EL PRINCIPAL RASGO DE MI CARÁCTER

 

figuras- ubgr- Helen Frankenthaler

 

Marcel Proust, a los trece años-  en 1885 – contestaba a las preguntas formuladas en el álbum inglés de Antoinette Faure, y esas contestaciones no serían exactamente las mismas que expondrá a los veinte años, cuando responda prácticamente a idénticas interrogaciones. Proust irá confesando la cualidad que prefiere en el hombre y en la mujer, su principal defecto y ocupación, el país, el color y la flor que más le gustan, sus autores preferidos, sus héroes en la vida real y en la ficción, y todo lo que ya se conoce como el célebre «cuestionario Proust».

La primera de las preguntas de ese cuestionario indagaba sobre cuál era el principal rasgo de su carácter: «La necesidad de ser amado más que la necesidad de ser admirado», contestó Proust. Pero la ruleta de esas cuestiones prosiguió su camino y muchos otros personajes fueron interrogados sobre ese tema. ¿Cuál es el principal rasgo de mi carácter?. Narciso Yepes, por ejemplo, confesó que el tesón.

 

figuras-iutt- Paul Jenkins

 

Salvador de Madariaga, la espontaneidad. El poeta Joan Brossa, la voluntad. Eduardo Chillida, la desorientación. El pintor Guinovart, la inseguridad. Jorge Guillén, el interés por lo otro y los otros. Octavio Paz, el entusiasmo y la melancolía. Mercé Rododera, la necesidad de huir. Ernesto Sábato, angustia, paradójicamente unida a una gran vitalidad. El escultor Amadeo Gabino, la impulsividad y la sinceridad. El músico Luis de Pablo, la reflexión, la timidez, la previsión.

Acercándonos al espejo de la página cada uno sabrá cuál es el principal rasgo de su carácter. Tantas veces pendiente del momento, de la edad y del tiempo.

 

pintores-buun- Yves Klein-pinstake com

 

(Imágenes. -1- Helen Frankenthaler/2-Paul Jenkins/ 3-Yves Klein- pinstake com)

PROUST Y LA PEQUEÑA FRASE MUSICAL

 

música-yhh- William Merritt Chase

 

«De pronto, Francisca se levantó. Juan creyó que se acercaba a él. Pero se paró ante el piano, se sentó y se puso a tocar. A las primeras notas le sobrecogió una angustia extraordinaria, hizo una mueca para no llorar, pero le asomaron a los ojos unas lágrimas brillantes que, viendo la dureza glacial del exterior, se volvieron adentro sin permitirse correr. Había reconocido aquella frase de la sonata de Saint- Saëns que, en el tiempo feliz, le pedía casi cada noche y que ella le tocaba sin fin, diez veces, veinte veces seguidas (…)

 

música- unnhy- Carl Vilhelm Holsoe

 

Pasados diez años, un día de verano, al pasar por una callecita del Faubourg Saint- Germain, oyó tocar un piano y su destino lo detuvo. Escuchó la pequeña frase de Saint- Saëns sin reconocerla bien al principio, pero sentía en sí un gran frescor, como si hubiera rejuvenecido de repente. Y respiraba el aire cálido y fresco del verano en que había sido tan feliz, lleno de sombra, de rayos y de sueños, pues, aunque nunca había vuelto a sentir la dulzura de aquellas noches pasadas, ella había conservado dentro de él la edad que tenía entonces, y de aquel tiempo le llegaba ahora súbitamente, intacta y fresca. La pequeña frase se apresuraba, y ahora, como antaño, le era dulce. Así como en el tiempo de su felicidad se había anticipado con su tristeza al tiempo de la separación, en el tiempo de la separación se había anticipado con su sonrisa al tiempo de su olvido (…)

 

música.-5gyyu.-interiores.-Carl Vilhelm Holsoe

 

Y no intentó pensar en ella. Pero pensaba insistentemente, con un gran deseo, con una gran alegría, con un gran amor, en el verano de aquel año, en la profunda dulzura de las hora a orillas del lago del Bois de Boulogne, en la terraza de Saint- Germain, en Versalles, en todos los lugares donde ella le había tocado aquella frase, donde él había recordado aquella frase, adonde había deseado ir, mientras ella solía tocarla en su casa, antes de salir, porque hacía aún demasiado calor, para aquellos paseos».

Marcel Proust.- «Jean Santeuil»

(Imágenes.-1.-William Merrit Chase/ 2 y 3.- Carl Vilhelm Holsoe)

PROUST Y LAS GOTAS DE LLUVIA

 

lluvia.- 67hhu.- Gustave Caillebotte

 

«Pero otras veces empezaba a llover y se cumplía la amenaza del capuchino que tenía el óptico en su escaparate; las gotas de agua, como los pájaros migratorios que se echan a volar todos juntos, bajaban del cielo en apretadas filas. No se separan, no van a la ventura en esa rápida travesía; cada una guarda el puesto que le corresponde, llama junto a ella a la que sigue, y el cielo se ennegrece más que cuando parten las golondrinas. Nos refugiábamos en el bosque. Ya su viaje parecía cumplido, y todavía seguían llegando algunas más débiles y calmosas. Pero salíamos de nuestro refugio, porque el follaje agrada mucho a las gotas, y ya estaba la tierra casi seca cuando todavía más de una se rezagaba jugando con las molduras de una hoja, y colgada de su punta descansaba, brillando al sol: de pronto se dejaba deslizar desde lo alto de la rama y nos caía en la nariz».

Marcel Proust.- «Por el camino de Swann»

 

paisajes.- 44fr,.- Claude Monet.- mañana en el Sena en la lluvia

 

(Imágenes.- 1.-Gustave Caillebotte/ 2- Claude Monet)

PASTERNAK EN PEREDELKINO

 

escritores.-6wws.-Boris Pasternak.-a la izquierda, con su hermano.-pintura de su padre, Leonid Pasternak

 

«Todavía no he leído a Kafkale decía Boris Pasternak a Gerd Ruge en Peredelkino a final de los años cincuenta  -. Ahora estoy leyendo a Marcel Proust. Delicioso, en extremo delicioso; aunque a veces le encuentro falto de algo. Y si se pudiera reunir en una sola persona la fuerza de Thomas Mann y la de Rilke.., el resultado sería una obra maestra. En Thomas Mann hay un exceso de análisis psicológico experimental y también un exceso de ensayo literario periodístico. Pero su arte, unido a la fina sensibilidad, la profundidad y el sentido de lo transcendente del Rilke que escribió «Los cuadernos de Malte Laurids Brigge», sería algo extraordinario. ¡Y qué novela no sería el «Ulises», de Joyce, si tuviera la claridad de las narraciones de «Dublineses!…».

 

escritores.-5qmnm.-Boris Pasternak en Peredelkino.-1958.-foto Cornell Capa

 

Contaba todo esto Pasternak al lado del alto pupitre que utilizaba para escribir a causa de su lesión en la pierna. «No  lamento que mi obra «El doctor Jivago» se haya publicado en Occidentecontinuaba -; lo que lamento es el ruido que se ha levantado por su causa. Todos escriben sobre la novela; pero ¿ quién la ha leído propiamente? Porque, ¿qué es lo que cita de la obra? Siempre las tres mismas primeras páginas, de las setecientas que tiene el libro».

 

escritores-nnju- Pasternak- foto Cornell Capa- Peredelkino mil mvecientos cincuenta y ocho

 

«El plan de «El doctor Jivago» – explicaba Pasternak a «The Paris Review» – lo esbozan  los poemas que acompañan al libro. Esa es una de las razones por las que yo decidiera publicarlos junto con la novela. También están ahí para darle a la novela más cuerpo, más riqueza. Por la misma razón utilicé el simbolismo religioso: para darle calor al libro (…) Uno debe vivir y escribir sin descanso, con la ayuda de las reservas que la vida ofrece (…) La vida en torno nuestro cambia constantemente, y yo creo que uno debe tratar de cambiar su propia visión en forma correspondiente… cuando menos una vez cada diez años (…) Cuando escribí «El doctor Jivago» sentí que tenia contraída una deuda inmensa con mis contemporáneos. Fue un intento de pagarla (…) Yo quería dejar una constancia del pasado y honrar en ese libro los aspectos hermosos y sensitivos de la Rusia de aquellos años».

