TIEMPO, INSPIRACIÓN, TRABAJO

 

“Cuando más viejo me hago – le confesaba el poeta irlandés Seamus Heaney a Jordi Doce en 2008–  más lamento no haber tenido una actitud más entregada a mi obra. Pero al hacerte mayor dispones de más tiempo y tienes más libertad para emplearlo como desees. Por ejemplo, ya no doy clases, no tengo hijos jóvenes corriendo por casa, no tengo que ocuparme en tareas y actividades para ganarme la vida. Lo que significa que tengo más tiempo para la ensoñación. Y pienso : “Seamus, te equivocaste, tendrías que haber llevado un diario o un cuaderno de notas, tendrías que haberte levantado más temprano; incluso cuando no estabas escribiendo, tendrías que haberte sentado en el escritorio en lugar de confiarte al azar”. Por otro lado, sé que hay ocasiones en las que pese a tener mucho tiempo libre no consigo avanzar mucho. En otras palabras, disponer de tiempo no garantiza nada.

 

 

La poesía lírica, como sabemos, es un asunto misterioso, incluso para los más grandes… T.S. Eliot es un ejemplo de la extrañeza de la inspiración y de su intensidad. Y Rilke… es el arquetipo de la inspiración. Espera y espera, fanático y disciplinado, y de repente la tormenta azota y escribe las últimas “Elegías del Duino” y los “Sonetos de Orfeo”. Por otro lado, está YeatsYeats es un trabajador nato, nada le llegaba en un instante cegador. Por ejemplo, escribía en el cuaderno de notas un esbozo en prosa con el encabezamiento: “tema para un poema”, y después trabajaba el esbozo lentamente y con esfuerzo.

(…) Mi historia es radicalmente distinta. Empecé tarde, pero no exagero si digo que cuando llegué a la poesía, a principios de los años sesenta, tuvo un efecto mágico sobre mí. Mi aprendizaje tuvo lugar entre los veinte y los treinta años. Y aprendí a trabajar de verdad, a trabajar duro y con un propósito, ya cumplida la treintena”.

 

 

(Imágenes: -1-ilustración de David Blackwood/ 2- Constable – 1821- Museo victoria  y alberto/ 3- revista Time)

EL INCONSCIENTE LO HACE TODO

 

 

“Escribir narrativa – dice Martin Amis enEl roce del tiempo” – es menos mental y más fisiológico de lo que generalmente se piensa: una vez se empieza, las decisiones y los cálculos, las cuestiones de la razón, apenas interfieren. Me llevó años descubrir cuán verdad es esto. Cuando era más joven, me topaba con alguna dificultad en el proceso narrativo y me devanaba  los sesos durante horas e incluso días. Ahora me siento compelido a levantarme de la mesa y coger un libro y no vuelvo a la mesa hasta que mis piernas me llevan a ella. Cuando lo hacen, veo que la dificultad se ha resuelto.  Es el inconsciente el que lo hace. El inconsciente lo hace todo.”

”La inspiración para una novela puede venir de una frase, una  expresión, una imagen, una situación.  Pero los novelistas no son poetas. Son trituradoras. Lo que me hace subir al estudio es una sensación en la parte de atrás de la garganta  —me pasa igual con el deseo del primer cigarrillo —. Escribir es un proceso más físico de lo que se suele creer. Es como si la mitad del tiempo te vieras mudo e incapaz de incumplir las órdenes  del cuerpo.”

 

 

(Imágenes – Isidro Ferrer/ 2- Laziz Amani)

SUEÑOS Y RECUERDOS

 

 

”Cada uno de nosotros posee un mundo interior de sueños y recuerdos, imperceptible a los demás – decía Juan Benet y, como tal, llegamos a la ineludible conclusión de que el texto literario no puede ser más que un vano reflejo de una realidad interna, la del autor. ¿Quién mejor que él va a conocer su intención y significado, sea expreso o tácito, su estilo, su tratamiento narrativo, su relación con la propia experiencia, el medio cultural en el que fue engendrada, las influencias que lo marcaron, etcétera? El escritor que quiera reflejar mejor la realidad tendrá que crear un texto lleno de zonas oscuras, contradicciones y ambigüedades, e intentar resolver los enigmas daría al traste con su obra.”

