“LOS CUADERNOS MIQUELRIUS” : MEMORIAS (43) : LA BIBLIOTECA DEL PENSAMIENTO

 

(Dada la actual situación  que atravesamos – y que afecta también al ritmo y vida de las editoriales —he decidido ir  publicando aquí mis “Memorias”, tituladas “Los cuadernos Miquelrius”, que estaban previstas se publicaran dentro de unos meses y que quizá en su día aparezcan como libro.  Se están publicando desde el 30 de marzo, los lunes, miércoles y viernes en MI SIGLO)

 

—————-

MEMORIAS (43) : La biblioteca del pensamiento

 

 

 

Hemos entrado, la periodista y yo, en este otro despacho que tengo, en el despacho del ensayo. Es más pequeño. Es otro mundo. Otro mundo distinto. Se advierte hasta en las estanterías, en cómo están colocados los libros; la periodista me lo ha hecho notar enseguida. Aquí apenas hay fotografías ni papeles recortados.

—¿También éste lo usa como “farmacia”…? – me ha preguntado al entrar, no sin cierto humor.

—No. Este despacho es otra cosa. Es un despacho de consulta. De consulta asidua. Aquí están, por ejemplo, mis amigos, los que me han ido formando y los que me siguen formando.

—¿Por ejemplo?

—Pues por ejemplo Montaigne, Pascal, Kenneth Clark, Steiner, Pietro Citati, ciertos libros de Ortega…

—Muchos no los conozco.

—Nos llevaría mucho tiempo hablar de ellos. Kenneth Clark, por ejemplo, es un gran historiador de arte británico, un excelente divulgador, que me ha enseñado el arte del paisaje o cómo valorar mejor una obra maestra. O Citati, un gran crítico italiano que me ha adentrado por muchos autores y muchas culturas. O Steiner, que me ha mostrado la importancia de la soledad, del silencio, la importancia de la música.

—¿Oye usted mucha música?

—No, no demasiada. Debería escuchar mucha más. No sé por qué me he inclinado más hacia la pintura.

—Veo que también a la poesía. Aquí hay varias estanterías dedicadas a la poesía.

—Si, la poesía es un hallazgo permanente. Una muestra de belleza sintetizada en la precisión. Muchas veces un regalo del lenguaje. Se aprende mucho leyendo poesía.

—¿Qué ha aprendido usted leyendo poesía?

—Pues las intuiciones condensadas en el lenguaje, la elección de las palabras, las expresiones absolutamente acertadas, asombrosas, inauditas. Pienso en Rilke, en Eliot, pero también entre los españoles en Ángel González, en Claudio Rodríguez, en Juan Ramón, en tantos otros…

—Y veo que también tiene aquí una balda entera dedicada a Cervantes…, ¿no ha querido colocarlo en el otro despacho, en el de la ficción?

—No. He preferido colocarlo aquí porque es uno de mis grandes amigos. Siempre me ha acompañado“El Quijote”. “El Quijote” y los estudios sobre “El Quijote”. Ellos me han enriquecido la vida continuamente. Es una enseñanza perpetua.

—¿Usted llega a las grandes obras a través de los estudios y los comentarios o las lee directamente, sin ayudarse de ningún comentario previo?

—Ambas cosas. Hay libros que son como montañas, que hay que ascender a ellas ayudándose, como usted dice, con especialistas, con investigadores. Pienso, por ejemplo, en “La divina Comedia”. Se leen partes de ella una primera vez directamente y luego se acude a un comentario; muchas cosas quedan iluminadas gracias a ese comentario certero – hay valiosísimos comentarios o estudios sobre Dante o sobre Shakespeare, por ejemplo – y entonces uno vuelve a leer, relee, vuelve a aprender.

—Repite usted con frecuencia esa palabra, “aprender”, le gusta, va con usted, ¿ siempre quiere aprender?

—Sí, es necesario aprender siempre, es algo capital, es de un enorme interés para enriquecer a la persona. La enriquece. Nunca se llega a aprender del todo. La vida es un aprendizaje. Pero los libros continuamente enseñan. Yo ignoro muchísimas cosas, pero intento mantener abierta la curiosidad, la curiosidad es esencial.

—La curiosidad es algo de lo que usted me hablaba el otro día al referirse al periodismo, algo que intentó también fomentar en sus alumnos…

—El periodismo ha cambiado mucho. Pero la curiosidad siempre será una de sus bases. Yo cuando daba clase les decía medio en broma a mis alumnos que me hubiera gustado examinarles en la puerta de la Facultad el primer día del primer año, antes de entrar, preguntándoles: “Usted, ¿por qué siente curiosidad? ¿qué le interesa? ¿qué le intriga?”. A más amplia curiosidad, mayores dotes para el periodismo. Pero también para la vida. Uno tiene que tener curiosidad por todo conforme se van cumpliendo años: estar al día. El mundo es muy cambiante y lo hace a toda velocidad. La curiosidad sana va hermanada con la juventud interior: interesarse, intrigarse ante lo desconocido. De alguna manera es lo que está usted haciendo, por ejemplo, con sus preguntas.

