BENET REVISITADO

 

La aparición de un  texto inédito  escrito en paralelo entre Juan Benet y Luis Martín Santos nos lleva hasta las confidencias y la voz del novelista Benet, tan valorado  por muchos y tan discutido por otros. “No siento ningún “odio”— decía Benet — hacia “ Tiempo de silencio”, Martin Santos era muy amigo mío.  Hicimos las primeras armas literarias juntos. Ėramos íntimos, y su novela no me gustó justamente por venir de quien venía. Vivíamos separados; ėl en San Sebastián y yo en Asturias, y fui en coche  expresamente para verle y decirle que era impropia de él. Se asombró de que estuviese en contra de una opinión creciente laudatoria: estaba seguro de su obra… De hecho se produjo un distanciamiento entre ambos después… Veía yo, una vez más , el peligro del costumbrismo y la ramplonería; me parecía que romper el cerco del realismo con elementos joyceanos era relativamente fácil. “

Hablando del proceso de escritura Benet confesaba: “ No puede saberse con exactitud cuando una obra ha sido fecundada. A lo mejor uno es consciente de una idea siete meses después. No creo, además, que el motor de arranque de una novela sea una idea. Creo más bien que se trata de un conjunto de imágenes que el escritor tiene guardadas  en algún lugar del cerebro y que combina a la hora de escribir. Pero las cosas se complican a partir de que uno ha escrito el primer renglón. Y hay que escribir cientos y cientos de folios. De cualquier forma, la idea no está madura al empezar a escribir. Eso sólo se consigue con el proceso de la escritura mismo. Todas las ideas son móviles, y no tienen formulación hasta el final de la novela.”

 

 

“La inspiración  viene sólo a condición de que haya estilo. Inspiración y estilo  vienen a ser dos cosas prácticamente compenetrables e indentificables. La inspiración dicta. Ese dictado se siente como algo ineluctable. Algo revelado. Tal y como viene hay que ponerlo en el papel. Para que esa inspiración sea verdaderamente  válida, hay que reconocer que dicta en un estilo determinado que además predetermina el estilo venidero; eso es muy evidente en las composiciones líricas, que por lo general siempre tienen un verso inspirado. Pero la inspiración dicta poco y hay que completar ese dictado escaso con un relleno que ya no es tan inspirado, hay que darle redondez y componer.  Esa labor de composición a partir de un breve dictado de la inspiración es ya el trabajo propio de un escritor,, que tiene que alcanzar la cota que le ha sido dada casi sin trabajo.  Y al final, la síntesis de esa dialéctica entre inspiración y ejecución del estilo viene a resumirse cuando la inspiración es de tal índole que dicta en un estilo muy regular, que es el mismo que ayudó ella a forjar.”

 

 

(Imágenes—1–Shiaru Shiota/ 2- Sarah Meyohas/ 3-John Chervinsky)

UN PINTOR EN LA OSCURIDAD

 


“¿Cómo trabaja un pintor en la oscuridad? —se pregunta John Berger en “Charla en el estudio”. (Londres,1998). Tiene que someterse. A veces tiene  que dar vueltas y más vueltas en lugar de avanzar. Suplica colaboración de fuera. Construye un refugio desde  el que hacer incursiones a fin de estudiar el terreno. Y todo ello lo hace con los pigmentos, las pinceladas, los trapos, un cuchillo, los dedos. El proceso es táctil. Pero lo que el pintor espera  tocar no es por lo general tangible. Éste es el único misterio real, y es la razón por la que algunos se hacen pintores.

Cuando un cuadro se transforma en un lugar, hay la posibilidad de que aparezca en éste la “cara” de aquello que el pintor está buscando. Esa  “mirada” que el pintor espera, anhela, que le devuelva el lienzo nunca es directa, sólo puede llegarle a través de un lugar.

Si la cara llega a aparecer realmente, será, en parte, pigmento, polvo coloreado; y, en parte, formas dibujadas, corregidas una y otra vez. Pero lo más importante será el proceso, el proceso de que llegue a existir lo que está buscando. Y esa existencia todavía no es — y de hecho, no lo será nunca— tangible, al igual que nunca fue comestible el bisonte pintado en las cuevas rupestres.

 

 

Lo que toca toda pintura verdadera es una ausencia, una ausencia de la que, de no ser por la pintura, no seríamos conscientes. Y eso sería lo que perderíamos.

