PÁJAROS, PECES Y POETAS

 


“Considera la vida de los pájaros y de los peces —escribió el poeta japonés Kamo no Chōomei —. Jamás el pez se cansa del agua; pero, no siendo pez, nunca podrás saber lo que el pez siente. Jamás el pájaro se fatiga del bosque, pero no siendo pájaro, nunca comprenderás  sus sentimientos. Igual sucede con la vida poética: si no la vives, nada comprenderás de ella.”

(Imagen —Qi Baishi)

MUERTE DE UN PÁJARO

 


“Yo disparé. Uno de los dos pájaros cayó a mis pies. Era una cerceta de vientre plateado. Entonces, en el espacio por encima de mí, una voz, una voz de pájaro chilló. Fue una queja breve, repetida, desgarradora; y el animal, el pequeño animal salvado, se puso a dar vueltas en el azul del cielo encima de nosotros mirando a su compañera muerta, que yo tenía entre las manos (…) Nunca gemido de sufrimiento me desgarró el corazón como aquella llamada desolada, como el lamentable reproche de aquel pobre animal perdido en el espacio.”

Guy de Maupassant — “Amor”

(Imagen — Vadim Trunov)

ÉRASE UNA VEZ UN PÁJARO

 

 

 

“Respondí  que lo que realmente me gustaría sería poder escribir un día una historia que empezase así:”Ērase una vez…” ¿Para niños?, me preguntaron. No, para adultos, respondí ya distraída, ocupada en recordar mis primeras historias de los siete años, que empezaban todas con “Érase un vez” —confesaba la escritora  Clarice Lispector —; yo las enviaba a una página infantil de los jueves del periódico de Recife, y ninguna, pero ninguna, fue publicada. Y es fácil saber por qué. Ninguna contaba exactamente una historia con los hechos que una historia necesita. Yo leía  las que publicaban y todas contaban un acontecimiento. Pero si ellos eran tozudos, yo también.

Pero desde entonces yo había cambiado tanto, quién sabe si ahora ya estaba preparada para el verdadero “Érase una vez”. Me pregunté enseguida: ¿y por qué no empiezo? ¿Ahora mismo? Sería simple, sentí.

Y empecé . Después  de haber escrito la primera frase, vi inmediatamente que aún me era imposible. Había escrito: “Érase una vez un pájaro, Dios mío.”

 

(Imagen —Joseph Cornell)

PARA DESPERTAR A UNA ANCIANA

 

 

“La vejez:

vuelo de pajaritos

que pían

al rozar

pelados árboles

sobre la nieve tersa.

Los sacude

de aquí para allá

un viento obscuro —

¿Y qué?

Sobre varas ásperas

se posa la bandada,

la nieve

se cubre de cáscaras

de semillas,

un estridente

gorjeo de hartazgo

serena al viento.”

William Carlos Williams—“Para despertar a una anciana”

 

 

 

(Imágenes—1-Vivían Maier/2-Hengki Koentjoro)

EL TIEMPO Y LAS AVES

 

 

“Soñé  — describe  el inglés J B Priestley así su sueño —que estaba de pie en lo alto de una torre elevada, solo, contemplando desde arriba miríadas de aves que volaban en una dirección. Estaban allí todas las especies de aves, todas las aves del mundo. Era un noble espectáculo aquel vasto y aéreo río de aves. Pero, de pronto y de manera misteriosa, cambió el engranaje y el tiempo se aceleró, de modo que vi generaciones de aves, las vi romper los cascarones, nacer a la vida, debilitarse, vacilar y morir. Las alas solo crecían para  arruinarse; los cuerpos eran lisos y lustrosos, y luego, en un abrir y cerrar de ojos, sangraban y se consumían, y la muerte  hería por doquier a cada segundo.  ¿Cuál era la finalidad de aquella ciega lucha hacia la vida? (…) Permanecía de pie en lo alto de la torre, solo, desesperadamente desdichado. Pero el engranaje volvió a sufrir un cambio y el tiempo corrió aún más deprisa, y con tal velocidad lo hacía, que no se percibía en las aves el menor movimiento, asemejándose a una enorme llanura sembrada de plumas. Sin embargo, por aquella llanura, oscilando entre los cuerpos, pasaba ahora una especie de llama blanca, temblando, danzando, apresurándose luego. Y, tan pronto como la vi, comprendí que aquella llama era la vida misma, la quintaesencia del ser. (…) Lo que yo juzgara tragedia no era sino mero vacío, o sombras chinescas. Porque ahora todo sentimiento genuino  estaba capturado y purificado, y danzaba extáticamente con la blanca llama de la vida.  Jamás había experimentado  dicha tan profunda como la de mi sueño de la torre y las aves…”

