CRÍTICOS DE AYER, CRÍTICOS DE HOY

«En todos los periódicos hay un encargado de los elogios, un chico sin malicia, bondadoso y capaz de convertir una crítica en un vaso de leche pura. Sus frases son redondas y sin ninguna clase de picante. Se encuentra en estado de alabanza continua, y alaba haciendo uso de una infinidad de giros tan desagradables como ingeniosos; tiene recetas para todos los casos, machaca una rosa y la destila a tres columnas con la gracia de un joven perfumista; sus artículos tienen la inocencia de los monaguillos que portan el incensario en sus manos».

«El crítico bravo quiere hacerse un nombre, o al menos lo espera, atacando a las grandes reputaciones; es conocido por apuñalar los libros, por deslomarlos; es un matador-jurado. Este descuartizador literario no discute la obra, la despedaza; no la examina, la masacra. Cree pues que admiran la fuerza de su pluma, el vigor de sus razonamientos, y la gracia con la que machaca al paciente. Sus artículos son ejecuciones».

«Existe en París una veintena de empresas de escándalo, de la mofa a cualquier precio, del griterío impreso, de las cuales algunas son ingeniosas, maliciosas; son algo así como las tropas ligeras de la prensa. Casi todos los principiantes, más o menos poetas, hormiguean en estos periódicos soñando con puestos elevados, atraídos a París como los moscardones por el sol, con la idea de vivir de balde en el rayo de oro y de alegría lanzado por las editoriales o por los periódicos. Enredan en las editoriales, se insinúan a las revistas y logran con dificultad, perdiendo su tiempo y su juventud, promocionarse. Estos bravos muchachos creeen que el ingenio les exime de pensar: toman la envidia por musa, y cuando miden la distancia que separa un libro de las columnas de un periódico, cuando recorren las landas ubicadas entre el estilo y las contadas frases de las columnas de un pequeño periódico, sus cerebros se desecan, caen agotados y se transforman en directores de folletines, en empleados de algún ministerio».

Leídas estas frases escritas por Balzac en 1843, en su Monografía de la prensa parisina (Los periodistas) (Comunicación Social. Ediciones y publicaciones) hacen pensar en los críticos de ayer y de hoy, en las evoluciones del periodismo.

(Imágenes:-1- Al Held.-Robertas Trip ll.-1986.- foto Held Foundation.-licenciado por Vaga.-Nueva York.-The New York Times/ 2.-Ald Held Apertura l.-1996.- fotos Al Lugar Foundation.-Licenciado por Vaga.-Nueva York.-The New York Times/ 3.-Jaspers Jons.-Map – 1961-foto Jasoers Jons.-Licenciado por Vaga.-Nueva York.-The New York Times)

EDITORIALES EN EL SUELO

Como cada vez hay más gente que lee menos periódicos, aparecen en Madrid de vez en cuando editoriales escritos en el suelo. Páginas de piedra ante las que el ojo queda fijo y que los dedos no pueden hojear.

En la madrileña calle de Las Huertas, mientras los pasos lectores avanzan silenciosos por el Barrio de las Letras, Quevedo les recuerda en su primera página de hoy:

«Miré los muros de la patria mía,

si un tiempo fuertes, ya desmoronados,

de la carrera de la edad cansados,

por quien caduca ya su valentía»

(…)

El asfalto, inconmovible, entrega su sabia lección de piedra.

(Imagen.-calle de las Huertas, 13 marzo 2010.-foto JJP)

DELIBES Y EL ABORTO LIBRE

Copio de la Tercera página del ABC de ayer este antiguo artículo de Delibes, varias veces reproducido en la prensa:

Miguel DELIBES de la Real Academia Española
Domingo , 14-03-10
«En estos días en que tan frecuentes son las manifestaciones en favor del aborto libre, me ha llamado la atención un grito que, como una exigencia natural, coreaban las manifestantes: «Nosotras parimos, nosotras decidimos». En principio, la reclamación parece incontestable y así lo sería si lo parido fuese algo inanimado, algo que el día de mañana no pudiese, a su vez, objetar dicha exigencia, esto es, parte interesada, hoy muda, de tan importante decisión. La defensa de la vida suele basarse en todas partes en razones éticas, generalmente de moral religiosa, y lo que se discute en principio es si el feto es o no es un ser portador de derechos y deberes desde el instante de la concepción. Yo creo que esto puede llevarnos a argumentaciones bizantinas a favor y en contra, pero una cosa está clara: el óvulo fecundado es algo vivo, un proyecto de ser, con un código genético propio que con toda probabilidad llegará a serlo del todo si los que ya disponemos de razón no truncamos artificialmente el proceso de viabilidad. De aquí se deduce que el aborto no es matar (parece muy fuerte eso de calificar al abortista de asesino), sino interrumpir vida; no es lo mismo suprimir a una persona hecha y derecha que impedir que un embrión consume su desarrollo por las razones que sea. Lo importante en este dilema es que el feto aún carece de voz, pero, como proyecto de persona que es, parece natural que alguien tome su defensa, puesto que es la parte débil del litigio.
La socióloga americana Priscilla Conn, en un interesante ensayo, considera el aborto como un conflicto entre dos valores: santidad y libertad, pero tal vez no sea éste el punto de partida adecuado para plantear el problema. El término santidad parece incluir un componente religioso en la cuestión, pero desde el momento en que no se legisla únicamente para creyentes, convendría buscar otros argumentos ajenos a la noción de pecado. En lo concerniente a la libertad, habrá que preguntarse en qué momento hay que reconocer al feto tal derecho y resolver entonces en nombre de qué libertad se le puede negar a un embrión la libertad de nacer. Las partidarias del aborto sin limitaciones piden en todo el mundo libertad para su cuerpo. Eso está muy bien y es de razón siempre que en su uso no haya perjuicio de tercero. Esa misma libertad es la que podría exigir el embrión si dispusiera de voz, aunque en un plano más modesto: la libertad de tener un cuerpo para poder disponer mañana de él con la misma libertad que hoy reclaman sus presuntas y reacias madres. Seguramente el derecho a tener un cuerpo debería ser el que encabezara el más elemental código de derechos humanos, en el que también se incluiría el derecho a disponer de él, pero, naturalmente, subordinándole al otro.
Y el caso es que el abortismo ha venido a incluirse entre los postulados de la moderna «progresía». En nuestro tiempo es casi inconcebible un progresista antiabortista. Para éstos, todo aquel que se opone al aborto libre es un retrógrado, posición que, como suele decirse, deja a mucha gente, socialmente avanzada, con el culo al aire. Antaño, el progresismo respondía a un esquema muy simple: apoyar al débil, pacifismo y no violencia. Años después, el progresista añadió a este credo la defensa de la Naturaleza. Para el progresista, el débil era el obrero frente al patrono, el niño frente al adulto, el negro frente al blanco. Había que tomar partido por ellos. Para el progresista eran recusables la guerra, la energía nuclear, la pena de muerte, cualquier forma de violencia.
En consecuencia, había que oponerse a la carrera de armamentos, a la bomba atómica y al patíbulo. El ideario progresista estaba claro y resultaba bastante sugestivo seguirlo. La vida era lo primero, lo que procedía era procurar mejorar su calidad para los desheredados e indefensos. Había, pues, tarea por delante. Pero surgió el problema del aborto, del aborto en cadena, libre, y con él la polémica sobre si el feto era o no persona, y, ante él, el progresismo vaciló. El embrión era vida, sí, pero no persona, mientras que la presunta madre lo era ya y con capacidad de decisión. No se pensó que la vida del feto estaba más desprotegida que la del obrero o la del negro, quizá porque el embrión carecía de voz y voto y políticamente era irrelevante. Entonces se empezó a ceder en unos principios que parecían inmutables: la protección del débil y la no violencia. Contra el embrión, una vida desamparada e inerme, podría atentarse impunemente. Nada importaba su debilidad si su eliminación se efectuaba mediante una violencia indolora, científica y esterilizada. Los demás fetos callarían, no podían hacer manifestaciones callejeras, no podían protestar, eran aún más débiles que los más débiles cuyos derechos protegía el progresismo; nadie podría recurrir. Y ante un fenómeno semejante, algunos progresistas se dijeron: Esto va contra mi ideología. Si el progresismo no es defender la vida, la más pequeña y menesterosa, contra la agresión social, y precisamente en la era de los anticonceptivos, ¿qué pinto yo aquí? Porque para estos progresistas que aún defienden a los indefensos y rechazan cualquier forma de violencia, esto es, siguen acatando los viejos principios, la náusea se produce igualmente ante una explosión atómica, una cámara de gas o un quirófano esterilizado».
Así concluía Delibes.
A veces en un blog no hay nada más que decir.
(Imagen:1.- Mary Cassatt.-artnet/ 2.- Elisabeth Catlett, 1944.-The Metropolitan Museum)