—Bueno, lo intento… Pero me gustaría hacerle ahora otra pregunta. Puesto que estamos en su despacho y a la vez hablamos de periodismo, de novela, de ensayo, de tantas otras cosas, ¿de qué forma se definiría usted? ¿Es más periodista, más escritor, más profesor…?

—Yo me considero más escritor y profesor. Mejor dichho, un mero artesano. Como escritor, un mero artesano. No hay que darle mayor importancia a ser escritor. No la tiene. Soy una persona que intenta trabajar con las ideas, con las palabras. Cada uno tiene en la vida unas aptitudes y yo creo que estoy más cerca de la creación y de la divulgación que de otra cosa. La divulgación está muy unida a la enseñanza y los treinta años que he dedicado a la enseñanza (y después, aprovechando las herramientas de internet, como ya le hablé), en el fondo lo que he hecho es divulgar algo de lo que sabía, intentar apasionar con un oficio pero también transmitir algunos saberes. Y a la vez, escribir, crear. Siempre que he tenido tiempo, y cuando no he tenido tiempo lo he buscado, me he dedicado a crear, a inventar historias, a desarrollarlas. Marañón se calificaba como un “trapero del tiempo”. Yo no sé si pudiera decir lo mismo, pero lo cierto es que en cualquier momento libre me he dedicado a anotar historias, a esbozarlas, eso que me gusta mucho en llamar “esbozos de esbozos”. Esos “esbozos de esbozos” que parecen nimiedades, meros borradores sin importancia, y con los que he llenado esos cuadernos azules pequeñitos que usted ha visto y otros blocs de notas muy numerosos que siempre me han acompañado, son los apuntes o esbozos que al final quedan, valen mucho, le mantienen a uno en tensión creadora, le suscitan ideas que casi son realidades, que son muchas veces definitivas realidades, algunas incluso son historias ya completas en sí mismas, otras habrá que trabajarlas mucho. Pero lo importante, como antes le decía, es aprender, leer, releer, anotar, escribir, mantener activas la imaginación y la memoria, no solamente para luchar contra el envejecimiento, sino porque uno está inclinado a eso, mejor o peor, uno está dotado para eso. Y por tanto hay que desarrollarlo.

José Julio Perlado — “Los cuadernos Miquelrius” —Memorias

(Continuará)

TODOS  LOS  DERECHOS  RESERVADOS

CLAROSCUROS DE LA AMISTAD

 

”Apoyándome  en Montaigne — comentaba el peruano Julio Ramón Ribeyro con una persona —, le decía que una de las condiciones de la amistad era la separación periódica de los amigos. La ausencia robustece más la amistad que la  presencia. La presencia engendra la saturación, el hastío, a veces la antipatía. Me ha sucedido muchas veces desear que parta un amigo para no perderlo. Los amigos desarrollan en nosotros nuestras virtudes potenciales. Una persona sin amigos corre el riesgo de no llegar jamás a conocerse. Cada amigo crea en nosotros una zona de contacto, un campo propicio al desarrollo de un determinado tipo de amistad.  Es por ello que podemos tener dos amigos íntimos  que no lleguen jamás a comprenderse entre sí. Perder un amigo significa muchas veces neutralizar un sector de nuestra personalidad. Sensación desagradable producida por el encuentro simultáneo con dos amigos, con los cuales tenemos contactos en zonas diferentes de nuestra personalidad. Es necesario comportarse  de una manera especial con cada uno de ellos. Si complacemos a uno sorprenderemos al otro. Si tratamos de complacer  a ambos, nos sorprenderemos a nosotros mismos.”

 

 

(Imágenes—1- Kevin Hendley- 1961/ 2-Jack Spencer-2001)

EL MUNDO DE AYER

 

 

“Esta sensación de seguridad — recordaba Stefan Zweig en sus “Memorias” tituladas “El mundo de ayer”  hablando de Europa — era el bien más digno de ambicionarse para millones de hombres, el ideal de la vida en común. La vida sólo era considerada digna de vivirse si estaba basada en esta seguridad, y círculos cada vez más amplios reclamaban su parte de aquel tesoro. Al principio, sólo los pudientes disfrutaban de esta ventaja, pero poco a poco se adueñaron de ella las grandes masas. El siglo de la seguridad llegó a ser la época dorada del sistema de seguros.(…) En aquella conmovedora confianza en su capacidad de asegurar la vida hasta el último extremo contra todo asalto del destino, había, pese a toda la consistencia y la modestia de su concepto de la vida, una petulancia grande y peligrosa. Se miraba con desprecio a las épocas anteriores, con sus guerras, carestías y revueltas, como tiempos en que el mundo, simplemente, no estaba aún maduro ni suficientemente advertido. Ahora, en cambio, ya no era sino cuestión de unos decenios el superar definitivamente los últimos restos de maldad y violencia; y esta fe en el “progreso” ininterrumpido e irresistible tenía para aquellos tiempos, en realidad, la fuerza de una religión.”

