VERANO 2020 (3 ) : VIAJAR A UNA ESTRELLA

 


Este verano, en que parece tan complicado viajar, vuelven las palabras de Van Gogh a su hermano Theo:

”Si tomamos el tren para irnos a Tarascón o a Ruán, tomamos la muerte para irnos a una estrella. Lo que es realmente cierto en este razonamiento es que, estando en “vida”, no podemos irnos a una estrella; lo mismo que estando muertos no podemos tomar el tren. En fin, no me parece imposible que el cólera, el mal de piedra, la tisis, el cáncer, sean medios de locomoción celeste, como los barcos a vapor, los ómnibus y el ferrocarril, lo son terrestres. Morir tranquilamente de vejez sería ir a pie.”

Murió Van Gogh un día como hoy, un 29 de julio. En 1890.

 

(Imágenes— 1-Van Gogh- autorretrato 1887-rijksmuseum/ 2- la lluvia – Auvers – 1890- museo nacional de Gales)

“LOS CUADERNOS MIQUELRIUS” : MEMORIAS (36): LA PALABRA Y LA IMAGEN

 

 

Dada la actual situación  que atravesamos – y que afecta también al ritmo y vida de las editoriales —he decidido ir  publicando aquí mis “Memorias”, tituladas “Los cuadernos Miquelrius”, que estaban previstas se publicaran dentro de unos meses y que quizá en su día aparezcan como libro.  Se están publicando desde el 30 de marzo, los lunes, miércoles y viernes en MI SIGLO)

 

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MEMORIAS:    (36) : La palabra y la imagen

 

13 junio

– El otro día – me reanuda hoy el diálogo la periodista entrando en el despacho – hablábamos de las declaraciones suyas en la universidad de Montevideo sobre la belleza. Pero hoy me gustaría que me ampliara un poco otro tema muy querido para usted, algo que escribió extensamente en “El ojo y la palabra”: la relación entre el artista y la imagen. Como usted ha recordado muchas veces, estamos en el universo de la imagen, pero también ha insistido en que la palabra sigue siendo esencial.

-Sí, naturalmente. En “El ojo y la palabra”, el libro que acaba usted de citar, comentaba yo, por ejemplo, que Van Gogh no había creado el azul, tampoco Picasso, tampoco Miró. Son todos “subcreadores“-en frase de Tolkien – y lo que descubren son las formas o los reflejos de la gran Creación en donde sí está ya creado el Azul desde el principio de los tiempos Todo esto significa, al menos para mí, que el artista sí tiene la última palabra en muchos sentidos: está dotado gratuitamente de una capacidad de observación, de contemplación y de arrebato ante la Belleza que seguramente otros muchos no poseen y que, sin embargo, sí estarán dotados para muchas otras cosas. El artista, pues, se siente impelido a recoger esa Belleza que descubre y contempla y a transmitirla a su modo y manera, con sus técnicas propias. En ese aspecto sí tiene la última palabra, porque, aunque él no lo quiera, en cierta medida se siente obligado interiormente a reflejar esa belleza. Aunque no quiera, nota que no tiene más remedio que hacerlo. Se diría que no sirve para otra cosa. En ese caso, no sería fiel a su vocación de artista si no lo cumpliera.

 

Por tanto el artista, y así lo indicaba también en aquella entrevista de Montevideo, sí tiene la última palabra en esta cultura de la imagen. ¿Quién, si no, la va a tener? Él es responsable de saber contemplar la Imagen con mayúscula ( o las imágenes que transmite el mundo), y él es el responsable también de transmitir la imagen o imágenes a los demás. De lo deseable de la Belleza que contemplamos nace el deseo del artista por copiarlo, interpretarlo, entregarlo y, por parte de quienes no son específicamente artistas, el deseo, podríamos decir, de apropiárselo, el deseo de convivir con ello largo tiempo, el tiempo mayor posible. Aunque a nuestro rápido entender no nos quepa en principio en la cabeza que no nos pueda cansar una puesta de sol, la verdad es que la belleza de una puesta de sol con sus infinitos matices contemplados podría llegar a no cansarnos nunca. Siempre que mantuviéramos viva la capacidad de asombro, que es lo que recordábamos el otro día. Esto no llegamos a admitirlo porque este mundo nos obliga al sentido de la utilidad, de la concreción por la utilidad inmediata, y entonces nos preguntaríamos, ¿para qué me es útil una puesta de sol? Y el siguiente paso sería decir entonces, ¿para qué me es útil la belleza?

Titulé mi libro “El ojo y la palabra” entre otras cosas porque creo que el ojo es lo último que queda del ser humano, el color de la pupila, el ojo entreabierto antes de partir, especialmente ese color, como digo, que encierra cada ojo. Se empobrecen los miembros, los músculos, los movimientos, también las palabras, al fin esas palabras van quedando en monosílabos e incluso reemplazadas por gestos. En el caso del ojo, cuando uno está a punto de abandonar la vida, y mucho antes también, en los meses o semanas anteriores, el ojo va quedándose quizá estático, perdido, sin fuerza ni fijeza, pero, aunque palidezca algo, nunca abandonará su primitivo color. Pueden estar satisfechos los ( o las) que tengan un color de pupilas bonito, porque ese azul o ese color – el que sea- será lo último que se cierre. Además, cuando se emplea la expresión ante el momento de la muerte, “Vamos a cerrarle los ojos“, se dice así, y no “vamos a cerrarle las palabras“, porque las palabras seguramente enmudecieron ya mucho antes.

