VIAJES POR ESPAÑA (25) : SALAMANCA Y MADRID

 


“Suelo experimentar en Madrid — decía Unamuno — un cansancio especial, al que llamaré cansancio de la corte. Cuando en esta tranquila ciudad de Salamanca salgo de paseo, carretera de Zamora adelante, se me cansan las piernas, seguramente, pero descansa y se refresca mi sistema nervioso. Mi camino está franco y despejado, no encuentro en él  detención alguna, nada me distrae, mi paso es igual, sin que haya de menester variarlo, y mi vista reposa en la contemplación; ya de la lejana y ahora nevada sierra, que parece un esmalte del cielo, ya en la vasta llanura de la Armuña, en que se tienden algunos puentecillos; ya a mi regreso, en la vista de la ciudad, dominada  por las altas torres de la catedral y su clerecía. Luego, a casa; me siento a trabajar, y a la vez que mis piernas descansan se activa mi cerebro refrescado por el paseo. Pero si en Madrid bajo por la calle de Alcalá y paseo de Recoletos, o recorro calles, he de variar constantemente de marcha: una pareja que está en la acera charlando y me obliga a ladearla; el transeúnte de delante que va más despacio que yo;  un coche que se me cruza cuando voy a atravesar una calle; este, que me saluda; aquel, que me llama la atención , el otro, que parece mirarme como a persona conocida; a cada momento rostros nuevos, conocidos y desconocidos, todo ello exige una serie de pequeñas adaptaciones, que convierte mi marcha en un acto mucho menos automático. Cada una de estas ligeras y casi insignificantes variaciones parece no tener importancia; pero la serie de ellas es como una descarga continua que acaba por  llevarme a cierto estado de fatiga sobreexcitante, casi de irritabilidad. Y llego luego a casa, y en vez del silencio y la quietud grandes que como en cariñoso regazo recogen nuestro sueño en el campo o en las tranquilas villas de reposado vivir, es ya un coche, ya rumor de gente que sale de un teatro, ya  cualquier otro ruido que nos perturba el sueño. Me parece difícil que sea verdaderamente reparador el sueño en una casa que a cada momento vibra al pasar un coche por la calle.”

 

 

(Imágenes-1- Calle Mayor- foto CAS  corhuys/ 2- Madrid- donado por Mario Fernández Albanés)

VIAJES POR ESPAÑA (24) : CÓRDOBA

 

 


“¡Oh excelso muro, oh torres coronadas

de honor, de majestad, de gallardía!

¡ Oh gran río, gran rey de Andalucía,

de arenas nobles, ya que no doradas!

¡Oh fértil llano, oh sierras levantadas,

que privilegia el cielo y dora el día!

¡Oh siempre gloriosa patria mía,

tanto por plumas cuanto por espadas!

Si entre aquellas ruinas y despojos

que enriquece Genil y Darro baña

tu memoria no fue alimento mío,

nunca merezcan mis ausentes ojos

ver tu muro, tus torres y tu río,

tu llano y sierra, ¡oh patria, oh flor de España!”

Luis de Góngora— “Sonetos” (1585)

(Imagen —Córdoba- arteespaña)

VIAJES POR ESPAÑA (24) : CANARIAS

 


“… Los nativos canarios eran membrudos, audaces, fuertes… Tenían los cabellos largos y rubios, y con ellos se cubrían hasta el ombligo…” Lo cuenta el viajero florentino Angiolino del Tegghia de Corbizzi en 1341, enviado a descubrir tierras por el rey Alfonso lV de Portugal y lo anota así el periodista y viajero Luis Pancorbo en su “Mapamundi de lugares insólitos, míticos y verídicos”.

 

Ése al parecer, después del de Plinio, fue el  primer documento “ verdaderamente histórico” sobre las Canarias, según apunta Menéndez y Pelayo —y así lo cita Pacorbo. Y añade que “entre los muchos que pretendieron encontrar a las Islas Canarias en la Antigüedad figuraron los maghurinos, los engañados, que así fueron llamados los tripulantes de un viaje fabuloso, tanto que se duda si realmente sucedió, pese a que el gran geógrafo árabe El Edrisi lo diera por cierto.

