LA HUIDA DE LOS ÁNGELES EN FLORENCIA

 

 

“Hacía las once y media de aquella mañana, el ángel Baradiel, en Florencia, empezó a despegarse poco a poco del manto y de la pequeña capa que le cubría, procurando sobre todo que ese movimiento suyo pasara inadvertido: se desplazó hábilmente separando a un lado las trompetas doradas que hacían resonar sus compañeros, apartó un poco  el pequeño violín al que le arrancaba notas su amigo el ángel Casul, y procuró dejarlo todo en la pintura casi como estaba para que no se notara que él se escapaba, todo casi perfectamente ordenado y arreglado, disimulado de tal modo que los visitantes y turistas que pasaban aquella mañana por el segundo piso de la Galería de los Uffici  y se detenían asombrados ante el color de oro, resplandecidos sus rostros por aquel oro que se reflejaba como en un espejo, apenas notaron la  pequeña  mancha blanca como diminuto vacío que asomaba entre todas las cabezas de ángeles. Eran varias decenas de espíritus dorados entremezclando sus instrumentos, conducidos desde el siglo XV de la mano y el pincel y las lágrimas del Beato Angélico (puesto que Fray Angélico muchas veces lloraba al pintarlos), ángeles que habían vivido primero en la iglesia del hospital florentino de Santa María Nueva y que luego llegarían a los Uffici embaladas las cajas con las láminas de la serena contemplación y con el círculo situado bajo un haz de rayos haciendo girar como rueda y globo espacial a todos los personajes. Entre aquellos personajes, a la derecha, en la altura y muy cerca de una nubecilla, había permanecido durante seis siglos  Baradiel, inmóvil, con la trompeta dorada en el aire, pero mirando fijamente primero a los italianos y europeos y luego a los chinos y  japoneses que iban pasando diariamente delante de su pintura, organizados en grupos, deteniéndose, acercándose con sus zapatillas blancas y azules, atravesando despacio la sala y siguiendo al guía que les conducía, pero ahora Baradiel había decidido huir de todo aquello, escaparse sin que se notara, y así, conforme Baradiel procuraba despegarse completamente de la pintura del Angélico y también  de la capa y del manto, y abría con suavidad sus alas sobre las cabezas de los turistas para volar sobre la sala del museo, el escritor proseguía en su cuarto aquella  escritura suya tan  paciente y cuidadosa que los ángeles siempre respetarían, una escritura a veces titubeante e indecisa, cumpliendo sin embargo su tarea en sus páginas blancas, y asī escribía despacio con su pluma azul : Veo ahora a Baradiel —así escribía —, cómo vuela casi invisible y va rozando  con sus alas las paredes de los Uffici sin apenas hacer ruido, los japoneses y los chinos no se han dado cuenta de que está volando sobre ellos, los japoneses y los chinos caminan apretados unos junto a los otros, conviviendo gorras, pisadas, zapatillas y prismáticos, atuendos multicolores y edades mezcladas, mientras las alas de Baradiel cubren toda la sala y luego se pliegan junto a la puerta sin apenas rozarla para poder pasar con facilidad de una a otra estancia, allí donde está Giotto y su  Madonna con el Bambino, llamada también Maestà de Ognissanti,  nacida de un pincel  en el siglo XlV, pero sobre todo porque allí se encuentran sus amigos, los  otros ángeles que Baradiel está buscando, allí están  Dubilon y Egibiel  arrodillados tal y  como los pintara Giotto en 1313, vestidos con  unas túnicas blancas y sosteniendo  Dubilon, a la izquierda, una jarra con lirios, y Egibiel, a la derecha, una jarra con rosas. En un primer momento ninguno de los dos ha percibido la llegada de Baradiel  puesto que ambos están mirando hacia  la altura, pero enseguida, a una repentina seña de Baradiel, Dubilon deposita  suavemente en el suelo la jarra con lirios y  Egibiel hace lo mismo con su jarra de rosas y cada uno repliega sus alas grises y encarnadas y los dos van despegándose poco a poco de la pintura de Giotto y tomando impulso se elevan detrás de Baradiel por encima de todas las cabezas de los turistas chinos y japoneses y escapan volando por la única ventana abierta. El Arno ahora es un espectáculo para ellos. El río fluye bajo los puentes, principalmente bajo el ponte Vecchio y bajo el  ponte alle Grazie, bajo el ponte alla Carraia y el de Santa Trinita , y sobre el río las alas de los tres ángeles vuelan abriéndose y cerrándose en una libertad incomparable. ¡Ah, la libertad!, va diciéndose el escritor en su cuarto y en su cuaderno al seguir el vuelo de los ángeles por el río de  Florencia, ¡ah, la libertad de escribir, de volar, de escribir como si uno volara, de ser uno de esos espíritus que marchan sobre el Arno, de recorrer el aire de todo un libro!”