DELIBES : SOMBRA ALARGADA SOBRE LA FAMILIA

Ángeles de Castro, la mujer de Miguel Delibes, era más abierta que el gran escritor, más comunicativa. Ella le facilitó su relación con el mundo, y cuando ella faltó Delibes dejó de cantar sobre aquella bicicleta suya lanzada a toda velocidad cuestas de Santander abajo camino de Burgos, frases que iba recogiendo el aire mientras Delibes cantaba: «¡Soy el hombre más felíz, soy el hombre más felíz!».

Lo contaba él mismo en una trenzada entrevista radiofónica con tres de sus hijos – Miguel, Elisa y Adolfo – de los siete que el escritor tuvo, cuatro de ellos biólogos. Delibes inculcó un gran sentido de la austeridad a sus hijos; Adolfo recordaba que el escritor no se dio ni un capricho; pudiendo hacerlo no se compró una buena escopeta ni tampoco un buen coche; Miguel evocaba a su vez  que su padre les dio la lección de no requerir nada que no fuera necesario, les señaló el sentido de valorar mucho a los demás, la realización práctica de la compasión, lo que hoy de algún modo se define como solidaridad.

De carácter fuerte, hombre serio, los nervios, los agobios, ciertas angustias – siempre según sus hijos – le acompañaron siempre. Le costaba dar la razón al contrario, y llevaba consigo al andar por la vida esa retranca de humor que bordeaba su pesimismo vital. Las relaciones de Delibes con la gente (sigo el hilo de lo que a su padre, en la radio, le recordaban sus propios hijos en una conversación entrañable) no eran fáciles: no le gustó ser reconocido durante años y solamente con la edad y con los primeros achaques se resignaba a conversar con quien le detenía en sus paseos por Valladolid.

Fue en uno de estos paseos – la vida está empedrada de anécdotas -, cuando un joven viandante se le acercó. Delibes iba con su hijo Miguel. Decidido, con un cuaderno y una pluma en la mano, aquel que le miraba le pidió un autógrafo: «Perdone que le pare – le dijo el paseante -, pero es usted Azorín«. Delibes, muy serio, le respondió: «Joven, Azorín lleva mucho tiempo criando malvas». Y cuando el personaje se alejó, el escritor le comentó a su hijo: «Hoy cuando llegue a casa le dirá a su madre: «Mamá, he estado con Azorín y él lo ha negado». Es la vida».

Como la vida sigue empedrada de anécdotas,  esta vez un niño, rompiendo las filas de un colegio, se le acercó exultante. «¿a que es usted Miguel Boyer? ¿puede darme un autógrafo?». Delibes miró enternecido a la criatura y le escribió sin dudarlo en la página: «Miguel Boyer«. Pero lo que en cambio se negó a firmar fue la dedicatoria para un perro reiteradamente suplicada por el dueño del animal en la Feria del Libro. Como se ve, las anécdotas son impensables.

Me escribí con Delibes en varias ocasiones, con motivo de su novela «La hoja roja», en 1959, al comentar en «La Estafeta Literaria» aquel excelente libro. Años más tarde, en 1987, nos veríamos largamente con ocasión de su doctorado Honoris Causa en la Facultad de Ciencias de Información. Allí, una vez más, se unió literatura y periodismo en este gran escritor de nuestro tiempo.

Pero entre las perdices rojas, los pájaros y las truchas, entre las madrugadas de caza, entre las ruedas de su bicicleta recorriendo la defensa del Planeta, está el silencio y el trabajo constante de tantos manuscritos minuciosos, tantas consultas sobre lenguaje, tan precisas vestimentas para arropar a personajes, historias de Castilla la Vieja que echaban a andar para «pegar la hebra» de la conversación. Sus hijos guardan el recuerdo de su discrección a la hora de escribir. No conocieron «Señora de rojo sobre fondo gris» mas que cuando estuvo publicada. Ángeles, la mujer de Delibes, era a la que le leía lo que escribía, y cuando ella murió pidió a su hijo mayor que escuchara también: «Lee esto – le dijo – porque antes lo leía tu madre y ahora no está». A una de sus hijas, que se dedicaba a la moda, le pidió detalles para un personaje de «Diario de un jubilado«, un paleto que quería ser pretencioso. «¿Cómo lo puedo vestir?», le preguntó. Y la hija del escritor le habló de modelos de zapatos y de cuellos muy grandes para las camisas, que Delibes apuntó.