 

Continúa Pancorbo diciendo que  “se trataba de ir por el Atlántico hacia unas Hespérides que a lo mejor eran las Canarias o islas perennes para saber lo que contenía el Océano y cuáles eran sus límites. La cuestión nunca fue dilucidada. Misterios y fantasía, adobados con embustes, esa es la sal de muchos viajes. A principios  del siglo XlV  el célebre geógrafo Abulfeda daba a entender que las islas “eternas” habían quedado sumergidas. Sólo el sabio y juicioso Aben- Jaldún — señalaba Menéndez Pelayo —, que escribía en 1377, cuando las Canarias ya eran frecuentadas por los navegantes europeos, habla de ellas de un modo racional y positivo.”

 

(Imágenes— isla de la Palma- -2012– – 1, 2 , 3 y 4- fotos jjp)

VIAJES POR ESPAÑA (24) : CADAQUÉS

 

 

“Desde el balcón del piso que tenía alquilado en Cadaqués miraba los pailebotes fondeados en la bahía. Las rachas de viento oscurecían el azul del mar. El cielo era de una vaciedad increíble. Las olas eran pequeñas pero seguidas, durísimas, y las cabrillas tenían una espuma que el viento se llevaba, sin peso.  Los pailebotes me distraían. Las cargas de naranjas y mandarinas, de un rojo descolorido, tenue, de un rosa pálido, parecían mejillas de criaturas dormidas. De las cocinillas de los barcos surgía a menudo un hilillo de humo que el viento quebraba, y me parecía estar oliendo el arroz a banda del cocinero. No olía nada: lo que olía era el mistral inodoro e insípido. Sin embargo, llegaba un día en que el viento paraba y los pailebotes seguían su camino hacia Francia. Aunque algún día tenía que pasar… ¡vaya sorpresa! La bahía quedaba vacía, de una monotonía, de un tedio abrumadores. Después de la tramontana, era como si el mar estuviera convaleciente. ¡Las cargas de naranjas y mandarinas! Era como si Cadaqués estuviera convaleciente. “

Josep Pla— “Notas del crepúsculo’ – Dietario (ll)

(Imágenes— 1- Cadaqués- la Vanguardia/ 2- Cadaqués- Salvador Dalí org)

VIAJES POR ESPAÑA (24) : LOS VIAJES DE LOS REYES


“Los reyes, en el siglo XV, se trasladaban de unos lugares a otros del reino para gobernar y hasta para consumir. Viajaban según lo exigía la necesidad. Sus cortes eran itinerantes. Esa tradición continuaba viva a comienzos del siglo XVl —así lo recordaba el historiador Gonzalo Anes—. Y quizá  por esa itinerancia, por ese carácter ambulante de la corte, no había verdaderos palacios reales, en el sentido que suele darse a la palabra “palacio” en los siglos XVl y XVll. El Alcázar de Segovia era una fortaleza. El Real Alcázar de Madrid también nació como una fortaleza y, a pesar de las reformas, nunca perdió el aspecto de fortaleza con que fue edificado, de fortaleza acondicionada para residencia del rey. El Alcázar de Toledo también era una fortaleza. San Lorenzo de El Escorial era y es un monasterio. Ya en el siglo XVll, se edificó el Palacio del Buen Retiro. Don  Emilio García Gómez lo calificó de palacio “hongo”, por haber surgido casi de repente, en el “humus” de la corte, cuando se fijó definitivamente en Madrid.

 

 

Esas residencias reales eran tan  pobres en su exterior como magníficas por dentro, gracias a su decoración. También lo eran los castillos o las casas que ocupaban el monarca y la corte en sus viajes. Caserones inhóspitos, que parecían inhabitables, se transformaban de repente en una magnífica residencia. En seguida, cuando iba a llegar la corte, se colgaban tapices, se extendían alfombras, se colocaban cuadros y se amueblaban con magníficas arcas, con escabeles y con bargueños. Todo era transportado en furgones que precedían a la corte en sus desplazamientos. Así, un castillo de paredes desnudas e inhóspitas podía convertirse en un espléndido palacio gracias a ese maravilloso decorado. Ocurría lo mismo con un pobre caserón si tenía que habitarlo el rey cuando viajaba.  Por ello, las residencias reales en los siglo XVl  y XVll venían a ser como la tienda del beduino. Es una idea que no está desarrollada pero que quizá tenga interés en estudiar por —tal vez— la vigencia de hábitos heredados del Islam. El hecho es que esa tendencia a decorar contribuyó sin duda a que se afirmase en los reyes el afán coleccionista.”