MIS MEJORES DESEOS PARA 2020, Y ESPECIALMENTE  PARA TODOS CUANTOS LEEN “MI SIGLO”

 


 

(Imágenes—1-anónimo francés del siglo XVll/ 2- las aves y las flores – periodo moyomana- escuela  Kano -siglo XVll)

PÁJAROS Y PÁJAROS …

 

 

“No sólo son pájaros los que provocan ruidos. Ningún ojo humano puede seguir los desplazamientos periódicos del charrán ártico que ya abandonó sus colonias del Norte avanzando el verano y voló dieciséis mil kilómetros para alcanzar mares que bañan el continente antártico, y a la vez perseguir al babolink —criado en campos de tréboles de Norteamérica —, y, si tenemos suerte de que sea del Noroeste, llegará hasta Argentina, no vía México, sino tocando el Atlántico (un salto en Miami, otro en Cuba, el tercero en Jamaica), para, surcando el mar de las Antillas, entrar con plena fuerza por Maracaibo, atravesar Venezuela, rozar el brasileño Mato Grosso y doblar por Asunción, en Paraguay, y abandonarle ya en su impulso último, Argentina abajo, por el Este, aún doblándose otra vez cerca del Río Negro y Santa Cruz, hasta perderse descansando quién sabe dónde, al Sur, no lejos de San Valentín, ya en Chile, en la médula espinal que recorre América, casi al filo del mar, sobre el Pacífico, donde van cayendo —isla a isla —las costillas de tierra, a flotar en el mar.

 

 

Dejo volar la imaginación con las cigüeñas  y golondrinas de mar real que tengo presas en la pluma, y a las que suelto junto a gaviotas y rayadores, para que algunas vayan al océano Atlántico, y desde Groenlandia, por el mar de Noruega y el del Norte, acercándose y alejándose del cabo Ortega, acercándose y alejándose del cabo Finisterre, tomando distancias respecto a Portugal…, pasan por Funchal, por la isla de Madera, alejándose de Mauritania, de Senegal…, hunden su batir de alas  en el corazón Atlántico, se mezclan con las golondrinas de mar que vienen de la Bahía de Hudson, de la península de Labrador, de Toronto —alas blancas, alas negras, planeando horizontales, sin dar aletazos durante largo tiempo …, aves de alas grandes y anchas, que utilizan las corrientes térmicas…; aves planeadoras que se desplazan de una corriente térmica ascendente ( perdiendo unos momentos de altura), y volviéndola a ganar una vez alcanzada la otra corriente…;

 

 

amplias aves de alas que parecen quietas mientras planean, para pasar a un vuelo batido, en donde el propósito está en conseguir la propulsión hacia delante, impulsadas hacia arriba y manteníéndose en el aire gracias a la extrema ligereza  de sus cuerpos y a su sabiduría para disfrutar las corrientes que producen las olas, los embates del viento, y las variaciones de ese mismo viento, del que se dejan empujar cuando él está a favor y su velocidad disminuye, y le resisten cuando él cambia de orientación y toma dirección contraria, y aumenta, a su vez, velocidad…, y así en medio del Atlántico, cruzándose con las golondrinas que vienen de Terranova, unas camino de Sudáfrica,  hacia el Cabo de Buena Esperanza…, otras — las golondrinas de mar — acercándose a Bahía Blanca, al golfo de San Jorge, separándose de Bahía Grande y tocando casi, sin rozar, Tierra de Fuego o las islas Falkland…”

José Julio Perlado —“Contramuerte”

 

 

(Imágenes —1-John James Audubon/ 2-Sonja Braas/ 3-zack Seckler/ 4-Youssef Nabil- 2011)

LOS PÁJAROS Y EL MAR

 

“Saben todos que me agrada profundamente el mar. No desdeño la montaña, pero el mar es siempre para mí, sosiego y abandono. Es mundo desierto; arena blanca contra cuerpos tostados. El cielo negro, largas espumas blancas cuyas crestas se acercan, y de lo hondo, avanza su bramido: espuma y oscuridad; tenue descenso de la gran ola suave, curvada, que cabalga en vaivén…y que luego, tras haber asustado, se hace humilde, mansa, plana… deja que rizos de su ímpetu antiguo, se deslicen ahora igual que sedas… El gran Océano…, a los pies de la orilla… y las aves —millares de ojos entre alas —en gaviotas de nubes… estallido blanco y ruidoso…, golondrinas de mar, rayadores…,el avefría… recias y leves plumas, tan ligeras y sólidas, rígidas y dúctiles… pluma remera de tieso cañón y frágil ligereza en el extremo… flexible a todo movimiento, firme y suave…: ojos que miran esos ojos agudos de las aves…—alas de gruesa delantera y afilada y estrecha extremidad —, alas planas o cóncavas en su parte inferior…, para redondearse en su superficie y —en la zona suprema — poder deslizarse mejor entre los vientos…