Ahora, en el vaivén de cielos y purgatorios que ondula siempre en las Historias de la Literatura, cuando las aguas del tiempo se remansen, la perspectiva, al filo del horizonte, nos mostrará al Delibes que quedará entre tantas lecturas. Le diremos mientras pasan las páginas, «Don Miguel, Dios le guarde«, que era el saludo que más le gustaba cuando daba paseos por las calles de Valladolid.

(Imágenes:-1.-Migel Delibes y su mujer..-foto Efe.-elmundo.es/ 2.-foto el mundo.es/ 3.-apuntes para «El hereje».-foto Carlos Arranz.-el mundo.es/ 4.-foto el mundo.es)

TOROS Y PERIODISMO

Ahora que los tendidos de la vida están divididos entre taurinos y antitaurinos, quizá sea curioso recordar algunas de las cosas que el periodismo recogió en torno a la Fiesta. J López Pinillos (Parmeno) escuchaba de labios de Juan Belmonte –  respetando su acento peculiar sevillano y trasladándolo en lo posible al lenguaje de la entrevista – las palabras del diestro, y así las entregaba a los lectores en «Lo que confiesan los toreros» (Turner):

«¿Mi mayor apuro? El de Tablada. Escuche usté. – le decía Belmonte al periodista – Por entonses yo no había toreao más que en los tentaderos y en los puebleciyos, y pa aprender iba de noche a Tablada con otros muchachos, ensendía unas luses de asetileno que yebábamos de Seviya y me ensayaba con las reses del corralón. Un amigo íntimo de mi padre, Carderón, el banderiyero, que, como por aquella época no toreaba, iba hasia Nimes pa vender porvorones y mantecaos – y por sierto que se comió las muestras en el camino -, me escribió desde Valensia ofresiéndome una corrida, y dos noches antes de emprender el viaje, al salir yo del teatro con mi terno nuevo – que tenía tres temporás -, me encontré a Riverito, a Toboso y a otros amigotes y nos fuimos a Tablada. Tuvimos la suerte de que uno de los bichos embistiera con bravura, y ya habíamos resuelto chaquetearlo hasta que se cansara, cuando se levantó un airaso que apagó las luses, y mis amigos, prudentemente, se fueron. Yo, que, enfrascao toreando, me quedé, le di algunos lanses al bulto – porque no veía más que un bulto – y de pronto sentí un choque, subí como una flecha, caí como un peñón, oí unos resoplíos y aguanté unos trastasos… y al levantarme comprendí que más decentemente entraría en Valensia en carsonsiyos que con la aljofifa que había dejado el toro sobre el cuerpo».

Cuando el entrevistador le pregunta a Belmonte por su toreo, el diestro comenta primero su cogida en Granada y pasa después a explicar lo que para él son las «reglas»:

«Mi cogida en Granada es una cogida que nadie vio cómo fue, y yo, menos que nadie. Estaba toreando de muleta a un toro de Nandín, confiao y seguro; di un lanse, pasó to el bicho debajo de la franela, desde los pitones hasta el rabo, y de pronto ¡purrumpumpúm!, me encontré en el aire, pegué un  guarraso bestial y me recogieron con la ropa hecha trisas ¿Cómo fue?… Yo todavía estoy esperando que me lo expliquen.

Yo no sé las reglas del toreo – sigue diciendo Belmonte -, ni tengo reglas, ni creo en las reglas. Yo «siento» el toreo, y, sin fijarme en reglas, lo ejecuto a mi modo. Eso de los terrenos, el del bicho y el del hombre, me parese una papa. Si el matador domina al toro, to el terreno es del matador. Y si el toro domina al matador, to el terreno es del toro. Esa es la fija. Y lo de templar, mandar, parar y recoger depende de los nervios del tocaor y de la madera de la guitarra ¿Me comprende? Y de cuando en cuando, el toque no le disgusta a uno y no entusiasma al público. Por ejemplo: yo, que no me engrío nunca con lo que hago, el año 15 toreé y maté a mi gusto, en Seviya, un toro de Santa Coloma, y la gente me aplaudió menos que otras tardes que había toreao y matao mejor. Pues ¿y los oles y los aplausos que saca uno si se arrodiya?… Y como casi siempre se arrodiya uno porque la guitarra no le deja tocar bien…».

Ahora que los tendidos de la vida – también los periodísticos – dividen sus opiniones entre taurinos y antitaurinos, volver a «lo que confiesan los toreros» – Joselito, Belmonte, Rafael el Gallo y tantos más – es al menos un ejercicio evocador de originales entrevistas.

(Imágenes:- 1.-Juan Belmonte ( a la derecha) junto a Joselito «el Gallo», en la plaza de Murcia, en abril de 1920.-wikipedia/ 2.-retrato de Belmonte, por Ignacio Zuloaga)

EL DETALLE EN EL PERIODISMO

«Cuando Gabriel García Márquez sale de de su casa de Bogotá, se desplaza en un Lancia Thema Turbo de 1992, un sedán personalizado, de tamaño medio, de color gris metalizado, con ventanillas a prueba de balas y chasis a prueba de bombas -contaba Jon Lee Anderson en The New Yorker en 1999 -. Lo conduce Don Chepe, un  fornido ex guerrillero que trabaja para García Márquez desde hace más de veinte años. Tras ellos, en otro vehículo, van algunos agentes del servicio secreto, a veces hasta seis. Un sedán de aspecto normal, a prueba de bombas y con un motor potente es un  coche seguro en un país en que todos los meses se secuestra a casi doscientas personas y se mata a más de dos mil». Esto que cuenta Anderson es el «toque humano» en el periodismo, la precisión en el dibujo de los detalles, aquello que el periodista confirma al comentar cómo va componiendo sus reportajes y perfiles: «Si algo se vuelve cotidiano, nos olvidamos de los detalles – dice -; mis anotaciones de los primeros días son las mejores; mi ojo es subjetivo; sin escenas no hay artículo; las escenas iluminan la pieza; si logras encontrar algo de humor para incluir en el perfil, eleva la pieza…».