José Julio Perlado —(del libro “Relámpagos”) ( texto inédito)

 

 

 

 

Imágenes —1- Beato Angélico – Uffici – Flickr/ 2- ángel de Giotto)

VIAJES POR EL MUNDO (22) : FLORENCIA

 

“Por encima del bosque de Cascine – escribe Rilke – brilla el último fulgor y el Ponte Vecchio, del que viejas casas cuelgan como nidos, parece una oscura cinta pasando a través del amarillo dorado de la seda. La ciudad se extiende en un acorde ocre y gris y las montañas de Fiésole tienen ya los colores de la noche. Sólo San Miniato al Monte conserva aún el sol en su querido semblante liso y nunca olvido recoger esa última sonrisa, que me otorga como una gracia discreta y delicada.

Entonces – prosígue en su “Diario florentino” – comienza la hora en que el aire se vuelve de un azul acerado y todos los objetos se afinan nítidamente. Las torres parecen resaltar más grácilmente entre el rizado de las cúpulas y las almenas del Palazzo Vecchio están como cuajadas en su antigua fiereza. Hasta que el cielo sereno se cubre de estrellas y la suave luz baña de nuevo todas las cosas con su tierna y tímida caricia. El silencio rueda como un gran río por las callejuelas y las plazas, donde todo se oscurece luego de una breve lucha y no queda, por último, más que un diálogo, un vaivén de preguntas vagas y confusas respuestas, un vasto zumbido: el Arno y la noche.

 

 

Pese a la fatiga de un largo viaje, que debí hacer desgraciadamente  de punta a punta sentado sobre una valija, salí de mi hotel por la tarde, deambulé a lo largo de las callejuelas, descubrí  así la Plaza Victorio Emanuele y entré, por pura casualidad, en la Plaza della Signoría. Ante mí se levanta el Palazzo Vecchio, abrumador en su mole abrupta y compacta,: creo sentir su sombra gris y pesada. Sobre los hombros almenados del edificio, la atalaya alarga su musculoso cuello en la noche que avanza. Es tan alta, que el vértigo me sobrecoge cuando alzo la mirada hasta su cabeza cubierta por un casco y cuando, desconcertado, busco cerca de mí un espacioso pórtico que me ofrece sus bóvedas: es la Loggia dei Lanzi. Pasando frente a dos leones, penetro en su oscuridad donde se destacan blancas estatuas de mármol.”

 

 

(Imágenes-1-Giuseppe Zocchi/ 2- Telemaco Signorini— 1880/ .3- Monika Kelly)

¿DÓNDE DESEARÍA VIVIR?

 

 

El cuestionario Proust, tan repetido y comentado en muy diversas ocasiones, arrojaba en una de sus respuestas el lugar real o fantástico donde desearían vivir muchas gentes consultadas. El mismo Proust confesó que le agradaría vivir “allí donde ciertas cosas que yo quisiera se realizaran como por arte de magia y alli donde los encantos siempre fueran compartidos”. El músico Luis de Pablo escogía para vivir su propia casa de Los Berrocales; el escultor Amadeo Gabino,  decía: “ vivir donde estén mis amigos”; otro escultor, Martin Chirino, deseaba vivir “aquí, allá, en cualquier lugar, pero a la vez”; Alejo Carpentier, declaraba que “para mí no hay ciudad más grata en el mundo que La Habana donde nací. De ahí soy y, como decía Pascal, “el corazón tiene razones que ignora la razón”; la actriz María Casares aspiraba a vivir “frente al océano o en el desierto”; el pintor Antonio Saura, prefería vivir “en Cuenca y en París”; Mercè Rodoreda, en la montaña; Octavio Paz confesaba que quisiera vivir en Middle Earth; Alberti, “en una torre o azotea frente a la bahía de Cádiz. O en Roma”; Jorge Guillén, en Florencia la mayor parte del año;  Narciso Yepes comentaba: “no importa dónde si es con los que amo”.

