¿DÓNDE DESEARÍA VIVIR?

 

 

El cuestionario Proust, tan repetido y comentado en muy diversas ocasiones, arrojaba en una de sus respuestas el lugar real o fantástico donde desearían vivir muchas gentes consultadas. El mismo Proust confesó que le agradaría vivir “allí donde ciertas cosas que yo quisiera se realizaran como por arte de magia y alli donde los encantos siempre fueran compartidos”. El músico Luis de Pablo escogía para vivir su propia casa de Los Berrocales; el escultor Amadeo Gabino,  decía: “ vivir donde estén mis amigos”; otro escultor, Martin Chirino, deseaba vivir “aquí, allá, en cualquier lugar, pero a la vez”; Alejo Carpentier, declaraba que “para mí no hay ciudad más grata en el mundo que La Habana donde nací. De ahí soy y, como decía Pascal, “el corazón tiene razones que ignora la razón”; la actriz María Casares aspiraba a vivir “frente al océano o en el desierto”; el pintor Antonio Saura, prefería vivir “en Cuenca y en París”; Mercè Rodoreda, en la montaña; Octavio Paz confesaba que quisiera vivir en Middle Earth; Alberti, “en una torre o azotea frente a la bahía de Cádiz. O en Roma”; Jorge Guillén, en Florencia la mayor parte del año;  Narciso Yepes comentaba: “no importa dónde si es con los que amo”.

Uno va leyendo estas cosas y se pregunta  al fin dónde desearía vivir. A lo mejor en el lugar en el que uno está viviendo, a lo mejor en encuadres fantásticos, a lo mejor en lugares reales que uno conoció  y en otros que jamás ha visto.

 

 

(Imagen – 1 -Marcel Proust/ 2- Florencia- puente viejo -Telémaco Signorini- 1860)

CONFIDENCIAS DE DELACROIX

 

 

“El pintor es mucho más dueño de lo que quiere expresar que el poeta o el músico, que están en manos de sus intérpretes; – lo escribía así en su “Diario Eugene Delacroix  el 20 de octubre de 1853 , a los 55 años – ; la obra del pintor no se halla sometida a las mismas alteraciones, en cuanto a la manera en que es comprendida en diferentes tiempos. La moda que cambia, los prejuicios del momento, pueden hacer que su valor sea considerado de un modo completamente diferente; pero, en fin, siempre es el mismo: queda tal y como quiso el artista que fuese, mientras que no ocurre lo mismo con una obra que se ve sometida a la libre interpretación, como las obras de teatro.”

 

 

Seis dias después escribe: “no hay que tener demasiada benevolencia en el caso de los genios singulares, hacia lo que se ha llamado sus negligencias que hay que llamar más bien sus lagunas, no pudieron hacer más que lo que han hecho. A menudo han sufrido mucho en trozos que son muy débiles o muy desagradables. Este resultado no parece ser raro en Beethoven cuyos manuscritos están tan corregidos como los de Ariosto.

 

 

La gran exposición actual del Louvre sobre Delacroix lleva a releer su apasionante Diario. “Los accesorios – dice el 3 de Julio de 1861 –  contribuyen enormemente  al efecto y, sin embargo, hay que sacrificarlos siempre. En un cuadro bien ordenado lo que llamo accesorios es algo infinito. No solamente los muebles, los pequeños detalles de los fondos son accesorios, además de los ropajes y hasta las mismas figuras, y en las figuras principales, algunas partes de ellas. En un retrato en que aparecen las manos, estas mismas son accesorio.” Y el 8 de marzo de 1860: “ todo hombre de talento que compone no debe de tratarse como un enemigo. No hay que ser demasiado exigente. Debe de suponer lo que la inspiración le ha dado su valor. El hombre que vuelve a leer y que tiene la pluma en la mano para corregirse es en mayor o menor grado un hombre diferente que el inicial. Hay dos cosas que debe enseñar la experiencia : la primera, que hay que corregir mucho; la segunda, que no hay que corregir demasiado.”

