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Posts Tagged ‘viajes por España.’

 

 

“Las vertientes meridionales de la gran sierra que divide Asturias de León – escribe José María Cuadrado en sus “Recuerdos y bellezas de España“-, aunque  menos rápidas y profundas que las que miran al principado, ofrecen caracteres muy semejantes. Cimas cubiertas de casi perpetua blancura, vegetación silvestre y grandiosa de hayas, robles y encinas, frigidísimas y copiosas fuentes, arroyos que bajan a reunirse en caudalosos ríos, valles escondidos e imponentes desfiladeros cortados como a pico, formados por los ramales y avanzadas de la cordillera, techos bajos y pajizos blanqueados por la escarcha cuando no oprimidos por la nieve, dispersos y cortos pueblecillos que se agrupan de diez en diez o de doce en doce para componer un ayuntamiento, vida pastoral en los moradores, sencillez y hospitalidad en las costumbres, tales son los rasgos comunes de las montuosas comarcas de Laceana, Babia, Omaña, Argüelles y Valdeburón. Divididos corren y encajonados en sus angostas cañadas, ora sesgos ora raudos y espumosos, el Omaña y el Luna, el Vernesga y el Torío, el Curueño  y el Porma, el Orbigo y el Esla, que absorben luego uno tras otro a los restantes para llevar al Duero sus aglomerados caudales fuera de los confines de la provincia.

Cada otoño, cuando los árboles se desnudan de sus hojas, bajan de aquellas breñas los naturales en crecidas caravanas tras de las manadas de ovejas merinas que constituyen su principal riqueza y que van a buscar más templado clima y más abundante pasto en las vegas de Extremadura, dejando silenciosos y ateridos sus campos, y a los ancianos, niños y mujeres reunidos alrededor del hogar durante la rígida invernada : cada primavera vuelven a sus praderas nativas los trashumantes rebaños y los pastores, no maleados en general por su nómada existencia; y puéblanse entonces las chozas de alegría, y de danzas los verdes sotos, y los aires de sentidas canciones y melancólicas tonadas, y las mesas de frescas natas y sabrosas colaciones para el huésped o viajero que acierta a penetrar en la Arcadia leonesa y a identificarse por temporada con alguna de sus homéricas familias”.

(Imagen – Babia -traveler)

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“Toda la tierra alrededor de Sevilla es muy hermosa y abundante de trigo, vino, aceite y de otras muchas cosas – escribía el embajador veneciano Andrés Navagero al visitar España en 1524 -. La cebada se recoge en abril, por el calor que allí hace, que verdaderamente es excesivo en verano, aunque emplean contra él muchos reparos, por lo que solía decir el rey católico que “el verano se debía pasar en Sevilla y el invierno en Burgos“. En el tiempo que yo estuve en Sevilla sentí tanto calor a fines de marzo y en abril que no lo he sentido mayor en Italia en julio y agosto. Verdad es que dicen que aquel año fue en esto distinto de los demás, y el mes de mayo hizo más fresco de lo que era menester, lo que se debió a los vientos de Poniente que reinaron algunos días, los cuales, cuando soplan, aunque sea en medio del verano, producen en aquella región, no sólo fresco, sino a veces frío”.

Andrés Navagero había sido elegido por el Senado veneciano  el 10 de octubre de 1523 embajador en España cerca del emperador Carlos V y en julio de 1524  salió de Venecia para su nuevo destino. Tras pasar por Barcelona, Zaragoza y muchas otras ciudades, llegó a Sevilla en marzo de 1525 y sobre las numerosas cosas que allí vio, escribió lo siguiente: “por estar en Sevilla en el sitio en que está salen de ella tantas personas para las Indias, que la ciudad se halla poco poblada y casi en poder de las mujeres. Todo el vino y el trigo que aquí se cría se manda a las Indias, y también se envían jubones, camisas, calzas y cosas semejantes que hasta ahora no se hacen allá y de que sacan grandes ganancias. Está en Sevilla la Casa de la Contratación de las Indias, donde vienen todas las cosas que se traen de aquellas partes porque las naves no pueden descargar en otro puerto; al llegar la flota entra en dicha casa gran cantidad de oro con el que se acuñan muchos doblones al año; el quinto es para el rey, y suele casi siempre montar acerca de cien mil ducados cada año.

