MAYO 1968 ( y 2) : OCUPACIÓN DEL TEATRO ODEÓN

 

“ El 15 de mayo de 1968 viví en París un espectáculo inaudito y sorprendente : la imagen luminosa, desordenada y nocturna del Odeón, del teatro Odeón, ocupado por los estudiantes y los obreros y abierto de par en par día y noche a todas las gentes. Estuvo así, noche y día abierto el teatro Odeón durante veintinueve días. Si se pudiera escribir una obra insólita para ser representada de modo espontáneo por los ciudadanos sin duda no habría otra mejor que la compuesta por aquellos diálogos nocturnos interminables a los que muchas noches asistí en el Odeón, aquellas conversaciones y reproches lanzados a gritos de un palco a otro palco y de butaca a butaca. No hay ningún director a quien se le ocurra tal representación. “¡Reinventad la vida!”, se gritaba desde un extremo a otro de la sala, “¡Vosotros sois el arte!”, se lanzaba desde otro lugar, “¡ Vosotros sois la revolución!”, se contestaba desde otro palco. Todas estas exclamaciones quedaban enmarcadas por los carteles que inundaban los pasillos : “La revolución es una iniciativa”, se leía en uno, “Abraza a tu amor sin dejar tu fusil”, “Cuando la Asamblea Nacional se convierte en un teatro burgués, todos los teatros burgueses deben convertirse en asambleas nacionales”, “¡Sean sucios, pero azucarados jamás!”. Y aún me parece verme allí, leyendo aquellos “grafittis” que cubrían las escaleras y rincones del teatro y a la vez en el momento en que, desconcertado por cuanto estaba ocurriendo, volví a entrar en el gran patio de butacas permanentemente iluminado por las lámparas y levantando la vista hacia el techo quedé admirado por la belleza de aquel asombroso decorado azul en oro y púrpura, un admirable techo creado por André Masson y en el que podían contemplarse figuras inspiradas en Esquilo, en Shakespeare y en Claudel, enlazándose la pintura moderna con motivos plásticos del siglo XVlll. Aquel patio de butacas multicolor, invadido entonces de rostros, gorras, atuendos de mujeres y de hombres, madres de familia, oficinistas, comerciantes de barrio, obreros, agitadores, actrices, estudiantes – unos 4000 estudiantes se dijo que pudieron entrar y salir a distintas horas y en distintos días por las puertas abiertas de aquel teatro cuyo aforo no superaba el millar -, todos esgrimiendo a gritos las palabras, sus incesantes propuestas, los improperios y las ideas cruzadas desde los palcos a las butacas, todo aquel patio, como digo, me remitía de pronto, por una extraña asociación de ideas, a lecturas mías de tiempos pasados cuando aún estudiaba en la universidad y descubría, fascinado por su vanguardismo, aquella pieza de Pirandello, “Esta noche se improvisa”, escrita por el autor siciliano casi cuarenta años antes, en 1930, y en la que se representaba una especie de “teatro en el teatro”.

 

 

Allí, en aquella obra de Pirandello, yo recordaba que los espectadores/actores confundían e intercambiaban sus voces y sus gestos sin seguir un aparente argumento – hablándose también ellos desde los palcos y desde las butacas, e incluso alargando su interpretación por el vestíbulo y continuando en el desempeño de sus papeles durante el entreacto – bajo la dirección, recuerdo, de un tal doctor Hinkfuss que corregía, limitaba y reordenaba las intervenciones de los asistentes pero igualmente modificaba los elementos de la luminotecnia, los coros ambientales y la decoración. ¿Qué relación tenían el arte y la vida? El doctor Hinkfuss – la voz de Pirandello – aseguraba que el arte era el reino de la creación realizada, mientras que la vida se mostraba en una formación continuamente mudable. Ahora yo estaba allí, a altas horas de la noche, en el patio de butacas del ocupado teatro Odeón de París en el que desembocaban muchas vidas de las gentes, de los barrios, de las familias parisinas de la orilla izquierda y derecha, cada una transportando su protesta y enarbolando también su pretendida solución, vestidos de ellos mismos, con sus ropas de casa o de trabajo, y apareciendo a la vez como personajes inesperados (casi pirandellianos) y como actores que, sin querer, desarrollaban una insólita función. Aquello era parte del teatro de la “revuelta” y parte también de una erupción social que quería sabotear de inmediato todo lo “cultural”. Era un espectáculo que iba precisamente en contra de la industria del espectáculo y a favor de la creación colectiva y de la directa acción revolucionaria. La formación continuamente mudable de las vidas de las gentes, como aseguraba el doctor Hinkfuss, estaba allí representada y en el escenario, junto a una larga mesa desnuda que podía ocupar cualquiera en cualquier momento, se levantaban dos banderas, una roja y otra negra, y un enorme estandarte en que se leía : “Estudiantes-Obreros, el Odeón está abierto”. Y aún más: aquella singular representación había desplazado y arrojado a los despachos interiores al verdadero director del teatro, Jean- Louis Barrault, y ese gran actor, mimo y director francés, tras haber intentado negociar en vano con los ocupantes, no podía ya hacer otra cosa que salvar de posibles pillajes los archivos más capitales y los objetos de gran valor.”