Lo que el pintor busca sin cesar es un lugar para recibir la ausencia. Si lo encuentra, lo dispone, lo ordena, y reza por que aparezca la cara de la ausencia.’

 

 

(Imágenes—1- Paul Sietsema- 2013/ 2– Kiril Doron— 2009/ 3— Bartosz Beda)

PÓLVORA DEBAJO DE MÍ

 

 

“Trabajo ahora tanto o más de lo que trabajaba hace tres o cinco años —cuenta Chejov en una carta de 1889– .Trabajar y tener el aspecto de alguien que trabaja desde las nueve de la mañana hasta el almuerzo y desde el té de la tarde hasta la hora de dormir, se ha convertido para mí en una costumbre. En este sentido, soy un funcionario. Si de este trabajo no salen más de dos relatos al mes, la culpa no es de la pereza, sino de mis características psíquicas y orgánicas. Para la medicina me falta amor al dinero y para la literatura me falta pasión y, por consiguiente, talento. La llama que arde en mí es regular y apagada, sin estrépito ni llamaradas. Nunca podría escribir en una noche, de un tirón, tres o cuatro hojas o quedarme en vela trabajando. Cuando tengo sueño, me voy a la cama. Por eso, no escribo ni tonterías relevantes ni notables sabidurías. Poca pasión. Hay que añadir a esto una psicopatía del siguiente tipo: sin motivo, hace dos años me dejó de gustar ver mis obras publicadas, me volví indiferente a las críticas, las conversaciones literarias, los cotilleos, los éxitos, los fracasos, los altos honorarios, en una palabra, me volví un imbécil. En mi alma hay una especie de estancamiento, que atribuyo a mi vida personal.  No estoy decepcionado, ni cansado, ni melancólico, sino que sencillamente de pronto todo me parece menos interesante. Debo poner pólvora debajo de mí.”

(Imagen -Chejov – wikipedia)

LA LOCA DE MAIGRET

 

 

“Entre las lecturas de este confinamiento he vuelto a asomarme a “La loca de Maigret”,  de Simenon, publicada en 1970, escrita del 1 al 7 de mayo en Epalinges (Suiza), y que me lleva hasta los paseos del inspector con su mujer por la Bastille y el bulevar Beumarchais en los atardeceres  de París. Madame Maigret  ha preparado de cena para esta noche del mes de mayo, fiambres, ensalada y mayonesa, y a los pocos días Maigret y el inspector Lapointe prueban en la cervecería  Dauphine unas morcillas de Auvernia guarnecidas con patatas fritas y un vaso de Beaujolais. Siempre el detalle gastronómico de Simenon. (Simenon, que comía deprisa y no dedicaba mucho tiempo a la mesa, evocaba su plato favorito, que era —decía — un plato de gente humilde: la bullabesa hecha sólo con los medios de a bordo, y recordaba de su infancia, la cabeza de vaca con salsa de tortuga).

Simenon preparaba todos esos detalles, pero sobre todo los datos biográficos y topográficos de los personajes, las direcciones, números de teléfono, secciones de edificios, planos de barrios, edades, estudios, antecedentes familiares, estado civil , etc, todo ello al dorso de un sobre amarillo de formato comercial. Lo hizo durante años. “Cuando escribo —decía— estoy obligado a tener a mi lado lo que yo llamo el plan de la novela, que consiste, no en un resumen de la acción,  sino en una lista: los nombres de los personajes, su edad, su dirección, sus relaciones familiares, etc. Porque muchas veces me ha sucedido, hace treinta años como hace diez años, tener que cambiar el nombre de uno de mis personajes a lo largo del relato. Incluso en la revisión , esta situación se me escapaba y podría encontrarse una muchacha que pudiera llamarse Amelie en el  primer capítulo y Josette a partir del quinto.”

Esos detalles tan cuidadosamente entrelazados configuran y dan pie a toda una existencia. Es la verosimilitud de una vida. Luego venía lo que los críticos llamaban la “atmósfera”,  que Simenon  —contaba —, no es más  que el impresionismo  del pintor adaptado a la literatura.  “Mi infancia —confesaba el novelista — tuvo por marco la época de los impresionistas y yo siempre estaba en los museos y las exposiciones. Conseguí  de esa forma cierta sensibilidad.”

