban algo con unas palabras y otros desfilaban en silencio.. Cuando me llegó el turno oí la voz del emperador que me preguntaba por Europa y por Francia, y aunque yo no le veía, le hablé de Paris, de lo hermoso que era París, de todo lo que se estaba haciendo en París, de sus gentes, de sus calles y de sus plazas.”

josé Julio Perlado

(Del libro “Una dama japonesa”)

(texto inédito)

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

( Imágenes— 1- yamatame museum of Art/ 2- Shimura Tatsuma/ 3- Ogata Korin-1658/ 4-museo de arte japonés)

VERANO 2021 (2) : JOSEP PLA




“ En verano — decía Pla— la inteligencia se entorpece y la sensibilidad se desfibra. Horacio hablaba de la luz rabiosa del verano.; Malllarmė, del lúcido invierno. A mí me parece que estos dos adjetivos son perfectamente adecuados. Si yo pudiera practicar una concepción cualquiera del verano, me parece que coincidiría más con las ideas de antaño que con las actuales. No iría a veranear para tener más calor ni para llevar gafas ahumadas; dormiría, si fuera posible, con una manta en la cama.”


( Imagen — Agreda- vista nocturna- wikipedia)

EL RESPETO AL OTRO



“Las normas de la buena convivencia tienen que ser claras y explícitas para que todos y cada uno sepan qué pueden exigir y qué pueden esperar unos de otros — escribe Victoria Camps en las “Buenas maneras”—-.Pero el miedo al dogmatismo se ha proyectado en miedo e incomprensión hacia la disciplina, y la ausencia de disciplina ha hecho tambalear las bases de la buena educación. Minimizar el valor de la disciplina es ignorar lo que los griegos ya sabían y aceptaban: que la virtud es hábito, costumbre, repetición de actos, es decir, disciplina. Ciertas maneras de comportarse — con orden, con limpieza, sin dar voces, sin agredir —, cierto modo de ocultar o manifestar los sentimientos, de estar con los otros, son el primer paso para inculcar y dar a entender en qué consiste el respeto al otro. Los hábitos, las formas , las maneras de transmitir el respeto mutuo, pueden ser diversas, pero es imprescindible que sean de algún modo determinado. Los niños no entienden de teorías; aprenden por los ojos y por los oídos, lo que ven y lo que oyen, día a día, sin equívocos ni ambigüedades. La repetición es fundamental para la creación de hábitos, y para repetir una regla hay que sabérsela bien y proponerla con convicción. Es un error confundir la tolerancia con la ausencia de normas.”


(Imágenes—1– Twombly/2- Sir Terry Frost)

LA INSPIRACIÓN Y El TRABAJO


(¿ No es la emoción, la sinceridad del sentimiento de la naturaleza, lo que nos lleva…? y aunque esas emociones sean a veces tan fuertes que se trabaja sin sentir —le escribe Van Gogh a su hermano Theo —cuando a veces los toques vienen uno detrás del otro y las relaciones entre ellos como las palabras de un discurso o de una carta, es preciso recordar entonces que esto no ha sido siempre así, y que en lo porvenir habrá también días pesados sin inspiración.+


(Imágenes— 1- Van Gogh- tronco de tejo/2-/ Van Gogh – par de botas 1887)

SOBRE LA ALEGRÍA

“La alegría del día, el día en flor, una mañana de agosto con su humor y su resplandor,  totalmente brillante  — escribe el francés Bernanos en “La alegría” —y ya, en el aire demasiado pesado, los pérfidos perfumes otoñales — estallaba en cada una de las ventanas de vidrios rojos y verdes de la interminable galería. Era la alegría del día y no sabemos gracias a qué esplendor perecedero, era también la alegría por primera vez en la ardiente cúpula de la canícula, la insidiosa bruma que aún se arrastraba por debajo del horizonte, pero que descendería algunas semanas más tarde sobre la tierra agotada, los prados marchitos y el agua dormida, con el aroma de los follajes secos.”