 

 

(Imágenes -1- Delacroix – fotoarte/ 2-  Chopin – por Eugene Delacroix – wikipedia/ 3- Delacroix -Barca de Dante / 4-  Delacroix- Retrato del barón Schwiter)

MÁSCARAS DE FRANCISCO MATEOS

 

 

Le recuerdo muy bien a Francisco Mateos cuando nos visitaba en aquellas habitaciones casi escondidas de “La Estafeta Literaria”, en los bajos del Ateneo de Madrid. Era en torno a 1960. Subía los escalones del Ateneo, atravesaba el bar, se perdía en pasillos subterráneos y se entretenía hablando con Rafael Morales, con José Hierro o conmigo mostrándonos sus dibujos y sus máscaras. En el Ateneo había expuesto  veinte cuadros con una exaltación  de color, con temas de brujas y de mascaradas con aglomerados de gentes metidos en graciosas pantomimas, además de sus mendigos y sus locos.

 

 

“Cada uno de nosotros – decía Mateos – tiene un ángel vigilante, por él tenemos los premios y los castigos. Él fue el que me dio, por ejemplo, la medalla de oro de la crítica de arte y otras cosas, condicionado a que el vértigo del arte no me atrapase.”

Ahora la galería Orfila de Madrid, con motivo de su cuarenta y cinco aniversario como galería, dedica a Mateos un importante espacio y su figura vuelve a mi memoria evocando nuestras charlas en la calle del Prado. “Mis personajillos – confesaba el pintor – pueden estar vestidos con ropas vergonzantes, pero tienen fe, y ríen, y cantan, y bailan, como cualquiera de nosotros en sueños. Yo he creído siempre en ellos y he empleado mi vida en una síntesis popular; un arte cuya médula fuera el hombre de la calle, con sus ideas y acciones viitalmente espontáneas y llenas de sinceridad. Creo en el hombre llano, porque tiene fe en un mundo limpio y hasta milagroso: creo, en fin, en una pintura de la que ya informaron los Primitivos; en la que nunca entró el color leproso, ni el tema impuro”.

 

 

“El arte – decía también Francisco Mateos – no es un mero entretenimiento cuando algo vivo se tiene en el espíritu. Nos rodea abundante riqueza histórico- intelectiva en la pintura; empero, no es menos riqueza la que nos informa del bullir y la algarabía que lo coetáneo de la calle nos enseña. Se aprende, no a ver, sino a ser. Ser éste y aquel; ser todo, en fin, y después de meternos en sus nervios, inventarnos, con unos signos y colores, no lo que hemos visto, sino lo que hemos sentido.”

 

 

(Imágenes- 1- Francisco Mateos- la ventana del arte/ 2- Francisco Mateos – colección Gaya Nuño/ 3-  Francisco Mateos – Fundación Telefónica/ 4- Francisco Mateos – 1970-  la ventana del arte)

HOJITAS DE PAPEL

 

 

“Yo escribía mis poemas – decía el poeta italiano y Premio Nobel de Literatura, Eugenio Montale – en hojitas de papel. Unas veces las conservaba, otras la muchacha las tiraba como basura. Esto asemás porque nunca he tenido hojas de papel. Aún hoy, cuando tengo que escribir una carta, tomo ese papel que da el periódico y que es el peor papel italiano, el más económico. Luego no se puede borrar  ni siquiera con la goma, porque se hacen manchas horribles. Así pues, divido en dos partes la hoja y allí escribo, siempre disculpándome  por el papel. Una vez, el profesor Molaioli, apiadándose por mi caso, me mandó un paquete de papel precioso. Pero ese es demasiado bonito.  Debe de estar allí todavía. Sería menester escribir en él autógrafos inmortales. Entonces, escribía en pedacitos de papel, a veces hasta en billetes de tranvía. Pero no sólo apuntes. Nacían en ellos partes enteras de poemas (…) Pero sigo escribiendo. He escrito poesías durante treinta y cinco años. Son muchos. De hecho ya habría debido morirme. Los grandes poetas mueren pronto. Se ve que soy un poeta muy pequeño, puesto que no muero. Hay excepciones. Víctor Hugo produjo en la vejez. Yeats escribió en la vejez. Pero, ¿por qué? Porque de joven no había encontrado todavía su fisonomía. Comenzó a encontrarla a los cincuenta años.”