 

 

Leemos en “La loca de Maigret”:  “¿ cómo era madame Antoine? “ Y  se nos cuenta: “Frágil, bonita. Permaneció sola cerca de diez años. Luego encontró, no sé dónde, a ese monsieur Antoine con el que acabó casándose. No tengo nada que decir contra él. Pero no tenia la distinción de su primer marido. Trabajaba en el Bazar del Hotel de Ville, donde era, según creo, Jefe de Sección. Era viudo. Había montado un pequeño taller ahí  arriba, donde hacía chapuzas que eran su gran pasión. No hablaba mucho. Tenían un auto y el domingo llevaba a su mujer al campo. En verano, iban a algún pueblo cerca de Etretat.”

Todos esos detalles, aparentemente minúsculos pero necesarios, incluso para poner en pie a un personaje secundario,  quedarán ya fijos en la  mente del lector. Le harán creíbles la escena.

Le proporcionarán verosimilitud.

 

 

 

(Imágenes—1–Simenon/ 2- Jean  Pougny/ 3- Albert Monier—1950)

NIÑOS, JUGUETES Y POETAS

 

 

“En el mundo de juguetes del niño no se trata de encontrar lo nuevo —así lo recuerda la argentina María Negroni —, sino de renovar lo viejo haciéndolo propio, de perderse por horas en la selva del sueño, donde los papeles de estaño son tesoros de plata, los cubos de madera ataúdes, los cactus árboles totémicos y las monedas escudos.

La felicidad infantil proviene de esa aglomeración azarosa, solitaria y placentera, parecida a la que experimentará más tarde el poeta moderno cuando proyecte sobre las cosas su mirada alegórica, transportando sus objetos encontrados al desorden de la poesía. Los cajones donde el niño guarda sus tesoros son arsenales y zoológicos. Los del poeta serán reservas de imágenes y retazos de lenguaje. En ambos casos, se trata de un objetivo muy simple y muy complejo: habitar un “tiempo perdido”. Como los niños, los poetas intuyen el vínculo exacto entre curiosidad y memoria, melancolía y resistencia, aventura y tolerancia.  Y lo que busca es nada menos que liberar las cosas de su destino utilitario y el lenguaje de sus taras más odiosas: quedarse en su propio coto de caza donde es posible seguir siendo un pequeño príncipe. La poesía es la continuación de la infancia por otros medios.”

 

 

(Imágenes—1–Randolph Caldecott/ 2- Abigail Halpin)

LA COMA

 

 

“La coma asomó por el borde de la página tímidamente, parecía lombriz, se curvó, se dobló, intentó levantar su rodilla, se inclinó, dio un toque suave, un rabo mínimo, el bastón del aliento, apenas nada, separó las palabras, para eso me quieren, se dijo, nunca fui letra, apenas valgo, y de repente a la coma un estruendo en vértigo de vocablos unidos le pasó por encima sin dejarla respirar aplastando el vientre de las frases de hierro su lengua hasta alisarla bajo un peso de líneas pasando y repasando interminablemente la piel de la hoja sin pausa alguna de izquierda a derecha en ritmo incesante y la coma quedó quieta y tan insensible como si se hiciera la muerta o la dormida a la vez que procuraba respirar para sobrevivir asustada por tantos vagones de palabras que no acababan nunca de pasar enganchados por conjunciones imantadas de plata y en carrera de voces y silencios con y griegas silbantes como espadas que segaban y unían adjetivos y nombres disfrazando conceptos de color y sabor viajando al ritmo del estilo que el flujo de la lengua arroja desde la boca del dragón  escritor cuando el placer de la luna se inflama y llamea el lenguaje incandescente en la noche blanca de la desierta página de un cuaderno que se deja cubrir por signos evocadores de tanto eco fantástico hasta quemar habitaciones de memoria y hacer que arda esa imaginación hecha castillos en pavesas de artículos zigzagueantes en el aire del humo que deja olor a verbos chamuscados por astillas de tantas preposiciones bajo lluvias de fuego en la fiesta nocturna a la que son convocadas las palabras cruzándose sus vidas solitarias en el juego de la sintaxis hasta que toda la prosa es incendio de árboles y las comas no existen embobadas por ese ejercicio malabar en la noche de la creación de tan variados sabores como segregan las palabras chorreantes en chasquidos y en jugos destilando un aroma único de madera labrada en sustantivos nobles que encierran su olor en bodegas de libros a punto ya de abandonar en buques la bóveda del resplandor del puerto iluminado y echarse a la mar de la aventura azul en seda silenciosa y suave que rasga la huida del escritor dormido en esa placidez de los vocablos avanzando en  silencios de ritmo hacia páginas nuevas de sorpresa que muestran un horizonte de color inexplorado por tantas esquinas de azar como la vida esconde tras rocas de mayúsculas blancas y misteriosas en las que encallan las proas de los verbos de lujo igual que trasatlánticos transparentes que bambolean bombillas infinitas vencidas por oleajes de estilo en espumas que rozan los

