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Posts Tagged ‘Joaquín Sorolla’

 

 

Se conmemoran en estos días los 150 años del nacimiento de la gran actriz española María Guerrero. Entre otras evocaciones repaso dos de las entrevistas que se le hicieron. De modo principal en una de ellas aparece el claroscuro de su personalidad, las sombras y luces de su  carácter. Se trata de la conversación y confidencias que le intentó arrancar – y lo consiguió – Carmen de Burgos a la gran actriz en su camerino. Podría quizá ser un modelo de entrevista lograda con enorme astucia. María Guerrero se opone a cualquier “interviú”, como ella la llama, y se cierra a cualquier indagación sobre su vida y sobre su trabajo. Carmen de Burgos insiste por muy diversos vericuetos y lo consigue. La publicó junto a otras entrevistas en “Confesiones de artistas” ( V. H. de Sanz Calleja editores) y al acabar la conversación  Carmen de Burgos escribe: ” ya no hace aquellos ensayos de teatros distintos y rebeldes que hacía antes; no se expone al fracaso que salva y renueva, ni al aire libre y reformador. Ríe, ríe todavía; pero en su mismo reír hay cierta inmovilidad, cierta impasibilidad.

Me despido satisfecha de haberme apoderado del “sprit” de su conversación y de su gesto, más interesante aún y más íntimo que si hubiese contestado a preguntas de patrón común.

-Mire; no publique nada – me grita la actriz aún con su voz armoniosa – ; si lo hace, rectificaré.

-Bueno – le respondo -; la rectificación de usted hará más interesante la entrevista”.

(Unas líneas antes la periodista había anotado : “querida amiga, la interviú está hecha con lo que hemos hablado y lo que yo he observado; y eso sin decir palabra que usted no haya pronunciado”.)

 

 

La segunda entrevista – también en cierto modo contraluz de la actriz – es la que llevó a cabo “El Caballero Audaz” cuando visitó al matrimonio –Fernando Díaz de Mendoza y María Guerrero – en su casa. “Mi pobre mujer – decía en aquel momento Díaz de Mendoza  – está loca de trabajo; porque nos ha ocurrido un contratiempo terrible, que para nosotros resulta una desgracia. ¡Figúrese usted que al echar mano de los trajes nos encontramos con que se han quedado olvidados en América veinte cajones del vestuario de nuestro repertorio! Vamos, ¡horrible!”- exclamaba. Díaz de Mendoza va contando los hábitos y costumbres del matrimonio: “Yo me levanto a las nueve. María algo más tarde, porque acostumbra a estudiar en la cama. Después me encierro con mi secretario en mis habitaciones: él me da cuenta de contratos, obras, correspondencia, etc. A las once nos sirven el almuerzo; a María en sus habitaciones y a mí en las mías. Nuestra comida es muy ligera, porque estamos a un método de comer muy poco. No consiste más que un plato de ave, una fruta y una taza de té. Yo después del almuerzo, leo las obras para seleccionarlas, y a la una en punto salimos para el ensayo. Allí estamos hasta las seis. No volvemos a casa hasta las dos o tres de la mañana. Yo estudio  a esta hora hasta las cuatro o las cinco…”

 

 

Al fondo aparece María Guerrero vestida de negro. No desvelará nada importante de su vida. Es su marido el que contesta; ella no habla.  Charla muy brevemente con el entrevistador. ” Yo siento predilección – confiesa ella al fin – por el campo y por el automóvil. Me gusta correr mucho en el coche, aunque no puedo conducir. Amo el peligro, por eso me gusta mucho viajar sobre el agua y correr en automóvil ( …) ¡Qué tarde más hermosa! –añade – Y nosotros, ahora, ¡a meternos en las tinieblas del escenario hasta las seis! ¡Y siempre lo mismo!.. ¡Es una condenación esta vida nuestra! ¡Dios mío, con lo que vale una hora de sol y de aire puro en un día como éste!”

Y apenas revelará nada más.