 

 

(Imágenes—1-Toledo- El Greco/ 2-el Retiro – Giuseppe Leonardo/ 3- el Retiro)

VIAJES POR ESPAÑA (24) : VISIÓN DE SORIA

 

 

”La ciudad va subiendo desde el río hasta arriba donde se acaba en una cuesta en lo más alto, en que se ve un gran cercado, que solía ser en tiempos pasados castillo o fortaleza, empero va cayendo  su poco a poco por no haber cuidado de reparos. Hay en esta ciudad veintidós parroquias, que representan alguna grandeza. La parroquia principal, que está junto a la plaza, es también colegiata de canónigos, y de algunos años para acá  ha pretendido la ciudad eximirse y alzarse en catedral, que hasta ahora no ha tenido efecto (…) El trato principal de su comarca es tratar ganados y lanas, y se saca mucha madera de la serranía , porque tiene abundancia de pastos y montes de pinares y otros árboles. No cría viñas o muy pocas, y el pan no acude con mucha abundancia por ser la comarca arenosa  y la tierra flaca.

(…) Su Majestad tuvo en Soria su palacio en la plaza, en dos casas principales de dos mayorazgos., llamados de Castilla y del Río, frontero de la Iglesia colegiata, donde fue públicamente a oír misa martes, a ocho de diciembre, día de la Concepción de Nuestra Señora, y se detuvo el dicho día.  La ciudad no tiene fuentes, sino  que beben todos del Duero. La Compañía, después que hizo su entrada con Su Majestad, volvió como legua y media atrás en un lugar que se dice Velilla, donde llegó de noche con mucho frío y mal tiempo de nieve y granizo”.

Enrique Cock – “Viaje de Felipe ll’ (1585)

 

(Imágenes -1-Soria- cadena SER/ 2-Soria- veinte minutos)

VIAJES POR ESPAÑA (26) : ORIO : REGATAS, TRAINERAS

 

 

“Las apuestas habían rebasado los cálculos. Los partidarios de Orio apostaban doble contra sencillo.

-Si Orio pierde – se oía  decir de vez en cuando -, el pueblo se arruinará, como le sucedió a Ondárroa.

La tarde estaba más bien desapacible y cenicienta  – escribe como testigo de aquello “El caballero audaz” -. El cielo humoso y torvo amenazaba el temible “sirimiri”, y el mar, bastante movido, prometía galerna. Sin embargo, nada de esto arredró a los espectadores ni a los traineros, que a las cuatro en punto ya estaban colocados entre las dos barcazas que servían de meta. De allí saldrían a toque militar, y llegarían hasta la boya situada fuera de la bahía, alrededor de la cual virarían para volver al punto de partida…

Hubo un silencio solemne de extremo a extremo de la Concha. Sólo el mar, al romper ondulante contra los muros que le ceñían, rugía incesantemente.

El clarín dio el toque de atención; las dos traineras, con los remos en actitud de hundirse sobre las verdosas aguas, esperaban… ¡Tic!…gimió la corneta, y las dos barquillas rompieron marcha. Los remos entraban y salían en las aguas a compás, como si una máquina los moviera al mismo tiempo con absoluta precisión. Al resbalar sobre el oleaje levantaban volcanes de espumarajos blanquecinos que desaparecían. Pronto “Orio” consiguió destacarse gentilmente de su adversaria : primero media barca, después toda, y cuando abandonaba la bahía, le llevaba de ventaja más de veinte metros. Esto produjo una decepción en los espectadores . “¡Esos gigantes remeros de Orio!”

 

 

Una legión de embarcaciones escoltaba a las dos frágiles traineras. Pasaron cinco, diez, doce minutos, y al fin volvió a aparecer “Orio”, triunfante, que había conseguido dejar a “San Sebastián” muy detrás… Y llegó a la meta en medio de un silencio hostil; sólo se escuchó alguna que otra palmada tímida de algún pescador paisano que había venido a presenciar las regatas… Las sirenas de los barcos, que el domingo anterior, cuando “San Sebastián” venció a sus adversarios menos fuertes, atronaron los ámbitos con sus plañideros gemidos, ahora, ante el triunfo de “Orio”, permanecían mudas. Pero no importaba; los remeros triunfadores saltaban y gritaban dentro de la trainera como acometidos de  una alegría epiléptica . Yo quise sentir de cerca aquel júbilo infinito.”