Por otro lado, la palabra y el ojo van siempre de la mano. A través del ojo vemos el ejemplo que se nos da, y lo que al fin le queda a un ser humano cuando permanece ya solo en la vida, con sus padres ya fallecidos, es el ejemplo de ellos, lo que VIO en la familia y en la vida, no tanto lo que le dijeron. Pocas personas guardan palabras numerosas y aleccionadoras de sus padres y educadores, pero en cambio sí ha quedado en su retina aquello que vio con sus propios ojos, actitudes y ejemplos, buenos y malos, que indicaban coherencia o no coherencia respecto a las palabras que se pronunciaban a lo largo de su educación. Por tanto, el ojo que nos ve en los hijos o en los alumnos recoge más lecciones aún que las palabras. Ese ojo además es el que paseamos a través de la vida en general: en viajes, en acontecimientos, en un fluir incesante de palabras cotidianas, etc. Pienso a veces, y así lo dije en esa entrevista de Montevideo, que las palabras se desgastan porque se usan mal y se abusa de sus contenidos, y el ejemplo de la política y los políticos en general en el mundo – con ese desfile de sucesos, líderes, elecciones y promesas – hacen que uno devalúe la palabra escuchada. El ojo también juzga todo eso, pero, como siempre, es el ejemplo el que va viendo el ser humano, y aunque le llegue también el escepticismo ante lo que ve, es distinto al escepticismo o a la incredulidad ante tantas promesas de palabras.

 

Hay que recordar también que en las familias, todas las casas están llenas de palabras desde el inicio del día a la noche, las madres especialmente se vuelcan en palabras hacia sus hijos y su formación, sencillamente porque, en principio, están más tiempo con ellos que sus padres. Pero creo que ese fluir de palabras tan necesario, incluso un hijo lo puede esquivar, harto ,en determinadas edades, de escuchar lo mismo: lo que es mucho más difícil que esquive es el ejemplo, a veces sin palabras: un ejemplo coherente y firme, en el que se pueden mirar los hijos como en un espejo. Después, naturalmente, ejerciendo su libertad, harán lo que quieran. Pero insisto en esta pequeña valoración porque creo que el mundo actual está sobrecargado o saturado de palabras, – además de las imágenes – y, como he dicho antes, hay un empobrecimiento de las palabras, muchas palabras se manipulan como mentiras, y el excelso valor de la palabra – hasta cuando uno “da su palabra” a otro – se ha vaciado muchas veces de contenido.

 

-Hablaba usted en esa entrevista del “centro” y de los “vaivenes” de la vida…

– Sí, cuando se contempla la historia actual, por ejemplo con sus complejos temas económicos y financieros a nivel mundial, hay que pensar, al menos así lo pienso yo, que son “vaivenes” – a veces esenciales y muy importantes y de grandes repercusiones -, pero que no pueden ocultar de ningún modo el centro ni la profundidad de las cosas, las esencias. Si se pierde el centro, los vaivenes son los que reinan y hay que preguntarse si el mundo, desde hace años, no va detrás de los impulsos de esos vaivenes, arrastrado por las modas y los modos que ellos comportan, viajando a merced de las corrientes imperantes y haciendo que esas modas y esas corrientes sustituyan a lo capital, es decir, haciéndolo capital.

El centro es el centro, y si uno no tiene personalmente un centro vital sobre el que haga girar su vida tendrá que buscarlo y agarrarse a él. Por ejemplo, ¿ es que quizá el “centro” de una vida intelectual puede ser, simplemente,, el “postmodernismo“? Eso causaría risa. No habría más que ver, en ese caso concreto, el resumen de los “ismos” que hacen Guillermo de Torre o Juan Eduardo Cirlot para saber que todos esos “ismos” pasan y que con ellos se escapan épocas y actitudes que son sustituidas inmediatamente por otras. Todo eso son los “vaivenes“, muchas veces deslumbrantes, que, naturalmente deben ser motivo de estudio y de trabajo, pero que no pueden constituirse como “el centro” o el eje de una vida.

La palabra, pues, es la palabra y la Palabra con mayúscula es la que ha engendrado a las otras palabras. “En el principio fue la Palabra“, dice San Juan. No dice “En el principio fue la imagen”, aunque ahora, en nuestra época, la imagen parece que lo ocupara todo. La palabra en ningún caso puede ser apartada ni olvidada. Lo más que puede hacer es completar a la imagen, explicarla. Pero hay que pensar que quienes han escrito sobre “la lectura de imágenes” , por ejemplo, “Cómo se lee una obra de arte“, de Omar Calabrese, o “Leer imágenes” de Alberto Manguel, no tienen más remedio que emplear palabras para glosar tales imágenes, y no pueden glosarlas con otras imágenes. Por tanto, para crear una historia en Imágenes hay que, después de “verla”, edificarla y construirla mentalmente con palabras, que son las que harán en su momento el guión, y luego, para glosar y comentar esas imágenes, también habrá necesidad de emplear palabras. Es decir, siempre – y felizmente – estará la palabra del hombre.