(Imagen –Man Ray – autorretrato)

LOS CUADERNOS DE PIERRE MICHON

 

 

“El cuaderno de notas para mí – confesaba Pierre Michon – lo es todo: es un cajón de sastre. Lo mismo hay en él notas orientativas, citas, fragmentos de cosas vistas o leídas que frases redactadas, cadencias, metáforas… Son ideas, pero que suelen limitarse en general a una palabra o a una simple expresion. Es un recordatorio, un conjunto de recursos de los que se deja constancia de forma nemotécnica. Tengo esos cuadernos al alcance de la mano cuando escribo y los hojeo con frecuencia mientras trabajo, y, al hojearlos, voy pescando en ellos lo que puede alimentar mi redacción. Es una reserva. Es eso que en los cuadernos de Flaubert se dice al principio “provisional”, pero con la diferencia de que para mí el cuaderno puede desempeñar también un papel de activación. Lo que anoto en el cuaderno durante el propio período de redacción puede servirme al día siguiente para volver a arrancar gracias a una acometida o a una idea que estaba allí sin saberlo.

 

 

Las hojas sueltas las pierdo. De hecho, lo de tomar notas puede ser completamente  ocasional: muchas veces tomo notas según se me ocurren, en donde sea, y a veces en hojas sueltas, pero me esfuerzo en pasarlas a un cuaderno para tener la seguridad de poder localizarlas llegado el momento. La fuerza del cuaderno reside en su estabilidad física. La posibilidad  de reunir en él cosas heterogéneas que tienden a un mismo proyecto (…) El cuaderno permite la salvaguarda material de las notas, el almacenamiento de ideas: es una zona activa (…) Hojear un cuaderno es consultarlo en desorden, dejar una oportunidad  a las interconexiones nuevas que surgirán de la consulta  de unas  cuantas páginas abiertas al azar. Voy al cuaderno para espigar cosas de inestimable valor para la escritura, pero como un inventor, como el que descubre tesoros, sin intentar conocer el inventario exacto de las riquezas que he depositado en él. Es algo así como una cueva de Alí Babá que la mayoría de las veces visito sin determinación alguna”.

 

 

(Imágenes- 1- Irene Nemirovsky /2- Brígida Baltar / 3- Alejandra Laviada)

ESCRIBIR SEGÚN PLA

 

 

“Para llegar a escribir alguna cosa que tenga un cierto sentido – decía Pla– hay que haber escrito muchísimo. Escribir muchísimo no supone ningún sacrificio, antes al contrario, es un placer — sobre todo si se tiene algo que decir, por poco que se diga. La literatura  no tendría ningún sentido si no fuese por el placer que produce escribir. No creo que haya nada más eficaz contra el tedio (…) Hay personas que escriben a raudales — en todas las actividades literarias — con una sorprendente facilidad. Y hay otras que escriben con mucha más lentitud, y aún así, la coherencia de la escritura es muy difícil de conseguir. Yo he formado parte siempre de esta clase de personal. Escribir pausadamente — a veces utilizando pausas muy largas — , ésta es la fórnula que yo he utilizado.

 

 

(…) Ahora: el acto de dedicarse a escribir, el acto de publicar, ¿a través de qué facultad humana se produce? A mi entender, se describe con el propio temperamento. Si, además del temperamento, el posible escritor posee una determinada cantidad de espíritu, mejor que mejor. Es llover sobre mojado, lo cual, en estos países tan fríos, áridos y secos, es de una gran eficacia. Escribir con el temperamento — eso es lo esencial. Hay que escribir con el temperamento, pero lograrlo es difícil. La timidez y el convencionalismo han creado otra clase de escritor: el escritor ficticio, el que apunta, el que no tira nunca, el que diluye los adjetivos — cuando no pone unos por otros, más amables, menos sorprendentes, menos sin pena ni gloria”.