 

 

(Imágenes-1- regatas de Orio- orioae/ 2- Orio – Deia/ 3-regatas- grupo sagrado)

VIAJES POR ESPAÑA (25) : TOLEDO

 

“Tú vienes a Toledo con prisa. En unas horas quieres sorber su jugo emotivo. Está bien; hallarás con creces donde beber a chorro;  pero no lo busques en el arte de los mudéjares toledanos, que exige gusto de reposo, abstracción de tiempo, ganas de soñar mirando y remirando cosas insustanciales, sutilezas, recovecos sin salida tal vez, cuyo misterio tan sólo atrae y cuyo desenlace descontamos por inútil. Permíteme aventurar un cotejo – así lo sigue contando Manuel Gómez Moreno  en su visita a Toledo -; ponte en el Museo del Greco, ante su apostolado; si eres sensible, se te irán entrando aquellos tipos extraordinarios de alucinados, de locos; tus nervios se irán poniendo de punta; si encerrado allí aguantases una temporada saldrías hablando solo, de remate.

 

 

Pásate ahora por el Tránsito vecino; mira a cualquier parte; unos follajes retorcidos, una celosía; si supieses hebreo, un letrero. ¿Sabes acaso lo que las escrituras monumentales semíticas encierran de misterio? ¿Gozáste alguna vez descifrando aquellas fugas de vocales o de consonantes que traían nuestras revistas y almanaques? Pues otro tanto y más de ingenio es preciso para leer árabe o hebreo en las inscripciones; hay que no tener prisa ni hacerse ilusiones sobre el éxito final; es problema de pasar el tiempo; si miras una celosía o te sobrepones al mareo de lo entrevesado, poco a poco irás descubriendo ordenaciones, simetrías, juegos de polígonos , coronas que bailan una melodía graciosa, constelaciones rítmicas… porque es eso, un remedo de cielo, con sus soles que son estrellas, sus planetas y satélites, que llevan nombres reservados para los estudiosos, y al cabo, si estás en buena postura, te quedarías dormido, soñando cosas plácidas, gustosas… Te decides por el Greco, ¿verdad? ¡Ya lo tenía previsto! La fantasía….”

 

 

(Imágenes- 1 y 3 – Toledo- el Greco / 2- Toledo- Oskar Kokoschka)

VIAJES POR ESPAÑA (24 ) : ASTURIAS

 

 

“Hay muchas Asturias, no sólo las de Oviedo y las de Santillana. Hay muchísimas más: sería trabajoso contarlas.- recordaba Ortega en sus “Notas de andar y ver”.

Un estrecho valle de blando suelo, verde y húmedo; colinas redondas, apretadas unas contra otras, que lo cierran a los cuatro vientos ; aquí, allá, caseríos con los muros color sangre de toro y la galería pintada de añil; al lado, el  hórreo, menudo templo, tosco, arcaico, de una religión muy vieja, donde lo fuera todo el Dios que asegura las cosechas. Unas vacas rubias. Castaños, castaños cubriendo con su pompa densa todas las laderas. Robles, sauces, laureles, pinedas, pomares, hayedos, un boscaje sin fin, en que se abren senderos recatados donde al fondo camina una moza, que desde el fondo vuelve dulcemente el rostro para mirarnos. Sobre las altas mieses, unas guadañas que avanzan y siegan la luz en reflejos. Y como si el breve valle fuera una copa, se viene en él la bruma suave, azulada, plomiza, que ocupa todo el ámbito. Porque en este paisaje el vacío no existe; de un extremo a otro todo forma una unidad compacta y tangible. Sobre la sólida tierra está la vegetación magnífica; sobre ésta, la niebla, y ya en la niebla tiemblan prendidas las estrellas lacrimosas. Todo está a la mano, todo está cerca de todo, en fraterna proximidad y como en paz; junto a la pupila de la vaca se abre el lucero de la tarde.

 

 

Ese angosto recinto unánime es Asturias. Si salimos de él habremos de entrar en otro parejo. Cada uno de estos valles es toda Asturias, y Asturias es la suma de todos estos valles”.