En 1941 , desde Brasil, en un pequeño bungalow alquilado en Petrópolis, escribe Stefan Zweig estas líneas del libro que había comenzado en Londres un año antes para evocar la situación del mundo anterior. Son los meses en los que redacta su “Montaigne” y “Una partida de ajedrez”. El desarrollo de la guerra le sume en absoluto pesimismo. “Ante todo — le escribirá al novelista francés Jules Romains— es necesario encontrar el equilibrio y combatir la fatiga moral que me invade desde hace meses.” No conseguirá evadirse del pesimismo y su vida acabará, junto a la de su segunda mujer,  en febrero de  1942.

 

Aunque  el origen de las circunstancias que vivimos hoy sean muy distintas, ¿qué escribiría ahora un Stefan Zweig  actual ante este “mundo de la seguridad” que  se tambalea, ante la seguridad , tan aparentemente firme,  en que los países vivían hasta  hace pocos meses?  “ Las comodidades — seguía evocando  Zweig sobre su  “mundo de ayer” — pasaban  de las casas distinguidas  a las burguesas. Los hombres se tornaron más bellos, más fuertes, más sanos desde que el deporte aceraba su cuerpo. Sociólogos y profesores competían en el afán de hacer más sano y hasta más feliz el modo de vivir del proletariado. Nuestros padres  estaban firmemente  poseídos por la confianza en la fuerza unificadora indefectible de la tolerancia y la conciliación (…) Aquel optimismo precipitado, a los que aprendimos con dolor se nos antoja trivial a la vista de una catástrofe que, con un solo golpe, nos ha hecho retroceder un milenio, dejando sin efecto todo humano esfuerzo (…) En toda mi vida nunca he probado  la impotencia humana más cruelmente ante los acontecimientos mundiales.”

¿ Qué escribiría  hoy sobre nuestro momento presente un nuevo Stefan Zweig?

 

 

(Imágenes—1- Andrea Kerstez/ 2- Alexis Perevoschikov/ 3-Enzo Sellerio)

LOS GATOS Y LA HISTORIA

 

 

 

“Largo tiempo el gato —así lo cuenta el historiador Michel Pastoureau — ha sido mirado en Europa  cómo un animal negativo, un ser secreto, un atributo de fantasmas. Se le han reprochado sus costumbres nocturnas, su independencia, su hipocresía, su pelambrera negra o atigrada. Se creía de él que tenía el poder de los embrujos (especialmente en el dominio del amor), y de atraer la desdicha sobre una persona o sobre una casa.  Por otro lado, hasta el siglo XlV, más o menos domesticado, entraba en las viviendas para cazar ratones. En la época moderna, torturar o hacer morir a un gato era una  diversión popular muy frecuente, sobre todo en la época de carnaval y en el momento de las fiestas de San Juan, cuando por toda Europa se quemaban ritualmente a los gatos o se les encerraba dentro de un saco y los ahogaban.

 

 

En la ciudad de Metz, por ejemplo,  esta costumbre bárbara no acabó hasta 1773. Todos esos rituales tenían por efecto una especie de exorcismo: intentaban cazar los malos espíritus, poner fin a las epidemias, proteger a los hombres y a los animales. Al pasar el tiempo, estas prácticas festivas y colectivas quedaron más contrastadas con las actitudes privadas ante los gatos. La desconfianza y barbarie de un principio pasaron luego a la acogida y a la afección. Desde la Edad Media los gatos adquieren el derecho de entrar en las casas y llegar a hacer parte de la familia. Este cambio tiene lugar en la mitad del siglo XlV, cuando la peste negra hace estragos y mata a cerca de un tercio de la población europea. Se creía que la gran rata negra era uno de los agentes propagadores de la epidemia y el gato fue el encargado de combatir. Diversos hombres de letras han sido célebres también por sus gatos y han contribuido a revalorizar a este animal : así Montaigne, La Fontaine o Montesquieu.

 

 

En su “Diccionario de los símbolos”, Jean Chevalier  anota que el gato oscila entre las tendencias benéficas y maléficas. En Camboya, un gato es transportado de casa en casa a lo largo de una procesión con la intención de obtener la lluvia; cada vecino intenta persuadir al gato con sus gritos. En la tradición musulmana el gato es siempre favorable, excepto si es negro. Se dice que un gato negro posee poderes mágicos. Entre algunos  indios de América del Norte, el gato salvaje es símbolo de la astucia, la reflexión, la ingeniosidad, gran observador, maligno, que al final logra siempre su propósito. Y de la astucia y la ingeniosidad, se pasa a la clarividencia, valorada mucho sobre todo en el África central.”

