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Posts Tagged ‘Miguel Delibes’

 

 

Los fotógrafos españoles Oriol Maspons y Julio Ubiña realizaron para la colección “Palabra e imagen” de la editorial Lumen, en 1966,  el libro de fotografías “Poeta en Nueva York”, de García Lorca. Los dos fotógrafos se habían asociado en 1957 y construyeron juntos un excelente trabajo en equipo : Ubiña creando reportajes sobre Angola, el Congo y Oriente Medio, entre otros muchos países, y Oriol Maspons situado en 1964 por “Photography Year Book” entre los seis fotógrafos más importantes del momento fotográfico mundial. En la colección “Palabra e imagen” había aparecido ya un título de Maspons con textos de Miguel Delibes, “La caza de la perdiz roja” y el conjunto de Maspons/ Ubiña había publicado “Toreo de salón”, con textos de Camilo José Cela.

 

 

Ahora se abre una exposición en la Biblioteca Nacional sobre la relación entre fotografía y literatura – 60 “fotolibros poéticos” – como parte de PhotoEspaña y bajo el título “La cámara de hacer poemas”. Allí aparece, naturalmente, este libro de Lorca. Acompañando al texto del poeta, los dos fotógrafos captan los lugares de Nueva York de los que Lorca habla de modo específico y a la vez otras imágenes que son una interpretación libre del mundo y las sugerencias de los versos lorquianos. Maspons y Ubiña realizaron esas fotos en la ciudad de Nueva York en 1965 y, según los editores del libro, “procuraron captar en síntesis extraña lo que tenía de común la ciudad de 1965 con una ciudad y unos versos de treinta y cinco años atrás. Las fotos corresponden, pues, a Nueva York, pero a una Nueva York especial, una ciudad vista y extendida a través de unos poemas.”

 

 

(Imágenes- 1-portada del libro de Lorca/ 2- Nueva York – Oriol Maspons/ 3- Nueva York- Michael Magill)

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Delibes- inu- en Sedano- años sesenta

 

Estuve con él la última vez en 1987, con motivo de su nombramiento como doctor “honoris causa” por la Universidad Complutense de Madrid, en la Facultad de Periodismo. Muchos años antes – al finalizar la década de los cincuenta – nos habíamos escrito, al comentarle su novela “La hoja roja”, en los tiempos en que yo era redactor-jefe de “La Estafeta Literaria”. Ahora se anuncia el acceso al archivo del escritor y sin duda encontraremos en él grandes hallazgos.

 

DElibes-n

 

Delibes habló sabiamente de muchos temas. “Los premios literarios – dijo – tienen su cara y su cruz. El Nadal, con Nada”, fue un aldabonazo para autores  y lectores. Y un buen negocio para los editores. Por eso no tiene nada de extraño que al calor del Nadal proliferasen los premios literarios sin garantías, sin orden ni concierto (…) Es imposible en un país como el nuestro distinguir cada año cincuenta novelas meritorias. Así empieza el descrédito de los premios literarios. La gente ya no se fía de los premios. Si esta tendencia a premiar la mediocridad, salvo las excepciones, se acentúa, no tardaremos en ver que los premios que fueron ayer la cuna de la novela española serán mañana su sepultura”.

 

Delibes--

 

Hablaba del lenguaje: “En mis novelas y relatos sobre Castilla, lo único que pretendo es llamar a las cosas por su nombre y saber el nombre de las cosas. Los que suelen acusarme de que hay un exceso de literatura en mis novelas se equivocan, y es que rara vez se han acercado a los pueblos. La tendencia a la precisión que me despertó la lectura del Garrigues se agudizó al tratar yo gentes de Castilla. Es decir, la propiedad con que definen sus problemas o la topografía que les circunda es inusual, infrecuente. Este lenguaje rural – porque no tiene que ver con el popular – sigue aún llamándome la atención.