 

 

(Imágenes – Asturias- turismo de Asturias)

VIAJES POR ESPAÑA (23) : CAZAR EN GALICIA

 

 

 

“La mano llena de octubre va derramando, pródiga, los mejores ocres y oros de su paleta sobre la mancha abierta del paisaje – escribe José María Castroviejo -. Los viñedos, que guardan celosos el último racimo escapado a la vendimia, se visten de maravilla, robando su secreto a los lejanos pinceles del Tintoretto o el Veronés. El aire huele y sabe a mosto (…) El perro, nuestro nunca desmentido compañero, se acerca, cabeza al viento y tembloroso de emoción, a lo largo de un trigo de monte, hacia un “xestal” que corona cimero la colina.  Allí, estremecido y rígido a la vez, se clava de repente en el suelo apuntando las húmedas narices a las oscuras verdes ramas. “Entra…”, le decimos, dominándonos, pero con cierto temblor también en la voz. Se proyecta el can. Del “ xestal”, un fuerte vuelo de arrancada hace temblar el vacío. Un ave, retrasada, se eleva a su vez negra contra el sol, lanzando un cacareo chirriante, casi como un reto. El retumbo de los disparos, que quiebra los cristales de la mañana, suena casi como blasfemia. Bajo un aire de porcelana de estampa de cacería antigua, caen dos pájaros de pies rojos y plumas – pizarrosas, rojizas, castañas…- suaves como la seda: la hora de la perdiz ha sonado en el gran reloj del monte.

 

 

El fiel perro vuelve al poco tiempo portando con orgullo un magnífico macho. ¿Pero y la otra…? Más cerca que la primera se proyectó hacia el suelo como fulminada. Sí, aquí están las plumas, numerosas plumas en efecto, más la perdiz no se ve. Parece cosa de magia. “ ¡Anda, “Patrón”, anda!”. Y el ‘Patrón”, que iba como despistado, se orienta de pronto y parte como una flecha monte abajo. Se para, tuerce a la derecha; luego, bruscamente, a la izquierda, vadea un arroyo, se pierde en una robleda para aparecer, ¡ al fin!, con la otra perdiz, que había apeonado con la ligereza de un conejo, entregándonosla con orgullosa y alegre mirada de triunfador.”

 

 

( Imágenes-1-Emil Nolde- 1916/ 2- William Wegman/ 3.- Isaac Levitan)

VIAJES POR ESPAÑA (22 ): SIERRA MORENA

 

 

“En Andújar engancharon en la diligencia cuatro mulas más, sumando en total doce las que tiraban de aquel enorme armatoste. Imagínese una larga retahíla de mulas tozudas y refractarias – así contaba su viaje por Andalucía  Sir Arthur de Capell Brooke en el siglo XlX -, uncidas de dos en dos o tres en tres, sin orden alguno, enganchadas con trozos viejos de cuerda desigual, y ahí tenemos al equipo. Los españoles tienen por costumbre dar nombre a todos sus animales, y los nuestros se veían distinguidos en esta ocasión con patronímicos un tanto pintorescos: “Coronela”,  “Señora”, “Chiquita”, “Condesa”…, a todas se dirigía el mayoral con el énfasis y tono cantarín tan característicos del dialecto andaluz. Tras de ímprobos esfuerzos conseguían que la cabalgata, a fuerza de puntapiés y golpeando sus lomos con una vara, cogiera finalmente un buen trote, y en ese punto comenzaban la lucha para que se lanzaran al galope. Para mejor conseguirlo se proveían todos, en un santiamén, de una colección de piedras de todas formas y pesos, desde el tamaño de un huevo de paloma al de un puño, y las entregaban al mayoral, que las amontonaba a su alcance para usarlas según conviniera.

 

 

Uno de los muleros apuntó con una piedra en primer lugar a la “Señora” y le largó un pedrusco que cayó en mitad del pellejo de la dama y resonó como en un tambor… A seguido le tocó a “Coronela” sufrir las consecuencias de su destreza, al darle una piedra detrás de las orejas: ni una sola escapó sin salir lastimada… De esta suerte avanzamos hacia Sierra Morena, a una velocidad tan asombrosa e incontrolable que sorprendía ver las leguas que cubríamos con un carricoche de ese volumen y peso. Nuestra marcha podía compararse al tortuoso reptar de la serpiente, rodando primero por uno de los bordes del camino, después cruzando al otro, mil veces a punto de volcar aparatosamente y verse pasajeros, coche y mulas envueltos en un destino común.”

