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Posts Tagged ‘Edouard Manet’

 

 

“A lo largo de los años he podido observar que el auténtico maestro suele ser dos cosas: severamente exigente, por un lado, y por otro, afectuosamente generoso.” Estas palabras, pronunciadas por Claudio Guillén el 24 de febrero de 2000 en la “cátedra Jorge Guillén” de la Universidad de Valladolid, y reunidas en “Entre el saber y el conocer”, retratan el perfil del maestro tal y como el autor lo vivió a lo largo de años. “El maestro es hoy por hoy – continuaba– quien impulsa bien a las claras el mecanismo de ejemplaridad que ha sido fundamental en nuestra civilización, lo mismo occidental que oriental. La ejemplaridad  es algo que acontece, como un proceso interior a la trayectoria de unas relaciones reales entre hombres y mujeres diferentes. Es todo lo contrario de la norma, el dogma abstracto, la idea vista como esquema elevado y remoto. Es la encarnación de las normas a través del influjo personal, del individuo que da “buen ejemplo” a quienes conviven con él. Sin sermones ni ademanes autoritarios, esa persona ofrece no ya una orientación sino una inspiración. No es, muchas veces, que no sepamos qué hacer o qué imitar. Pero el influido, el inspirado, necesita un ejemplo concreto para llegar a hacer lo que viene deseando hacer, para perfeccionar no sus conceptos sino su comportamiento. Un influjo humano, una experiencia vivida, acaso inolvidable, consigue actualizar lo que quedaba latente anteriormente. Y lo que se viene transmitiendo, claro está, es unos valores.”

 

 

Claudio Guillén recordaba en esa conferencia a ciertos maestros – algunos  de ellos famosos – que él había tenido. Pero a su primer maestro, el profesor de Historia del Arte, Lane Faison, no lo olvidaría. “ El profesor Faisonevocaba – dedicaba cada clase a un artista individual, digamos Boticelli, o Manet, o Matisse. Escribía unos datos antes de empezar en la pizarra y presentaba sus diapositivas, perfectamente ordenadas, con mucha serenidad y una voz sorda, casi confidencial. Entonces se producía una prodigiosa iluminación, el tránsito de ver a mirar, de mirar a descubrir, y luego a sentir y entender y relacionar. Nos enseñaba a ser atentos. Pedía y despertaba la capacidad de atención del alumno, la paciencia minuciosa, la sensibilidad ante los pormenores del objeto de interpretación. Amigos, ¿qué conseguí yo tal vez, muchos años más tarde, si no acercarme en alguno de mis  trabajos a la obra literaria con la misma atención que me había enseñado aquella experiencia de la pintura?

 

 

Faison consagraba todos sus esfuerzos a la enseñanza, sin escatimarlos, sin ambigüedad alguna. Todo en él parecía sencillo y verdadero. ¿Cómo explicar la calidad personal del maestro que logra comunicar perfectamente la calidad del objeto de estudio?”

 

 

(Imágenes.-1-Bosco Sodi- 2017/ 2- Jeon Gwang Young/ 3-Jackson Pollock- 1950/ 4- Arshile Gorky- 1947)

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“Conozco el hambre, la sentí. De niño, al final de la guerra, estaba entre los que corrían por la carretera al lado de los camiones de los estadounidenses y tendía las manos para atrapar las barras de chicle, el chocolate, los paquetes de pan que los soldados tiraban al voleo. De niño tenía tal necesidad de grasa que tomaba el aceite de las latas de sardinas y lamía con delicia la cuchara de aceite de hígado de bacalao que mi abuela me daba para fortalecerme. Tenía tal necesidad de sal que, en la cocina, comía del frasco, a dos manos, los cristales de sal gris.

De niño probé por primera vez el pan blanco. No era la hogaza del panadero, ese pan negruzco más que parduzco, hecho con harina pasada y aserrín que estuvo a punto de matarme cuando tenía tres años. Era un pan cuadrado, hecho en un molde con harina enriquecida, liviano, oloroso, de miga tan blanca como el papel en el que escribo. Y al escribirlo siento que se me hace agua la boca, como si no hubiera pasado el tiempo y estuviera directamente unido a mi infancia. La rebanada de pan que se deshace, nebulosa, que hundo en mi boca y que, apenas trago, pido más, más, y si mi abuela no lo pusiera en el armario cerrado con llave, podría terminarlo en un momento, hasta sentirme mal. Sin duda, nada me ha satisfecho igual, nada saboreé después que me haya calmado a tal punto el hambre, que me haya saciado hasta ese punto.