(Pequeña evocación con motivo de los cincuenta años del estreno de la película «El doctor Jivago», basada en la novela)

 

Pasternak-unng- museo de Boris Pastrnak en Peredelkino- wikipedia

 

(Imágenes.- Boris Pasternak y su hermano Alejandro hacia 1905.-pintura de Leonidas Pasternak/.- 2 y 3.-Pasternal en Peredelkino- 1958- foto Cornell Capa) / 4.- museo de Boris Pasternak en Peredelkino- Wikipedia)

RAFAEL CHIRBES

 

 

Chirbes- nyre- Rafael Chirbes en Colonia el 28 de septiembre de 2008- wikipedia

 

 

«El propio Proust decía Rafael Chirbes en 2007 – participaba de esa idea: la verdadera obra de arte es como cuando vas al oculista. Te somete a un tratamiento siempre incómodo, pero, cuando acaba el tratamiento. ves las cosas con una claridad luminosa. Y celebraba: cada nuevo artista nos regala una nueva mirada. Nos abre un mundo que no existía antes. Ya bien avanzado el siglo XX, Pavese nos hablaba del milagro de un nombre y un adjetivo que se reúnen por primera vez para ofrecernos la maravilla de una nueva realidad. En el caso de Proust y de Pavese, la literatura no como busca de la verdad, sino como una verdad que acaba de nacer».

 

Chirbes- nyui- koratai com

 

Chirbes, que acaba de morir – y del que escribí aquí hace cinco años -, el novelista que quiso contar la vida privada de las naciones, como hoy recuerda en un artículo Fernando Valls, defendió siempre su independencia. «Tengo la sensación – decía en 2008 – de que mi independencia la amenazan más bien algunas seducciones procedentes de fuera del mundo editorial: las charlas, mesas redondas y conferencias en las que debes opinar o – más frecuentemente – callar tus opiniones sobre contemporáneos; los encuentros  con otros escritores que se convierten más bien en cháchara de sociedad, o que crean lazos que luego te impiden leer sus obras con esa frialdad que ha de exigirse a sí mismo un escritor; las invitaciones oficiales, que mezclan a patrones del arte, generalmente políticos, con escritores, y cimentan relaciones a veces gratas, pero siempre poco convenientes (…) Es muy difícil llevar una vida social y mantener inalterables tus posiciones y gustos estéticos. Me fascinan libros de autores que no me resultan simpáticos y con los que no me agradaría charlar; y, en cambio, me resultan deleznables otros a cuyos autores aprecio. Por eso creo que acaba por ser saludable un discreto apartamiento. Así como los catadores de vino profesionales evitan castigar sus papilas gustativas con otras bebidas, también nosotros debemos proteger de la contaminación nuestra exigencia del gusto».

(Pequeño recordatorio de Rafael Chirbes, fallecido ayer.

Descanse en paz)

 

Chirbes-unny- Rafael Chirbes en su estudio de Beniarbeig- Alicante- foto Jesús Císcar- el país

 

(Imágenes.- 1- Rafael Chirbes en Colonia el 28 de septiembre de 2008.- Wikipedia/2.- Rafael Chirbes- koratai com/ 3.-Rafael Chirbes en su estudio de Beniarbeig- Alicante-foto Jesús Císcar-elpais)

SAUL BELLOW

 

escritores.-98nnh.-Saul Bellow.-Vermont 1984.-Dmitri Kasterine

 

«Todos los años, el mundo cambia radicalmente – confesaba Saul Belllow -.Se transforma a un ritmo para el que no tenemos instrumento de medida adecuado. Es pavoroso. Y cada uno de nosotros tiene que enfrentarse – solo – a esa enorme complejidad… Hemos de pensar, pues, para vivir. Es un problema de una urgencia inaplazable. Las soluciones no dependen tan sólo del exterior. Muchas dependen de nosotros mismos. Se les ha aplicado un nombre: necesidades neuróticas, exigencias del alma y también necesidades realmente humanas, tales como la de ser libre, de amar, de trabajar, de buscar la verdad, de dar un sentido al mundo. Luchamos por encontrar un orden y un equilibrio».

 

escritores.-07b.-Saul Bellow

 

«Algunos escritores – contestaba Bellow a «The Paris Review» – se toman excesivamente en serio a sí mismos. Aceptan las ideas del «público culto». Lo que entendemos por «sobrevaloración del artista» existe. Algunos músicos y escritores se dieron cuenta. Stravinsky dice que el compositor debe practicar su oficio tal como lo hace el zapatero. Mozart y Haydn aceptaban encargos: literalmente, componían música por encargo. En cambio, en el siglo XlX el artista esperaba, altivo, la Inspiración. Pero cuando uno se eleva a sí mismo al rango de institución cultural, se mete en un grave problema.

Después está  ese desorden moderno menor:  la enfermedad de los que viven de la imagen de sí mismos creada por los diarios, la televisión, los rumores, o la necesidad de celebridades del público. Hasta los bufones, los que luchan por ganar todos los premios y las estrellas de cine se han pescado el virus. Yo evito esas «imágenes». Anhelo, no la oscuridad absoluta – soy demasiado egoísta para eso -, pero sí la paz… libre de intrusiones molestas».

 

escritores.-9uu.-Saul Bellow

 

«¿Necesitamos a los novelistas? Sí. ¿Lo sabemos ? No. – ampliaba  Bellow en 1996 -Aunque todavía se encuentra un cuarto de millón de seguidores en todo el país. Se trata de gente que se ha preservado como miembros de una logia a la que no se permite revelar el secreto de su saludo. Antes, cuando viajaba por el país, hacía un juego. Me paraba en una biblioteca de pueblo que llevaba el nombre de algún multimillonario y recorría las estanterías para ver  cuántos lectores tenía Proust. Para mi sorpresa, había lectores que se llevaban esos libros. No eran los libros más usados de las estanterías, pero no eran ignorados totalmente. De modo que algo sucede, como si la gente se agarrara a la vida por medio de esos libros».

(pequeña evocación de Saul Bellow del que hoy se celebran los cien años de su nacimiento)

 

escritores.-tyym.-Saul Bellow.-1964.-Jeff Lowenthal

 

(Imágenes.- 1.-Saul Bellow- 1984- Dmitri Kasterini/ 2 y 3- Saul Bellow/ 4.- Saul Bellow- 1964- Jeff Lowenthal)

MÚSICAS NATURALES

música- trrem-Turner- mil ochocintos treinta y cinco

 

» A veces pensamos que unos aires de música oídos tiempo atrás y en otro lugar tienen el poder de despertar en nosotros el recuerdo y como el encanto de los lugares, de la época en que los oímos. Pues el recuerdo conserva el pasado sin mutilarlo, y lo que unido estuvo en la realidad unido queda en nuestra memoria. Y esas músicas naturales que no contienen, como las músicas de arte, un sentimiento independiente del tiempo en que las oímos, que no tienen ninguna otra cosa que expresar, cuánto más vivamente conservan para nosotros el mismo encanto de la hora, de la estación, del país en que las oímos. Y este encanto no está sólo aquí, como en la música humana, en nuestra memoria, está verdaderamente en esas músicas naturales. Una melodía de Schumann puede

 

árboles- nyuu- mujer- Francis Picabia- mil novecientos treinta

 

recordar la voz amada que la cantaba. Bien sabemos que no ha conservado nada de ella, que desde entonces ha sido de otras muchas voces, que, como la naturaleza, deja que cada uno esconda en ella su felicidad y sus recuerdos sin cuidarse de ellos, sin sentirlos, sin preferir ninguno, porque es de todos, porque expresa un ideal más elevado, superior a los individuos. Sabemos que presta simplemente su belleza a las ilusiones de nuestro recuerdo y que, mensajera indiferente, irá así hacia cada uno, llevándole el recuerdo que le es caro y que ella no ha conservado, de la misma manera que los bosques son bastante profundos para guardar tantos secretos como confesiones han oído, para enterrar tantos

 

árboles-uhhnn- André Derain - museo de l´Ermitage- San Petersburgo

 

goces como amores han escondido. Pero esas humildes músicas naturales tienen una relación profunda, una armonía oculta con la estación en que fueron oídas. Puede decirse que nacieron de su esencia y participan simplemente de su encanto. Nacidas de ella, voces de despedida de la golondrina en cuanto llegan los primeros fríos, o zumbido de las moscas cuando asoma el calor, esas músicas nos hablan de la estación con toda naturalidad, puesto que es la estación misma quien nos habla en sus cantos. No hay necesidad de nuestra amiga para cantar la melodía de Schumann. Y otras muchas que no serán ella la cantarán para otros que no seremos nosotros. Pero si no viniera el verano con su calor que nadie podrá nunca imitar, ¿creéis que no habría terminado la música de las moscas? Por eso, cuando las oímos, tenemos pleno derecho a reconocerlo, y el gozoso saludo que le dirige su amiga, nuestra memoria, no se equivoca».