(Imagen —Raoul Dufy — 1925– museo de Bellas Artes— Nancy)

EL OBITUARIO DE KAFKA


“Anteayer murió en el sanatorio de Kierling en Klosterneuburg, a las afuera de Viena, el doctor Franz Kafka, escritor alemán que vivía en Praga. Pocos aquí le conocían, porque era un ermitaño, un sabio que temía la vida. Durante años padeció una enfermedad de los pulmones, y aunque recibió tratamiento, también la alentó a conciencia y la nutrió espiritualmente. “Cuando el alma y el corazón no pueden soportar la carga, entonces el pulmón se ocupa de la mitad para que al menos el peso quede repartido en parte”, escribió en cierta ocasión en una carta, y así ocurrió con su enfermedad. Ésta le dio una sensibilidad que rayaba lo maravilloso y una claridad mental casi aterradoramente rigurosa; y, por otro lado, este hombre depositó sobre su enfermedad todo el peso de su angustia espiritual. Era tímido, angustiado, sereno y bueno, pero escribió libros terribles y dolorosos. Veía el mundo poblado de demonios invisibles que aniquilaban a las personas indefensas. Era demasiado clarividente, demasiado sabio para vivir, y demasiado débil para luchar, pero su debilidad era la de las almas nobles y bellas que evitan luchar contra el miedo, los malentendidos, el desamor y la mentira intelectual porque saben de antemano que son impotentes y se someten a la derrota para avergonzar a los vencedores.


Conocía a la gente como sólo pueden hacerlo las personas de una inmensa sensibilidad, los solitarios capaces de reconocer a la humanidad entera en un solo destello de la mirada. Conocía el mundo de una manera extraordinariamente profunda, y él mismo era un mundo extraordinariamente profundo. Escribio libros que se encuentran entre los más significativos de la joven literatura alemana. En ellos está contenida la lucha de las generaciones actuales, aunque no tengan nada de dogmático: son tan verdaderos, descarnados y dolorosos que resultan absolutamente realistas incluso cuando se expresan a través del simbolismo. Están llenos de la implacable ironía y el delicado asombro de un hombre que había visto el mundo con tanta claridad que no era capaz de soportarlo y tuvo que morir, de un hombre que no quiso hacer concesiones para salvarse, como tantos otros, de cualquier error intelectual, por bien intencionado que fuera. El doctor Franz Kafka escribió el fragmento titulado “El fogonero”, primer capítulo de una hermosa novela todavía inédita, “La condena”, sobre el conflicto entre dos generaciones; “La transformación”, el libro más poderoso de la literatura alemana moderna; “La colonia penitenciaria”, “Contemplación” y “Un médico rural”. El manuscrito de la última novela, “Ante la ley”, está listo desde hace años para la imprenta; pertenece a esa clase de libros que parecen abarcar el mundo de un modo tan completo que cualquier comentario resulta superfluo. Todas sus obras describen el horror de los misteriosos malentendidos y de la culpa inmerecida que atormenta a los seres humanos. Fue un hombre y un artista dotado de una conciencia tan escrupulosa que seguía alerta incluso cuando los demás, sordos, ya se sentían seguros.”

Milena Jesenská

obituario aparecido el 6 de junio de 1924 — tres días después de la muerte de Kafka — en el diario checo de Praga “Národní Listy” como “Noticia del día”

(Reiner Stach, el gran biógrafo de Kafka, añade en”¿Éste es Kafka?” que el público de habla alemana sólo pudo leer este obituario en 1962, cuando la revista “Forum” de Viena publicó la traducción alemana)

(Imágenes—1 y 2 – Kafka/ 3- biblioteca tumbar)

VIAJES POR EL MUNDO (43): FRANCIA, LA MONTAÑA NEGRA


“Nada mas rozagante ni más encantador— escribe el gran autor francés Julien Gracq—que aquella mañana de verano en que, tras haber salido de Mazamet temprano, subía yo despacio por las laderas de la Montaña Negra, pasadas las gargantas del Arnette, cruzando el bosque de Hautaniboul. El sol de las ocho se colaba en el oreado sotobosque de arándanos y moras, hacía que reluciesen a ambos lados de la carretera dos franjas de musgo húmedo, enjugaba el bosque con la misma ternura con que una mujer se retuerce la melena, iluminando, uno tras otro, claros pequeños y adolescentes tan rozagantes y matutinos que, aun sin pretenderlo, en lo hondo de todos ellos, uno se esperaba que iba a oír cantar al cuco. A cada revuelta, que me izaba más y más a lo largo de esta espaldera que cubrían las perlas de un rocío bautismal, respiraba con mayor facilidad — al norte, cada vez más lejos, bajo las redes de niebla, se divisaba la extensión de las anchas llanuras de la comarca de Castres — y de curva en curva, me parecía que me iba elevando hacia los reinos de la Mañana.”
(Imagen— Emil Nolde)