 

 

También la leche Carnation. Sin duda, distribuida en los centros de la Cruz Roja, en grandes latas cilíndricas decoradas con un clavel rojo. Para mí, durante mucho tiempo fue la dulzura misma, la dulzura y la riqueza. Saco el polvo blanco a cucharadas y lo lamo hasta ahogarme. También en esto puedo hablar de felicidad. Después, ninguna crema, ningún postre me hizo más feliz. Era cálido, compacto, apenas salado, rechinaba en mis dientes y mis encías, corría como un líquido espeso por mi garganta.

Ese hambre está en mí. No puedo olvidarlo. Pone una luz aguda que me impide olvidar mi infancia. Sin duda, sin ella no habría conservado ninguna memoria de esa época, de esos años tan largos, donde faltaba de todo. Ser feliz es no tener que recordar. ¿Fui desdichado? No lo sé. Simplemente recuerdo que un día me desperté y conocí por fin la maravilla de las sensaciones saciadas. Con ese pan demasiado blanco, demasiado dulce, con olor demasiado rico, ese aceite de pescado que corre por mi garganta, esas cucharadas de leche en polvo que forman una pasta en el fondo de mi boca, contra mi lengua, fue cuando comencé a vivir. Salí de los años grises y entré en la luz. Era libre. Existía”.

J.M.G. Le Clezio – “La música del hambre” (2008)

 

 

(Imágenes. – 1-Eugene Carrière/ 2.- Hele Schejerfberck/ 3.- Edouard Manet)

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“Creo yo  que lo de escribir en el café – decía Ruano en sus “Memorias’:  “Mi medio siglo se confiesa a medias”- puede obedecer a dos razones: una de pura costumbre, puesto que desde muchacho ya lo hacía, y otra de tipo subsconsciente en la que ahora pienso: es bien probable que yo lleve íntimamente un terrible vago que no ha sabido serlo y que el escribir en el café me produzca menos sensación de trabajar en serio que encerrándome en mi casa. El café es un típico lugar de ocio y lo que se escribe en el café tiene algo de “chiripa”, algo así como si hubiera bajado un ángel a escribirnos las cuartillas. También me gusta mucho la tertulia y siempre he procurado hacer compatible el trabajo con la charla, para lo que tuve una gran facilidad. No he necesitado casi nunca abstraerme ni escribir en un ambiente de silencio y recogimiento. Claro que quizá mi obra no necesitara, para lo que era, de tales cuidados. Sin embargo ahora, con los años, en vez de ser mayor la costumbre  y el entrenamiento , comienza  a fallarme algo lo de escribir mientras oigo y hablo. Ciertas cosas prefiero hacerlas en casa mejor que en el café, y también se va resistiendo la rapidez que en mí era famosa”.

 

 

En todos los países los cafés han ejercido una enorme influencia en la creación y en el ambiente artístico. Escritores trabajando en los cafés como Sándor Márai o como Claudio Magris cuando lo relata en “Microcosmos”. Escritores franceses, escritores húngaros. El crítico húngaro Dezsó Kostolányi, al hablar concretamente de la literatura de su país – y así lo recuerda Antoni Martí en su “Poética del Café” – anota que “el primer cliente habitual de los cafés fue Sándor Petófi. A partir de entonces la literatura húngara se desarrolla con la industria del café. Es en los Cafés donde estallan y se apaciguan las revoluciones. Corresponde a los futuros historiadores establecer  la influencia del consumo de café en los poemas, las novelas, los artículos, determinar quién bebía cafeína y quién achicoria. Si la literatura se debilita, el café se hace menos fuerte. No sabemos en qué cuartucho habitarán  nuestros genios; de hecho, la mayor parte de nuestros escritores se conforman con una cama. Pero será imprescindible colocar una placa conmemorativa en cada Café”.

Marañón, en su discurso de recepción de Pío Baroja a la  Real Academia Española, habló  de “nuestro hombre del café”: “No es entre nosotros – dijo –  este hombre del café, como en otras latitudes, el mismo hombre de la calle que entra unos minutos en el café o en el casino para descansar de la tarea diaria o para hablar o negociar con gentes distintas de las de su medio habitual. Nuestro hombre del café es sólo esto: hombre del café , desde la mañana hasta cerca de la mañana siguiente”.