Uno va leyendo estas cosas y se pregunta  al fin dónde desearía vivir. A lo mejor en el lugar en el que uno está viviendo, a lo mejor en encuadres fantásticos, a lo mejor en lugares reales que uno conoció  y en otros que jamás ha visto.

 

 

(Imagen – 1 -Marcel Proust/ 2- Florencia- puente viejo -Telémaco Signorini- 1860)

DANTE Y LA MUJER

“… ceñido el blanco velo con oliva,

una mujer surgió con verde manto,

vestida de color de llama viva.

Y el espíritu mío, que ya tanto

tiempo hacía que, estando en su presencia,

no sufría temblores ni quebranto,

sin despertar mis ojos mi conciencia,

por oculta virtud que ella movía,

de antiguo amor sentí la gran potencia.

Tan pronto como hirió a la vista mía

la alta virtud que ya me había herido

cuando estaba en mi infancia todavía,

los ojos a la izquierda he dirigido,

cual niño que a su madre corre y clama

si tiene miedo o hállase afligido,

por decir a Virgilio: “Ante esta dama,

cada dracma de sangre me ha temblado:

conozco el fuego de la antigua llama”.

Dante Alighieri: “La Divina Comedia”.-Purgatorio XXX

Comentando el colorido de estos primeros versos -“ceñido el blanco velo con oliva/ una mujer surgió con verde manto/ vestida de color de llama viva“, Ósip Mandelstam en su “Coloquio sobre Dante” (Acantilado) recuerda que “mucho antes del alfabeto de Arthur Rimbaud, Dante había asociado el color a la vocalización de los matices y de los sonidos del habla bien articulada. Pero él es tintorero, tejedor. Su abecedario es el alfabeto de las telas que ondean, teñidas con polvos de colores, con tintes vegetales. Los impulsos que siente por los colores pueden ser llamados impulsos textiles, más que alfabéticos. Para él, el tinte sólo se manifiesta en el tejido. El tejido en Dante representa la tensión suprema de la naturaleza material como sustancia determinada por la coloración. Y el arte de tejer es la ocupación más cercana a lo cualitativo, a la calidad“.

Así va tejiendo con colores sus palabras y sus palabras tejen visiones de mujer y la mujer avanza por la “Divina Comedia“.

(Imágenes.- 1.-Andrea del Sarto/ 2.-Leonardo da Vinci.-detalle de Cinevra Benci.-1474-1478/ 3.- Tilda Swinton / 4.-fresco de Domenico di Michelino.-1465.-de la cúpula de la iglesia de Santa Maria dei Fiore.-Florencia.-wikipedia)

DINERO Y BELLEZA

Contestando al periodista italiano Enzo Biagi que le preguntaba sobre si alguna vez podría abolirse el dinero, el economista norteamericano Paul Samuelson repasaba algunos de los medios de intercambio que han existido a través de los siglos: “fueron el ganado – decía – el tabaco, el cuero, las pieles, el aceite de oliva, la cerveza, los productos alcohólicos, los esclavos, las mujeres, el cobre, el hierro, el oro, la plata, los anillos, los diamantes, las conchas, piedras pesadas y colillas de cigarrillos. Pero cada uno de esos objetos tenía sus cualidades y sus defectos. El ganado no puede partirse en moneda fraccionaria, pero este tipo de “dinero”, cuando se acapara, aumenta, debido al proceso de reproducción, desmintiendo la doctrina de Aristóteles, según la cual el dinero es estéril. El aceite de oliva es una moneda líquida agradable, que puede dividirse tanto como se desee. El hierro, por el contrario, se cubre de orín; y el valor de un diamante no es proporcional a su peso, sino que varía según su talla.