CONSTRUIR UN MUNDO


“Considero que para contar lo primero que hace falta es construirse un mundo lo más amueblado posible, hasta los últimos detalles. Si construyes un río , dos orillas, si en la orilla izquierda pusiera un pescador, si a ese pescador lo dotase de un carácter irascible y de un certificado de penales poco limpio. — así sigue diciendo Umberto Eco en sus “Apostillas a “El nombre de la Rosa” — entonces podría empezar a escribir, traduciendo en palabras lo que no puede no suceder. ¿ Qué hace un pescador? Pesca ( y ya tenemos toda una secuencia más o menos inevitable de gestos) ¿ Y qué sucede después? Hay peces que pican o no los hay.. Si los hay, el pescador los pesca y luego regresa contento a su casa. Fin de la historia. Si no los hay, puesto que es irascible, quizá se ponga rabioso. Quizá rompa la caña de pescar. No es mucho, pero ya es un bosquejo. Sin embargo, hay un proverbio indio que dice: “ Siéntate a la orilla del río y espera, el cadaver de tu enemigo no tardará en pasar.” ¿Y si la corriente transportase un cadáver, posibilidad contenida en el campo intertextual del Río?

No olvidemos que mi pescador tiene un certicado de penales sucio. ¿Correrá el riesgo de meterse en líos? ¿Qué hará? ¿Huirá, se hará el que no ve el cadáver? ¿Tendrá la conciencia sucia porque, al fin y al cabo, es el cadáver del hombre que odiaba? Irascible como es, ¿ montará en cólera por no haber podido consumar él mismo la anhelada vénganza? Ya lo veis, ha bastado amueblar apenas nuestro mundo para que se perfile una historia. Y también un estilo, porque un pescador que pesca debería imponerse un ritmo narrativo lento, fluvial, acompasado a su espera, que debería ser paciente, pero también a los arrebatos de su impaciente iracundia. La cuestión es construir el mundo, las palabras vendrán casi por sí solas”.

Imágenes— 1– Jakob Gasteiger- 2016/ 2– Feliz Boeck/ 3– Jenna Gang)

LA INTELIGENCIA Y LOS NIÑOS


¿ Qué es la inteligencia? , se le preguntaba en una ocasión al biólogo suizo Jean Piaget. “Es la capacidad de adaptación a situaciones nuevas — respondía—.es, sobre todo, inventar y comprender. El desarrollo de la inteligencia supone cierto interés o curiosidad en el individuo. Cuando el medio social es rico en sugerencias o incitaciones de esta índole, cuando el niño vive en una familia donde abundan las ideas y donde se analizan los problemas, hay un adelanto en su desarrollo. Por el contrario, si el medio social es ajeno a todo ello, hay un retraso inevitable. La inteligencia es como un músculo tanto más perfecto cuanto más se le utiliza. Hace falta de todas formas un mínimo de capacidad. Mucho antes que el lenguaje existe una inteligencia práctica que abarca las conductas instrumentales: por ejemplo, apoderarse de un objeto que está colocado sobre una alfombra a base de tirar de la alfombra, o utilizar un bastón para acercar un objeto que no está a nuestro alcance.

He tenido respecto a niños algunas experiencias que he observado bien. Yo trabajaba en un cuarto bastante grande, mientras uno de mis sobrinos jugaba con una pelota. Era un niño de diez o doce meses que apenas andaba, yo le miraba de vez en cuando. De pie o a gatas, tomaba la pelota y la tiraba, corría tras ella y comenzaba de nuevo. De pronto la pelota cayó bajo un sillón y él se deslizó para encontrarla. Un poco después, la pelota desapareció por el lado opuesto de la habitación y fue a parar debajo de un sofá, cuyos faldones resbalaban hasta el suelo. El niño se agachó y miró, pero no vio nada. Entonces se levantó con rapidez y fue a buscar la pelota en el sillón de antes. ¿No es una maravilla? El objeto no resultaba todavía enteramente localizable para él y lo buscaba allí donde su acción había tenido éxito. Había logrado encontrar la pelota bajo el sillón: había fracasado cuando estaba debajo del sofá, así que fue a buscarla bajo el sillón.”
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(Imágenes— 1- Walter Morí – 1956/ 2- Peter Jones)

UN PARÍS SILENCIOSO

— Y entonces, ¿ verdad Bob?, notamos algo raro en los Campos Elíseos. Al menos lo noté yo. Era como si a los automóviles les pasara algo. Bajaban en silencio, todos acompasados, como si descendieran en procesión. Y sobre todo, en silencio, sin rozarse, sin ruido de motores.