(Imágenes -1-portada del libro sobre mayo del 68/ 2- Pirandello escribiendo)

SCORSESE

 

 

“Creo que el cineasta tiene la obligación de contar la historia que quiere contar – decía Scorsese en 1997 -, lo que implica que hay que saber de qué diablos estás hablando. Como mínimo, tienes que conocer los sentimientos, las emociones que estás intentando transmitir. Eso no quiere decir que no puedas explorar, pero sólo puedes hacerlo en el contexto donde se sitúa la historia.

Veamos una de mis películas: “La edad de la inocencia”. En esa película, tomé las emociones que conocía, pero las ubiqué en un mundo que quería explotar y las analicé para ver cómo el boato de esa sociedad influía en esas emociones – y con boato me refiero a los arreglos florales, la porcelana, la formalidad del lenguaje corporal -; y cómo influía esto en las emociones que considero universales en la experiencia humana: el anhelo, la pasión insatisfecha…

 

 

Hay cineastas que aseguran que nunca saben hacia dónde van cuando hacen una película, que la van elaborando sobre la marcha. En el nivel más alto, Fellini sería, sin duda alguna, el ejemplo principal. Pero no me lo creo del todo. Pienso que siempre tenía una cierta idea, por muy abstracta que fuera, de adónde se dirigía. También hay cineastas que tienen un guión, pero no saben exactamente cuáles van a ser los ángulos o los planos de una determinada escena hasta el ensayo de esa escena, o incluso hasta el día del rodaje. Conozco a gente que puede trabajar así; no creo que yo pudiera hacerlo. Necesito haber decidido los planos con antelación, incluso si es todo teórico. Como mínimo, necesito saber todas las noches cuál va a ser la primera toma del día siguiente. En algunos casos, si decidiera incluir escenas que no estaban previstas y que no son vitales para la historia, podría ser divertido ir completamente desnudo y ver qué puedo hacer allí mismo. Pero no lo recomiendo. Hay que saber adónde vas y hay que tenerlo plasmado en el papel. El guión es lo más importante, aunque tampoco hay que convertirse  en un esclavo del guión, porque si el guión lo es todo, simplemente te pones a fotografiar el guión. El guión no lo es todo; lo que es todo es la interpretación, la interpretación visual de lo que tienes en el papel”.

 

 

(Imágenes – 1-La edad de la inocencia/ 2- Taxi Driver- Martin Scorsese)

EL PASO DEL TIEMPO

 

 

“Tengo debilidad  por los calendarios, por los diarios, por los relojes, por los de sol, por los de arena, por las fases de la luna y hasta por las visitas cada setenta y cinco años del cometa Halley, en un afán de tener la percepción clara del paso del tiempo, de organizarlo para asirlo de alguna forma – escribía Augusto Monterroso enLa letra e”-.

Por otra parte, esta “Agenda” de la editorial Katún que me han enviado cuenta con ciertas características que la hacen notable: relación de los libros publicados, a veces con la fotografía del autor o de la autora, que inspirarán en su oportunidad el deseo de que ese día transcurra más rápido o menos rápido, según de quien se trate (…)

 

 

Y una más que me inquieta: el día, de trece horas a partir de las ocho de la mañana, está aquí dividido en veintisiete segmentos de media hora y cuatro milímetros cada uno, relación espacio – temporal que me hace preguntarme si cada lapso debo llenarlo con algo distinto o si es válido dedicarlos todos a una sola cosa o, mejor, a no hacer nada mientras los espacios se van llenando de nada o de pequeños actos inocuos como ver las nubes o contestar una llamada telefónica imprevista de veintiocho minutos.”

