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Posts Tagged ‘Ruben Darío’

 

 

“Es Mallorca una tierra bendita para vivir despacio y moderadamente y para trabajar también despacio y moderadamente – escribe Miguel de Unamuno en susAndanzas y visiones españolas” -. Hay quien les llama a los mallorquines holgazanes; mas es, sin duda, porque no padecen la febril ansia del trabajo, que podríamos llamar económico, del que es castigo, del de concurrencia, del padre de las guerras, pero basta ver sus campos y las obras de sus artífices para percatarse de que trabajan, y trabajan bien. Trabajan con un trabajo que se podría decir estètico. Más que trabajadores son artesanos, en el más noble y puro sentido de esta palabra, que empieza a desusarse.

 

 

(..) Valdemosa es lo más célebre que como paisaje y lugar de retiro y de goce apacible de la Naturaleza tiene Mallorca. Tiene ya su tradición y hasta su leyenda literaria. La prestigió a “Jorge Sand”,  que pasó allí un invierno con el pobre Chopin enfermo de tisis y enfermo de la Sand y de música, que fue a buscar alivio y recreación en aquel aire alimenticio y aquella luz vivificante (…) También Rubén Darío pasó en Valdemosa una temporada en sus últimos, tristes, torturadores años, acaso la última temporada en que gozó de alguna paz. La pasó en la casa misma en que yo estuve alojado diez días, en casa de don Juan Sureda, cuya mallorquina hospitalidad es una honra para la isla (…) Allí el pobre Rubén se refugió, maltrecho y ya definitivamente vencido por el diablo amarillo, a emprender la última lucha, la desesperada. Allí escribió algunos de sus últimos cantos, entre ellos el de la cartuja, después de haber leído una vida de San Bruno. Allí tuvo, sin duda, la última ilusión de vencer al licor que haciéndonos olvidar el fondo de la vida nos precipita por él hasta la muerte. Allí pidió, en una de sus crisis, que le llevasen un teólogo, un confesor, o muy sabio o muy sencillo. Allí visitó a un viejo ermitaño que desde un hospital de Palma se fue a la ermita de la Trinidad de Valdemosa a acostarse a morir entre la fronda que vive de brisa marina perfumada. Al arrancarse Rubén de Valdemosa, cuando le llamaban el mundo y la muerte, llegó por la carretera de Palma a un punto en que descubrió la airosa fábrica de la catedral y entonces hizo parar el carretón, se descubrió, pidió a su cordial amigo Sureda que le rezase un padrenuestro, lo contestó devotamente, se santiguó e hizo luego un gesto de trágica resignación que era una despedida y como el último saludo de quien se dispone a arrojarse al abismo.

La cartuja de Valdemosa está henchida de recuerdos del pobre Rubén y yo sentía el remordimiento de lo que pude haberle dicho y esperó él que le dijese y no le dije, cuando cada día, mañana y noche, pasaba por el cuarto en que el pobre forcejeó espiritualmente contra la nube que le iba ciñendo”.

 

 

(Imágenes -1- Valdemosa- Wikipedia/3.- Rubén Darío- La Prensa/ 3 -calle de Valdemosa- Wikipedia)

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granada-tvv-sorolla-reproducciones-com-pinturas

 

“He venido por un instante a visitar el viejo paraíso moro. He venido por un ferrocarril osado, bizarría de ingenieros, hecho entre las entrañas de montes de piedra dura. He visto inmensas rocas talladas; he pasado sobre puentes entre la boca de un túnel y la de otro; abajo, en el abismo, corre el agua sonora. Así el progreso moderno conduce al antiguo ensueño. Y cuando he admirado la ciudad de Boabdil, he tenido muy amables imaginaciones (…)  Desde la Alhambra se mira el soberbio paisaje que presenta  Granada y su vega deliciosa. A la derecha, la antigua capital, el barrio  actual del Albaicín, con sus tejados viejos, sus construcciones moriscas, su amontonamiento oriental de viviendas; al frente, la ciudad nueva, en que la universalidad edilicia sigue el patrón de todas partes; a la izquierda, la verde vega, con sus cultivos y sus inmensos paños de billlar; más acá, cerca de la mansión de encajes de piedra, los cármenes, estas frescas y pintorescas villas, donde los granadinos cultivan en los ardientes veranos sus heredadas gratas perezas, sus complacencias amorosas y sus tranquilas indolencias. En verdad, se sienten saudades del pasado. Se comprende el entusiasmo de los artistas que han llegado aquí a recibir una nueva revelación de la belleza de la vida.