 

 

(Imágenes-1-María Guerrero en 1927- Nuevo Mundo- Wikipedia/ 2. -María Guerrero con once años- por Emilio Sala- Wikipedia/ 3.Fernando Díaz de Mendoza y María Guerrero- Wikipedia /4.–María Guerrero en “La dama boba”- por Joaquín Sorolla)

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Goya.- 4455t.- el tres de mayo de 1808.- los fusilamientos en la montaña del Principe Pio

“Las diez poco más o menos, serían de ella, cuando se dejó sentir en la modesta calle del Olivo la agitación popular y el paso de los grupos de paisanos armados, que con voces atronadoras decían: “¡ Vecinos, armarse! ¡Viva Fernando Vll !” Toda la gente de casa corrió presurosa a los balcones, y yo con tan mala suerte, que al querer franquear el dintel con mis piernecillas, fuí a estrellarme la frente en los hierros de la barandilla, causándome una terrible herida, que me privó de sentido y me inundó en sangre toda la cara. Mis padres y hermanitos, acudieron presurosos al peligro más inmediato, me arrancaron del balcón, me rociaron, supongo con agua y vinagre (árnica de aquellos tiempos), me cubrieron con yesca y una pieza de dos cuartos la herida y me colocaron en un canapé, a donde volví entre ayes y quejidos lastimeros.”

Sorolla.- ttyyh.- defensa del Parque de Monteleón.- Joaquín Sorolla

Quien cuenta todo esto es el gran escritor costumbrista español Ramón de Mesonero Romanos en sus “Memorias de un setentón“. Tenía Mesonero entonces – el Dos de Mayo de 1808 – cinco años. “Tal vez ningún cronista de ninguna época-  escribí yo al prologar hace años esas “Memorias”– se hubiera atrevido a trasladar una fecha tan señalada de la Historia de España haciendo uso casi únicamente de impresiones subjetivas – hasta para algunos limitadísimas – como son los coloquios familiares escuchados por un pequeño niño. Y, sin embargo, Mesonero escoge precisamente esa fórmula de expresión para dar fe del dramático alzamiento. Los diálogos y las acaloradas disputas de sobremesa que en casa de Mesonero se sucedían, aparecen tan jugosa y naturalmente vertidos, que ellos mismos nos ofrecen una nítida imagen del apasionante suceso. Como digo, tenía entonces el escritor cinco años, y como infante que era, no podía lógicamente interpretar ni comprender el alcance del acontecimiento. Pero su memoria nos ha dejado intactos muy diversos rasgos ambientales que nos ayudan en forma sorprendente a conocer el interior del hecho: gritos, coplas, tumultuosos debates y carreras y confusión por doquier nos retratan vigorosamente, como en una película trepidante, la vibración de ese día; la Historia está observada desde un rincón minimizado, a través de una minúscula pupila, y sin embargo captando en cada instante lo más preciso y lo más pintoresco. Mesonero, acabando el capítulo, se verá obligado a exclamar: “¡ Qué noche, Santo Dios! Setenta años se cumplen cuando escribo estas líneas y siglos enteros no bastarían a borrarla de mi memoria!”

Goya.- rrtth.- el Dos de Mayo e 1908.- la carga de los mamelucos.- Francisco de Goya.-1814.-Museo del Prado

Y poco después, al describir el inquieto rostro del nuevo día, su pluma, frente a la mañana del 3 de mayo de 1808, cobra otra vez un ardiente fulgor: tomando el hilo de la atropellada narración que en aquellas horas daba a conocer a toda la familia el amanuense de su padre,  (“decía haber visto a las mujeres por bajo de los caballos para hundir en sus vientres las navajas, y encaramarse a los hombres a la grupa de los mismos para hacer a los jinetes el propio agasajo”) ,  llegan los recuerdos de Mesonero a Palacio, bajan a la Puerta del Sol, entran hasta el Parque de Monteleón, donde se precipitan las horribles venganzas, y en fin, dejan para siempre plasmado un Madrid desconcertante y atroz: ese Madrid inmortalizado por la paleta de Goya, que asomará entre las páginas de estas “Memorias” como un gran cuadro literario, de crudo colorido, en el que permanece abierta la herida de una revolución.”

Goya.- 4gguui.- versión de El tres de mayo de 1808 en Madrid- en grafiti en Madrid.- wikipedia

(Imágenes:- 1.- Francisco de Goya.- tres de mayo de 1808.-los fusilamientos en la Montaña del Príncipe Pío.- Museo del Prado/ 2.- Joaquín Sorolla.- Defensa  del Parque de Monteleón.- obtuvo en 1884  una medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes/ 3.- Goya.- el dos de  mayo de 1808.- la carga de los mamelucos.- Museo del Prado / 4.- el 3 de mayo de 1808 en Madrid.- grafiti en Madrid.- wikipedia)

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Sorolla.-4fty.-pescadora con su hijo.-Valencia.-1908

“Cuatro tablas unidas a una peña

que borda con espuma el mar rugiente;

una red, una barca muy pequeña,

y un chiquitín, rubillo y sonriente,

durmiendo en pobre cuna…

compendian el amor de los amores,

la dicha, el bienestar y la fortuna

de humildes y sencillos pescadores.

