ONETTI, AVENIDA DE AMÉRICA, OCTAVO PISO

«Y yo estaba sentado en el sofá del apartamento tercero de la octava planta, calle Chile al 600, aquel «San Telmo» que había colocado en el principio del Sur de Buenos Aires, e imaginaba con todos mis esfuerzos que aquel Onetti no vendría, y ahora me decía que para qué contar y recontar cosas que parecían muertas aun estando vivas sobre «La vida breve» y «Los adioses» y «El astillero» y «Juntacadáveres«, y acabando de morir a medias en mi interior para vivir en «Dejemos hablar al viento«, empujándome a ser literatura y salvación, ya desde mi mesa de oficina en la jamás y siempre existente «Brausen Publicidad» – cuando ya había algo de Arce en mí – y allí, en la calle Victoria, imaginaba a Stein, y a Díaz Grey, y a Mami, a Gertrudis, a la Queca, a Larsen y a Gunz, a Petrus y a Barrientos, a Medina y a Gurissa y a Frieda, mientras paseaba por la calle Corrientes, y Montevideo y Buenos Aires y ahora Madrid usurpaban con su fantasía la realidad en donde yo nací, entre Santa María y Lavanda, entre dos ríos, dos mujeres, dos sueños, aquel 1 de julio de 1909, en que yo, Juan Carlos Onetti, vine a un mundo sin papel de escribir y me inventó, en laberíntico ciclo novelesco soñado a veces, Juan Manuel Brausen.».

(…)

«¿Y sabe usted – me dijo Onetti aquella tarde de 1979, en su habitación madrileña, Avenida de América, octavo piso -¡qué  coincidencia, pero qué macanas! – que yo nací un 23 de febrero?» – saltó Onetti con el vaso de vino en la mano – ¿Cierto querido? – dijo Onetti asombrado – Mi preocupación es hacer el futuro« (….) Entonces el Onetti cansino apoyó el libro en sus rodillas y sacó su pluma; en la primera página escribió. «¿A José?…¿José Julio o Juan Carlos?» – preguntó-. Y al comprobarlo, trazó con letra limpia y afilada: «Para Juan Carlos Onetti, lector implacable, con mi amistad«.Y debajo (apretados los signos) firmó : «Onetti«. Trazó una línea horizontal y dijo: «Ahora, querido, vamos a tutearnos«. Y gritó, animado, cuando entró su mujer: «¡Déjanos! ¡La cosa se está poniendo brava!!«. Luego agregó: «Ella corrige; yo corrijo poco. Ella lo pasa a máquina«. Buscó en el bolsillo su séptimo pitillo, sonó el teléfono, levantó su altura, y habló un momento».

«Alguien nos miraba: el médico Díaz-Grey desde «La vida breve«. En ella había nacido corporeizándose gracias a la invención de Brausen. Ninguno de los Onetti nos sentíamos observados. Él y yo estábamos sentados en el sofá de Lavanda-Santamaría, en el Medio Paraná, a pocas cuadras del diario y del cinematógrafo, del club Progreso, los hoteles y el arrabal, no lejos de la colonia europea de los alrededores. Onetti, con su ojo desviado, miró a Onetti, taciturno y abúlico, y a mí y al «otro» que nos estaba observando». (…)» Hay señores – me dice Onetti de repente– que se han indignado porque no aguantaban la angustia». «Querido – me añade -, la próxima novela serán personajes. Mi afición es contar historias. ¿Saldrá un libro de infinitas historias? ¿Será una novela o será un cuento?». («Diálogos con la cultura«, págs 215-222)

Y ahí lo dejé, ahí lo dejo. Más de una vez en Mi Siglo me he referido a ese 23 de febrero de 1979. Onetti tumbado, Onetti hablándome. Varios Onettis a la vez preguntando y contestando a la entrevista.

(Imágenes:-fotos Claudio F Pérez Miguez y Raúl Manrique Girón.-elmundo.es)

FRANCISCO YNDURÁIN, MI MAESTRO DE SIEMPRE

Se publica en estos días el Homenaje que Bilaketa ha querido dedicar a don Francisco Ynduráin, mi maestro de siempre. Unas páginas llenas de recuerdos, en las que coincidimos, con diversos testimonios personales, María del Carmen Bobes, José María Díez Borque, José-Carlos Mainer, Aurora Egido, Ricardo Senabre, Santos Sanz Villanueva, Charo Fuentes Caballero, Carlos Galán, Ángel Gómez Moreno, Juan Marín, María Antonia Martín Zorraquino, José Paulino Ayuso, Leonardo Romero Tobar, Ángel San Vicente Pino, Jesús Sánchez Lobato, José Javier Alfaro Calvo, Luis Antonio de Villena, la Casa-Museo Pérez Galdós y yo mismo.

Para mí ha sido muy emotivo colaborar en este excelente volumen, coordinado por Salvador Gutiérrez bajo el título «Como aré y sembré, cogí«, porque ha vuelto a mi memoria el elegante perfil de Ynduráin, caballero de consejos, amistad y lecturas, con el que tantas veces charlé y del que tanto aprendí. Enlazamos conversaciones múltiples a través de circunstancias y ciudades y hoy en Mi Siglo ofrezco las palabras que le dedico en este Homenaje:

MI    AMISTAD   CON   DON    FRANCISCO

«Conocí a Don Francisco con motivo de lo que entonces se llamaba “Examen de reválida”, el paso difícil e imprescindible para pasar del Colegio a la Universidad. Fue en Zaragoza – sería en 1951 o 52 -, tendría yo entonces dieciséis o diecisiete años y el lugar convocado para el examen oral era un antiguo y solemne salón de la Facultad de Medicina, en el centro mismo de la ciudad. Allí acudimos todos los alumnos del Colegio de La Salle, donde yo estudiaba, y en dicho Colegio, antes de dicho examen, hubo sus más y sus menos en torno a mi presentación a la prueba, pues algunos profesores consideraban que yo no estaba suficientemente preparado para superarla. Efectivamente, yo carecía de una formación científica adecuada y mis inclinaciones durante años se habían proyectado hacia las letras, devorando libros en Bibliotecas y escribiendo ya pequeños brotes de relatos.

Recuerdo que, por esas casualidades de la vida, al convocarme nominalmente el Tribunal, me indicaron que me colocara de pie ante don Francisco Ynduráin, catedrático de Literatura, que me indicó: “Hábleme de la generación del 98”. No titubeé, pues la conocía muy bien. Me centré primeramente en Azorín, al que había leído casi por completo y añadí – además de opiniones sobre sus novelas, cuentos y ensayos -, rasgos personales de su figura, como por ejemplo el nombre de su mujer, Julia, y el célebre paraguas rojo que al parecer descansaba en el vestíbulo de su domicilio. Conté igualmente que Azorín solía escribir de noche en muchas ocasiones y añadí muchos detalles personales de aquel gran escritor que, desde “Blanco en azul”, siempre me había acompañado.

Don Francisco, creo, quedó muy asombrado, y seguramente complacido. El resto de los catedráticos sentados junto a él me fueron escuchando, pasé luego al de Historia – quizá era entonces don Carlos Corona -, con el que también hice un ejercicio brillante, y cuando ya me coloqué para examinarme oralmente ante los titulares en Ciencias, el catedrático de Física y Química, sin duda creyendo que yo era el más distinguido alumno del Colegio por lo que hasta entonces había escuchado, me propuso: “Hábleme de lo que quiera”. Y naturalmente yo le hablé y le expuse la única fórmula de química que conocía, pues ya no me sabía ninguna más.

Aquel examen de Reválida lo superé con una gran calificación ante la perplejidad del Colegio, y ya mi rumbo se enfocó hacia las tareas de la literatura, que era lo que más me gustaba. Así, al año siguiente me matriculé en Filosofía y Letras, tuve como profesor a Don Francisco, y él me honró en muchas ocasiones con charlas inolvidables en su domicilio particular. Recuerdo muy bien una tarde en que me comentó los valores literarios de “Luz de agosto” de Faulkner y, en otra ocasión,  su semblanza ante la frescura literaria de “El Simplón guiña el ojo al Frejus” de Vittorini.

Por ese tiempo, Don Francisco colaboraba también de algún modo con temas humanísticos en Radio Zaragoza – en donde mi padre era Director – y, gracias a don Francisco y a las enseñanzas y amistades que mantuve con Don José Manuel Blecua, por entonces también en Zaragoza, y a las conversaciones con Luis Horno Liria, mis inquietudes en lecturas y en autores crecieron de modo indudable.