 

 

Dicen los mercaderes que de algún tiempo a esta parte viene menos oro que solía, pero los viajes continúan y todos los años van y vienen naves. Vi yo en Sevilla muchas cosas de las Indias y tuve y comí las raíces que se llaman batatas que tienen sabor de castañas. Vi también y comí, porque llegó fresco un hermosísimo fruto que tiene un sabor entre el melón y el melocotón con mucho aroma, y en verdad es muy agradable. También vi algunos jóvenes de aquellas tierras que acompañaban a un fraile que había estado allí predicando para reformar las costumbres de los naturales, y eran hijos de señores de aquellos países; iban vestidos a su usanza, medio desnudos y sólo con una especie de juboncillo o enagüetas; tenían el cabello negro, la cara ancha, la nariz roma; pero el color tira más a ceniciento; mostraban tener buen ingenio y vivo para todo, pero lo singular era un juego de pelota que hacían a estilo de su tierra: la pelota era de una especie de leño muy ligero y que botaba mucho, tamaña como un melocotón o mayor, y no la rebatían con las manos ni con los pies, sino con los costados, lo que hacían con tal destreza que causaba maravilla verlo; a veces se tendían casi en tierra para rebatir la pelota, y todo lo hacían con gran presteza”.

 

 

(Imágenes-1-Sevilla en el siglo XVl -culturamas/,2-Barco -1533-,elmundo/ 3- Sevilla en el siglo XVl- sevitrade)

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“Es Mallorca una tierra bendita para vivir despacio y moderadamente y para trabajar también despacio y moderadamente – escribe Miguel de Unamuno en susAndanzas y visiones españolas” -. Hay quien les llama a los mallorquines holgazanes; mas es, sin duda, porque no padecen la febril ansia del trabajo, que podríamos llamar económico, del que es castigo, del de concurrencia, del padre de las guerras, pero basta ver sus campos y las obras de sus artífices para percatarse de que trabajan, y trabajan bien. Trabajan con un trabajo que se podría decir estètico. Más que trabajadores son artesanos, en el más noble y puro sentido de esta palabra, que empieza a desusarse.

 

 

(..) Valdemosa es lo más célebre que como paisaje y lugar de retiro y de goce apacible de la Naturaleza tiene Mallorca. Tiene ya su tradición y hasta su leyenda literaria. La prestigió a “Jorge Sand”,  que pasó allí un invierno con el pobre Chopin enfermo de tisis y enfermo de la Sand y de música, que fue a buscar alivio y recreación en aquel aire alimenticio y aquella luz vivificante (…) También Rubén Darío pasó en Valdemosa una temporada en sus últimos, tristes, torturadores años, acaso la última temporada en que gozó de alguna paz. La pasó en la casa misma en que yo estuve alojado diez días, en casa de don Juan Sureda, cuya mallorquina hospitalidad es una honra para la isla (…) Allí el pobre Rubén se refugió, maltrecho y ya definitivamente vencido por el diablo amarillo, a emprender la última lucha, la desesperada. Allí escribió algunos de sus últimos cantos, entre ellos el de la cartuja, después de haber leído una vida de San Bruno. Allí tuvo, sin duda, la última ilusión de vencer al licor que haciéndonos olvidar el fondo de la vida nos precipita por él hasta la muerte. Allí pidió, en una de sus crisis, que le llevasen un teólogo, un confesor, o muy sabio o muy sencillo. Allí visitó a un viejo ermitaño que desde un hospital de Palma se fue a la ermita de la Trinidad de Valdemosa a acostarse a morir entre la fronda que vive de brisa marina perfumada. Al arrancarse Rubén de Valdemosa, cuando le llamaban el mundo y la muerte, llegó por la carretera de Palma a un punto en que descubrió la airosa fábrica de la catedral y entonces hizo parar el carretón, se descubrió, pidió a su cordial amigo Sureda que le rezase un padrenuestro, lo contestó devotamente, se santiguó e hizo luego un gesto de trágica resignación que era una despedida y como el último saludo de quien se dispone a arrojarse al abismo.

La cartuja de Valdemosa está henchida de recuerdos del pobre Rubén y yo sentía el remordimiento de lo que pude haberle dicho y esperó él que le dijese y no le dije, cuando cada día, mañana y noche, pasaba por el cuarto en que el pobre forcejeó espiritualmente contra la nube que le iba ciñendo”.

 

 

(Imágenes -1- Valdemosa- Wikipedia/3.- Rubén Darío- La Prensa/ 3 -calle de Valdemosa- Wikipedia)

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“Lo primero que me sorprende de Salamanca es el color de oro mate (mejor diría de salmón) de la ciudad –  escribe Emilio Bobadilla enViajando por España”, en 1912 -. Esto obedece  a la piedra de que están hechos sus edificios, blanda como la arcilla al principio, y dura como el granito después. Así se explica que hayan podido cincelarla tan complicadanente, imitando las labores de los plateros. El tiempo la comunica ese matiz de barquillo indeleble.

