¿CIUDADES MUERTAS?

«¡ Y qué triste estaba también Brujas en aquellas últimas horas de la tarde! Es así como él la deseaba. Por esa misma tristeza, la había elegido y había ido a vivir allí después de la gran tragedia. Antes, en los tiempos felices, cuando viajaba con su mujer y juntos llevaban una vida llena de fantasía y un tanto cosmopolita – en París, en el extranjero, junto al mar -. antes había venido con ella, de paso, sin que aquella gran melancolía pudiese influir en su alegría. Pero más tarde, ya solo, se había vuelto a acordar de Brujas y había intuido al instante que a partir de aquel momento, tenía que fijar allí su residencia».

Así lo escribe Georges Rodenbach en su novela lírica y dramática «Brujas, la muerta«, publicada en 1892 (Vaso Roto). Estudiada como uno de los exponentes de la narración de Fin de Siglo, Mallarmé dijo de Rodenbach que era» uno de los artistas más puros y exquisitos. Es un maestro de la sensación. Puede decirse que percibe analogías y descubre relaciones por el tacto y el oído, hasta el punto de que, aunque indiscreto, sería curioso saber si no es la sensación la que sugiere su pensamiento».

¿Era Brujas entonces una ciudad muerta? ¿Es Venecia ahora una ciudad muerta? Byron, Musset, Gautier, Taine y Wagner, entre otros, quisieron comenzar a tejer a finales del XlX  el mito de Venecia como ciudad muerta. Muchas veces he hablado de Venecia en Mi Siglo. Pero se han estudiado varias ciudades más como posibles «ciudades muertas«. «Toledoopina, por ejemplo, Hans Hinterhäuser al comentar las figuras y mitos del Fin de Siglo (Taurus) – es ciudad muerta y lugar místico, aunque de modo diferente a Venecia y con mayor intensidad que Brujas«. Los pasos en Toledo entre Grecos que cruzan van unidos al vaivén de las góndolas ante iglesias y palacios acuáticos y también a las nieblas de Brujas envolviendo a la melancolía.

Las ciudades – y también los campos – se han hermanado siempre con escritores y pintores, pero igualmente con personajes. Steiner separa muy bien la ciudad y el campo en «Ana Karenina» y en «Resurrección«. Julio Caro Baroja ha dedicado importantes trabajos a lugares comunes surgidos en la relación ciudad – campo.

Ciudades muertas, escritores vivos. Escritores vivos resucitando a ciudades que no desean morir.

(Imágenes- 1.- Brujas/ 2.-Venecia.-Lucien Lévy Dhurmer/ 3- Venecia.-Guido Cadorin.-El Canal.-1921.-colección privada/ 4.-Venecia.-Luisa Casati.-1921)

RAY BRADBURY

«¡ Buenos días! – dijo el porche, sacudiéndose el polvo almacenado en su maderamen durante la noche.

¡Buenos días! – repitió la cortadora de césped, acariciando la fresca yerba.

¡Buenos días! .-saludó Ray Bradbury, sonriendo. Y su sonrisa dio, en un segundo, la vuelta al mundo varias veces».

En distintas ocasiones he escrito en Mi Siglo sobre Bradbury y su Fahrenheit 451.

«Otros autores estampan una fecha venidera y no lo creeemos – escribió Borges sobre él -, porque sabemos que se trata de una convención literaria; Bradbury escribe 2004 y sentimos la gravitación, la fatiga, la vasta y vaga acumulación del pasado. Ya el Renacimiento observó, por boca de Giordano Bruno y de Bacon, que los verdaderos antiguos somos nosotros, y no los hombres del Génesis o de Homero».

«¿Qué ha hecho este hombre de Illionis, me pregunto, al cerrar las páginas de su libro, para que episodios de la conquista de otro planeta me llenen de horror y de soledad?

¿ Cómo pueden tocarme estas fantasías, y de una manera tan íntima?…».

(Pequeña evocación el día de la muerte de Ray Bradbury. Descanse en paz)   

(Imágenes.-1.-Ray Bradbury.-wingedtiger.com/ 2.-Peter van Straaten.-el hombre de la calle/ 3.-Donato Giancola/ 4.-Dmitry Korotchenko)

EN TORNO A TARKOVSKI

«Hoy he visto por primera vez a Bergman en carne y hueso – escribe Tarkovski el 15 de septiembre de 1984 -. Me ha causado una extraña impresión. Seguro de sí mismo, más bien frío, superficial. Se dirigía a a su auditorio de estudiantes del Film Institutet en Uppsala como si fueran niños».