 

 

(Imágenes -1-Sierra Morena/ 2- mulas/ 3- Sierra Morena)

VIAJES POR ESPAÑA ( 21) : LORCA Y GRANADA

 

 

“Granada tiene dos ríos, ochenta campanarios, cuatro mil acequias, cincuenta fuentes, mil y un surtidores y cien mil habitantes – iba narrando  Lorca en Buenos Aires, en 1933 -. Tiene una fábrica de hacer guitarras y bandurrias, una tienda donde venden pianos y acordeones y armónicas y sobre todo tambores. Tiene dos paseos para cantar, el Salón y la Alhambra, y uno para llorar, la Alameda de los tristes, verdadero vértice de todo el romanticismo europeo, y tiene una legión de pirotécnicos que construyen torres de ruido con un arte gemelo al patio de los leones, que han de irritar al agua cuadrada de los estanques.

La Sierra pone fondo de roca a fondo de nieve o fondo de verde sueño sobre los cantos que no pueden volar, que se caen sobre los tejados, que se queman las manecitas en la lumbre o se ahogan en las secas espigas de Julio.

 

 

Estos cantos son la fisonomía de la ciudad y en ellos vamos a ver su ritmo y su temperatura.

Nos vamos acercando con los oídos y el olfato y la primera sensación que tenemos es un olor a juncia, hierbabuena, a mundo vegetal suavemente aplastado por las patas de mulos y caballos y bueyes que van y vienen en todas direcciones por la Vega. En seguida, el ritmo del agua. Pero no un agua loca que va donde quiere. Agua con ritmo y no con “rumor”, agua medida, justa, siguiendo un cauce geométrico y acompasado en una obra de regadío. Agua que riega y canta aquí abajo y agua que sufre y gime llena de diminutos violines blancos allá en el Generalife.

No hay juego de agua en Granada. Eso se queda para Versalles, donde el agua es un espectáculo, donde es abundante como el mar, orgullosa arquitectura mecánica, y no tiene el sentido del canto. El agua de Granada sirve para apagar la sed. Es agua viva que se une al que la bebe o al que la oye, o al que desea morir en ella. Sufre una pasión de surtidores para quedar yacente y definitiva en el estanque.

(…)

Granada está hecha para la música porque es una ciudad encerrada, una ciudad entre sierras donde la melodía es devuelta y limada y retenida por paredes y rocas. La música la tienen las ciudades del interior. Sevilla y Málaga y Cádiz se escapan por sus puertos y Granada  no tiene más salida que su alto puerto natural de estrellas. Está recogida, apta para el ritmo y el eco, médula de la música”.

 

 

(Imágenes -1- Granada- wikipedia/ 2-  Granada- Sorolla- El patio de Comares- 1917- museo Sorolla/ 3- Betty Weis – 2005 – artnet)

VIAJES POR ESPAÑA (20) : BARCELONA, LAS RAMBLAS

 

 

“Estoy en el hervor de la Rambla – escribe Rubén Darío en enero de 1899 -. Es esta ancha calle, como sabréis, de un pintoresquismo curioso y digno de nota, baraja social, revelador termómetro de una especial existencia ciudadana. En la larga vía van y vienen, rozándose, el sombrero de copa y la gorra obrera, el esmoquin y la blusa, la señorita y la menegilda. Entre el cauce de árboles donde chilla y charla un millón de gorriones, va el río urbano, en un incontenido movimiento. A los lados están los puestos de flores variadas, de uvas, de naranjas, de dátiles frescos de África, de pájaros. Y florecida de caras frescas y lindas, la muchedumbre olea. Si vuestro espíritu se aguza, he ahí que se transparenta el alma urbana. Fuera de la energía del alma catalana, fuera de ese tradicional orgullo duro de este país de conquistadores y menestrales, fuera de lo permanente, de lo histórico, triunfa un viento moderno que trae algo del porvenir; es la imposición del fenómeno futuro que se deja ver; es el secreto a voces de la blusa y de la gorra, que todos saben, que todos sienten, que todos comprenden, y que en ninguna parte como aquí resalta de manera tan palpable en magnífico altorrelieve.