Tras mis dos años de Comunes en Zaragoza llegué a Madrid para cursar los tres años de especialidad en Filología Románica – acudiendo por las tardes a la Escuela de Periodismo para lograr al fin el título en esa profesión. En Madrid volví a encontrarme con Don Francisco y reanudamos la amistad. Los profesores en la Facultad de la Universidad Complutense de  Madrid eran excelentes, pero quizá Don Francisco – con su sabiduría y afecto – fue quien más me marcó. A la hora de elegir un Director de Tesis le escogí a él y así fui trabajando en lo que sería más adelante mi Tesis Doctoral – “La muerte en la obra literaria de José Gutiérrez Solana” – que defendí en Madrid años después.

Mientras tanto, mis ocupaciones periodísticas me habían llevado – desde “La Estafeta Literaria” hasta la corresponsalía en Roma, y más tarde a la corresponsalía de ABC en París. Conocí en esos años a muchos intelectuales y escritores – Cortázar, Mujica Láinez, Onetti, Scorza, Gabriel Marcel, Robert Bresson, Ignacio Aldecoa, Jesús Fernández Santos, Camilo José Cela, Luis Rosales, Pedro Sainz Rodríguez, Benjamín Palencia – y recuerdo que, años después, con motivo de un viaje al Pirineo aragonés, tuve la fortuna de coincidir en el mismo vagón con Don Francisco. Fuimos charlando todo el viaje, y yo le fui contando mis entrevistas con destacados novelistas, artistas y poetas. Le entregué en esa ocasión un libro suyo, que en aquel momento iba leyendo, ya que él me comentó que de ese libro no conservaba ningún ejemplar y, como siempre, con su amabilidad e inteligencia, me animó a recoger en un volumen todos los conocimientos literarios que había ido teniendo en aquellos años. De ahí nació “Diálogos con la cultura”, reunión de entrevistas prologadas con páginas teóricas en un intento de clasificación y análisis del género.

En 1983, al haber concluido yo mi novela “Contramuerte”, la presenté al Premio de Novela Ateneo de Santander, estando Don Francisco como Presidente del Jurado y formando parte del mismo, entre otros, José Hierro y Juancho Armas Marcelo. De nuevo, al conseguir el Premio, las conversaciones con don Francisco se reanudaron. La presentación de la novela en la Biblioteca Nacional fue el marco para escuchar otra vez las enseñanzas de Don Francisco.

Charlaríamos después muchas veces en su domicilio madrileño muy cercano al Estadio Bernabeu y allí, una vez más, sus conocimientos y su permanente afabilidad para conmigo se mantuvo entrañable.

La última vez que me encontré con él, pocos meses antes de su muerte, fue con motivo de un acto en la Residencia de Estudiantes de Madrid.

Como puede advertirse por este rápido recorrido de magisterio y amistad, la figura alta y elegante de Don Francisco Ynduráin Hernández, su sabiduria y su afabilidad, no puede separarse de mi biografía. Tengo delante en mi memoria sus precisiones de gran profesor, por ejemplo, sobre el uso de la segunda persona en las voces de la novela, sus páginas “de lector a lector”, sus estudios sobre novela, su “Antología de la novela española” o sus profundas y exactas aportaciones a muchos autores de la novelística norteamericana.

Nunca pude imaginar que aquella mañana, de pie ante él por primera vez, al hablarle de los detalles de Azorín, del primor de los detalles en su obra y en su casa, se iniciara una amistad por encima de los años, enseñanza y amistad constantes.

Cuando en 1967 estuve en casa de Azorín la tarde en que el escritor aún estaba allí de cuerpo presente y pude acompañar en las primeras horas de soledad a Julia, su viuda, recordé aquella mañana lejana de Zaragoza, cuando Don Francisco me indicó de repente: “Hábleme de la generación del 98”.

Y yo empecé a hablar».

Indudablemente – como se señala en este libro- Homenaje – la vida de Francisco Ynduráin bien puede resumirse en ese título: «Como aré y sembré, cogí».

(Imagen: Francisco Ynduráin en 1987.-archivo Bilaketa)

ALENARTE REVISTA, EN FACEBOOK Y EN TWITTER

Alenarterevista, en donde yo tantas veces colaboro (como se señala a la derecha de esta página de Mi Siglo, en los numerosos «enlaces a mi obra«) aparece ya en Twitter y en Facebook a nombre de Alena Collar, la excelente directora de esta Revista en la que desde hace dos años tengo el placer de escribir. Actualmente la Revista tiene un sistema de Foros abiertos a artistas y creadores, y a partir de enero se abrirá un chat. Escritores y artistas, pues, y cuantos aman la cultura, sin ser colaboradores directos de Alenarte, sí pueden participar desde ahora por medio de estas dos fórmulas.

Bajo el nombre de Alena Collar y a  través de Facebook, tienen ya todos cuantos lo deseen, dos interesantes puertas de comunicación para unirse a este atractivo proyecto – y gran realidad – literaria y cultural.

A todos les deseo desde este momento una gran actividad en sus – sin duda – interesantes aportaciones

(Imágenes:- Alena  Collar, directora de Alenarte Revista, leyendo unas páginas de su último libro, «Estampaciones«(Policarbonados)  en la Librería Rafael Alberti de Madrid, el 11 de febrero de 2010)


UNA COSA BELLA ES UN GOCE ETERNO

«Una cosa bella es un goce eterno,

su hermosura acrece y nunca desaparecerá en la nada,

sino que guardará para nosotros

un retiro de paz, y un dormir lleno de dulces sueños,

y salud y un apacible respiro.

Por eso, cada mañana nos tejemos

una guirnalda de flores para seguir atados a la tierra,

pese a los desalientos y a la inhumana carencia

de nobles seres, de los días sombríos

y de todos los senderos insalubres y oscuros

hechos para nuestras búsquedas; sí, a pesar de todo,

alguna forma bella aparta el sudario

que cubre a nuestro espíritu en sombras. Y así es el sol, la luna,

los viejos o tiernos árboles ofreciendo el favor de su sombra

a los inocentes rebaños, y los narcisos

en ese mundo verde donde viven, y los claros arroyos

que se crean un fresco abrigo

contra el ardiente estío, o los breñales en lo hondo del bosque

plenos de brillantes rosas silvestres;

y también la grandeza de los destinos

que imaginamos para los grandes muertos,

y todos esos hermosos relatos

que hemos escuchado o que leímos,

inagotable fuente de bebida inmortal

que mana hasta nosotros de la orilla del cielo.

Y no gustamoes esas esencias solamente

en una hora fugitiva; no, así como los árboles

que murmuran en torno de un templo, pronto nos son

tan queridos como el mismo templo, lo mismo la luna,

la pasión de la poesía, tantas infinitas glorias

llegan con frecuencia hasta nosotros hasta que se cambian

en una confortadora luz para nuestras almas

y tan estrechamente unidas a ellas

que ya está el cielo claro o en sombras

para siempre han de estar con nosotros, o morimos».

Keats: «Endymion» (escrito en abril-mayo de 1817, a los veintún años)

Santayana, cuando nos entrega «El sentido de la belleza», nos dice así:

«La Belleza, tal como la sentimos, es algo que no puede describirse. No se podrá decir jamás qué es ni qué significa. Recurriendo a la experiencia y a la memoria podremos mostrar que esta sensación varía como varían ciertas cosas según las condiciones en que se hallen colocadas; por ejemplo, que varían según el número de veces en que una forma ha sido representada o según las asociaciones que lo vinculan al pasado.(…) Es un sentimiento del alma, una sensación de alegría y de seguridad, un trance, un sueño, un puro placer. De tal modo no existe motivo para plantear el problema. La sensación se justifica por sí misma y justifica la visión que ella embellece. No existe tampoco motivo para querer buscar su origen en ese sentimiento interior. La belleza existe como existe un hermoso objeto o el mundo donde se encuentra situado ese objeto, o nosotros mismos que miramos a ambos. Es una experiencia: y no hay nada más que decir de ella».

De Santayana y de cuanto él escribe sobre la contemplación he hablado alguna vez en Mi Siglo. Contemplación ante el paisaje o la pintura, ante los rasgos de un ser humano o ante el deslumbramiento de una cosa hermosa: todo lo bello contemplado como goce eterno.