 

 

 

pies de las palabras y levantan penachos de admiraciones sorprendidas por lo que la lengua puede hacer enroscándose hasta ocultar sus comas bajo las alas de tantos adverbios volando con sus bes y sus uves de suavidad dulce y sosegada que ondulan el paladar del cielo  en la boca de ese escritor en tal recogimiento  que oye sólo el piar de los acentos prendidos en los cables de vocablos ateridos de frío por tanto picotear de tildes que despluman lágrimas aquí y allá en cada cumbre de la línea en momentos en que la inspiración se tensa en el trabajo y el campo de los temas aparece tan yerto que sólo el rasgueo de la pluma en la hoja blanca del cuaderno y la dentadura de las teclas en las máquinas de los ordenadores hacen saltar las notas musicales de la literatura  extendida en el mapa de niebla gaseosa cuyo horizonte es el linde de la niñez recobrada en esa hora en que la madre observa cómo el niño emborrona sus primeros cuadernos y la escritura no es aún vocación sino simplemente oficio manual del lento instrumento  de dedos apretados contra el lápiz cuya sombra refleja la lámpara sobre la mesa de la cocina familiar tan empañada de deberes escolares en donde las palabras nacen de los signos unidos y encantados mientras suben y bajan las tes y las jotas coronadas del punto de rey y hermanas mayores de esa i con lunar en su techo que vive en la guarida de las vocales necesarias y tan elementales que se engarzan como joyas entre las manos de las consonantes y antes de que el aliento de la madre inclinada hacia ese hijo que un día  será escritor pueda explicar que los asombros de la vida han de contarse entre admiraciones enhiestas como palos en las frases que aspiran a entreabrir secretos que ni los poetas pueden desvelar y cuando los vientres ganchudos de las interrogaciones no muestran aún esa inquietud por preguntar a  ese niño que aprende a trazar rasgos  y que sigue preocupado de enderezar su caligrafía tan difícil que el sudor del esfuerzo se mezcla con las lágrimas creyendo que ese cuaderno jamás acabará en perfección y  que nunca escribirá mas que palotes secos e indescifrables con los que ni siquiera podrá jugar en el recreo para dar empujones con la p al redondo balón  de esa o que rueda entre las piernas de sus amigos y que  sufre ese puntapié último que elevará a la o sobre el patio mientras se va inflamando y engordando y una nube al pasar la blanquea haciéndola luna esférica colgada sobre este escritor al que le zumba zigzagueante esa zeta del sueño en el momento en que el libro entrecierra sus párpados y parece caer y se escapan sillón abajo las graves palabras mayores perseguidas a gritos por las esdrújulas que cuelgan aferradas a sus acentos mientras un hálito de soledad entra con el viento desde todas las puertas de la imaginación animando a retomar la luna y a cazar en vuelo las palabras que huyen y a fijarlas igual que mariposas en la hoja límpida que espera a que ese niño que aprendió mansamente a escribir en la cocina  familiar prosiga tal y como si estuviera la madre siempre a su lado señalándole el esfuerzo diario que ha de hacer hasta lograr el dominio encantado de las palabras en matrimonios de frases cuyos hijos harán un día maravillarse a los lectores aunque antes, hijo, no te olvides, le va diciendo la madre,  de poner una coma aquí, y otra aquí, y llegarás así con algo de respiro hasta  que  tu mismo encuentres tu verdadero punto final.”

