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Archive for 1/06/17

 

 

“Las manzanas no se pueden coger a la manera bárbara, con prisas. La más bonita se nos escurrirá de las manos, se nos caerá y se nos dañará. Y las cerezas más aún. – recuerda el escritor húngaro Béla Hamvas en “La melancolía de las obras tardías” (Subsuelo) –  Y tampoco vale hacer lo contrario de lo que uno hace cuando trabaja. No. Coger cerezas pertenece a otro orden de la vida. Allí donde no existen ni prisas, ni agobios, ni sobreesfuerzo, ni rige la norma de realizar lo máximo en el menor tiempo posible. Allí donde no hay atosigamiento. Coger cerezas no es un descanso. No guarda relación alguna con la barbarie del trabajo. Para poder coger cerezas, el hombre ha de ser sencillo, es decir, normal. De lo contrario no hará más que precipitarse y le convendría ir al partido de fútbol. Coger cerezas es una actividad ajena por completo a cualquier excitación. Una vez bien instalados en lo alto del árbol, con el cesto colgado en sitio adecuado al alcance de la mano, con el gancho para acercar las ramas más lejanas bien colocado en el ramaje, queda tiempo para todo. Para deleitarnos con el paisaje, con el huerto de abajo que, visto desde arriba, parece completamente distinto, rodeado por los árboles vecinos. Para encendernos un cigarrillo, escuchar entretanto el canto del ruiseñor o del mirlo, contemplar el resplandor del sol que al oeste asoma sobre una nube vaporosa y arremolinada. Mientras, cogemos el cabillo de la cereza con cautela, lo giramos en la dirección contraria a su crecimiento para que ceda con facilidad y se desprenda sin fuerza. Ponemos los frutos en el cesto, de a dos, de a tres, como podamos. No conviene poner más de tres a la vez, porque el fruto se resiente.

 

 

En lo alto del árbol, mientras cogía las cerezas, viví una experiencia que no he vivido ni tocando el piano, ni escribiendo, ni pensando, ni viajando. La experiencia de la libertad. Porque en ninguna otra actividad la tuve, y para vivirla hube de partir de la base de que no soy artista, ni escritor, ni aventurero, ni pensador. (…) Ahora sé que ser libre es tanto como ser plenamente consciente de lo que es y dónde está y saber cómo moverse entre las cosas. El cesto cuelga de la rama, el gancho se encuentra a su lado, si quiero coger ese  racimo de cerezas, he de dar un paso hacia allí para poder agarrarlas sin riesgo y depositarlas en el cesto. Este, por cierto, está casi lleno, de manera que habré de bajar y vaciarlo en el cesto grande al pie del árbol, porque de lo contrario los frutos se rompen y se pudren más rápido”.

 

 

(Imágenes – 1-Karen O Neils- pinterest/ 2.- Masao Saito- 1983/ 3.-Fede Galizia – 1602)

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