Varias veces he hablado en Mi Siglo de Tarkovski y de su DiarioLos suecos son inertes, perezosos – anota el 6 de mayo de 1985 en Gotland -, nada les interesa fuera de sus obligaciones formales: la costumbre quiere que se trabaje ocho horas, y ni un minuto más. ¡Incluso en plena naturaleza! . Es seguramente el único país del mundo donde se trabaja en el cine como en una oficina- de tal hora a tal hora – ¡ sin pensar ni un instante que un film se crea! ¡Y que allí donde hay creación, no hay sitio para los reglamentos y a la inversa! ¡Ellos trabajan mal, sí, mal!».

En octubre de 1986  ( Tarkovski murió dos meses después, de cáncer, a los 54 años de edad, en la noche del 28 al 29 de diciembre de ese año)  sigue planeando proyectos y haciéndose preguntas: «Rodar el Evangelio y acabar allí? ¿Pero cómo? ¿Cómo rodarlo? El Evangelio de Lucas es muy poético y está bien escrito. (…) En Juan no hay alusiones a las tinieblas. ¡Qué trabajo increíblemente difícil! (…) Muy importante, ¿por qué Judas ha traicionado? Sus motivos. Cuando yo haga «El Gólgota«, será extremadamente difícil realizarlo : las escenas de masas, los ropajes, las construcciones, los efectos especiales. Naturalmente, el rodaje deberá ser poético : con milagros, ángeles, visiones, voces, premoniciones, reminiscencias, sueños, eclipses de sol, temblores de tierra, expulsión de los demonios (Georges de la Tour)».

Tres meses después Tarkovski fue incinerado en una ceremonia religiosa en la catedral Alexander Nevski, rue Daru, en París, en presencia de su familia, numerosos amigos y admiradores, representantes del gobierno francés y de Rostropovitch, que interptretó una fuga para violonchelo de Bach.

(Imágenes.-1.-Andreï Tarkovski a los dieciseis años.-kinoimages. wordpress com/ 2.-Tarkovski.-people. ucalgary ca/ 3.-funeral en la catedral.-pedraz. wordpress. com)

CAFÉS Y PALABRAS

No hace muchas semanas he participado en un Simposio en Andalucía – concretamente en Jaén – sobre la figura humana y literaria de José Ortiz  de Pinedo, mi abuelo materno, y sobre toda la época de la novela y el cuento español a principios del XX, y allí evoqué, entre otras cosas, ese reino de las tertulias inolvidables, el recinto de los cafés y las palabras.

» Interesantes aportaciones – recordé en mi intervención – sobre aquella actividad de los cafés de la capital de España se han ido publicando a lo largo del tiempo, como, por ejemplo, “Las tertulias de Madrid” de Antonio Espina (en la que se habla, entre otros, de un amigo de mi abuelo, Emilio Carrere, en sus reuniones en el Café Varela, en la calle de Preciados esquina a la de las Fuentes) o, ya más recientemente, el volumen de Miguel Pérez Ferrero, “Tertulias y grupos literarios”.

«Por mi parte, respecto a los cafés, recuerdo perfectamente – como anécdota que me quedó muy marcada – cómo un día le pedí a Ortiz de Pinedo – era el año 1956 -conocer El café Gijón y allá fuimos los dos, abuelo y nieto. Yo esperaba que él, como escritor, me mostrara el ambiente cálido y literario de las tertulias, pero mi abuelo – desconozco por qué – eligió para verlo la primera hora de la mañana. Estaba el café recién abierto, las mesas vacías, las sillas apartadas, las limpiadoras ejerciendo su oficio. Entramos, y desde el umbral me dijo cariñosamente: “Éste es “El café Gijón«, salimos, y ya no conseguí ver más. Luego, lógicamente, he vuelto por “El Gijón muchas veces, en alguna ocasión me he encontrado allí con escritores, aunque nunca he asistido a las tertulias. Pero no se me olvidará, sin embargo, aquella mañana en que me asomé con mi abuelo, José Ortiz de Pinedo, ante El Gijón” vacío».

Café y palabras. Palabras y cafés. Varias veces he hablado en Mi Siglo de ambas cosas: la revolución de las cucharillas removiendo los posos de las conversaciones, las tazas repletas de opiniones, los camareros solícitos, el griterío del mundo alrededor..