(Imagen – Gerhard Richter)

MIRÓ EN LOS TIEMPOS DE PARÍS

 

 

“Fue André Masson quien me presentó  a Hemingway– contaba Joan Miró – . Enseguida se interesó por mi obra y sobre todo por “La Masia”. Hicimos gran amistad. Él vivía entonces en rue Notre Dame – des- Champs. Era cordial, simpático. Pobre como yo. Los dos lo pasábamos muy justo. Y para ganar algún dinero, Hemingway hacía de “sparring” de los pesos fuertes. Yo también hacía deporte. Me ayudaba a mantenerme en forma y a tener la cabeza despejada por completo. Solía acudir al gimnasio del Club Americano en el boulevard Raspail, y boxeaba con Hemingway.”

 

 

Se lo contaba así  Miró a Lluís Permanyer y él lo recogió años más tarde en “Los años difíciles” . “Yo boxeaba con Hemingway – decía el pintor – al igual que los demás. El pegaba. Pegaba duro. No a mí, claro. Formábamos una pareja muy divertida: él tan fornido y yo tan chico. Entonces mi horario de trabajo era el de siempre. Siempre he sido muy metódico. Solía  levantarme temprano, bastante temprano. Hacía yo mismo la limpieza del taller. Lo tenía muy ordenado. Yo trabajaba sin descanso, cada mañana y cada tarde. Me costaba concentrarme. El taller de Masson era contiguo al mío, sólo nos separaba una delgada pared. Se oía todo. El vivía entonces con Odette, la que fue su primera mujer, y solían mantener, con admirable regularidad, acaloradas discusiones. Parecía como si los tuviera en mi propio taller. Tenía que hacer grandes esfuerzos para poder concentrarme en mi trabajo.

 

 

Mis diversiones eran el deporte y salir con los amigos. A unos pocos metros del taller de la rue Blomet había un café en cuya trastienda funcionaba un baile negro. Allí acudíamos a menudo. También nos pasábamos horas y horas charlando en la Rotonde. Fue centro de reunión de los Picasso, Modigliani… Recuerdo también que solía ir a cenar “Au Nègre de Toulouse”. Joyce iba casi cada día. Hemingway me lo presentó. Era un tipo un poco raro, poco comunicativo. Le acompañaba siempre su hija, que le hacía de secretaria. Él estaba muy mal de la vista. Frecuenté la librería Shakespeare and Company. Hemingway acompañó a Sylvia Beach a mi taller.

 

 

Es difícil explicar lo que yo sufría cuando tenía que trasladar mis telas de un lado a otro de París. Al oír el ruido que hacían, colocadas sobre el techo del taxi, lo pasaba muy mal, porque temía que se estropearan.

Por mediación de Hemingway conocí a Gertrude Stein. A ella nunca le interesó lo que yo hacía, pero siempre se mostró muy hospitalaria. Stein, tan gorda, en todo momento iba acompañada de su amiga Toklas, que era como un pajarillo”.

 

 

(Imágenes -1-Joan Miró – 1927- metropolitan museum/  2- Hemingway/ 3- Joan Miró- 1934- metropolitan Museum/ 4- James Joyce y su hija Lucía/  5- Joan Miró -1925)

VERANO 2O18 (1) : JOHN KEATS

 

 

“El mar conserva sus susurros a lo largo

de orillas desoladas, y con su recia marea

inunda veinte mil cavernas, hasta que el encanto

de Hécate les deja su sombrío sonido.