-Esto, de algún modo, está relacionado con lo que cuenta usted en “El ojo y la palabra” al describir los atentados de las Torres Gemelas…

-Sí, me impresionó mucho aquella imagen de 2001. Recuerdo que el 11 de septiembre de 2001, en el momento de los tremendos atentados de Nueva York, estaba siguiendo en casa, como suelo hacer a esa hora, el telediario del mediodía. No se interrumpió ante la catástrofe. Más aún, como era su obligación informativa, lo retransmitió en directo. Vi al detalle todo cuanto ocurría. Meses después escribí sobre aquello: “se estrella el segundo avión secuestrado por terroristas contra la segunda de las dos Torres Gemelas de Manhattan. La imagen del impacto es vista en directo por el mundo entero. El ojo humano queda hipnotizado por la incredulidad y el horror y la palabra no sale de los labios, sólo aparece el gesto. El ojo humano queda imantado en la pantalla y la pupila recorre esa humareda blanca y esa bolsa de sangre incendiada que envuelve a los rascacielos. Minutos después aparecen pañuelos de vida en las ventanas despidiéndose o pidiendo auxilio a la existencia. Otras existencias caen ovillándose para siempre, rodando por el aire de la niñez al suelo, despavoridas, seguidas por el ojo humano que no las puede ayudar. El ojo de la cámara, el ojo del televisor sigue teniendo en su pupila una nube roja y blanca, una mancha o penacho en llamas que le impide ver con serenidad. Las dos Torres están llenas de vidas, es decir, de proyectos, de amores, vacaciones, fiestas, paisajes, niños en las casas, colegios, deudas, créditos, preocupaciones, lágrimas y carcajadas. Pocos minutos después, al caer derrumbadas todas esas vidas, el polvo se hunde haciéndose arena y esa arena expulsa una bocanada de pavor entre las calles, aliento caótico en Manhattan que apenas se huele y que sólo el ojo contempla mientras corre hacia atrás, intentando no ser alcanzado por el televisor. Es el triunfo del ojo sobre la palabra porque la palabra aún no se pronuncia, no ha tenido tiempo de pronunciarse. Sólo el grito y el gesto dominan entre exclamaciones y los diálogos apenas se inician , mucho menos las palabras impresas. Pero las palabras impresas – primeras ediciones de periódicos – pronto aparecerán. Más tarde vendrán primeras ediciones de libros, segundas ediciones, volúmenes, palabras, palabras analizadas, palabras investigadas, encuadernadas, palabras doradas por el estilo, traducidas, bruñidas, repujadas, colocadas en estanterías, situadas en bibliotecas. El ojo no basta. La imagen no es suficiente. El ojo recibiendo imágenes no explica a sí mismo la Historia. Es excepcional, sí, como documento histórico, es importante testimonio ocular, pero visto y no visto en esta increíble mañana neoyorquina, el ojo necesitará posarse también sobre la página, resbalar sobre el texto en papel como lo hace en la pantalla. ¿ Qué ha ocurrido en esos edificios gigantes que ahora se derrumban? Y sobre todo, ¿por qué, por qué? Los porqués quedan envueltos en los gases neoyorquinos, en el misterio de la polución americana, dentro de la cúpula del consumismo occidental. Antes de caer las innumerables oficinas, los papeles despiden en el aire las facturas y los balances revolotean suicidándose. Es el cielo de millones de papeles blancos, el cielo de existencias arrojadas desde las ventanas. Los qués siguen apareciendo en las pantallas de los televisores mientras los porqués se esconden aún en los libros.” Más tarde los porqués de los análisis en esos libros intentarán explicarnos de algún modo los qués, lo que hay detrás de los qués para que haya tenido que suceder y estallar todo esto.

– Por tanto, usted se reafirma en que es la palabra la que explica la historia y no solamente la imagen.

– Lógicamente. La palabra puede estar en un libro, en un soporte de las nuevas tecnologías de la comunicación, en un móvil, pero la palabra es la que explicará siempre las razones de la imagen. Es la que la completará.

No puede olvidarse tampoco que la palabra no es sólo la palabra leída o escrita sino, antes de ello, la palabra hablada, el diálogo, ya en la infancia, enseñado por los padres al bautizar con palabras cada objeto que el niño mira – mira la imagen que representa al objeto y los padres lo definen con palabras – y lógicamente esto sucede también en la escuela primaria y en los primeros diálogos. La palabra fluye incesantemente por todo ese mundo, y no las imágenes. El diálogo, esencial en la convivencia humana, es un eslabón de palabras y lenguas y no puede ser sustituido por imágenes. Por mucho que se hable de la devaluación de la palabra, la palabra está ahí, y no se la puede ignorar, despreciar o manipular. El gran problema está en saber si en el futuro una videoteca, por ejemplo, por sí sola y sin palabras, llenará intelectualmente lo que hoy una biblioteca y su lectura puede llenar. El reto estará en saber cómo se compagina la enseñanza de la sabiduría con el mundo de las imágenes.

Los adolescentes, y los que pronto abandonarán la niñez, han visto desde siempre el televisor – y hoy los móviles – como un elemento más de su casa y de su vida. Igual que antes ocurrió con el automóvil o con el frigorífico. Edward Albee, entre otros, hizo ver este dato. También Foster Wallace. Los ejemplos de autores serían múltiples. Con la imagen se vive, y también se come y se cena ante ella, y la imagen le persigue a uno a lo largo del día. Pero querría ya citar aquí unas palabras de George Steiner en “Presencias reales” que dicen así: “Si el niño queda vacío de textos, en el sentido más cabal del término, sufrirá una muerte prematura del corazón y de la imaginación y subrayo “en el sentido más cabal del término”. El despertar de la libertad humana puede darse también en presencia de cuadros, de música. Es, en esencia, un despertar por medio del pulso de lo narrativo a medida que golpea en la forma estética. Pero parece que son las palabras las que golpean con mayor seguridad la puerta“.
Creo que esta última frase es reveladora. La palabra es la que golpea con mayor seguridad y no la imagen. La imagen golpea instantáneamente, puede estremecer en un segundo, pero golpea la conciencia quizá con menos profundidad. Es decir, su sonoridad queda más pronto amortiguada

Ante el paralelismo de las palabras y la imagen hay que preguntarse también quíén pronuncia las palabras. ¿Las madres, como yo digo en “El ojo y la palabra“ al hablar de los padres y madres de los escritores?. ¿Quién pronuncia esas palabras que marcan ? ¿El libro? ¿El profesor?

