El viento fue limpiando las palabras empañadas, todas las voces y diálogos que se habían quedado prendidos en los jirones de los escaparates, entre acera y acera, en callejuelas pobladas de susurros y gritos, palabras destrozadas ya y desgarradas, despedazadas, despegadas del aire, y que el viento fue empujando, como cada mañana, mientras todos dormían, antes de que nadie hablara otro día y otra vez, y el viento se fue llevando las hojas revoloteadas de las frases y de las discusiones, el remolino de los suspiros amororos de los novios, los frenazos, los pasos cruzados entre semáforos, las bienvenidas y los adioses desde lejos. El viento empezó, como cada mañana, barriendo las palabras y sonidos de todas las calles, rebañando cada portal y cada quicio y limpiando todo el muro del aire entre las casas hasta dejarlo vacío y preparado, una ciudad de huecos transparentes y radiantes, embellecidos, dispuestos para la jornada inminente. Y el viento fue llevándose las palabras en trocitos pequeños, y cuesta abajo, poco a poco, como en cada amanecer, las fue volcando al fin de la ciudad, las echó al fin por la ventana, para que acabaran en el mar.
(Imagen: Ito Kosho.-Kino-Niku.-Tsuchi-no-Ha.-1991.-Museum of Art Takamatsu.-foto Yoshitaka Uchida)

En Mi Siglo verba volant, hasta el mar, en mi bloc scripta manent, en las cortezas de los árboles. Curiosa coincidencia.
Maravilloso texto sobre las palabras…. muchas gracias, profesor, espero que todo vaya muy bien, un abrazo desde Alicante.