CUADERNO DEL AGUA (2) : FUENTES , SURTIDORES Y LAGUNAS

 


El español Joaquín Turina en sus ” Danzas gitanas” habla de esos surtidores del agua de la Alhambra. Rusiñol recogerá el paso del agua en el Patio de los Leones de la Alhambra en 1887.  Lorca canta a los surtidores en el Cuarto Dorado del Palacio de Comares en la Alhambra. Surtidores de agua glosará Juan Ramón en ” Olvidos de Granada” (1924) Y surtidores aparecen  también en fuentes famosas como las que retrata el italiano Respighi con su poema sinfónico sobre la fontana de Trevi  en la mañana, la tarde y el anochecer. Debussy, que desde tantos ángulos trató musicalmente el agua, habla del chorrear del agua en sus “Jardines bajo la lluvia”( 1904) Los manantiales ya habían sido tratados por Listz en  sus “Años de peregrinaje” cuando compone “Al pie de un manantial” y esos  murmullos del agua de manantiales y arroyos los había abordado Beethoven en el segundo movimiento de su “Pastoral”, como la tormenta asomaba en su cuarto movimiento. Es el sonido de una cascada el que recogerá igualmente Richard Strauss en su “Sinfonía alpina”. Y como algo curioso  el francés Paul Sébillot anotará en su ” folklore de las aguas” que “rara vez está el diablo en las fuentes y en cambio sí el nombre de los santos”.

 

Respecto a las fuentes,  su agua durante siglos ha estado unida a la música. Hay que evocar la Fuente de los Cuatro Ríos de Bernini en la romana plaza Navona y  la escalera del agua del Generalife en la Alhambra. Aguas proféticas manan de la fuentes, se decía ya en los misterios egipcios, y las fuentes hablaban como oráculos señala Tácito.  Fuentes que a lo largo de siglos han aparecido como obras de arte en ciudades de Suiza y de Italia.

 

 

“El agua  ensimismada, ¿ piensa o  sueña?”, se preguntará ante un estanque Maria Zanbrano. Monet, por su parte, construyó en Giverny un jardín acuático y varios estanques de azucenas, logrando un amplio rincón incomparable de agua y de color. Debussy, en 1905, escribe “Reflejos en el agua”, dedicado a la luz en el estanque, y a su vez Dalí pintará la imagen de Narciso reflejada en un estanque en su “Metamorfosis de Narciso”. El pintor Patinir mostrará “El paso de la laguna Estigia”, que puede verse en El Prado.

 

El español Joaquín Turina en sus ” Danzas gitanas” habla de esos surtidores del agua de la Alhambra. Rusiñol recogerá el paso del agua en el Patio de los Leones de la Alhambra en 1887.  Lorca canta a los surtidores en el Cuarto Dorado del Palacio de Comares en la Alhambra. Surtidores de agua glosará Juan Ramón en ” Olvidos de Granada” (1924) Y surtidores aparecen  también en fuentes famosas como las que retrata el italiano Respighi con su poema sinfónico sobre la fontana de Trevi en la mañana, la tarde y el anochecer. Debussy, que desde tantos ángulos trató musicalmente el agua, habla del chorrear del agua en sus “Jardines bajo la lluvia”( 1904) Los manantiales ya habían sido tratados por Listz en  sus “Años de peregrinaje” cuando compone “Al pie de un manantial” y esos  murmullos del agua de manantiales y arroyos los había abordado Beethoven en el segundo movimiento de su “Pastoral”, como la tormenta asomaba en su cuarto movimiento. Es el sonido de una cascada el que recogerá igualmente Richard Strauss en su “Sinfonía alpina”. Y como algo curioso  el francés Paul Sébillot anotará en su ” folklore de las aguas” que “rara vez está el diablo en las fuentes y en cambio sí el nombre de los santos”.

Respecto a las fuentes,  su agua durante siglos ha estado unida a la música. Hay que evocar la Fuente de los Cuatro Ríos de Bernini en la romana plaza Navona y  la escalera del agua del Generalife en la Alhambra. Aguas proféticas manan de la fuentes, se decía ya en los misterios egipcios, y las fuentes hablaban como oráculos señala Tácito.  Fuentes que a lo largo de siglos han aparecido como obras de arte en ciudades de Suiza y de Italia.

 

 

 

“El agua  ensimismada, ¿ piensa o  sueña?”, se preguntará ante un estanque Maria Zanbrano. Monet, por su parte, construyó en Giverny un jardín acuático y varios estanques de azucenas, logrando un amplio rincón incomparable de agua y de color. Debussy, en 1905, escribe “Reflejos en el agua”, dedicado a la luz en el estanque, y a su vez Dalí pintará la imagen de Narciso reflejada en un estanque en su “Metamorfosis de Narciso”. El pintor Patinir mostrará “El paso de la laguna Estigia”, que puede verse en El Prado.

El humedal de las tablas de Daimiel  y las lagunas de Ruidera aparecerán en El Quijote”. Edgar Allan Poe en diversos cuentos habla del “agua pesada” y  en sus “Historias extraordinarias” describió un lago “amable”  durante el día y que provocaba terror por la noche. Ruidera aparecerán también  en El Quijote”. Edgar Allan Poe en diversos cuentos habla del “agua pesada” y  en sus “Historias extraordinarias” describió un lago “amable”  durante el día y que provocaba terror por la noche.

 

 

 

((Imágenes— 1- Sorolla- La Alhambra/ 2-Roma- plaza de España/ 3- fuentes/- 4- Monet-Giverny/ 5- agua/ 6-Monet- nynpheas/ 7- fuente)

LOS CORRALES DE COMEDIAS ( y 2)

 


Cuando se habla del teatro en España en el siglo de Oro hay que recordar que incluso algunas localidades secundarias poseian su “Corral”, donde los aficionados organizaban representaciones contratando a veces a un actor profesional para que les ordenara la escenificación.  Pero eran sobre todo las compañías ambulantes — cómicos de la legua — las que permitían a las ciudades pequeñas ver representar las “ comedias” que constituían lo esencial del repertorio. En los “corrales” de Madrid las trifulcas por la ocupación de los asientos  eran muy frecuentes y a veces llegaban a ser sangrientas. En los “Avisos” de Pellicer se lee: “Ayer, don Pablo de Espinosa por diferencias sobre el banco en  la comedia, mató a un caballero llamado Diego Abarca y el matador quedó tan mal herido que está desahuciado”. En los “corrales” los llamados “mosqueteros” constituían una categoría particularmente temida — así lo recuerda Marcellin Dufourneaux al hablar de la vida cotidiana en la España del siglo de Oro —: no se trataba sólo de soldados sino de gentes del pueblo que se jactaban de ser especialmente entendidos en materia teatral y cuyos aplausos o silbidos decidían frecuentemente la suerte de alguna obra. “Se encuentran entre ellos —dice  Bertaut en su  “Guía de viaje por España”— todos los comerciantes y artesanos que, dejando su tienda,  vienen con capa, espada y daga, se llaman  todos “Caballero’, hasta un simple zapatero, y son ellos los que deciden  si una comedia es buena o no. Los zapateros no se conforman con juzgar sino que representan un papel esencial, por lo menos en Madrid, hasta tal punto que los autores dramáticos se esfuerzan a veces en asegurar por adelantado su apoyo para el estreno de su obra. Me han contado — añade Bertaut —que un autor fue a ver a uno de esos “mosqueteros” y le ofreció cien reales para que se mostrara favorable a su obra; pero éste respondió con altanería que ya vería si la pieza era buena o no, y la obra fue silbada.”

 

 

(Imágenes— 1-corral de comedias – national geographic/ 2-Corral de comedias — colegio de actores)

“LOS CUADERNOS MIQUELRIUS” : MEMORIAS (43) : LA BIBLIOTECA DEL PENSAMIENTO

 

(Dada la actual situación  que atravesamos – y que afecta también al ritmo y vida de las editoriales —he decidido ir  publicando aquí mis “Memorias”, tituladas “Los cuadernos Miquelrius”, que estaban previstas se publicaran dentro de unos meses y que quizá en su día aparezcan como libro.  Se están publicando desde el 30 de marzo, los lunes, miércoles y viernes en MI SIGLO)

 

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MEMORIAS (43) : La biblioteca del pensamiento

 

 

 

Hemos entrado, la periodista y yo, en este otro despacho que tengo, en el despacho del ensayo. Es más pequeño. Es otro mundo. Otro mundo distinto. Se advierte hasta en las estanterías, en cómo están colocados los libros; la periodista me lo ha hecho notar enseguida. Aquí apenas hay fotografías ni papeles recortados.

—¿También éste lo usa como “farmacia”…? – me ha preguntado al entrar, no sin cierto humor.

—No. Este despacho es otra cosa. Es un despacho de consulta. De consulta asidua. Aquí están, por ejemplo, mis amigos, los que me han ido formando y los que me siguen formando.

—¿Por ejemplo?

—Pues por ejemplo Montaigne, Pascal, Kenneth Clark, Steiner, Pietro Citati, ciertos libros de Ortega…

—Muchos no los conozco.

—Nos llevaría mucho tiempo hablar de ellos. Kenneth Clark, por ejemplo, es un gran historiador de arte británico, un excelente divulgador, que me ha enseñado el arte del paisaje o cómo valorar mejor una obra maestra. O Citati, un gran crítico italiano que me ha adentrado por muchos autores y muchas culturas. O Steiner, que me ha mostrado la importancia de la soledad, del silencio, la importancia de la música.