 

 

(Imágenes – 1- reloj de 1806- museo doorzoeck – nederland/ 2- reloj de arena- 1776-forun horlogerie suisse/ 3- reloj de arena- Ambrogio Lorenzetti – siglo XlV)

MAYO 1968 (1) : UNA BATALLA CAMPAL

 

 

Cincuenta años después, los periódicos, las radios y las televisiones me han preguntado estos días sobre mis recuerdos de aquellas fechas. En la medida en que he podido, a todos les he contestado: “Sí, estuve en la tan comentada y ya muy lejana “revolución” de mayo del 68. Asistí a ella en primera línea y a la vez he de matizar enseguida al abordar tales sucesos que aquello, para mí y para muchos otros observadores, no fue precisamente una “revolución” sino una “revuelta”. La revolución, incluso si no ha sido preparada – y así lo señalaba entonces un destacado historiador – desemboca en un cambio radical en las instituciones; la revuelta, al contrario, es un movimiento más imprevisible y que no está centrado necesariamente en el futuro; las revueltas son interesantes por aquello que revelan y aquello que las ha hecho nacer, mientras que las revoluciones son interesantes por aquello en que desembocan. He de evocar por tanto aquellas escenas vividas de lo que yo llamo “revuelta” deteniéndome en el parisino puente de Saint-Michel donde conocí a Daniel Cohn-Bendit, el líder de aquel movimiento de protesta, (él tenía 23 años y yo tenía 32) al mediodía de aquel 6 de mayo de 1968, aquel puente que en esos momentos estaba absolutamente invadido de gritos y banderas. También recuerdo la normal curiosidad que me empujó a seguir tanto a Cohn-Bendit como a la gran multitud de estudiantes que en avalancha le acompañaban detrás de sus banderas hasta pasar luego, quizás media hora o quizás una hora después, no sé bien lo que tardaríamos en cruzar, hasta la orilla izquierda de París para llegar después en tumulto al Barrio Latino y concentrarse aquella multitud estudiantil, y yo con ella, en la plaza Maubert. Habría esa tarde, según los cálculos que se hicieron, unos 10. 000 estudiantes ocupando ya El Barrio Latino, y rodeados por ellos y frente a ellos toda clase de vehículos y fuerzas policiales estratégicamente extendidas a lo largo del bulevar Saint-Germain y hasta el Odeón. Era indudablemente el escenario de una batalla. Y tengo presente también aquel café que hacía esquina, muy cerca de una Sorbona a punto de ser tomada, en el que tuve que refugiarme toda la tarde y en el que permanecería luego toda la noche transmitiendo crónicas telefónicas casi continuas a mi periódico. Los ojos juveniles y retadores de Cohn-Bendit enfrentados a la policía, multiplicados en una célebre fotografía que dio la vuelta al mundo, fueron esos días unos ojos omnipresentes. En una de aquellas madrugadas que me tocó vivir, probablemente sería en la madrugada del día siguiente, fui testigo de unas horas envueltas en humaredas de gases lacrimógenos y ulular de ambulancias mezcladas con manos estudiantiles lanzando adoquines arrancados de la calzada y con la niebla grisácea de los botes de humo. Allí vi pasar a mi lado a un Premio Nobel, Jacques Monod, llevando en sus brazos a una estudiante malherida.”

(Imagen :  portada del libro sobre mayo del 68)

LA CÁRCEL DEL “QUIJOTE”

 

 

“Véase, pues, a la boca de la calle de la Sierpe, por la parte de la plaza de San Francisco, junto a ella, la Cárcel Real de Sevilla, que campea más que otra casa y se deja bien conocer aún de los más extranjeros, así por el concurso de la gente innumerable que sin cesar entra y sale por su principal puerta a todas las horas del día y que la noche da lugar, como también por los letreros que tiene en su gran portada, con las armas reales y de Sevilla” – escribe Cristóbal Chaves en el siglo XVl -. Jean Canavaggio lo recuerda en su biografía de Cervantes y Rodríguez Marín, al estudiar esa cárcel, también comenta otros textos del XVl, en los que se describía que en esa cárcel donde estuvo Cervantes  y donde se engendró “El Quijote”, había “cuatro tabernas y bodegones, arrendados a catorce y quince reales cada día, y suele ser el vino del alcaide, y el agua del tabernero, porque nunca faltan bautismos prohibidos en toda ley”.

