BOGART, “INEPTO” Y “PROFESIONAL”

 

“Si uno escucha atentamente el vocabulario de cualquier persona, se dará  cuenta de que se repiten ciertas palabras que son como claves de su personalidad. En el caso de Bogart, cuyo mordaz diccionario personal resulta absolutamente imposible de publicar — así lo escribía Truman Capote dibujando su retrato —, dos de esos hitos verbales eran “inepto” y “profesional”. Dado que era un hombre muy moral ( exagerando un poco podría decirse que era “remilgado”) , empleaba “profesional” como medalla de platino para ser otorgada a las personas cuyo comportamiento él aprobaba. “Inepto”, lo contrario de un espaldarazo, significaba, en él, un disgusto casi lacerante. “Mi viejo”, dijo en cierta ocasión refiriéndose a su padre, que había sido un respetable médico de Nueva York, “murió con una deuda de diez mil dólares, y yo tuve que pagar hasta el último centavo. Un tipo que no provee de lo necesario a su mujer y sus hijos, es un “inepto.” Ineptos eran también los hombres infieles a sus mujeres y los que estafaban a Hacienda, todos los quejicas y los chismosos, la mayoría de los políticos y de los escritores, las mujeres que bebían y las mujeres que despreciaban a los hombres que bebían. Pero el inepto más inepto era el hombre que no sabía hacer su trabajo, que no era, con el estilo más meticuloso, un “profesional” de aquello a lo que se dedicaba. Dios sabe bien que él lo fue. No importa que jugara al póquer hasta el amanecer y tomara coñac como desayuno: siempre llegaba a la hora al estudio, arreglado y sabiéndose a la perfección el papel que interpretaba ( que era siempre el mismo, por supuesto, aunque no hay nada más difícil que seguir despertando interés a pesar de repetirse’.) No, Bogart nunca tuvo ni un ápice de inepto. Fue un actor sin teorías ( bueno, que debía cobrar mucho) y sin mal genio, aunque no desprovisto de temperamento, y como comprendía que la supervivencia artística depende de la disciplina, permanece, ha dejado la huella de su paso.”

(Humphrey Bogart — decía Capote— era una  persona maravillosa. Fuimos muy amigos hasta su muerte. Bogart tenía una manera de ser maravillosa. Era muy encantador. Conmigo siempre fue amable.)

 

 

(Imágenes : — 1- Bogart maquillándose/ 2- Bogart en El halcón maltés”)

RETRATO DE RAYMOND CARVER

 


“En 1977 Raymond Carver — describe Richard Ford en “Flores en las grietas” —, era alto, flaco, huesudo, vacilante y hablaba poco y en un susurro entrecortado. Parecía simpático, aunque un poco asustadizo, pero no de una manera que asustaba a su vez al interlocutor, sino más bien como sugiriendo que acababa de estar contra las cuerdas y que por nada del mundo quería volver a encontrarse en esa situación. Sus dientes necesitaban la atención de un dentista. El pelo era tupido y enmarañado. Tenía manos rudas, patillas largas y espesas, llevaba gafas con montura de concha negra, pantalones de color mostaza, una fea camisa de rayas marrón y morado de la planta de oportunidades de Penneys y zapatos de un gusto afín a los de la marca Hush Puppies. Era como si hubiera bajado de un autobús de la Greyhound de 1964 y viniera de algún sitio en donde hubiese estado realizando sobre todo labores de conserjería. Y era absolutamente irresistible.

 

En 1977 Ray Carver estaba hambriento, y no de una comida decente. También se podría decir que parecía angustiado. La adversidad lo acechaba y él trataba de estar alerta. Reía abruptamente y luego volvía a su estado de reserva seria pero insegura. Movía los ojos con inquietud. Tenía los hombros anchos y ligeramente encorvados. Parecía querer acercarse a su interlocutor, estar de acuerdo con él sobre algo importante que ambos sabían, sobre literatura a ser posible —admiración por el libro o el poema de alguien —, pero no colmar la distancia por completo. “Sí, oh, sí, claro. ¡Dios sabe que no puedo estar más de acuerdo!” Su voz era áspera, profunda. Sus ojos parecían evadirse pero volvían al interlocutor, como si estudiaran algo, la opinión que éste tenía de él. Parecía vulnerable, en fin. Y todo — la ropa, las manos, el pelo ( si uno apoyaba las manos sobre sus hombros, cosa que por entonces todos solíamos hacer, y se le acercaba )—, “todo”, olía a tabaco. Pero nada olía a alcohol. El alcohol había quedado atrás.”