.El mejicano Alfonso Reyes en su interesante libro «Tertulia de Madrid» (Austral) evoca – como han hecho tantos otros – la famosa tertulia de «Pombo» en la que Ramón Gómez de la Serna «se sienta, rodeado de los suyos, junto a una mesa que tiene las delicadas proporciones de un ataúd. Desde allí ve desfilar el tiempo, ve pasar a la Muerte disfrazada de camarero, ve pasar a Goya, a la de los ojos coléricos y al de la barba despeinada. De banquetes de tiempo en tiempo – banquetes organizados por la comisión R. G. de la Serna, Ramón G. de la Serna, Ramón Gómez de la S.. etc. etc -, publica proclamas. Lleva un registro en que firman todos los tertulianos. Es una de las últimas tertulias, y los guías la muestran a los forasteros (desde lejos) como una supervivencia«.

Pero ha habido innumerables tertulias. Testimonios menores pero verídicos recuerdan la tertulia del Café Español, frente al Teatro Real, tertulia de estudiantes y de aficionados a las letras y en cuyo café tocaba el piano un ciego, y cuando cerraba sus puertas, los dueños del establecimiento permitían entrar en la casa, donde se jugaba al mus y al amanecer se comía una tortilla. Tertulias como las del Café Regina, o la del Lyon d´Or, la del Levante o la del Café del Prado, en una de cuyas mesas escribía frecuentemente Jardiel Poncela. Tertulias itinerantes, como la que comenzaba en el Café de Platerías y terminaba en el Café Puerto Rico.

Conscientemente quedan muchas por enumerar. Díaz Cañabate escribió «Historia de una tertulia«, Ricardo Baroja pintó varias de ellas con su pluma y Pérez Ferrero, entre otros, paseó sus páginas por aquellos cafés llenos de palabras, palabras en «Cruz y Raya», palabras en «La Gaceta«, palabras en Lhardy, en el Café Europeo, palabras en el Café de Madrid, en la Cervecería Inglesa o en el Café de la Montaña

Cafés y palabras, palabras con sorbitos de café, café y espuma de palabras…

(Ante la aparición de un nuevo libro: «Los cafés históricos«, de Antonio Bonet Correa)

(Imágenes:- 1.-café A Brasileira.-Lisboa.-elpais. com/ 2.-interior del Café Spert.-Viena.-1890.-elpais.com/ 3.-Henri Gervex.- escena de café.-1877.-Institute of Arts Detroit,.Francia.-elpais.com/ 4.-Benjamín Jarnés, Humberto Pérez de la Osa, Luis Buñuel, Rafael Barradas y Federico García Lorca.-1923.-elpais.com/ 5.-Emile Wattier.- café de París.-1820/ 6.-foto de familia del personal de un café parisino.-1900.-elpais.com)

LA CURACIÓN POR LA MÚSICA

«Los instrumentos son la pequeña arquitectura del sonido – ha recordado Ramón Andrés en su excelente libro «El mundo en el oído», al que alguna vez me he referido en Mi Siglo -. Cuando los instrumentos resuenan, el recuerdo hace vigente lo vivido, el pasado pierde la temporalidad y retorna a cada uno lo que fue, lo que es«. Dentro de cuanto ha sido y de cuanto es el hombre se encuentra escondida – como dormida en pliegues –  la alegría. La alegría no suele viajar en trenes ni en vagones. Va embozada en los rictus del rostro, agrietada por las preocupaciones. Las preocupaciones recorren los raíles de la prisa, la aceleración llama a la tensión- Pero los instrumentos de repente tocan la sorpresa de la alegría y de la epidermis de la alegría nace la luminosidad de la sonrisa: sale de su cueva la sonrisa, se desembaraza de la quietud del rostro, asciende hasta los ojos y los enciende, baja hasta los labios y los curva.

La flauta y el violín – una con sus orificios, otro con sus cuerdas – realizan la operación. Los instrumentos curan por unos instantes, entre túnel y túnel. Basta que las manos del sonido pasen sobre los rostros para que tenga lugar – brevemente – la curación por la música.

FLORES DE PRIMAVERA

«Me había criado de forma bastante parecida al resto –confesaba Georgia O´Keeffe – y un día me sorprendí a mí misma diciendo: no puedo vivir como quiero, no puedo ir donde quiero, no puedo hacer lo que quiero. Ni siquiera puedo decir lo que quiero. La escuela y lo que los artistas me han enseñado me impiden incluso pintar como quiero. Decidí que era una tonta estúpida por no pintar al menos como quería…»

En varias ocasiones he ilustrado textos de Mi Siglo con creaciones de O´Keeffe: Nueva York, calles, relatos, declaraciones. «Trabajo sobre una idea durante mucho tiempo – señaló esta artista norteamericana – Es como intimar con una persona, y yo no intimo fácilmente». «No copio las cosas enteras, sino fragmentos, porque pinto lo que me parece importante o me hace sentir emociones dentro del todo».