 

 

(Imágenes.- 1- Raoul Dufy – 1934- pinterest/ 2- Edouard Manet – 1869/ 3- café – pinterest)

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Mira la niña el pájaro muerto sobre la mesa y apenas se atreve a tocarlo. La mano no se decide a rozarlo. Hay un mirar perplejo, una indecisión en las pupilas que observan. La palma abierta de la mano izquierda paraliza el aire antes de hacer nada. No sabe qué hacer con esas alas abiertas, con ese cuerpo que es la fragilidad de la inmovilidad.

 

 

Se han alejado los bodegones y las naturalezas muertas, se han apartado los estudios y también los libros permanecen en penumbra; descansan el tintero y la pluma. Sólo está el silencio del juego y el esbozo en sonrisa del niño que sigue los movimientos sobre la mesa. El tiempo ha entrado en esta habitación de la niñez. Fascinación de momentos que él recordará siempre cuando sea mayor, cuando quiera evocar aquélla pequeña figura que le imantaba, aquella peonza que no cesaba de girar y girar. Y cómo él la miraba y la miraba.

 

 

Los ojos perdidos bajo el gran sombrero de hombre adulto, los ojos de León Suys, hijo del arquitecto belga Tilman Suys, nos miran desde el Louvre cuando pasamos ante estas manos y este rostro delicado. ¿Es un cansancio el que delata este niño o es la fuga espiritual por donde escapan sus sueños?

 

 

Resuena el pífano en el museo d Orsay. Largos pantalones rojos sobre fondo neutro, negro muy nítido de la guerrera y los zapatos: adolescente anónimo perteneciente quizá a la banda de la Guardia Imperial. Nos mira cuando pasamos y nosotros miramos sus dedos y sus manos. Se ha detenido para tocarnos el pífano y planta decidido su pie en la superficie. Aún continuaremos oyendo su música cuando pasamos de sala en sala.

(Imágenes- 1-Jean Baptiste Greuze– El pájaro muerto-1800- Louvre/2.-Jean-Simeon Chardin– L Enfant au toton- 1870- Louvre/ 3.- Francois Joseph Navez-jeune garcon songeur- 1831- Louve/ 4.-Edouard Manet– El pífano- 1866- museo d Orsay)

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comer-vvgu-Edouard Manet

 

“Comemos vidas ajenas para vivir.

La difunta chuleta con el cadáver de la col.

El menú es una esquela.

Incluso las mejores personas

tienen que comerse algo muerto, digerirlo,

para que sus sensibles corazones

no dejen de latir.

 

comer-ybbb-pescado-peces- Golden Bream

 

Incluso los poetas más líricos.

Incluso los ascetas más austeros

mastican y se tragan algo

que seguro que crecía a su aire.

Me cuesta conciliar esto con los buenos dioses.

A menos que, crédulos,

a menos que, inocentes,

todo su poder sobre la tierra se lo hubieran entregado a la naturaleza.

Y  es ésta, insensata, la que nos impone el hambre,

y ahí donde hay hambre

se acaba la inocencia.

 

comer-nju- Pierre Bonnard- mil novecientos veintiuatro- the MET

 

Al hambre se le unen inmediatamente los sentidos:

el gusto, el olfato y el tacto, y la vista,

porque no es indiferente de qué alimentos se trata

y en qué platos van servidos.

Hasta el oído toma parte

en lo que sucede,

porque en la mesa en muchas ocasiones se charla alegremente”.

Wistawa Szymborska .- “Obligación” – “Hasta aquí” (2012) (traducción de Abel Murcia y Gerardo Beltrán)

 

comer-ffvgy- vida cotidiana- Peder Severin Kroyer- mil ochocientos ochenta y tres

 

(Imágenes.- 1- Edouard Manet/ 2.-Golden Bream/ 3- Pierre Bonnard- 1924/ 4.- Peder Seerin Kroyer-1883)

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flores.-ttggb.-lirios.-Sir Jacob Epstein.-1880-1978

 

“Estoy dibujando unos lirios que crecen pegados al muro sur de cierta casa. Tienen un metro de alto más o menos, pero como están empezando a florecer, se curvan por el peso de las flores” – así lo va apuntando John Berger en “El cuaderno de Bento“- “Sus colores son un oscuro carmesí con tintes marrones, amarillos, blancos y cobre: los colores de los instrumentos de una banda de música tocados con cierta desgana. Los tallos, los cálices y los sépalos son de un verde desvaído, como de óxido de cromo”.

