EL HOMBRE INVISIBLE

¿A dónde irá Barack Obama?, me pregunto. ¿A dónde irá Ellison?, escribía sobre el gran novelista negro Norman Mailer. Mailer saludaba al autor de “El hombre invisible” (Lumen), con estas palabras: “Resulta banal decir que Ellison es un excelente escritor. Pero ¿por qué su libro insiste tanto sobre una tesis que me parece absurda: la invisibilidad del negro? El negro es ciertamente en Norteamérica el menos invisible de los hombres. El hecho de que el blanco sea incapaz de reconocer la personalidad de cada negro no es tan rico en significado como Ellison parece querer indicar. La mayoría de los blancos son, desde hace mucho tiempo invisibles unos para otros…¿A dónde irá Ellison? Su talento es demasiado excepcional como para que pueda preveerse. Quizás una solución sería que se aventurara por el mundo blanco que él conoce muy bien y que materialice la invisibilidad, todavía más terrible, de los blancos…”
Mientras tanto Ellison había escrito en su novela excepcional:
“Soy un hombre invisible. No, no soy uno de aquellos trasgos que atormentaban a Edgar Allan Poe, ni tampoco uno de esos ectoplasmas de las películas de Hollywood. Soy un hombre real, de carne y hueso, con músculos y humores, e incluso cabe afirmar que poseo una mente. Sabed que si soy invisible ello se debe, tan sólo, a que la gente se niega a verme. Soy como las cabezas separadas del tronco que a veces veis en las barracas de feria, soy como un reflejo de crueles espejos con duros cristales deformantes. Cuantos se acercan a mí únicamente ven lo que me rodea, o inventos de su imaginación. Lo ven todo, cualquier cosa, menos mi persona”.
Publicada en España en 1966, “El hombre invisible“, de Ralph Ellison (1914-1994), es una de esas obras que se quedan para siempre en la memoria.
“Me gustaría oir, a un mismo tiempo – escribe en esa novela -, cinco discos de Louis Armstrong tocando y cantando “¿Qué hice para ser tan negro y triste?”. Ahora, de vez en cuando, escucho a Louis mientras tomo mi postre favorito: helado de vainilla con ginebra rosada. Echo el líquido coloreado sobre la blanca montaña que forma el helado, y contemplo cómo resbala, brilla y forma un sutil vapor, mientras Louis logra extraer de aquel militar instrumento musical oleadas de lirismo. Es posible que Louis Armstrong me guste debido a que de su invisibilidad ha hecho poesía. Pienso que ello se debe a que ignora que es invisible. Y, por otra parte, la conciencia de mi propia invisibilidad me ayuda a comprender la música”.
¿Va a ser real, duradero y permanentemente visible Barack Obama?, me repito siguiendo las noticias. ¿Qué hay de invisible en la Historia tras tantas imágenes visibles?
Al otro lado de la habitación, Louis Armstrong eleva su trompeta:
No salgo ya más
No tengo amigos
Mi único pecado
Es mi piel negra
Qué he hecho yo
Para ser tan negro
Mi corazón es negro”.
Y sigue elevándose y elevándose y ondulando en el aire, la trompeta.

Un comentario en “EL HOMBRE INVISIBLE

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