Intimaba muchas veces con los pliegues de las flores, las desplegaba, las ofrecía.

(Imagen: Georgia O ´Keeffe y Orville Cox, Cañón de Chelly National Monument, Arizona, 1937.-Consejo de Fiduciarios de la Ansel Adams Publishing Colleccion Centro de Derechos Trust for Creative Photography)

INTERIORES DE BAROJA

Alguna vez en Mi Siglo he hablado de mi encuentro en 1955 con Baroja. Y cuando releo las «Visitas literarias de España», de Enesto Giménez Caballero (Pre- textos) rememoro aquella otra visita mía inolvidable. «Pío Baroja dice Giménez Caballero – ha conservado aquí en Madrid – como Salaverría – la costumbre vasca de andar por casa con boina, como si en lugar de un piso fuera un caserío destartalado y húmedo lo que tuviera que recorrer.

(…) Baroja, mientras trabaja, permanece en su nido del último piso, tocando las nubes con la boina, en una estancia sobria y recia. También para comer lo hace a esas alturas, con su madre.

Allí se sientan los dos, cara a cara, en un grupo un poco conmovedor, y que desasosiega vagamente.

Parece entonces Baroja revelar su último secreto, quizá el secreto de su genialidad: parece entonces descubrirse en Baroja al niño enorme, tímido, dulce e indefenso con una tara misteriosa, que come sus platos de legumbres, contemplado en silencio por unos ojos que todo lo han comprendido de un golpe entrañable y que no le pueden abandonar».

Fuera, en la calle – en el tiempo – suena el  elogio sentimental del acordeón, del que también ya hablé aquí.

Y en ese  momento entro yo a verle desde la calle – desde el tiempo – para charlar con el autor de «La Busca».

(Imagen: Baroja, por Picasso para la Revista «Arte joven«)

«EL PASO SUSPENDIDO DE LA CIGÜEÑA»

Pocas veces la soledad ha sido dividida por un río, pocas veces un matrimonio se ha visto celebrar en la distancia, pocas veces las manos han arrojado flores o arroz en el silencio del aire, gestos de felicidad muda, gestos de felicidad sin compartir. El río con sus aguas sosegadas intentaba separar los corazones de los novios y las aguas del río fueron testigos de la ceremonia, esa ceremonia filmada por Theo Angelopoulos con «El paso suspendido de la cigüeña«, la película de ese gran director griego que este año falleció y del que varias veces he hablado en Mi Siglo.

(Imagen: escena de «El paso suspendido de la cigüeña»)

MINGOTE Y EL HUMOR

«Claramente aparece – escribe Pirandello sobre el humorismo – que el procedimiento del arte humorístico debe de ser distinto respecto al del arte humano en general… El arte, en su generalidad, compone; el humorismo, descompone

El humorista ve el mundo , si no ciertamente al desnudo, lo ve en camisa, por así decir: descamisado ve al rey, quien nos hace impresión tan grata contemplar compuesto en la majestad de su trono, con cetro, corona y manto de púrpura y armiño…

El humorismo consiste – seguía diciendo Pirandello – en el sentimiento de lo contrario, provocado por una especie de actividad de la reflexión que no se oculta, que no se hace – como sucede de ordinario con el arte – una forma de sentimiento sino su contrario, aun cuando siga al sentimiento como la sombra al cuerpo».

 

En alguna ocasión, en Mi Siglo, he ilustrado el texto con dibujos de Mingote.

(Evocación en el día de su muerte)

(imágenes: dibujos de Antonio Mingote.-abc.información y wikipedia)

UN MILLÓN DE VISITAS EN «MI SIGLO»


Mi Siglo ha llegado al millón de visitas.