 

Aves que nadan en los mares.., como los albatros…, alcatraces…; golondrinas de patas diminutas, que intentan caminar con sus pequeños pies…Pelícanos…, piqueros que se hunden torpemente en el mar para buscar su presa ( y saben respirar y aguantar el tiempo justo para surgir con rapidez)…, mientras el águila pescadora, ni se molesta: veloz, toma sus presas a flor de agua, apenas sin tocarla. El mar…—huir de apretadas multitudes —, (como huiría de esos apiñamientos de color de roca que funden bandadas enormes de corre molinos en las costas inglesas… o de la concentración de araos anidando por miles sobre peñascos)… blancas plumas de playa tan repletas e inmóviles bajo el sol…centelleantes luminarias de piqueros por millares, anidando allí, en la isla peruana de Guañape, sin importarles las frías costas áridas de la zona, mientras el mar toma un color de cinc, y un silencio en la hondura más densa va helando, poco a poco, las azules manchas de las brumas…”

José Julio Perlado —“Contramuerte”

(Imágenes—1-Jeremy Deller -2014/ 2-Walter Leistikov/ 3-John Wohrff)

EN TORNO A LOS PÁJAROS

 

 

”Todo ser alado —afirma Juan Eduardo Cirlot en su “Diccionario de símbolos” —, es un símbolo de espiritualidad, ya para los egipcios. La tradición hindú dice que los pájaros representan los estados superiores del ser. En un cuento indostánico —sigue transcribiendo Cirlot —, un ogro explica dónde tiene su alma: “A veinticinco leguas de aquí hay un árbol. Rondan ese árbol tigres y osos, escorpiones y serpientes. En la copa del árbol está enroscada una serpiente muy grande, sobre su cabeza hay una jaulita y en la jaulita un pąjaro; mi alma está dentro del pąjaro.”

 

 

En los cuentos de hadas se encuentran muchos pájaros que hablan y cantan, simbolizando los anhelos amorosos, igual  que las flechas y los vientecillos. Bachelard recuerda que el color del pájaro determina un sentido secundario de su simbolismo. Dice que el pájaro azul es considerado como producción del movimiento aéreo, es decir, como pura asociación de ideas, pero Cirlot afirma que el pájaro azul constituye un símbolo de lo imposible, como la misma rosa azul. Otros autores comentan que los numerosos pájaros azules de la literatura china son inmortales y se les trata como mensajeros celestes.

 

 

Los pájaros son una imagen muy frecuentada en el arte africano, especialmente en las máscaras. Simbolizan la potencia y la vida, y son generalmente símbolo de la fecundidad. En muchos vasos de adorno se encuentra el tema de la lucha entre el pájaro y la serpiente, imagen de la lucha entre la vida y la muerte.

En los sueños,  por otro lado, el pájaro es un símbolo de la personalidad del soñador. Aparecen pájaros en célebres películas pero también en relatos destacados, como por ejemplo un pájaro amarillo que se le presenta un día a un personaje de Truman Capote.”

 


 

(Imágenes—1-Donald Sultán -1997/ 2-Pentti Sammallathi– 1999/ 3-Will Barnet/ 4-Jeremy Deller-MOMA-Nueva York)

CANTO DEL RUISEÑOR

 

 

“A quien más tardé en comprender. – escribía  el húngaro Béla Hamvas en “La melancolía de las obras tardías” – fue al ruiseñor. Los pájaros sólo se entienden metafísicamente, es decir, más allá del hombre. Desde donde los comprendieron Orfeo y San Francisco. Para entender al ruiseñor es preciso dar un pasito más. Los poemas de Wordsworth, de Shelley o de Keats dedicados al ruiseñor no acaban de responder a la realidad. Quien no conoce la paz no puede comprender al ruiseñor. Por eso, a un joven no le queda más que admirarlo. Sólo cuando se han apagado las pasiones  y han pasado por completo los años de las alegrías y los sufrimientos, sólo cuando uno no quiere ya nada de sí mismo ni  para sí mismo y apoya apaciguado la cabeza en la mano de Dios, sólo  cuando en el hombre se despierta la nostalgia por regresar definitivamente al mundo carente del yo, sólo entonces escucha qué canta el ruiseñor y por qué.