A menudo encuentra su temple calmado

y durante días apenas se mueven las conchas

diminutas de allí donde al fin quedaron,

cuando se desataron los vientos de los Cielos.

Vosotros que tenéis los ojos cansados y doloridos,

alegradlos ante la inmensidad del mar;

vosotros que tenéis los oídos silenciados por el estruendo

o demasiados hartos de pesadas melodías,

sentaos junto a una vieja caverna y meditad

hasta que os sobresalten los cantos de las ninfas.”

John Keats – “Al mar” (edición De Francisco Ruiz Casanova)

 

 

(Imágenes -1- Childe Hassam/ 2-Miguel Rita)

VIEJO MADRID (80) : EL CINE CALLAO

 

 

“Por la tarde, vamos al cine del Callaoescribe Arturo Barea – . Este cine es una barraca muy grande de madera y de lona. En la puerta tiene un órgano con muchos tambores, flautas y cornetas, y unas figuras vestidas de pajes, que dan vuelta sobre un pie, hacen una reverencia con la cabeza y tocan un instrumento con las manos. Una tiene un tambor, otra una lira de timbres y otra una pandereta. Encima de todas hay otra con una batuta que dirige la música.

 

 

Dentro el cine está lleno de bancos de madera y en el fondo está el telón y el explicador. El explicador es un hombre muy gracioso que va explicando la película y que hace chistes con las cosas que aparecen en la pantalla. La gente le aplaude mucho, sobre todo con las películas de Toribio. Toribio le llama la gente, pero es un  francés que se llama André Deed y que siempre hace cosas de risa. También hay películas de Pathé de animales y de flores, donde se ve cómo viven los bichos y cómo crecen las flores. Una vez he visto un huevo de gallina, con su clara y su yema muy  grandes que llenaban el telón. Se empezaba a mover despacio y a cambiar de forma. Primero salía como un ojo y luego se iba formando el pollito, hasta que ya estaba formado y picaba el huevo, lo rompía y salía con un cacho de cáscara pegado atrás. También se ve a los reyes en las carreras de caballos  y otras películas de los reyes que hay en el extranjero y de otras personas.

 

 

El dueño del cine, que ya nos conoce, es un hombre muy bueno que ha estado muchos años en Francia. Se llama Gimeno y a los chicos les cobra los jueves por la tarde que no hay colegio, cinco céntimos por entrar. Cuando ve que algún chico da vueltas alrededor del órgano sin entrar, le pregunta:

—¿Por qué no entras?

—No tengo cuartos – dice el chico.

Lo mira y si no es un golfillo le dice:

—Anda, pasa.

Otros chicos que no tienen cuartos se los piden a la gente que pasa por ahí, y muchos por una perra chica les compran el billete de entrada. Así que los jueves se llena el cine de chicos; los pasillos también, donde se ponen de pie los que ya no caben en los bancos. Las personas mayores no quieren ir los jueves por el escándalo que se arma, porque todos los chicos chillan y alborotan. Pero el señor Gimeno es el día que más disfruta. Lo mismo le pasa al explicador, los jueves es el día que hace más chistes y cuenta más historias disparatadas.”

 


 

(Imágenes -1- madrid ayer, hoy y mañana/ 2- cine Callao- flores en el ático/ 3- plaza de Callao – wikipedia/ 4- Gran Via – aga- el mundo)

CASAS HECHIZADAS

 

 

Una larga lista de casas hechizadas proporciona Jacobo Siruela en su prólogo  a la “Antología universal del relato fantástico” (Atalanta). Casas de muros con misterio, de puertas con enigma o de suelos apoyados en sueños. “Un escritor indio, Nayer Masud – doctor en urdu y persa, catedrático de literatura y traductor de Kafka y de la literatura persa –  ha descrito en “Lo oculto” – (así lo comenta Siruela) -, cómo un joven de la India contemporánea, que ha conseguido un trabajo relacionado con la inspección de viviendas, descubre asombrado que en ciertas habitaciones hay zonas que provocan miedo o un deseo desconocido. Tan sólo se trata de una sensación, pero es tan intensa que el protagonista le concede una total credibilidad”.

