LOS “MOBILES” DE CALDER

 

 

La actual exposición sobre Calder en el Centro Botín, en Santander, nos lleva a una evocación de su escultura y a las páginas que Werner Hofmann le dedicó comentando sus “mobiles”. “El viento o la mano del hombre, nunca un artefacto mecánico — explicaba  Hoffmann —, se encargan de producir el movimiento. De los cuadros de su amigo Miró toma Calder las formas lobulares —- mitad escama de pez, mitad hoja — y las une mediante delgadas varillas de hierro. Con ellas construye paráfrasis de formas animales, de seres deslizantes y voladores, de pájaros y peces, e inventa metamorfosis de plantas, metálicos arbustos trepadores y temblorosas corolas que se abren a todas las direcciones.

 

 

La  gracia de este arte se produce sin justificación ni excusa. Es cósmico y alegórico en muy hondo sentido. En él se guarda  un hálito del pensamiento oriental y de la oriental economía en las formas: la delicada movilidad, la predilección por la asimetría y la excentricidad, y el equilibrio inestable susceptible  de resolverse en toda suerte de movimientos. Los “mobiles” de Calder son juegos de una larga paciencia, fruto de un moroso meditar y sopesar, y no es casualidad que recuerden el “arte floral” japonés y otros géneros  de las ‘artes aplicadas”  orientales. La figura se despierta y se vuelve en el espacio y en el tiempo, y la forma recorre muchos estadios virtuales que el aire se encarga  de suscitar.  Otro rasgo esencial es que los mobiles reciben del espacio su capacidad de movimiento, y por ello, adelgazados hasta la pura silueta, entregan recíprocamente al espacio ambiente toda su forma.

 

 

Los mobiles son como un sonido hecho forma, o como el gesto de un acróbata que por raro milagro ha quedado inscrito en el espacio.”

 

 

(Imágenes -1-foto vaux Marc – Calder en su estudio en 1931/ 2, 3 y 4- mobiles de Calder)

SOBRE LO VERDADERO Y LO FALSO

 

 

“Se es falso de diferentes maneras – dice   La Rochefoucauld -. Hay hombres falsos que quieren siempre parecer lo que no son. Hay otros, de mayor buena fe, que han nacido falsos, se equivocan ellos mismos y no ven nunca las cosas como son.  Los hay cuyo entendimiento es recto y el gusto falso. Otros tienen falso el entendimiento y alguna rectitud en el gusto. Y los hay que no tienen nada falso, ni en el entendimiento, ni en el gusto. De éstos  hay muy pocos  ya que, hablando en general, no hay casi nadie que no tenga alguna falsedad de entendimiento o de gusto.

 

Lo que hace tan universal esa falsedad es que nuestras cualidades son inciertas y confusas y que nuestras apreciaciones también lo son;  no vemos las cosas precisamente  como son, las estimamos en más o en menos de lo que valen y no las relacionamos con nosotros de la manera que les conviene y que conviene a nuestro estado y a nuestras cualidades. Este engaño introduce un número infinito de falsedades en el gusto y en el entendimiento : nuestro amor propio se  muestra halagado por todo lo que se presenta a nosotros con las apariencias del bien;  pero como hay varias suertes de bienes que interesan a nuestra vanidad o a nuestro temperamento, los seguimos a menudo por costumbre o por comodidad;  los seguimos porque los demás los siguen, sin considerar que un mismo sentimiento no debe ser adoptado de la misma manera por toda clase de personas.

 

 

(…) Las gentes honestas deben aprobar sin prevención lo que merece  ser aprobado, seguir lo que debe ser seguido y no presumir de nada. Pero para ello hace falta una gran ecuanimidad y una gran rectitud;   hay que saber discernir lo que es bueno en general y lo que nos es propio, y seguir entonces con razón la inclinación natural que nos lleva hacia las cosas que nos gustan.”

 

 

(Imágenes -1 – Fritz Winter – 1934/ 2- Byran Hunt -1990- artnet/ 3- Clarence Holbrook Carter – 1970/  4- Semyon  Falbisovich)

ENTRANDO EN LOS PERSONAJES

 

 

“Puede que sólo conozcas el aspecto exterior de tus personajes y no su esencia – decía Anne Lamott, una novelista norteamericana. – No te preocupes. Se te revelarán más elementos con el paso del tiempo . Mientras tanto, ¿ puedes ver qué aspecto tienen tus personajes? ¿Qué primera impresión causan? ¿ Qué es lo que más le importa a cada uno de ellos, lo que más ansían en el mundo?  ¿ Qué secretos tienen? ¿ Cómo se  mueven, cómo huelen? Todo el mundo camina como un anuncio  de lo que es; así pues, ¿quién es esta persona? Muéstranoslo…

 

 

Algo que también debes preguntarte es qué postura tienen, qué llevan en los bolsillos o bolsos, qué pasa en sus rostros y en su postura cuando piensan, o cuando están aburridos o cuando tienen miedo. ¿A quién habrían votado en las últimas elecciones? ¿Por qué tendrían que importarnos?  ¿ Qué sería lo primero que dejarían de hacer si descubriesen que les quedan seis meses de vida? ¿Volverían a fumar?  ¿Seguirían limpiándose los dientes con hilo dental? “.