 

 

“También era muy provechoso  – sigue diciendo – el oficio carcelario de “animero”: al dar el mayordomo, llegada la hora de mediodía, las razones de pan a los presos pobres, entregaba para cada tres una hogaza de tres libras, y éstos, como carecían de herramienta con que partirla, habían de acudir para tal menester a uno de los cuatro presos llamados pomposamente “oficiales de contar raciones”, quien partía con un cuchillo la hogaza, pero no en tres partes sino en cuatro, tomando para  sí por trabajo tan exiguo una de las de en medio, a la cual llamaban “ el ánima” (…) Había también “tablas de juego alquiladas, y pagan un tanto al alcaide y sotoalcaide, y sobre el juego  suelen ser muy a menudo las pendencias”.

Otras de las distracciones eran “jugar a la justicia”: hacen un justificado, con su verdugo, escribano y alguacil, y también fingen uno que sea como padre carcelero, que confesaba y ayudaba a bien morir a los condenados a la última pena; y llevando al preso, lo van a ajusticiar entre dos, como si fuera en el jumento, y lo pasan por los corredores altos y bajos, y gritan :”Esta es la justicia que mandan hacer’, y luego las risotadas y alegrías como si no hubieran de venir a parar en semejantes veras, y no juegos…”

 

(… “bien como quien se engendró en una cárcel – escribe Cervantes en el “Quijote” –  donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación”)

( en su memoria, este 23 de abril)

 

 

(Imágenes-1- Francisco de Goya – Don Quijote acosado por monstruos – the Brithis museum/ 2- Enric C Ricart – 1933/ 3- Cervantes – Juan de Jauregui- biografías y vidas)

EL DÍA

 

 

“Las muchachas vuelven de la cancha de tenis con la barbilla erguida.

El polvo de agua se irisa encima de los taludes cubiertos de césped.

Un tordo se acerca con pasos menudos para permanecer inmóvil.

Arden los troncos de los eucaliptos con la luz del día.

Los robles perfeccionan la sombra de su fronda de mayo.

Es lo único. Es lo único digno de ser tema de un canto : el día.”

Czeslaw Milosz– “A través de nuestra tierra

(Imagen-Felix Vallotton)

MUNDO MICROSCÓPICO

 

 

“Allí donde el estanque

se mantiene cubierto de verde,

allí invisibles

en el verdín flotante,

deambulan millones.

También en todo líquido,

ya sea de gusto ácido,

fuerte o suave,

abundan las formas diversas.

Tampoco la lúcida corriente

ni el aire puro,

aunque parezcan

un vacío transparente,

vacíos de ellos.

 

 

Hay incluso animales

en los animales,

en infinita sucesión descendente;

y todos tan delicadamente ordenados

que si se pierde

la más pequeña de las especies

todo se perturba.

Cosas más extrañas que esto

el cristal indagador confirma,

y brinda al curioso escenas asombrosas

de vida diminuta; que oculta

bondadosa SABIDURÍA

a los ojos y los oídos del hombre,

porque si de pronto

los mundos encerrados en mundos

fueran empujados a la luz,

se hiciesen visibles a la vista aguda

y audibles al siempre atento oído,

el manjar selecto,

las más frescas viandas

y los más claros vinos,

rechazaría como detestables,

y en lo más profundo de la noche,

cuando el silencio duerme,

por todas partes le aturdiría el ruido”.

James Thomson ‘The Seassons” , 1730

 

 

( Imágenes-1-Anna Atkins/ 2- Otto Piene – 1978/ 3- Constantin Korovin – 1912)

VIAJES POR EL MUNDO (15) : CONSTANTINOPLA

 

 

“Sin duda habrá oído usted hablar – le cuenta el escritor polaco Jean Potocki a su madre en el siglo XVlll – del cuidado que en Constantinopla se tiene con los perros y los gatos que pueblan las calles de esta ciudad. Pero esos animales no son los únicos que tienen derecho a la generosidad de los turcos. Un infinito número de tórtolas y palomas torcaces que viven libremente bajo los tejados, se acercan a las barcas cargadas de grano y parecen exigir con altivez su derecho, que por lo general se fija en una medida por barcaza.