 

 

(…) El café Colón es un lujoso y extenso establecimiento, a la manera de nuestra confitería del Águila, pero triplicado en extensión; la sala inmensa está cuajada de mesitas en donde se sirven diluvios de café; es un punto de reunión diaria y constante, pues en España, aun estando en Cataluña, la vida de café es notoria y llamativa; y en cada café andáis como entre un ópalo, pues estas gentes fuman, y el extranjero siente al entrar en los recintos la irritación de los ojos entre tanta humana fábrica de nicotina.

 

 

(…) Me dijeron que podía encontrar a Rusiñol en el café de los Quatre Gats. Allí fuí. Y como era día de marionetas, se me invitó a ver el espectáculo. Los Cuatro Gatos son algo así como un remedo del Chat Noir de París. En la sala no cabrán más de cien personas: la decoran carteles, dibujos a la pluma, sepias, impresiones, apuntes y cuadros también completos, de los jóvenes y nuevos pintores barceloneses, sobresaliendo entre ellos los que llevan la firma del maestro Rusiñol. Los títeres son algo así como los que en un tiempo atrajeron la curiosidad de París con misterios de Bouchor. Para semejantes actores de madera compuso Maeterlinck sus más hermosos dramas de profundidad y de ensueño. Abundaban los tipos de artistas jóvenes, melenudos, corbatas mil ochocientos treinta. Naturalmente, los títeres de los Quatre Gats hablan en catalán, y apenas me pude dar cuenta de lo que se trataba en escena.”

 

 

(Imágenes- 1- las Ramblas-ajuntament de Barcelona/ 2-las Ramblas- el país com/3. les quatre gats- Picasso español/ 4-les quatre gats-Barcelona ahora y siempre)

VIAJES POR ESPAÑA (19) : BARTHÉLEMY JOLY

 

 

 

“Los españoles son personas de elevado gusto y de buen apetito – escribe el francés Barthelemy Joly en suViaje por Españaen el siglo XVll -, de ordinario no se lavan las manos antes de comer, pues cada uno presupone tenerlas limpias, y se sientan a la mesa antes de que se haya colocado la comida. Primero viene la fruta, que ellos la toman al revés que nosotros, al principio, naranjas enteras o en rodajas con azúcar, ensaladas, uvas verdes, granadas, melones de invierno, guardados todo el año, como se hace con la calabaza. Después, una vez colocados los platos, el maestresala se pone al extremo de la mesa, descubierta la cabeza, con su capa y una servilleta sobre el hombro. A un lado hay una pila de platos, al otro un gran cuchillo y un tenedor, con los que él hace partes, tomando un poco de cada cosa que él pone sobre un plato ante la persona más importante, haciendo lo mismo con los tres o cuatro más próximos a él; otro de los más diestros hace semejantes platillos a todos los demás de la mesa, de manera que no quede nada en las fuentes, que son retiradas de inmediato y otras las reemplazan, y lo mismo ocurre con los platos. Los platos más importantes como el pavipollo, conejos, capones, gallinas no se sirven nunca enteros, sino presentados en piezas desde la cocina, de tal manera que viniendo una o dos fuentes de pavipollo, el maestresala los trocea, cortándolos más menudo para dar, con la salsa, dos o tres trozos a cada comensal.

 

 

(…) Cuando alguno quiere beber se le trae del “buffet“, llamado aparador que está generalmente fuera de la sala, preparado no solamente con vasos y utensilios de mesa, sino con otras piezas muy lujosas, si el dueño quiere hacer el honor y dar a sus amigos un convite más digno, se le lleva entonces la copa media de agua, presentada sobre un plato un poco hondo, en el cual puede verter lo que quiera y servirse tanto vino como guste, blanco y clarete, en dos pequeñas jarritas de vidrio. El vino es turbio y no tan delicado como el nuestro; es preciso beber más de lo ordinario a causa de la gran cantidad de pimienta que ellos ponen en todos los platos, además de la que se sirve en la mesa como sal, estando hechos sus saleros tanto para la una como la otra, no cesando de añadir especias para hacer, según dice, buena digestión; la libra de pimienta cuesta allí dos reales, comen además cabezas de ajo y otro ajo aún más picado y líquido, existiendo este proverbio: “sobre el buen comer, el ajo”, con salsa y guisos que ellos llaman sainetes, no perdonando a nadie que no le guste. Al fin terminado el cocido, se sirve como postre lo que ellos llaman, a diferencia de la que sirve de entrada, fruta de postre, también confituras y turrones, especies de bizcochos muy duros con algo azucarado para mojar.