 

(Imágenes—1-Carver-writinguniversity/ 2 -Foto Marion Ettingler- corbis – guardián – Carver y Tess Gallagher – 1984/3- Carver- Bob Adelman)

AUTORRETRATO DE RAYMOND CHANDLER

 

“Sí —decía burlonamente Raymond Chandler—, soy exactamente como los personajes de mis libros. Soy muy duro y una vez me vieron romper un panecillo de Viena sólo con mis manos. Soy muy guapo, tengo un físico corpulento y me cambio de camisa regularmente todos los lunes por la mañana. Cuando descanso entre dos libros vivo en un castillo francés de estilo provenzal en Mulholland Drive. Es un lugar algo reducido de cuarenta y ocho habitaciones y cincuenta y nueve cuartos de baño. Como en vajilla de oro. Naturalmente, hay veces en que tengo que dejarme crecer la barba y vivir en una casa medio derruida de Main Street, y hay otras veces en que resido, aunque no a petición propia, en la celda de borrachos de la cárcel.

Tengo amigos de todas las clases sociales. Sobre mi mesa de trabajo hay catorce teléfonos, incluyendo líneas  directas con Nueva York, Londres, París, Roma y Santa Rosa. Cuando se abre mi archivo aparece un bar portátil muy conveniente,  y el “barman”, que vive en el cajón interior, es un enano llamado Harry Cohn. Soy un fumador empedernido y, de acuerdo con mi humor, fumo tabaco, marihuana, seda de maíz y hojas secas de té. Consigo mi material de varias maneras, pero mi procedimiento favorito consiste en registrar las mesas de otros escritores en las horas libres. Tengo treinta y ocho años desde hace veinte. No me considero un tirador infalible, pero soy un hombre bastante peligroso con una toalla húmeda. Pero bien pensado, creo que mi arma preferida  es un billete de veinte dólares.”

(Imagen —Raymond Chandler-)

LO IMPORTANTE ES NO MORIR (2)

“Bueno – decía Saroyan —, un escritor debe decir lo poco que tenga que decir, por poco que sea. Tiene que decirlo y repetirlo, como han hecho todos los escritores, que han dicho lo poco o lo mucho que tuvieran que decir y luego lo han repetido una y otra vez. ¿Y qué han dicho? En realidad, nada, siempre lo mismo, cambiando el nombre del macho y cambiando el nombre de la hembra, pero cada uno de ellos igual a todos los de los otros libros, cada uno de ellos vivo en el tiempo.”
Hay libros que pueden quedar en la memoria especialmente por el título. “Lo importante es no morir”, la autobiografía de William Saroyan, parece que ahora permaneciera en nosotros precisamente por ese título, en el momento en que el escenario de la vida está ensombrecido de muertes y enfermedades. El arte de titular es bien difícil. García Márquez lo tenía : ‘Una mujer con importancia”, “Metafísica de la cocina”, “Fantasía de los osos rítmicos”, “ El asesino de los corazones solitarios”, “Las esposas felices se suicidan a las seis”, “Me alquilo para soñar’” , “ El amargo encanto de la máquina de escribir”, y un largo etcétera.
William Saroyan, nacido en 1908, armenio de California, narrador nato y optimista inveterado, se consideraba a sí mismo un ser maravilloso e insensato – como así lo constata el historiador Marc Saporta —, de forma que se puso a contar de la manera  más poética del mundo cuál era su concepción del universo y por qué el mundo era maravilloso por diferentes motivos. Algunos de sus títulos fueron “Mi nombre es Aram”, “El atrevido muchacho del trapecio”, “El asirio y otras historias” o “Amor, me descubro ante ti”. “ Yo he escrito — decía Saroyan— para cambiar el orden de las cosas. América es la nueva  forma del más viejo sueño de la humanidad” . Repetía : “Lo importante es no morir”.
Siempre creía que las cosas acabarían bien.
(Imågenes- 1-Constantin Korovin  /2- James Hilliard/ 3- Vassily  Kandinsky)