 

granada-nio-sorolla-el-patio-de-comares-cultura-en-andalucia

 

El agua por todas partes, en las copiosas albercas, en los estanques que reproduce las bizarrías arquitecturales, en las anchas tazas como las que sostienen los leones del famoso patio, o simplemente brotando de los surtidores colocados entre las lisas losas de mármol. Comprendían aquellos príncipes imaginativos que hablaban en tropos pomposos, que la vida tiene hechizos que hay que aprovechar antes de que sobrevenga la fatal desaparición”.

Rubén Darío -“Granada”

 

granada-tbt-sorolla-la-torre-de-los-siete-picos-cultura-en-andalucia

 

(Imágenes.-1.-Granada- Joaquín Sorolla– reproducciones com pinturas/ 2.-El patio de Comares- Joaquín Sorolla- cultura en Andalucía/ 3.-La torre de los Siete Picos- Sorolla- cultura en Andalucía)

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Darío- bgt- Rubén Darío escultura de Edith Gron- wikipedia

 

 

“La Habana aclamaba a Ana, la dama más agarbada, más afamada. Amaba a Ana Blas, galán asaz cabal. Ya pasaban largas albas para Ana, para Blas, mas nada alcanzaban. Casar trataban, mas hallaban avaras a las hadas, para dar grata andanza a tal plan.

La plaza llamada Armas, daba casa a la dama; Blas la hablaba cada mañana, mas la mamá, llamada Marta Albar, nada alcanzaba. La tal mamá trataba jamás casar a Ana hasta hallar gran galán, casa alta, ancha arca para apañar larga plata.

Ana alzaba la cama al aclarar. Blas la hallaba ya parada a la bajada. Las gradas callaban las alharacas adaptadas a almas tan abrasadas. Allá, halagadas faz a faz, pactaban hasta la parca amar Blas a Ana, Ana a Blas. ¡Ah! ¡ráfagas claras bajadas a las almas arrastrada a amar!

 

 

Darío- boi- Rubén Darío- firma- David Torres Costales- wikipedia

 

Pasaban las añadas. Acabada la marcada para dar Blas a Ana las sagradas arras, trataban hablar a Marta, hablar al abad, abastar saya, manta, sábanas, cama, alhajar casa, ¡nada faltaba par andar al altar! Mas la mañana marcada, trata Marta ¡mala andanza! pasar a Santa Clara al alba, para clamar a la Santa adaptada al galán para Ana. Agarrada bajaba ya las gradas; mas ¡caramba! halla a Ana abrazada a Blas cara a cara. ¡Ah”, nada basta para trazar la zambra armada. Marta araña a Ana, tal arañan las gatas a las ratas; Blas la ampara; para parar las brazadas a Marta, agárrala la saya. Marta lanza las palabras más mala a más alta garganta. Al azar pasan atalayas, alarmadas a tal algazara – ¡acá!, ¡acá!, ¡atrapad al rapaz! – Van a la casa: Blas arranca tablas a las gradas para lanzar a la armada; mas nada hará para tantas armas blancas. Clama, apalabra, aclara, ¡vanas palabras! nada alcanza. Amarra a Blas, Marta manda a Ana a Santa Clara; Blas va a la cabaña, ¡Ah! ¡Mañana falta!

¡Bárbara Marta! ¿Trataba alcanzar paz a Ana? ¡Ca!, ¡matarla! tal trataba la malvada Marta. Ana, cada alba, amaba más a Blas.