 

José Julio Perlado — “La coma” ( del libro Relámpagos”) (relato inédito)

 

 

 

 

(Imágenes —1- Mark Rothko -1969/ 2-Mark Rothko – 1949/ 3-Mark a Rothko – 1948)

LA LITERATURA Y LA VIDA

 


 

“La literatura y la vida son como un juego — decía Vila Matas —. Lo raro de escribir es que uno se aparta de la vida para escribir sobre la vida y sobre el mundo. A la hora de escribir sobre aquello que es lo apartado, la combinación entre literatura y vida entonces ha de darse en lo que saco plenamente de ambas cosas.(…)  Hay gente que también cree que cuando escribes no estás viviendo; ése es otro error. Porque es evidente que cuando uno está escribiendo también está viviendo. Y cuando estás viviendo , en muchas ocasiones, como en mi caso, puedes estar escribiendo. Hay veces en que soy consciente de estar viviendo algo que luego escribiré. Normalmente, si hay este aliciente, me intereso más por la secuencia habitual en la que me encuentro. Por ejemplo, doy conferencias  y coloquios en público que suelen ser un poco latosos para el escritor que prefiere escribir a hablar en público. Sin embargo, las doy como si formaran parte de mi propio trabajo; son experiencias que intento utilizar para después convertirlas en algo que tiene su reflejo en lo que escribo. De este modo no tengo la sensación de estar perdiendo el tiempo en actividades que están fuera de la escritura. Es decir, que conduzco todo a lo literario, en realidad a mi trabajo.

 

 

Cuando me olvido de que estoy trabajando es cuando estoy en la parada del autobús. Me olvido, simplemente. Pero también observo muchas cosas en la calle y muchas cosas valiosas, como un niño que patina y cae con su helado; eso se convierte en una historia: todo, todo está allí. La mente también funciona de manera literaria. Por eso en “Dublinesca”, como había previsto que se podrían incorporar más lectores a mi obra, a la tercera página le advierto al lector que el personaje central ve la vida de forma literaria. Aquellos que no me conocen, no tropezarán entonces con esta rareza. Es como si advirtiera que un carnicero tiene la manía de ver cosas en las nubes, y así, cuando éste mira a las nubes, la gente sabe que es algo normal y no lo encuentra extraño. Así , los lectores descubrirán que hay un personaje que ve todo a través de una especie de lentes literarios. Muchas veces cuando me quedo solo no pienso en nada literario ni me importa nada la literatura. Supongo que debe ser como la necesidad de que junto al amor esté el odio. E incluso en mi excedencia.”

 

 

 

(Imágenes — 1- Albert Marquet/ 2- CIG Harvey-2008- artnet/ 3- Gerhard Ritcher)

SOBRE LAS DEPRESIONES

 

 

“Me cuenta un amigo mío escritor su personal receta para salir de las depresiones : “las depresiones —me dice—, con las lecciones de la vida, deben de durar ahora veinticuatro horas. Uno aprende y tiene trucos. Una de las cosas esenciales es afeitarse, estar limpio, estar bien vestido (si se sale a la calle), o estar cómodo si se queda uno en casa. Otra, es “preparar la preparación”, tener a mano un cuaderno nuevo, una pluma o un bolígrafo bueno, a punto. Otra, releer cosas que uno ha escrito hace tiempo, principios de cosas, aunque sin dejarse llevar por el desánimo que a veces da la perspectiva. Otra cosa es empezar a escribir “esbozos de esbozos”, sabiendo que nada de aquello es definitivo, que no hay que trabajar con prisa, que aquello es algo provisional, incluso escribirlo a lápiz, como si se fuera sólo ensayando. Otra cosa importante es releer trozos de escritores “cultural y literariamente amigos”, escritores de calidad, que alienten y que “tiendan la mano”. “Esto lo puedes hacer tú”, parece que te está diciendo el texto. Los escritores inaccesibles — por ejemplo, Valle Inclán —no quitan ninguna depresión. Son admirables, asombrosos, pero no imitables: no sirven en ocasiones así. Parecen gigantes, distantes, a los que no se puede llegar.