La plata brilla – continuaba explicando el Premio Nobel -, pero se empaña si se expone al aire. El oro mantiene su esplendor, pero es blando si no se amalgama. De la edad del dinero como mercancía hemos pasado a la del papel moneda. La moneda de papel se ha difundido porque es muy útil como medio de intercambio. Puede transformarse y conservarse con facilidad. Imprimiendo más o menos ceros en el papel, puede alterarse su valor. Y puede fabricarse de manera que pueda reconocerse y protegerse de falsificaciones. La definición más rápida del dinero sería entonces que en lugar de intercambiar comida por vestidos, creeemos más conveniente intercambiar la comida y los vestidos por el dinero y después transformar el dinero en comida y en ropa. Es un medio de intercambio”.

De la avaricia ante el dinero ya hablé aquí hace tiempo, así como de la referencia a la avaricia que hace Tomas Moro en una de sus cartas a su hija Margarita. Ahora, otro aspecto muy distinto del dinero – que es el de su reproducción en la historia de lo bello -, está teniendo lugar en Florencia hasta el mes de enero, en la exposición sobre Dinero y Belleza.

Grandes pintores, pequeñas monedas, grandes avaricias, prestamos que nos envuelven, deudas que nos acompañan…

(Imágenes:- 1 y 2.- Marinus van Reymeswaele: 1- los dos prestamistas-1540.-National Gallery.-Londres/ 2.-Marinus van Reymeswaele.-el cambista y su mujer.-1538 – Museo del Prado/ 3.-Fra Angelico.- detalle de “San Nicolás salva un barco”-1437 -Pinacoteca Vaticana.- Web Gallery of Art)

DIARIO DE UN ESCRITOR

Se ha dicho del “Diario de un escritor” – editado recientemente porPáginas de  espuma” – que estos artículos y apuntes podrían pertenecer hoy muy bien a un determinado blog, el blog de Dostoievsi. Descienden a los subsuelos o sótanos de los temas y a la vez se remontan a la superficie de la actualidad. El gran novelista ruso devoraba los periódicos, estaba al corriente de todo.”Tengo nostalgia de todo lo cotidiano –decía -, deseo la actualidad“- En la extraordinaria y minuciosa biografía que le dedicó Joseph Frank al autor de “Crimen y castigo“, en el tomo que aborda “Los años milagrosos 1865 -1871” (Fondo de Cultura), se cuenta cómo Dostoievski, en Florencia, tras la terminación de “El idiota“, se refugiaba en la biblioteca Vieusseux para leer a diario los periódicos rusos y seguir al detalle los acontecimientos y choques de opiniones que tenían lugar en su país. Rusia y el mundo le interesaron siempre. “Escribo sobre lo visto, oído y leído”, dice el novelista en marzo de 1876, “menos mal que no me he atado con la promesa de escribir sobre todo lo visto, oído y leído“. Ante lo que ha sucedido después en Rusia – han señalado luego los especialistas -, y precisamente por la extrema atención que el escritor dedicó a su época, es normal admitir que él logró predecir los excesos y sufrimientos hacia los cuales se dirigía su país.

Precisamente en marzo de 1876 recoge en el “Diario de un escritor” un relato que, entre tantos otros, conmueve. Lleva por título La centenaria” y es la historia de Maria Maksímovna, una mujer de ciento cuatro años que atraviesa muy cansada la ciudad llevando una monedita de cinco kopeks en la mano para entregársela a sus bisnietos y que se queda al fin muerta, con la mano en el hombro de  su bisnieto mayor Misha, un niño de seis años, en el momento de darle la moneda.

Misha – escribe Dostievski -, por más años que viva, nunca olvidará a la viejecita, cómo ha muerto, con la mano en su hombro, y cuando muera él, no quedará persona alguna en todo el mundo que se acuerde, que sepa que había existido mucho tiempo atrás esa viejecita que vivió ciento cuatro años, no se sabe para qué ni cómo. Por otra parte, para qué recordarla: no tiene importancia, de todos modos. De esta misma manera se van al otro mundo millones de personas: viven pasando desapercibidos y mueren desapercibidamente. Tal vez, solamente el  momento mismo de la muerte de estos hombres y mujeres centenarios tiene algo de enternecedor y apaciguante, algo, incluso, importante y conciliador: los cien años hasta ahora afectan al hombre de una manera rara. ¡Que Dios bendiga la vida y la muerte de gente sencilla y buena!“.