Richard Cohen incluye estas preguntas en su obra “Cómo piensan los escritores”, pero los personajes – y su interior, además de su apariencia exterior que suele estar llena de  detalles – siempre han sido un enigma. .¿Cómo darles entonces verosimilitud?

Estas cuestiones han preocupado lógicamente a los novelistas. Hay muy diversas opiniones: Jane Austen decía que no había que presentar cuadros perfectos;  Charlotte Brontë, Stevenson o Flaubert, que no había que hacer retratos;  Henry James reconocía que el novelista siempre está obsesionado con sus personajes; Virginia Woolf declaraba que todas las novelas  se ocupaban del carácter del personaje,  y Dickens, para dibujar con perfección en “Olivier Twist’  a un personaje que representaba a un magistrado “ cuya rudeza e insolencia – decía –  marcaban su personalidad”, procuró introducirse en un despacho de Hatton- garden para observar y luego describir con exactitud todos sus modales.

 

 

Imágenes – 1 y 2 – George Segal – 1964- museum Washington / 3- Erich Hartmann – 1976)

 

DE ERRORES Y LAMENTACIONES

 

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Ahora que está de moda tratar los beneficios y perjuicios del error, incluida la valoración del error como fuente de inspiración, repaso las anotaciones de Alberto Savinio en su “Nueva enciclopedia”:  “En una nota mía publicada en un diario – evoca el escritor italiano  – citaba yo tres veces el nombre de Ludwig van Beethoven, y otras tantas leí al día siguiente en su lugar Ludwig von Beethoven, porque el corrector de pruebas sabía que la partícula nobiliaria alemana es “von”, y pensó que “van” era un error. Parecido error es el del camarero que, en lugar de traerme el aurum que le pido, me trae en su lugar un aurúm, porque piensa que el nombre de este licor se deriva de ron. Errores doctos. Errores inteligentes. Errores no derivados de la ignorancia ni de la distracción, sino de una instrucción enana y de la reflexión que tal instrucción inspira. Y son los peores de todos, y los más nocivos, porque el ignorante común y corriente puede llegar a ser nocivo, ciertamente, ya que su mente está rodeada de oscuridad y le guía por tinieblas, pero mucho más nocivo, mucho más peligroso, es el hombre mediocremente instruido que, engañado por el ruin candil de su minúscula sapiencia, se cree en posesión del faro que ilumina al mundo y descubre todas las verdades, y, guiado por tal candil, se pone a razonar, a deducir, a forjar teorías”.

 

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“El que piensa grandemente – había dicho Heidegger – debe equivocarse grandemente”. Hay errores en algunas vidas que se han reconocido y confesado. Entre otros muchos, Steiner en su “Errata(Siruela), ha querido explicar que en su vida intelectual ha desperdigado sus fuerzas, y por tanto las ha derrochado. “Lamento – dice – no haber seguido dibujando, con carboncillo, pastel y tinta, para ilustrar alguno de mis propios libros. La mano dice verdades y alegrías que la lengua es incapaz de articular. Lamento no haber aprendido hebreo, que permite un acceso directo a la Biblia”. Y así sigue con varios lamentos, con algunos errores que, según él, ha cometido.

No todo son lamentaciones, pues hay aciertos.  De los errores se aprende siempre que se reconozcan. Logros y equivocaciones se entrelazan continuamente en la existencia.

 

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(Imágenes.-1.-Lorene Anderson– 2016/ 2.-Brice Marden– 20o2/ 3.-Eva Hesse- 1986)

CABALLOS Y GATOS

 

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“Cuando observes moverse a los caballos – dice el gran escultor y dibujante Alexander Calder -, fíjate en dónde están las articulaciones, hacia dónde se mueven, qué tipo de articulaciones deben ser para permitir ese tipo de movimiento.

Fíjate en qué están haciendo las otras tres patas cuando una hace una cosa u otra, en qué hace la cola, en si la cabeza se mueve, en si el cuerpo está animado por algún movimiento. Estudia las diferentes formas de andar del animal, el paso, el trote, el galope. Por ejemplo, cómo el caballo cambia de uno a otro según su velocidad. Observa de cerca algunas estatuas ecuestres. ¿Todas las patas hacen lo mismo? ¿ O trotan las patas delanteras mientras las traseras están quietas?”.

 

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“Recuerda que la “actividad” en el dibujo no se corresponde necesariamente a una actividad física. Un gato dormido tiene una intensa actividad.

Por cierto, los gatos son unos modelos excelentes. La silueta ágil y la ductilidad de los miembros felinos son mucho más gráciles que los movimientos más bruscos de otros animales. Con los gatos casi es posible saber en qué están pensando.

Si un gato está dormido, dibújalo completamente, voluptuosamente dormido, el vientre sostenido por el suelo, las patas inertes, los músculos caídos. Si está despierto y alerta, capta esa actitud; todos los músculos en tensión, las orejas tiesas, los ojos vigilantes, la cola en suspensión para asegurar el mejor equilibrio en caso de que le sea necesario saltar”.

Alexander Calder – ” Dibujando animales” (Elba)

(Imágenes.-1.-Rosa Bonheur.- posterluenoco/ 2.-Kellas Campbell)