 

 

(Imágenes—1– Matisse y su gato/2-Leonard Freed/3-Satoshi Okazaki/ 4- Matisse y sus gatos)

 

EN TORNO A LA AMISTAD

 

 

“Nada supera “ser un amigo para un amigo” (decía Schiller). La pérdida de un amigo es irreparable (uno puede volver a contraer matrimonio, adoptar un hijo…) La fuente de la amistad es insondable —sigue diciendo Steiner en “Fragmentos” —“Porque él es él, porque yo soy yo (decía Montaigne).  El hombre o la mujer inmune a la amistad, que no tiene amigos, ya sea por accidente o por designio, es un exiliado, un caminante de la noche. Él o ella no pueden contar con una bienvenida segura. La amistad nos autoriza a decir: “Yo soy porque tú eres”. Al mismo tiempo no hay dolor más persistente, ninguna cicatriz más irremediable que la de la amistad traicionada. Ya sea que se haya  conspirado contra un amigo o que él o ella nos haya sido desleal. La causa puede ser una palabra expresada con descuido, un gesto intranscendente. Quienes han sufrido tortura para revelar un nombre cuentan que la voz silente de la amistad puede más que la agonía. Quienes no lograron soportar y enviaron a un amigo a la muerte, viven el resto de su vida en un intermedio.

 

 

En la infancia pueden darse incontenibles amistades de la más grande efusión. La fidelidad inquebrantable marca la adolescencia. Se intercambian claves, se inventan idiomas secretos, se establecen rituales de confianza. El caleidoscopio de la amistad adulta es diverso. Pasa por encima de ideologías, barreras étnicas, largas separaciones. El amigo verdadero se vanagloria por los laureles  del otro. La amistad de los viejos tiene su propio encanto distintivo. Acepta las generosidades del recuerdo, las ironías que hacen tolerables  las debilidades.

La amistad es la compensación de la existencia humana, su inmerecida recompensa.”

 

(Imágenes —1- Kevin hendley-1961/ 2-Katie Griesar/ 3-Jack Spencer)

EN TORNO AL MIEDO

 

 

”De nada tengo más miedo que del miedo —decía Montaigne —. También supera en violencia al resto de accidentes. Quienes sufren el temor apremiante de perder sus bienes, de ser enviados al exilio, de caer subyugados, viven en continua angustia, dejan de beber, de comer y de descansar. Mientras tanto, los pobres, los desterrados, los siervos viven con frecuencia tan alegremente como los demás.

No soy buen naturalista —como suele decirse —, y apenas sé por qué causa actúa el miedo en nosotros, pero se trata, en cualquier caso, de una pasión extraña, y dicen los médicos que no hay otra que arrastre antes el juicio fuera de su debido asiento. A decir verdad, he visto a mucha gente perder la razón por miedo; y entre los más serenos, genera ciertamente, mientras dura el acceso, terribles ofuscamientos. Incluso entre los soldados, donde debería encontrar menos sitio, ¿cuántas veces no ha transformado un rebaño de ovejas en un escuadrón de coraceros?”.

(Imagen. –Logginou)

MONTAIGNE ANTE LA MESA

 

 

“No me apetecen demasiado ni las ensaladas ni las frutas, salvo los melones —confesaba Montaigne —. Mi padre detestaba toda clase de salsas; a mí me gustan todas. El comer demasiado me sienta mal; pero no sé todavía con seguridad de ningún alimento que me perjudique por sus características; tampoco noto ni la luna llena ni la menguante, ni la diferencia entre otoño y primavera. En nosotros se producen movimientos inconstantes y desconocidos ; en efecto, los rábanos negros, por ejemplo, primero los encontré agradables , después molestos, ahora de nuevo agradables. En muchas cosas siento que mi estómago y mi  gusto van variando de este modo: he cambiado del blanco al clarete, y después del clarete al blanco. Me encanta el pescado. Creo en lo que dicen algunos: que es más fácil de digerir que la carne.

 

 

Desde joven me saltaba de vez en cuando alguna comida. A veces para avivar mi apetito al día siguiente; yo lo hacía con vistas a preparar mi placer para aprovecharse mejor y servirse con más alegría de la abundancia. O a veces ayunaba para preservar mi vigor al servicio de alguna acción del cuerpo o del espíritu , pues el uno y el otro se me vuelven perezosos por efecto de la saciedad. O a veces para curar mi estómago enfermo, o por carecer de buena compañía, pues sostengo que no debe mirarse tanto lo que se come, cuanto con quién se come. Para mí no existe condimento tan dulce ni salsa tan apetitosa como los que se obtienen de la compañía.

 

 

Creo que es más sano comer más despacio y menos, y hacerlo más a menudo. Pero quiero hacer valer el apetito y el hambre: no me daría placer alguno arrastrar, de forma medicinal, tres o cuatro miserables comidas al día forzadas de este modo. Para nuestras ocupaciones y para el placer, es mucho más cómodo perder la comida y aplazar los banquetes a la hora del retiro y del reposo, sin  interrumpir la jornada. Así lo hacía yo en otros tiempos. Para la salud, me parece después por experiencia, en cambio, que es mejor comer y que la digestión  se hace mejor despierto.