ESCRIBIR Y PUBLICAR

 

 

“Quizá más que en otro gremio de las artes puede que sea porque gran parte de nuestro trabajo se lleva a cabo en soledad —dice Úrsula K. Le Guin en sus “Conversaciones sobre la escritura”—: por eso tendemos a dudar de lo que hacemos. Que te publiquen un libro es una barrera que parece infranqueable. En mis inicios, coloqué  algún que otro poema de vez en cuando — en modestísimas revistillas de poesía —: con ocho o nueve lectores, pero al menos veía mi obra en papel.  Sin embargo,  era incapaz de colocar nada de narrativa. Durante seis o siete años estuve escribiendo relatos y novelas de manera metódica, intentaba vender los manuscritos y no iba a ninguna parte. Recibí muchísimas amables cartas de de rechazo.

Pero lo cierto es que estaba comprometida con ser escritora, con mi escritura, creo que fue la confianza en mí misma o mi arrogancia lo que hicieron que saliese  adelante. “ Lo voy a conseguir y lo voy a conseguir  a mi manera”. Me atenía a eso. Y pum, de repente lo conseguí. Vendí dos relatos en una semana; uno, a una revista comercial y otro a una pequeña revista literaria. Cuando la puerta se abre, parece que no se cierra; entonces es más fácil saber dónde mandar tu obra. A veces mis relatos no eran de un realismo convencional, sino que tenían un giro no realista, y me di cuenta de que las revistas de fantasía y de ciencia ficción  eran las que se los leían y no enarcaban las cejas diciendo “ ¿Y “esto” qué es?”.  Me encontré  que ahí tenían la mente más abierta que en los mercados convencionales. Después de esa primera incursión, sin prisa pero sin pausa, empezaron a llegarme más oportunidades.

 

 

Eso sí, hasta que firmé con una agencia, me tocaba a mí presentar mis manuscritos con mucha fe.

Y en este campo no sé muy bien qué recomendar, ahora es todo tan diferente con internet, la edición digital, la autopublicación… Por ejemplo, todo esto de autopublicarse la verdad es que no lo tengo muy claro. Intento entender lo que implica y adónde te lleva como escritora. Si te auto publicas sin ninguna red de promoción, sin manera de dar a conocer tu obra….¿Y si no te vendes a los del marketing? No lo sé, la verdad. No lo sé. Es maravilloso ver tus libros en papel, anda que sí, pero ¿ es realmente bonito si solo te leen tus familiares y tu círculo más cercano? No lo sé. En este momento, creo que nadie tiene el consejo ideal. Estamos viviendo una revolución. Solo nos queda imaginarnos dónde aterrizará el mundo editorial después de la revolución. Porque aterrizar, aterrizará.

 

 

(Imágenes—1-Karl Gestner/ 2-Brice Marden -2002/ 3- Vassili Kandinsky)

CAZADORES DE ROSTROS

 

 

“Casi siempre las calles están llenas de gente de aspecto pesaroso. A veces durante semanas, el pobre cazador de rostros regresa sin suerte de sus expediciones, sin una provisión con la que colmar su despensa de sueños.

Entonces sucede que un día hay demasiados. Hay princesas en las encrucijadas, reinas en los taxis, seres tan hermosos como el amanecer sobre los techos de los autobuses, y puede verse a los dioses mismos pasear por Piccadilly.”

Logan Pearsall Smith -“ Trivialidades y pensamientos” (traducción de Gabriel Insausti)

(Imagen -Georgia O’keeffe- Nueva York -1924- arhistoryarchive)

RELATO CORTO, RELATO EXTENSO

 

 

“La mejor prueba para valorar el alcance de una obra —decía Raymond Carver en “Sin heroísmos, por favor’ —, es preguntarse si la voz narrativa, la situación descrita, los personajes o los detalles permanecen en la memoria. Otra de las cosas en que me fijo es la voz del narrador, si me resulta o no forzada. Como la mayoría de lectores, huyo del tono lastimoso o excesivamente afectado. Tampoco pierdo el tiempo con los sabihondos. Tengo que sentir que hay algo en juego, algo que surta efecto entre frase y frase. En ese sentido, me gusta mucho la sutilidad de los relatos de Chejov. Esto me hace reflexionar sobre el tipo de narrativa que se está escribiendo actualmente. Me parece que hay una saludable intención  de alargar el alcance de las historias, que pasan de diez a cincuenta páginas, quizá con la intención  de acercarse a lo que hasta ahora han sido estrategias propias de la novela.