Gracias a hacerse muy subjetivo el ojo del periodista y a observar siempre con gran atención, Anderson nos continúa relatando cómo en todas las casas donde García Márquez ha pasado largas temporadasCiudad de México, Cuernavaca, Barcelona, París, La Habana, Cartagena de Indias o Barranquilla -, el novelista colombiano posee el mismo modelo de ordenador Macintosh, que le permite trabajar donde quiera que esté: «por lo general – añade Anderson – se despierta a las cinco de la madrugada, lee un libro hasta las siete, se viste, lee la prensa, responde al correo electrónico y a eso de las diez, «pase lo que pase», está sentado a la mesa, escribiendo, donde permanece hasta las dos y media».

Narra todo ello Jon Lee Anderson en «El dictador, los demonios y otras crónicas» (Anagrama) y a través de ese libro  también conocemos – con motivo de la visita del periodista a la residencia del Rey de España en Madrid – que un poco más abajo del edificio, «discretamente empotrado en un monte de poca altura, hay un anexo para el personal, unido al Palacio por un  pasillo subterráneo, bordeado de vitrinas en las que se exponen maquetas de barcos, exquisitamente construidas, de la colección privada del rey». Como igualmente Anderson da noticia de que en el cesped de ese Palacio, delante de una de las salas de protocolo, hay una escultura en piedra marrón del artista Eduardo Chillida que parece un trono.

Es siempre el detalle, la observación del ojo subjetivo que todo periodista debe tener en el centro de su atención para intentar luego ser lo más objetivo posible en el conjunto. Siempre es el detalle el que capta el interés del lector. Sobre el detalle y su importancia he hablado alguna vez en Mi Siglo. En el campo de la literatura aparece también el detalle en el singular ejemplo de Marcel Schwob con sus «Vidas imaginarias» (Barral) en las que – como recuerda Borges al prologarlas «(Biblioteca personal«) (Alianza)  -«los protagonistas son reales; los hechos pueden ser fabulosos y no pocas veces fantásticos. El sabor peculiar de este volumen está en ese vaivén», comenta BorgesY aSchwob, en esas «Vidas imaginarias» nos dice que «el día de Waterloo Napoleón estaba enfermo (…), que Alejandro andaba ebrio cuando mató a Klitos, que la fístula de Luis XlV pudo influir en alguna de sus decisiones (…), que Diógenes Laercio nos enseña que Aristóteles llevaba sobre el estómago un odre de aceite caliente (…), que Aubrey, en las «Vidas de las personas eminentes«, nos confiesa que Milton «pronunciaba la r muy dura», que a Erasmo «no le gustaba el pescado, aunque había nacido en una ciudad de pescadores», y que en cuanto a Bacon, «ninguno de sus servidores habría osado presentarse ante él con botas que no fueran de cuero de España, pues sentía al instante el olor del cuero de becerro y le resultaba muy desagradable».

El detalle. Siempre la atención al detalle en la fabulación o en la realidad. El detalle nos revela la atmósfera o nos retrata al individuo.

 Hoy.  O – como en el caso de Schwob – hace más de un siglo.

(Imágenes:- 1. Kikmet Karabulut.-Lebriz.com.-Estambul.- Turquía.-artnet/ 2.-Othman Moussa.- 2008.-Ayyman Gallery.-Damasco.-Dubai.-United Arab Emirates.-Beirut.-artnet)

EL SIGLO XlX Y LA SONRISA

«El sombrerero Fulano de Tal, deseando acabar cuanto antes con su corta existencia, se propone dar sus sombreros más baratos», recogía Larra en su artículo «El café«.

«Se venden sombreros para niños de paja; medias para clérigos de lana y cajas para difuntos completos y de medio herraje; zapatos para hombres rusos hechos en Madrid, y camas de matrimonio con su cópula correspondiente», recordaba Mesonero Romanos en «Escenas matritenses«.

Ramón Gómez de la Serna decía que «el humorismo es el glóbulo amarillo de la circulación», pero aquí no hay humorismo consciente sino errores gramaticales en los periódicos de la época que critican con rapidez tanto Mesonero como Larra. Puede leerse en la prensa de entonces que se «venden zapatos para muchachos rusos, pantalones para hombres lisos, escarpines de mujer de cabra, elásticos de hombre de algodón». Se han cambiado las palabras, se ha hecho prestidigitación con los vocablos: «el lunes 8 del corriente, por la tarde, se perdió un librito encuadernado en papel de poesías alemanas, titulado Charitas, 20 de octubre»; «el miércoles 10 del corriente se extraviaron del palco bajo número 8, en el Teatro de la Cruz, unos anteojos dobles, su autor Lemiere, metidos en una caja de tafilete encarnado, 16 de octubre».

El ojo lector que recorre la prensa de entonces se asombra de que todas aquellas piedrecillas fueran sembrando los caminos. Hoy, a pesar de los avances, muchas veces ocurre igual.  Nadie en un períódico se dedicó a corregir en el XlX los errores enviados por los particulares. Por eso se leía que «en la calle del Baño, número 16, cuarto segundo, se venden desde hoy hasta el 12 del corriente, desde las diez de la mañana hasta el anochecer, pinturas originales de los pintores más clásicos y de varios tamaños, a precios equitativos».

Aquello no era humor sino torpeza gramatical que al fin provocaba la indignación envuelta en la sonrisa. Otro tipo de fino humor, en cambio, lo mostrará también en ese siglo, y entre otros escritores, Galdós en «Miau«, al retratar a los cursis: «Anoche me contó Bibiana Cuevas que en el Paraíso del Real nos han puesto un mote: nos llaman las de «Miau» o los «Miaus», porque dicen que parecemos tres gatitos, sí, gatitos de porcelana de esos con que se adornan ahora las rinconeras. Y Bibiana creía que yo me iba a enfadar por el apodo. ¡Qué tonta es!… ¿ Somos la risa de la gente?… Somos unas pobres cursis. Los cursis nacen y no hay fuerza humana que les quite el sello… Seré mujer de otro cursi y tendré hijos cursis a quienes el mundo llamará «los Michitos».

(Imagen:-1.- Objet (Soap Bubble Set).-1941.-Joseph Cornell.-artnet/2.-gato.-Pierre Bonnard.- 1903.-Olga s Gallery)

NIEVE Y LITERATURA

Copio del blog que ayer escribe en El Mundo mi amigo, el periodista Daniel Utrilla, desde Moscú, y en el que tiene la amabilidad de citarme:

«(…) yo me alegro de que (por el momento) no haya cuajado el plan anti-nieve de Luzhkov, conocido por sus propuestas faraónicas, que van desde voltear el curso de los ríos siberianos para regar las tierras de Asia Central, hasta la idea de rescatar a bañistas en apuros con flotillas de dirigibles. Y digo que me alegro porque el alcalde (que ha declarado la guerra a la nieve por cuestiones de ahorro financiero) no parece calibrar el daño espiritual que para los escritores y pintores moscovitas supondría borrar las nevadas, un fenómeno que -como recuerda José Julio Perlado en su libro ‘El ojo y la palabra’– ha derretido la sensibilidad de todos los escritores, «bien sea del siglo IX antes de Cristo o del siglo XX de nuestra era».