Habrá que aprender a educar con imágenes, y las nuevas generaciones piden que se les explique así el mundo. Pero eso no basta. Consumir sólo imágenes no hace que penetremos en los secretos del pensamiento. Además, la velocidad instrumental de la imagen es rapidísima. Me refiero a que ya tenemos imágenes en el reloj de pulsera. Paralelamente, las palabras en los mensajes se reducen a píldoras de comunicación brevísima. Entonces, ¿cuándo es el momento en que recibimos las palabras reales, las profundas, las de los “por qués“? ¿En la escuela? ¿Y en el momento en que dejamos el colegio o la Universidad? ¿Y cuando ya no tenemos las palabras familiares de nuestros padres educándonos en la medida en que les deja su tiempo libre? Se diría que el hombre, arrojado al vértigo social de la vida corriente, se alimentará de imágenes, pero ¿quién decide y manipula esas imágenes? Se hace difícil que ese hombre se alimente con la lectura. Entonces, ¿cuándo va a enlazar cuando sea mayor con la corriente de la sabiduría ? ¿Quién va a explicarle a ese hombre los porqués? Aparte de esto, todos cuantos exponen imágenes en películas o televisión, sobre todo si escriben un guión, y por tanto quieren dar un mensaje a través de la sucesión de imágenes, tienen que profundizar antes en las ideas, y esas ideas suyas las captarán y elaborarán estudiando y comparando testimonios y lecturas, es decir, palabras. Es un mundo fascinante.

José Julio Perlado —“Los cuadernos Miquelrius”—Memorias

 

(Continuará)

TODOS  LOS  DERECHOS  RESERVADOS

ESCRIBIR Y ATARSE LOS ZAPATOS

 

 

“Si un investigador paciente del alma humana —confesaba el italiano Giorgio Manganelli — me hiciese una pregunta como : ¿Por qué escribe usted?, y si insistiese, puedo encontrar algunos recuerdos, algunos indicios que podrían ayudar a responder a esta pregunta. Si busco en mi adolescencia, hallo este recuerdo: no sabía atarme los cordones de los zapatos; ahora bien, las lazadas que hacía me parecían aceptables; sólo que se deshacían a los diez minutos y mis pies tropezaban con los cordones. Era humillante.

Es absolutamente  razonable que fue en ese momento cuando nació  lo que podría llamar, por puro entretenimiento, mi vocación de escritor. Las cosas que no sabía hacer, que no sé hacer, son innumerables: constituyen la vida misma. Debía, pues, hacer algo que compensase mis ineptitudes manifiestas. ¿ No sé atarme los cordones de los zapatos? Muy bien, entonces escribiré libros.

Entonces haré algo que no necesite de ninguna habilidad manual ( nunca he sido capaz de abrir una lata de conservas, ni siquiera con un abrelatas; pero sé quitar la chapa a una botella). Sé escribir, en el sentido literal, conozco el alfabeto y sé mover la pluma para trazar palabras. Llegado a ese estadio, basta simplemente con insistir : con el tiempo, una persona “que escribe” se convierte en “escritor”.  El escritor encuentra a gente para imprimir los textos que escribe, y a otros que le dan dinero, no demasiado, pero puesto que jamás aprendió  a atarse los cordones de los zapatos, no se puede quejar. Quien aprende a atarse los zapatos puede razonablemente esperar “realizarse”, como dicen los psicólogos, tendrá familia, quizá una carrera brillante: los generales, los ministros, los sociólogos, los ingenieros de caminos y puentes se reclutan entre quienes resolvieron este problema de manera satisfactoria. ¿Y los otros? Los otros son, justamente, los escritores, los astrólogos, los alquimistas, o los que realizan otros trabajos tan pérfidos y deshonestos que se escapan a cualquier evaluación.”

(Imagen – Vicent Van Gogh)

CIUDAD EN EL ESPEJO (15)

“Por qué tiene usted, don Pablo, esa cicatriz en el brazo, a ver, enséñemela, le pregunta ahora el doctor Valdés, Desde cuándo la tiene. Don Pablo Ausin Monteverdi es hombre extraño, aunque parecería normal. Habla poco, la última vez que pronunció un largo párrafo quizá fue hace años, en el restaurante que tenía en Chinchón y que ahora heredó su hijo Agustín, padre e hijo no se hablan desde entonces. Agustín Ausin lo llevó hace año y medio al sanatorio del Doctor Jiménez, Le dejo aquí, pronunció el hijo no sin asomo de escondida crueldad, ya que mi padre está loco, o si no lo está, anda algo trastornado, jamás me habla, nunca he sabido lo que piensa, es hombre educado, incluso de estudios, pero juntos los dos no podemos vivir. Don Pablo Ausin Monteverdi nació en el mismo Chinchón, compró allí una pieza en los bajos de la famosa plaza, convenció a su padre, don Casimiro, para establecer bajo las galerías de madera un modesto restaurante, antes había estudiado Medicina en Madrid, la medicina que nunca ejerció, tenía dos vidas, la de los libros adquiridos en tiendas de viejo, quién lo diría, cómo podría adivinarse que en el fondo sombrío del caserón de un pueblo, al final y en lo más hondo del pasillo donde estaban las habitaciones, se alineaban libros casi deshojados pero leídos y releídos con unción, mientras al otro lado, de la casa a la plaza, a sus procesiones, capeas y turistas, el olor y el brillo jugoso de los prietos chorizos regados con buen vino eran la mercancía ofrecida, la apariencia externa del vivir. Desde cuándo tiene este tatuaje, pregunta nuevamente el doctor Valdés a Don Pablo Ausin Monteverdi.