 

 

 

 

Cuando pienso en “La dama del perrito”, “En el barranco” y “Pabellón número 6”, tres de los relatos más extensos de Chejov, percibo que su intención era ésa desde el principio. Es posible que en cierto sentido el relato corto se empiece a sentir constreñido, como el poema en los últimos años. Los escritores jóvenes parece que prefieren explorar nuevos territorios al prescindir de lo inclusivo y optar por alargar el tapiz de las relaciones y los hechos.  Ensartarlo con un tejido pesado, difícil de manejar y apelmazado es uno de los riesgos que se corren, pero creo que al final se impondrá el talento de estos escritores. En un ensayo que escribí hace tiempo, aconsejaba a los escritores jóvenes “entrar y salir, sin demorarse”. Todavía es aplicable a los relatos que más me gusta leer, pero a todos nos gusta sentirnos liberados de nuestros “métodos prácticos” y me llama cada vez más la atención el relato largo, que ahora practico de vez en cuando.”

 

 

 

(Imágenes —1-Carver/ 2- Carver y Tess Gallagher  en 1984- foto Marion  Ettlinger —guardián/ 3- Carver trabajando)

TONI MORRISON Y ESCRIBIR AL AMANECER

 

“Escribir al amanecer —decía Toni Morrison, la escritora que acaba de morir — empezó como una necesidad. Cuando empecé a escribir tenía niños pequeños, y necesitaba usar el tiempo antes de que ellos dijeran ‘mamá’ – y siempre fue alrededor de las cinco de la mañana. Muchos años después, cuando dejé de trabajar en Random House, simplemente me quedé en casa un par de años. Descubrí cosas de mi misma que jamás se me habían ocurrido antes. Al principio no sabía cuándo quería comer, porque siempre había comido cuando era hora de almorzar o de cenar o de desayunar. El trabajo y los niños habían condicionado todos mis hábitos… no conocía los sonidos de mi propia casa durante los días de la semana: todo eso me hizo sentirme rara.

En 1983 advertí que tenía la mente más clara, mayor confianza y era en general más inteligente de mañana. El hábito de levantarme temprano, que me había hecho cuando los niños eran pequeños, se convirtió en una elección. No soy muy brillante ni muy ingeniosa ni muy inventiva después de la puesta del Sol.

 

 

Siempre que me levanto me preparo una taza de café cuando todavía es de noche —debe ser de noche— y después bebo mi café y contemplo la llegada de la luz. Para mí, la luz es el signo de la transición. No se trata de estar en la luz, sino de estar allí “antes de que llegue”. Tengo una rutina ideal que nunca he experimentado, que es tener, digamos, nueve días seguidos en los que no saldría de la casa ni atendería al teléfono. Y tener el espacio: un espacio donde tenga grandes mesas. Siempre termino con un espacio muy pequeño en cualquier lugar donde esté, y no puedo salirme de eso. Me acuerdo de esa mesa diminuta en la que escribía Emily Dickinson y me río cuando pienso : “Pobrecita, allí estaba”. Pero eso es todo lo que cualquiera tiene… tan sólo ese pequeño espacio. No puedo escribir regularmente. Nunca he podido hacerlo… en particular porque siempre he tenido un empleo de nueve a cinco. He tenido que escribir o bien fuera de esas horas, apresuradamente, o pasarme escribiendo casi todo el fin de semana o antes del amanecer.

 

 

Me es muy difícil escribir después del trabajo. He tratado de superar el hecho de no tener espacios ordenados compensándolo con una compulsión por la disciplina, de modo que cuando aparece algo urgente, algo que veo o comprendo de manera urgente, o cuando la metáfora es suficientemente poderosa, dejo todo de lado y escribo durante un periodo constante. Me estoy refiriendo a la primera versión. Para mí la  dificultad de escribir es escribir en un lenguaje que funcione silenciosamente sobre la página para un lector que no escucha nada. Para lograrlo, hay que trabajar muy cuidadosamente con lo que está “entre” las palabras. Con lo que no se dice. La medida, el ritmo y todo eso. Así, lo que una no escribe suele ser lo que da poder a lo que se escribe.”