Una infancia sin nieve es como una vejez sin brasero. Sobre todo para la imaginación de genios como Vladimir Nabokov, que cuando de pequeño veía nevar desde el balconcillo cerrado del segundo piso de su casa petersburguesa sentía que se elevaba como en una cesta de globo aerostático, sensación harto distinta de la que sintieron anoche los conductores atrapados en el monumental atasco de Moscú, obligados a circular a una velocidad entre 3 y 7 kilómetros por hora (desesperante pero apropiada no obstante para la contemplación).

La levitación que Nabokov refiere en su biografía novelada ‘Habla Memoria’ (1967) aparece cristalizada en forma de literatura en un pasaje de su cuento ‘Batir de Alas’ (1923): «Las suaves y sordas partículas de nieve crujían en susurro contra los cristales de la ventana, mientras caían y caían y no dejaban de caer. Si uno se quedaba mirando durante un rato, tenía la impresión de que todo el hotel había empezado una lenta ascensión hacia las alturas«.

Boris Pasternak espolvoreó con nieve su novela mítica ‘Doctor Zhivago’, como ocurre cuando los personajes se disponen a salir de Moscú en tren rumbo a los Uralesgrandes copos aterciopelados descendían perezosamente y a poca distancia del suelo parecían vacilar un instante, no sabiendo si posarse en él») o como cuando ya en el tren el protagonista se fija en la nieve que cae pausadamente sobre las vías «como si los copos se quedasen inmóviles en el aire y se posaran luego lentamente, como descienden en el agua las migas de pan dadas a los peces«.

(Mi agradecimiento a Daniel Utrilla en esta cercanía de la distancia)

Imagen.- nieve.-flick)

UN CORRESPONSAL ENTRE BASTIDORES

Roma.-Plaza de España.-1986.-por Richard Estes.-artnetAparecen ahora en MI SIGLO – encabezando el apartado Enlaces a mi obra – las cuatro entrevistas que Onda Cero ha tenido la amabilidad de proponerme hace pocas semanas preguntándome sobre mi trabajo periodístico y sobre mis tareas de corresponsal. La Radio ha querido titularlas respectivamente  «Azorín», «Fellini», «París»y «Roma» y condensan algunas de las experiencias que he tenido la suerte de vivir como profesional. Escribo expresamente la suerte porque no siempre se encuentra uno en países y en épocas tan vibrantes de noticias. Yo he tenido esa suerte en Italia y en Francia, y cuando la suerte no ha venido hacia mí he ido yo hacia ella buscando aquello que más me interesaba, sin dejar de realizar, naturalmente, mi quehacer cotidiano de corresponsal.

PARIS.-FElix Hilaire

Cuando se me pregunta qué entrevista o qué encuentro me dejó más impresionado siempre veo el rostro de Georges Pompidou a mi lado el 16 de junio de 1969. Un minuto antes era el candidato a la Presidencia de la República Francesa; un minuto después no era un hombre: era una nación. «Je suis la France«, pronunció en tono solemne, con el semblante cambiado. Cuando se me insiste sobre qué momento recuerdo con más intensidad viene hasta mí aquel despachito de Roma, en 1964, cuando el académico francés Jean Guitton me leyó emocionado parte del discurso que al día siguiente, a las 9 de la mañana, pronunciaría ante todo el Concilio y ante el Papa. Pero los recuerdos vuelan: me veo también sentado en un banco, a primeras horas de la noche de un día de junio de 1963, en la inmensa nave desierta de la Basílica de San Pedro, frente por frente a Juan XXlll muerto, escoltado sólo por la guardia suiza . Allí, en aquel banco, ante el cadáver del Papa, con la Basílica vacía de gentes, escribí la crónica periodística. Vuelan de nuevo los recuerdos y me veo igualmente, sentado en Roma, en 1964, ante el dramaturgo Diego Fabbri, en su despacho de Director de «La Fiera Letteraria«, hablando de Pirandello, de Ugo Betti y de cómo Fabbri escribió «Proceso de familia«.

París.-Jules Aarons.-Paris 1953.-artnet

Esa puerta del despacho de Fabbri se abre a otras muy numerosas puertas, y cuatro años después, ya en París, escucho atentamente tanto a Gabriel Marcel  como a Robert Bresson. La puerta de los Estudios de Boulogne-Billancourt donde ví a Bresson y la puerta del despacho de Marcel en la rue Tournon abren paso también a otros pasillos y  a otros butacones desde donde, ya en Madrid y años más tarde, observo la sortija en las manos de Mujica Láinez, la imponente altura de Cortázar, los ojos tras las gafas de Onetti, el acento de Luis Rosales. Muchos de estos encuentros están ya en los libros, otros en MI SIGLO, otros algún día aparecerán. Haber encontrado a tales rostros no tiene más mérito que el de la curiosidad intelectual. Uno ha ido desde niño detrás de los autores, subrayando sus obras, interesado por las labores del espíritu. Uno se ha colocado entre los bastidores de la creación – en el taller de Pablo Serrano, cruzando descampados con Juan Barjola – y allí ha notado qué bien se está entre esos bastidores, entre dos luces, contemplando de reojo el patio de butacas. Avanza ante las candilejas el pintor, el escritor, el sabio, esperando los aplausos, esperando las críticas, sin apenas darse cuenta de que está haciendo Historia.

(Imágenes.-1.-Roma.-por Richard Estes.-artnet/ 2.-París.-por Félix Hilaire Buhot.-Zygman voss Gallery.-artnet/ 3.-París.-por Jules Aarons.- flickr)

EL PERIODISMO Y FRANCISCO AYALA

AYALA.-foto José Aymá.-elmundo.es«Entre los diversos oficios que, sin perseverancia ni desde luego ánimo alguno de ligarme a ellos, y tan sólo por razón de la pura necesidad, debí ejercer en mis años de estudiante, cuando ya incluso tenía publicado algún que otro escrito en alguna que otra revistilla, recuerdo haber hecho de periodista durante unos pocos meses en la redacción de El Debate. Estuvo asignado mi trabajo a las horas de la noche, y esta nocturnidad, a la que siempre he sido refractario, se me hizo soportable en la breve temporada de forzosa vela gracias a las delicias del verano madrileño, tan injustamente vituperado con frecuencia, en el que las ventanas abiertas dejaban pasar a aquellas horas el aire templado y un silencio agradable de la calle.

