LA RESURRECCIÓN DE LA MADRE

 

 

“Ponte el abrigo. Y la bufanda.

Cogerás frío. Cierra el armario.

¿Cuándo vuelves? ¿Cuándo vuelves?

Seguro que llueve. Llueve.

Al volver compra pan.  Pan.

Arriba, ya son menos cinco.

He traído una cosita rica.

Llegamos hasta el día dos.

Hoy no es festivo. ¿Para qué lo abres?

Dios mío, ¡otro disparate!

Fuera de aquí. Fuera de aquí.

Tu padre y yo no hemos podido dormir.

 

 

Cómo corren los días. Días.

He dicho hasta el botón de arriba.

Con éstos, por el mal camino.

Hay que cortar ese pelo. El pecho

desabrochado. Me volveré loca.

¿Te crees que esto es una despensa?

Sé una persona.

Ponte derecho.

Hay que hacer un recado.

Cuélgalo de la percha.

Esta tos no me gusta.

A la cama. A la cama.

No hables en su presencia.

Ya son menos cinco. Arriba. Arriba.

Tenía que comprar un piano. Piano.

Fortalécete, como el acero.

Me llevará a la tumba. Tumba.

Deja que te toque la frente. Frente.

No fumes. No te arruines

los pulmones. No seas impertinente.

No cojas frío. Esta noche ha nevado.

Está claro, tú has bebido.

Está claro, tú has bebido. Confiésalo.

Te quedas solo. Riega las plantas.”

Vladimir Gandelsman – ‘La resurrección de la madre” – (traducción  de Elionor Gustín Masot )

 

 

(Imágenes-1-August Sander -allt -art- or/2- Judy Drew/ 3-Nnmandi Okonkwo)

MI MADRE PONÍA A HERVIR LA OLLA CON AGUA

 

 

“Mi madre ponía a hervir la olla con agua,

así, antes de coger el autocar de la mañana,

me lavaba el cabello.

Me decía: “Esta mañana tienes que lavarte la cabeza”.

Vertía el agua con un pequeño cuenco de bronce

y me masajeaba lentamente el cabello.

Yo estaba con la cabeza inclinada en el lavabo,

con los ojos que me ardían de sueño.

Nunca tuvimos el butano, en nuestra comarca,

siempre nos las arreglamos con el fuego o con el agua calentada sobre el fogón.

Esta noche recuerdo el ruido del pequeño cuenco que bajaba a la olla,

las manos de mi madre que vertía el agua sobre mi cabeza,

lentamente, temiendo que no bastara”.

Andrea di Consoli – (Poesía italiana del siglo XX) – (edición de Emilio Coco)

(Imagen – Emile Levy)

HOJAS ANTIGUAS DEL CALENDARIO (5) : MATERNIDAD

 

maternidad- eeddn- Nnmandi Okonkwo

 

“Así como la madre que anda al juego de amor con su niñecico, y se le esconde un poquillo, y le deja andar derramadito, mirando por ella y congojadito de que no la halla, que después que vee al niño que se ensaña por aquel momento que le fatigó, se arroja a él a brazos abiertos, y tomándole en ellos, francamente le da el pecho, y el beso, no se dando a manos a satisfacelle el momento pasado”.

Antonio Alvarez, 1595

 

maternidad.-rtunn.-Charles Gates Sheldon.-1889-1960

 

(Imágenes.-1.-Nnmandi Okonkwo/ 2.-Sir William Rothenstein– 1910)

UNA CARTA

 

escribir.- Berthe Morisot.-

 

Ya sabes, hijo, que a mí no me gustan mucho los whatsApp, tampoco los mensajes, tampoco las imágenes, al final se lo lleva todo el viento, son cosas modernas, no lo niego, aventuras de hoy que mañana quién sabe dónde estarán,  pero la caligrafía de tu madre, ésta que estás leyendo, tendrá siempre sus rasgos, como mis arrugas, hijo, como las manchas de mi piel, en estas subidas y bajadas de las consonantes y de las vocales con las que a veces te ríes porque me salen picudas o redondas pongo todo mi esmero, aprieto la pluma para que te llegue incluso mi respiración en el papel y  las palabras se acerquen a tu oído. Has escuchado, hijo, muchas palabras engañosas estos últimos tiempos, sabes de que te hablo, pero las palabras de una madre siempre son distintas, regañan, a veces chillan, pero son limpias. Busca palabras limpias, hijo mío, que no sé dónde las vas a encontrar. Te hemos enseñado tu padre y yo a leer y a estudiar, pero también a un lenguaje interior, a una elegancia del espíritu, no te envuelvas en mentiras que no van a ninguna parte, recuerda que cuando pasabas los dedos con rapidez por el borde de las hojas nuevas de repente te cortabas sin querer y las yemas te sangraban instantáneamente. Así son las hojas  de algunas palabras cuando las arrojamos en el aire. Parece que no hemos dicho nada, que el viento se lo va a llevar todo, y sin embargo se abre el abismo. Años enteros del tú me dijiste y yo te contesté y el rencor que no cesa. Es muy difícil tapar el rencor con el perdón. Al perdón, a veces te lo he dicho, le cubre un tono manso, un acento apacible, lo más difícil del perdón es hermanarlo con el olvido. Y sin embargo, hijo, hay que llegar al olvido. Tú, que tienes tan buena memoria, tienes que vaciarla, irte quedando en lo esencial, apartar todo lo secundario. Cuando te olvides del rencor es cuando has llegado definitivamente al olvido.