 

 

 

El castillo de Otranto”, la casa Usher, la mansión de “Otra vuelta de tuerca”, el hotel de “El resplandor” de Stephen King o la larga enumeración de casas embrujadas ocupan un lugar central en la literatura fantástica : son casas hechizadas que constituyen un motivo clásico de la literatura vitoriana, herencia de la novela gótica. Siruela añade que la realidad, el tamaño o la forma carecen de importancia. Algunas historias nos hablan de cierta cualidad especial que tienen los lugares, y que los antiguos romanos llamaban “genius loci”.

Entre el fantasma, la metamorfosis, el tema del “doble”, la magia o el autómata, ahí se cuela y adquiere inusitada grandeza y dimensiones profundas la casa hechizada, porque si ya de por sí toda casa es un recinto donde vivió durante largos años el tiempo pasado con su multiplicidad de personajes y de enigmas, ahora, tocada de pronto por la varita del hechizo, los muros transforman su realidad en sueños y los sueños nos envuelven en sombras.

 


 

(Imágenes -1- Ida Outhwaite/ 2-Albert  Lorieux/ 3-  Alexandre Rabine -1989- artnet)

¡QUÉ LEJOS EL AYER!

 

 

“l Qué lejos el ayer! Nuestro pasado

a infinita distancia del presente.

Lo que se ha ido, próximo o lejano,

hoy nos parece a similar distancia.

Lo que ha de ser, qué lejos de este sitio

en que podrá decir : yo soy ahora.

Como una ola que a otra ola engulle

antes que nos alcance, así es el tiempo

cuya esencia consiste en no ser nada.

Por igual tiraniza nuestra suerte,

que no puede evitar ni un sol destruido

ni retrasar un truco en su llegada.

Así es el tiempo que a morir nos lleva.

Lo sabe el corazón y de ahí su miedo.”

Fernando Pessoa-“ 35 sonetos” (traducción de Francisco Barrionuevo)

 

 

(Imágenes -1- Kandinsky – 1910/ 2- Henri Matisse- 1938)

BARJOLA Y LOS PERROS

 

:

 

“Recuerdo cómo iba a mi lado caminando aquel día de 1980 el pintor extremeño Juan Barjola que una vez más insistía en llevarme hasta su taller, en la calle Amalarico, para que lo conociera. Yo le observaba a mi lado, observaba su largo cráneo, su bigote poblado, sus ojos apagados, casi sumisos. De vez en cuando, cruzaban por la acera, chocando casi contra nuestras piernas, olvidados y perdidos, unos perros. “De pequeño, me iba diciendo Barjola al mirarlos, yo dibujaba perros; el perro es un animal maravilloso que sufre mucho en soledad. La mirada de un perro cuando está enfermo, me decía el pintor, es una mirada triste, es una auténtica realidad. Generalmente, de pequeño, a mí lo que más me atraía era dibujar perros tal vez por ser los animales más humanizados”. Después hacía una breve pausa, caminábamos otro poco más, y Barjola proseguía : “Yo al principio viví en la Gran Vía, luego en Lavapiés . Después vine para acá. Pero todo esto está desconocido. Aún no hace mucho era casi una comunidad de chabolas”. Luego, recuerdo, que después de dar muchas vueltas por las calles entramos en aquel estudio suyo de tres metros por dos y medio y de pronto, nada más entrar, descubrí a diez criaturas colgadas en las paredes. Eran más o menos diez cuadros con ojos, bocas y cuerpos distorsionados.