Ahí, en la sala de redacción, me adiestré yo en aderezar – hinchar – los sucintos telegramas, y en darle vuelta – como se decía – a noticias obtenidas de segunda mano, sacadas de fuentes menos directas, para de ese modo disimular su origen; y todo ello bajo la orientación maestra de un compañero tísico, astroso y desaseado, a quien divertían mis comentarios mordaces, sobre todo si apuntaban contra nuestros más altos jefes. He de confesar que, autodidacta, aprendí más entonces de la práctica misma que de los rutinarios consejos de aquel compañero oficioso. Y de cualquier manera no debió de ser mucho lo que aprendiera en un empleo tan efímero como servido a desgana. Con el otoño de aquel año llegó el final de mi experiencia de periodista profesional amarrado al duro banco de una mesa de redacción.

Años más tarde estuve encargado, también por un período no demasiado largo, de redactar los artículos editoriales de El Sol y, a veces, los del diario Luz que fundó Ortega y Gasset. Después, y hasta el momento presente, he seguido colaborando siempre con trabajos firmados en publicaciones diversas. Y en dos de mis obras de imaginación literaria me he divertido imitando, de forma paródica, la prosa de las gacetas informativas. En mi novela El fondo del vaso, cada una de cuyas tres partes hace avanzar el argumento usando una técnica diferente, la segunda de ellas despliega el material narrativo mediante el recurso de fingir que un periódico local da cuenta a sus lectores de las peripecias de una investigación judicial: «El caso del Junior R., a través de algunos recortes del diario capitalino El Comercio«. También mi libro El jardín de las delicias contiene una sección donde ofrezco muestras de las noticas que suelen dar los periódicos».

Y Francisco Ayala proseguía: «A la retórica del periodismo me propongo – según dije – dedicar las presentes consideraciones»:

Francisco Ayala: «La Retórica del periodismo«.-(Discurso leído el 25 de noviembre de 1984 en el Acto de su Recepción pública en la Real Academia Española)

(Pequeño recuerdo del escritor español fallecido hoy)

(Imagen:- Francisco Ayala.-foto José  Aymá.-elmundo.es)

DE AZORÍN A UMBRAL : EL PERIODISMO LITERARIO ESPAÑOL

Portada_libro

«El periodismo literario no tiene nada que ver –decía Francisco Umbral – con los suplementos literarios y otros dominicales, cuya oferta se hace hoy por arrobas, sino que está incardinado en la maquinaria más íntima del periódico, en su cilindrada ideológica e intelectual. Una buena columna vende más que el rancio destape o la muerte de un torero. Porque los columnistas, como los viejos rockeros, de los que algo tienen, son unos viejos muchachos que nunca mueren«.

Acaba de publicarse el muy interesante volumen coordinado y editado por Javier Gutiérrez Palacio » De Azorín a Umbral.-Un siglo de periodismo literario español» (Centro Universitario Villanueva/Netbiblo) que recoge la amplia polémica suscitada desde hace tiempo en torno a qué puede llamarse o no puede llamarse periodismo literario. Acompañado de una extraordinaria antología de textos (abarcando desde «Clarín» a Manuel Vicent), se estudian en primer lugar los retazos del XlX (Valera, Galdós, Pardo Bazán, etc) ; el arco que va de la crisis a la llamada «edad de plata» (Cavia, Pérez de Ayala, Maeztu, Valle-Inclán, Baroja, Azorín,  Bello, Araquistáin y tantos otros); el periodismo literario como tribuna ideológica (Américo Castro, Azaña, Ortega, Chacel, D´Ors, Bergamín, etc); la denominada «edad de plata» (con Carrere, Foxá, Corpus Barga, Montes, Camba, Sánchez Mazas, etc); la etapa de la retórica propagandística (Alberti, Serrano Poncela, Victor de la Serna, etc); los exilios ( con Max Aub, Domenchina, Cernuda, etc); la inmediata postguerra con Salaverría, Gómez de la Serna, Pla, Rosales, Cunqueiro y Ruano, entre otros); los años cincuenta y el periodismo literario en el olvido (Benavente, Gironella, Pemán, Laforet, etc); los balbuceos de la libertad de prensa (con Anson, Areilza, Campmany, Díaz -Plaja, Carlos Luis Álvarez y otros);  la década del cambio con Julián Marías, Benet, Giménez Caballero,etc), para llegar a los ochenta de Cela, Luca de Tena, Delibes, Zambrano, Martín Gaite y varios más, y culminar en la sociedad de la información, con «el periodismo, nueva literatura«: Benítez Reyes, Alcántara, Fernán Gómez, Jiménez Lozano, Millás, Javier Marías, Muñoz Molina, De Prada, Ferlosio, Vicent y Umbral entre otros muchos.  

periódicos.-1177.-por Raymond Waters.-2008.-Craig Scott Gallery.-photografie.-artnet

Gutiérrez Palacio analiza en su Estudio preliminar cómo Periodismo y Literatura se unen en la Retórica, cuál es la aproximación al tema desde la Periodística, qué novedades ha aportado el periodismo literario en Norteamérica y en Hispanoamérica, el debate sobre si el articulismo literario es o no periodismo literario, para alcanzar al final la pregunta: «¿Qué es, entonces, el periodismo literario?».

Aparecen en este Estudio muy distintas aportaciones. También la mía, con mi libro «El artículo literario y periodístico«, con palabras y consideraciones que yo agradezco mucho al editor-coordinador. Creo que este muy amplio volumen, por su riqueza de autores antologados y por el preciso y atento trabajo de investigación y de clarificación, va a merecer un puesto muy destacado en la Bibliografía sobre la materia.

(Image: 2.-Cash f0r 400 Negroes.-2008.-por Raymond Waters.-Craig Scott Gallery.-artnet)

STEVENSON HOY

escribir.-12 

«Aunque no podamos seguir a los grandes escritores, aunque ninguno de nosotros sea, quizá, muy enérgico, muy original o muy sabio, aún así sostengo que, incluso con la más humilde de las obras literarias, está en nuestra mano tanto hacer mucho daño como hacer mucho bien. (…) No hay ni una sola vida en las crónicas del pasado que, debidamente estudiada, no pueda proporcionar consejos o ayuda a algún contemporáneo nuestro. No hay ninguna coyuntura en los asuntos de actualidad sobre la que no pueda decirse algo útil.(…) Un buen hombre, una buena mujer, pueden mantener a un chico durante cierto tiempo en aires más puros, pero la atmósfera contemporánea resulta finalmente todopoderosa para la mayoría de caracteres mediocres. La extrema vulgaridad del reportero (…) debe ejercer una influencia perniciosa incalculable: tratan todos los temas, y todos con la misma mezquindad: incitan a las mentes jóvenes e inexpertas a considerarlo todo con un espíritu indigno; a todo añaden una cierta mordacidad para que la citen los tontos.(…) El desdén, el egoismo y la cobardía se despliegan con las grandes hojas de los diarios sobre todas las mesas, mientras que su antídoto, en pequeños volúmenes, yace sin leer en los estantes».