Cuando pasen los años y vuelvas a leer esta carta no te preguntarás, ¿qué me decía mi madre? si no ¿ cómo era mi madre?

Tu madre es una simple mujer como tantas que escribe a su hijo.

Texto : José Julio Perlado

(Imagen.- Berthe Morisot)  

LAS VOCES DE LAS MADRES

“Las voces de las madres siempre han tenido influencia en los escritores y sobre los hijos en general. Las voces de las madres y de los padres, incluso las voces de las abuelas han influido. Tranquilina Iguarán Cotes, la abuela materna de García Márquez, dejaba oír su voz ‑recordará el escritor‑ y “me contaba las cosas más atroces sin conmoverse, como si fuera una cosa que acabara de ver. Descubrí que esa manera imperturbable y esa riqueza de imágenes era lo que más contribuía a la verosimilitud de sus historias”.

La voz de la madre narrará los cuentos, la voz de la madre subirá escaleras arriba hasta la cama de los hijos pequeños y adolescentes, las manos de esa madre abrirán un libro y acompañarán con ademanes la historia, los ojos de las madres leerán las palabras y la voz se afinará o se hará redonda en los diálogos, se hará puntiaguda o se hará grávida. Los ojos, las manos, las voces. También los padres dejarán su herencia en la lectura y en el narrar de las historias. El Premio Nobel de 2001, el novelista de nacionalidad británica, V.S. Naipaul, de origen hindú y nieto e hijo de emigrantes, aún mantendrá muchos años después la figura de su padre unida a la lectura en voz alta:

     Mi padre era autodidacto, y se hizo periodista por sus propios medios. Leía a su manera. Por entonces tenía treinta y pocos años, y aún estaba aprendiendo. Leía muchos libros a la vez, sin terminar ninguno, y no le interesaban ni el relato ni la trama, sino las cualidades especiales o el carácter del escritor. Eso era lo que le gustaba, y sólo disfrutaba de los escritores en pequeños arranques. A veces me llamaba para que le oyera leer tres o cuatro páginas, raramente más, de un escritor que le agradaba especialmente. Leía y explicaba con ardor, y no me costaba trabajo que me gustara lo que le gustaba a él. De esta forma tan curiosa ‑teniendo en cuenta las circunstancias: la mezcla de razas en el colegio de una colonia, la introversión asiática en casa‑ empecé a construir mi propia antología de la literatura inglesa.

Como un sorbo de cerveza o como el paladeo de un dulce, así leía el estilo o el empuje de las prosas el padre de V.S. Naipaul ‑disfrutando de los escritores en pequeños arranques, interesándose sólo “por las cualidades especiales del escritor”, añadiendo a todo eso una cosa singular: “a veces me llamaba para que le oyera leer”‑. Nos encontramos aquí con un determinado tono. El agua límpida de la prosa pasa por la garganta y la modulación de este autodidacta de treinta y pocos años y, atravesando el puente de su voz, deja al otro lado, en el oído de su hijo, un movimiento de palabras musical y transparente. El novelista angloindio fijará aquella escena infantil con esta frase: “me resultaba fácil que me gustara lo que le gustaba a él”.

Un triunfo de la educación de la lectura sin apenas proponérselo el padre. Seepersad Naipaul no le cuenta al hijo de once años el principio y el fin de una historia, ni tampoco su recorrido narrativo ‑ahora diríamos “de qué va una historia”‑ sino que le lee pequeños aciertos estilísticos, brotes, espumas de belleza, logros de precisión: es decir, aquello que subyace en el mar de la lengua y de la creación literaria, el fondo del océano y a la vez el oleaje de la prosa, en resumen, aquello a lo que se suele volver solamente en las relecturas, cuando ya se conoce qué cuentan las historias y uno quiere repasar cómo han sido contadas. El padre, pues, disfrutando con los hallazgos, los transmite a su hijo haciéndole partícipe de la belleza. Sin querer o queriendo está formando un futuro lector y, a la vez ‑sin duda sin querer‑ está sembrando la semilla del futuro escritor.