(…)

Rubén Darío.-Cuentos y crónicas”

(pequeño recuerdo en el centenario de su muerte)

 

Darío- rec- Rubén Darío- paseo de los poetas- Rosedal de Palermo- Buenos Aires- wikipedia

 

(Imágenes.-Rubén Darío- escultura de Edith Gron- wikipedia/ 2.- firma de Rubén- David Torres Costales- wikipedia/ 3-paseo de los poetas- Rosedal de Palermo- Buenos Aires- Wikipedia)

 

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bohemia-unny- Picasso

 

Aquellos años con mi abuelo materno, José Ortiz de Pinedo, dejaron en  mí el recuerdo de la intimidad de un escritor. Lo veía trabajar en su despachito de Raimundo Lulio, comentarme que le había gustado “Nada” de Carmen Laforet y la película “Candilejas” de Chaplin. Era hombre metódico, fino de espíritu, callado, que sabía escuchar. Lo evoco en reuniones familiares más numerosas soportando en silencio el peso de las horas y también las conversaciones intranscendentes, el polvillo de los dimes y diretes urbanos o vecinales que nada le interesaban. Supongo que en esos momentos poemas de Rubén Darío o de Juan Ramón vendrían a verle para aliviarle, y profundos versos de San Juan de la Cruz le llevarían hasta Jaén, la patria chica de mi abuelo, cuando el Santo anduvo por aquellas geografías.

 

bohemia- bbvy- Emilio Carere- babab com

 

Nunca fue mi abuelo bohemio aunque estuvo muy rodeado de la bohemia. De la bohemia madrileña he hablado aquí en más de una ocasión y sobre la bohemia se ha comentado mucho. En la excelente biografía de Valle- Inclán de Manuel Alberca se resume que “para algunos militantes de la bohemia, ésta se definía por el amor al Arte y por su potencialidad de crear Belleza. Un estado del alma tan vago como la espiritualidad del arte. Para otros, para los bohemios sociales, su objetivo era cambiar la sociedad”. Y Julio Camba, en 1924, escribirá: “En Madrid no hay bohemia. De un lado hay miseria, pauperismo, tuberculosis, y del otro hay literatura. Cuando alguien hace de bohemio entre nosotros, es a fin de llevar una vida burguesa. Estos ciudadanos demuestran lo vago, lo artificial, lo histriónico de la bohemia de Madrid (…) Ser bohemio en un país que pasa hambre, amén de obligado, es una broma o un desatino, porque la bohemia es un lujo de sociedades ricas”.

 

bohemia-bun- Emilio Carrere y otros bohemios en el café Varela de Madrid- cabodepalosylamanga com

 

 Y luego suele llegar el olvido a través del tiempo. Pero no se olvidan fácilmente aquellos años familiares en la pequeña calle de Madrid:  el ir y venir de triunfantes y olvidados a los que también quise aludir aquí, y las vueltas que dan vida y literatura.

Y antes de cerrar todos los recuerdos, aún veo desde el pasillo, y tras las cortinas azules de su despacho, a Ortiz de Pinedo escribiendo…

(Imágenes.-1.-Pablo Ruiz Picasso/ 2.- Emilio Carrere- babab/ 3.- Emilio Carrere y otros en el café Varela de Madrid- cabodepalosylamanga.com) 

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vida cooriente.-7hh.-dinero.- Norman Rockwell.-soñar despierto de una contable.-1924

“He encontrado la felicidad en Cambo confesaba Edmond Rostand, el autor de “Cyrano – Allí paseo, respiro, sueño. Voy a hacerme construir una casa en un sitio incomparable. Tengo flores, tengo montañas, tengo el agua del gentil Nive, tengo la compañía de magníficos vascos. He ahí mi vida. ¿Para qué recargarla de cuidados superfluos? ¿ Y por qué he de trabajar a la fuerza? ¿ Qué es esa obligación de trabajo que se quiere imponer a todo el mundo? Si no tengo ganas de trabajar, ¿por qué he de trabajar?.” Lo comenta todo esto Rubén Darío en su libro “Opiniones(Mundo Latino) y añade que “en el inmenso vulgo hay la creencia de que, al contrario que Rostand, al artista le es necesaria la penuria, la miseria“. Darío hace eco de los comentarios que repiten cómo Cervantes no cenó cuando concluyó El Quijote, que Homero fue un mendigo y que muchos grandes poetas vivieron y murieron en el sufrimiento y en la escasez. Al propio Rubén Darío le dijeron un día: “Dios quiera que nunca le sonría a usted la fortuna“, y el poeta nicaragüense añade en otro momento: “¿Qué no hubiera hecho Verlaine poderoso o Mallarmé 