 

 

Barjola me acercó una silla y me senté en ella, él se sentó a mi lado y enseguida me preguntó si yo estaba cómodo. Luego añadió : “este cuarto es estrecho pero tiene sabor. Aquí trabajo cuatro horas, muy pausadamente. Y el resto voy a recaudar datos para mi pintura, los encuentro por la calle, en el cine, en los libros”. Aquellas diez criaturas seguían mirándonos y yo observaba al padre de las criaturas cómo las contemplaba y también a sus hijos que rodeaban al pintor del paciente mirar y que mostraba tanta mansedumbre. “ A mí, continuaba Barjola sentado a mi lado, me gusta más el fondo que la forma, no creo que un pintor sea profundo por muy bellas que sean sus formas si su arte no tiene un mundo lleno de contenido. Por eso precisamente, por ser profundo el fondo y no la forma, Goya, proseguía diciéndome Barjola, adquiere cada día más vigencia. Si nos fijamos en sus aguafuertes y en sus dibujos, vemos que son concretísimos: en ellos está lo dramático y lo social”. En determinado momento me levanté y quise acercarme más a las pinturas para observarlas mejor. Barjola se levantó también de la silla y se puso a mi espalda. “ Lo difícil del arte, me seguía diciendo el pintor, es definir, y que esa definición atraiga siempre por su expresividad, su mundo dramático”. Me impresionó cómo destacaba allí entre todas las pinturas una “Tauromaquia”, la violencia de unos rojos sangrantes de picador con su cuerpo curvado pinchando a un toro negro. Y las manchas. Las posturas difíciles. Los amarillos, los rojos, los amplios horizontes extremeños, los marrones fríos y calientes de descampados de Madrid. Y sobre todo los perros. Especialmente unos perros descarnados ladrando a la luna. Sí, recuerdo aquella tarde, las dos sillas en el estrecho taller y los perros ladrando más allá de las paredes, ladrando a la luna con sus bocas abiertas, con los dientes blancos y separados, los cuellos estirados, unos perros lastimeros, solitarios, retorcidos, recuerdo aquella tarde en el taller del pintor  y el ladrido de los perros.”

José Julio Perlado – (del libro “Relámpagos”)- ( texto inédito)

 

 

(Imágenes – 1- Juan Barjola/ 2- Zdzislaw Bekinski/ 3- “Tauromaquia” – Barjola)

LOS QUAIS DEL SENA

 

 

“Me paseé por los quais del Sena. Cada cosa parecía en su verdadero lugar. La luz sobre el río, la belleza de las piedras, la armonía de cada forma ofrecida, de los álamos, de las fachadas, de los puentes… A cada paso, tenía la impresión, mirando mejor, de descubrir un nuevo detalle, tan perfecto como el anterior, el dibujo de una cornisa, un balcón de hierro forjado, el perfil de una chimenea, el vestido de una paseante, o tal libro raro que había buscado desesperadamente. Todo ello era de una belleza imperiosa  y vivísima casi insoportable”.

Jean Clair.-“Breve defensa del arte francés”– 1989

(Imagen- París city visión)

CAMINAR Y ESCRIBIR

 

 

”Con objeto de hacer lo que haces, necesitas caminar. Andando es como te vienen las palabras, lo que te permite oír su ritmo mientras las escribes en tu cabeza. Un pie hacia delante, y luego el otro, el doble tamborileo de tu corazón. Dos ojos, dos brazos, dos piernas, dos pies. Éste, y luego el otro. Ése, y luego éste. El acto de escribir empieza en el cuerpo, es música corporal, y aunque las palabras tienen significado, pueden a veces tener significado, es en la música de las palabras donde arrancan los significados. Te sientas al escritorio con objeto de apuntar las palabras, pero en tu cabeza sigues andando, siempre andando, y lo que escuchas es el ritmo de tu corazón, el latido de tu corazón.”