Marcel Proust.- «Jean Santeuil»

 

árboles- nui- Georgia O ` Keeffe- mil novecientos cincuenta y tres- Georgia O´Keeffe Museum

 

(Imágenes.- 1.-W Turner– música company -1835/ 2.-Francis Picabia– 1930/ 3.- André Derain– museo de L´Hermitage- San Petersburgo/ 4.-Georgia O`Keeffe– 1953-Georgia O´Keeffe museum)

IMITAR Y CREAR

escritores-vvghh- Proust- Tullio Pericoli

 

Hay una etapa en la creación en la que es obligatoria una actitud mimética. La mayoría de los grandes escritores han pasado por esa fase”, ha querido recordar el poeta y filólogo Luis Alberto de Cuenca, y el  director de la Real Academia Española, José Manuel Blecuaha completado: “Un escritor se hace con la lectura”.

El escritor empieza imitando, se sintetizó en unas recientes declaraciones. Ello es cierto. Pero el imitar y el crear a la vez se ha logrado también en figuras memorables de las letras. En 1908 Proust decide comentar un acontecimiento a través de una serie de «pastiches» o parodias. Se trataba de que un ingeniero francés, Lemoine, había hecho creer a Sir Julius Wernher, presidente de de la De Beers, que él podría fabricar diamantes, y ese escándalo estalla a principios de 1908. Marcel Proust publicará en «Le Figaro» una serie de parodias  glosando lo ocurrido como  si lo escribieran y describieran (es decir, «a la manera de»)  Balzac, Flaubert, Sainte-Beuve, Goncourt o Michelet entre otros. En un volumen, publicado en 1919, añadirá  Saint Simon, y quedarán inéditas las versiones correspondientes a Chateaubriand, Maeterlink y Ruskin.

 

Proust-innh- el mundo de Marcel Proust- larousse fr

 

El mayor especialista en la obra de Proust, como es Jean-Yves Tadié, destaca que lo que se propone el gran escritor francés es, acercándose a los rasgos dominantes y recurrentes de los autores citados, ejercer una doble crítica: analítica (bajo la forma de ensayo) y sintética ( bajo la forma de parodia). Proust se adapta al ritmo del autor imitado, incluso cuando se trata de su propio estilo. Cuando Proust publica estos textos en el periódico son elogiados por los entendidos en la materia, que admiran la maestría en un arte menos fácil de lo que parece, pues la inteligencia de Proust se une a la invención y se hermanan el talento y el genio.

 

 

escritores.-9jbbn.-Marcel Proust.-colección Martinie

 

Este género de la imitación – y a la vez de la creación – tendrá sus seguidores. Dos escritores franceses, Paul Reboux y Charles Muller, publicarán un volumen bajo el título «A la manera de…», pero será Proust quien quede absolutamente reconocido. Sus imitaciones-creaciones reunidas en «Parodias y misceláneas» (Alianza)  nos acercan a lo que hubieran escrito Balzac o Michelet en parecidas circunstancias. Proust recibe los elogios a sus parodias definiéndolas como «un ejercicio fácil y vulgar» y cuando alguno de sus amigos le expresa su admiración ante tal técnica literaria el escritor francés responde que en el fondo, con esas parodias, lo que ha querido de algún modo es enviar unas cartas de despedida a sus maestros antes de iniciar él su obra original. Tal obra será «A la busca del tiempo perdido».

 

 

(Imágenes.- 1- Marcel Proust- por Tullio Pericoli/ 2.-El mundo de Marcel Proust- larousse.fr/ 3.-Marcel Proust- foto H. Martinie)

 

CRÍTICAS ENGAÑOSAS Y CRÍTICAS EJEMPLARES

 

libros.-98yy.- bibliotecas.-dibujo de la Sala de Lectura del Museo Británico

 

«Asombra la enorme ligereza con que hoy se otorgan las más altas alabanzas cuando a uno se le antoja – afirmaba Robert Musil sobre la crítica literaria -. Tómese quien quiera la molestia de reunir durante un largo período nuestras reseñas y comentarios de libros (…) Al cabo de unos años, se asombrará poderosamente de ver con cuánto heraldo del alma estremecedor a más no poder, cuánto maestro de la descripción, cuánto poeta excelso, insuperable, hondísimo, absolutamente grande y, por fin, con cuánto gran poeta se ha visto de nuevo obsequiada la nación en el transcurso de este tiempo, cuán a menudo se ha escrito la mejor historia de animales, la mejor novela de los últimos diez años y el libro más hermoso». Escritas estas palabras en 1926 siguen hoy vigentes. Los torbellinos y vaivenes de la crítica han envuelto y siguen envolviendo a las obras y a sus autores en páginas no siempre justas ni transparentes. Marcel Reich- Ranicki en su volumen » Sobre la crítica literaria» (Elba) encadena las opiniones de quienes han querido emitir juicios sobre este 

 

Bibliotecas.-1.-Biblioteca Mazarino.-París.-Candida Höfer.-artet

 

tema. En 1959 decía uno de los autores:«Como todos los años, ha regresado la época de la magnanimidad literaria (…) Y la tibia lluvia de los favores mutuos cae sobre el paisaje yermo. Los autores escriben unos sobre otros, se alaban en la radio, se reseñan mutuamente en las columnas literarias (…) He aquí cómo surge esa tendencia cobarde y aburrida de decir sí a todo que, año, tras año, infesta la atmósfera literaria de santurrona monotonía». Musil había repetido en 1933: «se ha dejado la crítica de libros en manos de gran parte de literatos que se elogian entre sí» y en España, en 1887, Clarín analizaba con dureza los motivos de algunos críticos: » el primero es la vanidad, que se sacia viéndose en letras de molde. Este motivo suele ir unido a otros dos: en primer lugar, el deseo de venganza; en segundo lugar, el afán de la lisonja«.

 

libros- vvgy-bibliotecas- Charles Matton- dos mil

 

Lejos todo esto de las «Críticas ejemplares« (Bitzoc) donde se han reunido las firmas de Steiner, Edmund Wilson, Marcel Proust, Borges, Manganelli y Julien Gracq entre otros como modelos de críticas.

 Destacan sobre este tema las conocidas palabras de Goethe en  1821: «Existe una crítica destructiva y una crítica constructiva. La primera es muy fácil, pues basta con formular y adoptar un criterio o un modelo cualquiera, aunque sean estrechos de miras, y acto seguido tener la insolencia de asegurar que la obra en cuestión no se ajusta al mismo, y por lo tanto no vale nada. Así se despacha el asunto, y uno puede afirmar sin más que sus  exigencias no se han visto satisfechas; y de esta manera queda uno exento de toda gratitud con respecto a los artistas. La crítica constructiva es mucho más difícil. Pregunta: ¿Qué se ha propuesto el autor? ¿Se trata de un propósito razonable y comprensible? ¿Y en qué medida ha conseguido llevarlo a cabo? Si respondemos a estas preguntas de manera sensata y afectuosa, echaremos una mano al autor, quien sin duda habrá progresado ya desde sus primeros trabajos y se habrá alzado contra nuestra crítica. Llamemos también la atención sobre otro punto que no ha sido suficientemente examinado: que uno debe juzgar más en atención al autor que pensando en el público».