 

estaciones.-854,.primavera.-los lirios.-Van Gogh

 

“A mi lado, en la hierba, donde estoy sentado, tengo unas cuantas hojas de papel de arroz chino, que es ligeramente coloreado. Lo escogí precisamente por sus tonos cereal.

 

flores.-69ji.-lirios.-Susie Ranager

 

Parece que las flores dibujadas van a tener la mitad de su tamaño natural. Cuando uno se pone a dibujar, pierde el sentido del tiempo.

 

flores.-88mm.-Marc Chagall.--lirios de los valles..-1916.- Rusia- Galería Estatal Treyakov.-Moscú

 

Quienes dibujamos no sólo dibujamos a fin de hacer algo visible para los demás, sino también para acompañar a algo invisible hacia su destino insondable”.

 

flores.-67v.-lirios blancos.-Edouard Manet.-1882

 

(Imágenes.- 1.-Jacob Epstein/ 2.-Van Gogh/ 3.-Susie Ranger / 4.- Marc Chagall/ 5.-Edouard Manet)

 

 

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jardines-ccdff-Henri Le Sidaner-mil novecientos treinta y uno

 

“La belleza más importante de todo jardín- escribe Horace Walpole al hablar de los jardines modernos (Siruela) – es la perspectiva y los puntos de vista atractivos; el arte de un pintor nos cansa cuando faltan esos toques finales. Los motivos más hermosos que dependen de sí mismos hastían cuando se ven a menudo. El pórtico dórico, el puente de Palladio, la pagoda china, que sorprenden al extraño, pierden en seguida su encanto para el saciado dueño. El

 

jardines.-tgedd.-Henri Le Sidaner.-1916

 

lago que inunda el valle es aún más inanimado, y su señor rara vez disfruta del gasto, salvo cuando lo muestra a su visitante.  Pero el ornamento que primero pierde atractivo es la ermita, o el escenario adaptado para la meditación. Es casi cómico reservar una cuarta parte de nuestro jardín para estar melancólico en él.

 

jardines.-t8ujj.-Henri Le Sidaner

 

La perspectiva, la perspectiva animada, es siempre el lugar más frecuentado. Antes las perspectivas se sacrificaban a la comodidad y al abrigo (…) Nuestros antepasados, que vivían la mayor parte del año en sus mansiones campestres, y algunos durante dos años seguidos o más, tenían en cuenta en primer lugar la

 

jardines.- 4fbnn.- Edouard Manet

 

comodidad, antes que el gusto. Sus enormes mansiones acogían a todas las ramas jóvenes, a las viudas y tías solteronas, así como a otras familias que les hacían visitas de un mes entero. La forma de vida ha cambiado hoy totalmente; sin embargo, aún se levantan los mismos soberbios palacios, que se convierten en

 

jardines-uuubb-flores-Edouard Manet- mil ochocientos setenta y nueve

 

pomposa soledad para el dueño, y en albergue transitorio para unos pocos viajeros.

Si algo hay capaz de eliminar o restringir el estilo de la moderna jardinería, es esa circunstancia de la soledad. Cuanto más grande es el escenario, más lejos estará probablemente de la capital, en cuyas cercanías la tierra es demasiado cara para

 

jardines- nggu- John Singer Sargent- mil ochocientos ochenta y seis

 

disponer de una extensión considerable de propiedad. Los hombres se cansan de un gasto que solo disfrutan unos pocos espectadores. Sin embargo, hay un peligro aún más inminente que amenaza el gusto actual, como lo ha amenazado siempre. Me refiero a la persecución de la variedad”.

 

jardines-onn-Claude Monet- mil ochocientos ochenta y dos

 

(Imágenes.- 1.-Henri Le Sidaner/ 2.-Henri Le Sidaner- 1931/ 3.- Henri Le Sidaner.-1916/ 4.-Edouard Manet/ 5.- Edouard  Manet- 1869/ 6.- John Singer Sargent- 1886/ 7.- Claude Monet- 1882)

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