PEQUEÑA CELEBRACIÓN

Al celebrarse un mes de la aparición de este blog me he asomado en este día al balcón de la noche, a la terraza que domina toda la Globosfera – a esos dominios de las pantallas iluminadas- y he contemplado rostros múltiples, anónimas estrellas que tecleaban blancas palabras, ese universo silencioso de los ordenadores y el pálido recuadro que aguarda el misterioso escribir.
Entonces – y para celebrar este mes primero de comunicación – he lanzado un largo grito desde la pantalla, afilado quejido que no conoce el final, frase que atraviesa mundos instantáneos y he visto a las palabras partir como flechas hacia pantallas desconocidas – nunca se sabe si acogedoras o displicentes-, pantallas como portales escondidos, portales al fondo de habitaciones, habitaciones en lo profundo de las casas.

Escribo en este cielo de la Globosfera sin saber en qué cementerio morirán los mensajes y si acaso morirán alguna vez. Internet no es infinito pero su inmensidad envuelve a esta noche del día de la celebración, y no se escucha más ruido a esta hora que el del pestañeo de los ojos sin párpados, ojos que siguen todo lo que se escribe y roce de las yemas de los dedos pulsando las teclas de las preguntas, monólogos en la distancia que vuelan en busca de diálogos, diálogos breves como correos fulgurantes, contestaciones como chispas, respuestas al otro lado del mundo.
¿Hay alguien ahí, al final del pasillo de la tecnología? Sí, siempre hay una luz encendida en lo más hondo de las casas cuando todos creen haber apagado la última luz.
Con esa luz comparto mi pequeña celebración.
En la intimidad de las habitaciones universales y encima de este mantel simbólico de teclas blancas pongo estas treinta velitas de palabras, soplo la llama del misterio y me voy a dormir.