 

 

Las aves acuáticas, de las que está cubierto el canal, apenas se apartan cuando el remo está a punto de tocarlas, y sus nidos son respetados, incluso por los niños que, en cualquier otra parte, serían sus enemigos naturales. En fin, la mutua confianza restablecida entre el hombre y los animales parece, de vez en cuando, devolver al observador a la infancia de la naturaleza; pero sin duda lo que acabará conquistándola en favor de los turcos, es su respeto por los árboles; cortarlos es un crimen enorme, que hace murmurar a todo el vecindario, de modo que nada hay que no se haga para evitarlo. He visto a menudo tiendas levantadas alrededor de un gran plátano que salía por encima del tejado y lo cubría con su follaje, o muros atravesados por una rama que no habían podido decidirse a cortar. Los viejos árboles están en su mayoría rodeados por una terraza que sirve para contener sus raíces. Los jóvenes tienen un abrigo de estera, y todo ello en terrenos que no pertenecen a nadie.”

 

 

(Imágenes-1- Walter Leistikow/ 2- Lesser Ury- 1909/ 3- Gustav Klimt- detalle del árbol de la vida – 1909)

“LOS CUADERNOS DE MALTE LAURIDS BRIGGE”

 

 

”Cuando leemos “Los cuadernos de Malte Laurids Brigge” – anota la gran crítica francesa Claude- Edmonde Magny – nos parece una obra que se puede escribir con total facilidad y naturalidad, y que Rilke sólo tuvo que volcar, sin modificación, la angustia experimentada al pasear por las calles de París. Pero olvidamos el esfuerzo interior que necesitó  para arrancarse la angustia que se le pegaba a la carne, proyectarla fuera de él y poder, finalmente, mostrar a plena luz su ansiedad, porque él la había puesto completa en las cosas, en el olor de las patatas fritas, del yodoformo y de la angustia que emanaba de la calle del Val-de-Grâce, habiéndola objetivado y como materializado en los cuchitriles reventados de la calle de Seine, con sus papeles pintados colgando.

 

 

(…) Para Rilke era más difícil escribir “Los cuadernos de Malte  Laurids Brigge” que cualquiera de los poemas que bosquejaba en un cuadernillo, concreción surgida espontáneamente de las profundidades del ser. Rilke escribe a Rodin:” Al escribir poesía uno siempre recibe ayuda, e incluso se deja llevar por el ritmo de las cosas exteriores; porque la cadencia lírica es la de la naturaleza: el agua, el viento, la noche. Pero para ritmar la prosa hay que adentrarse en sí mismo y encontrar el ritmo anónimo y múltiple de la sangre…”. Y ese ritmo “anónimo y múltiple “ no es el del hombre individual, subjetivo, atiborrado de sus pequeñas particularidades y preocupado por el dilema de su diferencia: es el del ser, que al final alcanza la “pureza del corazón”.

 

 

(Imágenes -1- Rilke – wikipedia/ 2- París – Willy Ronis. 1959- afterimage gallery – artnet/ 3- París- boulevard Montparanase – 1925- Eugene Atget)

BAJO LA LUNA DE AGOSTO

 

 

“bajo la luna

de agosto

del año 1004

lady murasaki

escribió aquí

las historias de genji

puedes verla

esplendor de seda

—kimono blanco

violeta y verde —

en el acto de :

mujer- mariposa

posada junto al borde

de su tintero”.

Haroldo de Campos – “genji monogatari” – “ Crisantiempo” ( traducción de Andrés Sánchez Robayna)

(Imagen -Shibata Zeshin – japoneses art)

LORCA Y NUEVA YORK

 

 

“No he querido hacer una descripción por fuera de Nueva York; como no la haría de Moscúconfesaba Lorca en una entrevista en 1933 -. Son dos ciudades sobre las que se vierte ahora un río de libros descriptivos. Mi observación ha de ser, pues, lírica. Arquitectura extrahumana y ritmo furioso, geometría y angustia. Sin embargo, no hay alegría, pese al ritmo. Hombre y máquina viven la esclavitud del momento. Las aristas suben al cielo sin voluntad de nube ni voluntad de gloria. Nada más poético y terrible que la lucha de los rascacielos con el cielo que los cubre. Nieves, lluvias y nieblas, subrayan, mojan, tapan las inmensas torres; pero éstas, ciegas a todo juego, expresan su intención fría, enemiga de misterio, y cortan los cabellos a la lluvia o hacen visible sus tres mil espadas a través del cisne suave de la niebla.