“No era una historia – dirá el novelista – sino una impresión del encuentro con una mujer centenaria  (efectivamente, ¿se encuentra uno a menudo con una mujer centenaria, y además tan llena de vida espiritual?)”.

Siempre, siempre Dostoievski en el subsuelo de la memoria del alma y también en la superficie de la actualidad.

(Imágenes:-1.-“La procesión”, de Illarion Mikhaïlovitch Prianichnikov, 1893, museo ruso de San Petersburgo/ 2.-“La hora del té”, de Alexei Voloskov, 1851, museo ruso de San Petersburgo/3.-Semyon Faibisovich.-2oo8.-Regina Gallery.-Moscú.-artnet)

ENIGMA DE UNA TARDE DE OTOÑO

“Yo hacía muy poco caso de los sueños – cuenta el escritor Alberto Savinio, cuyo verdadero nombre era  Andrea de Chirico, hermano del pintor Giorgio de Chirico -.Y era deliberado. Despreciaba los sueños. Y era a propósito. Quiero decir: más por voluntad mía propia que porque los sueños lo mereciesen. Me protegía contra los sueños. Recelaba de los sueños como de algo que seduce con medios engañosos y demasiado fáciles, que atrae con promesas de profundidad superficial, pero que, en realidad, no es otra cosa que un juego absurdo, carente de todo sentido”.

Se celebra este año el centenario del arte “metafísico“, vanguardia artística plena de imágenes oníricas que despertaron particular interés en los pintores surrealistas.

Todo objeto – había escrito de Chiricotiene dos aspectos: el aspecto común, que es el que generalmente vemos y que todos ven, y el aspecto fantasmal y metafísico, que solo ven raras personas en momentos de clarividencia y meditación metafísica. Una obra de arte tiene que contar algo que no aparece en su forma visible“. Y aquello que de Chirico “vio” – y lo reveló en su pintura Enigma de una tarde de otoño – lo contaba así:

En una límpida tarde otoñal estaba sentado en un banco en el centro de la plaza de Santa Cruz, en Florencia. Naturalmente, no era la primera vez que veía aquella plaza: pero acababa de salir de una larga y dolorosa enfermedad intestinal, y me hallaba como en un estado de mórbida sensibilidad. Todo el mundo que me rodeaba, incluso el mármol de los edificios y de las fuentes, me parecía convaleciente. En el centro de la plaza se alza una estatua de Dante, vestida con una larga túnica, con sus obras pegadas al cuerpo y la cabeza, coronada de laurel, pensativamente reclinada….El sol otoñal, cálido y fuerte, aclaraba la estatura y la fachada de la iglesia. Tuve entonces la extraña impresión de mirar aquellas cosas por primera vez, y la composición del cuadro se reveló a los ojos de mi mente”.

Eran los sueños, el “aspecto fantasmal” de las cosas, como diría Jung al hablar de su pintura, transposiciones de la realidad análogas a sueños, que surgían como visiones procedentes del inconsciente. Eran ciudades de Italia, torres y objetos situados en una perspectiva como si estuviesen en el vacío, iluminados por una luz fría, inclemente, que procede de un origen invisible. Jung añadía que en la obra de Chiricoel hombre está privado de alma; se convierte en un maniquí sin rostro ( y por tanto, también sin consciencia)”. Era también la posibilidad poética de un arte concebido para hacer emerger lo que esconde de enigmática la realidad. Como se recuerda en la gran muestra que acaba de inaugurarse en Roma, en el Palacio de Exposiciones, era la total mirada del pintor sobre la Naturaleza, la idea de la Naturaleza a veces idealizada como en los paisajes mitológicos, o exaltada como aparición poética, o también expresada en alucinaciones urbanas, en geometría de imágenes.