Su canto no contiene ni dolor ni sufrimiento, ni fuerza heroica ni risa ni triunfo. Nada de eso. Cuando el hombre ha superado la vida y ya no quiere nada, lo único que lo ocupa es esperar a que lo llamen y rezar. Ese rezo tranquilo, quieto y apaciguado de la espera es el canto del ruiseñor, esa melodía  de la espera cristalina de la muerte y del más allá, despedida de la hermosa tierra, del dulce arrobo de la vida, al cielo que lo deje entrar.”

(Imagen- ruiseñor )

EL CARDENAL DE PECHO ROSADO

 

 

“He tenido varias conversaciones con este pájaro – confesaba Simeon  Pease  Cheney enLa música de los pájaros”- . Por eso recurriré esencialmente a la memoria para transcribir su canto.  El plumaje negro y blanco del cardenal, y su pecho decorado con una  estrella de un  bermellón  brillante, atraen inmediatamente al ojo. Y su canto, fuerte, resonante, también seduce infaliblemente al oído. Está lleno de vivacidad y energía, como si tuviera prisa por terminar. Ningún pájaro pone más ardor que él en el canto. Aunque sobre el papel su canto se parezca al del petirrojo, y aunque el uno y el otro se expresen en mi bemol mayor y su menor relativa, el caudal y la calidad de la voz son muy diferentes. Me dicen que este pájaro deja oír también un grito silbado muy musical.

Durante sus migraciones otoñales vuela en grupo y a veces sucede que reclama comida a los granjeros; parecen tan domesticados y cómodos como si en las granjas estuvieran en su casa. Algunas bandadas han cruzado el norte de New Hampshire en el transcurso de su viaje hacia el sur en el mes de diciembre y han visitado plácidamente los lagares de sidra en busca de pepitas de manzana entre los desperdicios, aparentemente sin preocuparse para nada del frío.”

(Imagen – Tony Pinkevich)

LA APARICIÓN DEL PÁJARO QUE VUELA

 

 

“La aparición del pájaro que vuela

y vuelve y que se posa

sobre tu pecho y te reduce a grano,

a grumo, a gota cereal, el pájaro

que vuela dentro

de ti, mientras te vas haciendo

de sola transparencia,

de sola luz,

de tu sola materia, cuerpo

bebido por el pájaro.”

José Ángel Valente – “El fulgor” (1984)

(Imagen – foto: Joel Sartore – National Geographic)

ARTESANOS

 

“Aquel verano veía también los árboles, eran hayedos y hojas y senderos donde las ruedas de mi coche pasaban hasta encontrar un sitio bajo los hayedos, estaba el tronco, las ramas, un gran silencio al apagar el motor, mi hijo iba detrás, tenía que estudiar alguna asignatura de verano y yo bajaba las ventanillas, era otro agosto, abría mi cuaderno Miquelrius y empezaba o seguía un relato, mi hijo me miraba, yo escribía sentado al lado del volante, entraba el silencio por las ventanillas, si levantaba la mirada veía los libros como árboles, de los árboles sale el papel para los libros, de los árboles sale el papel para los cuadernos Miquelrius, apuraba los bordes de la hoja y escribía, escribía, de vez en cuando hay que parar para leer qué ha hecho el personaje, si lo que está haciendo concuerda con lo que hizo antes y si hay un río de verosimilitud, un sentido común en lo que se escribe. Horas y horas escribiendo como horas y horas está el artesano sobre la madera, sobre el hierro, atenazando y puliendo y encajando los soportes y luego afinando los bordes, procurando que haya un sentido común en la mesa o en el hierro, no les hacen entrevistas a los artesanos, están con su gorra de visera cubriéndoles los ojos para concentrarse en el borde del hierro, en las dificultades del cristal, pasan los periodistas sin detenerse, siguen los artesanos en el fondo de sus talleres, a veces en pequeños huecos al borde de la calle, casi debajo de la calle, parecen zapateros ignorados y constantes en el repiqueteo del martillo sobre la suela, los clavos, la madera, el hierro, son artistas a los que nunca preguntarán, ¿por qué me preguntan a mí?, hay como una fascinación por las palabras, ¿y usted cómo escoge las palabras?, ¿cómo las elige? , ¿prefiere usted más el sonido de las palabras o el fondo de la historia que escribe?, no lo sé, no puedo contestarle, escribo y escribo bajo los hayedos y en estos casos nada puede molestarme, de vez en cuando me distraigo porque un pájaro diminuto, rechoncho, indeciso, viene y va en su paseo junto al árbol, muy cerca de la ventanilla, viene y va y él no sabe que lo estoy metiendo en el relato, viene y va por la imaginación, necesita un nombre, le pondré un nombre, ¿qué voy a contar de esta vida de pájaro?, él me lo irá diciendo o yo se lo iré diciendo a él antes de que se asuste y se dé la vuelta y se ponga a volar, pero ¡ya vuela!, acaba de salir del relato y toma el sendero hacia el árbol y se posa en la rama”.