Sumando las lecturas que vienen desde Blogger y desde WordPress, este post, que hace el número 1.067, alcanza ese millón y hoy no puede sino dedicarse únicamente a los agradecimientos. En los cuatro años y medio de vida de este blog los caminos de Internet me han traído mezclados muchos nombres desconocidos y conocidos que se han ido haciendo muy amigos. Se hace casi imposible confeccionar una lista en la que se den las gracias a todos. A algunos los nombré ya aquí en otras ocasiones; otros quedan ahora incorporados. Gracias por tanto a Daniel Utrilla en Moscú, a los italianos responsables de “MFLarte”, a varias Carmen, Lilianacuv3Amparo Morán, Natalia, Mercè, Leon Alvarez  Arteaga, Mis objetos preciados,  Ángel DuarteEnrique MF y  “Carmina blog“,José María MatásJos PetitFrancisco Doña,”Tiempo para la memoria“, Angelina, Luz, C.C Rider, Karmen, “Ana tirando del hilo”Sandro Oramas, “La noticia y yo“, Mariàngela VillalongaMaty, Nicole, Solange, AlenaMaríaAurora PimentelCarmen ManzaneraJuanma BlazquezAlejandro, Juan Pedro desde “Una temporada en el infierno“, Shant Baghramian y Vane Galstian desde “Papier de Liberté“,Faycal desde “”Shgaga“, Juan José desde “Scriptor.org“, Antonio Ayuso, Don Cogito, Luis Rivera, Avelina, Dolors, GasolineroFernando Valls, Enrique, Vagabunda, Noelia,”Músicaymás“, Georgia, Angie,” Mis objetos preciados“, Almudena, DavidMontseLola, Jessica, “Ars Vitae“, Arancha, Luis, Cordelia, Amando, Javier Gómez,”Bibliotequear“, Joséluis, Nelson,” El maquinista ciego“, Miranda, Darío Lodi, J. Moreno, Isabel, Berenice,“Eltornaviaje“, Pilar, Patricia, Ioana,”Arte y artistas”, Felipe Hernández, Helen,”Espéculo“, Lola, Enrique, “El jalabí rosado“, Joselyn, Julio,nozeon.blogspot. Alicia, Ioanes Xabier,”Entrespinos“, Eduardo, Jose, «Leyendo se entiende la gente», Lilia, Vicente, Jenny,”Al-juarismi“, Elvira, José Manuel Mora, Angel Feliciano,“Click en educación“, Damian, Jesús,”Sgironaroig“, Laura, Juanjo Muñoz, Gabriel,”El avión de papel“, Alexandra, Diego,Sandro, Manuel Faliero, Rhaida, José Antonio, Armando,”Sdel biombo”, Aliux, Luisa, Miguel Ángel, …

Quiero igualmente agradecer a los lectores de ArmeniaMarruecos, Israel, a los de Irán, Macedonia, Turquía, Australia, Corea, Eslovenia, Vietnam, India, Canadá, Serbia, Croacia, Japón, China, Rusia, Polonia, Pakistan, Países Bajos, Bélgica, Alemania, Inglaterra, Italia, Cuba, Grecia, Egipto, Taiwan y a tantos otros, sin contar los países sudamericanos – de modo especial los lugares de Cundinamarca (Bogotá) y Villahermosa (México) – . Igualmente a muchos sitios de Estados Unidos – especialmente Mountain View (California) – o de Europa, y a todos en general por la fidelidad con la que han acudido a leer Mi Siglo.

(Imagen: Barbro Óstlihn.-girasol.-1965.-colección de la Fundación Robert Rauschenberg.- Nueva York)

LAS NUBES, LAS NUBES, WISLAWA SZYMBORSKA

Ahora la acogerán las nubes.» Happening» de nubes, como aquí escribí. La mujer que escribía de las nubes. La mujer que prefería el cine, los gatos y los robles a la orilla del río. La mujer que aconsejaba lo que había que hacer después de cada guerra.

Muchas veces he hablado en Mi Siglo de Wislawa Szymborska.

Las nubes,

las nubes.

Ahora la acogerán las nubes.

El poeta está sentado a la mesa o tendido en un sofá, con la vista clavada en la pared o en el techo – contó en su discurso al recibir el Premio Nobel -, de vez en cuando escribe siete versos, uno de los cuales tacha al cabo de un cuarto de hora, y pasa una hora más en la que no ocurre nada…¿Qué espectador aguantaría semejante cosa?”.

Las nubes,

las nubes.

Ahora la rodearán las nubes a Wislawa Szymborska que acaba de morir.

(Imágenes:- 1.-Wislawa Szymborska.-poetryfoundation org/ 2.-nubes.-Charlie Schreiner.-contemporayworks)

¿»CUÁNTO DURA EL MAÑANA»? O THEO ANGELOPOULOS

Hablaba Angelopoulos de la nueva “forma de mirar” tan influida por los americanos y señalaba que ellos “han sido muy listos y han logrado imponer una determinada manera de contar las cosas; la consecuencia es que han contaminado de una forma profunda nuestra forma de mirar. Ahora el público, influido también por la televisión, pide eso. El resultado es una falta total de educación estética. Lo vemos todos los días. Hoy la mayoría de películas escamotean el diálogo con la obra fílmica. Sucede todo tan rápidamente que no hay tiempo de pensar conjuntamente, que es lo que debe procurar un filme”.

