EL SERVICIO DE UN POETA

 

 

“El poeta no puede estar al servicio del poder —porque él mismo es el poder —dice Marina Tsvietáieva —.El poeta no puede estar al servicio de la fuerza —porque ėl mismo es —la fuerza. El poeta no puede estar al servicio del pueblo —porque él mismo es —el pueblo. —Y por cierto un poder —de orden superior, una fuerza — de orden superior. El poeta no puede estar al servicio, porque ya está al servicio y lo está —íntegramente… ¡ya que el poeta no puede ni siquiera estar al servicio de sí mismo! Del único de quien  el poeta puede estar al servicio en esta tierra — es de otro poeta, de un gran poeta.”

(Imagen —James Hilliard)

EL REINO DE LO SAGRADO

 

 

Hasta cierto punto los poetas son útiles a la sociedad, al mundo —recordaba Seamus Heaney —-, cuando siguen una llamada, sean o no comprendidos sus poemas. Un amigo mío dice que cada poema escrito queda bajo la mirada de lo eterno. Cuando se siente el deseo de escribir poemas, se entra en el reino de lo sagrado. Cada palabra, cada poema que nace, entra en relación con toda la poesía, y es vigilado por ella, protegido por ella, y también puesto a prueba por ella. Eso la diferencia de la prosa: ésta no parece atravesar la línea del espacio sagrado. Pero quizá un novelista no esté de acuerdo.”

 

 

 

(Imágenes—1-Emil Nolde/ 2-Jon Redmonf)

EL LOCO, EL AMANTE Y EL POETA

 

 

“El loco, el amante y el poeta —dice Shakespeare —son todo imaginación: el uno, el loco, ve más demonios de los que el infierno puede contener; el amante, no menos insensato, ve la belleza de Helena en la frente de una gitana; la mirada del ardiente poeta, en su hermoso delirio, va alternativamente de los cielos a la tierra y de la tierra a los cielos; y como la imaginación produce formas de objetos desconocidos, la pluma del poeta los metamorfosea y les asigna una morada etérea y un nombre.”

(Imagen —Marc Chagall -lunaria -1967)

EL POETA MUDO

 

 

“Habla Félix de Azúa en su “Diccionario  de las artes”  de un poeta  mudo : “Una de las dificultades —dice —que más frecuentemente nos enfrentan a unos especialistas con otros es que los máximos ejemplos de Silencio son incomunicables y, por lo tanto, no pueden discutirse. El más admirable que yo conozco y que en tantos congresos me he visto obligado a retirar por la oposición de algún colega es el de D. M. (siendo un héroe del silencio su nombre, evidentemente, no puede divulgarse) , para mí el más sobresaliente  poeta mudo de Barcelona. A los catorce años de edad, antes de haber escrito una sola línea, ya había alcanzado la concepción suprema y era consciente de que no hay Obra de Arte superior al Silencio. Desde entonces llevó una vida gris y disimulada: cuantos le veían le tomaban por un burócrata de la Generalidad catalana , con afición al balompié. Pero bajo ese disfraz se ocultaba el más potente de los Silencios que callan en este siglo. Obsérvese que estamos hablando de una creación, la de D. M., no sólo en catalán y castellano, sino en todas las lenguas del globo, ya que su silencio es políglota.”

(Imagen —Herbert Bayer)

LA POESÍA ES ASOMBRO

 

 

“Encuentro un significado más profundo —decía Pessoa — en el aroma del sándalo, en unas viejas latas que yacen en el montón de inmundicias, en una caja de cerillas en la cuneta, en dos papeles sucios que un día ventoso ruedan y se persiguen calle abajo, que en las lágrimas humanas. La poesía es asombro, admiración como la de un ser caído del cielo en plena consciencia de su caída y atónito ante las cosas. Como la de alguien que conociese el alma de las cosas y se esforzara por rememorar ese conocimiento recordando que no era así como las había conocido, no con esas formas y en esas condiciones, pero no recordando nada más.

 

 

Hay poesía en todo, en la tierra y en el mar, en los lagos y en las márgenes de los ríos. La hay también en la ciudad — no lo neguemos —, hecho evidente para mí mientras me encuentro aquí sentado: hay poesía en esta mesa, en este papel, en este tintero; hay poesía en la trepidación de los coches por las calles; en cada movimiento ínfimo, vulgar, ridículo, de ese obrero que, al otro lado de la calle, pinta el rótulo de una carnicería.”

 

 

(Imágenes—1-flores del desierto – Sueo Takano/ 2-Vivían Maier- Nueva York – 1955/3- Pessoa por José de Almada Negreiros)

PERO HABRÁ POETAS SIEMPRE

 

 

“Pero habrá poetas siempre .—escribe Byron —Aunque la fama sea humo,

sus vapores son incienso para la mente de los hombres ,

y los sentimientos  inquietos que un día despertaron

la lírica en el mundo, buscarán lo de siempre.

Pues como acaban rompiendo las olas en la orilla.

Así hasta su linde extrema aportan las pasiones

vitalidad a la poesía, que sólo es pasión o, al menos,

siempre lo fue hasta reducirse a moda.”

(Imagen —Miguel Rita)

HOJITAS DE PAPEL

 

 

“Yo escribía mis poemas – decía el poeta italiano y Premio Nobel de Literatura, Eugenio Montale – en hojitas de papel. Unas veces las conservaba, otras la muchacha las tiraba como basura. Esto asemás porque nunca he tenido hojas de papel. Aún hoy, cuando tengo que escribir una carta, tomo ese papel que da el periódico y que es el peor papel italiano, el más económico. Luego no se puede borrar  ni siquiera con la goma, porque se hacen manchas horribles. Así pues, divido en dos partes la hoja y allí escribo, siempre disculpándome  por el papel. Una vez, el profesor Molaioli, apiadándose por mi caso, me mandó un paquete de papel precioso. Pero ese es demasiado bonito.  Debe de estar allí todavía. Sería menester escribir en él autógrafos inmortales. Entonces, escribía en pedacitos de papel, a veces hasta en billetes de tranvía. Pero no sólo apuntes. Nacían en ellos partes enteras de poemas (…) Pero sigo escribiendo. He escrito poesías durante treinta y cinco años. Son muchos. De hecho ya habría debido morirme. Los grandes poetas mueren pronto. Se ve que soy un poeta muy pequeño, puesto que no muero. Hay excepciones. Víctor Hugo produjo en la vejez. Yeats escribió en la vejez. Pero, ¿por qué? Porque de joven no había encontrado todavía su fisonomía. Comenzó a encontrarla a los cincuenta años.”

(Imagen – Gerhard Richter)