 

Delibes- nhu- Delibes con su esposa en los años curenta- fundación Miguel Delibes- el pais

 

Cuando yo escribo en mis libros aquel cabezo o aquel cotarro no significan la misma cosa. Esto es lo que saben los hombres del pueblo, pero no lo suelen saber los hombres de la ciudad. El cotarro, el teso, el cueto, no son el cabezo. El cabezo es sencillamente el cueto; el cotarro, la colina que tiene una cresta de monte y monte de encina. Esto pude parecer preciosismo, pero es exactitud”.

Amor a Castilla, amor al lenguaje, amor a la precisión.

 

Delibes- nhui- mil novecientos setenta y cinco

 

(Imágenes.- 1.- Delibes en su refugio de Sedano- años sesenta/ 2.-manuscrito de “Los santos inocentes”- fundación Miguel Delibes- el país/ 3.- manuscrito de “Cinco horas con Mario”- fundación Miguel Delibes- el país/ 4.- Delibes con su esposa- años cuarenta- fundación Miguel Delibes- el país/ 5.-Delibes en su casa- 1975)

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“¿Tiene poder el escritor de periódicos? ¿Posee poder el articulista? ¿Influye de una forma eficaz en la sociedad el texto de un artículo o de una columna?
El profesor Josep Maria Casasús señala en su libro “Artículos que dejaron huella(Ariel) que algunos de esos textos marcaron un sello y dejaron una estela de indudables repercusiones políticas y sociales. Desde el Vuelva usted mañana de Larra en 1833 hasta El catalán: un vaso de agua clara, de Pemán en 1970, otras dieciséis colaboraciones abarcan su personal selección:  Examen de la cuestión del matrimonio de la reina doña Isabel II, de Balmes, en 1845; Pastor y víctima, de Mañé i Flaquer, en 1833; La catástrofe de anoche. España está de luto. Incendio del Museo de Pinturas, de Mariano de Cavia, en 1891; J’Accuse…!, de Zola, en 1898; Sin pulso, de Francisco Silvela, en 1898; Un mensaje a García, de Elbert Hubbard, en 1899; La ciutat del perdó, de Joan Maragall, en 1909; Neutralidades que matan, del Conde Romanones, en 1914; El error Berenguer, de Ortega, en 1930; Múrcia, exportadora d’homes. Vint-i-vuit hores en transmiseria, de Carlos Sentís, en 1932; March, de Azorín, en 1933; Les Gangsters de la Mafia. Marseille, marché mondial et secret de l’opium, de Blaise Cendrars, en 1934; Verona y Argel, de Santiago Nadal, en 1944; Mano a mano. Miguel Maura, de Manuel del Arco, en 1966; El general sale a exterminar a Charlie Cong, de Nicholas Tomalin, en 1966 y Retirarse a tiempo. No al general De Gaulle, de Rafael Calvo Serer, en 1968.

Es la selección que hace Casasús e indudablemente el tema podría ampliarse y enriquecerse con otros libros y textos.


Pero la pregunta que habría que hacerse es la siguiente: ¿es esto frecuente? Hay que admitir que no. Esta influencia del artículo sobre el poder es algo excepcional. Han de reunirse varios factores en una encrucijada político-social muy definida para que un artículo, caído desde el cielo de un autor que está observando con precisión una situación clave, bombardee con oportunismo exacto un campo ya preparado para recibir esa prosa.
El poder difícilmente es sacudido por un solo artículo. (Acaso haya alguna excepción, por su repercusión social, como puede ser el J’Accuse…! de Zola.) Quizá un editorial pueda mover en un determinado momento los cimientos del poder o de sus aledaños, pero un artículo  o más bien una sucesión de artículos  – o una sucesión de columnas – está más hermanado con una lluvia fina cuya influencia tal vez se perciba muy a la larga, cuando haya empapado las costumbres y actitudes de una sociedad.