Los sueños iban y venían, pues, sobre la superficie de los cuadros, por encima y en derredor de los maniquíes, de las estatuas y de los trajes vacíos. Las formas inutilizables e inhabitables, muchas veces invadidas de espacios oníricos, trazaban la línea de fuego del sueño que atravesaba también las opiniones de los dos hermanos de Chirico. ” Ahora, desde hace algún tiempo – seguía  diciendo Alberto Savinio -, mis sueños se despiertan, asoman la cabeza, resisten la vida despierta, llaman la atención. Se ponen delante y se aprovechan de su mutismo para hacerse los amos en pleno silencio mío. Van tomando forma poco a poco y rodeándome. Mis sueños me vigilan como una guardia de honor. (…) Y yo a mis sueños los espero, los deseo, no puedo prescindir de ellos (…) Los sueños que yo evitaba con tanto cuidado y alejaba de mí con tanta facilidad, ahora se me han vuelto suavemente pegadizos, y se me incrustan “amorosamente” en la memoria“.

No hay que olvidar que un cuadro -había dicho Giorgio de Chiricodebe ser siempre el reflejo de una sensación profunda y que profundo significa raro y que raro significa no conocido o completamente desconocido“.

( La Natura secondo de Chirico “.-9 abril-11 de julio 2010.-Palazzo delle Esposizioni.-Roma)

(Imágenes:- – Giorgio de Chirico: 1.-Enigma de una tarde de otoño/.-2.-The Disquieting Muses.-1918.-colección privada.-Olga´s Gallery/ 3.-El varticinador.-1914-1915.-Fundación Giorgio de Chirico/.-4.- Le Duo.-1914-15.-Fundación Giorgio de Chirico/ 5.-De  Chirico trabajando en su estudio.-Fundación Giorgio de Chirico/ 5.- De Chirico.-1936-37.- Giorgio de Chirico.-New York 1936-37.-foto Irving Penn.- Fundación Giorgio de Chirico)

VIEJO MADRID, 2009 (2)

Caaballo de Plaza de Oriente

Cuando avanzo en mis paseos por la Plaza de Oriente unos pajarillos penetran volando en el vientre del gran caballo montado por Felipe lV y encuentran rápidamente la muerte. Se ahogan en las dieciocho mil libras de bronce que pesa la estatua. No sé si eso es así, pero debiera serlo si se cree lo que cuenta Hartzenbusch en una de  sus Fábulas.

“Niños que, de seis a once,

jugáis en torno a la fuente

del gran caballo de bronce

que hay en la Plaza de Oriente

Doy y doy vueltas al caballo. O el caballo me da vueltas a mí. Estuvo este caballo cerca de dos siglos entre los árboles del Buen Retiro. Copiado de un lienzo de Velázquez, el escultor italiano Pedro Tacca resolvió el problema del equilibro – cuenta Emilio Carrere – de acuerdo con Galileo Galilei. Quedó expuesta esta estatua en el estudio del artista y toda Florencia acudió a admirarla. Pero los pajarillos ahora me distraen. Siguen sobrevolando la muerte y la vida y en esta mañana de agosto vienen y van entre el suelo y el cielo, acuden a las llamadas del aire límpido y picotean migas invisibles.

Café de Oriente.-1

Entonces me siento en el Café de Oriente, en la realidad de esta mañana. Contemplo frente a mí el Palacio Real y veo en mi memoria los movimientos de aquel gran Baile de Palacio que describí en mi novela Lágrimas negras, páginas de surrealismo evocador:

Palacio Real.-A

“Abrió el Baile doña Trigidia, la flamante esposa del flamante nuevo ministro de Asuntos Exteriores, vestida con un traje largo de color granate y collar de brillantes, que evolucionó en los brazos de su marido en un vals a tres tiempos, con dos compases para seis pasos y un tiempo para cada paso. Salió del Comedor de gala, entró bailando en la Sala Amarilla, pasó a la Sala de Porcelana y se perdió en el Salón de Carlos lll. Inmediatamente después, doña Venecia, esposa del titular de Defensa, arrancó con su pie derecho hacia adelante y alzando su talón izquierdo, con la punta del pie derecho tocando el piso y trazando un cuarto de vuelta con su pie izquierdo, con su traje largo de terciopelo negro y conducida admirablemente por su marido, llegó con el vals hasta el Salón de Carlos lll, evolucionó lo que pudo en la estrecha estancia llamada Tranvía, se desplazó hasta el Salón de Gasparini, entró en la Antecámara de Gasparini, cruzó la Saleta de Gasparini y alcanzó brillantemente el Salón de Columnas. Le siguió con un traje verde de encaje doña Erasma, en brazos del nuevo titular del Aire, vestido de uniforme de gala, y los dos juntos dieron tres pasos de vals, luego una media vuelta, otros tres pasos más y una vuelta completa, cruzándose con doña Pomposa, llevada por el ministro de Marina, ella vestida con un traje negro estampado de flores, que pasó rozando a doña Acibella, de traje amarillo bordado, guiada por su marido, el nuevo titular de Educación, que cambió un saludo con doña Redenta, esposa del minstro de Obras Públicas, vestida de rosa estampado ella y él de frac con condecoraciones y que ya venían de vuelta de la Sala de Alabarderos, del Salón de Columnas y de la Sala de Gasparini. Todas las parejas se entremezclaron, destacando dos hermanas, Melchora y Gaspara, una en brazos del titular de Comercio y otra bailando con el titular de Industria – una con traje largo de terciopelo verde y otra de gasa marrón – que pasaron al lado de doña Eutropía, de gasa negro y conducida por el ministro de Agricultura, en el momento en que doña Centola, consorte del de Vivienda, se deslizaba junto a doña Raída, de beige grisáceo, alejándose hacia la Sala de Porcelana guiada por el ministro de Economía y viniendo desde la Sala Amarilla doña Domitila, con un traje marrón de terciopelo, llevada en flexibles arabescos po el titular de Información”.

Palacio Real.-2

Así contemplo desde el Café de Oriente el Palacio Real. La realidad de la mañana me lleva hasta aquel baile irreal.

(Imágenes.- Madrid, agosto 2009.-: 1-Plaza de Oriente.- 2.-Café de Oriente.-/3.- Palacio Real.-fotos JJP)

AUTOSTRADA DEL SOLE

New York.-taxi 1947.-foto Ted Croner.-Michael Hoppen Gallery

“Voy conduciendo en la noche por una autopista amplia, de MilánRoma, la autostrada del Sole. Vuelvo del Congreso de Literatura en que hemos hablado de Pirandello. Todos los faros se proyectan. Todos van en la misma dirección, hacia el infinito: todas las rectas, las curvas, los vaivenes suaves del volante, todas las subidas y bajadas en los montes oscuros, entre los pueblos aislados y dormidos, entre los oasis de las estaciones de servicio. Ráfagas de velocidad rozan en haz de vértigo mi ventanilla. Son bramidos. Zumbidos. Escapan su ahogo en fuga de estrellas. Va conmigo este cuadro de mandos, los relojes, el cuentakilómetros encendido, los pedales, las marchas: una intimidad iluminada. Cada vez que toco muy ligeramente la rueda del volante, la tierra gira sus ruedas en el espacio y me deja ver a la derecha la noche curvada, luego la noche enderezada, la noche rectilínea, la noche plana y sin fin. ¿A dónde vamos? Recorremos la orografía del mundo como gusanos de luz que van y vienen velozmente, clavadas las vidas tras los cristales. Ahora empieza a llover y las gotas son barridas en curva por un parabrisas con media luna de humedad. Conduzco. Recuerdo que conduzco. Sigo conduciendo deprisa y de noche por la autostrada del Sole. He dejado atrás Florencia. Por las luces debo estar acercándome a Arezzo, una ciudad que queda en la vasta oscuridad. Mis faros blanquean la negrura. He puesto hace un rato música suave, jazz solitario, un ritmo que va golpeando muy cadenciosamente al motor. De pronto, como en un arrebato de fuego, roza un bólido junto a mí, veo sus rojos pilotos traseros alejándose, adivino su tremenda velocidad, no me da tiempo a asombrarme del vértigo porque le veo y no le veo hacer un zig-zag, se levanta el bólido en el aire, vuela, desaparece. Suena un horrendo estampido de hierros, intento frenar deprisa, viene una nube de gas que se amplía, que avanza mientras sigo frenando, no consigo frenar, no puedo frenar, voy a estrellarme contra esta nube de gas que se extiende, recuerdo, recuerdo que al fin freno. ¿Qué hay detrás de esta nube de gasa que es ahora lento polvo blanco, polvo que vaga iluminado ante mis faros inmóviles, proyectados sobre la muerte, proyectados contra esta puerta de niebla, niebla de lo desconocido? Recuerdo. Recuerdo que sigo agarrotado al volante, clavado contra este umbral.