En varias ocasiones he hablado en Mi Siglo de este gran director griego. De declaraciones suyas, de bellísimas películas.

(Una mirada hoy, una «nueva forma de mirarle«, como pequeño homenaje a quien acaba de morir)

(Imagen: de la trilogía de «Eleni», de Theo Angelopoulos.-dvdbeaver.com)

ROSTROS DE RILKE

«Todavía no había tenido conciencia del número de rostros que hay. Hay mucha gente, pero más rostros aún, pues cada uno tiene varios. Hay gentes que llevan un rostro durante años. Naturalmente, se aja, se ensucia, brilla, se arruga, se ensancha como los guantes que han sido llevados durante un viaje. Éstas son gentes sencillas, económicas; no lo cambian, no lo hacen ni siquiera limpiar. Les basta, dicen, y ¿quién les probará lo contrario? Sin duda, puesto que tienen varios rostros, uno se puede preguntar qué hacen con los otros. Los conservan. Sus hijos los llevarán. También sucede que se los ponen sus perros. ¿Por qué no? Un rostro es un rostro».

«Otras gentes cambian de rostro con una inquietante rapidez. Se prueban uno después de otro, y los gastan. Les parece que deben de tener para siempre, pero apenas son cuarentones, y ya es el último. Este descubrimiento lleva consigo, naturalmente, su tragedia. No están habituados a economizar los rostros; el último está gastado después de ocho días, agujereado en algunos sitios, delgado como el papel, y después, poco a poco, aparece el forro, el no-rostro, y salen con él».

Escribe esto Rilke casi al principio de «Los cuadernos de Malte Laurids Brigge«. Los rostros pasan ante él, pasan sobre la página, pasan sobre la acera. Es el 11 de septiembre de 1904.  Rilke camina por la rue Toullier y queda intrigado por el mapa de los rostros. Los rostros siempre han provocado interés en los escritores, en los artistas, en los pensadores. «Hay en el rostro una pobreza esencial decía el filósofo Emmanuel Lévinas y ya la comenté en Mi Siglo-. Prueba de ello es que intentamos enmascarar esa pobreza dándonos poses. El rostro está expuesto, amenazado, como invitándonos a un acto de violencia. Al mismo tiempo, el rostro es lo que nos prohíbe matar. (…) El rostro es lo que no se puede matar, o, al menos, eso cuyo sentido consiste en decir: «No matarás«.

Siempre el rostro.

(Imágenes:- 1.-Barnett Newman.-por Irving Penn– National Portrait Galleries/ 2. – foto Vivian Maier.-Chicagocom.-cortesía de la Fundación Maloof/ 3.-foto Vivian Maier.-Chicagocom.-cortesía de la Fundación Maloof)


DETALLES DE VIRGINIA WOOLF

«Nunca ha estado el jardín tan bonito, todo en llamas incluso ahora; deslumbrando los ojos con rojos y rosas y púrpuras y malvas: los claveles en grandes ramos, las rosas iluminadas como lámparas», escribe Virginia Woolf en su «Diario» del 22 de septiembre de 1929. Los detalles – como aconsejaba Flannery O`Connor y ya recordé en Mi Siglo – se encadenan en esta descripción del jardín, ante la mesa y el cuaderno abierto fotografiado por Gisèle Freund, ese jardín observado aparentemente a vuela pluma, en la escritura de la mañana inglesa del domingo. Un año antes, el 18 de diciembre de 1928, son también los detalles de un rostro, los de un anciano de nombre Max Beerbohm, que Virginia ha conocido en casa de una amiga: «Su cara está solidificada; tiene un espeso bigote; venillas rojas en la piel, profundas arrugas; pero sus ojos son perfectamente redondos, muy grandes, azul cielo. Sus ojos se vuelven soñadores o alegres mientras el resto de su persona está extremadamente atildada y decorosa».

Siempre los detalles. Clarice Lispector recordaba que hacer cosas abstractas es lo menos literario. «Si dibujo en un papel, minuciosamente, una puerta, y no le agrego nada mío, estaré dibujando objetivamente una puerta abstracta». El 11 de octubre de 1929 Virginia Woolf, también en su «Diario«, pasa los rasgos de su pluma sobre otro rostro, el de Arthur Studd: «hablaba por la nariz y tenía una voz suave y gutural; la parte frontal de la cabeza calva y unos hermosos ojos castaños, como los de un perro; era canino, en algunos aspectos, viajado, distinguido, rico». Chejov le confesaba por su parte a su hermano el 10 de mayo de 1886: «en las descripciones de la naturaleza, hay que tratar de recoger pequeños detalles y agruparlos de tal forma que, después de leerlos, se pueda ver el cuadro con sólo cerrar los ojos. Por ejemplo, podré comunicar la impresión de una noche de luna si escribo que en el dique del molino un casco de botella centelleaba como una estrella y la sombra de un perro o de un lobo rodaba como una peonza».