TOÑI MORRISON, DESCANSE EN PAZ

 

 

(Imágenes-1-oprah con/ 2-teen Vogue/ 3- el diario es/ 4- hoy docs)

DORMIR

 

Durmió sobre sus manos.

Sobre una piedra.

Sobre sus pies.

Sobre pies ajenos.

Durmió en autobuses, trenes, aviones.

Durmió de guardia.

Durmió en el arcén.

Durmió sobre un saco de manzanas.

Durmió en un servicio público.

En un henal.

En el Super Dome.

Durmió en un Jaguar y en la parte trasera de una furgoneta.

Durmió en teatros.

En la cárcel.

En barcos.

Durmió en chozas y, una vez, en un castillo.

Durmió bajo la lluvia.

Con ampollas por el sol durmió.

A caballo.

Durmió en sillas, iglesias, en hoteles de lujo.

Durmió bajo techo extraño toda su vida.

Ahora duerme bajo tierra.

Duerme y duerme.

Como un antiguo rey.”

Raymond Carver – “Dormir” -(traducción de Jaime Priede)

 

 

(Imágenes -1- Félix Valloton/ 2- He Zubin- 2007 – Artnet)

DECORACIÓN DE VENTANAS

 

 

“Mis ventanas son detectives privados. Se abren con autoridad:

eligen dejar entrar o dejar fuera. Nada desanima su fervor.

Puedo tratarlas como un vacío, llenarlas con paisaje,

cubrirlas con cortinas, esconderme de ellas, cerrarlas, fijarlas con clavos.

Nada las desconcierta. Dejan entrar la luz del sol y

excluyen la noche: traen algo hasta ahora espontáneo

para influir en mi violenta inseguridad; jadean con lo que

dejan entrar, sin estar seguras de qué dejar fuera; mientras tanto

me podría ahorrar la molestia, mis indiferentes ventanas

espléndidamente me mantienen dentro, me aguardan hasta que termine.”

Dorothea Tanning – “Decoración de ventanas” – “Índice” -( traducción de Marta López Luaces)

(Imagen – Inge Morath – 1989)

PAISAJES DE HEMINGWAY

 

 

“Mirar la nieve, la lluvia, la hierba, tiendas de campaña, vientos, cambios de estación… charlar – decía Hemingway -, volver a ver a tus hijos, una mujer, otra mujer, varias mujeres, pero sólo una mujer de verdad,  algunos amigos, la velocidad, animales, cobardía, valentía, orgullo, co- ordinación, la migración de los peces, muchos ríos, la pesca, bosques, campos, todos los pájaros que vuelan, perros, caminos, toda la buena escritura, toda la buena pintura, las variaciones estacionales de la Corriente del Golfo, sus variaciones mensuales, los vientos alisios, corrientes alternas, la plaza de toros española, bares, vinos, el Prado, Pamplona, Navarra, Santiago de Compostela, Casper, Wyoming, Michigan, Florida, Arkansas, Montana.”

(Imagen – foto de Yousuf Karsh)

ESCRIBO COMO TODO EL MUNDO

 

 

“Escribo más o menos como todo el mundo, creo. Intento escribir con regularidad. Cada día me cuesta arrancar. Si consigo dejar una línea o unas pocas palabras que me ayuden a retomar el hilo, va un poco mejor. A veces el día va bien. A menudo, no. Me he resignado a la certeza de que lo que escriba me decepcionará. Escribo cuando no me apetece, pero no cuando me asquea. Creo que escribo para cierto tipo de persona – no voy a definir exactamente quién, aunque tal vez sea una mujer -, pero no para todo el mundo. Para una mujer inteligente, como dijo Bábel.