(Imágenes:-1.-foto: Camille Seaman.-Susan Spiritus Gallery.-Newport Beach.-USA.-artnet/ 2.-Graham Ovenden.-Luz de la luna Paisaje con obelisco .-Inglaterra, 2002 -Peter Nahum & Tom Tempest Radford.-Leicestergalleries)

EL FANTASMA DE LA ÓPERA

A finales de los años sesenta viví cerca de la parisina Plaza de la Ópera, en la rue Gaillon, como he contado en «París, mayo 1968«. Desde allí, cruzando los puentes del Sena, seguí a los estudiantes en su revuelta hasta la Sorbona; desde allí – a unos pasos de los aledaños de la Bolsa, desde donde yo transmitía mis crónicas – contemplé mi primer París, el París vivo, entrevisto años antes por tantas lecturas. Grandes paseantes literarios han cruzado por estas avenidas y rincones. Éric Hazan, en » L´invention de Paris» (Seuil) evoca que «es difícil imaginar el poder de seducción de los Bulevares en sus tiempos de esplendor. A pesar de su continuidad, tenían algo de espacio cerrado (…), eran como la sucesión de estancias de un inmenso palacio, cada uno con su decorado, sus horarios y sus costumbres». León Daudet, entre tantos otros, recuerda en 1928, en «Paris vécu» (Gallimard) las esculturas de la Ópera, los sueños del edificio multiplicados por mil y descendiendo a lo largo de las avenidas. Pasos y paseos por París , bailarinas de Degas, ballet de medusas a las que alguna vez me  referí en Mi Siglo, rumores nocturnos, lumbres, luces pictóricas, musicales y literarias.

Actualmente, y hasta el 9 de enero de 2011, se presenta en París una exposición dedicada a Charles Garnier , el hombre que construyó la Ópera. Se recuerda estos días en la prensa que «el ‘batiment’, que inspiró en 1909 la famosa novela de Gastón LerouxEl fantasma de la ópera tiene 11.000 metros cuadrados, capacidad para 2.200 espectadores y un escenario capaz de albergar a 450 intérpretes. Su vistoso exterior está generosamente salpicado de frisos en mármol de varios colores, columnas, estatuas de la mitología griega y bustos en bronce de compositores como Mozart y Beethoven. En el interior, todo terciopelo, hojas doradas, ninfas y querubines, destaca la araña de luces del auditorio central, que pesa seis toneladas, y una pintura en el techo bastante polémica, que rompe con la tónica del local y fue realizada en 1964 por Marc Chagall«.

Gastón Leroux escribía en 1925: «El fantasma de la Ópera existió. Me parece haber dado en mi obra suficientes pruebas y por lo que a mí se refiere estoy totalmente convencido. Existió en carne y hueso aunque él mismo se dotara de las apariencias de un verdadero fantasma, es decir, de una sombra. (…) Todavía hoy, en los camerinos de esas señoritas del cuerpo de baile, se habla del fantasma con espanto y angustia. (…) Demasiadas personas pretenden que el fantasma no ha dejado de existir«.

En mis tiempos parisinos, naturalmente, nunca vi al fantasma. Tampoco París era fantasmagórica sino una ciudad de luces y trabajo, inolvidable por su repercusión. Numerosos París en el mismo París con solo asomar la cabeza por cada una de las salidas del metro. Allí estaban, extendidas en las grandes avenidas y en las calles estrechas, la política y la pintura, la revuelta y el discurso, la meditación y la imaginación. París cubista, París sobre todo – como he señalado aquí – y el paso del tiempo.

(Imágenes:-1.-Ópera de París.-wikimedia/2.-Avenida de la Ópera.-Pisarro.-1872.-Reims.-Museo de Bellas Artes.-kalipedia)

MIGUEL HERNÁNDEZ (y 6) : TESTIMONIOS Y RECUERDOS

En Mi Siglo he ido evocando en varias ocasiones al poeta cuyo centenario – su nacimiento-  se celebra hoy. «Su castellano comido de ces – decía de él José Domingo en 1961 – estaba más próximo a la eufonía murciana que al dulce alicantino bilingüe. Su rostro irradiaba una luminosidad que se efundía por aquellos ojos tan claros, por la nariz respingona, por una boca de cierre imperfecto que no podía contener el secreto a voces de su dentadura tan blanca».

«Lluviosos ojos que lluviosamente

me hacéis penar: lluviosas soledades,

balcones de las rudas tempestades

que hay en mi corazón adolescente.

Corazón cada día más frecuente

en para idolatrar criar ciudades

de amor que caen de todas mis edades

babilónicamente y fatalmente.

Mi corazón, mis ojos sin consuelo,

metrópolis de atmósfera sombría

gastadas por un río lacrimoso.

Ojos de ver y no gozar el cielo,

corazón de naranja cada día,

si más envejecido, más sabroso«.

«Calzaba entonces alpargatas – escribió a su vez Vicente Aleixandre en «Los encuentros» (Guadarrama) -, no sólo por su limpia pobreza, sino porque era el calzado natural a que su pie se acostumbró de chiquillo y que él recuperaba en cuanto la estación madrileña se lo consentía. Llegaba en mangas de camisa, sin corbata ni cuello. (…) Unos ojos azules, como dos piedras límpidas sobre las que el agua hubiese pasado durante años, brillaban en la faz térrea, arcillla pura, donde la dentadura blanca, blanquísima, contrastaba con violencia como, efectivamente, una irrupción de espuma sobre una tierra ocre. La cabeza, de la que él había echado abajo el cabello sobrante en otros, era redonda y tenía un viso acerado en su pelo corto, con un signo de energía en el remolino de la frente, corroborado en los pómulos saledizos, pero desmentido en su entrecejo limpio, como si quisiera abrir una mirada cándida sobre el mundo entero que con él se correspondiese».

«Conocí a Migueldecía también el poeta Manuel Molina en 1960 – diciendo gorgoritos gongorinos en la tribuna del horno, con toda una risa inmensa saliéndosele por la boca, de ruda carnosidad varonil, saltándole por los ojos de verde agua madurada por los ríos que trabajan las norias del sudor, danzándole desde su cabeza semicalva de tan pelada, hasta sus pies duros de trepar entre cheroles y peñas crudas y desnudas. Desnuda era la risa de Miguel aquella mañana de sol alto, reflejando en su tez sonrosada por la proximidad de la sangre sana que inundaba toda la luz de su presencia, el imán de su alegría juvenil…»

«¡Ay viento-viento de por la mañana,

viento de por la tarde! : ¡ay viento – viento!

Me da el viento, Señor, me da la gana

el viento de volar, de hacerme ave«.

(Imagen: Miguel Hernández.-dibujo de Benjamín Palencia. (atri) -hacia 1935.-elcultural.es)

REY DEL RING

«Los pesos pesados – escribe Norman Mailer en «Rey del ring» (Lumen) – jamás tienen tan simple equilibro. Tan pronto llegan a campeones, comienzan a tener vida interior a lo Hemingway y a lo Dostoievski, a lo Tolstoi, Faulkner, Joyce, Melville, Conrad, Lawrence o Proust. El más claro ejemplo es Hemingway. Por querer ser el más grande escritor de la historia de la literatura, sin dejar de ser una inmensa figura de todas las artes corporales que su siglo y su edad le permitieran, se quedó solo, y siempre tuvo conciencia de ello». En Mi Siglo ya hablé de esa gran pieza periodística que Mailer escribió – junto a «Los ejércitos de la noche» -: el movimiento de las palabras en combate con la página, la flexión de las piernas sorteando a la imaginacion, sus puños dirigidos al mentón de los vocablos. Y siempre la observación, la constante obervación de los sentidos que todo reportaje ha de tener y que fue muy valorada en el Nuevo Periodismo. En «Un fuego en la luna» – su seguimiento de la aventura del Apolo Xl en 1969 – Mailer se retrataba en tercera persona: «Él prefería adivinar un suceso – decía – a través de sus sentidos; dado que era tan corto de vista como vanidoso, tendía a olfatear el núcleo de una situación desde cierta distancia. Así su pensamiento permanecía a menudo fuera de contacto en las elaboraciones de su cerebro, durante muchos días en la misma época. Llegado el momento, loado sea el cielo, él parecía haber comprendido el suceso. Ésa era una de las ventajas de usar la nariz, la tecnología todavía no había logrado elaborar una ciencia del olfato».

En «Rey del ring» Muhammad Ali baila sobre la lona y Mailer le sigue con su olfato de palabras: «El sparring – escribe– bombardeaba el estómago de Ali y Ali imprimía lánguido movimiento ondulatorio a su cuerpo, torciendo de vez en cuando el cuello hacia atrás cuando el sparring dirigía un golpe alto a la cara, rebotando de las cuerdas a los puños, de los puños a las cuerdas, como si su torso se hubiera convertido en un formidable guante de boxeo que absorbiera el castigo, con lo que Ali penetró en un más profundo concepto del dolor, como si el dolor dejara de ser dolor cuando se acepta con el corazón en paz».