 

 

Ejército de ventanas, donde ni una sola persona tiene tiempo de mirar una nube o dialogar con una de las delicadas brisas que tercamente envía el mar, sin tener jamás respuesta…¡Pero hay que salir a la ciudad! Hay que vencerla, no se puede uno entregar a las reacciones líricas sin haberse rozado con las personas de las avenidas y con la baraja de hombres de todo el mundo. Y me lancé a la calle. Y otro día me encuentro con los negros. En Nueva York se dan cita las razas de toda la tierra ; pero chinos, armenios, rusos, alemanes, siguen siendo extranjeros. Todos menos los negros. Es indudable que ellos ejercen enorme influencia en Norteamérica, y pese a quien pese, son lo más espiritual y lo más delicado de aquel mundo ( …) Yo quería hacer el poema de la raza negra en Norteamérica y subrayar el dolor que tienen los negros de ser negros en un mundo contrario; esclavos de todos los inventos del hombre blanco y de todas sus máquinas, con el perpetuo susto de que se les olvide un día encender la estufa de gas, o guiar el automóvil, o abrocharse el cuello almidonado, o clavarse el tenedor en un ojo. Porque los inventos no son suyos…”

 

 

(Imágenes -1- Nueva York – Andreas Feininger- 1946- artnet/2- Nueva York – 1911- foto National Gallery – New York Times/ 3- Nueva York – 1942 – master of photography)

SERGIO PITOL

 

“Desde hoy a las tres de la tarde, ayer a las cuatro y media  –confesaba Sergio Pitol en “El arte de la fugahablando de su vida cotidiana en Barcelona -, lo que definitivamente es anormal. Trabajo hasta las dos de la mañana  y luego paso cinco o seis horas completamente tenso, insomne, sin poder siquiera leer. El tiempo, de este modo, se me deshace en las manos, un desperdicio que me recuerda mis peores épocas, las más dilapidadas que he vivido, y las supera (…) Me siento enfermo, preguntaré por un médico que no resulte demasiado caro (…) ¿No es una locura  seguir en Barcelona, en este cuartucho, en este barrio infecto, y ahogado por las deudas?” . Un mes después, en agosto de 1969, escribe: “la pésima luz, el ruido del barrio, las noches de insomnio, el desorden de horario, la espera angustiosa del cartero, han sido cotidianos durante estos meses. Un día me fue ya imposible trabajar. Todo me dolía. Me acosté con fiebre muy alta y la sensación de tener una piedra en el estómago”.

 

 

Acaba de morir Sergio Pitol del que Bolaño evocaba: “ su lejanía jalonada por múltiples viajes y errancias a lo largo y ancho del planeta, o su presencia que de golpe constatamos que es una ausencia, han dado como resultado una figura que si bien es admirada por los pocos que tenemos la fortuna de frecuentar su obra, también resulta desconocida para la mayoría , una sombra enorme a la que se le reconocen ciertos méritos, pero a la que se esquiva como a un erizo en medio del camino”.

Juan Villorro ha elogiado “El arte de la fuga” recordando que es “una autobiografía de sus viajes y sus lecturas, una obra mayor, capaz de otorgar coherencia retrospectiva a las narraciones previas de Pitol (…) En “El arte de la fuga” el tiempo regresa con el rostro ambivalente de la ficción memoriosa, que indaga los posibles desarrolllos del pasado. “ El arte de la fuga” es el sitio de extravío de un autor que aspira a ser narrado por sus textos”.

En ese libro Pitol escribió:” la memoria trabaja con la misma lógica oblicua y rebelde de los sueños”.

Sergio Pitol: Descanse en paz.

 

 

(Imágenes-1- Sergio Pitol – chilango times/ 2-Sergio Pitol- El Universal/ 3- Max Ernest- le vaisseau)

LA PÁGINA EN BLANCO

 

“La página en blanco del escritor, o también su pantalla blanca, es un lugar común en la práctica literaria. E incluso puede quedar muy artística y más aún al día siguiente de un gran éxito. Recuerda a la depresión postparto, análoga a aquella de la madre al día siguiente del alumbramiento. Esto sirve para todos los creadores. Woody Allen, que había caído en depresión la única vez que le vi – recordaba Pierre Assouline -, había encontrado una solución que él había transformado en sistema : mientras montaba su nueva película, trabajaba ya escribiendo la siguiente. Así no existía ningún espacio en blanco en su vida cotidiana: ninguna respiración que pudiera favorecer el tener problemas. Los escritores deberían aprender de esto. Les haría economizar medicinas. Éste es por otra parte mi caso desde que tuve la ocasión de tener aquel encuentro en donde el cineasta me confesó su truco. Hay gentes para quienes las partes muertas son precisamente la muerte”.