 


 

(Imágenes-1- Josep Pla- Fundación Pla – Josep Verges/ 2- foto Harold Davis/ 3- Hossein Zare)

CÓMO SE CONSTRUYE UN CUENTO

 

 

“Un cuento no siempre responde a los mismos estímulos, obedece a una intranquilidad interna tal vez por estar obsesionado por un personaje – decía Sergio Pitol – , o por una o dos frases que uno ha oído al azar en un café, o una tonadilla de canción que repites sin saber por qué; casi todos mis cuentos están muy ligados a cosas que he visto y escuchado que después transformo. En mi apego a la realidad no me gana ni el más obsesivo realista. No puedo casi imaginar si no veo algo, oigo una conversación, veo una cara con determinada expresión que después, a veces muchos años después, brota de la memoria. Todo empieza a esbozarse muy vaganente; de pronto en medio de esa vaguedad comienzo a estructurar una historia que se anuda con algunas preocupaciones nmediatas. Al escribir el borrador de un cuento se organiza de inmediato la trama; todos sus componentes surgen inmediatamente , y construyen una estructura que para mí es fundamental. En el primer bosquejo el lenguaje puede ser muy elemental, redacto como un niño de once o doce años (…) para mí algunos detalles me resultan como sostenes de la historia y le imprimen verosimilitud;  permite un encuentro con la realidad y transforma esa realidad. Después empieza el trabajo verdaderamente difícil, el que más me gusta, convertir en una geometría lo que ha llegado como un flujo: añadir, mutilar, ordenar. En esa fase empiezo a redondear los personajes ( …) En general una vez publicados los cuentos dejan de interesarme; debo seguir escribiendo y enfrentarme a otro tipo de problemas  y a requerimientos diferentes.”

 


 

(Imágenes- 1- Eyvind Earle – 1976/ 2- Thomasz Kaluzny)

HOJITAS DE PAPEL

 

 

“Yo escribía mis poemas – decía el poeta italiano y Premio Nobel de Literatura, Eugenio Montale – en hojitas de papel. Unas veces las conservaba, otras la muchacha las tiraba como basura. Esto asemás porque nunca he tenido hojas de papel. Aún hoy, cuando tengo que escribir una carta, tomo ese papel que da el periódico y que es el peor papel italiano, el más económico. Luego no se puede borrar  ni siquiera con la goma, porque se hacen manchas horribles. Así pues, divido en dos partes la hoja y allí escribo, siempre disculpándome  por el papel. Una vez, el profesor Molaioli, apiadándose por mi caso, me mandó un paquete de papel precioso. Pero ese es demasiado bonito.  Debe de estar allí todavía. Sería menester escribir en él autógrafos inmortales. Entonces, escribía en pedacitos de papel, a veces hasta en billetes de tranvía. Pero no sólo apuntes. Nacían en ellos partes enteras de poemas (…) Pero sigo escribiendo. He escrito poesías durante treinta y cinco años. Son muchos. De hecho ya habría debido morirme. Los grandes poetas mueren pronto. Se ve que soy un poeta muy pequeño, puesto que no muero. Hay excepciones. Víctor Hugo produjo en la vejez. Yeats escribió en la vejez. Pero, ¿por qué? Porque de joven no había encontrado todavía su fisonomía. Comenzó a encontrarla a los cincuenta años.”

(Imagen – Gerhard Richter)

EL AUTOBÚS Y EL ESCRITOR

 

 