Así va confesando su tarea  y sus modos de trabajar James Salter enEl arte de la ficción”. “ Escribo a mano -continúa-, con un bolígrafo. Luego lo mecanografío con una máquina eléctrica. Podría usar un ordenador portátil, pero me gusta el sonido, ligeramente desacompasado, de las teclas. Tecleo con dos dedos. De hecho, de algún modo estoy componiendo. Escucho las palabras a medida que las escribo, o las cadenas de palabras. Me gusta volver una y otra vez sobre la cadencia que me conduce a las siguentes frases. A veces escribí un poco acerca de lo que me propongo escribir, unas palabras que abran el camino, y que quizá incluso decida incluir, pero todo está en suspenso.

 

 

(…) No siempre escribes en tu escritorio. Lo haces en otros sitios y te llevas el libro a cuestas. Te acompaña, lo tienes en la cabeza a todas horas, lo repasas, atento a posibles conexiones. Se convierte en tu principal compañero, en el sentido literal de la palabra, puedes hablarle en voz baja. Se convierte en tu único compañero. La escritura puede prolongarse diez días, como en el caso de Georges Simenon, o semanas, o meses, o años. Le pasa lo mismo a todo el mundo.”

 

 

(Imágenes- 1- Alexander Calder/ 2-Sigmar Polke – 2008/ 3-Jasper Johns)

ESCRIBIR QUE NO ESCRIBO

 

 

“Ahora mismo no estoy escribiendo. Es decir, estoy escribiendo aquí y ahora que no estoy escribiendo, porque me molesta el hecho de no escribir. Pero si nada tengo que escribir, no hay vuelta que darle. ¿Por qué no puedo esperar con paciencia hasta tener algo? ¿Por qué cuesta tanto esperar?

Porque no hago ninguna otra cosa igual de bien y ninguna otra cosa es igual de buena. Prefiero escribir  a hacer cualquier otra cosa.

Escribir es una tarea ardua que no sume al cuerpo en una actividad satisfactoria y una forma de alivio, sino en la quietud y la tensión. Suele ir acompañada de incertidumbres acerca de los medios disponibles y el resultado, y a menudo responde a la ansiedad. (“ Tengo que terminar esto antes de morir y terminarlo va a matarme”). En cualquier caso, al escribir me sumo en una especie de trance que no es agradable ni ninguna otra cosa. No tiene atributos. Es una inconsciencia del ego. Al escribir soy inconsciente de mi propia existencia o de cualquier existencia salvo en las palabras que suenan y forman ritmos y se conectan y forman sintaxis y la historia que ocurre.

 

 

Cuando no tengo nada que escribir no tengo ningún sitio adonde escapar, ningún remedio, nada que tome el control, ningún poder del que formar parte y ninguna satisfacción. Sólo puedo quedarme aquí con mi vejez y mis preocupaciones y confusiones y el miedo a que nada tenga sentido. Echo de menos y deseo el hilo de palabras que atraviesa el día y la noche y me conduce por el laberinto de los años. Quiero contar una historia. ¿Cómo conseguirla?

(…) Si quiero escribir y no tengo nada que escribir, me siento en efecto bloqueada, o más bien atragantada: llena de energía, pero sin nada en que emplearla, con pleno conocimiento de mi oficio, pero sin saber qué uso darle. (…) Es mejor quedarse quieta y esperar y escuchar el silencio. Es mejor  hacer alguna clase de labor que obligue al cuerpo a seguir un ritmo, sin ocupar la mente con palabras.

Llamo a esa espera “tratar de oir la voz”. Siempre ha sido eso, una voz. Pero es algo más que una voz. Es un saber del cuerpo. El cuerpo es la historia; la voz la cuenta.”

Ursula K. Le Guin “Cuerpo viejo que no escribe”  (artículo para el New York Times) (“ Contar es escuchar”-(Círculo de Tiza)

 

 

(Imágenes-1-Kin- ya -huang- 2007- artnet/ 2- Gerhard Richter- 1982- museo de Baden Baden/ 3- Georgia O ‘ Keeffe)

“EL NADADOR” DE JOHN CHEEVER

 