 

 

Paul Auster compone estas frases en su “Diario de invierno”, pero su caminar persiste a lo largo de los libros. En las conversaciones que mantuvo con I. B. Siegumfeldt recogidas ahora en “Una vida en palabras”, vuelve a recordar que “caminando se establece un ritmo, una cadencia binaria, como con tantas cosas propias del cuerpo humano: dos ojos, dos manos, dos piernas, dos pies, y el latido del corazón, que es una especie de bum- bum, bum- bum. Caminar parece crear un ritmo conducente a la producción de lenguaje, en especial, por supuesto, poesía. En “Conversaciones sobre Dante”, Mandelstam argumenta que la poesía de Dante imita los ritmos del paso humano, para luego plantear esta bella cuestión: “Me pregunto cuántos pares de sandalias gastó Dante mientras escribía “La divina comedia”. Sólo a un poeta se le podría haber ocurrido algo así. Se agitan tantas cosas en mi interior cuando estoy escribiendo – añade Auster -que me resulta difícil estar mucho tiempo sentado. Me levanto y paseo mucho por la habitación, y simplemente eso, el hecho de andar, parece generar la siguiente andanada de palabras.”

 


 

(Imágenes -1- artexpertinc – 1958/ 2- Theodore Rousseau/ 3- Richard Long)

DOLOR DE LOS VIOLINES

 

 

¿Sufren los violines?, es la pregunta que quiere hacerse Alberto Savinio cuando comenta la vida de Antonio Stradivari. Antes evoca unas palabras de Charles Reade en 1874: ” cuando un stradivarius rojizo redondea su perfil aterciopelado y el barniz del fondo, degradado por el desgaste, toma la forma de un triángulo impreciso, su efecto de luz y de sombra es a mi entender el summum de la belleza”.

 

 

Pero la pregunta sigue en pie: ¿ sufren los violines? Savinio anota que ” el dolor de los violines  inactivos, de los violines “encerrados en vitrinas”, de los violines acostados como las condecoraciones del pobre tío coronel sobre un cojín de terciopelo, de los violines encerrados en sus casaquillas rojas, anaranjadas, pardas y con el arco al lado como la espada que se coloca al costado al caballero muerto – el dolor de los violines que ya no sienten el apoyo de un hombro agitado, de un pecho convulso, que no se sienten dominados, acariciados, rozados por los dedos de un Sarasate, que no se sienten recorridos por las melodiosas corrientes de un Bach, de un Mozart, de un Beethoven -, tal vez el dolor de los violines no llega a ser como el de Niobe, pero un proceso semejante de petrificación, o al menos de enfriamiento, sí que debe de pronunciarse en esos pobres.

Para que no “mueran de sonido”, que los dignos de los stradivarius los retomen entre el hombro y el mentón”.

 

 

(Imágenes-1- Edmund C Tarbell- 1890/2-Theo van Rysselberghr -1903 / 3- “Español ll” -Stradivarius- Palacio Real de Madrid)

BORGES Y EL AJEDREZ

 

juegos.-rtggb.-ajedrez.-Thomas Eakins.-1876

 

“En su grave rincón, los jugadores

rigen las lentas piezas. El tablero

los demora hasta el alba en su severo

ámbito en que se odian dos colores.

Adentro irradian mágicos rigores

las formas: torre homérica, ligero

caballo, armada reina, rey postrero,

oblicuo alfil y peones agresores.

Cuando los jugadores se hayan ido,

cuando el tiempo los haya consumido,

ciertamente no habrá cesado el rito.

En el Oriente se encendió esta guerra

cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra.

Como el otro, este juego es infinito”.

Jorge Luis Borges. – Ajedrez – “El hacedor” (1960)

(Imagen.- Thomas Eakins– (1876) – Museo metropolitano de Nueva    York

LA CÁMARA DE HACER POEMAS

 

 

Los fotógrafos españoles Oriol Maspons y Julio Ubiña realizaron para la colección “Palabra e imagen” de la editorial Lumen, en 1966,  el libro de fotografías “Poeta en Nueva York”, de García Lorca. Los dos fotógrafos se habían asociado en 1957 y construyeron juntos un excelente trabajo en equipo : Ubiña creando reportajes sobre Angola, el Congo y Oriente Medio, entre otros muchos países, y Oriol Maspons situado en 1964 por “Photography Year Book” entre los seis fotógrafos más importantes del momento fotográfico mundial. En la colección “Palabra e imagen” había aparecido ya un título de Maspons con textos de Miguel Delibes, “La caza de la perdiz roja” y el conjunto de Maspons/ Ubiña había publicado “Toreo de salón”, con textos de Camilo José Cela.