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con rentas copiosas?.” Antiguo debate el de literatura y dinero que nos podría llevar, entre muchos otros casos, hasta la vida de Dostoievski, para preguntarnos: “¿qué habría hecho si le hubieran suprimido sus deudas, sus adelantos, sus compromisos acuciantes?.” Hay poquísimos escritores a los que ha sonreído la fortuna y muchos en cambio que han trabajado cercados siempre de tensiones económicas. Es el dominio de  los “trabajos forzados” a los que ya he aludido aquí al referirme al libro de Daria Galateriatoda la variedad de profesiones que los autores han debido abrazar para poder comer. Las situaciones han sido diversas y a veces sorprendentes. Es el mundo de los intelectuales sin dinero.  Cuenta Curzio Malaparte que, recién llegado a París, al llegar a la Île  Saint- Louis, se detiene para comprar cigarrillos en

dinero.-tujm.-realmccoy.-mano con dinero aislado en fondo de arte pop flash.-123RF

un estanco, cuando un taxi se acerca. Baja un joven alto y flaco, con pequeñas manchas rojas en la cara; con decisión le pide a Malaparte veinte francos. Los coge, se los da al taxista, se guarda en el bolsillo el resto y, sin decir una palabra, se aleja. Pocas horas después, en el salón de la casa a la que Malaparte está invitado –  salón de intelectuales – le presentan al joven de las manchas rojas en la cara. “He aquí a André Malraux”, le dicen. Malraux empieza a hablar con su famosa elocuencia nerviosa – anota Galateria – y nunca más se referirá a aquellos veinte francos tan asombrosamente requeridos.

(Imágenes:- 1.- Norman Rockwell.-1924/2.-monedas/3.- realmccoy.-mano con dinero aislado en fondo de arte pop flash.-123RF)

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“José Hierro tiene una finura penetrante en el decir, una despiertísima, rapidísima inteligencia para captar, para ahondar, para comunicar luego – en mil,matices, en mil gestos, en un juego de sus manos, de sus ojos, todo Hierro completándose en el ademán-, cuanto ha captado y ha profundizado él respecto a un tema. Y todo ello mezclando en ocasiones graciosas y gruesas palabras que vulgarizan un pensamiento intrincado o elevado, hasta ponerlo al alcance de cualquier razón. Tiene Pepe Hierro una sutil mordacidad que usa y que guarda para cuando él quiere, una aguda y casi sorprendente mirada. Pero, sobre todo, la enorme capacidad para atrapar al vuelo una idea o entregarnos el vuelo de otra que se escapaba.

Le pido antes de nada -tras recordar su último libro de poesía, El libro de las alucinaciones-, una visión o un resumen de las etapas últimas de nuestra poesía.

—La primera etapa —dice Hierro— es la garcilasiana, de toma de contacto con una forma expresiva rica. La generación siguiente, a la que yo pertenezco, aparece en contra de un cierto esteticismo que los garcilasianos habían emprendido. La frase que podría acaso sintetizar el sentir de esa generación sería la de Gabriel Celaya: “La poesía es un instrumento para modificar el mundo”. En esta etapa predomina el tipo de poesía social; se hace una poesía más ética que estética.

Después Hierro hace una pausa.

—La tercera etapa es la de los jóvenes poetas —continúa— que hacen un tipo de poesía serena y testimonial, reaccionando a la poesía que tantas veces había despreciado la forma. Por último, la cuarta etapa es la que da un paso más allá, hacia el esteticismo; en ella juega mucho la ironía, es una poesía culturalista, que arranca de los libros y lo hace deliberadamente. Hay en estos poetas de hoy muy jóvenes como una vuelta al esteticismo y a la ironía, como esa vuelta a las casacas que vemos en algunos grupos de los jóvenes actuales, que tienen un fondo de ternura recordando el mundo de ayer que ya no puede comtemplarse sino con ironía.

—Respecto a la poesía que hoy se hace en el mundo, ¿cuál es tu opinión?

Pepe Hierro enciende un cigarrillo con esa tensión y esa interior vivacidad que se le refleja en el rostro.