 

 

Lo peor para las depresiones  es sumergirse enterrado en un periódico o en la televisión : todo “se ve mal”, todo está mal (aunque sea lo mismo que el día anterior). Lo peor es descuidarse —desde la limpieza al atuendo —, es encogerse de hombros por dentro y dejarse arrastrar flotando por fuera. Las depresiones no sólo dejan caer el pasado negro, lo que no hemos hecho o no sabemos hacer, sino también la desorientación y la apatía hacia el futuro, la falta de ilusión y de razón por abordar lo próximo, por abordar el quehacer. Eso es lo que hay que cortar, abordando el quehacer sin prisas. Me gustan los lunes, con su ir y venir de gentes grises pero arrojadas a la lucha de la vida, sin ese deshacerse apático de los domingos por la tarde. Gracias a Dios que los lunes le arrojan a uno no a la tristeza, sino a la lucha. Lo peor de las depresiones es cuando, de tejas abajo, no se sabe el por qué del trabajo. Entonces es cuando hay que trabajar. Virginia Woolf decía que sus depresiones se las quitaba en la cocina. Cada uno tiene sus trucos. Acaso las mujeres sepan ir mejor a lo concreto. Hay que buscar lo concreto y ponerse a hacerlo.”

 

 

(Imágenes —1-Karen Hesse- Foto Chris Ramírez/2-biblioteque tumblr/ 3-Alexa Meade- 2010)

MOMENTOS DE INSPIRACIÓN

 

“No escribí prácticamente nada en un año. Mi esposa y yo hacíamos traducciones para llevarnos el pan a la mesa y el resto del tiempo me dedicaba a continuar con mis alocados proyectos financieros.—confesaba Paul Auster al recordar un momento de inspiración  —. Por momentos pensaba que estaba acabado, que nunca escribiría otra palabra. Entonces, en diciembre de 1978, asistí a un espectáculo de danza cuya coreografía había compuesto el amigo de un amigo y allí me ocurrió algo. Una revelación , una epifanía —no sabría cómo llamarlo. De repente se abrió ante mí un mundo lleno de posibilidades. Creo que tuvo que ver con la absoluta fluidez del espectáculo, el movimiento continuo de los bailarines que giraban sobre el escenario. El simple hecho de contemplar a hombres y  mujeres moviéndose en el espacio me llenaba de una sensación cercana a la euforia. Al día siguiente me senté  y comencé a escribir “Espacios blancos”, una pequeña obra de género impreciso , un intento de traducir en palabras la experiencia de aquel espectáculo de danza. Fue una liberación, un tremendo desahogo y ahora recuerdo aquel incidente como un puente entre el acto de escribir poesía  y el de escribir prosa. Aquella obra me convenció de que aún había un escritor dentro de mí.”

(Imagen —Gustave Caillebotte)

EL ARTE DE LA ESCRITURA (y 3)

 

“Puede ser que acompases tus palabras  —recuerda el escritor chino Lu Ji — con una rima tan pobre y tan escasa que, al final, sólo quede una huella imperceptible y una inmensa soledad. Así, quizá, esa rima se suspenda en el silencio sin otra nota que pueda secundarla, o se alce en el espacio, donde ni los ecos puedan responderle. Es igual que tocar una sola cuerda en un instrumento. Sonará clara y limpiamente, pero no habrá música acordada. Puede ocurrir que se tiña tu melodía de un tono tan débil y fatigoso que las palabras, inútilmente, serán långuidas. Esto es una única forma de belleza y fealdad compuesta. Una sustancia excelente pero cargada de imperfecciones. Es igual que los laúdes que suenan precipitándose en el patio. Entre ellos hay respuesta pero falta armonía.

Quizá abandones la Razón y prefieras quedarte con lo extraño, en una persecución de lo minúsculo, en un afán inútil de vacío. Así, no habrá emoción en las palabras, tampoco habrá ternura. Melodía que flota suspendida y no regresará. Es como una cuerda muy fina pero tañida violentamente. Puede ser que haya armonía pero no auténtica emoción..

Supón que el texto es de una límpida pureza, de una fina contención, eliminando lo complejo, abandonando siempre lo excesivo. Pero quizá le falte ese sabor antiguo de las pócimas secretas, rituales. Igual que las claras vibraciones  de las  cuerdas carmesíes de una cítara. Y es que, aunque uno cante y tres en coro le respondan, todo ello puede resultar digno y elegante, pero no grandioso.”