—¿Oye usted mucha música?

—No, no demasiada. Debería escuchar mucha más. No sé por qué me he inclinado más hacia la pintura.

—Veo que también a la poesía. Aquí hay varias estanterías dedicadas a la poesía.

—Si, la poesía es un hallazgo permanente. Una muestra de belleza sintetizada en la precisión. Muchas veces un regalo del lenguaje. Se aprende mucho leyendo poesía.

—¿Qué ha aprendido usted leyendo poesía?

—Pues las intuiciones condensadas en el lenguaje, la elección de las palabras, las expresiones absolutamente acertadas, asombrosas, inauditas. Pienso en Rilke, en Eliot, pero también entre los españoles en Ángel González, en Claudio Rodríguez, en Juan Ramón, en tantos otros…

—Y veo que también tiene aquí una balda entera dedicada a Cervantes…, ¿no ha querido colocarlo en el otro despacho, en el de la ficción?

—No. He preferido colocarlo aquí porque es uno de mis grandes amigos. Siempre me ha acompañado“El Quijote”. “El Quijote” y los estudios sobre “El Quijote”. Ellos me han enriquecido la vida continuamente. Es una enseñanza perpetua.

—¿Usted llega a las grandes obras a través de los estudios y los comentarios o las lee directamente, sin ayudarse de ningún comentario previo?

—Ambas cosas. Hay libros que son como montañas, que hay que ascender a ellas ayudándose, como usted dice, con especialistas, con investigadores. Pienso, por ejemplo, en “La divina Comedia”. Se leen partes de ella una primera vez directamente y luego se acude a un comentario; muchas cosas quedan iluminadas gracias a ese comentario certero – hay valiosísimos comentarios o estudios sobre Dante o sobre Shakespeare, por ejemplo – y entonces uno vuelve a leer, relee, vuelve a aprender.

—Repite usted con frecuencia esa palabra, “aprender”, le gusta, va con usted, ¿ siempre quiere aprender?

—Sí, es necesario aprender siempre, es algo capital, es de un enorme interés para enriquecer a la persona. La enriquece. Nunca se llega a aprender del todo. La vida es un aprendizaje. Pero los libros continuamente enseñan. Yo ignoro muchísimas cosas, pero intento mantener abierta la curiosidad, la curiosidad es esencial.

—La curiosidad es algo de lo que usted me hablaba el otro día al referirse al periodismo, algo que intentó también fomentar en sus alumnos…

—El periodismo ha cambiado mucho. Pero la curiosidad siempre será una de sus bases. Yo cuando daba clase les decía medio en broma a mis alumnos que me hubiera gustado examinarles en la puerta de la Facultad el primer día del primer año, antes de entrar, preguntándoles: “Usted, ¿por qué siente curiosidad? ¿qué le interesa? ¿qué le intriga?”. A más amplia curiosidad, mayores dotes para el periodismo. Pero también para la vida. Uno tiene que tener curiosidad por todo conforme se van cumpliendo años: estar al día. El mundo es muy cambiante y lo hace a toda velocidad. La curiosidad sana va hermanada con la juventud interior: interesarse, intrigarse ante lo desconocido. De alguna manera es lo que está usted haciendo, por ejemplo, con sus preguntas.

—Bueno, lo intento… Pero me gustaría hacerle ahora otra pregunta. Puesto que estamos en su despacho y a la vez hablamos de periodismo, de novela, de ensayo, de tantas otras cosas, ¿de qué forma se definiría usted? ¿Es más periodista, más escritor, más profesor…?

—Yo me considero más escritor y profesor. Mejor dichho, un mero artesano. Como escritor, un mero artesano. No hay que darle mayor importancia a ser escritor. No la tiene. Soy una persona que intenta trabajar con las ideas, con las palabras. Cada uno tiene en la vida unas aptitudes y yo creo que estoy más cerca de la creación y de la divulgación que de otra cosa. La divulgación está muy unida a la enseñanza y los treinta años que he dedicado a la enseñanza (y después, aprovechando las herramientas de internet, como ya le hablé), en el fondo lo que he hecho es divulgar algo de lo que sabía, intentar apasionar con un oficio pero también transmitir algunos saberes. Y a la vez, escribir, crear. Siempre que he tenido tiempo, y cuando no he tenido tiempo lo he buscado, me he dedicado a crear, a inventar historias, a desarrollarlas. Marañón se calificaba como un “trapero del tiempo”. Yo no sé si pudiera decir lo mismo, pero lo cierto es que en cualquier momento libre me he dedicado a anotar historias, a esbozarlas, eso que me gusta mucho en llamar “esbozos de esbozos”. Esos “esbozos de esbozos” que parecen nimiedades, meros borradores sin importancia, y con los que he llenado esos cuadernos azules pequeñitos que usted ha visto y otros blocs de notas muy numerosos que siempre me han acompañado, son los apuntes o esbozos que al final quedan, valen mucho, le mantienen a uno en tensión creadora, le suscitan ideas que casi son realidades, que son muchas veces definitivas realidades, algunas incluso son historias ya completas en sí mismas, otras habrá que trabajarlas mucho. Pero lo importante, como antes le decía, es aprender, leer, releer, anotar, escribir, mantener activas la imaginación y la memoria, no solamente para luchar contra el envejecimiento, sino porque uno está inclinado a eso, mejor o peor, uno está dotado para eso. Y por tanto hay que desarrollarlo.

José Julio Perlado — “Los cuadernos Miquelrius” —Memorias

(Continuará)

TODOS  LOS  DERECHOS  RESERVADOS

“LOS CUADERNOS MIQUELRIUS” : MEMORIAS (26) : FICCIÓN , MEMORIAS, CERVANTES

(Dada la actual situación  que atravesamos – y que afecta también al ritmo y vida de las editoriales —he decidido ir  publicando aquí mis “Memorias”, tituladas “Los cuadernos Miquelrius”, que estaban previstas se publicaran dentro de unos meses y que quizá en su día aparezcan como libro.  Se están publicando desde el 30 de marzo, los lunes, miércoles y viernes en MI SIGLO)

 

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MEMORIAS  (26) : Ficción, Memorias, Cervantes

 

 

—Me hablaba usted antes del “cementerio de los elefantes”…—me dice la periodista.

 

– Sí, “el cementerio de los elefantes”, como le comentaba el otro día, es para mí una gran lección. Uno se esfuerza en escribir, en trabajar, unas veces acierta y otras no, pero al fin, al paso de los años, uno acabará de una u otra forma en “el cementerio de los elefantes” ; eso suponiendo que uno sea “elefante”…, que yo no lo soy…

– Es usted muy modesto.

– No. Yo tal vez sea un elefante muy pequeñito, muy pequeñito, de los millares y millares de elefantes pequeñitos que hay entre los escritores del mundo. Cuando uno pasea por entre los títulos de tantas obras alineadas, de tantas colecciones organizadas por colores, por encuadernaciones o por premios, es como si uno paseara por un largo y aleccionador claustro haciendo meditados ejercicios espirituales literarios, con reflexiones sobre la caducidad de la fama y sobre la vacuidad de las cosas. Es un paseo muy necesario, muy higiénico.

. – Entonces, ¿qué es lo que queda de todo eso?

– Pues queda la obra bien hecha, lo que se ha hecho con dedicación, con amor, la satisfacción de haber intentado lograr una obra bien hecha. Es la satisfacción del intento, ni siquiera la del logro, que no siempre se consigue. Además, ese logro está completamente cercado de avatares.

– ¿Qué avatares?

– Pues avatares de todo tipo, de modas, de gustos, de costumbres. Piense usted que naturalmente ya no se escribe, por ejemplo, como Dickens o como Galdós, y sin embargo los dos intentaron la obra bien hecha, y en algunos de sus libros lo consiguieron. En el caso de Galdós, cuando un periodista va a verle y él está ya casi ciego al final de su vida, en un momento de la entrevista, le pregunta, “¿Pero usted, don Benito, después de sus cien libros y de sus numerosas obras de teatro; después, en fin, de medio siglo escribiendo, supongo yo que no trabajará por necesidad, sino por placer, por crear…? “. Y Galdós le contesta:- “!No, amigo!… A pesar de toda mi labor pasada, si en el presente quiero vivir, no tengo más remedio que dictar todas las mañanas cuatro o cinco horas y estrujarme el cerebro hasta que dé el último paso en esta vida”. Esto respecto al trabajo, que es algo más bien normal en cualquier persona. Pero luego vienen las modas, las costumbres, los cambios en los gustos, los avances en la forma de narrar, la influencia de los nuevos medios técnicos, del cine, de tantas cosas modernas en el mundo de la comunicación : todo ello marca naturalmente y repercute. Y también las devociones y los desprecios, los puntos de vista tan encontrados, muchas veces tan radicales. Le hablaba hace unos días de Bresson y de mi conversación con él en París, de cómo él amaba a Dostoievski ; pues bien, si leemos las clases de Nabokov sobre literatura rusa Dostoievski queda muy apartado, y se ensalzan en cambio a Chejov o a Tolstoi. Por otro lado Gombrowicz desdeña a Camus, Canetti ataca a Iris Murdoch… etc, etc. Todo son puntos de vista diferentes y todos muy legítimos. Todo es cuestión de preferencias y de revisiones. Pero esto son cosas técnicas o teóricas, como usted ve, que sin duda interesan únicamente a los especialistas. Lo importante, como recordaba un autor destacado, es que no puede quedar bien nada que no se haga con amor.