No es el tatuaje de una mujer desnuda; es don Pablo hombre de pensamientos escondidos respecto a las mujeres; no es tatuaje marcado en la legión, más parece ser un mero capricho. Tatuaje extraño es éste, puntos crucificados casi a la altura del hombro aún robusto, no se le ha ocurrido sino tatuarse el mapa de la  provincia de Madrid, desde las extremidades de Somosierra hasta los bordes de Aranjuez y de Cuenca y de València, por Villarejo de Salvanés, no lejos de Chinchón mismo, que resalta en la carne como si estuviera viva la plaza, y el sol en ella, y los balcones afamados mirando al sol. Guarda don Pablo Ausin Monteverdi un secreto que no ha revelado ahora : son en estos momentos, lo dijimos ya, las diez, las once, las doce de esta mañana de primavera, porque a veces en los sanatorios psiquiátricos, las horas pasan lentas o discurren veloces, depende del ritmo y de las prisas, de la cadencia de las preguntas y de los mutismos, de cómo adelanta sus pasos el médico como si fuera cuidadoso peón de brega hacia el poderoso animal humano que mira y nada dice, como así parece don Pablo Ausin Monteverdi, educado e intratable a la vez, aparentemente exquisito y paralelamente insociable. Yo temblaba, mire usted, don Pedro, le dijo Agustín, el hijo que lo entregó al doctor Valdés, y se lo decía un día de confesiones y confidencias. Yo temblaba con sólo oírle el llavín de la puerta, Cómo vendrá mi padre, me preguntaba yo, qué hará, qué humor traerá, qué le habrá pasado, repetía incansable Agustín Ausin, dueño ya del restaurante de la plaza de Chinchón. Acaso miente el hijo, es que simula, o tal vez quiere desembarazarse del padre, los psiquiatras tardan en ocasiones en saberlo.

 

Escuchan y callan. Aprenden. Observan. A veces asienten como si consintieran, pero don Pedro Martínez Valdés ha descubierto que existe una cadena casi invisible, por supuesto subterránea, que une en pacto de silencio a todos los Ausin que existieron. Don Casimir,o, don Sebastián, don Gerardo, un Casimiro más, otro Sebastián Ausin: el árbol genealógico, siempre extendido en la provincia de Madrid, y que parece remontar sobre esa Plaza Mayor de Chinchón, plaza que asomó por la historia allá por los años primeros del siglo XVl y que acabaría de cerrarse al fin en 1683.  Guardan secreto los Ausin de Chinchón como si un maleficio los cubriese. De quién fue la hija natural, se pregunta el doctor Valdés, cuáles fueron los venenos escondidos, en qué pozos ocultos se arrojaron inocentes cadáveres. Quizá nadie de eso hay de cierto. Desde lo alto de la plaza, como un islote religioso, la iglesia de Nuestra Señora de la Asuncion que se inició en 1534 y tardó un siglo en terminarse, ha visto impávida, entre calores tórridos y fríos helados, tantos torneos, ferias, fiestas y bailes, que su cuadro de Goya, precisamente sobre la Asunción de la Virgen, queda imperturbable.  De Goya le podía hablar yo, le dirá esta misma noche, en la cena, cuando todo haya ocurrido, y Ricardo Almeida García charle con Don Pablo Ausin. Sabe usted, don Pablo, que Goya no está lejos de Velázquez, me refiero al Prado, claro está, a la planta principal, yo estuve explicando retratos de Goya y tapices, y luego tuve  que aprenderme a Ribera y a Murillo, pero después  me empapé de Velázquez, no lo digo por nada, respeto a Tintoretto y a Tiziano, no digamos la escuela veneciana, pero a mí me tiran más los españoles, bueno, perdone don Pedro, es un decir, quiero expresar que me gustan más, y no por patriotismo, pero como el Greco, Goya y mi Velázquez no hay nada, eso es España, don Pedro, lo que hemos dado al mundo, además se encuentra uno en las alturas, no en la planta baja, aunque allí está, en los bajos, un tesoro, nada menos que las pinturas negras de Goya, los abismos,  añadirá estremecido. Conoce usted bien el Prado, don Pedro, llegará a preguntarle esta noche.