Los detalles son siempre los que dan vida a la descripción. «Pensamos en generalidades, pero vivimos en los detalles«, escribió Alfred North Whitehead. Se ha insistido mucho en que recordamos a través de los detalles, reconocemos por los detallles, identificamos y recreamos desde los detalles. Y los detalles llegan con la observación; se entregan luego inevitablemente en las conversaciones, en la escritura. En las esquinas de las calles del mundo dos amigas se cuentan las peleas o reencuentros de la cotidiana convivencia gracias al abanico de detalles, se intercambian colores, gritos, gestos, «él me dijo», «pero yo le contesté«, «entonces yo, dándome la vuelta, le repetí...», y los detalles se multiplican, su sonido se transmite de una voz a un oído, el oído anhela aún más detalles, nunca se cansa de escucharlos, y la voz desea desahogarse, nunca se cansa de entregarlos.

(Imágenes:- 1.- mesa de trabajo de Virginia Woolf en el jardín de la casa de Monk, Sussex, Inglaterra.-1967.-foto de Gisèle Freund/ 2- Virginia Woolf a los 18 años /3.- Virginia Woolf.-foto Gisèle Freund/ 4.-Virginia Woolf.-Gisèle Freund.-1939.- Galería Nacional de Retratos, de Londres.- foto: los Bienes de Gisèle Freund, por cortesía de la National Portrait Gallery.-Londres)

LOS ESPOSOS ARNOLFINI

«Jan van Eyck, pudo él mismo, de buena fe y con ingenua modestia – recuerda Ramón Gaya en «Naturalidad del arte» (Pre-textos)  – pensar que trabajaba para unos comerciantes, pero hoy sabemos que no es verdad; el retrato de los esposos Arnolfini fue emprendido, no por honesto y vil encargo, sino porque necesitaba urgentemente pintarse, realizarse; pero no se trataría de una necesidad de los Arnolfini, y tampoco de una más extensa necesidad medieval, histórica, ni siquiera de una íntima necesidad del pintor como pintor, del artista como artista, sino de una primaria y tiránica energía del hombre como especie pura, bruta. Escuchar esa voz originaria, antigua, perenne, sustancial, esencial, y obedecer a ella, es lo propio del creador, pero la verdad es que esa voz suena para todos, y lo que pide – porque viene a pedir, a exigir -, nos lo pide a todos; no es una voz especialmente destinada a los artistas creadores, sino una imperiosa voz que suena para el oído total humano, aunque sea, eso sí, oscura, subterránea, que se oye apenas».

Hace pocas semanas recogí en Mi Siglo  la frase del francés Duhamel sobre momentos claves de la creación. Ahora, añadiendo un testimonio más, habría que recordar las palabras del español Blasco Ibáñez  cuando confesaba: «Yo llevo en mí mi novela durante mucho tiempo, a veces dos o tres años, y, cuando llega el momento del parto, me asalta como una fiebre puerperal y escribo mi libro«. Tal urgencia esencial del creador es de la que habla Gaya cuando se refiere al trabajo de van Ecky. Una urgencia que él amplía al hombre común, al quehacer del ser humano.

Esa estancia en la que se representa al comerciante italiano Giovanni Arnolfini llegado a los Países Bajos en viaje de negocios en compañía de su esposa Jeanne de Chenany en 1434 ha sido visitada muchas veces por eminentes estudiosos del arte. Ha entrado en ella Panofsky para analizarla y entró también despacio, entre muchos otros, Gombrich para fijarse no sólo en el conjunto sino en objetos precisos, como la alfombra o las zapatillas, el rosario colgado en la pared, el pequeño sacudidor al lado de la cama y unas frutas en el antepecho de la ventana. Y de modo especial en el espejo, al fondo de la habitación. Mucho se ha escrito sobre los espejos en el arte, origen muchas veces del autorretrato. Como se sabe, Durero, a los trece años, dibuja su retrato con la ayuda de un espejo. Pero lo que Gombrich señala es que en ese espejo «vemos toda la escena reflejada y, al parecer, también la imagen del pintor y testigo con las palabras latinas: «Jan van Eyck estuvo presente«. 1434. En esa estancia que confirma la intimidad ceremoniosa de los esposos «se quiso hacer uso – dice Gombrich – de la nueva clase de pintura que puede ser comparado al empleo legal de una fotografía oportunamente aportada por un testigo. (…) Por primera vez en la historia, el artista se convertía en un perfecto testigo ocular en el verdadero sentido de la palabra».