– ¿Usted cree que ha hecho las cosas con amor?

– No todas, pero en muchas lo he intentado, sobre todo en los últimos años. Es lo que queda: la esencia de lo que queda cuando se escribe. Pienso que así debía ocurrir en todas las cosas de la vida.

 

. 15 mayo.

 

En “La Barranca” – Navacerrada

 

 

Antesdeayer, lunes, de nuevo con Senabre en “La Central”, aprovechando que venía él de Alicante a Madrid para pasar aquí unos días. Lo pasamos muy bien. Días atrás le había mandado varias páginas de este libro para que las leyera y la verdad es que aprendí mucho cuando las comentó, como siempre que hablamos de literatura. Al aludir a mis descripciones de la casa de la calle de Goya su pensamiento, me dijo, se le había ido casi sin querer a escritores que habían dedicado páginas a las casas, tanto en su exterior como en su interior, que son muchos, y luego nuestra conversación se desvió por este tema de las casas y acabamos nada menos, mejor dicho acabó Senabre, citando al siglo de Oro y a Vélez de Guevara, con su “Diablo cojuelo” que tanto le gusta , el autor que levantaba los techos de las casas de Madrid. Yo le recordé, en otro sentido, a un escritor que me interesa mucho, Georges Perec, por sus experiencias literarias, y comentamos la enumeración exhaustiva y minuciosa que él hace de la casa de pisos en la calle Simón -Crubellier de París. Y así nos entretuvimos casi toda la mañana hablando de casas en general y luego del libro de Sandra Petrignani “ La escritora vive aquí” y de las casas de las autoras que ella describe. Como siempre, una conversación muy aleccionadora y agradable.

Y al fin, tras esta conversación del lunes con Senabre, he decidido incluir en estos “ Cuadernos Miquelrius” algunos de los cuentos que he escrito en estos años. Es cierto que nada tienen que ver con el tronco central de la larga entrevista que me está haciendo la periodista, y ello hasta me mantenía dudoso y preocupado. Pero al confesarle el lunes a Senabre mis dudas él me ayudó enseguida, como hace siempre. Defendió toda clase de cuentos, relatos o episodios intercalados que suelen aparecer en muchas obras literarias y me puso muchos ejemplos. Ante mi sorpresa, y en medio de la conversación a media mañana, se levantó de uno de los sillones en donde charlábamos, se acercó a una de las estanterías de “La Central”, y tomó el volumen del Quijote que editó hace ya varios años, en 1998, el Instituto Cervantes, un magnífico volumen con Notas complementarias. Senabre me leyó parte de lo que él mismo comentaba allí sobre las dudas de Cervantes en la Segunda Parte del libro y sobre si fue oportuna o no la inclusión en la Primera Parte del relato “ El Curioso impertinente”.

– Mira – me dijo Senabre – lo que Cervantes dice aquí por boca del Bachiller – y me leyó : “una de las tachas que ponen a la tal historia es que su autor puso en ella una novela intitulada “El Curioso impertinente”, no por mala ni por mal razonada, sino por no ser de aquel lugar, ni tiene que ver con la historia de su merced del señor don Quijote”. Muchos autores, por tanto, han incluido pequeñas historias ajenas a la historia central dentro de sus libros. Y lo que estás haciendo, añadió, es perfectamente razonable, e incluso, creo, puede darle mayor variedad al libro. Por otro lado, en muchas de estas páginas que me estás mostrando aparecen varias facetas tuyas, la de profesor, periodista o conocedor de escritores, tus encuentros con artistas diversos y tus reflexiones, cosas que han sido una constante en tu vida, pero tampoco tienes por qué esconder tu perfil de cuentista y de novelista, y esto cabe perfectamente en un volumen al que tú de algún modo calificas de Memorias. Piensa, por ejemplo, en algunas obras de Sergio Pitol que mezcla diversos géneros. O en los relatos que en medio de sus “Diarios” introduce de pronto Ricardo Piglia. Pero tampoco hay que ceñirse a Pitol o a Piglia. Cervantes, como digo, mete relatos intercalados en la Primera y en la Segunda Parte del Quijote, Mateo Alemán introduce cuatro novelas breves, cuentos y anécdotas para dar variación a su “Guzmán”, e incluso Graham Greene defiende esos relatos breves dentro de una obra, que para el creador, así lo llama él, son otra forma de escape. Muchos han aplicado esa fórmula.

Todo esto me ha animado a incorporar más relatos. Me ha dejado tranquilo. Introduciré en estas Memorias el relato “Caligrafía”.

 

José Julio Perlado — “Los cuadernos Miquelrius” — Memorias

 

(Continuará)

TODOS  LOS  DERECHOS  RESERVADOS

TODAS ESTAS BORRASCAS QUE NOS SUCEDEN

 

 

“—Sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro, si no hace más que otro. Todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas, porque no es posible que el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue que, habiendo durado mucho el mal, el bien está ya cerca. “

(Cervantes—“Don Quijote de la Mancha” —Primera parte- capítulo XVlll)

 

(Unamuno, en su “Vida de Don Quijote y Sancho”, comentando estos párrafos, escribe: ”…, pues si la noche se sucede al día, vuelve nueva noche tras este nuevo día, y así entre luz y tinieblas vamos viviendo y marchando a un término que no es ni tinieblas ni luz sino algo en que ambas se aúnan y confunden, algo en que se funden corazón y cabeza y en que se hacen uno Don Quijote y Sancho”)

 

 

 

(Imágenes-1– Masami Tada—artnet / 2- Constable—1822–museo Victoria Alberto)

EL HUMOR ESPAÑOL

 

 

“El humor —me decía Pedro Sáinz Rodríguez charlando en su casa en 1977 — es la reacción  personal ante la realidad; esa reacción —según la categoría y la cultura del personaje — tiene unos valores u otros. La reacción , por ejemplo, que tiene el español ante la riqueza — que es una reacción de desconfianza a priori —no quiere decir que los españoles sean más honrados que otros (porque ya sabemos que esta mentalidad coincide con un estar templado por un sentido religioso y con la picaresca, que son los dos polos del genio español); sin embargo, las dos cosas se unen precisamente en “Guzmán de Alfarache”, un libro transcendental, porque en él hay una especie de síntesis de la preocupación moral y de la verdadera picaresca; allí están las dos cosas más o menos unidas: la filosofía del pícaro contradice su conducta, que es, en general, la posición del pecador. El pecador es alguien que sabe la moral y no la practica, pero es creyente, porque si no, no se sentiría pecador, ya que ignoraría la norma; no, la conoce y la vulnera, que eso es el pecador.

 


El genio humorístico español tiene una característica  que pudiéramos llamar benevolencia, humanidad, ternura: lo que impregna  todo El Quijote, y el humor de Velázquez: los enanos de Velázquez, todos esos personajes un poco monstruosos, no están descritos con amargura, sino con compasión, con benevolencia ; la amargura que hay en el humorista inglés Swift, ése es un tipo de humor amargo, acre, triste;  ése no es el humor español. Pienso que el humorismo es la flor de la cultura, porque es la reacción  del hombre ante la vida y ante lo que le rodea, hecha con benevolencia y con criterio propio.”

 


 

(Imágenes –1-Anthony Gomley/ 2-Vicki Sher/ 3-Víctor Vasarely)

CERVANTES Y LA VOZ HUMANA

 

Quijote-nbf-ilustración de Gustavo Doré- biblioklept org

 

“Voces guturales, voces nasalizadas, en ocasiones frías y distantes, en otras lánguidas – así lo escribí una vez -, voces de gravedad, tonos rotundos, locuciones solemnes (…) Todas las intensidades entre silencio y lenguaje viven en los matices de la voz, en esas cuevas de la intimidad humana en la que el lenguaje domina al silencio”.

 

Quijote-nbbu- ilustración de Gustavo Doré- openculture com

Los encantos y  misterios de la voz humana fueron tratados muchas veces por Cervantes, como así lo quiso recoger el excelente estudioso Miguel Querol en “La música en las obras de Cervantes“( Comtalia). El gran escritor español, tan respetuoso por muchas características del ser humano, se interesa y detiene más aún que en los instrumentos que suelen acompañar a la voz, en la voz misma, levantada de pronto en el aire en medio de un capítulo del Quijote.

Quijote- hyyh- ilustración de Gustavo Doré- bibblioklept org

Es en el capítulo XLlll de la Primera Parte, cuando un mozo de mulas canta con “una voz tan entonada y buena” y obliga a todas las damas a que le presten oído. “Un mozo de mulas – escribe Cervantes -, que de tal manera canta, que encanta“( un juego de palabras que el novelista hace innumerables veces) . “Nadie podía imaginar – prosigue – quién era la persona que tan bien cantaba, y era una

 

Quijote-nhu-ilustración de Gustavo Doré- biblioklept org

voz sola, sin que la acompañase ningún instrumento“. Es en ese mismo lugar cuando exclama Dorotea: “Pero no me digáis nada por ahora, que no quiero perder, por acudir a vuestro sobresalto, el gusto que recibo de oír al que canta”.