Don Pablo Ausin Monteverdi mirará entonces a Ricardo Almeida y le sonreirá levemente, asentirá con la cabeza como ahora lo está haciendo ante el psiquiatra, ante el doctor Valdés. La historia hay que contarla así, entre  avances y retrocesos, pasado y futuro van y vienen en un pálpito tal que el presente se mueve al ritmo del músculo de este brazo de don Pablo que hace del tatuaje un barco, una nave, algo que se hunde y se eleva. La provincia de Madrid tatuada en carne viva sobre el hombro derecho de don Pablo Ausin es un poema. Refulgen las venas de las carreteras, no es operación ésta de aficionado. Suben y bajan los caminos y Chinchón, cerca de Colmenar de Oreja, cerca de Villaconejos, cerca de donde existió un mal llamado manicomio de Ciempozuelos, parece que se hubiera tallado con punzón, es punto rojizo y casi cárdeno que es imposible que sea indoloro para Don Pablo. Y sin embargo él nada dice. Los Ausin son así. Si Don Antonio Machado prestase su figura de enigmática bondad, aquella trabajada primero en barro y después en bronce, la que dejó hierática y para siempre el escultor Pablo Serrano, si Don Antonio Machado prestara las marcas a Don Pablo Ausin, marcas en la faz y en el semblante, don Pablo Ausin Monteverdi se parecería ahora, casi a las doce de la mañana, al gran poeta español. Está sentado don Pablo frente al doctor Valdés en una salita del sanatorio y tiene el hombro derecho descubierto, aparece pausado e inconmovible, Yo le dejo aquí a mi padre, había dicho el grueso hijo Agustín, porque no tiene arreglo, no habla, nada dice, Y sólo por eso lo va a dejar aquí, contestó el psiquiatra, Cuánto tiempo hace que no habla. Va para seis años,  respondió el hijo.”

José Julio Perlado

(Continuará)

TODOS  LOS  DERECHOS  RESERVADOS

 

(Imagen—:  Vicent van Gogh)

LIRIO EN EL AGUA

 

 

“Lirio en el agua, inaccesible lirio,

y agua que escapa, luz inaccesible.

Me llevaré a la oscuridad tus ojos,

la hermosura terrible de este mundo,

la culpable hermosura de esta tarde,

la luz inaccesible de tus ojos.

Porque la tarde es última y oscura,

Úuna hermosura sin después, un pozo

en el que va a ahogarse un niño, un pozo

con un lirio en su fondo inaccesible.

Todo se apaga alrededor y queda

sólo un pozo en el centro de la tarde

y un lirio inaccesible y, en mis ojos,

la luz que mataré cuando me vaya.”

Julio Martínez Mesanza -“Lirio en el agua” – “Entre el muro y el foso”

 

 

(Imágenes -1- Van Gogh / 2- lirios –  susie ranager)

LA CAMA DE VAN GOGH

 

van-gogh-yt-google-art-projet-wikipedia

 

Se busca estos días la cama de Van Gogh, célebre en su famosa habitación. “El suelo de tarima – recordaban Steven Naifeh y Gregory White Smith en suVan Gogh” al describir “La habitación” – es como un libro abierto que contuviera la alegría de vivir; una cama lo suficientemente grande para dos personas, hecha de  madera de pino color naranja, tan maciza como un barco, y un par de sillas. Sobre el cabezal, el humo turquesa del fumador y su sombrero de paja colgando de un clavo. Sobre la cama, los retratos del desaparecido Boch y de un Millet a punto de irse. La luz amarilla del sol se colaba por entre las contraventanas cerradas arrojando una luz color limón sobre las fundas de las almohadas y las sábanas. Las desafiantes pinceladas de color que Vincent había utilizado para las páginas de la Biblia, escapan de su prisión de gris y llenan el lienzo de un cúmulo de contrastes: una palangana azul sobre una encimera naranja, un suelo rosa con algo de verde; el fondo amarillo y las puertas color lila, una toalla verde menta apoyada contra una pared turquesa y, sobre la cama, una colcha color escarlata. En la parte trasera de la pequeña habitación, junto a la ventana, colgaba de la pared un pequeño espejo para afeitarse”.

Toda la multitud de ojos de los museos del mundo que se han asomado a este umbral se han llevado para siempre este recuerdo vivo en color de una de las habitaciones más irrepetibles, un cuarto que nunca olvidarán. Esta es una de las grandes habitaciones de la Pintura. Es la habitación de Van Gogh.

(Imagen: La habitación-google art projet- Wikipedia)

EN EL TALLER

pintores.- uurrb,. talleres.- Konstantin Korovin.- 1892

 

“con paso ligero

pasa

de una mancha a otra

de una fruta a otra

 

talleres.-Rudy Ernst trabajando.-Rudy Ernst.-artnet

 

el buen jardinero

apuntala la flor con un palo

al hombre con alegría

el sol con el azul

 

arte.-iubb.-Gauguin

 

 

luego

se ajusta las gafas

pone agua para el té

murmura

acaricia al gato

 

pintores.-bbg3.-Joan Miró.- en su taller de Palma de Malorca

 

Nuestro Señor cuando estaba construyendo el mundo

arrugaba la frente

y hacía cálculos cálculos cálculos

por eso el mundo es perfecto

e inhabitable

 

modigliani

 

 

en cambio

el mundo del pintor

es bueno

y está lleno de errores

el ojo se pasea

de una mancha a otra

de una fruta a otra

 

arte.-4dr,-.Giorgio de Chirico.-1951.-por Herbert List-Robert Miller Gallery

 

 

el ojo murmura

el ojo sonríe

el ojo rememora

el ojo dice que se podría aguantar

si simplemente se consiguiera llegar

adentro

allí donde estaba el pintor

sin alas

con unas pantuflas que se le sueltan

sin Virgilio

con un gato en su bolsillo

su bondadosa fantasía

y su mano inconsciente

que es la que mejora el mundo”