Frases éstas de hace casi dos siglos. Escritas por el autor de «La isla del tesoro» o de «El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde«,  Stevenson las publicó en abril de 1881 en Fortnightly Review bajo el título «La moral del hombre de letras» («El arte de escribir») (Artemisa) y parece que fueran de hoy.

QUÉ SON LOS BLOGS

figuras.-7654guop.-por John Grillo.-1965.-Katharina Rich Perlow Gallery.-New York,.- Vordrerer Orient.-artnet

A veces en un blog no es necesario más que copiar aquello aleccionador e interesante de otro blog. En este caso eCuaderno:

Para redefinir los blogs José Luis Orihuela plantea el siguiente decálogo:

«1. Los blogs no son un género, son un medio
Al igual que los libros, las revistas o los discos no son, respectivamente, novela negra, cómic o balada; los blogs no son autobiografía ni periodismo. En todos los casos se trata de medios que, como tales, pueden utilizarse para cualquier propósito comunicativo o artístico. El medio no define el género, sino el lenguaje y los formatos de información (texto, imagen, audio, vídeo) que pueden utilizarse.

2. Los blogs no son medios de masas, son medios sociales
Salvo un puñado de casos excepcionales, los blogs son medios de escala comunitaria o social. En consecuencia, su influencia y repercusión no pueden ser analizadas con los mismos parámetros que se utilizan para valorar los medios de masas. La proyección de un blog no tiene que ver directamente con su tráfico, sino más bien con su posición dentro de la red. La capacidad de influencia de los blogs está mediatizada por la blogosfera en la que se inscribe y que opera como caja de resonancia de las noticias y opiniones publicadas en los sitios más modestos.

3. Los blogs no son espacios privados, son comunicación pública

“En mi blog yo hago lo que quiero” es una de las dos tonterías más extendidas de la blogosfera. El blog es un medio público y lo que no se puede hacer en público está regulado por la ley. “Escribo sólo para mí”, es la otra. Si uno hace escritura en un medio público, entonces escribe para ser leído por otros, de lo contrario escribe en una libreta y la esconde. Los lectores merecen que se les trate con respeto, que no se les mienta, que no se les oculten los conflictos de interés del autor o incluso, en ocasiones, su identidad.

4. Los blogs no van a acabar con ningún medio, pero les están haciendo cambiar
Como viene ocurriendo regularmente en la historia de las tecnologías de la información, la aparición de cada nuevo medio genera un discurso apocalíptico desde los medios anteriores que temen ser sustituidos. Lo cierto es que lo que esa historia demuestra es que las relaciones entre viejos y nuevos medios se rigen por una dinámica de acumulación y complementariedad pero no de sustitución. Los blogs no van a acabar con ningún medio, pero están haciendo cambiar a muchos.

5. Los blogs no son periodismo por ser blogs (cuando lo son, es por otra cosa)
La relación que hay entre blogs y periodismo es análoga a la que puede plantearse entre una máquina de escribir y la literatura. Las herramientas que utilizamos para escribir no definen el género de una obra. En este sentido, los blogs son una herramienta (un gestor de contenidos) que puede utilizarse para múltiples propósitos. La identidad periodística no deriva del acceso a herramientas de gestión y publicación de contenidos.

SLAVIN.-2

 

6. Los blogs no tienen editores, son medios autogestionados por sus autores
El viejo paradigma de la comunicación pública en la era analógica “primero se filtra, luego se publica” queda subvertido en la era digital, en la que “primero se publica, luego se filtra”. Los medios sociales permiten ejercer una forma de comunicación pública en la que desaparece la figura de los editores y el control previo de los contenidos, y en la que los usuarios asumen el rol de un filtro social distribuido y los buscadores se convierten en los nuevos intermediarios de la información. Un blog es un medio que no tiene editores y cuyo funcionamiento es asumido directamente por su autor.

7. Los blogs no son complicados, pero mantenerlos exige dedicación
La facilidad de poner en marcha un blog contrasta con la dificultad que supone la escritura y publicación regular de contenidos de calidad. Aunque inicialmente los blogs son fáciles, son rápidos y son gratis, lo cierto es que perseverar en la blogosfera requiere un esfuerzo continuado y a veces incluso genera gastos (dominio propio, hosting). Mantener un blog tiene que resultar divertido para el autor, tiene que reflejar su pasión por algo, pero sin duda representa un esfuerzo y exige tiempo.

8. Los blogs no son sólo un formato, también son una cultura
Un blog no sólo se define por sus elementos estructurales (entradas individuales, cronología inversa, archivos, categorías, comentarios), ni tampoco exclusivamente por el uso de un gestor de contenidos (Blogger, TypePad, WordPress), sino que supone también compartir y extender la cultura y el estilo del medio. La blogosfera no sólo es el espacio virtual de los blogs en la red, es también la cultura que el medio ha ido construyendo a lo largo de su historia.

9. Los blogs no son un monólogo, son una conversación
Aunque los comentarios que los lectores pueden formular ante cada entrada de un blog son la forma más evidente de conversación, lo cierto es que la metáfora de la conversación aplicada a la blogosfera se extiende más allá de esa práctica, muy especialmente mediante los enlaces externos y los trackbacks. Las referencias cruzadas construidas mediante enlaces constituyen uno de los ejes articuladores de la blogosfera y de la cultura de los blogs.

10. Los blogs son personales
Un blog es la voz particular de alguien. Un blog es el estilo de su autor, sus puntos de vista, sus preferencias, sus manías y sus gustos. Un blog es la proyección de una persona en la red, es una identidad que se va construyendo y expresando con retazos (enlaces, textos, vídeos, imágenes). Los blogs son personas que nos proponen una conversación».

Referencia:
Orihuela, José Luis, “Qué son los blogs y cómo dejar de confundirlos con otra cosa”, en Cambronero, Antonio (Ed.), BlogGuest II, 8 años, Bubok, enero de 2009, pp. 9-11.