Varios parlamentos de Julio César; páginas sueltas de los primeros capítulos de Oliver Twist y David Copperfield; unas cuantas páginas de El molino junto al Floss; algo de los Cuentos de Shakespeare, de Lamb; relatos de O. Henry y Maupassant, y unas cuantas páginas de Somerset Maugham” : éste es el resultado de la lectura en voz alta del padre de Naipaul. Esta es parte de la antología personal que el hijo se construye antes de cumplir los doce años. Puede verse que son retazos, piezas incompletas, piezas valiosas, pero únicamente piezas, brotes, espuma: lo que permanece siempre sobre la calidad de la literatura”.

J.J. Perlado.-“El ojo y la palabra“- págs 20-22

(Imágenes.-1.-James Jebusa Shannon.-1895.-anillustratorinspitation/ 2. George Bernard O`Neill.-1876.-Royal Academy.-bonhams com-3,.George Dunlop Leslie.-1879.-guardian.co.uk)/ 4.- George Sheridan Knowles.-Rhes Galeries. es/5.--Peter Vilhelm Ilsted -.reprodat/ 6.-Rick Beerhorst.-studio Beerhorst)

DULCÍSIMA MADRE

“Mater dulcissima, ahora descienden las nieblas,

y el Naviglio embiste confuso contra los muelles

los árboles se hinchan de agua, arden de nieve;

no estoy triste en el Norte; no estoy

en paz conmigo mismo, mas no espero

perdón de nadie, muchos me deben lágrimas

de hombre a hombre. Sé que no estás bien, que vives,

como todas las madres de los poetas, pobre

y con la justa medida de amor

a causa de tus hijos lejanos. Hoy soy yo

quien te escribe”.- Al fin, dirás, dos líneas

de aquel muchacho que huyó de noche con un abrigo corto

y algunos versos en el bolsillo. Pobre, tan generoso,

un día lo matarán en cualquier parte- .

“En verdad, lo recuerdo, fue en aquel gris andén

de trenes lentos que llevaban almendras y naranjas

a la desembocadura del Imera, el río lleno de urracas,

de sal, de eucaliptos. Mas ahora te agradezco,

así lo deseo, la ironía que has puesto

sobre mis labios, mansa como la tuya.

Esa sonrisa me ha salvado de llantos y dolores.

Y no me importa si ahora derramo lágrimas por ti,

por todos los que como tú esperan,

y no saben qué esperan. Ah, muerte amable,

no toques el reloj que en la cocina late sobre el muro,

toda mi infancia pasó sobre el esmalte

de su cuadrante, sobre sus flores pintadas:

no toques las manos, el corazón de los viejos.

Pero ¿acaso alguien responde? Oh piadosa muerte,

muerte honesta. Adiós, querida, adiós mi dulcissima mater“.

Salvatore Quasimodo: “Carta a la madre

(Imágenes:- 1.- Gertrude Käsebier.-1901.-Museo de Arte Moderno de Nueva York/ 2.-retrato de madame Caillebotte.-madre del artista.- Gustave Caillebotte. 177.-colección privada)

MIGUEL HERNÁNDEZ (4) : YO – LA MADRE MÍA

“Madre: no quieras que me lleven de las costas, abre las ventanas en la noche, de la luna. Mira: ¡vienen por allí los claros del río!… Diles que me dejen aquí, al pie de este hilo, encima de estas sombras de higueras, de sol, tranquilas, concurridas de canónigos a lo viudo, panzudos de arrope, con los cuales se confiesan abejas, rumorosas, largamente. Madre, madre: te amo. Porque te dolí más que una muela cuando me pariste. Porque las veces que tenía ganas de oler, me ponías en cuclillas con un gesto tuyo, sólo sabido por tu ojo de aquel lado. Porque cuando venía el doctor a verme enfermo tomabas, dolorosa, a tu blancura izquierda el pulso…Pero que me dejen…¡Es tan bello el vino con luna, bebido a  medianoche de pechos sobre la sierra con rescoldos del mediodía! ¡Además! si me llevan no sabré que los ciegos no necesitan espejos porque, aunque no están con su imagen, valdría más hacerlos añicos a todos. Madre: que se callen, que se hagan evasivos todos por esos caminos de harina lacteada. Que no ahogen más navajas en mis ríos. Que me dejen, solo en las que cuelgo islas canarias de hierro en lluvia y cristal, aprender el arte de pescar estrellas; aunque nadie sepa que soy lunicultor. Madre: vuelvo grupas a la tierra oscura, de luces sin ventilación. Voy a coger el agua cerrada, no de llave, redonda de las cisternas. Llegaré a sus márgenes defendiéndome como pueda de la luz en filo. Por eso iré antes que cigarras raspen con lijas las horas… Madre, madre…¿me entiendes?”.