 

Quijote-uvcc-ilustración de Gustavo Doré-openculture com

Querol nos lleva igualmente a “La ilustre Fregona” en donde Cervantes escribe: ” una voz de hombre que… cantaba con tan maravillosa y suave armonía, que los dejó suspensos y les obligó a que le escuchasen hasta el fin”. Y enPersiles y Sigismunda” “oyeron que de la una de las otras dos barcas salía una voz blanda, suave, de manera que les hizo estar atentos a escucharla”.

 

Quijote-nhuu-ilutración de Gustavo Doré- openculture com

 

Pero el humor, el realismo y las expresiones gráficas de Cervantes destacan también en los preparativos para cantar: “…y habiendo recorrido los trastes de la vihuela y afinándola lo mejor que pudo – se lee en El Quijote – , escupió y remondóse el pecho y luego con una voz ronquilla aunque entonada, cantó…”

(pequeñas evocaciones en un 23 de abril y ante Cervantes)

 

Quijote- nnii- muerte de don Quijote- ilustración de Gustavo Doré- biblioklept org

 

(Imágenes.- ilustraciones del Quijote por Gustavo Doré.- biblioklept. org)

UN ESPACIO INTERIOR

 

interiores-bhy-ventana- Josef Sudek- mil novecientos cincuenta

 

“Por la mañana me levanto con el sol y me voy a un bosque mío que estoy haciendo talar – le escribía Maquiavelo a Francesco Vettori en diciembre de 1513 – Una vez salido del bosque me voy  a una fuente (…) Por la carretera me dirijo a una posada, hablo con los que pasan, les pido noticias de sus tierras (…) Cuando cae la tarde, vuelvo a casa y entro en mi estudio; en la puerta me quito la ropa de todos los días, llena de barro y suciedad, y me pongo un traje de rey o cortesano; vestido decentemente entro en las cortes de los antiguos, donde, afablemente recibido por ellos, me alimento de esos manjares que son los míos, y para los que nací; y allá no me avergüenzo de hablar con ellos, ni de preguntarles las razones de sus hechos; y ellos me responden con humanidad; y durante cuatro horas no siento ningún tedio, me olvido de toda preocupación, no temo la pobreza, ni me espanta la muerte: me identifico totalmente con ellos”.

 

interiores-ugvv-silla- Erich Hartmann- mil novecientos setenta y cuatro

 

Es este el espacio interior que construye Maquiavelo, como lo construirá también Pascal y tantos otros. En tal ambiente íntimo se lee o se relee, se escribe y se medita. Siempre será necesario ese espacio personal para hombres y mujeres – esa independencia -, pero no siempre se consigue. Al hablar de los creadores y de sus distintos espacios interiores – los que de un modo u otro ellos han construido – quise evocar en “El ojo y la palabra”:

” Lo esencial es aprender a escribir en cualquier parte, con incomodidades o comodidad, con mucho o con poco tiempo, a horas distintas, en lugares diversos, en lugares creados por uno mismo, aprovechando retazos del día o de la noche, redactando de pie, en un atril, por problemas de espalda (como Hemingway), o viajando en tren a Chicago, escribiendo el capítulo catorce de Doktor Faustus (como hace Thomas Mann). Naturalmente no en todas partes se puede uno concentrar ni todos los sitios son los más indicados para trabajar de un mismo modo, pero en el arco de un proyecto o en las etapas de un proceso creador hay

 

interiores.-4vbbn.-William MacGregor Paxton.- 1969-1941

 

una fase para los apuntes y esbozos, otra para urdir las historias y sus claves, otra para bautizar personajes o trazar fechas y árboles genealógicos, otra para ampliar, reducir o modificar escenas, otra para pulsar y abocetar estilos que parecen incipientes y toscos pero que al fin madurarán y quedarán, y así podríamos seguir casi infinitamente atravesando las labores de invención y de observación, las habitaciones de cocción y de ajuste, los pasillos de la paciencia y de la perspectiva que, muy poco a poco, nos llevarán hacia el final. Ese célebre párrafo de El Quijote ‑Estando yo un día en el Alcaná de Toledo, llegó un muchacho a vender unos cartapacios y papeles viejos a un sedero; y como yo soy aficionado a leer aunque sean los papeles rotos de las calles, llevado desta mi natural inclinación tomé un cartapacio de los que el muchacho vendía.. no hay que aplicarlo sólo a la dedicación a la lectura (con ser ésta capital e importante), sino también a la dedicación a la escritura, mejor dicho, a la lectura y a la escritura a la vez, y entonces es como si ese capítulo IX de la Primera parte de El Quijote nos dijera: … y como yo soy aficionado a escribir aunque sea en los papeles rotos de las calles, llevado desta mi natural inclinación…, y uno prosiguiera diciendo: escribí en cualquier parte, tomé notas, apunté ideas, hice esbozos, redacté diálogos, perfilé personajes…, en fin…, escribí siempre, donde pude y en cuanto pude.

 

lectura-bhhi-interiores- Edmund Tarbell- mil novecientos nueve

 

Los ejemplos son numerosos. Juan Rulfo llevaba en el bolsillo una serie de papelitos verdes, blancos y azules en los que anotaba ‑decía él‑ lo que le dictaba alguien por la calle, cuando salía de su empleo. Al llegar a casa pasaba esas anotaciones a limpio. Así ‑proseguía‑ surgió Pedro Páramo. Es decir, así surgió el germen del sencillo lenguaje hablado en la obra de Rulfo. Esos papeles en que se apuntan cosas diversas, esos pliegos contenidos en una carpeta ‑pues todo eso se abarca en la palabra cartapacio‑es lo que llevaba Stravinsky en sus viajes en avión. En todos sus viajes, tiene siempre a mano ‑cuenta Robert Craft‑ papel pautado, o bolígrafos y papel sin rayar (…) Cualquier trozo de papel, un sobre de carta, el dorso de un menú o de un programa, una servilleta, el margen arrancado de un periódico, todo le sirve para sus anotaciones, y por ello las páginas de las agendas a las que tiene pegados tales bosquejos presentan el aspecto de collages. Stravinsky pone la fecha a cada uno de estos esbozos y hace uso de lápices de colores, debido a que, según dice, si no se hace así resulta muy difícil comprobar los errores, aunque, evidentemente, en el fondo hay algo más que esto, siendo en realidad la manifestación de una poderosa compulsión psicológica que le obliga a ser ordenado.

 

interiores-yvvd-Henry Alexander

 

Todo esto quiere decir que Stravinsky, como tantos otros artistas y creadores, inventa un espacio personal por encima de las paredes físicas y de la habitación propia. El tema ‑la necesidad‑ de tener una habitación propia ‑(esencialmente para la mujer, pero no sólo para la mujer, sino vinculada al quehacer del escritor o del novelista)‑ fue una constante en Virginia Woolf que con ese mismo título publicó un libro en 1929. Si es que podemos profetizar ‑señalaba‑, en el futuro las mujeres escribirán menos novelas, pero mejores, y no sólo escribirán novelas, sino también poesía, crítica e historia. Pero, al decir esto, estamos mirando a lo lejos, a esa dorada y quizás fabulosa época en que las mujeres tendrán lo que durante tanto tiempo les ha sido denegado: tiempo libre, dinero, y un cuarto para ellas. Tres años antes había comentado: [El novelista] debe enfrentarse con la vida, debe arriesgarse a que la vida le haga víctima de sus engaños y le desoriente, debe arrancar su tesoro a la vida (…) Pero, en determinado momento, ha de alejarse de la sociedad, y retirarse, solo, a esta misteriosa habitación en la que su cuerpo se endurece (…)  En una de sus cartas confesaba: cómo me gustaría tener un cuarto enorme para mi sola, sin otra cosa que libros, donde poderme encerrar, y no ver a nadie, y leer hasta encontrar la tranquilidad.

 

interiores-nhyy-Vilhelm Hammershoi

 

 

Pero como Stravinsky con sus servilletas en los aviones ‑aprovechando retazos de tiempo y no esperando a las comodidades‑ el Diario de Virginia Wolf está lleno de anotaciones como ésta: tengo exactamente 5 minutos antes de la cena… (17 de septiembre de 1928); así que puedo llenar la media hora antes de la cena escribiendo (22 de agosto de 1929). Y preocupada por su cocina: Pero lo que me interesa, por supuesto, es mi cocina de petróleo (…) En este momento se está haciendo mi cena en los platos de cristal, perfectamente espero, sin olores, desperdicio ni confusión; uno gira los mandos y hay un termómetro. Y así me veo más libre, más independiente ‑y toda la vida es una lucha por la libertad‑, capaz de venir aquí con unas chuletas en una bolsa y vivir sola. Repaso los platos que prepararé, los ricos estofados, las salsas. Los arriesgados platos extraños con un toque de vino. (…) Ayer por la mañana empecé otra vez Las falenas [Las olas], pero ése no será el título. Y varios problemas claman enseguida pidiendo una solución. ¿Quién lo piensa? ¿Estoy yo fuera del pensador? Se necesita un recurso que no sea un truco. (…) Ahora debo irme a ver cómo mi cocina hace el jamón. (25 de septiembre de 1929).