«Muhammad Ali es interesante – le confesaba Mailer a Lawrence Grobel en «Una especie en peligro de extinción» (Belacqua) y también le confiaba la violencia que el autor de «Los ejércitos de la noche« llevaba dentro. Esa violencia alternaba la contundencia con la suavidad de la prosa y así podía escribir que «Ali descansaba en las cuerdas y absorbía puñetazos en la barriga, con leve expresión de desdén, como si los golpes, curiosos golpes, no profundizaran demasiado en su cuerpo, y después de uno o dos minutos, habiendo ofrecido su cuerpo como si fuera el cuero de un tambor en el que un loco batiera un solo, salía violentamente de aquel estado de comunión consigo mismo, y lanzaba una cascada de puñetazos como destellos de luz en el agua». El periodismo seguía golpeando una y otra vez al vientre y a la realidad de la vida » y entonces – continuaba Mailer – fue como si el espíritu de Harlem por fin hablara y viniera en su ayuda, y se aparecieran los fantasmas de los muertos en el Vietnam, y algo le mantuvo en pie ante el triunfal Frazier, el Frazier con los brazos agarrotados por la fatiga, casi fuera de sí, que acababa de propinarle el más potente puñetazo que había lanzado en su vida. Y así discurrieron los últimos segundos de una gran pelea, con Ali todavía en pie, y Frazier vencedor».

Cuando se reeditan ahora célebres fotografías de Muhammad Ali boxeando, releer también memorables reportajes sobre el tema nos conducen a las singulares peleas del periodismo.

(Imágenes:-1.-fotografía del libro sobre Muhammad Ali publicado por Taschen/2.-comic de Superman contra Muhammad Ali.-foto Andrew Henderson.-The New York Times/ 3.-foto del libro publicado por Taschen/4.-Muhammad Ali noqueado en 1966.-elmundo.es)

TRES AÑOS DE «MI SIGLO»


Mi  Siglo llega hoy a las 378.000 visitas en su tercer año de andadura sumando las lecturas que vienen desde Blogger y desde WordPress. Este post, que hace el número 748, no puede sino dedicarse únicamente a los agradecimientos. En los tres años de vida que hoy se cumplen los caminos de Internet me han traído mezclados muchos nombres desconocidos y conocidos que se han ido haciendo muy amigos. Ahora que Umberto Eco se ha referido al «vértigo de las listas» se hace imposible confeccionar una en la que se den las gracias a todos: a Daniel en Moscú, a varias Carmen, Mercè, Ángel, Enrique MF, José María Matás, Jos Petit, Francisco Doña, Angelina, Karmen, Ana, Mariàngela, Maty, Nicole, Solange, Alena, María, Aurora, Carmen Manzanera, Juanma Blazquez, Alejandro, Juan Pedro desde “Una temporada en el infierno»“, Shant Baghramian y Vane Galstian desde “Papier de Libert黓, Faycal desde “”Shaga“, Juan José desde “Scriptor.org»“, Antonio Ayuso, Don Cogito, Luis Rivera, Avelina, Dolors, Gasolinero, Fernando, Enrique, Vagabunda, Noelia, Georgia, Angie, Almudena, David, Montse, Jessica, Arancha, Luis, Javier Gómez, Joséluis, Nelson, Miranda, Darío Lodi, J. Moreno, Berenice, Pilar, Patricia, Ioana, Felipe Hernández, Helen, Lola, Enrique, Joselyn, Julio, Alicia, Ioanes Xabier, Eduardo, Jose, Lilia, Jenny, Elvira, José Manuel, Angel Feliciano, Damian, Jesús, Laura, Gabriel, Alexandra, Diego, Manuel Faliero, Rhaida, Armando, Aliux, Miguel Ángel, …Quiero igualmente agradecer a los lectores de Armenia, Marruecos, Israel, a los de Irán, Macedonia, Turquía, Australia, Corea, Eslovenia, Vietnam, India, Canadá, Serbia, Croacia, Japón, China, Rusia, Polonia, Pakistan, Cuba, Taiwan y a tantos otros, sin contar los países sudamericanos, Estados Unidos o Europa, por las veces que han acudido a leer Mi Siglo.

Seguiremos caminando.

Al cabo de tres años, mi agradecimiento.

(Imagen: Jasmina Danowski.-2008.- Spanierman modern.- Nueva York.-arnet)

SHITAO, EL PINCEL, LA MANO Y EL CORAZÓN

“Pintar es el resultado de la receptividad de la tinta; la tinta se abre al pincel; el pincel se abre a la mano; la mano se abre al corazón. Y todos ellos de la misma forma que el cielo engendra lo que la tierra produce: todo es el resultado de la receptividad”, decía Shitao, el gran paisajista chino del siglo XVll , para añadir: «El pincel sirve para salvar las cosas del caos«.

Tres siglos después, en 1999, el escritor y pintor chino Gao Xingjian, al que alguna vez me he referido en Mi Siglo, recordaba que “el estado de ánimo está en el cuadro y de él emana. El encanto y el gusto de la tinta y de las pinceladas se realizan mediante procedimientos plásticos, nada se oculta. Las imágenes que en la tinta tradicional provocan ese estado mental guardan relación con el espíritu asceta de las letras de la antigüedad china; ese estilo de existencia es proyectado en el arte con mucho encanto. Pero ese modo de vida ya no tiene validez, y debes rememorar una vida que ya no existe. (…) Lo que deseas expresar en la pintura son los sentimientos en el momento presente. Es inútil repetir las imágenes de la tinta tradicional, debes buscar tus propias imágenes mentales y con tu pincel, con tu propio medio de expresión, acceder a los sentimientos que la contemplación ha hecho nacer en un instante determinado”.



Como recuerda Palomino en su Museo Pictóricohay pinceles de pelo de brocha fino; otros de colillas de cabra; otros de pelo de perro; otros de ardilla; y otros de meloncillo. Otros suele haber de pelo de turón, que son admirables, briosos y suaves. Y los de meloncillo son bellísimos para golpear y definir en lo grande y son bellísimos para cosas más sutiles; y los más pequeños para cosas delicadas«, pero sin duda lo más importante ( para pintar, para escribir)  -y  nos lo repite Shitao desde hace siglos – es cómo el pincel lo va llevando la mano y cómo a la mano la va llevando el corazón.

(Imágenes:- 1.-paisaje de Shitao/ 2.-Los montes Sinting en otoño.-Shitao.-.-wikipedia/ 3.-dibujo de Shitao.-metmuseum)

IMÁGENES Y PALABRAS (y 5) : SOBRE LA FOTOGRAFÍA Y OTRAS COSAS

Si hemos sostenido que estamos inmersos en una cultura de la imagen – me pregunta finalmente el Dr. Alberto Sánchez León para concluir la entrevista que estoy recogiendo estos días en Mi Siglo -, ¿es entonces el artista el que tiene la última palabra?

Respuesta :-Indudablemente es el artista el que tiene la última palabra. Él tiene que entregar a los demás la imagen como si fuera una palabra (por darle la vuelta un poco a esta frase), y  a la vez él es el que tiene que mostrar la imagen estética que a su vez es reflejo proyectado desde el centro y desde lo alto, desde lo profundo, por la gran Imagen. Hablando de poesía e inspiración, Pieper recuerda en «Entusiasmo y delirio divino» que la poesía procede de un estado del alma que es antes bien un estar-fuera-de-sí, que un estar-en-sí, y este estar-fuera–de-sí no ha sido provocado por vino, veneno o drogas, sino por un poder superior. La verdadera poesía, dice Pieper, tiene, pues, su origen en la inspiración divina.

Sin adentrarme ahora en esto, que nos llevaría muy lejos, lo que inspira o transpira el centro de la Imagen o de la Palabra es el descubrimiento por parte del artista de la imagen creadora o la palabra creadora. En «El ojo y la palabra» comento que, Van Gogh, por ejemplo, no ha creado el azul, tampoco Picasso, tampoco Miró. Son todos «subcreadores«-en frase de Tolkien – y lo que descubren son las formas o los reflejos de la gran Creación en donde sí está ya creado el Azul desde el principio de los tiempos. (…) Todo esto significa para mí que el artista sí tiene la última palabra en muchos sentidos: está dotado gratuitamente de una capacidad de observación, contemplación y arrebato ante la Belleza que seguramente otros muchos no poseen y que, sin embargo, sí están dotados para otras cosas. El artista, pues, se siente impelido a recoger esa Belleza que descubre y que contempla y a transmitirla a su modo y manera, con sus técnicas propias. En ese aspecto sí tiene la última palabra, porque, aunque él no lo quiera, en cierta medida se siente obligado interiormente a reflejar esa belleza. Aunque no quiera, nota que no tiene más remedio que hacerlo. Se diría que no sirve para otra cosa. En ese caso, no sería fiel a su vocación de artista si no lo cumpliera.