Zbigniew Herbert.-“En el taller”.- “Estudio del objeto” (1961) (traducción de Xaverio Ballester)

 

pintores.-tynn.-Van Gogh.-autorretrato.-Museo de Arte Fogg.-Cambridge.-Estados Unidos

 

(Imágenes-1.-Konstantín Korovin.-1892/ 2.-Rudy Ersnt– artnet/ 3.-Paul  Gauguin.-reprodart-com/ 4.-Joan Miró en su taller de Palma de Mallorca/ 5.-Modigliani en París- 1915- Paul Guillaume.-chagalov/ 6.-Giorgio  de Chirico.-1951.-Herbert List–Robert Miller gallery/ 7.-Van Gogh.-autorretrato-  museo Fogg.-Cambridge- EEUU)

INSTRUMENTOS DE VERMEER

Vermeer.-3drrm.-La guitarrista

Kenneth Clark habla de Vermeer como de un genio de la evasión. “Empleó a fondo su inventiva para hacernos sentir el movimiento de la luz. Le encantaba mostrar su paso por una pared blanca, y luego, como para hacer más comprensible su avance, por un mapa ligeramente arrugado. (…) En muchos de sus cuadros se encuentran las proporciones exageradas de la fotografía, y la luz viene representada por esas bolitas que no se ven a simple vista, pero que aparecen en el visor de algunas cámaras antiguas.” Precisamente ahora está teniendo lugar en Londres la exposición“Vermeer y la música que concluirá el 8 de septiembre. Música y pintura como en tantas ocasiones,, como otras veces pintura y literatura, en esa correspondencia casi continua de las artes que muchos han estudiado y que Claudio Guillén recuerda en “Entre lo uno y lo diverso (Tusquet) : “Es frecuentísimo – dice allí – en la

Vermeer.-tunnh.-Joven sentada ante el virginal.-1670-72

prensa y hasta en la conversación, describir una obra de arte por medio de conceptos y vocablos correspondientes a un arte distinto; y así aparecen perspectivas en Cervantes, o el lirismo en Vermeer, o el claroscuro de Zola, etcétera. No tienen por qué sorprendernos estas metáforas interartísticas. “ Vermeer, al que sólo se le atribuyen unos cuarenta cuadros, quiso representar interiores de hogares con una o dos figuras escribiendo, haciendo los quehaceres domésticos o tocando instrumentos musicales. En el cuadro “Dama sentada a la espineta” algunos críticos han señalado que el instrumento que allí aparece debe haber sido realizado por los Ruckers de Amberes o en su círculo y la posición del arco entre las cuerdas del violonchelo está considerada “normal” por los expertos. Sobre “Lección de música” – o “Dama a la espineta y caballero” – los críticos se han detenido en el violonchelo en el suelo así como en el espacio perfectamente 

Vermeer.-ryu.-Lección de música.-wikipedia

“medido” entre el instrumento y la mesa y por un empleo más consciente de las baldosas del pavimento: “el espejo que refleja el rostro de la dama y la luz matizada por los cristales confieren al cuadro- han dicho– un sello vagamente mágico.”

Este es Vermeer, cuyos colores admiraba Van Gogh. “La paleta de este extraño artista – le decía en una carta a E. Bernard  – comprende el azul, el amarillo limón, el gris perla, el negro y el blanco. Es verdad que en los cuadros que ha pintado puede hallarse toda la gama de colores; pero reunir el amarillo limón, el azul apagado y el gris claro es característico en él, como lo es en Velázquez armonizar el negro, el blanco, el gris y el rosa… Los holandeses no tenían imaginación, pero poseían un gusto extraordinario y un infalible sentido de la composición.”

(Imágenes.-1.-Vermeer.-Tañedora de guitarra.- 1667.- Londres.-Kenwood House/ 2. Vermeer.-“Dama sentada a la espineta”.1670- Londres-National Gallery / 3.- Vermeer.-“Dama a la espineta y caballero” (“Lección de música”).-1660 -Londres.-Buckingham Palace)

ANTE EL MUSEO

arte.-tunj.-la novia judía.-Rembrandt.-1665-Rijksmuesum

Sentado ante “La novia judía” de Rembrandt, Vincent van Gogh, en el otoño de 1885, se queda embelesado. Como cuentan en su “Van GoghSteven Naifeh y Gregory White Smith  (Taurus), quien firmaría años más tarde “Los girasoles” “llevaba un abrigo de pelo mojado y un gorro de piel que se negaba a quitarse. “Parecía un gato mojado”, recordaría un visitante del Rijksmuseum. Bajo el gorro empapado asomaban la cara quemada por el sol de un marinero y una barba roja revuelta. Más de un visitante pensó que parecía un “trabajador del metal”.

pintores.-5ggb.-Van Gogh.-carta a Theo .-julio 1882

“!Qué cuadro más íntimo e infinitamente amable!”, escribiría Vincent después. Anton Kerssemakers, que se había unido a Vincent durante parte del viaje a Ámsterdam, siguió visitando el museo sin él. “No había manera de sacarle de allí”, recordaría después. Cuando volvió más tarde, Vincent aún seguía allí. A ratos se sentaba, a ratos se quedaba de pie, en ocasiones juntaba las manos como si estuviera en piadosa oración. En un momento dado observaba el cuadro muy de cerca, después retrocedía y apartaba a la gente de su línea de visión.”