En una de las mesas redondas que en 1992 y 1994 se celebraron en la Universidad de Oviedo bajo el título El columnismo literario como corrección del Poder en España, Millás dio su opinión respecto a esto: “El columnismo literario no corrige el poder (…) Tendríamos que decir, honestamente, que quizá…, a muy largo plazo…, pero muy poquito (…) Tampoco creo que esa sea su función, si alguna tiene (…) Yo creo que el periódico es una representación de la realidad, seguramente la más inmediata y la que mayor capacidad tiene para crear opinión y hábitos de respuesta a los estímulos del poder. En los periódicos aparece la realidad jerarquizada y parcelada, formando sus distintas piezas un todo. (…) En general, vivimos con la ilusión de que comprendemos el mundo, pero el mundo, en lo que concierne a su representación escrita, ha crecido mucho más que nuestra capacidad de elaboración. Estamos sometidos desde la mañana a la noche a un bombardeo informativo cuyos contenidos no podemos elaborar. (…) El caso es que llega un punto en que la materia informativa pierde toda su capacidad simbólica para explicarnos la realidad y entonces nos refugiamos en otros ámbitos donde lo que leemos colabora de forma más o menos imperfecta a construirnos una imagen del mundo (…). Recorremos las habitaciones del periódico, como las de nuestra casa, de acuerdo a unas preferencias seguramente inconscientes, pero que acaban imponiendo un orden que, en última instancia, quizá se trate de un orden moral. Y cuando la casa es muy grande o muy fría, seleccionamos de ella algunos espacios que acotamos para el calor y para la seguridad, pero también para la comprensión. (…)
Ahí sin duda anida el valor del artículo – de la columna -, su refugio.


Delibes, entre muchos otros periodistas, se vio acuciado por ciertos lectores con el fin de que, a través de alguno de sus artículos, se pudieran modificar o mejorar realidades urgentes. “Recibo una amarga carta de una vecina de la comarca zamorana de Los Arribes del Duerocuenta enPegar la hebra” –  rogándome que trate de evitar que ‘la zona más deprimida, demográfica, social y culturalmente de Europa sea convertida en basurero nuclear del continente’. El primer efecto que esta carta me ha producido ha sido de desconcierto; luego, de enternecimiento ante la confianza que esta señora me muestra. Ella apela a ‘mi amor por las zonas rurales’, que es en verdad muy vivo y profundo, pero desgraciadamente este sentimiento no me da un ápice de poder. (…) El poder del escritor, querida señora – sigue diciendo Delibes -, es muy frágil, no va más allá de su pluma y de la emisión de un voto en una urna cada cierto tiempo. Aunque otra cosa se diga, no tiene otro poder. Por eso, hoy, al dar respuesta pública a su petición, no se me ocurre otra cosa que solidarizarme con ustedes y repetir otra vez que lo que Castilla necesita son ideas e inversiones rentables, revitalizadoras, no asilos de ancianos, pabellones de reposo, escuelas sin alumnos, ni cementerios nucleares. Algo que sujete a los jóvenes a la tierra donde nacieron, en lugar de fantasmas y amenazas que faciliten su dispersión.”

El poder, pues, del escritor de periódicos en general  y el del articulista – o columnista – en particular  no tiene tanta eficacia como en ocasiones se le atribuye.

Bastante poder tiene con contar siempre la verdad.

Y añadirle a la verdad el ser contada con belleza”.

(J. J. Perlado: “El artículo literario y periodístico.-Paisajes y personajes”.-págs 103-107)

(Imágenes.-1.-manuscrito de “Yo acuso” de Zola.-1898/2.-Albert Camus/3.-página de “L´Aurore” con la carta de Zola.- wikipedia/4-Alain Pontecorvo/5.- Central Park.-Nueva York.- foto: Yale Joel.-1957)

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Ángeles de Castro, la mujer de Miguel Delibes, era más abierta que el gran escritor, más comunicativa. Ella le facilitó su relación con el mundo, y cuando ella faltó Delibes dejó de cantar sobre aquella bicicleta suya lanzada a toda velocidad cuestas de Santander abajo camino de Burgos, frases que iba recogiendo el aire mientras Delibes cantaba: “¡Soy el hombre más felíz, soy el hombre más felíz!”.