 

interiores-vghn-bibliotecas- Alma Tadema- mil ochoccientos ochenta y cuatro

 

(Imágenes.-1.-dibujo de la sala de lectura del Museo Británico/ 2.-Biblioteca Mazarino-Candida Höfer- arnet/ 3.- Charles Matton.- 2000/ 4.-Alma Tadema.- 1884)

 

LAS VOCES DEL LIBRO

libros.-rrecss.-Van Gogh.-1887

 

«No sé – ¡oh, tú, que me estás leyendo! – si tienes derecho al título que te doy en el de este Prólogo – escribe Tirso de Molina en la presentación de los «Cigarrales de Toledo» en 1621 – (…) Anda, léeme, no se te dé nada (…) Ya  me has abierto (…) Ya juzgarás, por lo dicho, que me vendo, soberbio ( así sigue hablando el  libro) . Pero  ni te engañas en todo, ni en todo aciertas. Mira: toda arrogante presunción es locura, y todo abatimiento de sí mismo, que no se ejercita por Dios, es pusilanimidad (…)  Desta suerte salí del vientre de mi madre – si puedo dar este nombre a la imaginativa que me concibió y a la pluma que me sacó a luz -. De los defectos que en mí hallares, parte tiene la culpa mi progenitor, y parte el ama que me enseñó a hacer pinitos (….) ¡ Ocho meses ha que estoy en las mantillas de una imprenta, donde, como niño dado a criar en la aldea, me enseñaron los malos resabios que en mí descubrieres : mentiras de un ignorante compositor que tal vez añadía palabras, tal sisaba letras!  (…)

El día que salí de la tienda ( continúa hablando el libro) entré a servir a quien me compró; y desde entonces ya no corre por cuenta de quien me dio el ser mi defensa, sino del señor a quien reconozco».

 

libros.-8gugm.-marilenaferrari-frm it

 

Así  le habla el libro al lector en el siglo XVll y tres siglos después, a través de la pluma de Italo Calvino, será un tono distinto, no la voz del libro sino una voz situada entre el lector y el libro, una voz que se introduce en la habitación y se acerca al que lee para disponerlo a la grata lectura: » Relájate – le invita en » Si una noche de invierno un viajero» – . Recójete. Aleja de ti cualquier otra idea. Deja que el mundo que te rodea se esfume en lo indistinto. La puerta es mejor cerrarla; al otro lado siempre está la televisión encendida. Dilo en seguida, a los demás: «¡No, no quiero ver la televisión! » Alza la voz si no te oyen :» ¡ Estoy leyendo! ¡No quiero que me molesten!».

Entonces la voz del libro empieza a articular poco a poco palabras, como ocurría en Tirso de Molina y como ocurre siempre. Es una voz de voces, voz quizá de omnisciencia, voz de personaje-narrador, voces simultáneas, voz de monólogo interior, voz de flujo de conciencia. En la habitación empieza por ejemplo a hablarnos Balzac,  al que pronto Conrad le quita la palabra, al que Faulkner interrumpirá, la voz tal vez pasará a Proust y éste cederá la palabra a Camus y éste a su vez acaso a Durrell. Todas las voces parece que no pudieran contenerse en un solo libro pero cada libro nos viene hablando con su propia voz. Escuchamos desde nuestra edad y abierto siempre nuestro ánimo.

 

libros.-4dvb.-Abelardo Morell.-1993

 

(Imágenes.- 1-Van Gogh- 1887/ 2.-marilenaferrari. it/ 3.-Abelardo Morell- 1993)

 

¿QUÉ ES UN EDITOR? ( y 2)

lectura-bbhhew-Sara Hayden- mil ochocientos noventa y nueve

 

Por su interés, copio aquí parte de la conferencia pronunciada el pasado 1 de de julio en la Universidad Pompeu Fabra por Jaume  Vallcorba, gran editor, creador de Acantilado, fallecido hace pocos días, y a quien me referí brevemente aquí el 24 de agosto:

 

«Si he aceptado el peligroso honor de darles esta conferencia (porque, en el fondo, es esto, y no una clase), se debe a que, (además de pasar un rato agradable con ustedes), después de más de treinta años de experiencia y con algún centenar de títulos en mi haber como editor, no sólo siento un intenso amor por los libros, sino que aún hoy me siguen estimulando. Este amor a los libros me ha acompañado a lo largo de toda mi vida, desde que leía en la cama, a escondidas de mi madre y en época muy temprana, La Isla del Tesoro, El Mercader de Venecia, o Cuore, de Edmundo de Amicis. Y, aunque nunca creí estrictamente en la verdad literal de las historias que allí se contaban, azucé momentos de angustia escuchando sin aliento cómo la pata de palo del Capitán John Silver golpeaba el parquet de mi casa en el silencio de la noche. Y me emocionaba con la valentía y el coraje de Marco en su viaje en solitario a Sudamérica. Y descubría que los puros de alga del Capitán Nemo tenían tanta nicotina como los de la Habana. De hecho, me acuerdo aún de ellos cuando enciendo uno de mis puros a día de hoy, preguntándome cómo serían aquéllos. He aprendido mucho de los libros, ciertamente, pero, no los estimo por lo que he aprendido, que es muchísimo, sino por encima de todo por cómo me han acompañado a lo largo de los años, configurándome y, quisiera pensar, que afinándome. La biblioteca en la que ahora mismo escribo el texto que les estoy leyendo contiene algunos libros que ya estaban allí cuando tenía once años, en ediciones algo manoseadas, y otros que llenaron tardes de verano de hace treinta años. Se ven enriquecidos por algunas manchas de café, de vino, o de ceniza de tabaco. Me gustan estas manchas, como me gusta encontrar una carta de un amigo de hace tiempo o un recuerdo feliz. También contienen algunas notas a lápiz, siempre a lápiz, en las que manifiesto estupor, o entusiasmo, rechazo o aplauso o fervor por lo que acabo de leer. Me reencuentro y dialogo conmigo cuando tenía muchos menos años, con resultado irregular. A fuerza de recorrerlos, algunos de los poemas que contienen han quedado grabados en mi memoria sin haberlo pretendido, y aparecen de manera gozosa cuando menos se les espera. Se han adherido a mí como se adhiere el sol a la piel, cambiando su tonalidad. La diferencia con el tinte de la piel es que esta tonalidad no desaparece con los fríos del invierno. Al contrario: los atempera y los conjura. Como la música, son capaces de envolver un estado de confort que sería difícil conseguir sin su concurso.

 

lectura.-7889n.-verano.-Richard Diebenkorn.-1922-1993

 

Editar (y empecé muy joven, en el colegio, con una revista en ciclostil, y años después continué en una colección con vagos tintes de vanguardia que organicé a los veinte años y de la que es mejor no acordarse), ha sido para mí, desde el principio, proponer a unos amigos que no conocía una lectura que pensaba que les podía gustar, estimular y enriquecer. Estoy convencido de que un libro es capaz de modificar a su lector por el simple hecho de haberlo leído; que puede cambiar, en el lector, algo importante, de manera que se podría decir que no es la misma persona antes que después de haberlo leído. Porque leer es dialogar, es «escuchar con los ojos a los muertos y tener conversación con los difuntos», como decía Quevedo siguiendo un viejo y noble lugar común. Con pocos libros se puede tener al alcance el pensamiento humano, y del diálogo con él deriva, es sabido, cualquier conocimiento y cualquier construcción de una personalidad, ya sea individual o social. Por esto creo que editar es un trabajo que conlleva una cierta responsabilidad.