“Tardé en escribir este cuento – decía John Cheever–  tres días, tres semanas, tres meses. Casi nunca leo mi propia obra. Me parece una forma particularmente ofensiva de narcisismo. Es como poner grabaciones de la propia conversación. Es como mirar por encima del hombro para ver cuánto corrió uno. Por eso he utilizado con frecuencia la imagen del nadador, el corredor, el saltador. La clave es concluir algo y pasar a lo que sigue. También siento, aunque no con tanta fuerza como antes, que si miro por encima del hombro moriré. Este cuento fue muy difícil de escribir. Porque ni siquiera pude levantar la mano para opinar. Estaba cayendo la noche, el año terminaba… No era una cuestión de problemas técnicos sino de imponderables. Cuando el personaje descubre que está oscuro y hace frío, eso ya tiene que haber sucedido. Y, por Dios, sucedió. Después de terminar ese cuento sentí que estaba oscuro y hacía frío durante un tiempo. A veces, los cuentos más fáciles para el lector son los más difíciles de escribir’.

 

 

Ahora que se publican las Cartas de Cheever – un paso más en la indagación de su compleja personalidad -, algunos de los cuentos del escritor norteamericano vuelven a la actualidad. “Hay aproximadamente quince cuentos que me hicieron sentirme particularmente bien. Amaba esos cuentos, amaba a todo el mundo…amaba los edificios, las casas…estuviera donde estuviera. Era una sensación grandiosa. La mayoría eran cuentos escritos en un período de tres días y con una extensión de aproximadamente treinta y cinco páginas. Los amo, pero no puedo reelerlos, en muchos casos, dejaría de amarlos si volviera a leerlos”.

Comentando los cuentos de Cheever, Harold Bloom opinaba que no se le podía mencionar entre los modernos narradores americanos de mayor eminencia pero que sí en cambio permitía una comparación bastante favorable con los autores de segundo orden, como Sherwood Anderseon, Malamud, Updike, Carver o la canadiense Alice Munro. Como les pasa a ellos – comentaba Bloom – adolece de la originalidad imperecedera de Hemingway y Faulkner, pero Cheever tiene la misma seguridad y el mismo esmero que Updike.

 

 

(Imágenes-1- William Mackinnon– 2015/ 2-Maria Svarbova– 2016/ 3- Benjamin Anderson)

A TODAS LAS CHICAS

 

 

“A todas las chicas

de todas las edades

que van y vienen por las calles

de esta ciudad

calladas o de cháchara

y posan

los pies en el suelo

primero uno luego el otro

uno dos

uno dos a veces

se paran a mirar

algún escaparate y de nuevo

forman la fila que va

de aquí a la China

por todas

partes de acá

para allá

de allá para acá”.

 

William  Carlos Williams – “Perpetuum Mobile”

(Imagen- Look Fashion)

TERMINAR UN LIBRO

 

 

“Mañana si todo sale bien, terminarás tu libro: “solo el primer borrador”, pero ya estás mostrando síntomas que indican un término, un final que se parece más a la liberación que a la entrega. Te estás poniendo impaciente e irritable, es probable que pronto te sumerjas en la hosquedad. De hecho, pasado mañana, incluso aunque quede mucho trabajo por hacer, el libro ya no será algo imaginado sino algo escrito. Dejará de ser una gestación para convertirse en un acto logrado; ya no será un conjunto de posibilidades sino una realización particular de ellas. Un niño en el útero significa la vida misma;  una vez afuera, es un mocoso definido y particular. Lo que queda por hacer – alimento y educación – tiene su interés e importancia, pero los padres quedan pegados a un conjunto final de oportunidades para observar y para alentar que se desarrollen. Los sueños de gloria son dejados a un lado frente a pequeños imperativos prácticos. Si alguna vez llega, la gloria vendrá años después, cuando ya no tenga ninguna conexión con la esperanza fácil,  consoladora que el trabajo todavía sin hacer generaba. Ya no podrás esperar el final consumado, el triunfo de tus ansias. Si el final se consuma, o es solo una promesa de consumación, o una desilusión total, dará lo mismo; o al menos no se parecerá en nada a terminar las cosas. Habrás sido vaciado: no habrá nada sobre lo que preocuparse, nada con lo que sentirse seguro, nada que esperar respecto a la absoluta realización de tu poder en el lenguaje. Al mismo tiempo, todo esto es irrelevante, impreciso y ridículamente engañoso”.

Harry Mathews – “Veinte líneas por día”  – 16 de marzo de 1983

(Imagen – Paul Serusier)