Lo contaba él mismo en una trenzada entrevista radiofónica con tres de sus hijos – Miguel, Elisa y Adolfo – de los siete que el escritor tuvo, cuatro de ellos biólogos. Delibes inculcó un gran sentido de la austeridad a sus hijos; Adolfo recordaba que el escritor no se dio ni un capricho; pudiendo hacerlo no se compró una buena escopeta ni tampoco un buen coche; Miguel evocaba a su vez  que su padre les dio la lección de no requerir nada que no fuera necesario, les señaló el sentido de valorar mucho a los demás, la realización práctica de la compasión, lo que hoy de algún modo se define como solidaridad.

De carácter fuerte, hombre serio, los nervios, los agobios, ciertas angustias – siempre según sus hijos – le acompañaron siempre. Le costaba dar la razón al contrario, y llevaba consigo al andar por la vida esa retranca de humor que bordeaba su pesimismo vital. Las relaciones de Delibes con la gente (sigo el hilo de lo que a su padre, en la radio, le recordaban sus propios hijos en una conversación entrañable) no eran fáciles: no le gustó ser reconocido durante años y solamente con la edad y con los primeros achaques se resignaba a conversar con quien le detenía en sus paseos por Valladolid.

Fue en uno de estos paseos – la vida está empedrada de anécdotas -, cuando un joven viandante se le acercó. Delibes iba con su hijo Miguel. Decidido, con un cuaderno y una pluma en la mano, aquel que le miraba le pidió un autógrafo: “Perdone que le pare – le dijo el paseante -, pero es usted Azorín“. Delibes, muy serio, le respondió: “Joven, Azorín lleva mucho tiempo criando malvas”. Y cuando el personaje se alejó, el escritor le comentó a su hijo: “Hoy cuando llegue a casa le dirá a su madre: “Mamá, he estado con Azorín y él lo ha negado”. Es la vida”.

Como la vida sigue empedrada de anécdotas,  esta vez un niño, rompiendo las filas de un colegio, se le acercó exultante. “¿a que es usted Miguel Boyer? ¿puede darme un autógrafo?”. Delibes miró enternecido a la criatura y le escribió sin dudarlo en la página: “Miguel Boyer“. Pero lo que en cambio se negó a firmar fue la dedicatoria para un perro reiteradamente suplicada por el dueño del animal en la Feria del Libro. Como se ve, las anécdotas son impensables.

Me escribí con Delibes en varias ocasiones, con motivo de su novela “La hoja roja”, en 1959, al comentar en “La Estafeta Literaria” aquel excelente libro. Años más tarde, en 1987, nos veríamos largamente con ocasión de su doctorado Honoris Causa en la Facultad de Ciencias de Información. Allí, una vez más, se unió literatura y periodismo en este gran escritor de nuestro tiempo.

Pero entre las perdices rojas, los pájaros y las truchas, entre las madrugadas de caza, entre las ruedas de su bicicleta recorriendo la defensa del Planeta, está el silencio y el trabajo constante de tantos manuscritos minuciosos, tantas consultas sobre lenguaje, tan precisas vestimentas para arropar a personajes, historias de Castilla la Vieja que echaban a andar para “pegar la hebra” de la conversación. Sus hijos guardan el recuerdo de su discrección a la hora de escribir. No conocieron “Señora de rojo sobre fondo gris” mas que cuando estuvo publicada. Ángeles, la mujer de Delibes, era a la que le leía lo que escribía, y cuando ella murió pidió a su hijo mayor que escuchara también: “Lee esto – le dijo – porque antes lo leía tu madre y ahora no está”. A una de sus hijas, que se dedicaba a la moda, le pidió detalles para un personaje de “Diario de un jubilado“, un paleto que quería ser pretencioso. “¿Cómo lo puedo vestir?”, le preguntó. Y la hija del escritor le habló de modelos de zapatos y de cuellos muy grandes para las camisas, que Delibes apuntó.

Ahora, en el vaivén de cielos y purgatorios que ondula siempre en las Historias de la Literatura, cuando las aguas del tiempo se remansen, la perspectiva, al filo del horizonte, nos mostrará al Delibes que quedará entre tantas lecturas. Le diremos mientras pasan las páginas, “Don Miguel, Dios le guarde“, que era el saludo que más le gustaba cuando daba paseos por las calles de Valladolid.