 

 

No soy muy propenso al deseo de beber, ni sano ni enfermo. Me suele suceder, entonces, que tengo la boca seca, pero sin sed. Y, en general, sólo bebo por las ganas que me surgen al comer, y muy al comienzo de la comida. Bebo bastante bien para un hombre de tipo común; en verano y en una comida apetitosa, no sobrepaso siquiera los límites de Augusto, que no bebía sino tres veces exactamente. Los vasos pequeños son mis predilectos, y me gusta vaciarlos, cosa que los demás  evitan como inconveniente. Por regla general echo la mitad de agua en el vino, a veces un tercio de agua. Y cuando estoy en casa, por un antiguo proceder que su médico prescribía a mi padre y a sí mismo, mezclan el que necesito ya en la bodega, dos o tres horas antes de servirlo. Cuentan que Cranao, rey de los atenienses, inventó la costumbre  de aguar el vino, útilmente o no, he visto debatirlo. Me parece más decente y más sano que los niños no lo tomen hasta después de los dieciséis o dieciocho años. El uso público legisla sobre tales cosas”.

 


 

(Imágenes—1-Ella  Kruglyanskaya/ 2- pan- Dalí – fundación Dalí / 3- Andrey Godyaykin/ 4- William Ratcliffe/ 5-Hugo Suter)

VERANO 2019 (2) : RETIRO Y SOLEDAD

 

 

“Hemos de reservarnos una trastienda muy nuestra, libre — dice Montaigne —, en la que establezcamos  nuestra verdadera libertad y nuestro principal retiro y soledad.  En ella se ha de tener ordinaria charla con uno mismo y tan privada que ninguna relación o comunicación extraña halle en ella lugar; discurrir y reír allí como si se careciera de mujer, hijos y bienes, escolta y criados, para que cuando acaezca el momento de la pérdida, no sea nuevo para nosotros prescindir de todo ello. Tenemos un alma capaz de volverse sobre sí misma; puede hacerse compañía;  tiene con qué atacar y con qué defenderse, algo que recibir y algo que dar; no temamos languidecer en esa tediosa soledad.”

(Imagen – reaktorplayes)

RIESGOS DE LA OCIOSIDAD

 

 

“Vemos que las tierras ociosas – dice Montaigne – , si son ricas y fértiles, rebosan de cien mil clases de hierbas salvajes e inútiles, y que, para mantenerlas a raya, es preciso someterlas y dedicarlas a determinadas semillas para nuestro servicio. Lo mismo ocurre con los espíritus. Si no los ocupamos en un asunto determinado que los refrene y obligue, se lanzan en desorden, a diestro y siniestro, por el vago campo de las imaginaciones.

Y no hay locura ni desvarío que no produzcan en tal agitación, “como sueños de un enfermo, se forjan vanas imágenes”, y así lo recordó  Séneca. El alma que no tiene un objetivo establecido, se pierde. Porque, como suele decirse, estar en todas partes es no estar en lugar alguno.

 

 

Recientemente me retiré a mi casa, decidido a no hacer otra cosa, en la medida de mis fuerzas, que pasar descansando y apartado la poca vida que me resta. Se me antojaba que no podía hacerle mayor favor a mi espíritu que dejarlo conversar en completa ociosidad consigo mismo, y detenerse y fijarse en sí. Esperaba que, a partir de entonces, podría lograrlo con más facilidad, pues con el tiempo se habría vuelto más grave y más maduro. Pero veo, que, al contrario, como un caballo desbocado, se lanza con cien veces más fuerza a la carrera por sí mismo de lo que lo hacía por otros. Y me alumbra tantas quimeras y monstruos fantásticos, encabalgados los unos sobre los otros, sin orden ni propósito,  que, para contemplar a mis anchas su insensatez y extrañeza, he empezado a registrarlos, esperando causarle con el tiempo vergüenza a sí mismo.”

 

 

(Imágenes- 1- Eyvind Earle / 2 y 3- Atkinson Grimshaw)

MÚLTIPLES LENGUAJES

 

 

”Los enamorados – reuerda Montaigne – se enfurecen, se reconcilian, se hacen ruegos, se dan las gracias, se citan, y, en suma, se lo dicen todo con los ojos. ¿Qué decir de las manos? Requerimos, prometemos, llamamos, despedimos, amenazamos, pedimos, suplicamos, negamos, rehusamos, interrogamos, admiramos, contamos, confesamos, nos arrepentimos, tememos, nos avergonzamos, dudamos, instruimos, mandamos, incitamos, animamos, juramos, atestiguamos, acusamos, condenamos, absolvemos, injuriamos, despreciamos, desafiamos, nos irritamos, adulamos, aplaudimos, bendecimos, humillamos, nos burlamos, nos reconciliamos, recomendamos, ensalzamos, celebramos, nos alegramos, nos compadecemos, nos entristecemos, nos desconsolamos, nos desesperamos, nos asombramos, gritamos, callamos, ¿y qué no?, con una variación y multiplicación que rivaliza con la lengua.