Sorolla.-uggb.-esperando la pesca

Cuando entre nubes de zafir y grana

despierta el rojo sol con la mañana,

por buscar la comida de su hijuelo,

entonando dulcísimos cantares,

el ave cruza la extensión del cielo;

y raudo, como el ave, el barquichuelo

surca las olas de los turbios mares.

Sorolla.-rwwa.-pescador.-1904

Cuando mueren del sol los resplandores,

cuando el lucero de la tarde brilla

con trémulos fulgores,

desgarrando los velos de la bruma,

a su nido retorna la avecilla;

y, también como el ave, la barquilla,

entre montañas de bullente espuma,

retorna al nido que labró en la orilla.

Sorolla.-edvv.-Playa de Valencia.-Pescadoras.-1919.-Museo de Bellas Artes de Valencia

Y en el nido roquero,

donde gozoso el pajarillo canta,

y en el modesto hogar que se levanta

sobre peñón costero,

el pájaro y el hombre

gustan los goces del amor fecundo:

inefable placer, dichas sin nombre,

que ni comprende ni adivina el mundo.

Sorolla.-ubgg.-pescadores valencianos.- 1895

Y los pescados de rosáceo brillo

que saltan en las mallas de las redes,

y las cuatro paredes

que cobijan el sueño de un chiquillo,

y el chasquido del tronco que se quema,

y del hogar las plácidas canciones…

son las notas vibrantes del poema

que ritman al latir dos corazones.

Sorolla.-5bby.-pescadoras valenciana.-1915

Mas a veces la joven pescadora

regresa a su cabaña

al despuntar la aurora,

y triste llanto su pupila empaña,

y se nubla su rostro bondadoso

al pensar en su esposo,

que lucha con las olas denodado

en combate infecundo,

por obtener un poco de pescado,

que apenas si se vende en el mercado,

pues dice que es muy caro todo el mundo.

Sorolla.-rvuuj.-a la sombra de la barca- Museo Sorolla

Cuando entre nubes de zafir y grana

despierta el ro o sol con la mañana,

ya no sale a la pesca el barquichuelo;

y cuando el astro de la tarde brilla

sobre el azul del cielo,

ya tampoco retorna la barquilla,

cual ave errante de cansado vuelo,

buscando el nido que labró en la orilla.

Sorolla.-playa de Valencia.-1908

Ya las tablas unidas a la peña

que el mar rugiente azota

y la barca pequeña

por el empuje de las aguas rota,

y la modesta cuna

compendio del amor de los amores…

féretros son que encierran la fortuna

de humildes y sencillos pescadores.

Sorolla.-34vb.-Ayamonte.-la pesca del atún.-Museo Sorolla

Ya los pescados de rosáceo brillo

no bullen en las malla de las redes;

ya las cuatro paredes

son el lecho de muerte de un chiquillo

que agoniza cual débil pajarillo,

falto de pan y dulces afecciones;

ya en el hogar un tronco no se quema,

y el rugir de los fieros aquilones

es la fúnebre nota del poema

que rimaron dos nobles corazones.

Sorolla.-ewsv.-Y aún dicen que el pescado es caro.-1894.-Joaquín Sorolla.-Museo del Prado

Perdida la razón, la pescadora

regresa a su cabaña

al despuntar la aurora,

y triste llanto su pupila empaña;

la pobre mujer llora

la muerte de su esposo idolatrado,

y contemplando un cesto de pescado,

exclama con dolor acre y profundo:

– Dos vidas ha costado;

y al quererlo vender en el mercado,

¡aún me dice que es caro todo el mundo!”.