 

lectura-vvgyu- Juliano Lopes

 

Entiendo la edición como un oficio en el que confluyen el trabajo intelectual y artesanal, en la fabricación del libro, así como un cierto tino empresarial en su publicitación, distribución y venta. Los dos aspectos, lo he dicho ya muchas veces, me parecen sustantivos e igual de importantes en este oficio. Un libro sin ningún atractivo, aún con muchas ventas, se verá fuera del ámbito personal de interés y actuación de un editor tal como yo lo concibo, y lo mismo le sucederá a un libro sustantivo sin visibilidad, puesto que sin visibilidad no hay existencia. Calidad y visibilidad son fundamentales en la edición.Edere significa «sacar hacia fuera», «dar luz», y éste, de dare, de «dar».

 

lectura- vvffy- William George Richardson Hind

 

Y con esto entramos en un punto fundamental del oficio. Hacer visible un libro no significa solamente imprimirlo, convertirlo en un número indeterminado de pliegos y darlo al comercio en la esperanza, incluso perfectamente legítima, de obtener algún rendimiento. El mejor de los libros puede hacerse invisible a sus hipotéticos lectores sin el trabajo fundamental que sobre él debe ejercer su editor. Cada día aparece un número indeterminado de libros nuevos, algunos de ellos verdaderamente valiosos, que son destruidos al cabo de un tiempo por una guillotina implacable. Y muchos otros que aparecen colgados en Internet, como ahorcados mecidos por el viento, sin que nadie les preste gran atención. Lo infinito de Internet, como cualquier otro infinito material sin límites, se asemeja peligrosamente al desierto. A un desierto estéril. Es tarea del editor rescatarlo y darle un marco.

 

lectura-gygg--Pierre Auguste Cot- mil ochocientos setenta

 

El marco es una parte sustancial del paisaje. Tan sustancial que se diría que sin él no hay paisaje. El marco da forma a lo que, antes de verse arropado por él, era algo inasible por inmenso. El marco dirige nuestra mirada hacia su interior: subraya, acentúa, estructura. Elimina todo lo superfluo y profundiza en lo esencial, dándole relieve y contorno.

 

lectura-djs-Albert Chevalier Tayler

 

Un marco, a pesar de lo que pueda parecer a simple vista, es dinámico. Enfoca y da profundidad de campo. Y, en un catálogo, establece un diálogo fecundo entre todos aquellos libros que lo conforman. Porque los libros dialogan entre sí. El aristócrata Von Moltke, esperando en su celda de la cárcel de Tegel su ejecución en enero de 1945 (una ejecución que sabía de antemano dolorosísima), escribía a su mujer, y, al hacerlo, establecía también un diálogo con el canciller Tomás Moro, que cuatrocientos diez años antes, en 1535, esperaba en la torre de Londres su decapitación cuando escribía, con una inmensa ternura y lucidez, a su hija Margaret, con quien mantuvo un interesantísimo diálogo en que la fortaleza vence a la tribulación. Ni Moltke ni Tomás habían cedido al poder despótico, incluso en la conciencia distinta de que esta intransigencia les iba a costar la vida. Quién sabe si los dos no fueron confortados, en tan duro trance, por Chesterton.

 

libros.-4rttb.-lectura.-Jean Baptiste ll Charpentier

 

Dar marco, dar forma, es relacionar y propiciar el diálogo. La forma externa del libro es ciertamente muy importante: desde ella nos reconoceremos a primer golpe de vista. Hablaremos también de ella un poco más adelante. Pero imagino que, en su base, lo más importante será el grado de sintonía, la amistad que pueden establecer los libros entre ellos, fruto de esa simpatía espiritual que habrá sabido poner de relieve su editor. Y todo ello es importantísimo para el libro. Que me sea permitido poner un ejemplo elemental: Georges Simenon fue para muchos despistados un autor de quiosco y de best seller, hasta que Gallimard lo incluyó en La Pléiade. Con ello, lo ponía a la altura de Proust, Racine y Chrétien de Troyes. Me aceptarán que, como lectores, todos nosotros adoptamos una actitud vital distinta según nos dispongamos a leer un libro de entretenimiento o un clásico. Y es así como, desde La Pléiade (como hoy desde la Penguin Classics o la New York Review of Classics), Simenon ha ido adquiriendo la calidad de enorme escritor que ya casi todo el mundo no indocumentado le reconoce. Empecé a publicar a Stefan Zweig en una aventura editorial que duró relativamente poco, Sirmio se llamaba. Pero Zweig no tomó el vuelo que hoy tiene hasta que no se percibió el testimonio fundamental del siglo XX que nos ofrece en El Mundo de Ayer. Sin embargo, para este fin, el lector tenía que encontrarlo en una compañía que lo hiciera evidente. Al lado de la ficción de quiosco, Balzac puede ser leído como un tebeo. Con los libros pasa como con las personas. Y no es lo mismo encontrar a Zweig por la calle en compañía de cualquiera que en la de Joseph Roth, que fue un amigo cercano en vida, o en la de Chateaubriand, con quien dialoga desde la distancia en el mundo del espíritu. Porque, no lo duden, Joseph Roth charla a menudo con Zweig, y también con Chateaubriand y con Aleksander Wat. Y Leopardi lo hace con Lucrecio, que a su vez lo hace con Montaigne. Y lo hacen porque son amigos. No se trata únicamente de que sean clásicos, sino que pertenecen a aquel grupo humano que ha recibido distintos nombres, el más claro de los cuales quizás sea el de la República de las Letras. Ser un “clásico” no basta. Había hace años una colección de clásicos que se llamaba “Clásicos olvidados”, y que con mi profesor y amigo Martín de Riquer , llamábamos, divertidos, “clásicos justamente olvidados”. La condición de clásico no redime a un libro, ni siquiera aunque sea un clásico de verdad. Para que un clásico, que finalmente es una forma del espíritu de un hombre, tome presencia activa, necesita de sus amigos, y sentirse a sus anchas en una conversación civilizada: de ella se nutre y en ella se vivifica. La conversación, conversatio, nos lo recordaba el gran Leo Spitzer, escommunio, comunión. Es esa conversación la que ayuda a construir un marco y la que da forma a cualquier catálogo editorial.

 

lectura.-yunn.-libros.-Félix Vallotton.- 1921

 

Una manera de subrayar esta comunión, sin duda, reside en el aspecto que adquiere el objeto en el que el libro toma cuerpo. Es quizás por esto que soy tan poco amigo de las pantallas electrónicas. Y no solamente porque no permiten la mancha de vino o café que recordaba al inicio de esta charla. La forma que toman los libros de una editorial me parece fundamental en su proyecto. Hacer cada libro distinto de los demás, darle un protagonismo material, es tender a lo excéntrico y a lo raro. Es privarlo de estar en una sala en conversación con sus potenciales amigos. De aquel diálogo fructífero, adelante y atrás en el tiempo y viajero en la geografía que configura el mundo del espíritu y que huye de la engolación, la pedantería y la pesadez, que es alado y libre. Si un catálogo puede ofrecerlo, creo que ya ha conseguido lo más importante.

Pero, como decía, este espacio debe hacerse claro para el lector. Y la mejor y más rápida manera de conseguirlo es, como digo, la presentación material y una cierta música de fondo que a todos los distingue. Es un tono general, algo difícil de definir pero perfectamente perceptible para el lector avisado, es la inconfundible presencia de una alma. Será tarea del editor encontrar los libros que simpaticen (uso el término en su acepción antigua), libros que puedan conversar entre ellos sin disonancias y que son los que acabarán configurando su catálogo. Trabajar con sus autores en conseguir el máximo de sus posibilidades será otra de las grandes tareas del editor. Hacer sugerencias al autor, ayudarle a mejorar su texto (aquí el editor se desdobla en lector competente), será otro de los modos de cerrar este espacio del que les hablaba. Mejorar, créanme, no significa adaptar el texto a los gustos imperantes, en aras de una mayor popularidad o una mayor venta, sino ayudar a limar las asperezas que lo afean o lo desfiguran. Hacerlo ser más él de lo que era antes de nuestra lectura. Si este trabajo es serio, difícilmente encontraremos oposición por parte del autor. Recuerdo con especial afecto las tardes que pasé con Josep Vicenç Foix mostrándole cómo alguno de sus versos debía ser modificado. Les pongo un ejemplo: en su libro Les irreals omegues, compuesto todo él en alejandrinos y endecasílabos, se le había colado incomprensiblemente un octosílabo «no ens deixa veure la llum«. De pie, sin solución de continuidad, Foix dio con la solución: el heptasílabo «ens amaga la llum«. El sentido es exactamente el mismo, pero la homogeneidad métrica redondeaba, por decirlo así, el conjunto. Mejorar es ayudar a que el texto se «redondee» de acuerdo con la voluntad de su autor. Algo así debe hacerse también con las traducciones, aunque en este caso el papel del editor pueda ser mucho mayor: una traducción debe poder leerse como si no lo fuera, como si hubiera sido escrita en la lengua que estamos leyendo. Dicho de otro modo, como si fuera transparente. Lo mismo que el diseño tipográfico. El trabajo del editor debe ser invisible. Me habrán oído decir que creo que un libro debe ser como una pantalla cinematográfica, el la que la acción se desarrolle sin que ésta sea percibida: una errata, una mala traducción, una mala edición, una mala tipografía son manchas en esa pantalla.

