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Posts Tagged ‘pintores franceses del siglo XlX’

 

“De quien guardo el recuerdo más vivo – le decía Renoir a Ambroise Vollard – es de Cézanne. No creo que, en toda la historia de los pintores, se encuentre un caso semejante al de Cézanne. ¡ Haber vivido sesenta y seis años y, desde el primer día que sostuvo un pincel, permanecer tan aislado como si estuviera en una isla desierta! Y también, junto a ese amor apasionado por su arte, una tal indiferencia por su obra una vez hecha, si es que tuvo la oportunidad de “realizarla”.

 

 

Cézanne era un gran artista, un gran hombre, un gran buscador. – le decía también Renoir  a Walter Pach -. Estamos en un período de buscadores más que de creadores. Amamos apasionadamente a Cézanne por la pureza de su ideal. Nunca le pasó por la cabeza otra idea que la de hacer arte. No tenía en cuenta el dinero  ni los honores. A Cézanne lo que le ocupaba era siempre el cuadro venidero – hasta el punto de que concedía poca importancia a lo que ya había hecho (…) Cézanne era un hombre de grandes cualidades y de grandes defectos. Sólo que cualidades y defectos no tienen ninguna importancia. Lo que cuenta es siempre esa pasión del artista, que te arrastra con él”.

 

 

(Imágenes-1- Cézanne- autorretrato/ 2- Cézanne – fumador – foto  state – Hermitage museum/3- Renoir- autorretrato)

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“Mi madre ponía a hervir la olla con agua,

así, antes de coger el autocar de la mañana,

me lavaba el cabello.

Me decía: “Esta mañana tienes que lavarte la cabeza”.

Vertía el agua con un pequeño cuenco de bronce

y me masajeaba lentamente el cabello.

Yo estaba con la cabeza inclinada en el lavabo,

con los ojos que me ardían de sueño.

Nunca tuvimos el butano, en nuestra comarca,

siempre nos las arreglamos con el fuego o con el agua calentada sobre el fogón.

Esta noche recuerdo el ruido del pequeño cuenco que bajaba a la olla,

las manos de mi madre que vertía el agua sobre mi cabeza,

lentamente, temiendo que no bastara”.

Andrea di Consoli – (Poesía italiana del siglo XX) – (edición de Emilio Coco)

(Imagen – Emile Levy)

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Mira la niña el pájaro muerto sobre la mesa y apenas se atreve a tocarlo. La mano no se decide a rozarlo. Hay un mirar perplejo, una indecisión en las pupilas que observan. La palma abierta de la mano izquierda paraliza el aire antes de hacer nada. No sabe qué hacer con esas alas abiertas, con ese cuerpo que es la fragilidad de la inmovilidad.

 

 

Se han alejado los bodegones y las naturalezas muertas, se han apartado los estudios y también los libros permanecen en penumbra; descansan el tintero y la pluma. Sólo está el silencio del juego y el esbozo en sonrisa del niño que sigue los movimientos sobre la mesa. El tiempo ha entrado en esta habitación de la niñez. Fascinación de momentos que él recordará siempre cuando sea mayor, cuando quiera evocar aquélla pequeña figura que le imantaba, aquella peonza que no cesaba de girar y girar. Y cómo él la miraba y la miraba.

 

 

Los ojos perdidos bajo el gran sombrero de hombre adulto, los ojos de León Suys, hijo del arquitecto belga Tilman Suys, nos miran desde el Louvre cuando pasamos ante estas manos y este rostro delicado. ¿Es un cansancio el que delata este niño o es la fuga espiritual por donde escapan sus sueños?

 

 

Resuena el pífano en el museo d Orsay. Largos pantalones rojos sobre fondo neutro, negro muy nítido de la guerrera y los zapatos: adolescente anónimo perteneciente quizá a la banda de la Guardia Imperial. Nos mira cuando pasamos y nosotros miramos sus dedos y sus manos. Se ha detenido para tocarnos el pífano y planta decidido su pie en la superficie. Aún continuaremos oyendo su música cuando pasamos de sala en sala.

(Imágenes- 1-Jean Baptiste Greuze– El pájaro muerto-1800- Louvre/2.-Jean-Simeon Chardin– L Enfant au toton- 1870- Louvre/ 3.- Francois Joseph Navez-jeune garcon songeur- 1831- Louve/ 4.-Edouard Manet– El pífano- 1866- museo d Orsay)

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magritte-bzc-el-arte-dela-conversacion-mil-novecientos-sesenta-y-tres

 

“El motivo de que haya tan pocas personas que resulten agradables en la conversación – leo en lasMáximas morales” de La Rochefoucauld – es que cada cual piensa más en lo que quiere decir que en lo que están diciendo los demás. Hay que  escuchar a los que hablan, si se quiere ser escuchado; hay que dejarles en libertad de hacerse oír y hasta de decir cosas inútiles. En lugar de contradecirles o interrumpirles, como suele hacerse, debemos al contrario, tomar parte en sus ideas y gustos, mostrarles que los escuchamos, hablarles de cosas que les atañen, alabar lo que dicen si lo merece y demostrarles que los alabamos más por convicción que por amabilidad. Hay que evitar discusiones sobre cosas indiferentes, hacer pocas preguntas inútiles y no dar a entender nunca que pretendemos tener màs razón que los demás, así como cederles de buen grado el privilegio de tomar una decisión.