“Sabes que cuando visitas una ciudad o un país nuevo por primera vez lo ves todo con extraordinaria viveza – recuerda Dorothea Brande enPara ser escritor” -. Los enormes autobuses rojos cruzando Londres, por el lado contrario de la calle para cualquier extranjero que los vea por primera vez: pronto serán tan fáciles de esquivar como los autobuses verdes de Nueva York para los neoyorquinos, y tan poco maravillosos como el escaparate de la droguería por el que pasas todos los días camino del trabajo. Pero ese escaparate, ese tranvía que te lleva a la oficina, el metro abarrotado, puede parecerte más raro que el mismísimo Xanadú, si te niegas a darlo por visto. Cuando te subes al autobús, o caminas por la calle, dite a ti mismo que durante quince minutos percibirás y te narrarás a ti mismo todas y cada una de las cosas sobre las que se posen tus ojos. El autobús: ¿de qué color es por fuera? ( Y no sólo si es verde o rojo, sino si es color verde hierba o verde aceituna, colorado o burdeos.) ¿Por dónde se entra? ¿ Lleva conductor y revisor, o el conductor y el revisor son la misma persona? ¿ De qué colores es por dentro, en las paredes, en el suelo, en los asientos? ¿ Cómo son los carteles que tiene en su interior? ¿ En qué sentido están colocados los asientos? ¿ Quién está sentado delante de ti?  ¿ Cómo van vestidos los pasajeros, cómo se sientan, en qué postura están de pie, qué leen? ¿Duermen profundamente? ¿Qué sonidos oyes, qué olores te llegan, qué tienes en la mano, qué sensación te da, cómo es el tacto de ese abrigo que te ha rozado? Después de unos momentos puedes abandonar la percepción intensa, pero acuérdate de ponerla en marcha otra vez cuando cambies de escenario.”

El autobús había sido ya casi personaje en la sucesión de variaciones ofrecidas por Raymond Quenau en “Ejercicios de estilo”. Pero aquí es otra cosa : son las recomendaciones de siempre para poder escribir y describir: la mirada, la observación, los detalles, el esfuerzo intenso para contar algo haciéndolo único: desde Maupassant a Flannery O’Coonor, es el mapa de los detalles nacidos de una minuciosa observación que nos entrega una concreta visión del mundo.

(Imagen- Londres – Grace Gollen)

ESCRIBO COMO TODO EL MUNDO

 

 

“Escribo más o menos como todo el mundo, creo. Intento escribir con regularidad. Cada día me cuesta arrancar. Si consigo dejar una línea o unas pocas palabras que me ayuden a retomar el hilo, va un poco mejor. A veces el día va bien. A menudo, no. Me he resignado a la certeza de que lo que escriba me decepcionará. Escribo cuando no me apetece, pero no cuando me asquea. Creo que escribo para cierto tipo de persona – no voy a definir exactamente quién, aunque tal vez sea una mujer -, pero no para todo el mundo. Para una mujer inteligente, como dijo Bábel.

Así va confesando su tarea  y sus modos de trabajar James Salter enEl arte de la ficción”. “ Escribo a mano -continúa-, con un bolígrafo. Luego lo mecanografío con una máquina eléctrica. Podría usar un ordenador portátil, pero me gusta el sonido, ligeramente desacompasado, de las teclas. Tecleo con dos dedos. De hecho, de algún modo estoy componiendo. Escucho las palabras a medida que las escribo, o las cadenas de palabras. Me gusta volver una y otra vez sobre la cadencia que me conduce a las siguentes frases. A veces escribí un poco acerca de lo que me propongo escribir, unas palabras que abran el camino, y que quizá incluso decida incluir, pero todo está en suspenso.

 

 

(…) No siempre escribes en tu escritorio. Lo haces en otros sitios y te llevas el libro a cuestas. Te acompaña, lo tienes en la cabeza a todas horas, lo repasas, atento a posibles conexiones. Se convierte en tu principal compañero, en el sentido literal de la palabra, puedes hablarle en voz baja. Se convierte en tu único compañero. La escritura puede prolongarse diez días, como en el caso de Georges Simenon, o semanas, o meses, o años. Le pasa lo mismo a todo el mundo.”

 

 

(Imágenes- 1- Alexander Calder/ 2-Sigmar Polke – 2008/ 3-Jasper Johns)

“LOS CUADERNOS DE MALTE LAURIDS BRIGGE”

 

 

”Cuando leemos “Los cuadernos de Malte Laurids Brigge” – anota la gran crítica francesa Claude- Edmonde Magny – nos parece una obra que se puede escribir con total facilidad y naturalidad, y que Rilke sólo tuvo que volcar, sin modificación, la angustia experimentada al pasear por las calles de París. Pero olvidamos el esfuerzo interior que necesitó  para arrancarse la angustia que se le pegaba a la carne, proyectarla fuera de él y poder, finalmente, mostrar a plena luz su ansiedad, porque él la había puesto completa en las cosas, en el olor de las patatas fritas, del yodoformo y de la angustia que emanaba de la calle del Val-de-Grâce, habiéndola objetivado y como materializado en los cuchitriles reventados de la calle de Seine, con sus papeles pintados colgando.