—Bien. Yo, realmente, no conozco muy a fondo toda la poesía que hay por ahí fuera. Lo poco que yo conozco me dice que hay, sobre todo, movimientos y corrientes de vanguardia, tentativas experimentales mayores que las de aquí.

—¿Por qué razón no tenemos aquí esas tentativas?

—Bueno, hay que decir que las tentativas de formas nuevas en España no interesan. Sólo el “creacionismo” lo logró. Es indudable, sin embargo, que Antonio Machado ha aportado muchísimo a la poesía; es una verdad patente. Pero la poesía de Machado, las aportaciones de Machado son menos innovadoras que las de Rubén, por ejemplo. Las innovaciones y las renovaciones españolas se hacen de dentro hacia fuera; el español, en lo exterior no es innovador. Pero es que la poesía no es solamente exterior.

—Y puesto que hemos citado la “poesía social”, ¿cuál es tu opinión sobre ella?

Hierro me enseña un texto suyo, publicado en un volumen de Alfaguara.

—Ahí está lo esencial —me dice—. Hoy le ha llegado a la poesía social la hora de sentarse en el banquillo. Se la juzga por los errores de los falsos poetas. Comienzan a olvidarse no sólo la razón histórica de su existencia, sino, lo que es peor, sus logros poéticos, que es lo que realmente importa. A quien se condena no es a un tema, sino a una escuela. Quizá el arte necesite de estas injusticias sucesivas para no languidecer.

Luego continúa ampliando su opinión:

—La poesía social tenía el defecto de no ser popular. Esa poesía se ha quedado entre los poetas, entre los intelectuales de profesión. Por ello, en cierto modo, ha fracasado. Los poetas hablaron “del” pueblo, pero no hablaron “al” pueblo.

Se está haciendo novela para pocos —agrega Pepe Hierro—. Va a surgir también un día una poesía no popular sino plebeya, y paralelamente una poesía para minorías que serán cada vez más numerosas. Hoy el novelista o el poeta se dirigen a un público que espera de ellos una “obra de arte”, es decir, algo en que complacerse contemplándola. El público lector de poesía ha sido siempre muy escaso, pero —llamémoslo así— el “contagio” de la poesía entre las gentes ha sido muy amplio y numeroso. Hay gentes que les ha encantado escuchar, recitar, traspasarse unos a otros, a Bécquer, por ejemplo, o los versos del Tenorio. La poesía, pues, ha tenido un amplísimo auditorio. Lo que hace eso, que yo llamo “contagio”, no es, sin embargo, la poesía “pegadiza”, sino los sentimientos que en ella se esconden. Naturalmente, hay obras más difíciles que otras, y ésas se resisten a ese “contagio” del auditorio. Pero eso ocurre en todos los campos. En música, por ejemplo, tenemos la “Novena Sinfonía” en contra a la dificultad de los últimos “Cuartetos”, y en nuestra poesía la facilidad de “contagio” de un Lope contra la dificultad de un Góngora.

Y después de la poesía social, José Hierro se detiene. El autor de Tierra sin nosotrosCon las piedras, con el vientoAlegríaQuinta del cuarenta y dosCuanto sé de mí y El libro de las alucinaciones, me habla —con el texto en la mano—, de su propia poesía.

—La honestidad de mi poesía, no su valor —dice Hierro—, reside en el hecho de que he escrito siempre para mí. El poeta tampoco puede escribir sólo para que le entiendan los demás. Escribe para entenderse a sí mismo, que es la única manera de que puedan entenderlo los otros, ya que somos una porción de esos otros.

Si comparamos al arte actual con la poesía, aparte de unos problemas genéricos, —el del arte, en esa huida de la imitación de la realidad—, el problema mayor que yo veo es el que presenta hoy la pintura. Por la intervención de marchantes, etcétera, está dejando de ser un arte para ser una moda; como si hubiera que cambiar cada año. En la poesía esto no ocurre como sucede en la pintura. En la poesía, las modas son generaciones.