Se deben decir cosas naturales, fáciles y más o menos serias, según el humor y la inclinación de las personas con quienes se conversa; no acosarlas para que aprueben lo que decimos, ni siquiera para que nos contesten. Cuando se han satisfecho de esta suerte los deberes de cortesía, pueden exponerse los propios sentimientos sin prevención ni tozudez, dando a entender que tratamos de apoyarlos con la opinión de aquellos que nos escuchan.

 

gentes-nyu-pierre-bonnard-mil-novecientos-quince

 

Hay que evitar hablar mucho de sí mismo y ponerse a menudo como ejemplo. Nunca será excesivo el interés que pongamos en conocer la inclinación y alcances de aquellos con quienes hablamos, para unirnos a la opinión del que más talento tiene y añadir nuestras ideas a las suyas dándole a entender, en lo posible, que  las tomamos de él. Es de gran habilidad no agotar los temas que se tratan y dejar para los demás algo que pensar y que decir.

Nunca se debe hablar con aire de autoridad, ni utilizar palabras o términos exagerados. Podemos mantener nuestras opiniones cuando éstas son razonables, pero aunque las mantengamos nunca debemos herir los sentimientos de los demàs, ni dar la impresión de que nos escandalizamos de lo que dicen. Es peligroso querer adueñarse siempre de la conversación y hablar con excesiva frecuencia de una misma cosa. Se deben aceptar indiferentemente todos los temas agradables que se presenten y no mostrar jamás que queremos llevar la conversación hacia aquello de lo que nos interesa hablar”.

 

gentes-nju-sombreros-auguste-chabaud-mil-novecientos-ocho

 

(Imágenes-1-´René Magritte- 1963/ 2.- Pierre Bonnard- 1915/ 3.-Auguste Chabaud- 1908)

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paisajes-ggb8-david-hockney-2005-artdaily-org

 

“Mirad las pinturas de Piero della Francesca tan maravillosas y deliciosas de contemplar – decía David Hockney en 1979 al hacer un recorrido por su educación artística -. Pienso que toda persona amante de la pintura no podría sino amar a Piero della Francesca; no puedo imaginar que nadie las encuentre feas desde ningún ángulo que las mire. Cada pintura tiene un tema definido. Cada vez es un episodio de la Historia Sagrada, ¿ no es cierto?  Nuestro placer reside en la manera en que las pinturas están construidas; es eso lo que las mantiene, y no la historia. Pero nosotros ignoramos y no podremos nunca decir hasta qué punto el tema ha inspirado sus obras. Todo el mundo sabe que los artistas, ciertos artistas, tienen necesidad de un tema, que un tema puede ser fértil para su inspiración. Esto es verdad en pintura y en literatura. Ciertos artistas más que otros tienen necesidad de temas, pero se ha minimizado el tema hasta el extremo. En los años sesenta, el tema había sido completamente laminado; la abstracción lo había aplastado todo y la gente creía fírmemente que ese era el camino que debía seguir la pintura. No existía ninguna otra dirección. Incluso yo mismo lo pensaba, y lo pienso aún. Me decía : sí, estoy seguro de que ellos tienen razón, y eso lo he pensado hasta 1966. Es en 1965 cuando yo he pintado mis cuadros más abstractos, probablemente influidos, creo, por la abstracción americana, eso que se llamaba la abstracción fría. Pero lo que marcaba toda la diferencia, sin duda, es que yo tomaba la abstracción como tema, yo la comentaba, yo sentía la necesidad de tomarla como asunto.

 

paisajes-44ssw-david-hockney-montanas-rocosas-e-indios-1965-national-galleries-of-scotland

 

Debo admitir que pienso que la razón por la cual mis cuadros tenían cierto atractivo es porque se podía escribir alguna cosa sobre ellos. Uno puede hablar siempre de forma a propósito de una pintura figurativa, pero eso es otra cosa. Eso facilita las cosas para hablar de pintura. Por otro lado tenemos pintores como Barnett Newman; si se compara Newman con un pintor, digamos, como Degas, creo que se ve que Newman está ante todo preocupado por las ideas, y esto de manera obsesiva, porque él  no es tan buen artista como Degas. Él ante todo está preocupado por la teoría, mientras que Degas, aunque también esté interesado por la teoría, como todo buen artista, no puede ignorarla. Pero es el ojo de Degas, su punto de vista, el que cuenta, las respuestas que él encuentra, las respuestas que él siente.