 

lectura.-5ftt.-Henri Manguin.-1912

 

 

Tan sólo en un punto el libro debe hacerse visible: en la librería, en competición abierta con el resto de novedades. Hoy los libros, casi todos, llevan una ilustración en la cubierta. En otros tiempos era muy fácil adivinar por el color de la cartulina, la tipografía y su distribución en la cubierta, que se trataba de un libro de Gallimard. Lo mismo pasó más adelante con los de Einaudi. Algo que también se hacía visible por su composición tipográfica, el uso de los blancos y de los títulos y el resto de elementos de la maqueta. La presentación es una forma de invitación, el color de una sugerencia. Un exceso de presencia entiendo que desvirtúa su papel. Creo que un libro, más que llamar la atención por su estridencia, lo debe hacer por su silencio.

lectura.-99bb.-Harold Caballero.1874-1961

 

 

Un editor, en efecto, enmarca, da profundidad, subraya y después calla, escondido tras las páginas. Se convierte en alguien transparente, que desaparece tras el libro que ha ofrecido a su lector. Él y su libro acaban formando una unidad, tal y como lo hacen, por retomar el ejemplo de hace un momento, la pantalla de un cine y la película que en ella se proyecta. Una mancha en la pantalla, un roto, perturban constantemente nuestra visión. Una errata, una mala traducción, son sin duda manchas en esta pantalla, que entorpecen y molestan. Pero también lo son un exceso de ornamentación tipográfica, o una ornamentación barroca. ¡Cuántas veces no nos hemos enfadado con una tipografía ilustrada que nos distraía de la nitidez del verso de Racine! ¡Cuántas veces no eliminaríamos aquellas ligaduras caprichosas entre la ese y la te, en las novelas de Balzac! El editor, en efecto, debe saber callar y no hacerse demasiado visible. A menudo debe hacer lo que en el teatro se llamaba el mutis por el foro. La humildad es fundamental.

 

lectura.- r43ffg.- Jean Brusselmans.- belga.- retrato de Armand Frisch.- 1921

 

Llegados a este punto, habrán advertido que les he venido a hablar de un tipo de libro. De un tipo específico de libro. Lo apuntaba hace un momento, de aquel tipo de los que me han acompañado a lo largo de toda la vida.

Son aquellos libros que hacen nuestro mundo poéticamente habitable (y entiendo por poesía lo que nos acerca a lo nuclear y primigenio, y a algunos auténticos movimientos de la psique que no han podido ser jamás descritos complexivamente en los manuales de psicología), que nos lo describen y nos lo explican, el mundo, digo, colocándonos en el lugar próximo y feliz. Pienso en el libro, en gran medida, que abraza, sin abarcarlo del todo, el mundo entero. Quizás me acuerde en este momento de Dante, quien, después de su fatigoso periplo por el mundo de ultratumba, tras haber sufrido un sinfín de penalidades y haber pasado por terribles peligros, entreve a Dios al final de su periplo y su poema, ya situado en el Paraíso. Dice que ve “encuadernado con amor en un volumen, aquello que en el universo está desencuadernado”, es decir, que ve en forma de libro lo que en el universo son solamente pliegos sueltos. Algo así, por cierto, hace el editor. Me gustaría pensar que lo hace también con amor.»

 

libros.-5ffb.-flores.-Oskar Moll.-1902

 

(Imágenes.-1.-Sara Hayden- 1899/ 2.- Richard Diebenkorn/ 3- Juliano Lopes/ 4.-William George Richarson/ 5.-Pierre Auguste Cot- 1870/ 6.- Albert Chevalier Tayler/ 7 – Jean Baptiste Charpentier/ 8.– Felix Vallotton- 1921/ 9.-Henri Manguin- 1812/ 10.-Harold Caballero/ 11.-Jean Brusselmans.-1921.- retrato de   Armand Frisch/ 12 Oskar Moll.-1902)

 

 

 

APRENDIZ DE ESCRITOR

rober

«Cuando me sentaba al borde del camino – solía recordar Stevenson sobre sus inicios literarios -, o bien leía, o bien sacaba un lápiz y cuadernillo barato donde apuntaba los rasgos de la escena o improvisaba algunas estrofas dubitativas. Así vivía yo con las palabras. (…) Había hecho el voto de aprender a escribir. (…) Siempre que leía un libro o  un párrafo que me complacía especialmente, donde se decía una cosa o se presentaba un efecto con propiedad, donde se agazapaba una fuerza evidente o un feliz rasgo de estilo, tenía que sentarme enseguida y ponerme a imitar aquello. Claro que no lo conseguía, y yo lo sabía bien. Lo intentaba, una y otra vez, y volvía a fallar una y otra vez. Pero en todos estos intentos vanos, logré al menos adquirir cierta práctica en el ritmo, la armonía, la construcción y la

escribir-vcdd-Antanas Zmuidznavicius-mil novecientos seis

coordinación de las partes. Así he copiado con diligencia a Hazlitt, Lamb, Wordsworth, Sir Thomas Browne, Defoe, Hawthorne, Montaigne, Baudelaire y Obermann. (…) Esto, nos guste o no, es la forma en que aprendí a escribir y si le he sacado provecho como si no, así ha sido. También fue esa la forma en que aprendió Keats, y nunca hubo un temperamento más adecuado a la literatura que el de Keats; así ha sido seguramente – nos daríamos cuenta si pudiéramos comprobarlo – como han aprendido todos; y por ese motivo, cada vez que hay un revival literario va acompañado o anunciado por una mirada retrospectiva a los

escribir- ghbbn- Georg Friedrich Kersting.- mil ochocientos once

modelos anteriores (…) Hasta Shakespeare mismo, el imperial, procede de una escuela. Sí, de una escuela de la que – cabe esperar – salen buenos escritores; de una escuela que, casi de modo invariable, produce buenos escritores, salvo alguna excepción. Antes de que pueda decir qué cadencias prefiere, el alumno debe probar todas las que existen; antes de elegir y mantener una clave que se ajuste a él, tiene que haber practicado toda la escala literaria; y sólo tras muchos años haciendo este tipo de gimnasia podrá sentarse al fin, mientras llegan legiones de palabras zumbando a su llamada y docenas de estructuras de la frase se le ofrecen simultáneamente para que escoja. Y entonces, sabiendo lo que quiere hacer y dentro de los estrechos límites de la capacidad humana, podrá hacerlo.»

Proust-cvt-Gustave Caillebotte.-probable ambiente del Combray de Proust

Estas palabras de Stevenson en sus «Ensayos sobre literatura» (Páginas de Espuma) nos llevan a los primeros escritos del Flaubert muy joven, comentados por Menene Gras en «Aprendiz de escritor» (Tusquets) cuando se pregunta «¿de dónde procede a su vez esta admiración por Lord Byron, Corneille y más tarde Rabelais, a quienes dirige grandes elogios y agradece por su genialidad? ¿Acaso ya empieza a creer en el nacimiento de su vocación al sentir el deseo de inspirarse en ellos y la tentación de imitarlos?«. E igualmente nos traslada hasta los excelentes «pastiches» – «Parodias y miscelánea» (Alianza) – que Proust publicaría en febrero y marzo de 1908 en Le Figaro, «ejercicios de estilo a la manera de» Balzac, Sainte- Beuve, Goncourt, Flaubert, Michelet y otros en donde Proust adapta su ritmo interior al ritmo del autor imitado, preparándose y adquiriendo formas diversas que culminarán muy pocos años después en «A la busca del tiempo perdido«.