Sorolla.-uuyn.-barcas pescadoras.-1908.-colección particular

M.R. Blanco -Belmonte.-“¡ Aún dicen que el pescado es caro!”.- (Aves sin nido) en “La Corte de los poetas.- florilegio de rimas modernas”– edición de Marta Palenque-2009)

(Imágenes.-.-Joaquín Sorolla: 1-pescadora con su hija.-Valencia.-1908/ 2.-esperando la pesca.-1908/ 3.-pescador.-1904/ 4.-Valencia.-pescadores.- 1919-Museo de Bellas Artes de Valencia/5.-pescadores valencianos-1895/ 6.-pescadoras.-Valencia.-1915/ 7.-a la sombra de la barca.-1903-1904.- Museo Sorolla/ 8.-playa de Valencia.-1908/ 9.-Ayamonte.-la pesca del atún.-Museo Sorolla/ 10- aún dicen que el pescado es caro.- 1894.-Museo del Prado/ 11.-barcas pescadoras.-1908.-colección particular)

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“La línea roja del horizonte la transforma enseguida Juan Ramón en una estela de oro y la coloca sobre el verso del papel para que todos la contemplen. Vienen después, a primera hora de la mañana, las marismas suaves, un cabeceo de azules entre velas a las que acuden pájaros y pintores; a los primeros se les ve cruzar jugando como flechas, los segundos limpian con sus paños los pinceles. Poco antes del mediodía, elevándose el disco del sol, Juan Ramón vuelve a pintar de oro su poema, los pájaros se suman a los pinceles, los pinceles dibujan a los pájaros, los pinceles gritan entre nubes, los pájaros callan. Es la hora de las olas de Gil Vicente, olas de Góngora, olas de Lorca. El mar hierve muy poco a poco, aún no crepita nada en la olla del océano, un barco pasa por el pincel y aprovechando su recorrido el pincel lo pinta. Toda la pintura de ese barco que pasa la contempla una algarabía de niños, brazos que señalan el azul. Las madres explican desde la arena cómo el barco avanza entre pinceles, y cómo los pájaros señalan en el aire su camino. Es la hora de los pájaros de Berceo, palomicas sobre la mar, la hora de Garcilaso. Un ruiseñor se asoma a ver qué ha escrito en el papel Juan Ramón pero el sol no le deja: el sol ciega los ojos de Juan Ramón y el oro refulge en el poema, el poema arde. El incendio del poema a mediodía lo ve un pescador desde lejos, es un pescador dibujado por Sorolla, los bueyes del mar le empujan agua adentro, pero él sigue mirando: nunca ha visto arder un poema, cómo las palabras se elevan en el humo, cómo los versos queman. Los versos ya quemados van dejando un olor sobre la playa que el pincel no sabe cómo pintar porque nunca ha pintado los olores. Pero el olor persiste. Los peces, asustados, brincan sobre las olas de las poesías y en las ondulaciones se ve la plata de los lomos que pintan los pintores, las crestas a las que acuden los pájaros. Pájaros que vienen desde Lope de Vega, pajarillos suaves, tortolillas de Meléndez Valdés, tórtolas más grandes de Tirso de Molina. Han pasado esta noche los pájaros durmiendo bajo el techo de Cancioneros antiguos y ahora sobrevuelan ligeros encima de pinceles de todos los matices, buscando libertad. La libertad es esta hamaca tendida en la que los poetas sueñan sus poesías. Va y viene esta hamaca en el aire, atada al aire, las dos cuerdas que la atan al aire vienen y van en la sombra del mediodía y el sol sigue en el verso de Juan Ramón. Ese cabeceo de la hamaca, ese cabeceo de las olas, difumina a los pájaros que parecen agitarse asombrados huyendo del pincel. Pero el pincel los persigue. Están todos los pintores en la costa con sus blancos lienzos extendidos, los lienzos apoyados en caballetes, los caballetes igual que un ejército mirando al mar. El ejército de los colores de la tarde dilata los malvas, va tiñendo de motas violetas las ropas de los niños que se alejan despacio con sus madres retornando a las casas. En las casas se enciende la primera luz en la ventana y la tarde huye. Se oyen lejanas unas canciones entre acordeones que abren y cierran los poemas, que cierran y abren pinceles y pájaros. Es la música somnolienta y nostálgica de las despedidas del día que se despide muchas veces, cada vez con una ola distinta, cada vez con  distinto rumor. El agua al pasar se ha hecho acordeón y la música resbala entre las piedras, lame el muelle, deja una espuma en cada escalón, desnuda la piedra. La piedra se va quedando poco a poco en penumbra, muy poco a poco, al lento ritmo con que se oculta el sol. El sol, en el horizonte del verano, parece ahora una línea delgada, la curva de un poema. Acaba entonces Juan Ramón su poema y desaparece el sol”.

