EL TIEMPO HA DEJADO SU MANTO

 

“El tiempo ha dejado su manto

de viento, de frío y de lluvia

y se ha vestido con brocado

de reluciente sol claro y hermoso.

No hay bestia ni ave

que en su jerga no cante o grite:

el tiempo ha dejado su manto

de viento, de frío y de lluvia,

ríos, fuentes y arroyos

llevan, en su linda librea

gotas de plata repujada

cada uno estrena traje:

el tiempo ha dejado su manto

de viento, de frío y de lluvia.”

Charles d’ Orleans

 

 

(Imágenes—1-Eugene Smith. Hartman. fideart/ 2-Peter Watson)

VIENTO DE MADRID

estaciones.-988n.-invierno,-.lluvia.-viento.-Louis Icart- 1888-1950

“Golpes. Idas y venidas. El cielo se abre y se cierra, azul, blanco y plomo, con cegadores cuchillos destellantes de oro y plata, en una constante y trastornada fantasía de luz. Sobre la ciudad en sombra intermitente, en frío más bien, altos toques tristones de sol tembloroso en los pararrayos, en una cara tapada que se asoma a una guardilla a cojer algo, en las chimeneas torcidas, en las ropas tendidas, que hacen buque la ciudad, en los cables, en alguna olvidada maceta humilde de débil verdor mártir.

— Parece que el viento ha tomado carne, para venirse a lo humano, un cuerpo borracho de espacio, que anda tropezando, alegre, ciego, triste, de las mil formas de su delirante vino, por la tierra. Sube en súbita carrera asustante, baja rodando, se tiende sin caber, mueve las casas, cerradas, aúlla, ríe, llora, canta a un tiempo y con tonos infinitos, se coje a las esquinas, le pega a las mujeres, se hunde en los empedrados, miserables callejones abismosos, maltratando, abusando de todo lo delicado de la vida.

Los lejanos horizontes, quietos, rasos entre los cubos de sombra y sol de las manzanas conmovidas, se ven puros, abiertos, ideales – sólidos mares olvidados, llovido a trechos su color mudable -, con fijas nubes largamente paralelas, tendidas, como grandes grullas que huyen volando, inmóviles por la distancia, inmensamente.”

Juan Ramón Jiménez.“Viento de Madrid”.“La colina de los chopos”.– (1915- 20-24).- con la ortografía de Juan Ramón

ciudades.-6huuj.-Madrid.-Francesc Catalá Roca.-1950

(Imágenes.-1.- Louis Icart/ 2- Francesc Catalá Roca.- 1950)

JAPÓN SIN TELEDIARIOS

Cuando en Japón aún no había telediarios la ola gigantesca de Hokusai saltaba y envolvía la pintura de siglos haciendo famoso el bramido del océano.

Era la gran ola de Kanagawa cuya espuma salpicaba de infinitas espumas muchas pantallas invisibles.

Eran los tiempos del dios del viento buscando en el aire al dios del trueno para irritar ambos la piel del mar.

Bajaban las vidas por el azul y el blanco curvado de las pinturas, sobrecogidas todas por el ímpetu.

Asomaba sus fauces la naturaleza y abría su boca sobre las islas.

Huían las gentes despavoridas, desperdigadas ante los acontecimientos.

Eran los tiempos en que en Japón aún no había telediarios y las gentes miraban al cielo creyendo que era el mar.

(Imágenes:-1.- la gran ola.-Hokusai.- Museo metropolitano de Arte de Nueva York/ 2.-  Kaigo no. Fuji.-1834/3.-Ogata Korin.- el dios del viento.-Museo Nacional de Tokio/ 4,- Hokusai.- Sôshu Choshi.- 1832.1834/5.- Ogata Korin.-1658- 1716.-Museo de Arte Moderno de Nueva York/6.-Ban-dainagon-ekotoba.-la muchedumbre espantada por el incendio del palacio inmperial.-Tokiwa Mitsunaga -siglo Xll.-Tokio.-colección Sakai Tadahiro)

PALABRAS QUE SE LAS LLEVA EL VIENTO

El viento fue limpiando las palabras empañadas, todas las voces y diálogos que se habían quedado prendidos en los jirones de los escaparates, entre acera y acera, en callejuelas pobladas de susurros y gritos, palabras destrozadas ya y desgarradas, despedazadas, despegadas del aire, y que el viento fue empujando, como cada mañana, mientras todos dormían, antes de que nadie hablara otro día y otra vez, y el viento se fue llevando las hojas revoloteadas de las frases y de las discusiones, el remolino de los suspiros amororos de los novios, los frenazos, los pasos cruzados entre semáforos, las bienvenidas y los adioses desde lejos. El viento empezó, como cada mañana, barriendo las palabras y sonidos de todas las calles, rebañando cada portal y cada quicio y limpiando todo el muro del aire entre las casas hasta dejarlo vacío y preparado, una ciudad de huecos transparentes y radiantes, embellecidos, dispuestos para la jornada inminente. Y el viento fue llevándose las palabras en trocitos pequeños, y cuesta abajo, poco a poco, como en cada amanecer, las fue volcando al fin de la ciudad, las echó al fin por la ventana, para que acabaran en el mar.

(Imagen: Ito Kosho.-Kino-Niku.-Tsuchi-no-Ha.-1991.-Museum of Art Takamatsu.-foto Yoshitaka Uchida)