(Imagen – bibliotheque tumblr 1)

ESCRITORES Y AJEDREZ

 

 

”  La mirada de los filósofos atraviesa la opacidad del mundo- recordó Italo Calvino – , supera su espesor carnoso, reduce la variedad de lo existente a una telaraña de relaciones entre conceptos generales y fija las reglas del juego por las que un número finito de peones que se mueven sobre un tablero de ajedrez agota un número tal vez infinito de combinaciones. Llegan los escritores, y las abstractas piezas de ajedrez , los reyes, las reinas, los caballlos y las torres son sustituidas con un nombre, una forma determinada, un conjunto de atributos reales o equinos y en el lugar del tablero se extienden polvorientos campos de batalla o mares agitados; y así las reglas del juego saltan por los aires y un orden distinto de los filósofos se va abriendo camino paulatinamente. Es decir, quienes descubren estas nuevas reglas del juego son nuevamente los filósofos, que se toman la revancha demostrando que la operación llevada a cabo por los escritores es reducida a una operación.”

 

 

(Imágenes -1- Man Ray – autorretrato junto al ajedrez – all- art-org / 2- Luigi Chessa- 1921)

ELLA ESTÁ DE PIE SOBRE MIS PÁRPADOS

 

 

“Ella está de pie sobre mis párpados

con sus cabellos en los míos,

tiene la forma de mis manos,

tiene el color de mis ojos,

se ha sumergido en mi sombra

como una piedra en el cielo.

Ella tiene los ojos siempre abiertos

y no me deja dormir.

Sus sueños a pleno día

evaporan los soles,

me hacen reír, llorar y reír,

hablar sin tener nada que decir”.

Paul Éluard “La enamorada” – “Capital del dolor” ( traducción de Eduardo Bustos)

(Imagen -Henri Matisse – 1920 -artnet)

CORRECCIONES Y ESCRITURA

 

 

“Recuerdo una exposición de manuscritos de Balzac y de Proust en Montevideole decía Onetti a Ramón Chao – Los manuscritos de Proust son laberínticos; cambiaba, añadía doscientas palabras cada vez y de un golpe. Balzac, en cambio, cambiaba una sola palabra, pero en cada frase. Borges decía que había que cambiar ocho veces. Bueno, seguramente era una “boutade”. Para mí fue admirable el que Borges superara la ceguera y siguiera escribiendo, mal o bien. Digo mal o bien porque sus últimas cosas no me gustaron. Pero por lo menos el hombre siguió vivo, cosa que yo no sé  si haría si me quedara ciego. Yo no podría dictar, como hacía él. Para mí, escribir es ver el bolígrafo, o esta pluma estilográfica, dibujando, ver cómo pongo la barra a la efe. Para mí es un placer sensual ver cómo he dibujado la página (…) Anatole France corregía siete veces. Tenía la manía del “queísmo” : quitar todos los qués superfluos. Después se dedicaba a los adjetivos. Yo lo admiro mucho, me parece que ha escrito páginas muy bellas. Al principio yo releía a veces lo que acababa de escribir, pero sin prestar mucha atención, porque tenía miedo a romperlo todo. Después aprendí : lo dejo como queda y jamás releo lo que he publicado, para mí se murió, se acabó. Porque a veces, si por casualidad agarro un libro cualquiera de Onetti y leo al albur, me pueden ocurrir dos tipos de desgracias. Decirme a mí mismo: “Pero qué animal, Onetti; qué lástima, si lo hubieses trabajado mejor, con más paciencia ; aquí hay tanta cosa que mejorar o para embellecer”. Otras veces lo abro igualmente y me digo: “Pero qué  bien escribió esto Onetti; nunca más va a poder escribir así.” Y lo tiro, derrotado por la propia obra.”

(Imagen – Harriet Backer – la biblioteca de Thorvad Boeck)