Por tanto, el artista sí tiene la última palabra en esta cultura de la imagen. ¿Quién, si no, la va a tener? Él es responsable de saber contemplar la Imagen con mayúscula ( o las imágenes que transmite el mundo), y él es el responsable de transmitir la imagen o imágenes a los demás. Maritain tiene un libro pequeño y muy valioso, «La responsabilidad del artista«, que analiza muy bien estos temas. (…) De lo deseable de la Belleza que contemplamos nace el deseo del artista por copiarlo, interpretarlo, entregarlo y, por parte de quienes no son específicamente artistas, el deseo, podríamos decir, de apropiárselo, el deseo de convivir con ello largo tiempo, el tiempo mayor posible. Aunque a nuestro rápido entender no nos quepa en principio en la cabeza que no nos pueda cansar una puesta de sol, la verdad es que la belleza de una puesta de sol con sus infinitos matices contemplados podría llegar a no cansarnos nunca. Siempre, como he dicho con anterioridad, que mantuvieramos viva la capacidad de asombro. Esto no llegamos a admitirlo porque en este mundo nos obliga el sentido de la utilidad, de la concreción por la utilidad inmediata, y nos preguntaríamos entonces, ¿para qué me es útil una puesta de sol? Y el siguiente paso es decir entonces, ¿para qué me es útil la belleza?

Volviendo al tema de la imagen, el artista tiene también la última palabra al seleccionarla, escogerla y transmitirla. De lo que líbremente escoja en sus imágenes para incorporarse al mundo de la imagen, a la cultura de la imagen, él es el responsable. También cuando selecciona imágenes que no son esencialmente bellas sino que son denuncias, cuando muestra imágenes del lado oscuro del mundo, de sus deficiencias. En cualquier caso, no es, creo, el espectador de imágenes el responsable. El artista se adelanta con su ojo al ojo del espectador y le muestra una sección, un encuadre específico del mundo. Siempre que veo una fotografía pienso lo mismo. El fotógrafo ha seleccionado líbremente un aspecto concreto del mundo, de un rostro o de un paisaje. Incluso ha seleccionado el tiempo, haciendo, podríamos decir, un corte en el tiempo: lo que vemos en ese gesto de esa fotografía es un instante, ya pasó y no volverá a pasar nunca así exactamente, no se repetirán jamás los matices de ese gesto, por tanto el fotógrafo recorta un segundo del tiempo, con sus gestos y con cuanto ello conlleva, y nos lo entrega. Roba un trozo de tiempo de una vida, aunque sea minúsculo. Y eso es lo que nos muestra. Él es el responsable, él es el que tiene la última palabra en esa elección. Nosotros vemos lo que él ha elegido.  Esto no solo en la fotografía sino en el cine, video, televisión, arte en imagen en general. Además de cuanto podemos elegir nosotros constantemente con nuestra pupila, el artista nos entrega su elección, aquello que él cree que nos debe transmitir. De ahí también su libre responsabilidad. Millares o millones de ojos ven esa elección del artista que – a su manera, al elegir – en esa cultura de la imagen, está diciendo, de algún modo, su última palabra.

(Imágenes:-1.-Rain Song.-Moscou 1963.-Marie Sechtlová.-Sechlt y Museo de la fotografía Vosecek.-luminous-lint/2.-retrato de uno mismo.-Marie Sechtlová.-Sechlt y Museo de la fotografía Vosecek.-luminous-lint/3.-Nueva York 1964-Marie Sechtlová.-Sechlt y Museo de la fotografía Vosecek.-luminous.lint/4. El canal.-1996.-Franco Donaggio.-Joel Soroka Gallery.-artnet)

IMÁGENES Y PALABRAS (3) : LA BELLEZA SALVARÁ AL MUNDO

En torno a la importancia de la belleza es otra de las preguntas que se me formulan en esta entrevista publicada por la Universidad de Montevideo y que estos días estoy resumiendo en Mi Siglo.

Pregunta:  Si, como usted afirma en El ojo y la palabra -me dice el Dr. Alberto Sánchez León -, la imagen de por sí es insuficiente, pero por otro lado parece que es hoy lo que predomina, entonces ¿es posible que sólo desde ella podamos recuperar el logos, esa racionalidad perdida? ¿No es esto, en definitiva, lo que afirma Dostoievski cuando afirma que la belleza salvará el mundo?

Respuesta: Empiezo por la alusión final sobre Dostoievski y su frase: «la belleza salvará al mundo«.

Indudablemente, eso ocurrirá siempre que se sepa contemplar la belleza y siempre que el ojo humano no se distorsione atraído por la fealdad. En estos momentos hay una invasión de fealdad en muchas partes, desde la ocupación «vanguardista» de ciertos museos intentando imponer muchas veces lo detestable como «arte», hasta el descenso escalonado del gusto en imágenes chabacanas de cine o de televisión. Es tan obvio que no hacen falta demasiados comentarios.

Entonces, creo que algo importante es educar al ojo en la belleza, no inclinarlo a  la fealdad. No es bello todo lo que el hombre hace durante el día y durante su vida. No es bella – hablando claramente – una defecación, aunque sea necesaria para la vida. Y sin embargo, defecaciones se han expuesto en los museos… Por tanto, hay que educar al ojo en la belleza. En mi artículo «Necesidad del asombro» hablo de recuperar ese asombro y esa sorpresa que tantos han perdido creyendo que ya lo han visto todo.

En mi caso particular, he de decir que hay imágenes sin palabras – sin necesidad de las palabras, imágenes solas, puras imágenes- que siempre me han asombrado y me han remontado a cuestiones profundas. Por ejemplo, las del mundo submarino. Siempre que veo las extensiones del fondo del mar (en fotografías, pero sobre todo en videos, películas, documentales, etc) «me asombra» esa creación. Precisamente porque está oculta y tan sólo pueden bajar a ella de vez en cuando aquellos seres humanos con escafandras que nos lo filman. Siempre pienso : ¿por qué Dios ha hecho esto que casi nadie ve? ¿Estas gamas de colores casi infinitos en las aletas de los peces, los movimientos rítmicos de las colas con su belleza inaudita, el encanto de las grutas por las que se cuelan toda clase de animales submarinos, el colorido de las hierbas flotantes, ese mundo inacabable?¿Quién ve esa belleza de modo continuo? Nadie. Los peces mismos no la contemplan sino que únicamente la viven, y el hombre en su superficie está ajeno a ella, excepto cuando se la presentan. Si pensamos la cantidad de kilómetros de belleza oculta al ojo del hombre que se extiende bajo los océanos inmensos, entonces nos podemos preguntar por la razón de todo ello, que no es una razón de utilidad (que lo es ), sino que hay algo más: la utilidad de los peces y cuanto ellos generan podría haber sido creada en una sola tonalidad y con una sola forma, ausente de variantes, y la utilidad hubiera permanecido lo mismo. Sin belleza habría permanecido esa  misma utilidad. Entonces, ¿para qué se ha añadido a la utilidad toda esta deslumbrante belleza?

Por tanto, ¿para qué la belleza del mundo submarino?  Confieso que cada vez que la veo – y recalco que sin palabras, aquí no me hacen falta las explicaciones de Cousteau,que, por otro lado, agradezco -, todo ese mundo me lleva a Dios, no me lleva al azar. Habrá gentes que les lleve al azar, y lo respeto. A mí no me lleva al azar. No me imagino al azar como causa de todo ello. (…) Si esto ocurre debajo de nosotros, sin que nadie lo esté viendo en estos momentos, mientras estoy contestando a esta pregunta, ha de haber alguna explicación a tanta belleza. Insisto en que aquí es pura imagen; no hay palabras. No se necesitan palabras. Por tanto, el ojo humano se sumerge en esa belleza casi irrepetible y naturalmente tiende a ella como ante un imán. No creo que ningún ojo humano pueda ver fealdad en ese espectáculo incesante del mundo submarino. (Lo mismo ante la gama de colores de los pájaros, ante las tonalidades del atardecer, etc).