José Julio Perlado

(Imagen-Arthur Streeton– 1907)

EL PASO DE LAS AVES

 

“Así las aves buscan su vida y su mantenimiento. Señaladamente las aves buscan su vida en la morada del invierno y del verano; porque las aves que crían en Noruega, así como neblís, sacres y bornís y otras aves, en el invierno, porque es muy frío, salen de allí de Noruega – de aquella tierra muy fría, y vienen con otras aves a buscar tierra caliente, y vienen cazando aquellas aves que vienen en su compañía, y así se derraman por muchas tierras, donde los capturan.

 

 

Otras aves hay que aunque son de tierra caliente buscan otras que lo sean aún mucho más, como las cigüeñas y sisones y otras muchas aves que crían en esta tierra de Europa que contiene a España y Francia y otras tierras. Cuando viene el invierno pasan allende el mar, al Africa, porque es más caliente y, luego, tórnanse. Yo vi por el estrecho de Marruecos, que está entre Tarifa y Ceuta, pasar las cigüeñas a fines de verano, que se tornaban para Africa; eran tantas que no podía el hombre contarlas, y duraban mucho tiempo en el cielo, tan grande era la manada que iba. Eso mismo ocurre con las garzas y otras aves y dicen que así lo hacen las codornices, porque muchas veces, con un viento, se hallan muchas, y luego que otro viento viene parten de allí y vanse, lo cual vieron muchos.

(…) No hay duda que muchos halcones son tomados en el campo de Santarem con el pelo blanco, con que nacieron, en la cabeza, y verás si han volado y atravesado desde tierra de Noruega aquí. También vi en tierras de Toledo, un año en que fueron tomadas muchas tórtolas en el mes de septiembre, que venían a posarse en los olivos, y las mataban los ballesteros, que muchas de ellas traían incienso en el papo pegado, y decían que podía ser que vinieran de la tierra donde nace el incienso y que se posaban en los árboles donde ello era.

 

 

(…)  También vi, viniendo de la Rochela a España, bien a veinte leguas de tierra, venir a mi galera un cernícalo y muy muchos pajarillos pequeños; se posaban en el árbol de la vela y luego que alzaban o bajaban el mástil volaban un poco fuera de la galera sobre el mar y tornábanse a la galera, donde los cogían con las manos. Estos no sé si pasaban a otra tierra; decían algunos que muchas aves volaban por el mar, creyendo que es más estrecha, y cuando se cansan caen y piérdense en el mar, y si hallan algún navío se van para él y posan allí”.

Pero López de Ayala – “Libro de la caza de las aves” ( siglo XlV)

 

 

(Imágenes -1-Michael Borremans. Bélgica- 2011. art blog/ 2 y 3- pájaros/ 4.-Sonja Braas)

ME GUSTAN LOS PÁJAROS

pájaros-ubbfr-Jozsef Rippl-Rónai- mil ochocientos noventa y dos

 

“Me gustan los pájaros por su volar y su no volar. Su bucear en el agua y en las nubes. Por los huesitos rellenos de aire. Por el plumón impermeable debajo de las plumas. Por las garras desaparecidas al final de sus alas y conservadas en sus pies, con excepcionales pies de remo también dignos de respeto. Me gustan los pájaros por sus patas como palos o torcidas, cubiertas de escamas, a veces de color púrpura, a veces amarillo o celeste. Por su andar serio y elegante y su renquear como si la tierra estuviera balanceándose permanentemente bajo sus patas. Por sus ojitos saltones que nos ven totalmente a su manera. Por sus picos puntiagudos, de tijera, curvados, planos, largos y cortos. Por sus chorreras de plumón, penachos, crestas, golas, volantes, casacas, pantalones, abanicos y ribetes (…) también me gustan los pájaros porque desde hace cientos de años vuelan en la poesía polaca”.

Wislawa Szymborska.- sobre “Pájaros de Polonia”, de Jan Sokolowski, 1979.- “Lecturas  no obligatorias

 

pájaros-ynnu- Takeo Takei

 

(Imágenes.-1.-Jozsef Rippl-Romai– 1892/ 2.-Takeo Takei