Por tanto, ella escribe en su habitación ‑(mi nueva habitación tiene ya un metro de altura y los marcos de las ventanas están puestos; bastante horrible, porque tapa el tejado del garaje y los “downs”, ambas vistas más agradables de lo que yo pensaba) (Diario, 5 de noviembre de 1929) ‑o escribe en la cocina o en cualquier parte”.

 

escritores.-85fo.-Virginia Woolf.-Gisèle Freund.-1939- Galería Nacional de Retratos. de Londres.-foto.-los Bienes de Gisèle Freund, por cortesía de la Naional Portrait Gallery.-Londres

 

 (Imágenes.- 1.- Josef Sudek.-1950/ 2.-Erick Hartmann- 1964/ 3.-William McGregor Paxton– 1969/ 4.-  Henry Alexander/5.- Vilhelm Hammershoi/ 6.- Virginia Woolf- Gisèle Freund- 1939.-Galería de retratos de Londres- foto: los bienes de Gisèle Freund– por cortesía de la National Portrait Gallery) 

ELOGIO DE LOS PRÓLOGOS

Escritores.-3d3.-Sranislw Lem.-wikipedia

 

“El arte de los prólogos – dice Stanislaw Lem enUn valor imaginario(Bruguera)  -lleva tiempo clamando por que se le otorguen títulos de nobleza. Asimismo, yo llevo tiempo sintiendo el apremio de dar satisfacción a esa literatura marginada, que guarda silencio sobre sí misma desde hace cuarenta siglos, esclava de las obras a las que vive encadenada (…) Tiene este género, sometido a tan duras pruebas, su estado inferior, el de los Prólogos mercenarios, porteadores, jornaleros y oscuros, ya que la esclavitud degrada (…) Además de los prólogos comunes existen jerarquías: Prefacios e Introducciones; no hay tampoco igualdad entre los Prólogos corrientes, ya que son dos cosas muy diferentes un prólogo a un libro propio y uno hecho para un libro ajeno (…) El prólogo es a veces un sobrio entrar en materia, dictado por la dignidad y la responsabilidad, una garantía avalada por la firma del autor o, en otras ocasiones, una manifestación – forzada por las conveniencias sociales, superficial aunque amigable – del compromiso, en realidad simulado, que una persona revestida de autoridad contrae con el libro.”

 

POLAND LEM OBIT

 

Y así va contando el escritor polaco sus teorías sobre el prólogo para adentrarse después en diferentes prólogos a libros inexistentes: “Necrobias” de Strzybisz, “La Eurintica” de Reginald Gulliver, la “Historia de la literatura bítica” en cinco volúmenes, la “Extelopedia Vestrand” o “El Golem XlV” publicado en 2029.

Es la fantasía transformada en prólogo, la imaginación desbordada en introducciones a obras nunca escritas, una muestra del gran ingenio de Lem. El prólogo ha sido a veces denostado e infravalorado, se ha pasado sobre él en ocasiones con descuido y frivolidad. Y sin embargo grandes prólogos escribió Borges reunidos después en  su “Biblioteca personal” y estudios certeros y completos se han hecho sobre “el prólogo como género literario“, como los analizados por Alberto Porqueras Mayo. En su gran trabajo – que luego descenderá a considerar “El prólogo en el Renacimiento español” y  “El prólogo en el manierismo y barroco españoles” – , el profesor Porqueras alude a prólogos importantes, algunos de ellos revestidos de doctrina y con un estilo bello y solemne. Así, por ejemplo, los de Juan de Mena, Alvaro de Luna, el Marques de Santillana y el prólogo al Cancionero de Baena“. Mención aparte serían los famosos prólogos al Quijote, con la gracia novelística del primer prólogo de 1605, como señala Elías R Rivers, tan distinta a la del célebre prólogo de la Segunda Parte, de 1615.

 

escritores-bbhh-Borges- Tullio Pericoli

 

Hace ya cinco años quise rescatar en Mi Siglo un prólogo de memorable prosa como es , a mi parecer, el de Ortega a”Veinte años de caza mayor”, del conde de Yebes, y ese extracto  lo reproduzco nuevamente aquí:

 

paisajes.- 477h.- caza.- Max Liebermann.- 1913

 

“De pronto, un ladrido de can apuñala el silencio reinante – escribe Ortega . -Este ladrido no es meramente un punto sonoro que brota en un punto del monte y allí se queda, sino que parece estirarse rápido en una línea de ladra. Oímos y casi que vemos correr suelto el ladrido, hilvanarse veloz por el espacio con algo de errática estrella. En un instante, sobre la placa del paisaje se ha trazado la raya del ladrido. A este siguen muchos de voces distintas avanzando en el mismo sentido. Se adivina la res que, levantada, va en carrera vertiginosa, como viento en el viento. Todo el campo se polariza entonces; parece imantado. El miedo del animal perseguido es como un vacío donde se precipita cuanto hay en el contorno. Batidores, perros, caza menor, todo allá va, y aun los pájaros, asustados, vuelan presurosos en esa dirección. El miedo que hace huir a la res sorbe entero el paisaje, lo succiona, se lo lleva corriendo tras de sí, y hasta al mismo cazador, que por fuera está quieto, le golpea el corazón montado en su taquicardia. El miedo de la res… Pero ¿es tan cierto que la res tiene miedo? Por lo menos su miedo nada tiene que ver con lo que es el miedo en el hombre. En el animal el miedo es permanente, es su modo de existir, es su oficio. Se trata, pues, de un miedo profesional, y cuando algo se profesionaliza es ya otra cosa. Por eso, mientra el pavor hace al hombre torpe de mente y moción, lleva las facultades del bruto a su mayor rendimiento. La vida animal culmina en el miedo. Sortea el venado, certero, el obstáculo; con precisión milimétrica se enhebra raudo por el hueco entre dos troncos. Hocico al venteo, corvo hacia atrás el cuello, deja gravitar a su paso la regia astamenta que equilibra su acrobacia, como el balancín la del funámbulo. Gana espacio con prisa de meteoro. Su pezuña apenas toca la tierra; más bien – como dice Nietzsche del bailarín – se limita a reconocerla con la punta del pie; reconocerla para eliminarla, para dejársela atrás. De súbito, sobre el lomo de un jaro aparece al cazador el ciervo; lo ve sesgar el cielo con garbo de constelación, lanzando allá al dispararse los resortes de sus cabos finísimos. El brinco de corzo o venado – y más aún el de ciertos antílopes – es, acaso, el acontecimiento más bonito que se da en la Naturaleza. De nuevo gana el suelo a distancia, y acelera su fuga porque le andan ya en los jarretes resoplando los perros – los perros, fautores de todo este vértigo, que han transmitido al monte su genial frenesí y ahora, en pos de la pieza, con la lengua péndula, tendidos a todo su largo los cuerpos, galopan obsesos: podenco, alano, sabueso, lebrel”.

animales.-teed.-perro.- Andrew Wyeth

 

(Imágenes. – 1. -Stanislaw Lem-wikipedia/ 2-Stanislaw Lem/ 3.- Borges, por Tullio Pericoli/ 4.-Max Liebermann- 1913/ 5.-Andrew Wyeth)

 

VIAJES POR ESPAÑA (6) : LA MANCHA, LA CUEVA DE MONTESINOS

 

 

cueva de Montesinos-nnbbu -Gustavo Doré -h-net org

 

España está llena de profundidades no siempre advertidas por los viajeros, ni aun por los más perspicaces y detallistas – escribe Gregorio Marañón prologando “La ruta de los foramontanos de Víctor de la Serna -. Existen países, maravillosos, que se conocen al pasar; y otros que sólo se comprenden descendiendo a sus simas profundas y misteriosas. Uno de estos últimos es España, que es lo que se ve, y, además, su misterio. Pero el misterio, que en sí es como una negación de la realidad, se hace realidad cuando se acierta a penetrar en él y se le ve desde dentro.”

 

cueva de Montesinos- vvccb-molinos de viento en Campo de Criptana

 

 

(…) Si lo pensamos bien, nos damos cuenta de que en el descubrimiento de la Mancha que hizo Don Quijote, porque la Mancha está toda inventada por él y para siempre,  tiene tanta importancia como la venta y los caminos polvorientos y el horizonte infinito de la llanura al amanecer, toda aquella maravillosa fantasía que vio en el fondo de la Cueva de Montesinos.

 

(“Don Quijote dijo que aunque llegase al abismo, había de ver dónde paraba; y, así, compraron casi cien brazas de soga, y otro día a las dos de la tarde llegaron a la cueva, cuya boca es espaciosa y ancha, pero llena de cambroneras y cabrahigos, de zarzas y malezas, tan espesas e intrincadas, que de todo en todo la ciegan y encubren (…) Y en diciendo esto se acercó a la sima, vio no ser posible

 

cueva de Montesinos- weexz-aguasderuidera es

 

descolgarse ni hacer lugar a la entrada, si no era a fuerza de brazos o a cuchilladas, y, así, poniendo mano a la espada comenzó a derribar y a cortar de aquellas malezas que a la boca de la cueva estaban, por cuyo ruido y estruendo salieron por ella una infinidad de grandísimos cuervos y grajos, tan espesos y con tanta priesa, que dieron con don Quijote en el suelo; y si él fuera tan agorero como católico cristiano, lo tuviera a mala señal y escusara de encerrarse en lugar semejante.” (Segunda Parte, capítulo XXll)

 

 

cueva de Montesinos- ttddc-círculo de los hermanos Le Nain.-mil seiscientos cincuenta- foto National Gallery- Escocia- colección privada

 

“Si no fuera por la Cueva de Montesinos sigue diciendo Marañón -, La Mancha no sería un país inmortal, sino una estepa como cualquier otra. De aquí el que algunas gentes superficiales puedan decir, con razón, que les decepciona el país manchego. Son, los que así hablan, los incapaces de bajar a  la sima o los que creen que son locuras las cosas prodigiosas que se encuentran en el fondo de ella. Otros, en cambio, los que poseen la santa capacidad de creer en lo que no existe, no pueden dar un paso por La Mancha sin que el presentimiento o el recuerdo de la Cueva de Montesinos les apriete el corazón.