José Julio Perlado.- publicado hace unas semanas en Alenarterevista

(Imágenes.-1.-Miss Kelly/ 2.-Peter Max.-sombrilla con Rainbow Sky.-1990.-Peter Max Limited.-BNR.-art com)

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“La frondosa vega, el marco de montañas, la confluencia de los ríos, las colinas coronadas de pinos y ceñidas de arbustos, las pirámides volcánicas de Sierra Elvira, esmaltadas por la luz de Andalucía; el cristal veneciano de Sierra Nevada, que toma tantos reflejos y tiene tantos resplandores; los contrastes del color, la variedad de la vida en aquel resumen de la Creación, le encontraton indiferente, que ni la Naturaleza ni el Arte lograban penetrar en su aborbente misticismo”.

Así iba contando Emilio Castelar en 1876, en “La cuestión de Oriente“, cómo un árabe iba descubriendo la belleza de  Granada por primera vez en su vida.

“Subieron al cerro de la Alhambra seguía Castelar -. Pasaron las umbrosas alamedas, por donde bajan susurrando los claros arroyuelos. Detuvieron un momento la vista en las torres bermejas doradas por el sol, en los mármoles del interrumpido palacio imperial, en los bosques del Monte Sacro, en las quebradas márgenes del aúreo Darro, en los blancos miradores y minaretes del Generalife, que se destacan sobre el cielo azul, entre adelfas, cipreses y laureles. Por fin, atravesaron la puerta del árabe alcázar y dieron con el patio de los Arrayanes. La fisonomía del árabe se contrajo, sus ojos se oscurecieron y sólo se aumentó su silencio. De aquella alberca ceñida de mirtos, con sus ajimeces bordados como encaje, sus galerías ligeras y aéreas, sus aleros incrustados, sus frisos de azulejos, sus pavimentos de mármol, pasaron al Patio de los Leones, al bosque de ligeras columnas, sostenes de arcos que parece prontos a doblarse, como las hojas de los árboles, al menor soplo del aire que pasa por los inersticios de su gracioso y transparente alicatado. El árabe, pálido como la muerte, se apoyó en una columna para poder continuar en aquella visita”.

“Por fín, cuando penetró en las estancias y alzó los ojos a las bóvedas compuestas de estalactitas empapadas en colores brillantísimos, y leyó las leyendas místicas o guerreras que esmaltan las paredes, semejantes a visiones orientales, y se detuvo en aquel camarín incomparable que se llama el mirador de Lindaraja, a través de cuyas celosías se esparce la esencia del azahar y se oye el rumor de la vega, su emoción iba rompiendo toda conveniencia y mostrándose en sacudimientos del cuerpo, semejantes a los espamos de la epilepsia. Ya en el salón de Embajadores, con el Darro a un frente y al otro el Patio de los Arrayanes, las paredes de mil matices, adornadas con los escudos de los reyes; los ajimeces, bordados con todos los prodigios de la fantasía asiática; las puertas, recuerdos de los días de esplendor y de la fortuna, cuando desde las tierras más remotas venían, unos, a recibir luz de tanta ciencia, y otros, de tantas artes, placeres y encantos; las bóvedas, incrustadas en marfil y oro; las letras, semejantes a las grecas de una tapicería persa, repitiendo entre las hojas de parra y de mirto y de acanto, cincelados, los nombres de Dios, el corazón le saltaba en pedazos y un inmenso lloro, un largo sollozo, que semejaba a la elegía de los abdibitas en Africa al perder a Sevilla o las lamentaciones de los profetas en Babilonia al perder a Jerusalén, llenó aquellos abandonados espacios, henchidos de invisibles sombras augustas, con el dolor de toda su triste y destronada raza”.

Azorín recoge íntegra esta larga cita de Castelar y colocándola en “El paisaje de España visto por los españoles, tras calificar de belleza insuperable este texto, se pregunta:  “si volviéramos a Granada, ¿perduraría luego en nosotros la primitiva impresiòn? ¿ No sería borrada aquella imagen por la imagen nueva? No – se contesta – ; hay imágenes imborrables, hay sensaciones que no se desvanecen nunca en nuestro espíritu”.