La imagen, pues, sin palabras, también reina en el mundo. La Creación nos presenta diariamente su imagen nunca repetitiva y esa imagen nos ofrece como en un espejo la Creación. Por tanto, cuando digo en «El ojo y la palabra» que la imagen ha de ser completada por la palabra, creo que es cierto. Pero también hay imágenes sin palabras que nos remontan hacia arriba. Se me pregunta si sólo desde la imagen se puede recuperar el logos, la racionalidad perdida. Creo que sí. Siempre que ante la imagen mantenga uno el asombro y, a través de esa imagen, al otro lado de esa imagen, se plantee uno preguntas y busque cada cual su respuesta. Acabo de hacerlo ante la imagen del mundo submarino y podría hacerse con el mundo de la astronomía, por citar alguno más ¿Qué hay detrás de esas bellezas? (…)

Siempre que nos «asombremos» de las maravillas que nos rodean, esa imagen no se quedará encerrada en sí misma sino que nos hará atravesarla para llegar a una pregunta que está detrás. A través de la imagen llegaremos sin duda a esa nueva era de la palabra, a  que nos explique, en la medida en que se puede, el misterio del mundo. ¿Quién ha creado la Belleza? ¿Se ha creado a sí misma y por sí misma? También en «El ojo y la palabra«, incluí la referencia a Rilke: «Entonces, aproxímese a la Naturaleza» y este texto de San Agustín que puede ir unido a la frase de Dostoievski:
«Interroga a la belleza de la tierra, interroga a la belleza del mar (acabo de hablar del mundo submarino), interroga a la belleza del aire que se dilata y se difunde, interroga a la belleza del cielo…interroga a todas estas realidades. Todas te responden: Ve, nosotras somos bellas. Su belleza es una profesión («confessio»). Estas bellezas sujetas a cambio, ¿quién la ha hecho sino la Suma Belleza («Pulcher»), no sujeto a cambio?».

(Imágenes:- 1.-Georgia O `Keeffe.-1963.-Georgia O `Keeffe Museum.-New York.-artdaily.org/2. Flower.-número 86.- 1997 -foto Amanda Means. -Gallery 339.-Philadelphia.-artnet/3.-Liu Wei.-2007.-ArtChina Gallery.- Hamburg.-artnet/4.-foto Michael Benson.-Telescopio espacial Hubble- The New York Times/5.- Colore e luce Danzante 01.-Mia Delcasino.-photographers gallery.-artnet)

IMÁGENES Y PALABRAS (2) : EL CENTRO Y LOS VAIVENES

Como continuación de la entrevista que ha publicado la Universidad de Montevideo y cuya selección estoy recogiendo estos días en Mi Siglo,  una de las respuestas a otra de las preguntas que me formuló el Dr. Alberto Sánchez León fue la siguiente:

Pregunta: Si la palabra parece estar devaluada – como lo hace sugerir el propio Steiner -, pero a la vez parece que ella misma es necesaria para una nueva era, entonces, ¿en qué consiste esa nueva palabra, ese nuevo logos de la próxima era? ¿No podría referirse a una recuperación del logos a través de la imagen?

Y esta fue en síntesis mi respuesta:

Respuesta:-  (…) Hace ya tiempo que pienso que los vaivenes de la Historia ( ahora que estamos sufriendo uno más, con el tema económico y financiero mundial), suponen sólo eso, «vaivenes» – a veces esenciales y muy importantes y de grandes repercusiones -, pero que no pueden ocultar de ningún modo el centro ni la profundidad de las cosas, las esencias. Si se pierde el centro, los vaivenes son los que reinan y hay que preguntarse si el mundo, desde hace años, no va detrás de los impulsos de esos vaivenes, arrastrado por las modas y modos que ellos comportan, viajando a merced de las corrientes imperantes y haciendo que esas modas y esas corrientes sustituyan a lo capital, es decir, haciéndolo capital.

El centro es el centro, y si uno no tiene un centro vital sobre el que haga girar su vida tendrá que buscarlo y agarrarse a él  (Pienso de pasada en el título del libro de Sedlmayr, «El arte descentrado«). ¿El «centro» de una vida intelectual  puede ser, por ejemplo, el «postmodernismo«? Eso causaría risa.  No habría más que ver, en ese caso concreto, el resumen de los «ismos» que hace Guillermo de Torre para saber que todos pasan y con ellos se llevan épocas y actitudes que son sustituidas inmediatamente por otras. Eso son los «vaivenes«, muchas veces deslumbrantes, que, naturalmente deben ser motivo de estudio y de trabajo, pero que no pueden consituirse como «el centro»  o eje de una vida.

Se me pide mi opinión sobre en qué puede consistir esa nueva palabra en la próxima era. La palabra es la palabra y la Palabra con mayúscula es la que ha engendrado a las otras palabras. «En el principio fue la Palabra«, dice San Juan. No dice «En el principio fue la imagen», aunque ahora, en nuestra época, la imagen parece que lo ocupara todo. Ya en mi contestación a la pregunta anterior dije que la palabra en ningún caso puede ser apartada ni olvidada. Lo más que puede hacer es completar a la imagen, explicarla. Pero hay que pensar que quienes han escrito sobre «la lectura de imágenes» ( «Cómo se lee una obra de arte«, de Omar Calabrese, por ejemplo, o «Leer imágenes» de Alberto Manguel, por citar dos obras )  no tienen más remedio que emplear palabras  para glosar tales imágenes, y no pueden glosarlas con otras imágenes. Por tanto, como ya dije en mi contestación precedente, para crear una historia en imágenes hay que, después de «verla», edificarla y construirla  mentalmente con palabras, que son las que harán en su momento el guión, y luego, para glosar y comentar esas imágenes, también habrá necesidad de emplear palabras. Es decir, siempre – y felízmente – la palabra del hombre.

¿Qué significaría una recuperación del logos a través de una imagen? No alcanzo a comprenderlo. Algo he intentado ilustrar anteriormente. No puede olvidarse que la palabra no es sólo la palabra leída o escrita sino, antes de ello, la palabra hablada, el diálogo, ya en la infancia, enseñado por los padres en el bautismo de cada objeto que mira el niño – mira la imagen del objeto y los padres lo definen con palabras – y lógicamente en la escuela primaria y en los primeros diálogos. La palabra fluye incesantemente por todo ese mundo, y no las imágenes. El diálogo, esencial en la convivencia humana, es un eslabón de palabras y lenguas y no puede ser sustituido por imágenes.  Por mucho que se hable de la devaluación de la palabra, la palabra está ahí, y no se la puede ignorar, despreciar o manipular. El gran problema está en saber si una videoteca, por ejemplo, por sí sola y sin palabras, llena intelectualmente  lo que una biblioteca y su lectura pueden llenar. El reto estará en saber cómo se compagina la enseñanza de la sabiduría con el mundo de las imágenes.

«Diálogo con José Julio Perlado: un intelectual entre la imagen y la palabra«.- por Dr. D. Alberto Sánchez León.-«Humanidades».-Año Vlll.-lX-Nº 1.-Diciembre 2008-2009. -págs 199-210.-Universidad de Montevideo

(Imágenes:-1.-Jasmina Danowski.-2008.-Spanierman Modern.-New York.-artnet/2.-Dora Frost.-1998.-artnet/3.-Chen Jian Guo.-2008.-Art Beatus- Vancouver-Canadá.-Honkong.-artner)

IMÁGENES Y PALABRAS (1) : LOS PORQUÉS DE LA VIDA

La Universidad de Montevideo, en su Facultad de Hiumanidades, ha tenido la deferencia de publicar una larga entrevista que me ha hecho el Dr. Alberto Sánchez León sobre temas de arte, comunicación y literatura. Una selección de esas preguntas y respuestas la recojo estos días en Mi Siglo:

– Pregunta: Hoy es obvio aceptar que estamos insertos en una cultura de la imagen, ¿podría decirnos qué connotaciones estima positivas y cuáles negativas acerca de este hecho?