 

cueva de Montesinos- vvttbb-Honoré Fragonard-Don Quijote en su biblioteca- mil setecientos ochenta- Londres-. British Library

 

 

Mas en España hay muchas cuevas de Montesinos, unas ya exploradas; otras, la mayoría, no; y aun las exploradas tienen perennemente reservado una parte de su misterio. Esa dualidad de actitud en el viajero ocurre, por lo tanto, no sólo en La Mancha, sino en todas partes. De donde el hecho antiguo y moderno, irremediable, de que respecto a España no sea fácil ese unánime juicio que inspiran a sus visitantes otros territorios del mundo, calificados de hermosos o de interesantes en la cotización oficial de las agencias de turismo. España sólo inspira atracción apasionada o rabioso desdén. Esto es también hermoso. Hace tiempo escribí que el extranjero, al pasar la frontera ibérica, no trae nunca los ojos vírgenes, sino que se cala, invariablemente, unas gafas de color; y este color es siempre o rosado o negro. Todo depende de que el viajero sepa o no bajar a la Cueva de  Montesinos.”

 

cueva de Montesinos-yewwx-Louis Surugue según Charles Coypel- Don Quijote conducido por la locura- mil setecientos veinticino

 

(Imágenes.-1.-la cueva de Montesinos- ilustración de Gustavo Doré/ 2.- molinos de viento.-Campo de Criptana/ 3.-cueva de Montesinos-aguasderuidera.es/ 4.-círculo de los hermanos Le Nain – 1650-National Gallery- Escocia- colección particular/ 5.-Honoré Fragonard-Don Quijote en su biblioteca-1780- Londres. British Library/ 6.-Luis Surugue según Charles Coypel- Don Quijote conducido por la locura- 1725)

ENTREVISTA A CERVANTES

dibujos.-tiij.-Franccisco de Goya.-Don Quijote acosado por monstruos.-The British Museum

(Copio aquí el artículo que hace algunos años publiqué en Alenarterevista.- Mi pequeña evocación y recuerdo al ilustre académico y gran especialista de EL Quijote, Martín de Riquer, que acaba de fallecer. Descanse en paz)

-”Yo apostaré  – dijo  Sancho – que antes de mucho tiempo no ha de haber bodegón, venta ni mesón, o tienda de barbero, donde no ande pintada la historia de nuestras hazañas”.

Y así ha sido, así se ha cumplido esa sentencia de Sancho que asoma en la Segunda Parte del Quijote, en el capítulo setenta y uno.

Las dos figuras – Don Quijote y Sancho – asaltan los caminos desde anuncios inesperados, bailan sus carteles en puertas de restaurantes y tahonas, presiden  plazas del  mundo,  con su nombre son bautizados enclaves decisivos y quedan dibujados en portadas y en  cuadernos. Como dice Edward C. Riley, uno de los más reconocidos estudiosos cervantistas, si uno puede vender literalmente su imagen, es porque ha alcanzado las condiciones para la celebridad en el siglo XX. Ahora, nosotros añadiríamos, también  en el siglo  XXl.

¿Quiere esto decir que se lee “El Quijote” lo mismo que se  reconocen a distancia sus figuras de forma inmediata? Lamentablemente no. Si Cervantes ha realizado el sueño de cualquier publicista – crear un símbolo ampliamente reconocido para su producto – no ha conseguido que se le lea con la misma amplitud.

Yo me he ido esta noche a  conversar con él, a entrevistarle  – como solía hacer  Papini sin salir de su casa pero a la vez saliendo de ella  para escribir su “Gog” -,  he atravesado el gran portón,  he aderezado mi rocinante andariego y me he ido a buscar  a Cervantes a campo abierto, más allá de las ventas y entre molinos, preguntándole bajo el cielo raso cuestiones que a muchos interesan  y atendiendo a  lo que Don Miguel me iba diciendo, sobre todo en lo referente a libros.

Deseaba  su opinión sobre las traducciones que  han hecho de sus obras y así me ha contestado:

-”Me parece que traducir de una lengua en otra -me ha dicho mientras cabalgaba -, como no sea de las reinas de las lenguas, griega y latina, es como quien mira los tapices flamencos por el revés, que aunque se ven las figuras, son llenas de hilos que las oscurecen y no se ven con la lisura y tez de  la  haz; y el traducir de lenguas fáciles, ni arguye ingenio ni elocución, como no le arguye el que traslada ni el que copia un papel de otro papel; y no por esto quiero inferir que no sea loable este ejercicio del traducir, porque en otras cosas peores se podría ocupar el hombre y que menos provecho le trajesen”.

Viajamos los dos despacio, Cervantes y yo cambiando de vez en cuando de animal, él montado a veces en mi  Rocinante y yo en su mulo, otras se sube él al lomo flaco que llevaba  Sancho y yo me encaramo de nuevo a los huesos del bisnieto de Babieca.

-Y entonces, Don Miguel, – le pregunto -,  ahora que se publica  tanto y que se lee tan poco, ¿es que  todos deben escribir?

-”Bien sé – me dice Don Miguel –  lo que son tentaciones del demonio, y que una de las mayores es ponerle a un hombre en el entendimiento que puede componer e imprimir un libro con que gane tanta fama como dineros, y tantos dineros cuanta fama”.

Doblamos por un campo entre unos cabreros. Cervantes y yo marchamos solitarios tras el olor de unos tasajos.

-¿Y qué me dice de los críticos?  – le pregunto a Don  Miguel en una de las revueltas.

– “Las obras impresas se miran despacio – me contesta -,  fácilmente se ven sus faltas, y tanto más se escudriñan cuanto es mayor la fama del que las compuso. Los hombres famosos por sus ingenios, los grandes poetas, los ilustres historiadores, siempre, o las más veces, son envidiados de aquellos que tienen por gusto y por particular entretenimiento juzgar los escritos ajenos, sin haber dado algunos propios a la luz del mundo”.

Después pasamos por un prado en el bosque y entramos ya  por un camino real.

– Don Miguel, y ahora que estamos todos en Internet y hay otro tipo de atención, ¿cree que se aprende como antes?

– “Las lecciones de los libros hacen más cierta la experiencia de las cosas que no la tienen los mismos que las han visto, a causa que el que lee con atención repara una y muchas veces en lo que va leyendo, y el que mira sin ella no repara en nada; y con esto, excede la lección a la vista”.

Lo más curioso de este viaje es que el tiempo se  nos va pasando entre montañuelas, nos abre a las entrañas de Sierra Morena, atravesamos las llanuras  y los mozos de mulas de la realidad se cruzan con otros venteros de la imaginación.

Le insisto a Cervantes sobre la enorme cantidad  de novedades que hoy pueblan las librerías y sobre esa desmesura de tantas publicaciones, y estoy atento a ver qué me dice.

-”Decir gracias y escribir donaires – me responde,  poniendo mucho cuidado de que su cabalgadura no se dañe en las piedras – es de grande ingenio; la más discreta figura de la comedia es la de bobo, porque no la ha de ser el que quiere dar a entender que es simple. La historia es cosa sagrada; porque ha de ser verdadera, y donde está la verdad, está Dios, en cuanto a verdad; pero, no obstante esto, hay algunos que así componen y arrojan libros de sí como si fuesen buñuelos”.

 ( Don Quijote vestido de fiesta. Ed. F. Rico)

Ahora ya estamos en la Parte Segunda de nuestro viaje, camino del Toboso. Cruzamos por un prado y cerca de una cueva.

-”El que lee mucho y anda mucho  – oigo murmurar a Cervantes  pensativo -, va mucho y sabe mucho”.

Guardo silencio para no interrumpirle  y aún le oigo meditar en voz alta:

-”El ver mucho y el leer mucho aviva los ingenios de los hombres”.

Luego marchamos camino del Ebro, hacia Zaragoza. Se ve que Don Miguel aún le da vueltas a lo de los escritores y los críticos porque me  habla  un momento de los fallos y aciertos en la composición.

-”Considere – me dice hablando del escritor – lo mucho que estuvo despierto, por dar la luz de su obra con las menos sombras que pudiese; y quizá podría ser que lo que a ellos les parece mal fuesen lunares, que a las veces acrecientan la hermosura del rostro que los tiene; y así, digo que es grandísimo el riesgo a que se pone el que imprime un libro, siendo de toda imposibilidad  componerle tal, que satisfaga y contente a todos los que le leyeren”.

Después ya cabalgamos otro rato silenciosos.  Palacios, ínsulas y  aldeas. Por los atajos, hacia Barcelona. Posadas. Llega la hora de nuestro retorno.