 

(Imágenes—1-Zhang  Xiagogan – 2007/ 2- Lín  Schunxiong)

EL ARTE DE LA ESCRITURA (2)

 

 

“Así es el comienzo: se interioriza la visión, se adentran los sonidos. Se demora el pensamiento y todo se interroga. El alma galopa hacia los ocho confines del espacio. El espíritu viaja errante por alturas infinitas —dice el chino Lu Ji —. Al acercarse, la emoción poco a poco se convierte en luz. Las cosas se reflejan e intercambian su claridad. Y es que al beber la esencia de las palabras dichas y escritas, paladearás el muy dulce sabor de los Clásicos. A la deriva, entre cielos y abismos, te dejarás llevar por la gran corriente, bañándote en las aguas del manantial, internándote en su profunda hondura. Y esas frases sumergidas que se esconden y se agitan, serán como pájaros inquietos que, mordiendo el anzuelo, emergerán desde el fondo más insondable. Y las otras delicadas bellezas, vagando ingrávidas y errantes, serán como pájaros de alto vuelo que, cazados con flecha y con cuerda, caerán en picado desde las nubes más altas.

Haz acopio de palabras y de frases no usadas por más de cien generaciones. Escoge rimas perdidas y olvidadas desde hace miles de años. Desdeña las flores marchitas, ya abiertas, del amanecer, y quédate con los brotes tiernos, aún cerrados, de la noche. Así, verás pasado y presente en un único instante, y abarcarás los inmensos mares en tan sólo un abrir y cerrar de ojos.”

 

 

(Imágenes —1-Xue Liang- 2003/2.- Zhang daquian)

EL ARTE DE LA ESCRITURA (1)

 

 

“A menudo, cuando leo las obras de los grandes escritores —decía el chino Lu Ji —, tengo la secreta esperanza de poder captar su verdadero espíritu. El orden de las palabras, la manera en que se enuncian las frases, tiene infinitas posibilidades y formas. Las cualidades de lo bello y lo feo, lo bueno y lo malo, son susceptibles de captarse en lenguaje. Yo mismo, cada vez que escribo, me doy cuenta de la complejidad del acto creativo. Y me angustio una y otra vez porque el pensamiento es incapaz de traducir el mundo y, la literatura, incapaz de apresar el pensamiento. Ciertamente, el mayor problema reside no en el saber cómo hacerlo, sino simplemente en el hacerlo. He escrito, precisamente, este poema para dar cuenta de las habilidades de estos excelsos escritores, y explicar las razones del porqué hay buenas y malas obras en el acto de la escritura. Quizá , así, en otro tiempo, pueda llegarse a conocer el intrincado mecanismo y el profundo misterio de la composición literaria. Cuando alguien, con un hacha en la mano, intenta cortar otro mango de hacha, lo que obtiene está muy cerca del propio modelo. Y es que, a la hora de seguir los movimientos de la mano, la dificultad para convertirlo en lenguaje es extrema.”

 

 

 

(Imágenes—1-artinlive/ 2-li shixing)

LOS MECANISMOS DE LA CREACIÓN

 

 

”El incomprensible mecanismo de la creación literaria —así lo deja anotado en su Diario “La tentación del fracaso” el peruano Julio Ramón Ribeiro —:  durante más de un mes intenté todos los días proseguir mi  cuento apenas comenzado “Parábola de Bob”, sin lograr añadirle una línea, a pesar de mi empeño.  Ayer — escribe el 11 de mayo de 1975 —, en que no tenía ganas de hacer nada, cojo al azar el manuscrito, con la intención sólo de releer lo avanzado y, sin proponérmelo ni darme cuenta, lo concluyó. ¿Por qué? Nada estaba previsto ni preparado. La historia me fluyó como dictada, alguien dentro de mí la había estado escribiendo sin consultarme y aprovechó un momento de descuido para hacerla visible.”

En otra entrada añade el mismo día: “cuando no estoy frente a mi máquina de escribir me aburro, no sé qué hacer, la vida me parece desperdiciada, el tiempo insoportable. Que lo que haga tenga valor o no es secundario. Lo importante es que escribir es mi manera de ser, que nada reemplazará. Cuando imagino una vida afortunada, millonaria, veo siempre el lugar donde pueda seguir escribiendo. Si no fuera necesario comer, dormir, trabajar, no abandonaría este sitio, donde nada me incomoda, donde gozo del más completo albedrío, donde soy dueño del mundo, de mi mundo, sus fabulaciones, hazañas, torpezas, locuras, el mundo irreal de la creación, al lado del cual no hay nada comparable.”