 

 

Ahora se abre una exposición en la Biblioteca Nacional sobre la relación entre fotografía y literatura – 60 “fotolibros poéticos” – como parte de PhotoEspaña y bajo el título “La cámara de hacer poemas”. Allí aparece, naturalmente, este libro de Lorca. Acompañando al texto del poeta, los dos fotógrafos captan los lugares de Nueva York de los que Lorca habla de modo específico y a la vez otras imágenes que son una interpretación libre del mundo y las sugerencias de los versos lorquianos. Maspons y Ubiña realizaron esas fotos en la ciudad de Nueva York en 1965 y, según los editores del libro, “procuraron captar en síntesis extraña lo que tenía de común la ciudad de 1965 con una ciudad y unos versos de treinta y cinco años atrás. Las fotos corresponden, pues, a Nueva York, pero a una Nueva York especial, una ciudad vista y extendida a través de unos poemas.”

 

 

(Imágenes- 1-portada del libro de Lorca/ 2- Nueva York – Oriol Maspons/ 3- Nueva York- Michael Magill)

BERGMAN, LA SOLEDAD, LOS SUEÑOS

 

 

“ Yo siempre he vivido – decía Ingmar Bergman – en el medio teatral, y el teatro siempre es una comunidad. Cuando se monta una obra, uno se siente,de la manera más extrema, parte integrante de esa comunidad. En el teatro, los actores jamás están sometidos al capricho de los directores. Por el contrario, en el teatro pueden oponerse, rechazar, rebelarse de una manera muy eficaz. Yo he sentido, sin embargo, la soledad de otras formas, pero nunca en el campo profesional. Conozco un gran director de orquesta que cierta vez hablaba precisamente de la soledad que sentía ante la orquesta.  Eso nunca me ha ocurrido, ni en el teatro ni en el plató, con los actores y los técnicos. Yo nunca he sentido nunca esa forma de soledad. En la vida privada, sí, y precisamente por ello siempre he vuelto al grupo, a la comunidad, aunque sea ilusoria.”

 

 

La publicación ahora del primer volumen de sus “Cuadernos de trabajo” (1957- 1972) nos presenta una vez más los altibajos interiores de Bergman, sus exaltaciones y depresiones. Soledad y sueños entre muchas otras cosas. Ya en una de sus primeras películas, “Buque para la India”, un personaje, Sally, decía: “ No puede uno quedarse solo, si no, da igual estar muerto”. Y el mismo Bergman confesaba: “Lo importante es no estar solo”.

 

 

En cuanto a los sueños, reconocía que “ningún arte, pintura y poesía incluida, pueden comunicar tan bien como el cine la naturaleza específica del sueño. Cuando la sala se queda a oscuras, y aparece ese cuadrado blanco y brillante, nuestra mirada se fija, está inmóvil, no oscila a derecha ni a izquierda, estamos sentados en un sillón y las imágenes se suceden ante nosotros, nuestra voluntad flaquea poco a poco, deja de funcionar progresivamente, cada vez somos más incapaces de seleccionar y situar los acontecimientos, nos vemos arrastrados a una ficción y todos participamos en un sueño. Y fabricar sueños, es una cosa bastante interesante. Yo sueño muchísimo. A veces recuerdo sueños y los anoto, cuando creo que son utilizables. Otras veces, cuando sueño, me digo:”!Oh, tienes que acordarte de este sueño para hacer un film.” Es una deformación profesional.”

(Imágenes -1- Fresas salvajes, de Bergman / 2- Jerry N Uelsman/ 3-Atkinson Grimshaw)