 

 

(…) Para Rilke era más difícil escribir “Los cuadernos de Malte  Laurids Brigge” que cualquiera de los poemas que bosquejaba en un cuadernillo, concreción surgida espontáneamente de las profundidades del ser. Rilke escribe a Rodin:” Al escribir poesía uno siempre recibe ayuda, e incluso se deja llevar por el ritmo de las cosas exteriores; porque la cadencia lírica es la de la naturaleza: el agua, el viento, la noche. Pero para ritmar la prosa hay que adentrarse en sí mismo y encontrar el ritmo anónimo y múltiple de la sangre…”. Y ese ritmo “anónimo y múltiple “ no es el del hombre individual, subjetivo, atiborrado de sus pequeñas particularidades y preocupado por el dilema de su diferencia: es el del ser, que al final alcanza la “pureza del corazón”.

 

 

(Imágenes -1- Rilke – wikipedia/ 2- París – Willy Ronis. 1959- afterimage gallery – artnet/ 3- París- boulevard Montparanase – 1925- Eugene Atget)

LA PÁGINA EN BLANCO

 

“La página en blanco del escritor, o también su pantalla blanca, es un lugar común en la práctica literaria. E incluso puede quedar muy artística y más aún al día siguiente de un gran éxito. Recuerda a la depresión postparto, análoga a aquella de la madre al día siguiente del alumbramiento. Esto sirve para todos los creadores. Woody Allen, que había caído en depresión la única vez que le vi – recordaba Pierre Assouline -, había encontrado una solución que él había transformado en sistema : mientras montaba su nueva película, trabajaba ya escribiendo la siguiente. Así no existía ningún espacio en blanco en su vida cotidiana: ninguna respiración que pudiera favorecer el tener problemas. Los escritores deberían aprender de esto. Les haría economizar medicinas. Éste es por otra parte mi caso desde que tuve la ocasión de tener aquel encuentro en donde el cineasta me confesó su truco. Hay gentes para quienes las partes muertas son precisamente la muerte”.

(Imagen – bibliotheque tumblr 1)

CORRECCIONES Y ESCRITURA

 

 

“Recuerdo una exposición de manuscritos de Balzac y de Proust en Montevideole decía Onetti a Ramón Chao – Los manuscritos de Proust son laberínticos; cambiaba, añadía doscientas palabras cada vez y de un golpe. Balzac, en cambio, cambiaba una sola palabra, pero en cada frase. Borges decía que había que cambiar ocho veces. Bueno, seguramente era una “boutade”. Para mí fue admirable el que Borges superara la ceguera y siguiera escribiendo, mal o bien. Digo mal o bien porque sus últimas cosas no me gustaron. Pero por lo menos el hombre siguió vivo, cosa que yo no sé  si haría si me quedara ciego. Yo no podría dictar, como hacía él. Para mí, escribir es ver el bolígrafo, o esta pluma estilográfica, dibujando, ver cómo pongo la barra a la efe. Para mí es un placer sensual ver cómo he dibujado la página (…) Anatole France corregía siete veces. Tenía la manía del “queísmo” : quitar todos los qués superfluos. Después se dedicaba a los adjetivos. Yo lo admiro mucho, me parece que ha escrito páginas muy bellas. Al principio yo releía a veces lo que acababa de escribir, pero sin prestar mucha atención, porque tenía miedo a romperlo todo. Después aprendí : lo dejo como queda y jamás releo lo que he publicado, para mí se murió, se acabó. Porque a veces, si por casualidad agarro un libro cualquiera de Onetti y leo al albur, me pueden ocurrir dos tipos de desgracias. Decirme a mí mismo: “Pero qué animal, Onetti; qué lástima, si lo hubieses trabajado mejor, con más paciencia ; aquí hay tanta cosa que mejorar o para embellecer”. Otras veces lo abro igualmente y me digo: “Pero qué  bien escribió esto Onetti; nunca más va a poder escribir así.” Y lo tiro, derrotado por la propia obra.”