Respuesta: Es indudable que estamos inmersos en la cultura de la imagen. La gente joven, los adolescentes, y los que pronto abandonarán la niñez, han visto desde siempre el televisor como un elemento más de su casa y de su vida. Como el automóvil o como el frigorífico. Edward Albee, entre otros, ha hecho ver este dato. También Foster Wallace, fallecido recientemente. Los ejemplos de autores serían múltiples. Con la imagen se vive,  y también se come y se cena ante ella, y la imagen le persigue a uno a lo largo del día. Pero querría ya citar aquí unas palabras de George Steiner en «Presencias reales» que dicen así: «Si el niño queda vacío de textos, en el sentido más cabal del término, sufrirá una muerte prematura del corazón y de la imaginación y subrayo «en el sentido más cabal del término» (Yo subrayaría a mi vez, la «muerte prematura de la imaginación«, porque se cree que la imagen la suscita o la amplía más, la enriquece, y no es así; no digamos nada del corazón o del pensamiento). Y continúa Steiner: «El despertar de la libertad humana puede darse también en presencia de cuadros, de música. Es, en esencia, un despertar por medio del pulso de lo narrativo a medida que golpea en la forma estética. Pero parece que son las palabras las que golpean con mayor seguridad la puerta«.
Creo que esta última frase es reveladora. La palabra es la que golpea con mayor seguridad y no la imagen. La imagen golpea instantaneamente, puede estremecer en un segundo, pero golpea la conciencia quizá con menos profundidad. Es decir, su sonoridad queda más pronto amortiguada (…)
Ante el paralelismo de las palabras y la imagen hay que preguntarse quíén pronuncia las palabras. ¿Las madres, como yo digo en «El ojo y la palabra« al hablar de los padres y madres de los escritores?. ¿Quién pronuncia esas palabras que marcan ? ¿El libro?
¿El profesor? También he dicho al principio de «El ojo y la palabra« que la imagen repetida, aunque conmocione dramáticamente, tiene que ser explicada por la palabra, por el libro, por la cultura, por la sabiduría escrita y, por tanto, leída. Ponía alli el ejemplo de la imagen de las Torres Gemelas y el 11 de septiembre. Me sigue conmocionando cada vez que la veo pero todo el mundo ha tenido que ir a la Historia y a los libros para comprender el «por qué» (si hay algún por qué profundo) de ese acto del mal. La imagen del mal como mera imagen (como cualquier otro tema) no tiene más remedio que completarse en las páginas de la sabiduría que el pensamiento del hombre ha ido escribiendo durante siglos. La imagen no»explica» el mal, como tampoco el bien. Lo presenta, y ahí se acaba todo. Pero los por qués de las cosas, de la vida, del bien y del mal, no lo revelan las imágenes. Por ejemplo, en el tema del dolor. Si tomamos el caso de un dolor repetidamente visto en todos los televisores del planeta como fue la imagen de Juan Pablo ll enfermo cuando se presentó en sus útimos días ante el mundo con su dolor: para un no creyente, ¿qué significa que este hombre de blanco exponga su dolor? ¿Por qué lo hace? La imagen no lo dice. Y para un creyente, lo mismo. El por qué hace eso un hombre cargado de dolor y por qué asume el dolor, no puede ser más que investigado, en la medida en que puede uno acercarse al misterio, a través del pensamiento, que no está en la imagen sino en la historia de los libros, es decir, en la palabra.
Por tanto, estamos indudablemente imersos en la cultura de la imagen, eso es claro. Habrá que aprender a educar con imágenes, y las nuevas generaciones piden que se les explique así el mundo. Pero eso no basta. Consumir sólo imágenes no hace que penetremos en los secretos del pensamiento. Además, la velocidad instrumental de la imagen es rapidísima. Me refiero a que ya sabemos que tendremos – tenemos ya – imágenes en el reloj de pulsera o en la minúscula agenda portátil. Paralelamente, las palabras en los mensajes telefónicos se reducen a píldoras de comunicación brevísima. Entonces, ¿cuándo recibimos las palabras reales, las profundas, las de los «por qués«? ¿En la escuela? ¿Y cuando dejamos el colegio o la Universidad? ¿Y cuando ya no tenemos las palabras familiares de nuestros padres educándonos en la medida en que les deja su tiempo libre? Se diría que el hombre, arrojado al vértigo social de la vida corriente, se alimentará de imágenes (¿ pero quién decide y quién manipula esas imágenes?), pero es muy difícil que ese hombre se alimente con la lectura. Entonces, ¿cuándo va a enlazar de mayor con la corriente de la sabiduría ? ¿Quién va a explicarle a ese hombre los por qués?  Aparte de esto, todos cuantos exponen imágenes en películas o televisión, sobre todo si construyen un guión, y por tanto quieren dar un mensaje a través de la sucesión de imágenes, tienen que profundizar antes en las ideas, y esas ideas suyas las captarán y elaborarán estudiando y comparando testimonios y lecturas, es decir, palabras; las imágenes, en principio, no generan únicamente imágenes. Tienen que tener un sentido, y esa construcción de un pensamiento y de un sentido de la vida es la que tendrá que ir adquirendo también – a través del estudio, por tanto de la palabra escrita – quien se dedique a contar una historia vital en imágenes.

«Diálogo con José Julio Perlado: un intelectual entre la imagen y la palabra».-por Alberto Sánchez León.- «Humanidades Vlll-lX-nº 1- Diciembre 2008-2009.-págs 199-210.- Universidad de Montevideo.

(Imágenes.-1.- White n`Blue.-Tiffany Chung.-100 Tonson Gallery.-artnet/2.-Alice in Wonderland.-Fleurs.-nº 3.- 2008.- Marie-Jo LafontaineSamuelis Baumgarte Galerie.-artnet/3.-Monet.-1897.-Galleria Nazionale d`arte moderna)

VIDAS PRIVADAS Y FÚTBOL

«Alrededor del campo de fútbol – escribe el sociólogo Roger Caillois en  su «Teoría de los juegos» (Seix Barral) -, el desarrollo de las grandes ciudades y los medios de transporte colectivos favorece la reunión frecuente, semanal, de muchedumbres apasionadas, si no frenéticas. Al mismo tiempo el cine, la radio, la televisión, permiten un sistema de concesiones y repeticiones sucesivas del menor espectáculo que tiene por consecuencia una infinita multiplicación  de público en el espacio e incluso en el tiempo. En la prensa y en las carteleras la fotografía del campeón está en todas partes presente, inevitable, seductor. El público quiere conocer los detalles más insignificantes de sus vidas. Le informan de sus gustos, y los adopta. Imita a esos ídolos de temporada, vencedores de una competición oscura y difusa, cuya postura es el favor popular. La indentificación con el héroe presenta frecuentemente caracteres desmesurados y a veces dramáticos. Estas apasionadas devociones no excluyen, en efecto, el frenesí colectivo».

En la serie que dediqué en Mi Siglo a las Olimpiadas apareció el poema de Miguel Hernández «Elegía al guardameta». Guardameta fue también Albert Camus en 1930, en el equipo de fútbol R. U. A. en Argel. Desde 1925 el autor de «La peste» toma conciencia, comparándose con sus compañeros de liceo, de la pobreza de su familia y encontrará gracias al fútbol la ocasión de vivir con ellos una fraternidad de equipo. Primero se destacará como portero en el liceo y más tarde en el equipo de Argel de la asociación deportiva de Montpensier.

Entre otros escritores de países distintos – Gerardo Diego, Alberti, Sábato, Cortázar y muchos más – los italianos Eugenio Montale o Umberto Saba dedicaron al fútbol poemas o novelas. Pasolini describía en uno de sus primeros libros a los muchachos de la calle en las explanadas de Roma:» Los chicos, un sábado, ya se habían hartado de jugar en la explanada, al pie del Monte di Splendore -una joroba de pocos metros de tierra que obstruía la vista de Monteverde y del Ferrodebó y, al horizonte, la línea del mar -, cuando algunos muchachotes mayores llegaron y se colocaron ante el arco con la pelota entre los pies. Formaron círculo y empezaron a cambiarse pasos secos y bajos. Al poco rato todos ya estaban empapados de sudor, pero no querían quitarse la chaqueta dominguera o el jersey de lana azul con franjas negras y amarillas, dado el modo casual y burlón con que habían empezado a jugar. (…) Álvaro ensayó una jugada fina, recibiendo de tacón la pelota, pero erró, y la pelota rodó lejos, hacia donde el Riccetto y otros estaban echados en la hierba roñosa».

Fútbol y literatura han ido muchas veces hermanados.  «El espíritu de competición – recordaba Caillois – ha acabado por triunfar».

Quedan los grandes voceríos en los enormes estadios, la incógnita del conflicto, las palpitaciones de la afición.

(Imágenes:- 1- Martin Verges.-2004-2005.-525 Contemporay Art Gallery.-Monntevideo- Uruguay.-artnet/2.-Albert Camus en el centro, en 1930, cuando era guardameta del equipo de fútbol R. U. A. en Argel)

CUADERNOS DE NOTAS

«Veo a nuestros ciudadanos, mujeres y hombres – quiso profetizar Leonardo en sus Cuadernos de notas -, atados fuertemente de brazos y piernas por gentes que no entenderán vuestra lengua. Y vosotros sólo seréis capaces de suavizar vuestras penas y vuestra pérdida de libertad con suspiros y lamentos, porque los que os aprisionan no os entenderán ni vosotros les entenderéis a ellos».