 

paisajes-44eed-david-hockney-2008

 

(Imágenes- 1-Hockney- 2005-artadaily org/ 2.-Hockney- 1965- national galleries of scotland/ 3.- Hockney- 2008)

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flores-bbve-Henri Fantin Latour- claveles- mil ochocientos setenta y cuatro

 

“Vivimos de modo trepidante.

Mas debéis tomar el paso del tiempo

como cosa sin importancia

entre lo que para siempre permanece.

Lo que transcurre aprisa

pronto ha de pasar,

tan sólo lo que queda

nos inicia.

No pongáis, oh muchachos, vuestro arrojo

en la velocidad,

ni en el empeño de volar.

Las cosas son morosas:

oscuridad y claridad,

la flor y el libro”.

Rainer María Rilke ( traducción Carlos Barral)

(Imagen.- Henri Fantin Latour– 1874)

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arte.-23ss.-cepillando el parquet.-Gustave Caillebotte.-1875.-Mueso D`Orsay

 

Ahora que se expone a Gustave Caillebotte en el Thyssen de Madrid me quedo recordando un célebre cuadro suyo, Cepillando el parquet, y con la memoria evoco esos brazos estirados hacia el esfuerzo, los cuerpos curvados, donde “los músculos de la espalda de los hombres – anota Sue Roe en La vida privada de los impresionistas – parecen táctiles y tensos, y en el que casi se pueden sentir la presión de sus brazos u oler la madera mientras las virutas salen despedidas”. Roe repasa la vida de Caillebotte,  personaje de familia rica, joven serio y reservado, pintor aficionado, ingeniero de profesión, que en 1874 conoce a Monet y Renoir en Argenteuil, y que a partir de entonces se dedicará a ayudar a los impresionistas.

 

Caillebotte- piraguas en el río Yerres-mil ochocientos setenta y siete- el pais

 

Esa pasión y ese ímpetu por ayudarles se refleja en sus cartas; en la enviada, por ejemplo, a Pisarro en 1881: ” ¿Cómo van a acabar nuestras exposiciones? – pregunta con inquietud-  Me gustaría saber qué le importan al público nuestras discusiones particulares. Somos unos tontos al disputar de este modo. Degas nos ha traído la desorganización. Para él es una desgracia tener ese carácter tan difícil. Mejor sería que pintara un poco más. Que tenga cien veces razón en lo que dice, que hable con un ingenio y un sentido común infinitos, nadie lo duda. Pero no es menos verdad que los verdaderos argumentos de un pintor son su pintura, y aunque siguiera teniendo mil veces más razón hablando, estaría, sin embargo, más en la verdad trabajando”.

 

Caillebotte- nug- indecolors com

 

El cuadro Cepillando el parquet, de 1875, representó a Caillebotte en Nueva York. Este lienzo mostraba la profunda comprensión del pintor por la textura y ritmos de la madera, con la que Caillebotte estaba familiarizado por ser él mismo navegante y astillero aficionado. “Hombre retraído, tímido y comedido, como recuerda Roe,  buscó cada vez más  retirarse a su vida privada. Sus disputas con Degas acabaron finalmente con su paciencia y, paulatinamente, fue dejando de exponer con el grupo”.

 

Caillebotte- btg- lainformacion com

 

Los jardines y los barcos fueron algunas de sus pasiones. Su barco, el Roastbeef, representado en muchos de sus cuadros, fue comentado por Rodolphe Rapetti diciendo ” que había que tener en cuenta que los veleros concebidos y pilotados por Caillebotte formaban parte de las embarcaciones que entonces permitían al hombre experimentar una sensación de velocidad antes inimaginable. En muchos cuadros en los que pinta veleros fondeados le sentimos atraído por la belleza de sus líneas, que él representa con un tipo de dibujo tras el que se adivina la personalidad del constructor naval”.

 

flores.-7hnnmm.-rosas.-Gustave Caillebotte.-rosas en el jardín del Petir Gennevilliers

 

En los últimos años de su vida, como señaló Tabarant, los días se reparten “entre su estudio, su jardín y su embarcadero, construido en el Sena. La pintura, las flores, los barcos (…) Disfrutaba corriendo con el viento, deslizándose sobre el agua, y a menudo bajaba así por el río hasta Giverny, donde se acercaba a saludar a su amigo Claude Monet”.

 

Caillebotte-byj

 

(Imágenes.- 1.-Cepillando el parquet- 1875/ 2.-piraguas en el lago Yerres- 1876- elpais/ 3-indecolors/ 4.-rosas en el jardín del petit gennevilliers/ 5.- un balcón en el bulevard Haussmann- 1880)

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