-”Nunca la lanza embotó la pluma,  ni la pluma la lanza”.- oigo decir a Cervantes.

Aún quiero preguntarle si es gran trabajo escribir un libro.

-”¿Pensarán vuesas mercedes ahora que es poco trabajo hinchar un perro? ¿Pensará vuesa merced ahora que es poco trabajo hacer un libro? Para componer historias y libros, de cualquier suerte que sean, es menester un gran juicio y un maduro entendimiento”.

Ya nos vamos a casa de Don Quijote pues anochece. Hay pesadumbre. Acude el médico. Recobra Don Quijote el juicio. Retorna a la realidad. Se siente a punto de muerte y quiere morir de modo que resalte la bondad de su vida. Cervantes y yo nos acercamos al lecho. Ordena su alma confesando. Arregla su hacienda dictando testamento. Pide perdón por el error de sus locuras.

Luego nos vamos.

Al volver, aún escucho a un locutor de radio: “Molinos, viejales antiguos a lomos de caballos raquíticos”.

lectura.-tynnj.-Don Quijote.-Richard Parkes Bonington.-1825

(Imágenes:- 1.- Francisco de Goya.- Don Quijote acosado por monstruos.- The British Museum/ 2, 3 y 4.- imágenes procedentes de Alenarterevista/ 5,- Don Quijote.– Richard Parkes Bonnigton.- 1825)

OFICIO DE LECTOR

lectura.-7jjn.-André Kertész.-1959

“El autor sólo escribe la mitad del libro, de la otra mitad debe ocuparse el lector“. Con esta cita de  Joseph Conrad se abre el excelente volumen de Caballero Bonald “Oficio de lector” (Seix Barral), cálido repaso a las lecturas de toda una vida, lecturas que cabalgan entre la inquietud y la quietud. Inquietud siempre de leer, quietud del remanso y la distancia. Francine Prose, confiesa en “Cómo lee un buen escritor(Ares y Mares) una

lectura.-yunm.-Andre Derain.-1935 reflexión ante sus clases de escritura creativa: “Tengo estudiantes ahora que nunca leyeron nada, y yo no puedo entender por qué quieren escribir“. Y Darío Villanueva, al comentar esta obra de Caballero Bonald, recuerda las palabras de Gabriel Zaid: “el problema del libro no  está en los millones de pobres que apenas saben leer y escribir, sino en los millones de universitarios que no quieren leer, sino escribir.”

lectura.-5ybbn.-Wilhelm Hammershoi

En más de una ocasión he hablado aquí de Caballero Bonald. Y en muchas más me he referido a la lectura. Es la defensa de la lectura, de la que hablaba Pedro Salinas en “El defensor”. Leer por leer, lectores puros según el gran texto de Péguy . Nueva página inolvidable: la de Proust y la lectura en voz baja. Otra página más: Lectura a elefante. La atracción por la lectura la condensa Cervantes en El Quijote cuando dice: “Estando yo un día en el Alcaná de Toledo, llegó un muchacho a vender unos cartapacios y papeles viejos a un sedero; y como yo soy aficionado a leer aunque sean los papeles rotos de las calles...”, y luego la lectura depurada, que se transforma al cabo de los años en reelectura, en acompañamiento de los

escribir.-4dwws.-lectura.-Christopher Thompson.-

maestros. “Aun soy capaz de sentir – dice Caballero Bonald sobre el Quijote – la emoción que me proporcionó ese acercamiento a la gran novela. (…) La lectura del Quijote siempre supone una nueva aventura, porque siempre proporciona al lector un rasgo, un matiz – literario, crítico, irónico, moral, paródico, sociológico – que a lo mejor no había sido descubierto hasta

lectura.-4bn.-Armand Schönberger.-1885-1974

entonces o no había sido apreciado del todo anteriormente. Ése es uno de los más sugestivos atributos de una de las grandes creaciones universales de la imaginación literaria”.

Oficio de escritor, sí. Pero paralelamente oficio de lector, que hará al escritor enriquecerse cada día.

(En el día en que le entregan a José Manuel Caballero Bonald el Premio Cervantes)

lectura.-rtbbn.-Oficio de lector.-Caballero Bonald

(Imágenes:- 1.-André Kerstész.– 1959/ 2.-André Derain.-1935/ 3.-Wilhelm Hammershoi/ 4.-Christopher Thompson-Albemarle Gallery/ 5.-Armand Schönberger/ 6.-portada de “Oficio de lector”)

JIRONES DE ESCRITURA

Cuenta Claudio Magris en “Alfabetos” (Anagrama) que su formación de lecturas no sólo comenzó en Salgari y Kipling, pasó luego por Lucrecio, Leopardi, Dante y Kant, se extendió después a Tolstoi, Guimaraes Rosa, Faulkner, Sábato, Melville, Kafka, Canetti, Svevo, Dickens, Goldoni, Cervantes, Sterne, Gadda y  tantos otros, sino también bebió en “fragmentos, inscripciones fúnebres o pintadas de taberna, jirones de escritura que, como decía Kafka, me han golpeado de un puñetazo”. Y Magris añade: “otro gran hallazgo ha sido la autobiografía de Alce Negro, el indio sioux. Es una autobiografía escrita por alguien que vive realmente arraigado en la totalidad de la vida, que mira la vida desde lo alto de una colina, que piensa – y dice – que vivir es amar todas las cosas verdaderas. Pero en este libro el narrador habla también de un personaje, Caballo Loco, el famoso indio asesinado por los soldados americanos después de haberse rendido, que se pasea durante la noche en el campamento indio y se comprende que es un hombre inquieto, un hombre fuera de su sitio, ajeno al sentido armonioso de la vida de Alce Negro. No sé si Alce Negro, aunque lo retrata admirablemente, era capaz de entender a Caballo Loco o si Caballo Loco podía comprender fácilmente a Alce Negro. Creo que quizá fuera más probable que Caballo Loco, el Hamlet caído por error entre los pieles rojas, como Saúl en el Antiguo Testamento, podía comprender a Alce Negro, su hermano de tribu y su auto-creador más que al revés. Pero no lo sé con certeza”.

Lo que sí se sabe con certeza es el caudal tan enriquecedor y diverso de lecturas que recoge la formación de Magris. Jirones de páginas y jirones de escrituras múltiples -algunas trazadas sobre paredes y otras divisando colinas y campos -, ambición y obsesión de lecturas que recuerdan aquella célebre expresión del Quijote en su Primera Parte: “Estando yo un día en el Alcaná de Toledo, llegó un muchacho a vender unos cartapacios y papeles a un sedero: y como yo soy aficionado a leer aunque sean los papeles rotos de las calles, llevado desde mi natural inclinación tomé un cartapacio de los que el muchacho vendía…”

Y así Magris se detuvo a leer a a Alce Negro y a seguir la historia de Caballo Loco.

(Imágenes:-1.-sobre Jane Austen.-foto Eamon McCabe/ 2.-Caballo Loco.-elabrevadero.com)

FASCINACIÓN DE LAS LETRAS

“La A es la primera letra que el hombre pronuncia en naciendo, salvo que el varón como tiene más fuerza dice A y la hembra E; en que parece entrar en el mundo lamentándose de sus primeros padres Adán y Eva“, dice Sebastián de Covarrubias. RAMÓN, a su vez, definiendo a esta vocal con su greguería señaló que “la A es la tienda de campaña del alfabeto“. La imaginación siempre ha rondado a las letras, las ha rodeado y las ha iluminado.

La S para Virginia Woolf simbolizaba la serpiente del paraíso terrenal del poeta y de algún modo parecido Gómez de la Serna decía que “la S es el anzuelo del abecedario” mientras para él “el cisne es la S capitular del poema del estanque“. Valle Inclán, al preguntarle por qué se embarcaba para México, respondió que “porque México se escribe con x“. Y precisamente esa letra fue la que atrajo más a las bandadas de greguerías que en el aire iba soltando Ramón: “tomó por la cintura a la señorita X” escribió, por elegir una de ellas. La mirada de sus greguerías se extendía sobre el campo de las letras y por eso “la ñ dice adiós con su pañuelo a los niños y a los ñoños” y “la ï con diéresis es como la letra malabarista del abecedario“.

La i y la u  ya habían captado la atención de Lope:

Es el ti diminutivo

del tú, y es hijo del mí,

porque le regala así

con el acento más vivo.

El tú es bajo, y tiple el mí.

La i volvía a ser motivo de greguería en Ramón: “la i es el dedo meñique del alfabeto” y protestaba diciendo: “no se por qué la I mayúscula ha de quedarse sin su punto“. La forma de las letras siempre fascinó a los comentaristas y algún estudioso vio de lejos en la m las ondas del agua y de cerca, en la h, un hombre en oración. En la t se ha visto una cruz, pero también el martillo del abecedario; naturalmente, Ramón añadía que ” la T está pidiendo hilos de telégrafo“. Gregorio Salvador y Juan Ramón Lodares en “Historia de las letras” (Espasa) recuerdan que es imposible saber a quién se le ocurrió convertir la cabeza de un buey en una A, y repasan algunos inventores de letras, como a Espurio Carvilio inventor de la g. Pero las letras, cuando las contemplamos en el teclado o en esta exposición madrileña sobre la Imprenta Real y las fuentes de la tipografía española nos siguen abriendo su misterio, nos siguen suscitando muchas interpretaciones.