Son apuntes muy variados sobre arte, literatura y ciencia, filosofía y elementos de la naturaleza, vuelo y universo, cuyos manuscritos se guardan en la Biblioteca Ambrosiana de Milán, en la Laurenziana de Florencia, en la Royal Library de Oxford y en muchos otros lugares importantes. Cuadernos de notas de Leonardo da Vinci salpicados a veces de dibujos, como cuando habla, por ejemplo, de cómo la sonrisa favorece a la paciencia: » la paciencia – comenta Leonardo– nos ayuda contra los insultos, como los vestidos lo hacen contra el frío. Porque si te pones más vestidos cuando aumenta el frío, éste no puede hacerte daño. De la misma manera, aumenta tu paciencia con las injurias, y así no podrán perturbar tu espíritu».

Varias veces he hablado en Mi Siglo de diferentes cuadernos de notas. Importantes cuadernos de Henry James. Cuadernos de Irène Nèmirovsky. Cuadernos que aparecen en películas, como en «Buda explotó por vergüenza«. Cuadernos de Auster o de Tabucchi.

A Patricia Highsmith también he querido referirme en más de una ocasión y a su muy útil libro «Suspense« (Anagrama), que no se limita a comentar las experiencias de la novela de intriga sino a analizar las dificultades que conlleva todo proceso creador. Allí, entre consejos sobre «el primer borrador»o » el segundo borrador» y sobre las convenientes» revisiones» de textos, la autora del ciclo de Ripley recomienda «encarecidamente a los escritores  que lleven una libreta para tomar apuntes, pequeña si durante el día tienen algún empleo, grande si pueden permitirse el lujo de quedarse en casa. Incluso vale la pena anotar tres o cuatro palabras si sirven para evocar un pensamiento, una idea o un estado de ánimo. Durante los períodos estériles conviene que el escritor hojee estas libretas. Puede que de pronto alguna idea empiece a moverse. Quizás dos ideas se combinarán la una con la otra porque ya estaban destinadas a hacerlo desde el principio».

«La función de la libreta de notas – continúa Highsmith – consiste en parte en llevar un registro de cosas de este tipo de experiencias emocionales, aunque en el momento de anotarlas uno no sepa en qué narración o novela saldrán».

No todo se consigue llevando un cuaderno de notas y consultándolo de cuando en cuando pero sí puede ser instrumento conveniente para ayudar a nuestra creación.

(Imagen.-vista del conjunto de manuscritos de la familia Odier.-Bibliothéque Publique et Universitaire de Geneve.-(del libro «Un journal à soi: histoire d`une practique».-por Philippe Lejeune).-(Textuel)

LUIS ROSALES EN SU CENTENARIO (2)

«Era poeta y odiaba lo impreciso«, escribió Rilke. Y con este verso, Luis Rosales recibe en el umbral de uno de sus más significativos libros, a ese lector que llama. ¿Cómo no ser impreciso con Rosales? ¿Cómo hablar – sin deshojar nada – con un poeta? Mil Rosales diversos y fundidos miran esa ventana, mil ventanas en una, cientos de atardeceres, tonos, matices…Sentado en lo sencillo – ese sillón, sofá, silencio… -, lo sencillo va entrando pleno de suavidad por la ventana. Lo sencillo es el aire, la luz, todas las luces; lo sencillo es este amanecer atardeciendo anochecido. Y es sencillo el cristal, y la palabra, y esos ojos recostados en vida que Luis Rosales adormece ante el vino del sol. El sol es bien sencillo. Y Rosales. Suave y sencillamente rico.

Ni una palabra más. ¿Cómo hablarle a un poeta? Dámaso Alonso, hace años, dibujó a pluma su retrato: «Luis Rosales: un hombretón cetrino, con unos ojos azules chiquitines, o que detrás de las gafas parecen chiquitines (porque son un poquito miopes). Lo cetrino diríamos que viene del terruño y que se pierde en no sé qué noche morisca de las Alpujarras; lo azul parece que selló o presagió la personalidad del poeta. El cual, con explicable coquetería, gusta de prolongar las dos chispas azules que lleva en la cara, con tejidos azules de su preferencia (corbatas, chaquetas). Es tan violento ese contraste entre lo bazo y lo azul, que casi lo temblaríamos.

¿Quién ha visto sin temblar

un hayedo en un pinar?».

Así escribe Dámaso de él. Pero pronto, al preguntarle yo de qué modo le ha influido Granada en su vida, Rosales me contesta:

«Decía Federico García Lorca una expresión acerca de lo granadino que yo considero sumamente interesante. Decía que «Granada era Castilla la novísima«; esto quiere decir que, de alguna manera, lo granadino es una forma si no «novísima», nueva, y si no nueva, «distinta» a lo castellano, pero en cierto modo ligado a ella. Siempre que se ha hablado en la poesía clásica y en la literatura clásica de lo granadino, se suele recordar un libro, un libro verdaderamente inolvidable, de Soto de Rojas ( 1584/1658), que se llama «Paraíso cerrado para muchos y abierto para pocos«. En este sentido, este libro, que podría ser el más reporesentativo de la lírica clásica granadina, sería como un conjunto de bodegones… como un conjunto de piezas pequeñas…; lo cotidiano, lo humilde, lo pequeño, han sido características sumamente importantes de la lírica granadina en un momento indudablemente de esplendor de ella, que es al que nos estamos refiriendo.

Es lógico que yo algo tendré de castellano «novísimo» y que algo tendré de amor a lo humilde y a las cosas concretas. Desde hace mucho tiempo creo, y lo he dicho – está al frente de uno de mis libros más importantes, Cervantes y la libertad – , un verso de Rilke ( que era un poeta que odiaba lo impreciso). Lo que un poeta odia más es lo impreciso. Por eso hay tan poca relación entre política y poesía».

En esta mañana de febrero en Madrid, en 1977, Rosales sigue diciéndome: «Cuando somos jóvenes nacemos insertados dentro de un mundo poético al cual pertenecemos. Este mundo poético nos da la voz. nos da la orientación y nos da una gama muy amplia de posibilidades dentro de las cuales nosotros tenemos que elegir. Hay momentos en que todo poeta se pregunta: ¿Qué es lo que quiero hacer?, y se pregunta sobre todo: ¿sé hacer lo que estoy haciendo? ¿sé hacer un poema?. Un poema es una cosa muy difícil de hacer -se le ha escapado como un suspiro en broma… un suspiro nacido de un hondo esfuerzo serio – Entonces, cuando yo me hice esa pregunta – que creo que me la hice alrededor de los treinta y un años, es decir allá por el año 41 -, yo hacía una poesía de joven. Al joven le interesa demostrar lo mucho que sabe…,al joven le interesa demostrar su brillantez…, al joven le interesa «enriquecer el estilo», etc (….) Pero los árboles no le dejan a uno ver el bosque… y el bosque no deja ver los árboles. En poesía ocurre lo mismo. Los versos no dejan ver el poema; generalmente lo ocultan. La multiplicidad de elementos que constituyen un poema, a veces dificulta la percepción de su unidad; hay muchas ocasiones en que no vemos la unidad del poema, porque nos quedamos prendidos en muchos de sus elementos constituyentes, y, en ocasiones, accesorios. Yo diría que en toda mi vida todo el despliegue y el desarrollo de esa vocación – que yo he tenido como muy pocas personas la habrán tenido nunca -, esa persecución y consecución de una vocación y de un destino ha consistido en eso: en esclarecerme, cada vez más, en qué consistía la unidad de un poema; es decir, en considerar al poema como un testimonio de mi vida y – desde el punto de vista estilísitico -, como una unidad orgánica que expresara una vida. Creo que de alguna manera yo nunca he podido hacer poesía, sino sobre mis experiencias, las personas que he conocido, las personas que he amado…».

Diálogos con la cultura«, páginas 143, 147,152)

(A Luis Rosales me he referido de un modo u otro varias veces en Mi Siglo)

(Pequeño homenaje y recuerdo al gran poeta, nacido en Granada el 31 de mayo de 1910, hace ahora cien años)

(Imágenes:-1.-Luis Rosales.-cervantesvirtual/ vista de Granada.-wikipedia/ Luis Rosales con diversos escritores y poetas: entre ellos, Gerardo Diego, Guillermo Díaz Plaja, Carlos Murciano, Jacinto López Gorgé y Ángel García López.-1975.- cervantesvirtual.com)