—¿En silencio total? — preguntó el periodista.

—Ezacto. En silencio total. No se rozaban. No sonaban los cláxones. Parecían de seda. Todos los Campos Elíseos de seda.

— ¿ Y usted los vio?

— Bueno, yo acababa de salir con Bob de un restaurante de los Campos Elíseos. Bajábamos por la acera de la izquierda bajo un sol de justicia. Me impresionó aquel silencio. Un silencio en las casas y en el tráfico, un silencio interior y exterior. No se oía nada en todo París. Una ciudad en completo silencio. Yo diría que era un silencio “resplandeciente”.

—¿ Por qué lo llama “resplandeciente” , señor Asimov?

— Porque era así. Todo París estaba resplandeciente. No solo los Campos Elíseos, sino toda la ciudad, las dos orilllas. No le he visto jamas de esa forma.

—¿Y qué hizo?

— Pues como pude llegué a Montparnasse. Seguía todo en silencio. Duró muchas horas. Yo creo que duraría seis o siete horas todo aquel silencio de París.

—¿ Va usted. a escribir algo sobre ello?

— Sí. Quizás sí. Puede ser el principio de un cuento.”

José Julio Perlado

( del libro “La mirada”)

(Imagen — escena de una película de Bergman)

EL REINO DE LAS MÁQUINAS

“El maquinismo, ¿es una etapa o el síntoma de una ruptura del equilibrio, de un desfallecimiento de las altas facultades desinteresadas del hombre, en beneficio de sus apetitos? He aquí la pregunta que a nadie le gusta hacerse.— decía el escritor francés Georges Bernanos en “Francia contra los robots”— No hablo de la invención de las máquinas, hablo de su multiplicación prodigiosa, a la cual nadie parece poner fin, pues el maquinismo no crea sólo máquinas, tiene también medios para crear artificialmente nuevas necesidades que aseguran la venta de nuevas máquinas. Cada una de estas máquinas, de una manera u otra, se agrega a la potencia material del hombre, es decir, a su capacidad, tanto para el bien como para el mal. Al hacerse cada día más fuerte, más terrible, sería necesario que cada día se hiciera mejor. Ahora bien, por descarado que sea, ningún apologista del maquinismo se atreverá a pretender que la máquina moraliza. La única máquina que no le interesa a la máquina es la máquina para disgustar al hombre con las máquinas, es decir, con una dedicada enteramente hacía idea de rendimiento, de eficiencia y, finalmente, de provecho.

( Imágenes- – 1- Paul Nicklen- national geográphic/ 2-Donato Giancola)

EL HOMBRE- LIBRO

“ Hay personajes realmente sorprendentes. Cuenta Elias Canetti en un ensayo sus aventuras con el libro que está escribiendo: “ el personaje principal de este libro – dice – conocido hoy como Kien, era designado en los primeros esbozos como un “hombre- libro”. Pues así, como hombre- libro, lo tenía ante mis ojos, a tal punto que su relación con los libros era mucho más importante que él mismo. El componerse de libros era entonces su único atributo, y no tenía ningún otro. Cuando por fin me puse a escribir su historia en forma coherente, le di el nombre de Incendio. En este nombre estaba contenido su final: tenía que acabar en un incendio. Mientras yo ignoraba aún cómo iría progresando la novela, una cosa era segura ya desde el comienzo: él se prendería fuego junto con sus libro y ardería con su biblioteca en el incendio que provocase; por eso se llamaba Incendio. Así pues, sus dos nombres anteriores, “hombre- libro” e “ incendio”, fueron desde el comienzo el único dato seguro sobre su persona.”

( Imágenes— 1- Jimmy Liao/ 2- Donald Sultán- 1986- artnet)

UN BRINDIS POR EL SEIS DE ENERO

 

”Heme aquí bajo el cielo,

bajo el que tengo que ganar dinero,

Viene la claridad que es ilusión,

amor sereno junto a la alegría

recién nacida

de la inocencia de esta noche que entra

por todas las ventanas sin cristales,

de mañana en mañana

y es adivinación y es la visión,

lo que siempre se espera y ahora llega,

está llegando mientras alzo el vaso

y me tiembla la mano, vida a vida,

con milagro y con cielo

donde nada oscurece. Y brindo y brindo.