(Imágenes.- 1.-Stevenson/ 2.-Antanas Zmuidzinavicius– 1909–ldm.it/3.-Georg Friedrich Kersting./4.- Gustave Caillebotte– probable ambiente del Combray de Proust.-wikipedia)

LEER EN LA CAMA

lectura.- 0jb765.-John White Alexander.-1865 - 1915.-bellswithin

«Cuando vi que no podía dormir,

tarde ya, la otra noche,

me incorporé en la cama,

pedía a uno que me dejara un libro,

un romance, y él me lo entregó

para leer y pasar así la noche;

porque me pareció mejor diversión

que jugar al ajedrez o a las damas».

Así lo expresa Geoffrey Chaucer en el siglo XlV, en su «Libro de la Duquesa«, y así lo recoge Alberto Manguel en «Una historia de la lectura» (Alianza). Manguel, que naturalmente tiene que hablar del Proust lector nocturno, dedica varias páginas a la lectura en la cama y recuerda cómo el novelista checo Josef Skovorecky evocaba su vida de lector adolescente en la Checoslovaquia comunista: «en una sociedad gobernada por reglas bastante estrictas y vinculantes – decía -, en la que la desobediencia se castigaba a la manera antigua,

lectura- gccb- Georg Pauli-polarbearstale

antes de que se inventara la permisividad. Una de estas reglas era: la luz, apagada a las nueve en punto. Los chicos tienen que levantarse a las siete y necesitan diez horas de sueño«. Después de apagadas las luces – confesaba Skovorecky -, «acurrucado en la cama, me tapaba por completo, incluida la cabeza, con una manta, sacaba de debajo del colchón una linterna eléctrica, y luego me daba el gusto de leer y leer y leer. Finalmente, pasada la medianoche muchas veces, acababa por dormirme, placenteramente exhausto».

lectura.-964098.-Alvin Langdon Coburn.-Mark Twain

En su  «Historia de las habitaciones « (Du Seuil), Michelle Perrot habla igualmente de la lectura en la cama y recuerda que, «opuesto al día disciplinado, la noche representa la libertad. La noche es la aliada de los enamorados de los libros y de los sueños en el dormitorio, donde los adolescentes y las mujeres prolongan la lectura más allá de lo razonable» . Aquí son importantes los modos de la

lectura.- 99yyn.- infancia.- Károl Ferenczy.- 1910

iluminación. Perrot evoca la llama vacilante de las velas en los dibujos de Delacroix y más tarde las lámparas de aceite o de petróleo. Pero sobre todo, como es lógico, se detiene en la maravillosa descripción de Proust en esas extraordinarias páginas tituladas «Jornadas de lectura» : «leía la última página, terminado el libro, había que parar la loca carrera de los ojos y de la voz que seguía sin ruido, deteniéndose sólo para tomar aliento, con un suspiro profundo. Entonces, para dar a los tumultos que llevaban demasiado tiempo desencadenados en mí para poder calmarse de pronto, otros movimientos que dirigir, me levantaba, me ponía a andar a lo largo de la cama, con los ojos todavía fijos en 

lectura.-6huu.-Nicholas Heidelbach

algún punto que en vano se hubieran buscado en la habitación o fuera de ella, pues no estaba situado más que a una distancia de alma, una de esas distancias que no se miden por metros o por leguas como las demás y que, por otra parte, es imposible confundirlas cuando se miran los ojos «lejanos» de los que están pensando «en otra cosa». Entonces, ¿qué?; ¿ese libro no era más que esto? Esos seres en los que hemos puesto más atención y más cariño que en las personas de la vida, sin atrevernos siempre a confesar hasta qué punto las amábamos, y hasta cuando nuestros padres nos encontraban leyendo y parecían sonreír por nuestra emoción, cerrando el libro, con una indiferencia afectada o un aburrimiento fingido; esas personas por las que hemos jadeado y sollozado, no las veremos nunca más, nunca más sabremos de ellas.»

lectura-21ws-Georg Pauli.-1884-missfolly tumblr

Lecturas en la cama, vuelos nocturnos de imaginación.

(Imágenes:-1.-John White Alexander– sightsWithin.com/2.– Geor Pauli– 1884/ 3.-Alvin Landgon Coburn– Mark Twain.-steamboattims.com/4.- Károly Ferenczy.- 1910/5.-Nicholaus Heidelbach/6.-Georg Pauli)

PROUST, 14 DE NOVIEMBRE DE 1913

escritores.-9jbbn.-Marcel Proust.-colección Martinie

El viernes 14 de noviembre de 1913 apareció «Por el camino de Swann», primer volumen de «En busca del tiempo perdido» publicado por Bernard Grasset. El 18 de noviembre se presentaba en «Le Temps» una entrevista con el autor firmada por el periodista Élie- Joseph Bois. El texto – excepto el preámbulo – había sido  redactado por el propio Proust y en una época en la que aún no existía la publicidad literaria, el autor se esforzó para que el libro fuera anunciado en los días siguientes en «Le Figaro», «Gil Blas» y «Les Annales». Jean Cocteau en «Excelsior» el 23 de noviembre y Lucien Daudet en «Le Figaro» el 27 de ese mes

escritores.-95ff.-bloc de notas de Marcel Proust

firmaron sus artículos y el texto de Daudet se publicó gracias a la intervención de la emperatriz Eugenia. «Proust – decía Daudet conoce lo desconocido, explica lo inexplicable y es de una tal claridad que ella hace soñar con el azul puro de ciertos días de verano.» Pero quizá el más importante de todos los comentarios fuera el de Paul Souday en «Le Temps» el 10 de diciembre, donde los elogios se mezclaban con las críticas, a las cuales Proust respondería por carta. El 21 de diciembre André Arnyvelde en «Le Miroir» entrevistará al autor y éste hablará de

escritores.-56yy.-Marcel Proust.-por Richard Lindner

su trilogía que formará un todo y de sus personajes que revelarán facetas nuevas. Y otro artículo muy destacado será el de Maurice Rostand que en «Comedia» lo calificará de libro «único«, a propósito del cual puede hablarse de verdadero milagro, pues el autor emplea una lengua «que ha creado él mismo con el fin de hacer que se exprese su alma, una lengua que posee todos los matices, todas las singularidades, todas las audacias y todas las sensibilidades.»

escritores.-77gg.-Marcel Proust.- carta manuscrita

Indudablemente la lectura de Proust encantará a muchos a lo largo del tiempo y a otros aburrirá o desencantará. Como en tantas cosas de la vida y del arte hay opiniones para todos los gustos y todas han de respetarse. Pero ante Proust se ha hablado siempre de la poesía de un mundo de sensaciones: sensaciones de las apariencias. «Estos encantos de una tristeza íntima  – dirá Proust – es lo que ella ensayaba imitar, recrear, e incluso ante su esencia que es por tanto incomunicable (…) la pequeña frase la había captado y hecha visible.» Se ha recordado que Proust evoca el mundo exterior a través de sí mismo, a través de

Proust.-2sww.-café de la Paix en 1900

sus visiones efímeras, ilusorias, las que él hace. No se presenta a sí mismo «mas que en la medida en que intenta comprender el mundo que le rodea. No es la confesión íntima ni tampoco la pintura de una sociedad. Es un texto que no es exactamente novela, ni relato, ni poema. Ofrece una forma nueva de visión y de reconstrucción del mundo. Desafía las tradiciones de la construcción novelesca, y su arquitectura es infinitamente más sutil que la de toda novela ya que las épocas del tiempo se deslizan unas sobre otras. Es una especie de sueño, un sueño

ciudades.-00n.-París.-Proust.-Bois de Boulogna.-J H Lartigue.-Ministere de la Culture -France

preciso, puesto que Proust sigue siendo un memorialista, memorialista de sí mismo y de una sociedad que habita en su memoria (…) Proust renuncia a la fatalidad y al interés superficial de una intriga continua y todo se compone bajo una forma de sueño, con todas las precisiones del sueño y bajo la forma de la música, también con todos los rigores matemáticos de las evoluciones musicales. El texto se abre así a toda suerte de encantamientos y se libera de las supersticiones de la intriga.»