Lo desconocido toma entonces la vida que he vivido, estos huesos aún articulados, esta cabeza poderosa y pesada, todas las venas rumorosas y azules de mis manos, mi memoria, los latidos de mi corazón, este respirar acompasado de toda mi vida, lo desconocido toma mi sonrisa, mis dedos alargados al hojear el periódico, mi timbre de voz, mis carcajadas, todas las veces que he subido y bajado escaleras por tantos trabajos, mis emociones, los labios, esa mirada cálida y entrañable cuando he reprochado algo, lo desconocido lo toma todo – mis movimientos, la temperatura de mi cuerpo -, lo aquieta, lo enfría, lo deja absolutamente quieto, casi como una madera, igual que un objeto. Mi cuerpo cruza lo desconocido. Atraviesa lo desconocido. Lo desconocido me toma de una mano y me saca así de la autostrada del Sole“.

José Julio Perlado: del libro “Vida contemporánea” ( relato inédito)

(Imagen: foto de Ted Croner- 1947 .-Collection Miami Art Museum)

AMOR, NO ME DEJES (NAVIDAD, 2008) (6)

navidad-15-ghiberti-natividad-flickr-lyceo-hispanico

Amor, no me dejes,

que me moriré.

Que en ti so yo vivo,

sin ti so cativo;

si me eres esquivo

perdido seré.

Si mal no me viene,

por ti se detiene;

en ti me sostiene

tu gracia y mi fe.

Que el que en ti se ceba,

que truene, que llueva,

no espere ya nueva

que pena le dé.

Que aquel que tú tienes

los males son bienes;

a él vas y vienes:

muy cierto lo sé.

Amor, no me dejes

que me moriré.

Juan Alvarez Gato (1463-1509) : “Cantar enderezado a Nuestro Señor”.

(Imagen: “Adoración de los Magos” (1424) – Lorenzo Ghiberti (1378-1455)  – Florencia -Flickr.-Lyceo Hispánico)

CONFIANZA

Leo en Alberto Savinio: “Nueva enciplopedia” (Seix Barral):

En la habitación de uno de los mejores hoteles de Florencia encuentro (agosto,1944) el siguiente aviso, recientemente puesto allí: “Se aconseja no dejar los zapatos fuera de la puerta, y dárselos al personal de servicio”. En el armario de la misma habitación encuentro una percha fijada con un anillo metálico a la garra que la sostiene, evidentemente para que pueda resistir a la tentación del viajero que quiera llevársela en su maleta, de la misma manera que, en otro tiempo, en el bouillons Duval de París, los cubiertos estaban sujetos a la mesa por medio de sólidas cadenitas. Estas preocupaciones son producto del actual estado de guerra. ¿Las guerras, por consiguiente, las guerras, que matan a los hombres y esparcen ruina y desolación, y resucitan enfermedades muertas desde hacía siglos, y aun crean otras hasta entonces desconocidas, las guerras, por lo tanto, destruyen incluso ese mínimo de confianza en el prójimo que nos permitía dejar por la noche los zapatos fuera de la puerta, con la esperanza de encontrarlos, al día siguiente por la mañana, fieles y más relucientes? “.

¿ Todos estos recelos de los Bancos entre sí, las miradas de reojo de quienes piensan quizá conceder un crédito y quienes piensan acaso obtenerlo, las suspicacias de los consumidores ante los escaparates sin decidirse a entrar en los comercios, los carteles ofreciéndose en venta solares, balcones, ventanas y casas, ese remover de calderilla contada en los bolsillos, son preocupaciones del actual estado de paz? ¿Podemos dejar por la noche los zapatos a la puerta del día sin que mañana desaparezcan?

Miramos con desconfianza a la confianza que pasa  y no sabemos cuánto podremos aún confiar en ella.

(Imágenes: recesión 1958.-foto: Stan Wayman.-Time Life Pictures/ Getty/ Photo Essays.- TIME)