(…)

Miguel Hérnández: “Yo- la madre mìa“.-(publicado en “El clamor de la verdad“, Orihuela, el 2 de octubre de 1932)

(1910-2010-el año en que se conmemora al poeta)

(Imágenes:-1.- foto Marlene Dumas.-The New York Times/ 2.-Casa Museo Miguel Hernández.-foto Pilar Girona.-Orihueladigital)

DELIBES Y EL ABORTO LIBRE

Copio de la Tercera página del ABC de ayer este antiguo artículo de Delibes, varias veces reproducido en la prensa:

Miguel DELIBES de la Real Academia Española
Domingo , 14-03-10
“En estos días en que tan frecuentes son las manifestaciones en favor del aborto libre, me ha llamado la atención un grito que, como una exigencia natural, coreaban las manifestantes: «Nosotras parimos, nosotras decidimos». En principio, la reclamación parece incontestable y así lo sería si lo parido fuese algo inanimado, algo que el día de mañana no pudiese, a su vez, objetar dicha exigencia, esto es, parte interesada, hoy muda, de tan importante decisión. La defensa de la vida suele basarse en todas partes en razones éticas, generalmente de moral religiosa, y lo que se discute en principio es si el feto es o no es un ser portador de derechos y deberes desde el instante de la concepción. Yo creo que esto puede llevarnos a argumentaciones bizantinas a favor y en contra, pero una cosa está clara: el óvulo fecundado es algo vivo, un proyecto de ser, con un código genético propio que con toda probabilidad llegará a serlo del todo si los que ya disponemos de razón no truncamos artificialmente el proceso de viabilidad. De aquí se deduce que el aborto no es matar (parece muy fuerte eso de calificar al abortista de asesino), sino interrumpir vida; no es lo mismo suprimir a una persona hecha y derecha que impedir que un embrión consume su desarrollo por las razones que sea. Lo importante en este dilema es que el feto aún carece de voz, pero, como proyecto de persona que es, parece natural que alguien tome su defensa, puesto que es la parte débil del litigio.
La socióloga americana Priscilla Conn, en un interesante ensayo, considera el aborto como un conflicto entre dos valores: santidad y libertad, pero tal vez no sea éste el punto de partida adecuado para plantear el problema. El término santidad parece incluir un componente religioso en la cuestión, pero desde el momento en que no se legisla únicamente para creyentes, convendría buscar otros argumentos ajenos a la noción de pecado. En lo concerniente a la libertad, habrá que preguntarse en qué momento hay que reconocer al feto tal derecho y resolver entonces en nombre de qué libertad se le puede negar a un embrión la libertad de nacer. Las partidarias del aborto sin limitaciones piden en todo el mundo libertad para su cuerpo. Eso está muy bien y es de razón siempre que en su uso no haya perjuicio de tercero. Esa misma libertad es la que podría exigir el embrión si dispusiera de voz, aunque en un plano más modesto: la libertad de tener un cuerpo para poder disponer mañana de él con la misma libertad que hoy reclaman sus presuntas y reacias madres. Seguramente el derecho a tener un cuerpo debería ser el que encabezara el más elemental código de derechos humanos, en el que también se incluiría el derecho a disponer de él, pero, naturalmente, subordinándole al otro.
Y el caso es que el abortismo ha venido a incluirse entre los postulados de la moderna «progresía». En nuestro tiempo es casi inconcebible un progresista antiabortista. Para éstos, todo aquel que se opone al aborto libre es un retrógrado, posición que, como suele decirse, deja a mucha gente, socialmente avanzada, con el culo al aire. Antaño, el progresismo respondía a un esquema muy simple: apoyar al débil, pacifismo y no violencia. Años después, el progresista añadió a este credo la defensa de la Naturaleza. Para el progresista, el débil era el obrero frente al patrono, el niño frente al adulto, el negro frente al blanco. Había que tomar partido por ellos. Para el progresista eran recusables la guerra, la energía nuclear, la pena de muerte, cualquier forma de violencia.
En consecuencia, había que oponerse a la carrera de armamentos, a la bomba atómica y al patíbulo. El ideario progresista estaba claro y resultaba bastante sugestivo seguirlo. La vida era lo primero, lo que procedía era procurar mejorar su calidad para los desheredados e indefensos. Había, pues, tarea por delante. Pero surgió el problema del aborto, del aborto en cadena, libre, y con él la polémica sobre si el feto era o no persona, y, ante él, el progresismo vaciló. El embrión era vida, sí, pero no persona, mientras que la presunta madre lo era ya y con capacidad de decisión. No se pensó que la vida del feto estaba más desprotegida que la del obrero o la del negro, quizá porque el embrión carecía de voz y voto y políticamente era irrelevante. Entonces se empezó a ceder en unos principios que parecían inmutables: la protección del débil y la no violencia. Contra el embrión, una vida desamparada e inerme, podría atentarse impunemente. Nada importaba su debilidad si su eliminación se efectuaba mediante una violencia indolora, científica y esterilizada. Los demás fetos callarían, no podían hacer manifestaciones callejeras, no podían protestar, eran aún más débiles que los más débiles cuyos derechos protegía el progresismo; nadie podría recurrir. Y ante un fenómeno semejante, algunos progresistas se dijeron: Esto va contra mi ideología. Si el progresismo no es defender la vida, la más pequeña y menesterosa, contra la agresión social, y precisamente en la era de los anticonceptivos, ¿qué pinto yo aquí? Porque para estos progresistas que aún defienden a los indefensos y rechazan cualquier forma de violencia, esto es, siguen acatando los viejos principios, la náusea se produce igualmente ante una explosión atómica, una cámara de gas o un quirófano esterilizado”.
Así concluía Delibes.
A veces en un blog no hay nada más que decir.
(Imagen:1.- Mary Cassatt.-artnet/ 2.- Elisabeth Catlett, 1944.-The Metropolitan Museum)