Ahora que el Rijksmuesum abre sus puertas tras una década de restauración, emociona ver a este singular visitante arrobado ante el gran Rembrandt o ante Hals, aprendiendo de todos los matices. “Las paredes del museo estaban llenas de oscuras ventanas repletas de la imaginación de los maestros – cuentan los biógrafos de Van Gogh -; las exploraciones veladas y profundamente misteriosas de lo sublime, y de sí mismo, de Rembrandt; la deliciosa documentación que hace Hals de la condición humana: pícaros soldados,

arte.-tbhu.-Frans Hals.-el alegre bebedor.-Rijksmuseum

bebedores de mejillas sonrosadas, novios poseídos de amor y sus alegres novias, burgueses satisfechos consigo mismos y sus mujeres hartas del mundo. (…) Tras esa visita de 1885, Vincent había guiado a su pincel por el milagro de ejecutar la pintura y el mandato de trabajar “deprisa”, como Rembrandt, para obtener una imagen de “sentimientos nobles e infinitamente profunda“.

arte.-tgio.-Gerard van Honthorst.-el alegre músico.- Rijksmuesum

Liberado al comprobar que ni Rembrandt ni Hals “expresaban las verdades literalmente“, Vincent exigió después su derecho a “idealizar, a ser un poeta” y a dejar que sus colores “hablaran por sí mismos.

arte.-rtved.-La ronda de noche de Rembrandt en su lugar original.-cortesía del Rijksmuseum

(Imágenes.-1.-“La novia judía” de Rembrandt- 1666.-Rijksmuseum/ 2.-carta de Vincent Van Gogh a Theo en 1882/ 3.- Frans Hals.-“El alegre bebedor”.-Rijksmuseum/4.-Gerard van Honthorst.-“El alegre músico”.-Rijksmuesum/ 5-“La ronda de noche” de Rembrandt en su lugar original.-cortesía del Rijksmuseum)

TIEPOLO Y EL COLOR

Para los pintores, el color no está sólo en todas aquellas cosas que todos vemos – dice Bridget Riley -, sino también, de un modo extraordinario, en los pigmentos extendidos en la paleta, y allí, de un modo muy especial, es sencilla y únicamente el color“. Sobre el azul he hablado alguna vez en Mi Siglo y sobre las  mezclas de colores en Delacroix, tal como él lo confiesa en su “Diario”, en alguna otra ocasión. Hay que recordar la búsqueda de amarillos que en las madrugadas marchando por el campo obsesionaban a Van Gogh y que cuenta en sus Cartas a a su hermano Theo.  Colores y pintores han cubierto, pues, páginas ilustres. Ahora el gran crítico literario y artístico italiano Roberto Calasso dedica a ” El rosa Tiepolo” (Anagrama) todo un libro.

“Si se pide hoy el rosa Tiepolo o el rojo Tiepolo en una tienda de colores o en una de telas – dice Calasso -, difícilmente se encontrará respuesta. Es problable que tampoco en los tiempos de Proust todos los negocios estuvieran provistos de tales mercancias. Es un color que llama la atención y, después, fácilmente se olvida. Pero para Proust debió de tocar un punto neurálgico, dado que lo evocó sólo para Odette, Oriane de Guermantes y Albertine. Acaso lo que unía a tales seres, tan diferentes, tan opuestos, tan obsesionantes, era ese color. Su aparición es siempre un deslumbramiento, fugaz y definitivo“.

Además de los amores, guerras y vicisitudes cruzadas de los siglos también ellos han llevado tras de sí la luminosa estela de matices y abanicos pictóricos inspirados en pacientes talleres, combinaciones perdurables, deslumbrantes aciertos. Philip Ball en “La invención del color(Debolsillo) va recordando el sendero que han ido dejando los años de la púrpura, los años de azules desvaidos, los otros azules del siglo XX,  los modernos colores digitales. Es un recorrido que Calasso hace a su vez a la vera de Tiepolo: “entre los grandes de la pintura -señala – el último que supo callar. Nadie consiguió arrancarle declaraciones acerca de la fidelidad a la naturaleza o la santidad del dibujo”.

Como le decía Gauguin a Paul Sérusier:

“¿De qué color ves aquel árbol?”

Amarillo“.

Está bien, usa tu mejor amarillo. ¿De qué color ves la tierra?

Roja.

Entonces usa tu mejor rojo“.

Singulares percepciones entre color y naturaleza, entre visión y color.

(Imágenes. 1, 2 y 3.-detalles de “El Carnaval” de Tiepolo.-1750.-Museo del Louvre)

MORIR COMO VIAJAR

viajar.-el hombre con la maleta.-por Alberto Sughi.-1992.-artnet

Ahora que pasan los obituarios por el arco iris de las palabrasBenedetti, Rafael Conte, tantos más – recuerdo las frases de Vincent Van Gogh a su hermano Théo:

“Si tomamos el tren para irnos a Tarascón o a Ruán, tomamos la muerte para irnos a una estrella. Lo que es realmente cierto en este razonamiento es que, estando en vida, no podemos irnos a una estrella; lo mismo que estando muertos no podemos tomar el tren. En fin, no me parece imposible que el cólera, el mal de piedra, la tisis, el cáncer, sean medios de locomoción celeste, como los barcos a vapor, los ómnibus y el ferrocarril, lo son terrestres. Morir tranquilamente de vejez sería ir a pie”. (“Cartas a Théo“) (Barral editores).

Ahora que pasan las palabras por encima de tantos obituarios morir recuerda mucho al viajar.

(Imagen: “Andare dove? L´uomo con le valigie”.- por Alberto Sughi.-1992.-artnet)