 

 

Con la cabeza, invitamos, despedimos, reconocemos, repudiamos, desmentimos, damos la bienvenida, honramos, veneramos, desdeñamos, pedimos, rechazamos, nos alegramos, nos lamentamos, halagamos, regañamos, nos sometemos, retamos, exhortamos, amenazamos, afirmamos, preguntamos.

¿Qué decir de las cejas?, ¿y de los hombros? No hay movimiento que no hable un lenguaje que es inteligible sin enseñanza, y que es público. Por eso, viendo su variedad y su práctica diferente de la de los demás, éste debe considerarse más bien como el propio de la naturaleza humana.”

 

 

(Imágenes -1-Jean Moral – 1927/ 2-Gerhard Richter/3- Otto Steinert)

UN VERANO CON MONTAIGNE

 

”La lectura acompaña toda mi vida – decía Montaigne -, y me asiste por todas partes. Me consuela en la vejez y en la soledad. Me descarga del peso de una molesta ociosidad, y me libra, a cualquier hora, de las compañías que me fastidian. Sofoca las punzadas del dolor, cuando no es del todo extremo y dominante. Para distraerme de una imaginación importuna, no tengo más que recurrir a los libros; me desvían fácilmente en su dirección, y me la arrebatan. Y, además, no se rebelan por ver que no los busco sino a falta de los demás bienes, más reales, vivos y naturales. Me reciben siempre con el mismo semblante”.

 

 

En el verano de 2012 y a través de la emisora francesa France Inter, el escritor y profesor en el Collège de France y en la Universidad de Columbia, Antoine Compagnon, dedicó unos minutos cada día a hablar de Montaigne. El éxito de sus reflexiones se convertiría después en un libro, “Un verano con Montaigne” (Paidós), que pronto se transformó en una obra enormemente comentada y apreciada. Se unían, pues, el verano y la lectura, exactamente los ecos de la lectura de un clásico : “la gente – confesaba algo asombrado Compagnon –  estaría tumbada en la playa o tomando un aperitivo antes de comer, y oiría hablar de Montaigne por la radio.” Nunca es tarde para leer un clásico. Los veranos bien pudieran ser tiempos de reelectura. Veranos quizá con sorbos de Pascal, con máximas y consejos, con poemas casi olvidados y ahora recobrados, con pensamientos célebres. Montaigne lo demostró en su día a través de la radio, en medio de las playas y los campos, y abrió una caja de sorpresas.

”La lectura de todo buen libro –así lo recordaba Descartes– es como una conversación con los hombres que lo han escrito, lo más esclarecedor de los siglos pasados; una conversación selecta en la cual no nos descubren sino sus mejores pensamientos.”

 


 

(Imágenes -1- Ferdinando Scianna/ 2- foto Patrick Andrade – New York Times/ 3- Claude Monet – 1886)

DE LA AMISTAD Y DE LOS HIJOS

 

 

“De hijos a padres – dice Montaigne en susEnsayos” – se trata más bien de respeto. La amistad se nutre de comunicación, y ésta no puede darse entre ellos porque la disparidad es demasiado grande y acaso vulneraría los deberes naturales. Porque ni pueden comunicarse a los hijos todos los pensamientos secretos de los padres, para no crear una intimidad indecorosa, ni las advertencias y correcciones, en las que radica una de las primeras obligaciones de la amistad, podrían ejercerse de hijos a padres (…) A decir verdad, el nombre de hermano es hermoso y está lleno de dilección, por eso lo convertimos, él y yo, en nuestra alianza. Pero compartir bienes, los repartos y el hecho de que la riqueza de uno conlleve la pobreza del otro, diluyen extraordinariamente y aflojan el lazo fraternal. Al tener  que conducir el curso de su promoción por el mismo camino y al mismo paso, es forzoso que los hermanos tropiecen y choquen a menudo. Además, ¿por qué ha de darse en ellos la correspondencia y relación que generan las amistades verdaderas y perfectas? Padre e hijo pueden tener temperamentos enteramente alejados, y los hermanos también (…) No es que yo no haya probado cuanto puede darse por ese lado. He tenido el mejor padre que jamás ha existido, y el más indulgente, hasta su extrema vejez, y pertenezco a una familia famosa y ejemplar de padre a hijos en lo que se refiere a concordia fraternal (…) Pero en la amistad se produce un calor general y universal, por lo demás templado y regular, un calor constante y reposado, lleno de dulzura y pulcritud, que no tiene nada de violento ni de hiriente”.