(Imágnes: 1.-Jan van Ecky.-Retrato de los esposos Arnolfini.- National Gallery.-Londres/ 2.-Retrato de los esposos Arnolfini detalle del espejo.- scielo. iscii.es/ 3.-Retrato de los esposos Arnolfini.-detalle del perro)

PIRANDELLO Y SUS » CUENTOS PARA UN AÑO»

«No querría – le escribe Pirandello a su hijo mayor, escritor novato – que te descorazonaras de escribir. Nunca te encierres en ti demasiado. Tienes necesidad de expresarte si en ti hay, como creo, algo nuevo que decir. Eso sí: una cosa es hablar con nosotros y otra hablar a los demás. Y es preciso aprender a hablar a los demás tal como hablas con nosotros. Y es esto tan difícil que frecuentemente nos causa desesperación. No te cierres, pues, demasiado dentro de ti».

Alguna vez he hablado en Mi Siglo de Luigi Pirandello. En 1964, en Roma, el dramaturgo Diego Fabbri y yo charlamos sobre él en «La Fiera Letteraria». Pero ahora, al aparecer sus «Cuentos para un año» (Nórdica), su figura nos evoca otra vez los contraluces vivos de sus escenarios y relatos, brumas y pasillos por donde se perdieron los obsesivos celos de su mujer Antonietta Portulano camino de la demencia, seis personajes – y muchísimos más – buscando al autor por las esquinas de la imaginación, abriendo y cerrando innovadoras puertas, bajando a las realidades del patio de butacas, subiendo a la altura de los palcos, haciéndose uno más con los espectadores, tal como sucede en «Esta noche se improvisa la comedia».

«Todos los sicilianos en el fondo son tristes – se desnudaba así el siciliano Pirandello en sus «Cuentos para un año» -, todos o casi todos tienen un sentido trágico de la vida. Constatan con recelo el contraste que existe entre su alma cerrada y la naturaleza a su alrededor, abierta, iluminada por el sol; y además se encierran en ellos mismos; el mar les rodea; les aisla de los horizontes amplios y abiertos, les separa del mundo y les obliga a la soledad; cada uno de ellos es una isla; (orgullosamente encerrado en sí mismo) se transforma en una isla cerrada por todas partes. Sólo en sí mismo encuentra el goce, pero cuando apenas ha llegado a esta pobre alegría nacida de él mismo, agobiado y sin buscar consuelo de nadie, vuelve a su sufrimiento y a su desesperación silenciosa».

El tema del hombre, el de la realidad y el del tiempo figuran entre los motivos más relevantes de su obra. El hombre como ente complejo y ansioso de existir; la realidad como percepción de cada conciencia; el tiempo como factor transformativo del hombre. Y luego, encadenados, una serie de ismos que los críticos han ido enlazando al analizar su tarea: escepticismo, subjetivismo, relativismo, irracionalismo, idealismo. «En la época en que tenía todavía casa, hijos pequeños – escribe Pirandello -, enseñaba todos los días cinco horas seguidas durante nueve meses del año y escribía mis cuentos y mis novelas, sin descanso ni en Pascua ni en Navidad; recuerdo las vacaciones que me concedía cada verano, cuando llevaba la familia a veranear. Me tomaba tres días, sólo para mí, de respiro, de vacación plena». Y al tercero – como confesó en «La Nación«, en mayo de 1934 – «Mañana, ¡bruscamente de nuevo al trabajo! Renunciar al tercer día de vacaciones y a trabajar. Ya había estado demasiado a solas conmigo, demasiado solo y en silencio. Me extraviaba. Necesitaba que me volviesen a ocupar inmediatamente mis personajes: fantasmas irreales, que me devolverían la realidad precisa de mí mismo y del mundo«.

(Imágenes:- 1.-Pirandello.-por Albert Rudomine.-1929/2.-Pirandello escribiendo.-Instituto di storia dello espectacolo de Catania/3.-Pirandello.-temperament. it/ 4.-Pirandello de viaje/ 5.-«Seis personajes en busca de un autor».- dirigida por Giulio Bosset.-teatro.org)