(Imágenes:-1.-Migel Delibes y su mujer..-foto Efe.-elmundo.es/ 2.-foto el mundo.es/ 3.-apuntes para “El hereje”.-foto Carlos Arranz.-el mundo.es/ 4.-foto el mundo.es)

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Portada_libro

El periodismo literario no tiene nada que ver –decía Francisco Umbral – con los suplementos literarios y otros dominicales, cuya oferta se hace hoy por arrobas, sino que está incardinado en la maquinaria más íntima del periódico, en su cilindrada ideológica e intelectual. Una buena columna vende más que el rancio destape o la muerte de un torero. Porque los columnistas, como los viejos rockeros, de los que algo tienen, son unos viejos muchachos que nunca mueren“.

Acaba de publicarse el muy interesante volumen coordinado y editado por Javier Gutiérrez PalacioDe Azorín a Umbral.-Un siglo de periodismo literario español” (Centro Universitario Villanueva/Netbiblo) que recoge la amplia polémica suscitada desde hace tiempo en torno a qué puede llamarse o no puede llamarse periodismo literario. Acompañado de una extraordinaria antología de textos (abarcando desde “Clarín” a Manuel Vicent), se estudian en primer lugar los retazos del XlX (Valera, Galdós, Pardo Bazán, etc) ; el arco que va de la crisis a la llamada “edad de plata” (Cavia, Pérez de Ayala, Maeztu, Valle-Inclán, Baroja, Azorín,  Bello, Araquistáin y tantos otros); el periodismo literario como tribuna ideológica (Américo Castro, Azaña, Ortega, Chacel, D´Ors, Bergamín, etc); la denominada “edad de plata” (con Carrere, Foxá, Corpus Barga, Montes, Camba, Sánchez Mazas, etc); la etapa de la retórica propagandística (Alberti, Serrano Poncela, Victor de la Serna, etc); los exilios ( con Max Aub, Domenchina, Cernuda, etc); la inmediata postguerra con Salaverría, Gómez de la Serna, Pla, Rosales, Cunqueiro y Ruano, entre otros); los años cincuenta y el periodismo literario en el olvido (Benavente, Gironella, Pemán, Laforet, etc); los balbuceos de la libertad de prensa (con Anson, Areilza, Campmany, Díaz -Plaja, Carlos Luis Álvarez y otros);  la década del cambio con Julián Marías, Benet, Giménez Caballero,etc), para llegar a los ochenta de Cela, Luca de Tena, Delibes, Zambrano, Martín Gaite y varios más, y culminar en la sociedad de la información, con “el periodismo, nueva literatura“: Benítez Reyes, Alcántara, Fernán Gómez, Jiménez Lozano, Millás, Javier Marías, Muñoz Molina, De Prada, Ferlosio, Vicent y Umbral entre otros muchos.  

periódicos.-1177.-por Raymond Waters.-2008.-Craig Scott Gallery.-photografie.-artnet

Gutiérrez Palacio analiza en su Estudio preliminar cómo Periodismo y Literatura se unen en la Retórica, cuál es la aproximación al tema desde la Periodística, qué novedades ha aportado el periodismo literario en Norteamérica y en Hispanoamérica, el debate sobre si el articulismo literario es o no periodismo literario, para alcanzar al final la pregunta: “¿Qué es, entonces, el periodismo literario?”.

Aparecen en este Estudio muy distintas aportaciones. También la mía, con mi libro “El artículo literario y periodístico“, con palabras y consideraciones que yo agradezco mucho al editor-coordinador. Creo que este muy amplio volumen, por su riqueza de autores antologados y por el preciso y atento trabajo de investigación y de clarificación, va a merecer un puesto muy destacado en la Bibliografía sobre la materia.

(Image: 2.-Cash f0r 400 Negroes.-2008.-por Raymond Waters.-Craig Scott Gallery.-artnet)

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