(Imagen – Georgia O ‘Keeffe – 1922 – witney museum artdlay  org)

EN CONVERSACIÓN CON LOS DIFUNTOS

 

 

“Hay muchos queridos difuntos amontonados en los estantes de casa – decía Rafael Chirbes -, con ellos hablo; a ellos escucho. Desde Aub y Galdós, a Tolstoi, Montaigne, Yourcenar, Lucrecio y Virgilio, Faulkner, Döblin, Proust, Balzac, Eca de Queirós, y tantos y tantos. Salgo poco de casa, así que los releo al azar o movido por alguna intuición que me dice que ése y no otro es el difunto al que debo oír en determinado momento. En general no me equivoco. También sueño con difuntos a los que conocí cuando estaban vivos, y hasta toqué, y ahora ya no están en ningún sitio, y saber que no están y no puedo hablarles ni escuchar su voz me angustia cuando me meto en la cama. Algunas noches se apoderan de la habitación, su ausencia me roba el aire y tengo que encender la luz para no ahogarme”.

 

 

“Se cita a Quevedo y citaré a Gracián: de joven se dialoga con los muertos, con los que nos han precedido  – dice a su vez  Eduardo Mendoza enMil bosques en una bellota” -; en la madurez, con los vivos; en la vejez, con uno mismo. Creo estar en la tercera etapa. Pero he dialogado con muchos muertos. Como empecé a escribir muy joven, tuve como modelo los autores juveniles ( Verne, Rider Haggard, Conan Doyle) y nunca he renunciado a su legado. Baroja me abrió la puerta a mi propio estilo. Siempre he tenido a la vista los grandes clásicos del XlX y del XVlll. Pero creo que los grandes clásicos son como las grandes montañas. De lejos oxigenan y engrandecen; escalarlas es peligroso”.

 

 

“En un momento me di cuenta – decía Ricardo Piglia – de que en el “Ulises” de Joyce y en “En busca del tiempo perdido” de Proust la palabra metempsicosis aparecía ligada al acto de leer. Las almas muertas descansan en la página. Mis reencarnaciones favoritas han sido Hemingway y Roberto Arlt; los leí cuando era muy joven y traté -inútilmente – de escribir como ellos. A esa edad uno está muy atento a las mutaciones póstumas y a la voz escrita de los antepasados. La tradición literaria como un espiritismo de la letra”.

 

 

(Imágenes -1- Faulkner/ 2- Tolstoi – Wikipedia/ 3- manuscritos de Proust – arcadia ego universite urbana champion de Illinois / 4- Hemingway – foto de Ken Heyman  – stateooftheart- pophotocom)

EN VERANO, VIAJAR

 

 

“Viajar – dice Montaigne – me parece un ejercicio provechoso. El alma se ejercita continuamente observando cosas desconocidas y nuevas. Y no conozco mejor escuela para formar la vida, como he dicho a menudo, que presentarle sin cesar  la variedad de tantas vidas, fantasías y costumbres diferentes , y darle a probar la tan perpetua variedad de formas de nuestra naturaleza. El cuerpo no está ni ocioso ni agitado, y ese moderado movimiento lo pone en vilo. Aguanto a caballo sin desmontar – dice en 1580 en su viaje por Suiza y Alemania hasta Roma -, enfermo de cólico como estoy, y sin aburrirme, ocho y diez horas.

(…) No ignoro que, si lo tomamos al pie de la letra, el placer de viajar es prueba de inquietud e irresolución. Por otra parte, estas son nuestras características principales y predominantes. Sí, lo confieso, no veo nada, ni siquiera en sueños, ni con el deseo, donde pueda detenerme; sólo me satisface la variedad, y la posesión de la diversidad, si es que me satisface alguna cosa. En los viajes, me alienta hasta el hecho de poder parar sin perjuicio, y de tener donde distraerme cómodamente de ellos”.

 

 

Antoine Compagnon, al evocar estas frases en “Un verano con Montaigne” (Paidos), recuerda que “la equitación le proporciona a Montaigne una “agitación moderada”, hermosa combinación de términos para designar una especie de estado intermedio e ideal. Aristóteles pensaba caminando y enseñaba deambulando; Montaigne encuentra sus ideas trotando y cabalgando“.

 

 

(Imágenes -1-Nicola Simbari– 1968/ 2- Henry Moret- 1895/ 3-Gustave Moreau)

ELOGIO DE LA MANO

 

manos-nui-paul-rockett-mil-novecientos-cincuenta-y-seis

 

“Manos delicadas expertas en el análisis – escribe Henri Focillon en suElogio de la mano” -, dedos largos y móviles de razonador, manos proféticas bañadas de fluidos, manos espirituales, donde la inacción misma tiene elegancia, manos tiernas (…); el rostro humano está compuesto sobre todo de órganos receptores. La mano es acción: toma, crea, a veces se diría que piensa. En reposo, ella no es algo sin alma, abandonada sobre la mesa o extendida a lo largo del cuerpo: la costumbre, el instinto y la voluntad de acción meditan en ella, y no es necesario realizar un gran ejercicio para adivinar lo que va a hacer.