 

 

 

De calle en calle salgo a la Plaza Mayor, original como ninguna otra de España. Viene a ser el foro salmantino. Por allí se pasea todo Salamanca. Tiene la forma de un trapecio. La circundan casas uniformes de cuatro pisos con soportales poblados de tiendas. En las enjutas de los arcos ostenta bustos de viejos reyes y próceres, de incierto parecido. En el siglo XVl se transformaba en plaza de toros. Los arcos se cerraban con una barrera, detrás de la cual se congregaba el pueblo, y los balcones se convertían en palcos. La tauromaquia estaba entonces en mantillas y los toreros eran puramente de afición.

 

 

(…) De la Plaza Consistorial salto a la Plazuela del Corrillo. Es triangular. Sus puertas desquiciadas, sus barandajes torcidos, sus paredes hidrópicas, sus vetustos guardapolvos, sus ventanas mohosas con cortinas de colores, sus columnas hundidas, sus portales oscuros, sus tejas rotas… forman un conjunto anárquico y pintoresco. Las lugareñas, de ampulosos y burdos refajos, peinadas al estilo… plateresco, venden allí en míseros tenduchos, sentadas en el suelo, legumbres, huevos, pollos y gallinas. (…) La calle de San Pablo me conduce a la “Casa de la Salina”, llamada así por haber servido de almacén de sal en otros tiempos. A poco andar, diviso la granítica  “Torre del Clavero”, sólida, esbelta y rubia como el trigo. Casi enfrente está el “Parador del Clavel“. Los caballos, las mulas, los burros se apiñan coceando en el zaguán. De los travesaños del techo y de las paredes cuelgan albardas, zanzarros, arneses, alforjas, sombreros y mantas. En el suelo se hacinan los cántaros de leche, los serones, los cuévanos vacíos, las botas de montar, las espuelas (…) Caballero en un mulo, llega un charro, erguido, seco, de ancho sombrero, la manta al hombro, ceñido el busto por una faja carmesí. Su  cara respira una nobleza de viejo hidalgo.  Luego llega otro, el brazo izquierdo arqueado sobre el muslo; en la mano derecha la brida; gallardo, musculoso; los cañones incipientes de la barba le azulean el perfil casi griego; la mirada es imperiosa, los labios son finos y pequeños. Se apean despacio y gravemente como caudillos victoriosos. Detrás viene un arriero rechoncho, montado en un rucio de orejas caídas, pintura viva de Sancho Panza. Luego otro charro en una yegua nerviosa, de pupilas parlantes, que  piafa y caracolea”.

 

 

(Imágenes -1-cronica de Salamanca/ 2.- charro y gitanos -Laurent -todo colección/ 3- Salamanca- 188o- The Bridge- todo colección/ 4.-Salamanca – siglo XlX- Venancio Gombau- Pinterest)

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“Bajando de las montañas, con el maravilloso espectáculo de Málaga, el Mediterráneo y Ronda en el horizonte, vimos a un mulero que nos dijo que había una banda de cincuenta ladrones, todos con caballos, en la venta, junto a la carretera y el bosque que teníamos que atravesar aquella noche. Hacia el mediodía entramos en Antequera; a partir de allí la comarca tenía una apariencia inusitada en España: huertos cercados, setos con álamos y olmos que me recordaban el paisaje del Oeste de Inglaterra, pero esta comparación, sugerida momentáneamente por el buen cultivo, no tardó en ser borrada por la realidad, pues fuimos sorprendidos por una tormenta y tuvimos que buscar refugio en una casa grande, pero solitaria, junto al camino; la puerta estaba cerrada y sus habitantes tardaron en oírnos. Por fin, después de muchas preguntas, nos la abrieron con evidente recelo, que aumentó cuando entramos y pedimos pan y vino. Acostumbrados a los bandidos y no a los viajeros, no sabían qué pensar de nosotros al principio.

 

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Luego, yendo camino de Benamejí, se nos unieron algunos arrieros, que nos advirtieron del peligro que corríamos. Era costumbre entonces que los viajeros que pasaban por allí se unieran en caravanas, y como la mayoría eran campesinos que llevaban sus productos al mercado era siempre fácil encontrar alguna a la que unirse. Oímos que una caravana pasaba a una milla de distancia y galopamos a su encuentro, consiguiendo cruzar el bosque con ella. Pasamos por el lugar del peligro, junto a la pintoresca venta y no tardaron los de la caravana en gritar que se acercaban los bandidos; vimos a tres hombres en el bosque, apoyados en sus fusiles, en quienes nuestros compañeros reconocieron a miembros de la banda. Protegido por la caravana como estaba, sentí deseos de ver de cerca a uno de los famosos bandidos andaluces, que, como los contrabandistas legítimos, se distinguen por su atuendo, van en nobles corceles y tienen en su carácter algunos rasgos loables; raras veces cometen asesinatos, a menos que la víctima oponga terca resistencia, muestran gran cortesía y desdeñan las cosas de poco valor; aquellos que vimos en el bosque iban a pie y no se distinguían en nada de la demás gente.