Y mientras Pepe Hierro calla, le brillan las pupilas, se mueve, sonríe, se agita en la silla, toma un cigarrillo, apaga otro, enciende el tercero ya en la entrevista. Me llega uno de sus poemas del Libro de las alucinaciones:

Diré un día: bienvenido
a la casa. Esta es tu lumbre.
Bebe en tu copa de vino,
mira el cielo, parte el pan.

Es una poesía sencilla, limpia, llena de pausas claras y silencios. Poesía recordada, mientras se va creando, como si se encontrara y reconstruyera en su cabeza de poeta un poema perdido. Hierro fuma, fuera está la Castellana, los ojos vivos y profundos del poeta no cesan de mirar a la vida mientras me llega el fin de este poema disfrazado de prosa.

Si hablase,
llorarías. Si enfrentases
tus espectros al espejo,
seguro que no verías
imágenes reflejadas.
Lo vivo lejano ha muerto:
lo mató el tiempo. Tú solo
puedes enterrarlo. Dale
tierra mañana, después de
descansar. Bienvenido
a tu casa. No preguntes
nada. Mañana hablaremos”.

(conversación que mantuve con Pepe Hierro en su casa, en 1976, reproducida en Espéculo)

( A los diez años de la muerte del poeta)

(Imágenes:- 1.-Durdika Celikovic.-fotoblur/ 2.-Marsha Cattaneo.-fotoblur/ 3.-Lin Shunxing/ 4.-Jim Tsingamos)


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toros-www-escena-de-toros-por-francisco-de-goya-1824-museum-syindicate

Hoy que empiezan en Madrid las corridas de San Isidro, desde el siglo XVlll  hasta el XXl aún nos siguen llegando los ecos de los aplausos desde los tendidos y los desplantes y decepciones en las calles, los barullos de los antitaurinos como Eugenio Noel y los pros y contras cruzados que siempre congregaron en torno a sí la fiesta de  los toros. Diego de Torres Villarroel  lo recordaba desde Salamanca en 1752:

PINTA, ANTES DE VERLA, LA FIESTA DE TOROS EN MADRID, Y DICE A UN AMIGO EL MOTIVO DE NO QUERER VERLOS

Supongo que ya estoy en talanquera

y que en el sitio dos doblones dejo,

por que me tueste el sol todo el pellejo

y me haga chicharrones la sesera;

 

doy por vista la célebre quimera

del que en la plaza se nombró despejo,

 que he visto de la guardia el entrecejo,

y desaguar las mulas la trasera.

 

Sale la Majestad, pisa la alfombra;

sale el bruto, se clava el rejoncillo;

ya pasó la función, nada me asombra;

 

vaya usted a coger un tabardillo,

mientra que yo en mi cuarto y a la sombra

corro en mi fantasía este torillo”

(“Entretenimientos del numen…”, Salamanca, 1752)toros-rr-muerte-de-un-picador-francisco-de-goya-1794-museum-syindicate

Ver o no ver los toros. Los vieron desde la poesía Lope, Góngora, Quevedo, Vélez de Guevara, el Duque de Rivas, Zorrilla, Darío, Manuel Machado, Villaespesa, Villalón, Lorca, Gerardo Diego, Rafael Morales entre muchos. Otros no los vieron o se negaron a verlos.

“Iba en alto “Magritas” – se leía describiendo la figura de un torero en un periódico de Madrid, en 1950 -. Ya no iba de plata. De corto y de gris, iba muy pulido y cenceño, y siempre sonriente, como fue por su vida de postín sin postín. Yo esta tarde había visto, otra vez, otro gesto de “Magritas” en trance de entrar a banderillas, y que se me ha pasado antes al describir su estilo: cuando al abrir los palos para elevar los brazos, les miraba un momento los arpones. Ahora, ustedes lo añaden.

Vean ustedes a “Magritas“, ya en los medios, mirar los arponcillos al separar los palos. ¡Ya sale “Magritas”!  Bajando y subiendo los brazos con los rehiletes muy parejos, con las muñecas sueltas y pajarero el paso…¡Qué bien va!”.

(R. Capdevila (Celestino Espinosa).-“Arriba“, 1950)

(Imágenes: 1.-Francisco de Goya: “Escena de Toros”.-1824.-Museum Syndicate/ 2.-Francisco de Goya:”Muerte de un picador”.-1794.-Museum Syndicate)

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