 

manos-yybbbnn-man-ray

 

Rembrandt nos muestra las manos en toda la diversidad de emociones, de tipos, de edades, de condiciones. ¿Por qué este órgano callado y ciego nos habla con tanta fuerza persuasiva? Él es uno de los más originales, uno de los más diferenciados, como las formas superiores de la vida. Articulado sobre carnes delicadas, el puño tiene por armadura un gran número de huesos (…) En la vida activa de la mano, ella es susceptible de enternecerse o de endurecerse, como es capaz de amoldarse al objeto. El trabajo ha dejado marcas en las cumbres de las manos, y se puede leer, si no los símbolos de las cosas pasadas y futuras, al menos su trazo y cómo las memorias de nuestra vida a veces pérdidas, pueden ser también una herencia lejana. De cerca, la mano es un paisaje singular, con sus montes, su gran depresión central, sus estrechos valles fluviales, sus cordilleras y  sus lagos tan puros y finos como una escritura.

 

manos-rreev-germaine-krull-mil-novecientos-veintinueve

 

(…) Las manos no son una pareja de gemelos pasivamente idénticos. No se distinguen la una de la otra. Yo no creo absolutamente en la eminente dignidad de la mano derecha. Si la izquierda le falla, la derecha entra en una soledad difícil y casi estéril. La izquierda, esa mano que designa injustamente el lado malo de la vida, la porción siniestra del espacio, aquella que no hace sino reencontrar la muerte o el enemigo, es capaz de cubrir todos los deberes de la mano derecha (…) El arte se hace con las manos. Ellas son el instrumento de la creación, pero también el órgano del conocimiento. Para todo hombre; para el artista, más aún, y según sus caminos particulares (…) La mano toca, palpa, valora el peso, mide el espacio, modela la fluidez del aire y prefigura la forma, acaricia la superficie de cada cosa, y es este lenguaje del tocar el que compone un tono caliente, un tono frío, un tono pesado, una línea dura, una línea suave. Pero el vocabulario hablado es menos rico que el de las impresiones de la mano, y haría falta otro lenguaje para traducir su nombre, su diversidad y su plenitud”.

 

manos-ryyuu-helmar-lerski

Los detalles de la mano han sido estudiados y tratados por muy diversos autores. Entre ellos destaca el análisis de André Chastel sobre el papel privilegiado del dedo índice de la mano en el Seminario que dictó en el Collège de France de 1977 a 1979 sobre el gesto en el arte del Renacimiento (Siruela). Allí la mano se concentra en cuanto revela un dedo que señala algo esencial en Masaccio, Luca Signorelli, Leonardo, Caravaggio, Poussin o Fra Angélico entre otros. El dedo índice parece desprenderse de la mano, que queda en segundo término, para adentrarse en la petición de silencio sobre los labios o en la íntima unidad de la oración.

Y sobre los pulgares, Montaigne quiso tratarlos igualmente en sus “Ensayos”. “Dicen los médicos – escribe – que los pulgares son los dedos dominantes de la mano; los griegos los llamaban la “otra mano”, y parece que los latinos los toman en el sentido de mano entera. Se sabe que en Roma apretar y bajar los pulgares era una expresión de favor y alzarlos y desviarlos hacia fuera , lo era de desfavor. También los romanos dispensaban de la guerra a quienes tenían el pulgar herido, como si no pudieran ya coger las armas con suficiente firmeza”.

 

manos-bfr-nicolas-regnier-la-buenaventura-mil-seiscientos-veintiseis-el-louvre-wikipedia

 

(Imágenes.-1-Paul Rockett- 1956/ 2.- Man Ray/ 3.-Germaine Krull- 1929/ 4.-Helmar Lerski/ 5.-Nicolás Regnier- la buenaventura- 1626- El Louvre- Wikipedia)

ANTE EL NUEVO AÑO

puerta-byu-rene-magritte

 

“Conocer el futuro carece de utilidad – dice Cicerón – Es miserable angustiarse sin provecho alguno”. “Los arúspices – dice también Cicerón – ven muchas cosas, los augures prevén muchas, muchas son anunciadas por los oráculos, muchas por los vaticinios, muchas por los sueños, muchas por los portentos” (…) “Veo a algunos – escribe a su vez Montaigne en susEnsayos”  – que estudian y glosan los almanaques, y que nos alegan su autoridad para las cosas que ocurren. ¿Quién, pues, si arroja todo el día la lanza no acertará de vez en cuando en el blanco? (…) He observado con mis propios ojos que, en los momentos de confusión pública, los hombres, aturdidos por su fortuna, abrazan cualquier superstición, entre ellas la de buscar en el cielo las causas y las antiguas amenazas de desdicha”.

Y Plutarco señala ante el porvenir: “el joven debe hacer sus preparativos, el viejo disfrutarlos”.

FELÍZ AÑO 2017 para todos

(Imagen-René Magritte)