 

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Quizá fueran bisoños en la banda y no admitidos aún en los privilegios del uniforme y los misterios de la profesión, pues, según parece, en las mejores bandas había que pasar por un período de aprendizaje. El número de los bandidos sospecho que era exagerado por la gente, aunque el distrito estaba tan lleno de ellos, que se decía que quien bebiera el agua clara de Lucena quedaba desde aquel momento convertido en cumplido ladrón de caminos”.

Herbert Henry George, tercer Conde de Carnarvon .-“Viajes por la península ibérica” (1827)

 

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(Imágenes.-1,.-pintura de Eulogio Rosas/ 2.-pinterest com/ 3.-tripasvisor/ 4.-gibralf -universidad de Málaga)

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“He venido por un instante a visitar el viejo paraíso moro. He venido por un ferrocarril osado, bizarría de ingenieros, hecho entre las entrañas de montes de piedra dura. He visto inmensas rocas talladas; he pasado sobre puentes entre la boca de un túnel y la de otro; abajo, en el abismo, corre el agua sonora. Así el progreso moderno conduce al antiguo ensueño. Y cuando he admirado la ciudad de Boabdil, he tenido muy amables imaginaciones (…)  Desde la Alhambra se mira el soberbio paisaje que presenta  Granada y su vega deliciosa. A la derecha, la antigua capital, el barrio  actual del Albaicín, con sus tejados viejos, sus construcciones moriscas, su amontonamiento oriental de viviendas; al frente, la ciudad nueva, en que la universalidad edilicia sigue el patrón de todas partes; a la izquierda, la verde vega, con sus cultivos y sus inmensos paños de billlar; más acá, cerca de la mansión de encajes de piedra, los cármenes, estas frescas y pintorescas villas, donde los granadinos cultivan en los ardientes veranos sus heredadas gratas perezas, sus complacencias amorosas y sus tranquilas indolencias. En verdad, se sienten saudades del pasado. Se comprende el entusiasmo de los artistas que han llegado aquí a recibir una nueva revelación de la belleza de la vida.

 

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El agua por todas partes, en las copiosas albercas, en los estanques que reproduce las bizarrías arquitecturales, en las anchas tazas como las que sostienen los leones del famoso patio, o simplemente brotando de los surtidores colocados entre las lisas losas de mármol. Comprendían aquellos príncipes imaginativos que hablaban en tropos pomposos, que la vida tiene hechizos que hay que aprovechar antes de que sobrevenga la fatal desaparición”.

Rubén Darío -“Granada”

 

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(Imágenes.-1.-Granada- Joaquín Sorolla– reproducciones com pinturas/ 2.-El patio de Comares- Joaquín Sorolla- cultura en Andalucía/ 3.-La torre de los Siete Picos- Sorolla- cultura en Andalucía)

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Cudillero- nyh- turismo asturias es

 

“El puerto de Cudillero es uno de los de más fuerte matrícula pesquera del norte de España. El cogollo de la población, donde está la rula, la parroquia, el Ayuntamiento ocupa el fondo del embudo con la rampa del puerto, donde se sobornan cada día no menos de cien barcos de pesca. La operación de vararlos se hace mediante unos cables movidos por tornos, ahora eléctricos y antes a mano. El barco de pesca ocupa todo Cudillero hasta meterse en los portales de las casas, en las aceras, en los soportales, como corceles dormidos. El  hombre de Cudillero vive unido a su barco como un molusco. Es ya como una mezcla de hombre y barco, una especie de centauro del mar. Creo que éste es el único puerto del Cantábrico en que esta operación de sobornar toda la flota pesquera haya que hacerla diariamente. Tan fatigoso trabajo tiene su origen en la peligrosidad del puertecillo.

 

Cudillero- buio- latierradelroble com

 

En los bordes del enorme remolino de rocas, las casas de esta extraña villa trepan como en una perspectiva infantil hasta alturas de cerca de cien metros. Están pintadas de colores violentos, como los de las chimeneas y las amaras de los barcos : ocres, rojos, verdes, sienas. Parece la villa como un tapiz oriental tendido en la falda de un monte (…) De Cudillero era uno de los hombres de más personalidad que ha dado la costa aquella: Calixto López, el famoso tabaquero de La Habana. Cuando nadie más que Pío Nono, el Zar de Rusia y Francisco José de Austria tenían su retrato en las fajas de los puros, Calixto López hizo grabar el suyo, con lo que se abrió un mundo infinito a los coleccionistas de fajas. Calixto López  se hizo enterrar en Piñera, cerca de Cullidero, en un cementerio que hoy es, probablemente, el más bonito entre los rurales de España“.

Víctor de la Serna – “La ruta de los foramontanos”

(Imágenes.- 1.-Cudillero- turismoasturias/ 2.- Cudillero- latierradelroble)

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