(Imagen – Harriet Backer – la biblioteca de Thorvad Boeck)

ESCRIBIR QUE NO ESCRIBO

 

 

“Ahora mismo no estoy escribiendo. Es decir, estoy escribiendo aquí y ahora que no estoy escribiendo, porque me molesta el hecho de no escribir. Pero si nada tengo que escribir, no hay vuelta que darle. ¿Por qué no puedo esperar con paciencia hasta tener algo? ¿Por qué cuesta tanto esperar?

Porque no hago ninguna otra cosa igual de bien y ninguna otra cosa es igual de buena. Prefiero escribir  a hacer cualquier otra cosa.

Escribir es una tarea ardua que no sume al cuerpo en una actividad satisfactoria y una forma de alivio, sino en la quietud y la tensión. Suele ir acompañada de incertidumbres acerca de los medios disponibles y el resultado, y a menudo responde a la ansiedad. (“ Tengo que terminar esto antes de morir y terminarlo va a matarme”). En cualquier caso, al escribir me sumo en una especie de trance que no es agradable ni ninguna otra cosa. No tiene atributos. Es una inconsciencia del ego. Al escribir soy inconsciente de mi propia existencia o de cualquier existencia salvo en las palabras que suenan y forman ritmos y se conectan y forman sintaxis y la historia que ocurre.

 

 

Cuando no tengo nada que escribir no tengo ningún sitio adonde escapar, ningún remedio, nada que tome el control, ningún poder del que formar parte y ninguna satisfacción. Sólo puedo quedarme aquí con mi vejez y mis preocupaciones y confusiones y el miedo a que nada tenga sentido. Echo de menos y deseo el hilo de palabras que atraviesa el día y la noche y me conduce por el laberinto de los años. Quiero contar una historia. ¿Cómo conseguirla?

(…) Si quiero escribir y no tengo nada que escribir, me siento en efecto bloqueada, o más bien atragantada: llena de energía, pero sin nada en que emplearla, con pleno conocimiento de mi oficio, pero sin saber qué uso darle. (…) Es mejor quedarse quieta y esperar y escuchar el silencio. Es mejor  hacer alguna clase de labor que obligue al cuerpo a seguir un ritmo, sin ocupar la mente con palabras.

Llamo a esa espera “tratar de oir la voz”. Siempre ha sido eso, una voz. Pero es algo más que una voz. Es un saber del cuerpo. El cuerpo es la historia; la voz la cuenta.”

Ursula K. Le Guin “Cuerpo viejo que no escribe”  (artículo para el New York Times) (“ Contar es escuchar”-(Círculo de Tiza)

 

 

(Imágenes-1-Kin- ya -huang- 2007- artnet/ 2- Gerhard Richter- 1982- museo de Baden Baden/ 3- Georgia O ‘ Keeffe)

REESCRIBIR Y CORREGIR

 

 

A la pregunta que se le hizo a Isak Dinesen sobre si reescribía muchas veces sus cuentos, contestó : ” Oh, sí, lo hago, lo hago. Es infernal. Una y otra vez. Pues sólo si uno es capaz de imaginar lo que ha ocurrido…, de repetirlo en la imaginación, verá las historias, y sólo si tiene la paciencia de contárselas y volvérselas a contar ( yo me las cuento y me las vuelvo a contar), será capaz de contarlas bien”.

“Yo no escribo borradores. Escribo la página uno muchas, muchas veces y luego sigo con la página dos. Amontono  hoja tras hoja  – decía a su vez Anthony Burgess – y cada una en su estado definitivo. La revisión la hago en cada página, no por capítulos ni por el libro entero”. Alberto Manguel recordaba también el método de Kipling, que escribía todo, volvía al principio de la página  y, con la tinta más negra, se ponía a tachar todo lo obvio.

(Imagen: –  María Gato -2002-art space virginia miller galleries coral gables – Miami- artnet)

YO PINTO COMO SI FUERA ANDANDO

 

 

“Yo pinto como si fuera andando por la calle – decía Joan Miró en 1958 -. Recojo una perla o un mendrugo de pan; es eso lo que doy, lo que recojo; cuando me coloco delante de un lienzo, no sé nunca lo que voy a hacer; y yo soy el primer sorprendido de lo que sale.