Bendito sea lo que fue maldito,

Sigo brindando hasta que se abra el día

por esta noche que es la verdadera.”

Claudio Rodríguez— “ Un brindis por el seis de enero” — “Casi una leyenda”, 1991)

(Imagen — Emil Nolde)

AVIDEZ POR LOS RELATOS

“La narrativa se halla en una esfera un tanto diferente de las demás artes. Su medio es el lenguaje, y el lenguaje es algo que compartimos con los demás, común a todos nosotros. En cuanto aprendemos a hablar, empezamos a sentir avidez por los relatos — señalaba Paul Auster—. Los que seamos capaces de rememorar nuestra infancia recordaremos el ansía con que saboreábamos el cuento que nos contaban en la cama, el momento en que nuestro padre, o nuestra madre, se sentaba en la penumbra junto a nosotros con un libro y nos leía un cuento de hadas. Los que somos padres no tendremos dificultad en evocar la embelesada atención en los ojos de nuestros hijos cuando les leíamos un cuento. ¿ A qué se debe ese ferviente deseo de escuchar?

(…)

El arte es inútil, al menos comparado con, digamos, el trabajo de un fontanero, un médico o un maquinista. Pero ¿ qué tiene de malo la inutilidad? ¿ Acaso la falta de sentido práctico supone que los libros, los cuadros y los cuartetos de cuerda son una pura y simple pérdida de tiempo? El valor del arte reside en la misma inutilidad; que la creación de una obra de arte es lo que nos distingue de las demás criaturas que pueblan este planeta, y lo que nos define, en lo esencial, como seres humanos. Hacer algo por puro placer, por la gracia de hacerlo. Piénsese en el esfuerzo que supone, en las largas horas de práctica y disciplina que se necesitan para ser un consumado pianista o bailarín. Todo ese trabajo y sufrimiento, los sacrificios realizados para lograr algo que es total y absolutamente… inútil.”

(Imágenes-1- Auster y su mujer/ 2- puente de Brooklyn- 1998- foto Barbara Mensh- artnet)

LAS ESTRELLAS DEL CINE

Cumple hoy cien años el sociólogo francés Edgar Morin, autor, entre muchos otros títulos, de “El cine o el hombre imaginario’ y “Las estrellas del cine”. “Nunca, en el teatro, se había destacado el actor hasta ese punto — escribía Morin en 1957 —. Nunca había podido un artista desempeñar un papel tan importante en el espectáculo y más allá de él…. El cine ha inventado y revelado a la estrella (…) La Garbo, presente- ausente entre nosotros, testimonia hoy la grandeza pasada de la estrella. Demasiado grande para el cine que llegó a ser demasiado pequeño , apenas si se dignó rodar de cuando en cuando algunos films antes de encerrarse en el silencio. Sobreviviente del crepúsculo de los dioses, su misterio y su soledad nos hacen apreciar la evolución cumplida. Como signo de duelo, y también como para protegerse de la corrupción del mundo y del tiempo, disimula sus rasgos bajo un sombrero sin gracia y gruesos lentes negros. Y es su rostro inmortal de divina el que nuestro recuerdo ve radiante bajo su velo.

La idealización de la estrella, entiéndase bien, implica una espiritualización. Las fotos nos muestran con frecuencia a la estrella ocupada en pintar bajo la inspiración del talento más auténtico o bien acurrucada delante de su biblioteca, consultando una hermosa obra cuya encuadernación garantiza un valor espiritual. El actor inglés Ray Milland no oculta lo elevado de sus preocupaciones: “ Me gusta la astronomía, me gusta meditar sobre la naturaleza y las posibilidades de los planetas. Mi libro favorito se refiere a la vida vegetal que se supone existe en la Luna. Además de esto, estudio los veinticuatro volúmenes de la “Enciclopedia Británica”.

La belleza y la juventud de la estrella magnifican sus papeles de enamorada y de heroína. El amor y el heroísmo magnifican, recíprocamente, a la estrella joven y bella. En el cine, encarna una vida privada. En privado, debe encarnar una vida de cine.”

(Imágenes— 1- Katharine Hepburn / 2– Sofía Coppola /3- Humphrey Bogart en “El halcón maltés”)