EL DINERO DE LA SANGRE

madre.-FGFG.-por Mary Cassatt.-1898.-artnet

A veces en un blog no hay más que transmitir lo que otros dicen. En este caso, hoy mismo, Scriptor. org: 

Bloodmoney_usa
“La película se llama “Blood Money“, y trata –según declara David K. Kyle, su director– de temas variados en torno al aborto en USA: trata de “Roe V. Wade, de Planned Parenthood, del hecho científico de que la vida comienza en la concepción, y de cómo afecta el aborto a las mujeres que han hecho al menos uno”.

Se iba a llamar “The American Holocaust“, pero el equipo que ha hecho este film-documento lo cambió por “Blood Money”, porque -a medida que lo iban filmando- fueron viendo en las entrevistas cómo lo que iba destacando en primer plano era el asunto del negocio del aborto.

No debe ser agradable de ver, pero –según lo que presenta el trailer– me parece que conviene mirar de frente esta realidad, para no hablar “de oídas” y como en secreto de este tremendo asunto.

No pienso que “Blood Money” sea un film para confirmar al ya convencido del horror del aborto, sino que busca comprender mejor y hacer ver los argumentos racionales y emocionales que tantas veces quedan injustamente al margen de la habitual mención y presentación pública del aborto.

Hay que hacer justicia a la realidad. También a la del aborto”.

Poco más hay que añadir.

niño.-Mary Cassat.-1896

(Imágenes.- 1 y 2.-Mary Cassatt.-1896.-artnet)

 

EL AGUA, EL SOL, LA LUZ

Sorolla.-B.-cosiendo la vela.-joaquinsorolla y bastida. org

El agua, el sol, la luz, la jovialidad, la vida de la naturaleza en Sorolla, la fogosidad de su pincelada, la intensidad del blanco…Sorolla.-F.-el baño del caballo.-joaquin sorolla y bastida.orgEl caballo, el agua, el sol, la luz, los contrastes entre el mar y la tierra, los reflejos…sorolla.-D.-Madre.-1895.-joaquinsorolla y bastida.orgDe nuevo el blanco, el rostro, la maternidad, los grises, un poco de azul, el lecho luminoso…Sorolla.-C.-Triste herencia.-1899.-joaquin sorolla y bastida.org

La fijación de la luz, la captación, la blancura de una pintura que juega todos los matices lumínicos…, Sorolla desde el 26 de mayo hasta el 6 de septiembre en el Museo del Prado.

(Imágenes: 1.-“Cosiendo la vela”/-2.-“El baño del caballo”/.3.-“Madre”/ 4.-“Triste herencia”/ cortesía de www. joaquin-sorolla-y-bastida)