Si” la L -decía Ramónparece largar un puntapié a la letra que lleva al lado” y” la F es el grifo del abecedario“, ” la h – decía también – es una letra tan transparente y muda, que no es raro que a veces no nos demos cuenta de que no está en la palabra en que debiera estar“, puesto que “el alfabeto – añadía – es un nido de pájaros del que proceden bandadas y bandadas de palabras“.

Para acabar diciendo: “el lápiz solo escribe sombras de palabras“. Y echar el cerrojo al abecedario con la llave de la greguería.

(Imágenes:. “Imprenta Real: fuentes de la tipografía española”.- Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, exposición hasta el 24 de enero de 2010.–1.-punzones y matrices para la Real Biblioteca.-Imprenta Joaquín Ibarra 1787.-Biblioteca Nacional de España/ 2.-matrices/ 3.-tipo de José María Ribagorda basada en los tipos de Jerónimo Gil que se utilizaron para la edición de El Quijote.)

VIEJO MADRID (7) : HACIA CERVANTES

Café Central.-2

Cuando uno bordea la madrileña Plaza de Santa Ana y llega hasta la cercana Plaza del Angel  allí encuentra el Café Central con el mejor jazz – según dicen – que ha habido siempre. cafe central.-Sam Rivers.

cafe central.-3,.Mohammad, Montoliú Van de Geyn

En esta Plaza del Angel recuerda Répide-estaba el oratorio y convento de San Felipe Neri y aquí quedaba una callejuela hoy desaparecida que se llamaba del Beso. Mis pasos van ahora por la calle de Huertas – llamada así por las que en gran número ocupaban estos arrabales de Madrid  hace varios siglos- y allí mi cámara se detiene en el número 7, ante esta farmacia sobre cuya cruz iluminada reza esta petición: “Aparta, Señor, de mí, lo que me aleje de Tí“.

Calle Huertas 7.-Aparta, Señor de mí, lo que me aleje de tí.-Farmacia.-diez agosto 2009

Pienso que por estas calles caminaron grandes hombres de las Letras y aquí, en julio de 1614, se podía ver a Cervantes, en una casa donde se había mudado hacía tres años. Seis veces cambió de vivienda Cervantes en Madrid: dos veces en la calle de la Magdalena; en otra ocasión en una casa cercana al palacio donde había vivido el Príncipe Negro; y en otra, en una vivienda cercana al Colegio Imperial de los Jesuitas. Al fín, iría a parar a la calle hoy de su nombre, en la casa que hace esquina con la calle del León. Allí me detengo ;calle de Cervantes.-A.-placa sobre Cervantes.-10-8-2009 ante este portal, sobre el que una placa recuerda al autor del “Quijote“, evoco su pobreza en las mudanzas: apenas un par de camas y tres o cuatro sillas, la mesa para escribir, dos docenas de libros, algunos utensilios de cocina y algo de ropa blanca, tanto de cama como de vestir. En noviembre de 1615, su obra cumbre está en la calle; medio año más tarde, la enfermedad que le atenaza acabará con su vida.

En el prólogo a su obra póstuma, “Los trabajos de Persiles y Sigismunda“, Cervantes nos cuenta cómo, en marzo de 1616 -agotado por el esfuerzo, enfermo de hidropesía, con problemas en el sistema circulatorio -, es decir,  encontrándose cada vez más maltrecho por tantos vaivenes de la vida, vuelve desde Esquivias, el pueblo de su mujer, a Madrid. En el camino se le acerca un apasionado admirador, (lo que hoy llamaríamos un “fan“). Montado en su burrilla, “un estudiante pardal  -lo describe Cervantes -, porque todo venía vestido de pardo, antiparras, zapato redondo y espada con contera, valona bruñida y con trenzas iguales” da voces a Cervantes y a los que con él van, para que le esperen y le permitan ir en su compañia. Alguien de la comitiva le explica al estudiante quién es el que viaja. “Apenas hubo oído el estudiante el nombre de Cervantes – sigue contando el gran escritor -, cuando, apeándose de su cabalgadura, cayéndose aquí el cojín y allí el portamanteo, que con toda esta autoridad caminaba, arremetió a mí, y acudiendo a asirme de la mano izquierda dijo:

Sí, sí; éste es el manco sano, el famoso todo, el escritor alegre, y finalmente el recocijo de las musas!”.

A lo que el autor del “ Quijote” contestaría:

-“Yo, señor, soy Cervantes, pero no el recocijo de las musas, ni ninguna de las demás baratijas que ha dicho. Vuesa merced vuelva a cobrar su burra, y suba, y caminemos en buena conversación lo poco que nos falta del camino“.

Cervantes.-por Juan de Jauregui.-biografías y vidas

En todo eso estoy pensando ante el portal de esta casa.  Voy caminando por el viejo Madrid, como lo estoy haciendo a través de Mi Siglo en otros paseos anteriores: La bohemia de Alejandro Sawa,  la Plaza de Oriente, la casa de los Lujanes, Plaza Mayor, pequeñas plazas históricas, y ahora este andar hacia Cervantes que al final de su vida nos despide:

“¡Adiós, gracias, adiós, donaires; adiós, recocijados amigos; que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida!”.

(Imágenes:-1.-Café Central.-foto JJP/ 2.-Sam Rivers.-cafecentralmadrid.com/3.-Mohammed, Montoliú & Van de Geyn.-cafecentralmadrid.com/ 4.-calle Huertas.-foto JJP/5.-casa de Cervantes en la calle de Cervantes.-foto JJP/ 6.-Miguel de Cervantes.-biografíasy vidas)

APRENDER A ESCRIBIR

escribir.-22887.-por Karen Hesse Flatow.-foto Chris Ramirez for The New york Times

“Aprender a escribir es un arte impregnado de humildad. Todas las profundas virtudes del hombre – la laboriosidad, la tenacidad, el ánimo estable, la superación de dificultades – marchan junto a la humildad que se coloca junto a nosotros en la mesa y se adelanta a escribir antes de que nosotros lo hagamos, mostrándonos su sabiduría.  Humildad para no creernos Cervantes pero tampoco para temer o desdeñar al autor de El Quijote. Él nos enseña que desde la cárcel observó la vida y que después prosiguió página a página, soslayando penurias y contratiempos entre el humor y el sentido común del escudero y del caballero. Aprender a escribir es recomenzar lo andado, dar rodeos de estilo y de formas para decir de otro modo lo que muchos han dicho ya. Aprender a escribir es conocer que cada libro arranca desde cero y la experiencia anterior no nos quita ese pánico de la página en blanco ni ese temor al qué dirán los ojos lectores. Aprender a escribir, como todos los aprendizajes de aquellos palotes mostrados por los maestros primeros o como en las dulzuras empeñadas de las madres, supone siempre esfuerzo y sacrificio. Hay que sacrificar los ocios, olvidarse del paso de las horas, creer en sí mismo. Trabajar. Trabajar el lenguaje, trabajar la composición, trabajar los retoques últimos”.

Esto publiqué no hace mucho en un artículo aparecido en Alenarterevista y aquí deseo recordarlo hoy cuando leo a Juanjo García Noblejas reflexionando en Scriptor.org  ante unas interesantes opiniones sobre la lectura y la escritura, con enlaces a lo comentado en Corriere della Sera y en The New Yorker  abordando pros y contras de los talleres de escritura.

escribir.-996GY.- por Maria Gato.-2002.-Art Space.-Viriginia Miller Galleries.-Coral Gables, Miami, USA.-artnet

En Mi Siglo recogí en su momento las certeras palabras de Péguy sobre la lectura:

     “Lectores; lectores puros, que leen por leer, no para instruirse, no para trabajar; puros lectores, como para la comedia y para la tragedia hacen falta puros espectadores, como para la escultura hacen falta puros espectadores, que de una parte sepan leer y de otra parte quieran leer, que, en fin, únicamente lean, y lean todo únicamente; hombres que miren una obra unánimemente para verla y para recibirla, (…) para alimentarse, para nutrirse como de un alimento precioso, para hacerse creer, para hacerse valer interiormente, orgánicamente, no para trabajar con ni para hacerse valer socialmente, en este siglo; hombres en fin que sepan leer, ¿y qué es leer?, es entrar dentro; entrar en la lectura de una obra, entrar en una vida, en la contemplación de una vida, con amistad, con fidelidad, incluso con una especie de complacencia indispensable, no solamente con simpatía sino con amor; es lo que hace falta para entrar como en la fuente de la obra; y literalmente colaborar con el autor; no hay que recibir la obra pasivamente; la lectura es el acto común, la operación común del que lee y de lo leído, de la obra y del lector, del libro y del lector, del autor y del lector; como el espectáculo es el acto común, la operación común de la obra dramática y del espectador, del autor dramático y del espectador.” (”Dialogue de l´histoire et de l´âme païenne“.-(La Pléiade,1961)

Viejos y apasionantes temas los de la lectura y la escritura ( es muy difícil escribir bien si no se lee sabiamente), que se debaten hoy y seguirán debatiéndose en el futuro. 

(Imágenes: 1.-foto Chris Ramírez para The New York Times/ 2.-“Bastet”.-por Maria Gato.-2002.-ArtSpace/Virginia Miller Galleries.- Coral Glabes.-Miami.-USA.-artnet)