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Archive for 11/10/09

Calle Alfonso Xll, 4.-casa donde nació Ortega.-17-8-2009Me detengo ante este portal de la madrileña calle Alfonso Xll, número 4, donde nació en 1883 Ortega y Gasset. Sombras y luces de árboles, sombras y luces de ideas y de prosas. En otro portal, en la madrileña calle Monte Esquinza, el 18 de octubre de 1955, vi salir su féretro y quise acompañar a la fúnebre comitiva hasta la Sacramental de San Isidro. Llevaba yo algo más de un año residiendo en Madrid, estudiaba entonces el curso cuarto de Filosofía y Letras y recuerdo perfectamente haber hecho fotografías a la salida del cementerio a don Gregorio Marañón charlando con Pedro Laín Entralgo. Entre estos dos portales – entre el nacimiento y la muerte de Ortega -, además de susNotas de andar y ver“, además de sus trabajos sobre arte, además de sus estudios sobre el hombre y la gente, además de sus “Meditaciones del Quijote“, además de sus ensayos reunidos enEl Espectador“, siempre me alcanza el poderío de la musculatura de su prosa vertebrada, sobre todo en aquel excelentePrólogo aVeinte años de caza mayor” del Conde de Yebes” (Explosivos Río Tinto)  algunos de cuyos párrafos copio aquí:

“De pronto, un ladrido de can apuñala el silencio reinante. Este ladrido no es meramente un punto sonoro que brota en un punto del monte y allí se queda, sino que parece estirarse rápido en una línea de ladra. Oímos y casi que vemos correr suelto el ladrido, hilvanarse veloz por el espacio con algo de errática estrella. En un instante, sobre la placa del paisaje se ha trazado la raya del ladrido. A este siguen muchos de voces distintas avanzando en el mismo sentido. Se adivina la res que, levantada, va en carrera vertiginosa, como viento en el viento. Todo el campo se polariza entonces; parece imantado. El miedo del animal perseguido es como un vacío donde se precipita cuanto hay en el contorno. Batidores, perros, caza menor, todo allá va, y aun los pájaros, asustados, vuelan presurosos en esa dirección. El miedo que hace huir a la res sorbe entero el paisaje, lo succiona, se lo lleva corriendo tras de sí, y hasta al mismo cazador, que por fuera está quieto, le golpea el corazón montado en su taquicardia. El miedo de la res… Pero ¿es tan cierto que la res tiene miedo? Por lo menos su miedo nada tiene que ver con lo que es el miedo en el hombre. En el animal el miedo es permanente, es su modo de existir, es su oficio. Se trata, pues, de un miedo profesional, y cuando algo se profesionaliza es ya otra cosa. Por eso, mientra el pavor hace al hombre torpe de mente y moción, lleva las facultades del bruto a su mayor rendimiento. La vida animal culmina en el miedo. Sortea el venado, certero, el obstáculo; con precisión milimétrica se enhebra raudo por el hueco entre dos troncos. Hocico al venteo, corvo hacia atrás el cuello, deja gravitar a su paso la regia astamenta que equilibra su acrobacia, como el balancín la del funámbulo. Gana espacio con prisa de meteoro. Su pezuña apenas toca la tierra; más bien – como dice Nietzsche del bailarín – se limita a reconocerla con la punta del pie; reconocerla para eliminarla, para dejársela atrás. De súbito, sobre el lomo de un jaro aparece al cazador el ciervo; lo ve sesgar el cielo con garbo de constelación, lanzando allá al dispararse los resortes de sus cabos finísimos. El brinco de corzo o venado – y más aún el de ciertos antílopes – es, acaso, el acontecimiento más bonito que se da en la Naturaleza. De nuevo gana el suelo a distancia, y acelera su fuga porque le andan ya en los jarretes resoplando los perros – los perros, fautores de todo este vértigo, que han transmitido al monte su genial frenesí y ahora, en pos de la pieza, con la lengua péndula, tendidos a todo su largo los cuerpos, galopan obsesos: podenco, alano, sabueso, lebrel”.

ORTEGA.-por Ignaco Zuloaga.-ucm.es

Luego me alejo de este portal del nacimiento y recuerdo una vez más aquel portal de su muerte.

(Imágenes.-1.-foto JJP/ 2.- José Ortega y Gasset.-por Ignacio Zuloaga.-ucm.es)

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