Ir de mejoramiento en mejoramiento, en el sentido extremo de la palabra, es ir hacia una pura decadencia. Por donde hay que ir perfeccionándose es por dentro, a pesar de que ello comporte, como sucede con frecuencia, un fracaso exterior.

 

 

Considero que para hacer algo en el mundo se ha de sentir amor al riesgo y a la aventura y, sobre todo, saber prescindir de eso que el pueblo y las familias burguesas llaman “porvenir”.

No creo que el arte haya llegado a ningún callejón sin salida. El hombre siempre irá abriendo nuevas puertas; lo importante es saber a dónde conducen esas puertas. Y luego  tener fuerza para emprender el camino que se vea desde ellas”.


(Imágenes – Joan Miró : 1- un pájaro persigue a una abeja – 1927 – foto metropolitan museum art artist- rights soviety New York – the New York Times/ 2- 1976- andrew weiss gallery- artnet/ 3- el lagarto de las plumas de oro -1967- andrew weiss gallery- artnet)

ESCRIBIR SEGÚN THOMAS BERNHARD

 

 

“Un día me siento y escribo nada más que un texto en prosa, y otro día, otro (…) Uno quiere hacer algo bueno, le gusta hacer lo que hace, como a un pianista. También un pianista empieza a tocar probando con tres notas, luego domina veinte y luego todas, y se va perfeccionando mientras vive. Y ésa es su gran diversión, y para eso vive. Y yo hago  con palabras lo que otros con notas. Nada más. En el fondo, otra cosa no me interesa lo más mínimo. Ese es el atractivo de todo arte. El arte consiste sólo en tocar cada vez mejor el instrumento que se ha elegido. Esa es la diversión, y uno no deja que nadie se la arrebate, ni que lo disuada y, si se trata de un extraordinario pianista, ya puede uno vaciar toda la habitación donde esté con su piano, levantar mucho polvo y tirarle cubos de agua, que él se quedará allí tocando. Y aunque la casa se le caiga encima, seguirá tocando, y lo mismo ocurre al escribir.

(…)

El escritor tonto, el pintor tonto, busca siempre motivos, pero uno sólo se necesita a sí mismo, sólo necesita seguir su vida. Quiere seguir siendo el mismo, pero no escribir lo mismo. Y eso es lo que importa. Si hay algo que importe (…)  Puedo escribir en un hostal, en una habitación alquilada, puedo escribir en París en pleno tráfico, no importa un rábano. Cuando estoy en esa etapa no me molesta. Sólo hay que saber cuándo se ha llegado a ese punto. Me cuesta más empezar en un lugar tranquilo donde no pase nada, porque no puedo arrancar (…)  Tuve miedo ya desde el primer libro. Bueno, de todas maneras se tiene a menudo esa sensación, se tiene periódicamente una y otra vez. No es nada nuevo. Entonces se dice uno: no tiene ningún sentido, pero una y otra vez ocurre algo. ¿Qué otra cosa se podría hacer si no? No se tiene otra cosa (…)

 

 

Soy sin duda un hombre dotado para la música. Y escribir prosa tiene que ver siempre con la musicalidad. El uno respira con el diafragma,  y el otro tiene que desplazar la respiración, claro, del diafragma al cerebro. Pero es el mismo proceso (…) Cuando va uno por la calle, todo eso ayuda. No hay que hacer nada, sólo falta abrir los oídos, los ojos, y andar. No necesita reflexionar. Entonces, cuando vuelvas a casa, eso estará en lo que escribas…si uno se hace independiente o es independiente. Si está tenso y es idiota o se esfuerza por algo, nunca surgirá nada. Si uno vive su vida, no tendrá que hacer nada para ello, todo le vendrá por sí mismo y se reflejará en lo que haga”.

Thomas Bernhard.- Conversaciones con Thomas Bernhard.- Kurt Hoffmann

 

 

(Imágenes-1-Bernhard en su casa / 2- Bernhard- mil inviernos/ 3- Bernhard- vice)