Treinta y tres años después de este texto de Castelar, el 22 de noviembre de 1909, Joaquín Sorolla le escribe desde Granada a su mujer, Clotilde, al acercarse a la ciudad para pintarla: “la llegada es de noche, y el coche te lleva largo rato cuesta arriba por estos laberínticos jardines, produciendo igual efecto que si entraras con los ojos vendados… y si mañana hay sol es maravilloso el espectáculo, pues si como me dicen hay una gran nevada en esta estupenda sierra, entonces no dudo superará esta vez a la primera que vine”.

Pintará así Sorolla la ciudad de Granada con enorme plasticidad y lo hará en varias ocasiones. Ahora, la exposición recién inaugurada en el Museo Sorolla  de Madrid dedicada al tema de Granada en Sorolla, recoge la belleza de todas aquellas horas, del sol y los jardines.

(Imágenes:– Joaquín Sorolla: -1.- Sierra Nevada en invierno.–Museo Sorolla/ 2.-Patio de Comares.-Alhambra de Granada.-1917.-Museo Sorolla/ 3.-Patio de la Justicia.– Alhambra de Granada.-Museo Sorolla/4.- Sierra Nevada en otoño.-1909.-Museo Sorolla/ 5.- calle de Granada.-1910.-Museo Sorolla/ 6.- Torre de las Infantas.-1910.-Museo Sorolla)

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sorolla..-K.-María.-1900

Me despido de Sorolla en los ojos de su hija María. Ojos pintados en 1900, ojos tímidos, sumisos, admirados de su padre.

sorolla.-ll.-7soldela tarde

Me despido de Sorolla en “Sol de la tarde” (1903) : espuma bajo los bueyes, pecho de vela ancha, vaiven de blancos, pardos, azules.

sorolla.-cloyilde paseando por los jardines de la Granja.-

Me despido de Sorolla cuando su esposa Clotilde pasea por los jardines de la Granja: andar pausado, reflejos, caminar de modelo enamorado.

sorolla.-H.-su suegro en la playa.-museo del prado

Me despido de Sorolla en sus retratos, ante “Antonio García en la playa” (1909):  brisa de mar, quietud, ensoñación.

sorolla.-A.-Ayamonte.-wikipedia.-

Me despido de Sorolla en”Ayamonte” (1919): resbaladizos atunes, brillos de mar.

sorolla.-B.-fotógrafo y pintor.-museo del prado

Me despido de Sorolla cuando el fotógrafo Christian Franzen se asombra de cuanto Sorolla pinta: a punto está de disparar para fijar pintura y fotografía.

sorolla.-E.-despues del baño.-

Pero Sorolla sigue pintando.Pinta y pinta mientras yo me despido. Agua, sol y luz pintados para siempre.

sorolla.-K.-auotrretrato

Luego ya, en la puerta del museo del Prado, es Sorolla quien me despide.

(Imágenes: 1.-María (1900)/ 2.-“Sol de la tarde”(1903)/3.-“Clotilde paseando en los jardines de la Granja” (1907)/4.”Antonio García en la playa”(1909)/5.–“Ayamonte.-La pesca del atún”(1919)/6.”El fotógrafo Christian Franzen(1903)/7.-“Después del baño” (1909)/8-“Autorretrato”.-Museo del Prado)

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Sorolla.-B.-cosiendo la vela.-joaquinsorolla y bastida. org

El agua, el sol, la luz, la jovialidad, la vida de la naturaleza en Sorolla, la fogosidad de su pincelada, la intensidad del blanco…Sorolla.-F.-el baño del caballo.-joaquin sorolla y bastida.orgEl caballo, el agua, el sol, la luz, los contrastes entre el mar y la tierra, los reflejos…sorolla.-D.-Madre.-1895.-joaquinsorolla y bastida.orgDe nuevo el blanco, el rostro, la maternidad, los grises, un poco de azul, el lecho luminoso…Sorolla.-C.-Triste herencia.-1899.-joaquin sorolla y bastida.org

La fijación de la luz, la captación, la blancura de una pintura que juega todos los matices lumínicos…, Sorolla desde el 26 de mayo hasta el 6 de septiembre en el Museo del Prado.

(Imágenes: 1.-“Cosiendo la vela”/-2.-“El baño del caballo”/.3.-“Madre”/ 4.-“Triste herencia”/ cortesía de www. joaquin-sorolla-y-bastida)

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