escritores.-88hh.-Marcel Proust

(Imágenes.-1-Proust- fotografía H. Martinie/2.- cuaderno de notas de Proust/3- Proust por Richard Lindner/4- carta manuscrita de Proust/5- café de la Paix en 1900/6- Bois de Boulogne- Jacques- Henri Lartigue Ministerio de la Cultura francesa/ 7.- Marcel Proust por Jacques- Emile Blanche)

ASPECTOS DE LA BIOGRAFÍA

escritores.-5gyu.-Stefan Zweig y Maximo Gorki.-Sorrento.-1930

El primer rasgo que debe tener una biografía, según opinaba un gran conocedor del género como fue André Maurois, es la valiente búsqueda de la verdad. El segundo, la inquietud por la complejidad de la persona. También se ha dicho que el objetivo de la biografía es la transmisión verídica de una personalidad y que algo esencial en toda biografía es la elección de los detalles. Cuando Maurois escribe «De la biografía como obra de arte» desea recoger, aunque no lo comparte, el acercamiento que tiene Marcel Schwob al enfocar la vida de personajes muy distintos. «El arte del biógrafo consiste – había señalado Schwob -en valorizar tanto la vida de un pobre actor como la vida de Shakespeare. Es un bajo instinto el que nos lleva a ver con satisfacción el mechón en la frente de Napoleón. La sonrisa de Monna Lisa, de la que nada sabemos, es más misteriosa. Y una mueca dibujada por Hokusai, conduce a meditaciones más profundas». Pese al enorme encanto de este extracto – matiza Maurois sobre estas palabras-, no considero justas las ideas que expone. Lo propio de las vidas de desconocidos es que dejan escasas huellas, a menos que imaginemos a un hombre genial que haya escrito cartas admirables y no las haya publicado».

Monna Lisa.-2sdc.-Leonardo da Vinci.-museo del Louvre.-wikipediaLas biografías como género han continuado expandiéndose a lo largo del tiempo y tienen gran eco entre nuestro público. Sobre el trabajo de un biógrafo excelente y ameno como fue Stefan Zweig al escribir su «María Antonieta«, habló Friderike Zweig en sus Memorias «Destellos de vida» (papel de liar) y la polémica sobre si es lícito o no novelar de algún modo dentro de una biografía siempre ha estado viva. Mientras existen biografías muy fieles, minuciosas y enormemente documentadas como, entre otras, las de Painter y Ghislain de Diesbach sobre Proust o la de Knowlson sobre BeckettMaurois opinaba: «Críticos e historiadores han dicho sobre todo esto: «Quizá los  personajes tradicionales que se nos había descrito, el Wellington de la leyenda inglesa, el Washington de la leyenda americana, no eran verdaderos. Es posible, pero, ¿qué nos importa? No todas las verdades pueden decirse. A menudo conocemos historias crueles sobre nuestros amigos vivos, historias que nos guardaremos de contar. ¿Por qué íbamos a mostrarnos menos leales con nuestros amigos muertos y con los grandes hombres? No hay duda de que no fueron perfectos; no hay duda de que había una parte de leyenda en el retrato, demasiado bello, que se hizo de ellos. Pero, la leyenda, ¿no inspiraba acaso grandes cosas? Servía como ejemplo a hombres débiles elevándoles por encima de su propia talla. Por otra parte, ¿era acaso tan falsa? Las acciones de un hombre son, con frecuencia, más grandes que él. ¿No hay grande hombre para su ayuda de cámara? Esto no demuestra que hayan existido grandes hombres. Demuestra que ha habido pocos ayudas de cámara».

escritores.-ffoo.-André Maurois

En nuestras letras hispanas acaso unas biografías excelentes como las que escribió Gómez de la Serna sobre Quevedo, Lope de Vega, Valle- Inclán o en sus «Efigies» de Baudelaire, Ruskin o Gerardo de Nerval son ejemplo de la mezcla entre anécdotas verdaderas y anécdotas apócrifas, presentadas de un modo consciente, añadiendo que hubieran podido ser verdad. Al comentarlas, Carmen Bravo – Villasante, autora de una importante biografía de Pushkin, decía: «Estas anécdotas inventadas nos iluminan, a veces, tanto sobre la vida de los biografiados, que no podríamos prescindir de ellas en sus biografías. Con esto, el artista acentúa los rasgos característicos del hombre. Es la misma fantasía poética de Picasso en sus retratos, cuando pinta a Jacqueline con tres rostros o dos cabezas, para darnos la impresión sobrecogedora de la verdad de una personalidad«.

(Imágenes:-1.-Stefan Zweig y Maximo Gorki en 1930/2.-Monna Lisa.-Museo del Louvre.-wikipedia/3.-André Maurois.-tecnoculto.com)

CANALES VENECIANOS

«Caminar por calli y campi, sin un itinerario preestablecido, quizá sea el mayor placer de que se  puede disfrutar en Venecia«, recomienda Diego Valeri en su «Guida sentimentale di Venezia«. Caminar también con Musset, cuando le escribe a George Sand en 1833 ; caminar con Dickens y Balzac, y también con

D `Annunzio cuando se enamora de Eleonora Duse en 1895; caminar con Proust, en mayo de 1900, en el momento en el que el gran escritor francés decide repentinamente reunirse en Venecia con Reynaldo Hahn:  sentado en las terrazas de los cafés, Proust escuchará cómo le traducen «Las piedras de Venecia«, de Ruskin. Ruskin le habla a Proust de cómo los pájaros frecuentan

la plaza de San Marcos: ” los muros de San Marcos le dice  – sirven de abrigo a innumerables palomas que ponen sus nidos en los follajes marmóreos y mezclan la dulce irisación de sus plumas, cambiantes a cada momento, con los tintes no menos atrayentes que permanecen allí, inmutables, desde hace setecientos años“. Caminar igualmente con Chauteaubriand y con Paul Morand, cuyo último libro será «Venecias«. Caminar detrás del comisario Brunetti de Donna Leon

investigando crímenes. Caminar por Venecia como apartamento trazado en «Los papeles de Aspern», de Henry James. Caminar con Joseph Brodsky en «Marca de agua«; caminar con Tiziano Scarpa en «Venecia es un pez«. En varias ocasiones he hablado de Venecia en Mi Siglo. Al borde de estos canales marcharon también Malraux, Montale, Buzzati, Saul Bellow y tantos otros.

 Conversaciones a la orilla del agua de Visconti; conversaciones a la orilla del agua de Thomas Mann. Las conversaciones traen y llevan palabras en góndolas que van del cine a la literatura. Música de Wagner. Poemas de Browning. Música de Monteverdi. Poemas de Byron. «Los gondoleros bogan con una pierna delante y la otra detrás – dice Tiziano Scarpa -, el pie posterior

se apoya en una minúscula peana elevada, una cuña: la energía hace palanca en el talón, luego en la planta y en los dedos del pie. Trabaja todo el cuerpo, se proyecta hacia delante, empuja. Observa sus cuerpos cuando descansan: los brazos cuelgan un poco hacia delante, los hombros redondos, la nuca, las clavículas, los omóplatos desarrollados. Desde la mano izquierda a la derecha están rodeados por una U de músculos mayúsculos».

Ahora que se habla de los 10 secretos de Venecia, la ciudad estará siempre en el recuerdo.

(Imágenes:- 1.-Karl Kaufmann.-wikimedia. commons/ 2.-Stefano Taglione/ 3.-Maurice Prendergast/ 4.-Mario Bonzuan/ 5.- Otto Pippel/ 6.-Vito Vecellio/ 7.-Lucien Lévy Dhumer)