Fuente:
http://www.ecuaderno.com/2009/09/15/que-son-los-blogs-y-como-dejar-de-confundirlos-con-otra-cosa/

figuras.-09nhy4.-por Dora Frost.-2006-2009.-artnet

Poco más hay que decir. Siempre son bienvenidos todos los avances en el conocimiento.

(Imágenes:-1.-John Grillo.-1965.-Katharina Rich Perlow Gallery.-New York.-artnet/ 2.- Sun & Shade.- por Arlene Slavin.-1972.-artnet/3.-«Proust Series» .-por Dora Frost.-2006-2009.-artnet)

OBSESIÓN POR LAS AUDIENCIAS

 

Tomado de la televisión italiana – pero pudiendo pertenecer a cualquier otra televisión -, he aquí el interminable  ¿»telediario»? de las audiencias, la obsesión por haber captado espectadores, la retahila de índices y de números recitados por la presentadora  sustituyendo al verdadero periodismo, ese periodismo que, por calidad, no necesitaría nunca autopromocionarse…

«LOS ENCUENTROS» DE BALTASAR PORCEL

porcel.-2.-lavanguardia.es«Hijo de pequeño propietario rural y aún insular – explicaba Porcel en la pequeña Introducción al primer tomo de «Los encuentros» (Destino) -, viví mi infancia y adolescencia en un medio aislado, hermoso y reaccionario. (…) Opté por indagar cerca de los individuos notables, tipificadores, dentro de la existencia digamos laboral del país en sus facetas más sobresalientes y diversas y aún contrapuestas. Nacieron, pues, «Los Encuentros de Baltasar Porcel», serie de entrevistas- retrato literario cuya publicación inició, y continúa haciéndolo, el semanario «Destino«, el sábado día 11 de febrero de 1967».

Ahí leí – y expliqué en la Universidad – las admirables semblanzas de Azorín, Pla, Aleixandre, Laín, Castellet, Buero, Ferrater, Ridruejo, Sáenz Guerrero, Nestor Luján, Llorenc Villalonga, Delibes, Ana María Matute y tantos otros.

«Mi periodismo, al igual que mi novelística – decía en la Nota Previa al segundo tomo de conversaciones o de «encuentros» -, responden a mi temperamento y a mi intuición. La técnica que pueda emplear es meramente funcional, a partir de mí: la he pergeñado para que me sirva a mí. (…) ¿a santo de qué hacerlo con mis tentativas, cuando Josep Pla ha construido sus «Homenots«, elípticos análisis de apasionado colorido; cuando Azorín, a principios de siglo, tejió piezas tan reposadas y aceradas como aquel «Romero en el Romeral«; cuando Indro Montanelli ha publicado en «Corriere della Sera» sus «incontri» rebosantes de ironía? ¡Cuánto quisiera haberlos plagiado yo y fui incapaz, tropezando con lo del continente y del contenido! Pero una de las peores desgracias de ese oficio de llenar papeles es el verse obligado a llegar, a través de todas las autocrueldades imaginables, a ser quien se es. A la individualidad – a la originalidad – sea cual fuere. Algo así como la artesanía renacentista. Lo cual no deja de ser una penosa reminiscencia en plena sociedad industrial. Un tipo solitario, escribiendo y estampando su firma al final, es una reminiscencia. Cuando menos en lo que a la Prensa se refiere».

Y allí leí – y expliqué también en la Universidad – los precisos y singulares «encuentros» de Porcel con Cunqueiro, Vázquez Díaz, Montserrat Caballé, Modest Cuixart, María Casares, Serrat, Max Aub, Mercé Rododera y tantos otros más. La serenidad, la intensidad, las conciencias de tantos hombres y mujeres reflejándose en la pupilas de Porcel. Y luego en su pluma.

(Pequeño recuerdo hoy de la figura de Baltasar Porcel que ha fallecido)

(Imagen: foto.-Lavanguardia.es)

PERIODISMO FUTURO : CONTENEDORES Y CONTENIDOS

periodicos.-XXX.- Lucky Strike.-1924.-por Stuart Davis.-artnet

¿Contenedores o contenidos?

Copio de El País párrafos del artículo que sobre el periodismo ha escrito José Luis Pardo:

«El hecho de que cuando hoy se debate sobre el porvenir del periodismo se trate casi únicamente de la cuestión de los contenedores (digital versus analógico, pantalla versus papel) y de la dimensión empresarial del negocio informativo (la búsqueda frenética de la publicidad), pero casi nunca de la de los contenidos, el hecho de que pocos cuestionen el modo como -sin que pueda culparse de ello a la crisis económica ni al desarrollo tecnológico- la prensa va paulatinamente dimitiendo de su función sistematizadora de la esfera pública, huyendo del juicio crítico, renunciando a la jerarquía de la información y asumiendo su dependencia con respecto a los poderes políticos y económicos, es un síntoma de que también en este caso puede que a los más adeptos al sensacionalismo se les vuelva a escapar la noticia-bomba del final de su profesión, es decir, de que el periodismo como máquina de producir titulares ha devorado al periodismo como articulación de la opinión pública en una sociedad democrática.

Y mientras nos entretenemos en debates sobre en qué soportes leeremos en el futuro, alejamos de nosotros la cuestión de qué es lo que leeremos, que es la única sustantiva, como aquellos aldeanos a quienes robaban el vino mientras disputaban sobre las garrafas en las que almacenarlo. Es cierto que esto pasa también en otros ámbitos: la mala noticia es que Internet no hará mejores a los periódicos, que la inmersión de los hogares en la banda ancha no elevará el nivel cultural de los españoles, que la introducción de ordenadores portátiles en el parvulario no resolverá el fracaso escolar y que la reconversión de las universidades públicas en institutos de secundaria mediante el plan Bolonia no aumentará la calidad de la investigación científica. Y la discusión acerca de qué podríamos hacer para mejorar el periodismo, el nivel cultural, las instituciones educativas o la investigación científica no puede celebrarse porque es una discusión de contenidos, y de momento estamos ocupadísimos con los contenedores y con la publicidad, con los portátiles, los móviles y las descargas caseras. Y no es por culpa de estos artilugios, sino de algunas decisiones políticas y profesionales, por lo que los periódicos, los libros, las escuelas y las universidades, que fueron hasta hoy los lugares naturales de estas discusiones, se están volviendo literalmente insoportables, es decir, inviables en cualquier soporte».

(Imagen: Lucky Strike,.1924- Suart Davis.-artnet)