 

 

(…) La costumbre general de la mesa es hacerle grandes honores a la comida, mezclando un poco de conversación para animarse a comer muy bien. La perdiz – dicen ellos – es perdida, si caliente no es comida; el arroz nace en agua y hay que hacerle morir en vino; aceituna una por una. Y es porque los médicos dicen de las aceitunas que la primera es de oro, la segunda es de plata y la tercera mata”.

 

 

(Imágenes-1- Helene Schjerfbeck / 2- Jopie Huisman/ 3- Carl Moll – 1900/ 4- Wayne Thiebaud)

VIAJES POR ESPAÑA (18) : GASTRONOMÍA Y BANQUETES

 

 

En los Anales del reinado de Felipe lVlo quiere recoger así Félix de Llanos y Torriglia en suVida  hogareña a través de los siglos”- destacan, entre otros, dos célebres banquetes. “Uno, el que dio al rey y a la reina Isabel de Borbón el conde de Benavente, que se compuso de más de 500 platos, servidos por pajes muy galanes, que desfilaban ofreciéndolos unos tras otros, siendo el último una trucha de 22 libras, cuyo peso obligó a que se fueran remedando los que la portaban. El otro, es el que organizó Medina Sidonia en el bosque de Doña Ana.  Este costó, con las demás funciones de agasajo, unos 300.000 ducados, y en él se consumieron 1.400 pastelones de lamprea, 400 arrobas de aceite y 100 arrobas de azúcar. Para servir el banquete, el jefe de cocina y sus dos ayudantes hubieron de ser secundados por ocho mozos de oficio, cinco chulos, cuatro mozos aprobados, dos oficiales, dos despenseros, doce peladores de aves…, o sea, en conjunto, doscientas personas. Y si se agregaba el personal de la repostería, pastelería, la cava, la frutería, el total de cuantos contribuyeron al festín pueden cifrarse en cuatrocientos ochenta hombres”.

 

 

Repasando Félix de Llanos los productos naturales de España que pudieran  utilizarse en cualquier ocasión dentro de la vida hogareña enumeraba los siguientes: “ las guindas de Toro, uvas de Totana y de Cebreros, sandías de Utrera, batatas de Nerja, higos de Lepe y de Villajoyosa, melones de Guardamar, naranjas de Tarifa, garbanzos de Fuentesaúco y Alfarnate, zanahorias de Lillo, repollos de Melgar, arroz de Callosa, papas de Sanlúcar, granadas de Alcira, truchas de Viana; anguilas del Duero, sardinas de Puentedeume  y de Laredo, salmón de Santander, atún de Conil, bocas de la Isla, pescadilla de Cádiz, capones de Vergara, salchichón de Vich, chorizos de Castuera, jamón de Montánchez, butifarra catalana, sobreasada mallorquina, queso manchego,  miel de la Alcarria, mostachones de Utrera, chocolate de Orense, mantecados de Estepa, bizcochos de Monforte y Guadalajara, almíbares de Granada, conservas de Vitoria, tartas reales de Motril, alpisteros de Chiclana, limoncillos de Sagunto, calabazas de Onteniente, gazpacho andaluz, caldereta asturiana, melones de Villaconejos, almendras garrapiñadas de Alcalá, churros madrileños…”

Un mapa de platos que cubre toda la península.

 

 

(Imágenes -1-Antonio Girbes – El país/ 2-Paul de vos- elpais/ 3- Joan Brossa- El país)

VIAJES POR ESPAÑA (17) : LA ALHAMBRA

 

 

“Este palacio, aunque no muy grande – escribe el veneciano Andrea Navagero en suViaje por España” (1524- 1526) – es una edificación admirable con maravillosos jardines y sistemas de agua corriente, el más bello que existe en España. Tiene varios patios, todos con agua abundante, pero uno en particular con una acequia en el centro y repleto de espléndidos naranjos y arrayanes. Allí se encuentra una logia, que ofrece una panorámica hacia el exterior, y está situada bajo unos arrayanes de una altura tan impresionante que, prácticamente, se elevan hasta el balcón. Son tan frondosos, todos con copas igual de altas, que parecen un corredor cubierto de verde. El agua fluye por todo el palacio y, si se quiere, también por las habitaciones, algunas de las cuales son adecuadas para una exquisita estancia veraniega”.

 

 

(Imágenes- La Alhambra- turismo de Granada)