 

 

(Imágenes- 1-Cig Harvey- 2008 -gallerie -Joel soroka-  artnet/2- Gerhard Richter)

TIEMPO, INSPIRACIÓN, TRABAJO

 

“Cuando más viejo me hago – le confesaba el poeta irlandés Seamus Heaney a Jordi Doce en 2008–  más lamento no haber tenido una actitud más entregada a mi obra. Pero al hacerte mayor dispones de más tiempo y tienes más libertad para emplearlo como desees. Por ejemplo, ya no doy clases, no tengo hijos jóvenes corriendo por casa, no tengo que ocuparme en tareas y actividades para ganarme la vida. Lo que significa que tengo más tiempo para la ensoñación. Y pienso : “Seamus, te equivocaste, tendrías que haber llevado un diario o un cuaderno de notas, tendrías que haberte levantado más temprano; incluso cuando no estabas escribiendo, tendrías que haberte sentado en el escritorio en lugar de confiarte al azar”. Por otro lado, sé que hay ocasiones en las que pese a tener mucho tiempo libre no consigo avanzar mucho. En otras palabras, disponer de tiempo no garantiza nada.

 

 

La poesía lírica, como sabemos, es un asunto misterioso, incluso para los más grandes… T.S. Eliot es un ejemplo de la extrañeza de la inspiración y de su intensidad. Y Rilke… es el arquetipo de la inspiración. Espera y espera, fanático y disciplinado, y de repente la tormenta azota y escribe las últimas “Elegías del Duino” y los “Sonetos de Orfeo”. Por otro lado, está YeatsYeats es un trabajador nato, nada le llegaba en un instante cegador. Por ejemplo, escribía en el cuaderno de notas un esbozo en prosa con el encabezamiento: “tema para un poema”, y después trabajaba el esbozo lentamente y con esfuerzo.

(…) Mi historia es radicalmente distinta. Empecé tarde, pero no exagero si digo que cuando llegué a la poesía, a principios de los años sesenta, tuvo un efecto mágico sobre mí. Mi aprendizaje tuvo lugar entre los veinte y los treinta años. Y aprendí a trabajar de verdad, a trabajar duro y con un propósito, ya cumplida la treintena”.

 

 

(Imágenes: -1-ilustración de David Blackwood/ 2- Constable – 1821- Museo victoria  y alberto/ 3- revista Time)

EL INCONSCIENTE LO HACE TODO

 

 

“Escribir narrativa – dice Martin Amis enEl roce del tiempo” – es menos mental y más fisiológico de lo que generalmente se piensa: una vez se empieza, las decisiones y los cálculos, las cuestiones de la razón, apenas interfieren. Me llevó años descubrir cuán verdad es esto. Cuando era más joven, me topaba con alguna dificultad en el proceso narrativo y me devanaba  los sesos durante horas e incluso días. Ahora me siento compelido a levantarme de la mesa y coger un libro y no vuelvo a la mesa hasta que mis piernas me llevan a ella. Cuando lo hacen, veo que la dificultad se ha resuelto.  Es el inconsciente el que lo hace. El inconsciente lo hace todo.”

”La inspiración para una novela puede venir de una frase, una  expresión, una imagen, una situación.  Pero los novelistas no son poetas. Son trituradoras. Lo que me hace subir al estudio es una sensación en la parte de atrás de la garganta  —me pasa igual con el deseo del primer cigarrillo —. Escribir es un proceso más físico de lo que se suele creer. Es como si la mitad del tiempo te vieras mudo e incapaz de incumplir las órdenes  del cuerpo.”

 

 

(Imágenes – Isidro Ferrer/ 2- Laziz Amani)

SUEÑOS Y RECUERDOS

 

 

”Cada uno de nosotros posee un mundo interior de sueños y recuerdos, imperceptible a los demás – decía Juan Benet y, como tal, llegamos a la ineludible conclusión de que el texto literario no puede ser más que un vano reflejo de una realidad interna, la del autor. ¿Quién mejor que él va a conocer su intención y significado, sea expreso o tácito, su estilo, su tratamiento narrativo, su relación con la propia experiencia, el medio cultural en el que fue engendrada, las influencias que lo marcaron, etcétera? El escritor que quiera reflejar mejor la realidad tendrá que crear un texto lleno de zonas oscuras, contradicciones y ambigüedades, e intentar resolver los enigmas daría al traste con su obra.”

(Imagen –Man Ray – autorretrato)